Hoy en el blog, cómo aliviar el dolor de espalda durante la lactancia de la mano de Marisa Burgos de la Clínica Fisiosanté Aravaca. No es la primera vez que me llega una consulta de este tipo ya sea desde redes sociales o desde el grupo de crianza. Cuando somos madres gran parte de nuestra atención se centra en la lactancia: si nuestro bebé se alimenta bien, si coge peso, si se engancha correctamente, si nos hace daño la succión, etc. De hecho yo tuve muchos problemas para que mi bebé se enganchase al pecho, en el post, Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer, te lo cuento todo.
Sin embargo, como madres en período de puerperio nos olvidamos en muchos momentos de nosotras mismas con tal de que nuestro bebé mame lo suficiente. No nos preocupamos de si nuestra posición es la correcta amamantando o de si estamos incómodas en una determinada postura.
Por otra parte, nadie de nuestro entorno percibe estas malas posturas que un día tras otro vamos adoptando sin darnos cuenta. De pronto un día nos levantamos con un dolor de espalda horrible y le echamos la culpa a la lactancia o pensamos directamente en destetar porque nos sentimos literalmente dobladas. Así que sientes dolor de espalda al amamantar no estas sola, muchas de nosotras hemos pasado por este proceso.
No obstante, me parece fundamental que un profesional de la fisioterapia os hable de las mejores posturas para dar el pecho y de cómo ponerlas en práctica cuidando nuestra espalda como se merece. Precisamente por ello he invitado al blog a Marisa Burgos de la Clínica Fisiosanté para que os dé todas las pautas necesarias para tener una lactancia feliz y libre del incómodo dolor de espalda. Os dejo con ella.
Muchas gracias, Rosa. En efecto la lactancia no siempre es fácil al principio: el agarre al pezón del bebé, las grietas, la mastitis e incluso el rechazo al pecho del bebé. No siempre es sencillo solucionar estos problemas sin que tenga consecuencias para la postura de la madre. Sin embargo, a menudo es a través de una buena posición amamantando cuando los problemas de la madre y el bebé se resuelven por sí mismos. Vamos a echar un vistazo a las posturas que me parecen más acertadas para aliviar el dolor de espalda durante la lactancia.
¿Cuáles son las posiciones de lactancia a adoptar para evitar el dolor de espalda?
1# La posición clásica
La madre está sentada a 90º con el bebé acostado en su regazo.
¿Cuál es el error más habitual?
Agacharse por la mitad para, con una mano, sostener un poco la cabeza del bebé y, con la otra mano, llevar el pezón a la boca del bebé.
¿Por qué es un problema?
Porque tus dos manos no están relajadas y te vas a tensar si la postura dura mucha mucho tiempo. Asimismo, tu espalda está arqueada para acercarte al bebé. Por otro lado, cuando el bebé vaya creciendo tu brazo extendido sostendrás 5 o 6 kilos de peso, lo que es demasiado.
Aunque nuestro objetivo es mejor la postura de la madre, no debemos olvidar que cuando utilizamos erróneamente esta posición la cabeza del bebé queda solo sostenida por tu mano y ésta no envuelve completamente su cuello. Por lo tanto, también nuestro pequeño se contraerá, apretará la mandíbula y le costará succionar completamente del pezón.
¿Cómo adoptar una buena posición?
Lo ideal es colocar la parte baja de la espalda en una posición relajada, pero sin que quede encorvada. Puede ser con las piernas cruzadas o sentada contra una pared con un soporte duro para que no se hunda la espalda y con las piernas estiradas.
Puedes colocar una almohada de lactancia en tu regazo para que el cuerpo y la cabeza del bebé estén en la misma línea. Después desliza una pequeña almohada entre tus rodillas y la almohada de lactancia colócala a la altura de la cabeza del bebé para poder levantar ligeramente esta última.
El bebé debe estar lo suficientemente alto como para alcanzar el pecho por sí solo, sin que la mamá tenga que sujetarlo. Si no está lo bastante alto puedes agregar una manta o una almohada entre las rodillas y la almohada de lactancia. La mano que se corresponde con el pecho del que no está lactando el bebé se puede colocar suavemente sobre este para calmarlo.
