Ingredientes a evitar en tu champú, acondicionador o mascarilla

Ingredientes a evitar en tu champú, acondicionador o mascarilla

Ingredientes a evitar en tu champú, acondicionador o mascarilla

Ingredientes a evitar en tu champú, acondicionador o mascarilla

Hoy ingredientes a evitar en tu champú, en tu acondicionador o en tu mascarilla. En este post nos vamos a centrar en aquellos ingredientes que deberíamos conocer para poder huir de ellos cuando adquirimos un cosmético para nuestro cabello. Recomendación extensible a cualquier producto de cosmética que pensemos adquirir o que tengamos en nuestro armario del baño.

En anteriores entradas de Mamá y la Tribu os he contado como desintoxique mi pelo de productos tóxicos y cuál es mi rutina capilar libre de tóxicos, si no has podido leer estos post te animo a ello porque encontrarás mucha información útil.  Para llegar a ello he investigado mucho sobre los tóxicos en cosmética y he realizado un listado de ingredientes a evitar en el champú que hoy comparto contigo

Una oferta ilimitada para una misma fórmula

Si nos damos una vuelta por cualquier supermercado encontraremos champús para casi cualquier cosa: anticaspa, anticaída, antiencrespamiento, para pelo graso, para pelo fino, liso asiático, con proteínas de la seda (todavía me pregunto para qué), con keratina, para cabello quebradizo y un largo etcétera. Existen tantos tipos de pelo como productos susceptibles de ser vendidos.

Sobre nuestras cabezas planea como una sombra funesta la imagen en blanco y negro del pelo indomable, inmanejable e intratable, cualquiera diría que hablamos de pelo y no de un delincuente muy peligroso escapado de una cárcel de máxima seguridad.

Si visionamos un anuncio sobre champú en televisión o en una revista encontramos un común denominador: muchas promesas adornadas con imágenes en color sugerentes e idealizadas sobre lo que debe ser un cabello bonito o sano. Esos cabellos lisos, sueltos y tan brillantes como el sol.

Ese pelo sano que nos han hecho creer que se puede conseguir una y exclusivamente con los productos que nos vende la industria de la cosmética convencional. Por supuesto, estos vendedores de promesas no te van a hablar del INCI, ni de los efectos secundarios que tienen algunos de los productos que podemos adquirir a un módico precio.

En realidad, estos productos tan diferentes entre sí comparten más de lo que parece a simple vista. Aunque da la impresión de que hemos adquirido un producto exclusivo o con ingredientes novedosos la formulación es la misma de un bote a otro, o lo que es lo mismo, se repiten los mismos ingredientes tóxicos de una fórmula a la otra: derivados del petróleo, PEGS, parabenos, etc.

¿Cuál es tu grado de confianza en la industria de la cosmética?

La primera pregunta que deberíamos hacernos es si nos creemos las promesas de la industria. ¿Es verdad todo lo que nos venden? ¿Puede un champú detener el envejecimiento? ¿Evitar las canas? ¿Puede dejarme el pelo liso como en una tabla?

¿Creéis que es verdad todo lo que prometen por unos pocos euros? ¿Cumplen todo lo que prometen y sin efectos secundarios para la salud a medio-largo plazo?

Sí crees que puedes confiar en la industria, sin duda este no es tu post. No obstante, te animo a seguir leyendo porque es posible que el post te ayude a abrir los ojos o al menos te sirva para cuestionarte la realidad. Yo no estoy aquí para convencerte de nada, simplemente te expongo mi punto de vista basado en toda la información que he recogido y sobre la que he investigado desde hace años.

El secreto profesional y otras contradicciones

Este post es fruto de las reflexiones que me hicieron abandonar la cosmética convencional y cuestionar o investigar sobre la cosmética ecológica certificada porque no todo lo que nos venden es tal y como nos prometen a simple vista.

Una de las cuestiones que más me escandalizan es cómo es posible que cierta información sobre la composición de algunos productos no sea pública, que las marcas no estén obligadas a exponerla públicamente en la etiqueta.

