En el post de hoy te vamos a dar 5 poderosas razones por las que merece la pena volver a estudiar en la edad adulta. No importa en qué momento dejaras tus estudios y los motivos que te llevaron a tomar esa decisión.
Cabe dentro de lo posible que estudiases aquello que querían tus padres pero no lo que tú realmente querías. O que estudiases algo que hoy ya no te motiva o que ya no te interesa lo más mínimo. Entra dentro de lo posible que dejases de estudiar por las circunstancias más pronto de lo que hubieses deseado y tengas clavada esa espinita.
Detrás de cada abandono hay una historia personal: en unas ocasiones fue la necesidad, en otras el aburrimiento o un suculento contrato laboral que luego se tornó en pura y dura explotación. Pero cuando eres joven la independencia que da el dinero suena a música celestial.
Los posibles son infinitos, únicos e intransferibles. Dependen de la persona y de sus múltiples circunstancias. No importa el pasado porque ya no podemos cambiarlo pero sí podemos cambiar el futuro. Podemos y debemos hacerlo si está en nuestra mano.
Sin embargo, una voz te disuade de la idea cada vez que pasa por tu cabeza. Tienes hijos, una pareja, un trabajo, un hogar, unas responsabilidades diarias que no se acaban nunca, que abarcarían las 24 horas si no decidieses que es el momento de parar. ¿Te suena?
¿Qué es lo que tú quieres? ¿Te has parado a pensarlo? Date un minuto para reflexionar, seguro que vas a necesitar más de uno.
¿Ya lo sabes?
Si estás pensando en volver a estudiar te doy la enhorabuena porque has tomado una gran decisión que puede cambiar tu futuro y el de tu familia. Retomar los estudios, reciclarse en otra profesión o estudiar unas oposiciones son estupendas opciones, la elección de una u otra depende de tus circunstancias.
Ahora sí, va a ser duro. No te voy a mentir y decirte que una carrera o unas oposiciones se aprueban en dos ratos y sin hacer sacrificios. Somos adultas, así que mejor te hablo con sinceridad. Será difícil pero no imposible. Tendrás que pactar con tu entorno y sacrificar muchos momentos pero la recompensa puede ser inmensa.
1.- Mejores perspectivas laborales
Si estás trabajando actualmente piensa en tu trabajo, ¿te gusta? ¿Te has sentido quemado en los últimos meses? ¿Te sientes desaprovechada o desmotivada?
Todas pasamos por momentos en los que el trabajo nos agobia o nos hace sentirnos sobrepasadas sobre todo si trabajamos por objetivos de empresa. Pero si la situación se alarga desde hace tiempo y ya no eres feliz haciendo lo que haces igual es el momento de plantearse otras posibilidades.
¿Dónde te ves dentro de cinco años? Seguro que en la idílica imagen que tienes en tu cabeza no estás en tu trabajo actual aguantando a un jefe malhumorado o perdiendo la vida detrás de un mostrador.
Puede ser que estés en paro y que las ofertas de empleo que te llegan sean para trabajar en precario. Puede ser que tu viejo empleo hoy ya no exista o esté en vías de extinción. Nosotros crecimos en una imprenta que era el negocio de mis padres y que luego continuó mi hermano. Hoy en día las imprentas son pequeños reductos que resisten a la era digital con la certeza de luchar contra Goliat. Es una vía muerta. ¿Cuántas vías muertas ves en tu camino?
Vivimos en una sociedad cambiante, lo que ayer era un trabajo seguro hoy ya no lo es. En la época de nuestros padres o de nuestros abuelos la gente se jubilaba en la misma empresa en la que había obtenido su primer empleo. Hoy las relaciones laborales no se caracterizan por su fidelidad, cuando ya no te necesitan o pueden contratar más barato te despiden sin darte ni las gracias. ¡Bienvenidos al libre mercado!
Muchas profesiones van desapareciendo para dejar paso a otras muy relacionadas con el devenir de los tiempos. Hace 20 años era inimaginable el perfil profesional de un comunity manager. Hoy es una de las profesiones más demandadas en el mundo online. Todo aquel que tiene una empresa necesita una presencia online y gestionar redes sociales. Es solo un ejemplo de cómo el mercado laboral evoluciona a un ritmo loco y vertiginoso.
Reciclarse no es un drama, es una necesidad si quieres tener mejores oportunidades de futuro. Puede ser que estés pensando en emprender, si es así, la formación es básica para poder sacar adelante tu proyecto y lograr tener tu propio negocio y no depender de nadie.