2# La posición de descanso, acostada de lado
Esta es mi postura favorita, ya que no estamos tensos y podemos incluso aprovechar para realizar ejercicios de perineo. Además, mamá y bebé pueden mirarse a los ojos y es posible disfrutar de una postura de descanso. También se puede denominar a esta postura, posición de sirena.
Cómo colocarse correctamente en esta postura
Nos colocamos acostadas de lado, con la cabeza apoyada en el brazo flexionado. Se puede colocar un cojín entre el brazo y la cabeza si así estamos más cómodas. Las rodilla se flexionan para relajar la espalda.
Asimismo, el bebé está en una posición sencilla y fácil de mantener: se coloca de lado con la cabeza hacia el pecho de su madre. Su cuerpo debe estar pegado al de su progenitora, para que los dos vientres estén en contacto.
¿Cuál es el error más habitual?
El más frecuente se produce cuando el bebé está boca arriba con solo la cabeza vuelta hacia el pecho. Al igual que en la posición sentada, el bebé no puede relajarse. Esto suscita que sus mandíbulas se aprieten y que no pueda agarrar el pezón correctamente.
3# La posición del jugador de rugby
No es la postura más obvia, pero desde el punto de vista de la succión es perfecta. Es estupenda cuando hay grietas en el pezón y necesitamos alternar distintas posiciones de amamantamiento.
Cómo colocarse correctamente en la postura
La mamá se coloca sentada con las piernas cruzadas con un cojín grande o un apoyabrazos a su lado. El bebé descansa sobre el cojín apoyado de espaldas ajustando su cabeza a la altura del costado exterior del pecho. El brazo de la madre en el lado activo del pecho sostiene al bebé como una pelota de rugby durante un ataque. El brazo opuesto sostiene la cabeza del bebé para que su mueva hacia el pezón
Uno de los inconvenientes de esta posición es que debemos sostener la cabeza del bebé tanto como sea posible. Uno de los secretos de esta postura es tener un buen soporte que para que el brazo que sostiene el peso de la cabeza del bebé no colapse por completo. No te desanimes si al principio no te sale, todo es cuestión de práctica.
Hay muchas otras posiciones para amamantar, pero éstas son mis favoritas. El mejor consejo, que fisiosante puede darte es que cambies de posición con regularidad. Así estarás siempre cómoda durante la lactancia. Si te sientes tensa, tu bebé también lo estará.
Reitero mi agradecimiento a Marisa por todos los consejos que nos ha dado. Si quieres conocer un poquito más de cerca el trabajo que realizan desde la clínica de fisioterapia Fisiosante, pincha en www.fisiosante.com. Espero que todas estas recomendaciones te sean de ayuda. Si tienes alguna consulta o pregunta no dudes en escribirnos. Estaremos encantadas de contestarte.
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Hoy en el blog, Selección de libros para superar los miedos infantiles. En el anterior post hablábamos de los miedos infantiles y de cómo ayudarles a afrontarlos de forma respetuosa. A continuación, vamos a hacer un repaso a algunas lecturas que pueden ser de gran ayuda en momentos decisivos en la vida de nuestros hijos. Se trata de una pequeña selección ya que afortunadamente cada vez hay más material literario que aborda los temas más variopintos sobre los miedos infantiles y que aportan diferentes perspectivas o puntos de vista. No podemos abarcarlos todos, pero si podemos recomendaros los que nos han parecido más adecuados en función de la edad y la temática. Como veis los tenéis agrupados por temas y os adjunto un enlace dónde podéis adquirirlos.
Miedos a la hora de dormir
Esta es una de las cuestiones que más quebraderos de cabeza nos genera como padres. Hay muchos niños que tienen miedos nocturnos o que se resisten a dormir solos. Tienen miedos de monstruos, fantasmas o sencillamente necesitan la cercanía de otra persona para conciliar el sueño y se asustan si se despiertan y están solos en la habitación. Para ayudaros a afrontar este proceso a través de los cuentos os recomendamos algunos títulos que pueden ser de gran ayuda.