La industria se esconde detrás del secreto profesional y dentro de ese secreto impenetrable los consumidores quedamos desamparados y sin información suficiente para poder elegir con libertad. Por ejemplo, un producto puede ser libre de Bisfenol A pero que el plástico en que se envasa el producto quede en tierra de nadie y sea imposible determinar si ese compuesto está o no en el producto final.

Hace años que dejé de confiar en la industria convencional y dejé de creerme todo lo que afirmaban las marcas ecológicas certificadas. Próximamente hablaremos de los sellos y certificadoras y de los ingredientes que se pueden utilizar o no. Desde luego si tengo que elegir entre un champú convencional y uno de certificación ecológica escogeré sin ninguna duda el segundo. Sin embargo, revisaré a conciencia el INCI porque que sea certificado y ecológico no significa que no me puedan colar una sustancia tóxica.

En mi camino de desintoxicación me encontré con muchas mentiras y con mucha letra pequeña que la mayoría de nosotros desconocemos cuando alegremente compramos el champú de oferta que vende el supermercado.

Deberíamos ejercitar nuestro espíritu crítico. Eso nos hará más conscientes y más libres para elegir lo que nos conviene o lo que no. Como consumidores debemos tomar consciencia y exigir a los fabricantes que no utilicen determinados compuestos sobre los que se tienen fundadas sospechas de que son cancerígenos, disruptores endocrinos o ambas cosas a la vez.

¿Por dónde entran los tóxicos?

Los tóxicos a los que nos vemos expuestos diariamente penetran en nuestro cuerpo por tres vías: por inhalación, es decir, los respiramos porque están en el ambiente; por ingesta, ya que los podemos encontrar en los productos alimentarios que consumimos como unas simples galletas o una lata de atún; por vía cutánea, es decir, por la piel, a través de los productos cosméticos que utilizamos diariamente para nuestra higiene personal.

Puesto que el post tiene como tema evitar los tóxicos en tu champú o producto por el cabello nos vamos a centrar solo en la vía cutánea. Una buena parte los ingredientes tóxicos que entran en nuestro cuerpo lo hacen a través de la piel. Durante mucho tiempo se ha creído que todo las sustancias químicas o la mayoría de ellas eran expulsadas a través del hígado.

Por supuesto que el hígado es un órgano que hace una labor imprescindible y necesaria, pero estamos expuestos a más de 100.000 sustancias aprobadas solo en Europa, lo que viene a significar que nuestro hígado, aunque funcione a pleno rendimiento y goce de una maravillosa salud no puede procesar todas esas sustancias y expulsarlas de nuestro cuerpo.

Muchas de las sustancias que podemos encontrar en un champú convencional son sustancias bioacumulativas y persistentes que tienden a perpetuarse en nuestro tejido graso. Más grasa más posibilidades de acumular tóxicos en nuestro cuerpo. Gran parte de estas sustancias son Disruptores Endocrinos de los que hablaremos a continuación.

¿Qué son los Disruptores Endocrinos?

El tema daría para más de un post, pero voy a tratar de ser breve. Para empezar los podemos encontrar nombrados como Disruptores Endocrinos y como Perturbadores Endocrinos. Estoy plenamente segura de que en los últimos meses has oído hablar de ellos en los medios de comunicación o en alguna revista. Cada vez existe más preocupación sobre los efectos nocivos que causan sobre la salud de las personas y de los animales.

El doctor Nicolás Olea Serrano Catedrático de la Universidad de Granada y una eminencia en el campo y estudio de los Disruptores Endocrinos los define así: sustancias químicas, de contaminantes ambientales, generalmente hechas por el hombre y la industria del hombre y que una vez dentro del organismo modifican el equilibrio de las hormonas.

El peligro de los Disruptores Endocrinos viene determinado por su interferencia en el sistema hormonal. En ocasiones bloquean la actividad de una u otra hormona, es decir, se comportan como esa hormona y el cuerpo no es capaz de distinguir entre la hormona real y la sustancia química que funciona como tal.