Merece la pena formarse en aquello que nos gusta o que nos motiva, son dos ingredientes básicos para lograr el éxito en los estudios. Mejores conocimientos se traduce en mejores puestos de trabajo, mejores horarios y mejor salario.
Razones por las que volver a estudiar
2.- Serás un ejemplo para tus hijos
No hay mejor arma educativa que el ejemplo. No puedo pedirles a mis hijos que tomen verduras si yo no las pruebo o pongo cara de asco cada vez que las veo. Es una incongruencia.
Igualmente que tus hijos te vean estudiar y esforzarte para sacar adelante tus estudios es una semilla sembrada para el futuro. Ellos te van a animar y van a celebrar cada examen aprobado porque tú les vas a hacer partícipes de ello. Pues sí, amiga, les estás inculcando el esfuerzo, el deseo de superación y la motivación en estado puro.
Se tomarán más en serio su formación y querrán estudiar. Tus hijos te imitarán y querrán algún día ser como tú.
3.- Mejorará tu autoestima
Hace años fui profesora en un centro de Educación de adultos, gran parte de mis alumnos eran personas entre los 30 y los 40 años que habían decidido retomar sus estudios a pesar de todas las responsabilidades que tenían encima.
Yo no me cansaba de decirles lo orgullosa que me sentía de ellos. Recuerdo en especial a un alumno que nos contó un día que había abandonado sus estudios porque se sentía inferior a sus compañeros y pensaba que era tonto. Había vuelto a estudiar porque necesitaba el titulo para ser ascendido en su empresa. Estaba perplejo ya que había empezado a sacar buenas notas por primera vez en su vida.
Así que si alguien te dijo que no eras inteligente o que no servías para estudiar, te mintieron. Todo el mundo puede estudiar si se lo propone y trabaja duro. Habrá materias que te cuesten más que otras pero sí se puede. Retomar los estudios es un poderoso acicate para la autoestima. Sacar buenas notas es un chute más potente que cualquier droga.
Solo te pondré otro ejemplo, al acabar el curso, mis alumnos tenían una mejor autopercepción de sus capacidades y habían ganado en seguridad en sí mismos.
4.- Harás nuevas amistades
La amistad es un potente antídoto contra el estrés y la soledad. Volver a estudiar te permitirá conocer a otras personas y relacionarte con gente que no pertenece a tu círculo más cercano. Eso siempre resulta enriquecedor, ya que se amplía tu visión del mundo. Hacer nuevas amistades ayuda a no abandonar cuando uno siente que flaquean las fuerzas.
Es muy importante apoyarte en personas con tus mismos intereses, podéis intercambiar apuntes, consultar dudas, repasar un examen en la biblioteca o crear un grupo de trabajo. Durante mis años de estudio he hecho grandes amig@s que aún hoy me acompañan en el camino.
Quién sabe si de esa relación sale una amistad, un proyecto común o una pareja. Ya se sabe, los designios del señor son inescrutables.
5.- Por el placer de aprender
Sí, has leído bien. Absolutamente por placer. El ser humano es curioso por naturaleza y nuestro cerebro está diseñado para aprender continuamente. De hecho, aprender en la edad adulta hace que se generen neuronas en el hipocampo lo que se traduce en una mayor plasticidad cerebral en la vejez.
Aprender por placer, porque sí. Porque este tema me interesa y quiero profundizar en él. Aprender sobre aquello que nos gusta o que nos apasiona es una forma de realización personal.
Te confieso algo, yo no dejo de aprender, me interesan muchos temas y me encantaría poder saber más sobre ellos. Mi sueño: un año sabático en el que poder aprender y poder saciar mi sed de conocimientos.
No hace falta que seas tan radical como yo, pero si algo te motiva y te apetece saber más sobre ello, adelante. Puede ser que algún día ese hobbie se convierta en tu forma de ganarte la vida.
¿Todavía tienes dudas sobre si deberías volver o no a estudiar? Cuéntame que es lo que te frena.
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Hoy hablaremos de la importancia del aprendizaje significativo. Llega la vuelta al colegio, las clases, oposiciones… y cada uno tiene que aplicarse en captar nuevos conocimientos de diferentes tipos.
Para una mejor efectividad y adquisición de saberes nuevos, me parece imprescindible que comprendamos qué es el aprendizaje significativo, cómo funciona y por qué es la mejor forma de aprender en comparación con otras, ya desfasadas, pero que aún nos rodean.
¿Qué es el aprendizaje significativo?