No puedo dormir
Escrito por Gracia Iglesias e ilustrado por Ximo Abadia. Editado por Flamboyant. Narra cómo un niño que no concilia el sueño comienza a contar del uno al diez imaginándose diferentes ovejas. El libro es una gozada tanto por las ilustraciones como el texto que nuestro hijo nos pedirá que le contemos una y otra vez. Lo tenéis en: https://www.casadellibro.com/libro-no-puedo-dormir/9788494681592/6335963
No puedo dormir-Flamboyant
Cuando los niños duermen
Escrito por Malika Doray e ilustrado por Annelore Parot. Editado por Cubilete. Este es gran libro para leer a nuestros hijos, pero sobre todo para disfrutar de sus ilustraciones. Un gran árbol cobija a una serie de niños pequeños que sueñan las cosas más variadas que van pareciendo por arte de magia página tras página. Aunque está pensado para niños de edades tempranas merece la pena disfrutarlo. Lo podéis encontrar en: https://www.brunolibros.es/libro/albumes/cuando-los-ninos-duermen/
¡Soy el lobo!
Escrito por André Bouchardy editado por Edelvives. Un libro divertido en el que verás al malvado lobo de los cuentos desde una perspectiva diferente. Un lobo intenta asustar a una niña que duerme, pero no tiene ningún éxito. De repente aparece un monstruo denominado Pesadilladelaabuelita que intenta ayudarle. Una de las cosas que más me gusta de este cuento es que desmitifica los cuentos infantiles y nos ofrece una visión nueva y más moderna de los monstruos que acechan en los cuentos que nos han contado. Mi hijo se reía a carcajadas. Reduce los miedos con sonrisas. Lo encontraréis en: https://www.edelvives.com/es/Catalogo/p/soy-el-lobo
¡Soy el Lobo!-Edelvives
¿Te da miedo la oscuridad? (Plip and Charly)
Escrito e ilustrado por Jonathan Farr y editado por Fondo de Cultura Económica de México. El autor nos sumerge en una nueva aventura de la mano de sus protagonistas Plip y Charly. En esta ocasión ninguno de los dos puede dormir porque oye ruidos. Así poco a poco van apareciendo una serie de personajes que a priori deberían darnos miedo, pero que están tan asustados cómo nosotros. Otra forma diferente y divertida de desmitificar el miedo a la oscuridad. Lo puedes adquirir en: https://www.casadellibro.com/libro-te-da-miedo-la-oscuridad-plip–charly/9786071600394/1613393
¿Te da miedo la oscuridad?-Fondo de Cultura Económica de México
Yo mataré monstruos por ti
Escrito por Santi Balmes e ilustrado por Lyona. Editado por Principal de los Libros. Martina tiene tanto miedo por las noches que no puede conciliar el sueño. Teme que debajo de su cama haya un mundo paralelo habitado por monstruos. Y la verdad no está tan desencaminada, porque un día ambos mundos conectan. Martina la humana y Anitram, la monstrua comparten los mismos miedos y juntas están dispuestas a superarlos. El libro es una preciosidad y la historia es está muy narrada. Es un cuento para narrar una y otra vez a nuestros hijos y sobre todo para poderles voz a esos miedos que todos tenemos y que no nos atrevemos a confesar. Lo podéis conseguir en: https://principaldeloslibros.com/index.php?id_product=94&controller=product
Yo mataré monstruos por ti- Principal de los Libros
Miedo a lo desconocido
El miedo a lo desconocido es uno de los miedos más comunes sobre todo en la infancia. Muchas veces, el miedo procede de nuestra ignorancia o de ideas preconcebidas. Ponerle nombre a este tipo de miedos y afrontarlos de forma adaptativa es la mejor herramienta para superarlos. Los cuentos que hemos seleccionado son ideales para estos momentos de incertidumbre.