Tienen la capacidad de alterar el sistema hormonal ya sea porque disminuyen el efecto de una hormona, lo aumentan o simplemente la sustituyen. Mandan mensajes confusos al organismo y producen alteraciones que pueden ser muy graves: infertilidad, cáncer, trastornos del metabolismo, alteraciones y enfermedades neurológicas, entre otras patologías.

Ingredientes a evitar en tu champú

Esta es la pregunta del millón porque existen un gran número de ingredientes que deberíamos rechazar de plano cuando adquirimos un champú, un acondicionador o una mascarilla. En cualquier caso, vamos a poner el foco en aquellos ingredientes de los que se sabe o se sospecha de forma fundada que son cancerígenos y Disruptores Endocrinos. Se trata de productos sobre los que existe mucha bibliografía e información veraz y contrastada de sus efectos nocivos para la salud. No obstante, por razones de espacio me es imposible hacer referencia a los estudios publicados pero si alguien necesita ampliar información que me mande un correo.

La lista puede ser muy larga y en poco tiempo es probable que podemos añadir alguno más porque cada día se descubre el efecto perjudicial de alguna sustancia que hasta este momento se consideraba inofensiva. No obstante, nos vamos a centrar en 5 grupos de sustancias: los Parabenos, los Ftalatos, los PEGS, la DEA y sus derivados y el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) y el Sodium Laureth Sulfate (SLES).

1.- Los Parabenos

Vamos a empezar por un ingrediente básico utilizado en muchos cosméticos: los Parabenos. Se cree que puedan estar todavía presentes en más de 13.000 productos de cosmética.

Hay mucha información en contra de los parabenos, sin embargo, la industria sigue recurriendo a ellos. Algunas marcas voluntariamente los están eliminado de sus productos y lo ponen en toda etiqueta viviente. El free paraben se ha convertido desde hace poco en un reclamo publicitario.

Los Parabenos son conservantes con carácter antibiótico, su función es evitar la proliferación de hongos, levaduras o microorganismos. Evitan los microbios y alargan el período de vida de un determinado producto.

¿Cuál es el problema de los Parabenos?

Pues que son Disruptores Endocrinos. Podemos encontrar muchos estudios que los relacionan directamente con el cáncer. Existe amplia bibliografía e investigación que confirma la presencia de Parabenos en tumores de mama en mujeres expuestas a dosis normales de Parabenos en su vida diaria.

A modo de ejemplo, voy a citar un estudio del CSIC(Consejos Superior de Investigaciones Científicas) realizado en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona en 2015. Los resultados de la investigación eran escalofriantes, ya que demostraban que en las mujeres embarazadas que habían participado en el estudio habían bioacumulado los Parabenos en su cuerpo y se los habían transmitido a través de la placenta a sus hijos.

¿Cómo podemos reconocer los parabenos?

Estas sustancias químicas las podemos reconocer muy fácilmente ya que suelen acabar en Paraben. Las nombres más utilizados son los siguientes:

– Metilparaben- methylparaben

– propilparaben-propylparaben

– Butilparaben-butylparaben

 – Etilparaben-ethylparaben

-Isopropyl

– Isobutyl

El Isopropyl y el Isobutyl pueden aparecer formando una palabra compuesta con términos con Palmitate o Myristrate. También podemos identificarlos con la nomenclatura E. Debemos tener claro que desde el E-214 hasta el E-219 son Parabenos y debemos evitarlos.

2.- Los Ftalatos

Los Ftalatos constituyen un problema de salud pública de difícil solución. Los Ftalatos son contaminantes químicos presentes en nuestra vida cotidiana a nivel global. Se emplean como plastificadores, incrementando la flexibilidad de los plásticos y para producir cloruro de polivinilo. En cosmética se usan principalmente para fijar los olores, ese olor a limpio o floral que nos vende la industria como un bien deseado y apetecible.

¿Por qué son peligrosos los Ftalatos?