Dicho esto, lo primero que debemos saber es QUÉ ES EL APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO. Sería muy raro que no hayan oído hablar de ello. En una reunión en el colegio de sus hijos, en la introducción de un libro de texto, en una charla sobre educación, en un debate en Internet, etc.
Todo el mundo habla de ello ahora que los debates educativos copan gran cantidad de horas, secciones en periódicos y noticias en televisión. Es por esto por lo que no nos vamos a detener en dar una charla magistral sobre este tipo de aprendizaje, porque en Internet hay una gran cantidad de información académica sobre el tema.
Aquí me propongo solo subrayar su importancia, que nos demos cuenta cuando no se cumplen sus principios (¡atención padres!) y por qué cada día es más necesario que seamos conscientes de ello.
Proviene del siglo XX (al menos con esta terminología), del psicólogo y pedagogo estadounidense David Ausubel, que fue quien desarrolló una larga teoría del aprendizaje en torno a este concepto y fue quien estableció unas interesantes bases sobre el aprendizaje de los pequeños pero que después servirá también para adultos.
Podríamos definir el aprendizaje significativo como un proceso cognitivo mediante el cual captamos información de nuestro entorno para después adaptarlo a nuestros conocimientos previos amoldándolos a éstos y estableciendo un nuevo sistema de conocimiento interno.
Lo que lo hace significativo es que captamos del entorno aquello que es importante e interesante para nosotros (significativo), por eso, el citado proceso de adaptación y amoldamiento a los conocimientos previos se producirá de forma más sencilla que si no existe ese interés y esa relación con conceptos previos.
Seguro que si indagan un poco en las redes pueden encontrar definiciones mejores y más esclarecedoras que las mías, pero he querido utilizarla para dejar claras dos cosas: por un lado aprendemos mejor lo que nos interesa (por favor, piensen en el proceso de aprendizaje de un niño) y por otro, ese aprendizaje será más fácil y firme a lo largo del tiempo si se ajusta a nuestros conocimientos previos.
Si hablamos de niños, además, no podemos olvidar que dicho incremento de conocimiento debe ajustarse a su edad y desarrollo oportuno. Es decir, que al pequeño Vikingo que tenemos en casa le podemos intentar enseñar los colores de forma divertida mientras juega con sus coches favoritos (que no sabemos por qué, pero le entusiasman), pero no podemos enseñarle el funcionamiento del motor de cuatro tiempos con 2 años porque no lo va a comprender (y porque en casa ninguno sabemos cómo funciona).
Y si todo está en Internet y en miles de publicaciones, ¿por qué escribir sobre esto una vez más? Porque si nos paramos a pensar y observamos a nuestro alrededor, vemos que la teoría no siempre triunfa sobre la práctica. Padres, abuelos e incluso docentes (que deben conocer estos principios para haber llegado hasta ahí) no aplican estas directrices tan sencillas, a priori.
Aprendizaje significativo
Y me doy cuenta de que es alarmante cuando nuestros pequeños llegan a esa edad en la que empiezan a hablar. Todos queremos que nuestros hijos se sepan los colores, digan cada vez más palabras, conozcan los personajes de los cuentos, etc. En definitiva, queremos que repitan como papagayos aquello que nosotros queremos, no aquello que ellos quieren nombrar.
Quedar con padres/madres de hijos con la edad de nuestro Vikingo ahora que está soltándose a hablar es todo un reto. Todos quieren que veamos lo bien que el niño conoce las partes de la cara del personaje del cuento, lo bien que se ha aprendido los colores, lo bien que se conoce las partículas subatómicas o lo bien que conoce el instrumental de neurocirugía.
Pero lo cierto es que la mayoría de estas cosas no le sirven para nada. Repito, el Vikingo está aprendiendo los colores a través del juego con sus coches favoritos, antes no le interesaban en absoluto. Mientras haga buen tiempo, pasamos muchas tardes en el huerto de casa y por eso se conoce mejor que ningún niño de su edad el nombre de las hortalizas y lo mejor de todo, lo generaliza cuando salimos fuera.
Estos pasos me hacen estar tranquilo y comprender que su desarrollo cognitivo va por el buen camino. No sabrá el nombre de las partículas subatómicas, pero sí reconoce los tomates cuando están rojos, conoce las lechugas en el huerto y las identifica cuando estamos fuera de casa, está aprendiendo de manera significativa y eso no se le olvidará nunca.