Los lobos de la pared
Escrito por Neil Gaiman e ilustrado por Dave Mc Kean. Editado por Astiberri. Destaca por ser un cuento inquietante y muy bien narrado. La protagonista de esta historia, Lucy, escucha ruidos en las paredes, pero nadie parece escucharla hasta que ya es demasiado tarde. Aunque el argumento parece más de una película de terror, este cuento nos habla del miedo a lo desconocido y de cómo enfrentarlo. También nos hace reflexionar sobre la forma en que cada uno afrontamos una misma situación. Las ilustraciones y el texto pueden dar un poco de miedo en la primera infancia así que lo mejor es posponerlo a una etapa posterior. Puedes encontrarlo en: https://www.astiberri.com/products/los-lobos-de-la-pared
Los lobos de la pared-Astiberri
El perro negro
Escrito e ilustrado por Levi Pinfold para la editorial Nubeocho. Este es otro libro perfecto para ahondar y comprender una emoción básica como es el miedo. La trama es sencilla una familia que se niega a salir de casa porque fuera hay un perro horrible que les amenaza. Sin embargo, Chiqui, la más pequeña de la familia decide salir y enfrentarse al perro. Una excelente metáfora sobre nuestro miedo a lo desconocido y cómo nos bloquea. Tienes más información en: http://nubeocho.com/index.php/es/catalogo/128-el-perro-negro
Perro Negro-Nubeocho
Miedo a ir al dentista
Este es otro de los miedos más habituales en la infancia. El dentista les asusta mucho y les pone muy nervioso. A través de los cuentos podemos normalizar y minimizar el impacto en los más pequeños ante este especialista.
¡Aaaah! ¡El dentista no!
Escrito por Stephanie Blake y editado por Corimbo. Simón el simpático conejito creado por la autora nos es el protagonista de esta nueva aventura. Se trata de un libro perfecto cuando nuestros peques se enfrentan por primera vez al dentista. El protagonista, Simón, se ha hecho daño en una muela comiendo y le duele un montón. No queda más remedio que ir a l dentista, aunque Simón no quiere ir de ninguna de las maneras. Este es el sencillo planteamiento de este cuento que nos sumerge en lo cotidiano y que ahonda en uno de los miedos más habituales de nuestros hijos de una forma amena y positiva. Actualmente está descatalogado, pero puede encontrarse de segunda mano.
AAAAH-EL-DENTISTA-NO-Corimbo
Caperucita es dentista
Escrito e ilustrado por Angélica Muñoz Álvarez y editado por Mil y un cuentos. Nuestra querida Caperucita se ha hecho mayor y se ha convertido en dentista y además tiene un inesperado amigo: el lobo. Un día este precisa de sus servicios como dentista. Este es el divertido planteamiento de este cuento que desmitifica Caperucita Roja y que además nos habla de hábitos alimentarios y de higiene bucal. Cuesta encontrarlo porque en la mayoría de las tiendas está descatalogado, no obstante, se puede comprar directamente a la editorial. Lo podéis encontrar en: https://www.m1c.es/cuento/infantil/caperucita-es-dentista/
Caperucita es dentista-Mil 1 cuentos
Miedo a ir al colegio
El miedo a ir al colegio es también muy común especialmente cuando pasan de etapa o tienen que enfrentarse a un cambio de colegio. Verse reflejados en una historia adaptada a sus circunstancias les puede ayudar mucho a poner nombre a lo que sienten y a aceptar todos los cambios que nos trae la vida.
¡No quiero ir al cole!
