BALANCE DEL 2015 Y NUEVOS PRÓPOSITOS

BALANCE DEL 2015 Y NUEVOS PRÓPOSITOS

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Ya se acaba este año tan intenso y feliz. Han sido meses de grandes cambios, desafíos y sorpresas. Nuestro gran cambio fue la llegada de nuestro hijo en mayo. Había imaginado como era la maternidad pero nada comparable a la experiencia real. Hubo cosas que pasaron tal y como las esperábamos. Otras llegaron para que no olvidemos lo importante que es luchar por lo que uno quiere. Y aquí estamos, 12 meses después dando las gracias, por lo bueno y por lo malo, por las situaciones inesperadas, por los reveses y hasta por las piedras en el camino.

Porque nos han unido y nos han hecho más fuertes

Porque nos hemos reafirmado en lo que queremos.

Porque nos hemos propuesto nuevas metas.

Porque no nos hemos rendido.

Porque hemos luchado y peleado por lo que creemos.

Porque le hemos plantado cara a la adversidad

Porque nos hemos adaptado.

Porque hemos discutido y nos hemos vuelto a reconciliar.

Porque nos hemos venido arriba.

Porque hemos defendido nuestra familia.

Porque hemos recuperado el placer de ser pequeños de nuevo.

Porque nos hemos ilusionado y hemos llorado de alegría y de tristeza.

Porque nos hemos cuestionado la realidad como nunca lo habíamos hecho.

Porque hemos trabajado en equipo.

Porque hemos trazado un camino de vida.

Porque hemos tropezado y nos hemos levantado con una sonrisa.

Porque hemos aprendido de los errores y de los aciertos.

Porque nos hemos enamorado y reenamorado cada día.

Porque crecemos al lado de nuestro pequeño.

Porque hemos creído.

Porque confiamos en el futuro tanto como en nosotros mismos.

Pero sobre todo por tener un hijo maravilloso, que nos sonríe cada mañana y que hace que cada día de nuestra vida cobre sentido.

Sólo pido al nuevo año que la fortuna nos sea dichosa, que nos dé templanza y paciencia para sobrellevar la adversidad, fuerza y energía para impulsar nuestros proyectos, tiempo para disfrutar de nuestro pequeño, salud para preocuparnos por otras cosas, buen humor para afrontar los contratiempos, humildad para celebrar los éxitos, empatía para empujar todos juntos, alegría para regalar, optimismo a manos llenas y muchos momentos felices. Y tú, ¿qué le pides al 2016?.

UNA NAVIDAD DIFERENTE Y SOSTENIBLE

UNA NAVIDAD DIFERENTE Y SOSTENIBLE

Esta será una Navidad diferente y sostenible. Existen muchas razones para que estas navidades sean distintas y especiales. La principal, nos estrenamos como padres. La llegada de un nuevo miembro a la familia hace que nos hagan especial ilusión estas fechas. Sobre todo a mí, que suelen generarme cierta tristeza. Los últimos años ni siquiera hemos puesto belén, ni árbol de Navidad, ni ningún motivo navideño. Yo no soy especialmente navideña y mi chico menos aún. Entonces, ¿por qué celebrar la Navidad? Pues porque quiero que mi peque disfrute de todo ello. Cuando era niña me encantaba esta época del año.

Ninguno de los dos somos creyentes, pero hace 2000 años eso no era un impedimento para disfrutar de estas festividades. Si hacemos un poco de historia, fue el Papa Julio I en el 350 de Nuestra Era quien eligió el 25 de diciembre para conmemorar el nacimiento de Jesús de Nazaret. Esta elección no fue hecha al azar, coincidía con la fiesta pagana del solsticio de invierno que tenía como eje principal la agricultura. La jugada fue perfecta porque con el tiempo el origen pagano se perdió en beneficio de la fiesta religiosa. Hoy en día sucede más bien lo contrario, celebramos la Navidad más por un motivo cultural que religioso.

Sobre todo queremos celebrar estas fiestas porque nos apetece, aunque nuestra celebración de la Navidad no va a ser muy convencional. Queremos unas fiestas coherentes con nuestras creencias, o lo que es lo mismo, una Navidad  laica y sostenible. Debemos tener en cuenta que durante estas fiestas cada español puede llegar   a emitir a la atmósfera unos 530 Kilos de CO2 aproximadamente, según una investigación realizada por la Universidad de York en 2007. Supone el 5,5% del CO2 de todo el año.

Un tercio de nuestras emisiones corresponden a la iluminación, un 4% a la alimentación y un 15% a los desplazamientos. De entre los medios de transporte más contaminantes está el avión. Sin embargo, las compras y regalos constituyen el 48% de nuestras emisiones. Estos últimos datos nos confirman que la Navidad se ha convertido en una fiesta consumista y poco respetuosa con el medio ambiente.