Aun alguien puede replicar: pero alguna vez se tendrá que aprender las partículas subatómicas (¿no les que suena a abuelos o a profede las de antes?). No debemos preocuparnos, cuando sea su momento y se las tenga que aprender, se las aprenderá.
¿Y por qué es importante que esto sea así? ¿Qué más da cómo se aprendan las cosas si al final se aprenden igual? La respuesta está en la propia definición que hemos esbozado más arriba. El aprendizaje significativo se produce de tal forma que se ensambla con el resto de aprendizajes previos formando un todo, un continuo que no se olvida fácilmente. Es una gran obra de construcción que el niño (o el adulto, vale para todos) va creando en su mente y no deja de crecer a la vez que se sustenta en firmes cimientos.
Es el concepto griego de autoformación o autoconstrucción de difícil traducción en castellano pero que los alemanes tradujeron muy bien como Ausbildung, que hoy se reduce a una Formación Profesional pero que originalmente tenía esta fuerza que le damos en este escrito, como una autoconstrucción de nosotros mismos a través del aprendizaje y experiencia diarios.
Pero además, recurriendo a las nuevas ideas sobre neuroeducación, encontramos que un aprendizaje divertido y no forzado, nos hace felices. Y aquello que nos hace felices no se olvida. Lo obligado, sí se olvida.
¿Queremos que nuestros hijos aprendan algo obligados, les haga infelices y lo olviden? ¿o queremos que aprendan divirtiéndose, sean felices y lo recuerden para siempre? Activen la amígdala (recompensa, felicidad, etc) positivamente y aprenderán felices.
Para no extenderme, dejo un enlace de un magnífico vídeo donde se explica de forma magistral todo lo aquí mínimamente esbozado:
Consecuencias del aprendizaje no significativo
¿Qué consecuencias puede tener que el aprendizaje no siga estas normas básicas? Ya hemos hablado, muy superficialmente, de algunas cosas negativas: lo aprendido se olvida y no hace feliz al que aprende. Pero ahora vamos a desgranar algunas de las consecuencias más oscuras de obligar a nuestros chicos a aprender de forma no significativa.
No solo se olvida lo aprendido, si no que se aprende mal. ¿Qué quiere decir que se aprende mal? Que el edificio del que hablábamos antes (Ausbildung) se cae porque tiene malos cimientos. La metáfora del edificio y los ladrillos es lo más claro y visual. Uno crece y se desarrolla con robustez (aprendizaje significativo, entre otras cosas) y el otro es endeble y poco fiable (aprendizaje memorístico, por ejemplo). Pero además, se producen lagunas que le crean inseguridad y malestar, que es el siguiente punto.
Este malestar e inseguridad viene dado porque no comprende muchas de las cosas que ha memorizado. Cuando existen lagunas debido a la desconexión entre unos aprendizajes y otros el niño lo vive como algo negativo. Estos aprendizajes se asocian con algo negativo y esto poco a poco le va haciendo creer que los nuevos conocimientos son algo negativo para él.
Odiará estudiar, odiará el colegio, odiaremos aprender, en definitiva. Los niños son curiosos por naturaleza y así es como acceden a una amplia gama de conocimientos muy diversos, desde qué es eso que comen papá y mamá hasta qué es eso que garabatean papá y mamá en ese papel. Pero si ese proceso de curiosidad se ve interrumpido y alterado por patrones impuestos externamente, volvemos a la rueda anterior y se viven como algo aburrido, poco comprensible y no como una vivencia positiva y divertida.
¿Qué conseguimos con esta irrupción en sus desarrollo natural? Matamos su creatividad y su interés por aprender. La mayoría de los niños, cuando llegan a cierta edad (aún en primaria) tienen la sensación de no ser creativos y de que aprender cosas nuevas es aburrido y una obligación. Repiten la cantinela: venimos al colegio a aprender. Pero realmente ninguno sabe qué es eso. Deberíamos (esta es mi propuesta personal) inculcarles la idea de que venimos al colegio a tener curiosidad, a preguntar, a inventar… Con esa actitud sacaremos de ellos lo mejor que tienen y aprenderán con una base positiva y eficiente.
Por último, quiero insistir en la idea de que niños felices son niños que aprenden en libertad, con curiosidad y con iniciativas. ¿Queremos que nuestros hijos aprendan felices o queremos que odien el colegio, las clases, etc? ¿Qué les hace felices, aprender a través de su iniciativa y curiosidad o a través de nuestro orden impuesto externamente, es decir, lo que hace felices a todos menos a ellos?
Reflexionemos todos sobre esto y démosles una opción de futuro mejor.
Papá Idiota
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