Para esta sustancia química se acumulan los porqués, pero voy a intentar resumir y ser breve. Son muy contaminantes para el medio ambiente y muy peligrosos para las personas. Se ha demostrado que son Disruptores Endocrinos y desde hace años se alerta de su potencial cancerígeno. Aunque la industria afirma que a pequeña escala no es peligroso, eso no está demostrado en ningún caso.

Muchos Ftalatos son tóxicos reproductivos y del desarrollo. Esto quiere decir que son especialmente peligrosos para mujeres en edad fértil que tenga planeado ser madres, embarazadas y niños pequeños. Estos colectivos son especialmente sensibles a los Ftalatos. Se han descubierto concentraciones de Ftalatos en niños pequeños superiores a las de los adultos.

Tipos de Ftalatos

Ftalato de Dietilo (DEP): presente en champús y espumas para el cabello.

Ftalato de Dibutilo (DBP): presente en lacas capilares.

Ftalato de dietilhexilo (DEHP): fragancias y perfumes añadidos al champu, acondicionador, etc.

¿Cómo identificar los Ftalatos?

Los Ftalatos traen un problema añadido de difícil solución y es que no aparecen directamente en la etiqueta del producto. En algunos productos del cabello no te vas a encontrar la palabra Ftalatos, pero eso no significa que no lo lleve. ¿Cómo puede ser esto? Por una laguna legal no es necesario especificarlos en el producto.

Suelen aparecer escondidos tras la palabra “inerte”, “otros” o “perfume”. Es decir que si en un producto en el INCI encontramos la palabra perfume con toda probabilidad ese producto lleva Ftalatos.

Cuando el Ftalato aparece especificado en el producto lo podemos reconocer fijándonos en las últimas palabras, el compuesto siempre acaba en Thalate, Falato. Pueden ser nombres compuestos como:

Diethyl phthalate-dietilftalato (DEP)

Isophthalate

 Dibutylphtalate-dibutilftalato (DBP)

Dietilhexilftalate. (DEHP)

3.- Polietilenglicol (PEG)

Los PEGS que es como se los conoce en inglés están presentes en muchísimos champús, acondicionadores y un largo etcétera de productos cosméticos. Se trata de derivados del petróleo, en concreto del etileno. Se utilizan sobre todo como emolientes y emulgentes. Entre sus funciones está ayudar a los componentes a mezclarse y favorecen que el producto penetre mejor en la piel.

Se suelen utilizar como sustitutos de las siliconas y se emplean en muchas ocasiones para que el producto haga espuma. Parece que si un producto para el cabello no hace espuma no será efectivo o no limpiará lo suficiente, lo que es absolutamente falso. Los PEGS son muy baratos, una de las razones por las que se emplean de forma masiva en gran cantidad de productos de higiene personal.

¿Cuáles son los problemas de los PEGS?

Solo como aperitivo decir que los PEGS dejan la epidermis desprotegida y son culpables de irritaciones cutáneas, alergias, dermatitis y urticarias. Entre los trastornos que pueden ocasionar podemos encontrar problemas hepáticos y renales, ya que tienen la capacidad de alterar el sistema nervioso.

En cualquier caso, el problema más grave que suscitan los PEGS viene determinado por su proceso de fabricación. Para reducir su efecto irritante sobre la piel la sustancia es sometida a un proceso de etoxilación. Este proceso da lugar a varios compuestos, el óxido de etileno y el 1,4-dioxano. Ambos compuestos son muy cancerígenos, entre sus efectos nocivos para la salud encontramos cánceres como la leucemia.

Por otro lado, a partir de ese proceso de etoxilación se han encontrado metales pesados como el plomo, el arsénico, el cadmio o el hierro. Es imposible saber la concentración en los PEGS de óxido de etileno, de dioxano o de metales pesados en cualquiera de los productos que adquirimos en cosmética convencional.

Por tanto, si aplicamos el principio de precaución, deberíamos evitarlos por completo porque es inviable saber la exposición real que sufre nuestro organismo cuando utilizamos un determinado producto capilar que los contiene.

¿Cómo identificar los PEGS?