Escrito e ilustrado por Stephanie Blake y editado por Penguin Random House. En esta nueva aventura, Simón debe enfrentarse a su primer día de colegio. Y la verdad es que no le apetece nada ir al cole y dice todo el tiempo: “¡No quiero!” Pero no tiene más remedio que ir a clase. A la salida está muy contento porque lo ha pasado fenomenal y ahora lo que quiere es irse a casa. Este es un libro muy útil en momentos de cambio de etapa o cuando nuestros hijos se incorporan a un nuevo centro escolar. Lo podéis adquirir en: https://www.casadellibro.com/libro-no-quiero-ir-al-cole-simon/9788448853396/9674809
¡No quiero ir al colegio!-Peguin Random House
Yo iré a la escuela por ti (Monstruos)
Escrito por Santi Balmes e ilustrado por Lyona. Editado por Principal de los Libros. Volvemos a encontrarnos con Martina y Anitram, protagonista de Yo mataré monstruos por ti que hemos recomendado más arriba. En este nuevo libro Martina intercambia las clases con Anitram y se adentra en una escuela de monstruos. Todo es posible gracias al árbol que comunica ambos mundos. Otra historia deliciosa y bien narrada que puede ayudar a nuestros hijos a mirar la escuela con otros ojos. Lo puedes encontrar en: https://principaldeloslibros.com/index.php?id_product=183&controller=product
Yo iré a la escuela por ti-Principal de los Libros
Miedos y preocupaciones
Todos los niños pasan por etapas en los que tienen muchos miedos y en los que incluso pueden llegar a preocuparse de forma obsesiva incluso por la cosa más inofensiva. Puede ser que les angustie que nos pase algo o que les preocupe perder su juguete favorito o que sus amigos no quieran jugar con él. Las preocupaciones pueden convertirse en un problema si nuestro peque se siente invadido por ellas o si interfieren directamente en su vida.
La preocupación de Lucía
Escrito e ilustrado por Tom Percival y editado por SM. Lucía, su protagonista era feliz hasta que una preocupación empezó a hacerse cada vez más grande, tanto que Lucía pierde su alegría. Un día descubre a otro niño también con una preocupación muy grande. Es un cuento que conecta muy bien con las preocupaciones de nuestros hijos y que les ayuda a ponerles nombre. Otro de sus aciertos son las ilustraciones, ver la pequeña Lucía acompañada de esa bola amarilla que no para de crecer es significativa de lo que nos pueden amargar la vida las preocupaciones. Se puede adquirir en: https://es.literaturasm.com/libro/preocupacion-de-lucia#gref
La preocupación de Lucía-SM
Ramón Preocupón
Escrito e ilustrado por Anthony Browne. Editado por Fondo de Cultura Económica. Ramón el protagonista es un niño angustiado por todo, por la lluvia, por los zapatos y por cualquier cuestión por anecdótica que sea. Un día su abuela le da un truco para dormir: contarle sus preocupaciones a unos muñecos llamados quitapesares. Estos singulares muñecos pertenecen a la tradición de Guatemala, aunque posiblemente su origen este en los mayas. A través de este acto Ramón puede desahogarse y encontrar la paz. Una forma terapéutica para que nuestros hijos confíen en nosotros y compartan sus miedos y temores. Asimismo, una buena técnica para rebajar su nivel de ansiedad. Podéis encontrarlo en: https://www.casadellibro.com/libro-ramon-preocupon/9789681680794/1129750
Ramón_preocupón-Fondo de Cultura Económica
Qué puedo hacer cuando me preocupo demasiado
Escrito por Dawn Huebner e ilustrado por Bonnie Matthews. Editado por TEA. Este es más que un cuento es un auténtico manual terapéutico para tratar las preocupaciones y para aprender a manejar la ansiedad. Al inicio contiene una pequeña guía para padres y educadores que nos puede ser de mucha ayuda para sacarle el mayor partido a este libro. A través de los diferentes capítulos va explicando de una forma cercana y fácil de entender para los niños que es la ansiedad y cómo podemos minimizarla. Lo aconsejable es leerlo poco a poco y junto a nuestro peque. También aconsejo aprovechar sus divertidas actividades de aprendizaje y reflexión sobre las preocupaciones. Lo puedes adquirir en: https://web.teaediciones.com/Que-puedo-hacer-cuando-ME-PREOCUPO-DEMASIADO.aspx
Qué puedo hacer cuando me preocupo demasiado-TEA
Miedo a perder a ser querido y miedo a la muerte
En ocasiones nuestros hijos a lo que tienen miedo es a perder a un ser querido o a que enfermemos. La enfermedad y la muerte es algo sobre lo que los niños preguntan constantemente y que les cuesta en ocasiones procesar y entender. Los cuentos son una fantástica forma de explicar lo inexplicable de la existencia humana y nuestra condición mortal de nacer para después morir.