Nosotros queremos celebrar la Navidad pero limitando nuestras emisiones de CO2. ¿Y eso cómo se hace? Pues en eso estamos. La primera discusión es si ponemos adornos navideños o no. Hemos decidido renunciar a los adornos que se venden, entre otras razones, porque en su elaboración y envasado se utilizan tanto subproductos del petróleo como polímeros tóxicos como el PVC. Teniendo un bebé que se lleva todo a la boca no parece lo más aconsejable. Además, estos productos no son biodegradables.

Por todo esto, hemos optado por elaborar algún adorno utilizando materiales reciclados. Nos parece algo muy divertido y aunque el Vikingo es aún muy pequeño, en el futuro podremos disfrutar de esta actividad en familia. He encontrado páginas donde dan ideas de cómo elaborar tus adornos con material reciclado También hay tutoriales muy interesantes para elaborar adornos como en esta página donde se hace una recopilación de 41 tutoriales de Youtuve fáciles de hacer  y bien explicados.

Otra idea es elaborar adornos comestibles, parte de la diversión es cocinarlos y por supuesto, comerlos. Hay adornos de todo tipo, en Pinterest podéis encontrar un buen número de adornos comestibles e ideas. También se pueden hacer galletas con forma de estrella, árbol o renos. En Ikea venden unos moldes de acero inoxidable de figuras navideñas a muy buen precio que te servirán para hacer galletas durante mucho tiempo. Este es el enlace a la tienda. También podéis hacer árboles de Navidad comestibles tan divertidos como simpáticos.

Otra decisión a tomar es si colocamos un belén o no. Yo soy partidaria de lo clásico, sin embargo, mi pareja se decanta por un belén reconvertido en pueblecito de invierno. En él le daremos un lugar de honor a nuestros gatos con tres figuritas gatunas. Hemos renunciado al alumbrado navideño: gasta mucha energía y contamina.

Hay  otras cosas que no tienen cabida en nuestra Navidad, como el consumismo exacerbado y las grandes comilonas. Sobra decir que hace tiempo que estas fiestas se han convertido en puro consumismo sin control, así que hemos decidido limitar el número de regalos que le hagan a nuestro pequeño. Sólo un regalo y priorizando cosas que necesita, al fin y al cabo todavía es muy pequeño para pedir juguetes. Además, preferimos elegirlo nosotros.

No soy la única que pasadas estas fechas ha ganado alguna vez algún kilo que luego es casi imposible perder. Es la época del año en que más abusamos de la comida, constantemente se nos ofrece como un reclamo al que es imposible resistirse. Todos los años mi madre cocina para Nochebuena y, aunque ya no somos los mismos, ella sigue cocinando para un regimiento. Luego llega la regañina esa noche porque no hemos podido comer todo lo que ella ha preparado, ¿os suena?

Hace poco que hemos adoptado una alimentación ovo- lacto- vegetariana (resumiendo la palabreja, no comemos ya ni carne ni pescado) y queremos seguir manteniendo estos principios por el bien del medio ambiente y de nuestra salud. Solemos hacernos un viaje aprovechando el cambio de año pero en esta ocasión nos vamos a quedar en casa. Por eso estamos diseñando un menú vegetariano para fin de año, va a ser difícil  no incluir ni carne ni pescado pero no imposible. Cuando lo tenga lo compartiré con vosotras por si alguna se anima a preparar alguna de las recetas.

Por último, os dejo un enlace a Greenpeace donde dan una serie de consejos para una Navidad con un menor impacto medioambiental. Son recomendaciones sencillas y fáciles de adoptar.

¿Y vosotras os animáis a apostar por una Navidad diferente? ¿Se os ocurre alguna otra idea?

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MI PEQUE, UN CIR

MI PEQUE, UN CIR

Mi peque, es un CIR. Lo primero que te preguntas es que has hecho mal para que esto sea así. Sin embargo, uno de cada diez bebés no creció lo suficiente antes de nacer y en el 40% de los diagnósticos de CIR no hay una razón aparente, por lo que sentirte culpable no sirve de nada.

Pero, ¿qué significan estas siglas? Crecimiento Intrauterino Retardado. Podemos definirlo como la disminución patológica del ritmo de crecimiento del feto mientras se desarrolla dentro del útero, que tiene como consecuencia que el bebé no consiga alcanzar el tamaño previsto y que, por lo tanto, tenga más riesgo de padecer complicaciones perinatales o, incluso, de morir. Expresado así asusta bastante. Por motivos que se desconocen, en muchos casos el bebé no obtiene todos los nutrientes que necesita porque la placenta deja de funcionar bien.