En primer lugar, aclarar que en cosmética ecológica certificada están prohibidos los PEGS. Así que si adquirimos un jabón sólido o un acondicionador eco no habrá PEGS entre sus ingredientes.

Los PEGS son fáciles de identificar ya que casi siempre aparece la palabra PEG y un número. El número en cuestión se identifica con el peso molecular de ese compuesto. Cuánto más grande más difícil que el PEG penetre en la piel y cuanto más bajo es más fácil que entre en nuestro organismo.

También los podemos encontrar en compañía de un largo listado de compuestos como el Disodium PEG-4 Codamido MIPA-sulfosuccinate o Methoxy PEG/PPG-7/3 Amonipropyl Dimethicone. La presencia de la palabra PEG ya nos indica que debemos descartar ese producto y decantarnos por otro en el que no aparezca el compuesto.

En ocasiones, no aparece la palabra PEG especificada directamente sino que aparece por las siglas PPG. Podemos identificarlo también por las palabras Polyehtylene, Ceteareth, Ceteth, hidroxypropyl y palabras terminadas en eth.

4.- Dea y sus derivados

La DEA es la abreviatura de la Dietanolamina y sus derivados químicos, la Codamina, Lauramida, Monoetalamina y la Trietanolamina entre otros compuestos de la misma familia. Se trata de compuestos químicos orgánicos que se emplean en disolventes, emulsionantes y detergentes, una de sus funciones es lograr una textura cremosa. Por supuesto, también esta presente en champús o acondicionadores del mercado convencional.

Todas estas sustancias son humectantes, es decir, que humedecen y suavizan la piel. También son espumantes, ayudan a crear espuma.

¿Cuál es el problema del Dea y sus derivados?

Son sustancias consideradas Disruptores Endocrinos y cancerígenas y son absorbidas directamente por la piel. La agencia internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) las ha clasificado en el grupo 2B. Esto implica que estas sustancias posiblemente sean cancerígenas para los seres humanos. En estudios realizados con animales si ha sido demostrado su efecto cancerígeno, aumenta exponencialmente la incidencia de cáncer de hígado y riñón en ratones.

¿Cómo identificar el DEA y sus derivados?

Lo podemos encontrar directamente por sus siglas DEA en un buen número de productos como la Oleamide DEA o el Linoleamide DEA. También formando parte de nombres compuestos larguísimos como DEA-Cetyl Phosphate o DEA-C8-18 perfluoroalkylethyl Phosphate.

Generalmente el ingrediente suele acabar en “mide” o “mida” y en “lamina” o “lamine” lo que es una pista importante cuando la palabra DEA no está explícita en el INCI.

Sus derivados también pueden acabar en los prefijos señalados anteriormente. Es posible que aparezcan por sus siglas o directamente por su nombre y pueden ir acompañados de las siglas DEA como la Cocamida/e DEA  o la Lauramida/e DEA.

Otros derivados pueden aparecer por sus propias siglas como la Trietanolamina que la podemos identificar por TEA o la Monoetalamina que la reconocemos por las siglas MEA.

5.- Sodium Lauryl Sulfate (SLS) y el Sodium Laureth Sulfate (SLES)

Son otro clásico dentro de la cosmética convencional sobre todo cuando las siliconas se convirtieron en el enemigo a batir y tocó sustituirlas por otra cosa que hiciese el mismo efecto y fuese muy barata. Casi cualquier producto para el cabello lleva uno, el otro o ambos.

Los dos productos son detergentes también conocidos como sulfatos. Sirven como espesantes y para hacer espuma, son espumeantes. Lo que sucede es que son espumeantes muy baratos y asequibles por tanto se utilizan de forma masiva en champús y acondicionadores de bajo coste.

¿Cuál es el problema con el SLS y el SLES?

El primero, el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) se sustituye a veces por el segundo, el Sodium Laureth Sulfate (SLES) porque se supone que es menos irritante, pero es más de lo mismo. El segundo parece menos abrasivo, pero también es nocivo para salud. Se relaciona a ambos con el cáncer y la infertilidad aunque no hay estudios concluyentes.