Siempre
Escrito por Ana Galán e ilustrado por Marta Sedaño. Editado por Bruño. En este cuento se nos narra como un pequeño osito manifiesta el miedo a que su madre desaparezca. Sin embargo, allí esta mamá para recordarle que siempre estará a su lado. Un libro delicioso para ayudar a verbalizar y a poner nombre al miedo que nuestros peques sienten al separarse de sus padres. Lo encontrarás en: https://www.brunolibros.es/libro/albumes/siempre/
Siempre-Bruño
Más allá
Escrito por Silvia y David Fernández e ilustrado por Mercé López. Editado por Pastel de Luna. Una preciosidad de cuento que nos habla de la muerte a través de un grupo de artistas de la galaxia. Cada uno de ellos reflexiona sobre lo que le espera tras la muerte en función de sus creencias religiosas o laicas. La muerte deja de ser algo tétrico y negativo para convertirse en un interrogante lúdico y divertido. Un cuento ideal para cuando nuestros hijos se angustian pensando en la muerte y en lo que hay después de la vida. Nos ayuda a normalizar este tránsito vital y a entender también las diferentes visiones ante este hecho ineludible. Lo podéis adquirir en: https://www.pasteldeluna.com/masalla
Más allá- Pastel de Luna
Miedos de carácter social
Según nuestros hijos van creciendo aparecen diferentes inseguridades: miedo a hablar en público, a tartamudear, a no estar a la altura. La presión puede ser insoportable para ellos y muchas veces por vergüenza no nos dicen lo que les preocupa o lo que les aterra. A través de los cuentos se pueden trabajar estos sentimientos incomodos que muchas veces les hacen sentirse abochornados o impotentes.
Concierto de piano
Escrito e ilustrado por Akiko Miyakoshi y Editado en Ekaré. La trama es sencilla, la pequeña Momo va a dar su primer concierto de piano y está muy nerviosa. Ella se repite así misma que todo saldrá bien, pero está asustada. Sin embargo, recibe una inesperada invitación de una ratoncita que le muestra una divertida función protagonizada por ratones. No todos lo hacen correctamente, pero lo que si es seguro es que lo disfrutan. Un cuento perfecto para perder el miedo a hacer el ridículo y a disfrutar de la vida. Lo puedes comprar en: https://www.casadellibro.com/libro-concierto-de-piano/9788494124785/2236184
Concierto de Piano-Ekaré
Hablo como el río
Escrito por Jordan Scott e ilustrado por Sidney Smith. Editado por Libros del Zorro Rojo. En este espléndido cuento se aborda una de las cuestiones que más avergüenzan a niños y a mayores: la tartamudez. De una forma poética se nos presenta un niño que siente que las palabras no le responden. En el colegio se siente bloqueado y solo quiere irse a casa. Entonces su padre le lleva al río para que se sienta menos solo. Y la metáfora del habla y del río cobra vida. Una forma preciosa de expresar los sentimientos de una persona con tartamudez. Podéis encontrarlo en: https://librosdelzorrorojo.com/catalogo/hablo-como-el-rio/
Hablo como el río_Libros del Zorro Rojo
Espero que os haya gustado la selección de libros para superar los miedos infantiles que hemos escogido para vosotros. No están todos los que son porque cada vez hay más libros que abordan estos temas, pero estoy convencida de que son todos los que están. Si conoces algún otro libro que trate los miedos infantiles o tienes alguna sugerencia déjanos un comentario.
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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para cambiar el mundo?
Hoy en el blog hablaremos de cómo afrontar los miedos infantiles de forma respetuosa. Últimamente he tenido algunas consultas sobre este tema, especialmente sobre miedo a la oscuridad y otros miedos nocturnos. Precisamente por ello me he animado a abordar esta temática en este post, ya que estoy segura que puede ayudar a otras familias.
