CULETES DESECHABLES NO, GRACIAS

CULETES DESECHABLES NO, GRACIAS

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Llámame rara, pero el peque usa pañales ecológicos. Ya antes de nacer el Vikingo ( el bebé antes conocido por Nano o Nanete), me preocupaba el impacto que nuestros actos cotidianos tienen en el medio ambiente.

La contaminación es un problema muy serio, se trata del mundo que heredarán nuestros hijos, el lugar donde crecerán  nuestros nietos. El tema es tan grave que en el año 2050 habrá más plásticos en el océano que peces. No quería ni quiero que mi hijo herede un mundo lleno de desperdicios.

Cuando investigué sobre el impacto medioambiental que supone el uso de pañales desechables me llevé las manos a la cabeza. Si calculamos que un bebé puede gastar de media unos 7-8 pañales al día, durante al menos sus 30 primeros meses de vida, nos salen unos 7.200 pañales. Si a esta cantidad le sumamos la del resto de bebés que también los utilizan, la cantidad se convierte en inmanejable. Hablamos de más de 900.000 toneladas anuales sólo en España. Una conocida marca de pañales calculó que con los pañales sucios generados se podría llenar el estadio Santiago Bernabéu más de dos veces.

Pero esto no es todo, uno de los principales problemas de los pañales desechables es que no son biodegradables. Un pañal desechable tarda entre 300 y 400 años en descomponerse, como sigamos a este ritmo hundiremos el planeta a base de pañales sucios.

Sí, vale, soy una friki. A todos nos interesa mucho la ecología, siempre y cuando no nos suponga hacer ningún esfuerzo. Pero te animo a seguir leyendo porque lo que viene a continuación quizás te interese mucho más.

Una de las razones por las que es tan complicada la desintegración de los pañales desechables tiene que ver con su composición. En su mayoría están formados por celulosa y materiales derivados del petróleo (¡ay!, el oro negro está en todas partes). Siguiendo la información que ofrece la Dra Odile Fernández en su blog, podemos encontrar en los pañales aproximadamente 50 productos químicos, muchos de ellos perturbadores del sistema hormonal e inmunitario.

De algunos de estos componentes químicos se ocupa un estudio llevado a cabo en 1.999 en los laboratorios Anderson, descubrieron que los pañales desechables liberan componentes volátiles orgánicos que incluyen tolueno, etilbenceno, xileno y dipenteno, en otra ocasión hablaremos de estos entrañables amigos. Sólo diré por hoy, que estos componentes son tóxicos y que su exposición continuada puede provocar cáncer y daño cerebral.

Además encontraron cierta relación entre estos componentes y un mayor riesgo de padecer asma, infecciones respiratorias y cutáneas debido al poliacrilato de sodio, que es el principal absorbente de los pañales desechables.

Otro interesante componente es el tributilestaño (TBT) que fue analizado por Greenpeace Alemania. La ONG descubrió que este compuesto puede provocar cáncer y trastornos graves del sistema nervioso, ya que altera el equilibrio hormonal y el sistema inmunitario.

Para que os hagáis una idea, como tiene un alto poder como pesticida, se emplea como pintura en los cascos de los barcos, buques o puertos. También es el responsable del cambio de sexo de los moluscos gallegos.

A este cóctel químico, debemos sumarle la pasta de madera blanqueada con cloro, perfumes y conservantes.

Otro estudio realizado en Alemania descubrió que los bebés de sexo masculino, que usaban pañales desechables, manifestaban una temperatura escrotal tan elevada que podría causar infertilidad en su edad adulta. En concreto, la temperatura subía hasta 5º grados, perjudicando el mecanismo fisiológico de refrigeración testicular necesario para la creación de espermatozoides.

Ahora ya podéis llamarme alarmista, exagerada o crédula. Pero os dejo un dato más para la reflexión. Si tan seguros son para la salud los pañales desechables estándar que nos venden, ¿por qué las empresas que los venden no están obligadas a dar a conocer sus ingredientes básicos?

Y no me vengáis con eso del secreto profesional, porque estamos hablando de un tema muy serio, los pañales con los que están en contacto nuestros hijos 24 horas al día sus primeros años de vida. Al ser un tema de interés público deberíamos poder saber cuál es su composición. Es más, deberíamos saberlo para poder elegir y exigir a esas empresas que eliminen los componentes tóxicos.

A estas alturas alguien pensará que son desvaríos de una madre reciente abducida por el discurso ecologista más extremo. Pues no, me baso en información proporcionada por organismos y personas de reconocido prestigio que luchan contra la presencia de los químicos peligrosos de síntesis en nuestra vida.

Una de estas personas es la Dra Odile Fernández Martínez. Os animo a visitar su blog, del que he sacado parte de la información contenida en el post. Además de médico de familia, superó un cáncer de ovario estadio IV en 2010. Se trata de una eminencia en el tema de la lucha contra el cáncer, tiene varios libros publicados y da conferencias por toda España.

Para mí es una referencia constante y una inspiración.

¿Y vosotros que opináis?

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