Uno de sus principales problemas es que son muy irritantes, tanto una sustancia como la otra. Una investigación de la Universidad de Georgia demostró que son sustancias que se absorben con mucha facilidad por el cuerpo y pasan muy rápido al torrente sanguíneo. Se pueden acumular en el corazón, el hígado y el cerebro, aunque la exposición a la sustancia haya sido breve.

Pueden también asociarse con otras sustancias químicas presentes en la fórmula, lo que hace que su efecto tóxico sea mayor. El terrible efecto cóctel del que nadie nos habla y del que la comunidad científica que estudia los contaminantes ambientales lleva alertando desde hace años.

¿Por qué son tóxicas las dos sustancias?

Con estas sustancias se cumple este dicho popular: “Es peor el remedio que la enfermedad”. Durante mucho tiempo se utilizó el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) en cosmética, hasta que se empezó alertar de su gran efecto irritante para la piel, el cuero cabelludo y los ojos. Entonces se buscó el remedio y apareció el Sodium Laureth Sulfate (SLES).

Sin embargo, en esta vida no es todo de color de rosa y menos aún cuándo hablamos de compuestos químicos. Se formuló un producto menos agresivo para la piel y más suave. El problema es que la solución era aún peor que la enfermedad.

El SLES Comparte con los PEGS la posible contaminación por óxido de etileno y el 1,4 dioxano. Estas sustancias son fruto del proceso de fabricación del SLES por etoxilación. Tanto el óxido de etileno como el 1,4 dioxano han sido declarados carcinógenos humanos por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC). Todas estas poderosas razones para comprar productos libres de SLS y SLES.

¿Cómo identificar el SLS y SLES?

Hasta ahora cuando nos hemos referido a las sustancias tóxicas de este post hemos suspirado aliviadas pensando en que comprando cosmética ecológica certificada evitamos los tóxicos de plano. Sin embargo, cuando hablamos de SLS y SLES la cuestión no es tan sencilla ya que es un ingrediente que podemos encontrar como admitido en parte de la cosmética ecológica certificada. Unos sellos lo admiten y otros no, así que hay que mirar el INCI al detalle para no llevarnos este bonito souvenir en el champú.

Identificarlos es fácil aunque pueden disfrazarse en algunas etiquetas indicando que proceden del coco o de algún derivado de este producto vegetal. Siempre aparece por su nombre, por sus siglas, acompañado de un número o en nombre compuesto. Por ejemplo, Disodium Laureth Sulfosuccinate, Sodium Laureth 8-Sulfate o Sodium Laurylglucosides Hydroxypropyl Sulfonate.

Debemos fijarnos bien porque aparecerá la palabra Laureth o Lauryl casi al principio del término y finalizará con toda probabilidad con la palabra Sulfate o Sulfonate.

 

Por supuesto, que hay más sustancias que podemos encontrarnos en un champú, en un acondicionador o una mascarilla pero en un solo post es imposible analizarlas todas. Como se dice vulgarmente, no están todos los que son, pero si están todos los que son. Más adelante iré profundizando en algunos de estos ingredientes tóxicos, al igual, que actualizaré la información recogida en esta entrada. 

Espero que te sea útil y sobre todo que te sirva para tomar conciencia y tomar decisiones con respecto a los ingredientes de los productos para el cabello que elijas consumir voluntariamente.

Antes de irme me gustaría contarte que hemos iniciado un Reto para desintoxicar el cabello el  24 de septiembre de 2018 y  que durará hasta el próximo 24 de octubre. Aún estás a tiempo de unirte al reto, Desintoxica tu pelo en 30 días. Todo el reto se desarrolla dentro de mi grupo de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.

Dentro del grupo hay mujeres increíbles compartiendo sus avances en la eliminación de los productos tóxicos de su cabello. Además de una comunidad activa y muy comprometida.  Si quieres apuntarte pide paso al grupo hoy mismo. 

Si te ha gustado el post, comparte, nos ayudas a crecer  🙂

Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, Guía de Crianza Sostenible: 12 consejos para mejorar tu vida. Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?

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