¿Por qué surgen los miedos infantiles?
Los miedos infantiles tienen un componente adaptativo y de supervivencia. Debemos tener muy presente que el miedo es una emoción natural que todos experimentamos a lo largo de nuestra vida y que no desaparece con la edad tan solo evoluciona. No solo los niños tienen miedos también los adultos. Me gustaría preguntarte si tú no tienes miedos, porque yo sí los tengo. Tengo miedo a muchas cosas, entre ellas a conducir por autopistas. La cuestión es que cómo adultos tenemos más herramientas para afrontarlos y minimizarlos.
El miedo es la forma en que nos enfrentamos a una amenaza potencial, nos permiten afrontar una situación peligrosa de forma adecuada. Nos ayudan a dar una respuesta adaptativa ante una amenaza real que pone en peligro nuestra supervivencia. Así que aunque los miedos les compliquen la vida a nuestros hijos son necesarios. Si no se activase el miedo cuando corresponde, nuestros hijos podrían tener conductas que pudieran poner en peligro su vida como por ejemplo irse de la mano de un extraño o lanzarse desde una gran altura.
¿Qué constituye una amenaza para un niño?
Casi cualquier cosa susceptible de provocarle miedo. Los niños pueden tener miedo a la oscuridad, a dormir solos, a los fantasmas, a los monstruos, a los animales o que nos pase algo, a quedarse solo, a no tener amigos. La lista puede ser interminable. En ocasiones los miedos de nuestros hijos nos pueden parecer irrelevantes o anecdóticos. Sin embargo, para el niño el miedo es absolutamente real y por mucho que le digamos que no tiene que tener miedo o que no es real no nos escuchará. Tendremos que utilizar alguna de las estrategias cómo las que propongo en este post.
Factores que agudizan el miedo
En ocasiones, cambios familiares, situaciones conflictivas en el entorno familiar, como una separación, la muerte de un familiar pueden suscitar miedos irracionales. Una situación de estrés mantenida en el tiempo puede agudizar diferentes miedos, asimismo, una experiencia traumática en la infancia también puede provocar miedos en nuestros hijos.
Asimismo, muchas veces los miedos aparecen porque exponemos a los niños a una información que no es adecuada para su edad. Por ejemplo, todas las noticias relacionadas con la pandemia han exacerbado los miedos infantiles. Otras veces los niños ven contenido en televisión o en plataformas de streaming que no son adecuadas para su edad por su contenido violento o no recomendado. Debemos ser muy cuidadosos con la calificación por edades y respetarla. Si el niño tiene miedo a un contenido audiovisual, aunque sea para su edad no deberíamos exponerle a él.
Si se da alguna de estas circunstancias estaría bien indagar sobre estos miedos y procurar que el entorno sea lo más tranquilo, seguro y estable posible.
¿Mi hijo tendrá siempre los mismos miedos?
No, no tiene porque ser así. De hecho, evolutivamente hay una serie de miedos que son más habituales a unas edades que a otras. Mientras que según vamos creciendo algunos miedos desaparecen o son muy residuales aparecen otros miedos nuevos que irrumpen con la misma fuerza o sustituyen a miedos antiguos. Desde un punto de vista evolutivo tiene sentido, ya que según crecemos y evolucionamos nuestros miedos van adaptándose a nuestro estadio biológico, psicológico y social.
Los miedos que tengo de adulta se parecen poco a los miedos que tenía de niña, asimismo, los miedos de un bebé pequeño no son los mismos que los de un niño de 10 años.
Miedos más comunes por etapas
A continuación, vamos a hacer un breve repaso por los miedos más habituales por edades.
Primer y el segundo año de vida: aparecen miedos a los ruidos fuertes, a la oscuridad, a personas que no conocen y a separarse de sus progenitores.