Existen dos tipos de CIR: simétrico y asimétrico. El primero se da en fetos con alteraciones graves pero también en bebés que son constitucionalmente pequeños. El CIR asimétrico suele aparecer en un momento avanzado del embarazo más o menos hacia el tercer trimestre, como fue mi caso. Se caracteriza por que existe una descompensación en los parámetros que miden el crecimiento fetal: el tamaño del cráneo, el del abdomen y el del fémur. Es decir, alguno de ellos se ajusta más a la edad gestacional y algún otro da una medida inferior. Este tipo de CIR es el más habitual y es el que me tocó a mí.

Hacia el final del segundo trimestre el tamaño del peque empezó a estancarse, la primera señal de alarma la dio mi ginecóloga del seguro privado. Según ella iba aproximadamente con una o dos semanas de retraso. Apenas le dimos importancia aunque ella me mandó unos batidos que eran proteína pura (y también una gran dosis de porquería, pero esa es otra cuestión que ya abordaré en otro momento). Por aquel entonces yo había tenido un período de gran estrés laboral, estaba agotada y me encontraba fatal pero la doctora de cabecera que tenía por aquel entonces no me daba la baja laboral (el tema daría para otro post y no descarto escribirlo en el futuro).

Después de las vacaciones de semana santa me tocaba el control en la sanidad pública y su valoración fue la misma que la de mi doctora: el peque crecía muy despacio. Estábamos entonces en el percentil 25, qué odiosa palabra: percentil. Y tantas veces que tendría que escucharla en adelante. Una de las primeras preguntas que me hicieron es si fumaba, pregunta que se repite aún hoy cuando llevo al bebé al pediatra. Pues no, no fumo. No he fumado nunca, creo que hay pocas personas que odien más el tabaco que yo. Sin embargo aunque en mi informe lo ponía, cada vez que iba no dejaban de preguntármelo. Por lo visto hay una incidencia mayor de bebés CIR en mamas fumadoras. Se cree que la nicotina produce una vasoconstricción de los vasos uteroplacentarios lesionando su pared y provocando que la placenta no funcione correctamente. De hecho los bebés de madres fumadoras suelen pesar de media unos 100-300 gramos menos de lo normal.

También se interesaron por mi nivel de estrés, me prescribieron reposo absoluto y me recomendaron coger la baja laboral. Pero afortunadamente había cambiado de médico y mi nueva doctora me había dado la baja apenas dos días atrás. Según algunos estudios existe una relación directa entre el estrés y bebés CIR o prematuros. Se piensa que el estrés provoca una interferencia general con los mecanismos que aseguran un correcto desarrollo del embarazo.

Decidieron ir citándome cada semana o cada diez días para ver cómo evolucionaba. Por supuesto nadie te dice en ese instante que tu pequeño es un CIR, tampoco es que sirva para mucho la información y posiblemente ellos tampoco puedan delimitar en ese momento que lo sea, es decir, podría ser un bebé constitucionalmente pequeño, que también los hay.

El caso es que le cogí pánico a la ecografía porque cada vez que íbamos estábamos igual. Sin embargo, la placenta parecía funcionar y el intercambio de oxígeno también. Entonces, ¿por qué no crecía? Imposible saberlo. Por supuesto que yo seguía las recomendaciones que me habían dado: descanso, nada de estrés y alimentación rica en proteína. Me tranquilizaba notar a mi peque moviéndose cada día. Siempre había sido un bebé muy activo, solía moverse mucho y yo pensaba que si de verdad le faltasen nutrientes estaría más apático. Intentas no obsesionarte pero no es fácil, temes por el bienestar de tu pequeño y eso impide que te relajes.

En la semana 36 en uno de esos controles la situación había cambiado, la placenta de repente aparecía envejecida y el intercambio de nutrientes podía estar comprometido. Habíamos bajado al percentil 10 y a partir de ese momento mi peque ya fue considerado un CIR.  Me plantearon una inducción al parto inminente. Si fuera por la ginecóloga que me atendió me hubiesen ingresado ese mismo día, que era martes. Sin embargo no había camas, así que me citaron para dos días después para un control, por si la situación empeoraba y programaron mi parto para el viernes.

La verdad es que fue un gran susto pero ni siquiera me plantee otra posibilidad. Si mi bebé no crecía desde luego que estaba mucho mejor fuera que dentro. Por otra parte, estaba a punto de conocer a mi pequeño. La historia continúa en el post Mi parto inducido: parte I y en Mi parto inducido: el desenlace.

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