Entre los tres y los cuatro años: desaparecen algunos miedos como el miedo a los extraños. Otros miedos siguen muy presentes como el miedo a la oscuridad. En esta etapa pueden aparecer miedos a fenómenos atmosféricos como a las tormentas y miedos a algunos animales como a las serpientes. Es una edad en la que se desarrolla de forma increíble la imaginación lo que trae consigo miedos a fantasmas o monstruos personajes de cuento. También es común el miedo a ir al colegio o a los médicos sobre todo si les han puesto una vacuna o les han hecho una analítica recientemente.
A partir de los cinco y hasta los ocho: los miedos más comunes son a la oscuridad y a algunos animales. Puede ser que nuestro hijo hasta este momento no haya tenido miedo a determinados animales y de repente tenga un miedo atroz a los perros o a las arañas. Aparecen de forma muy potente ciertos miedos a la enfermedad, a hacerse daño, a qué les pase algo a sus padres, a los accidentes y a la muerte. Hay niños que llegan a obsesionarse con la muerte sobre todo si ha muerto recientemente un familiar o persona muy cercana a la familia. Si necesitas ampliar información sobre este tema, te dejo este post: cómo ayudar a nuestros hijos a afrontar el duelo
De los nueve a los doce años: los miedos van evolucionado en otra dirección. Aunque siguen presentes los miedos a la enfermedad o la muerte aparecen otros miedos más relacionados con los social. Aparecen miedos a hablar en público, la timidez extrema o los miedo a lo que piensen los demás.
A partir de los doce años y en adelante: los miedos son principalmente sociales y afectan a la autoestima. Junto con el miedo a hablar en público aparece el miedo al rechazo, el miedo a hacer el ridículo, a la soledad, a no tener amigos, etc.
Como podemos observar los miedos evolucionan, no obstante, es importante resaltar que esta información es orientativa. En algunos niños ciertos miedos aparecerán antes o después y tendrán una duración diferente según sea el carácter del niño y sus circunstancias personales.
Cómo afrontar los miedos infantiles de forma respetuosa
Cuando el miedo aparece
Que los niños desarrollen miedos nocturnos es relativamente normal. En muchas ocasiones el niño que hasta ahora no había sido miedoso y dormía solo en su habitación de repente desarrolla miedo a la oscuridad o a dormir solo. No debemos vivirlo como un retroceso en su desarrollo, todo lo contrario, es un miedo evolutivo. De hecho, el miedo a la oscuridad es el miedo más común en la infancia.
Lo que NO deberíamos hacer
No deberíamos minimizar el miedo o restarle importancia. Si optamos por esta alternativa no solo el miedo no desaparecerá, sino que es posible que se haga mucho más grande. Además, nuestro hijo puede sentirse frustrado o incomprendido por nuestra reacción. Así que no deberíamos decir “Es una tontería”, “Son ideas tontas”, “no es nada”, o “no pasa nada”. Porque si está pasando algo que para el niño es relevante.
Asimismo, no es buena idea enfadarnos con él o recriminarle por tener miedo. No deberíamos hacer comentarios ofensivos del tipo, “ya eres mayor para tener miedo”, “El miedo es de niños pequeños”.
Tampoco deberíamos apelar a su valentía ya que podemos dañar su autoestima diciéndole que tiene que ser valiente para afrontarlos, ya que de forma encubierta le estamos llamando cobarde. Por último, no deberíamos darles una importancia excesiva, ya que entonces generaríamos en el niño aún más estrés.
Estrategia 1: dialogar sobre lo que nos causa miedo
Lo ideal sería escoger un ratito en que estemos relajados o que el ambiente este distendido para tratar el tema. Le podemos preguntar a qué tiene miedo o que nos cuente que le asusta tanto. Si se cierra en banda y no quiere hablar, respetamos su deseo y no insistimos. Igual podemos buscar otro momento más oportuno. Podemos aprovechar ratos en que estamos haciendo algo con él, por ejemplo, cuando estamos cocinando juntos, pintando o haciendo una actividad en la que esté entretenido y que haga que esté más abierto a hablar de lo que siente.
Si se anima a contárnoslo aprovechamos para indagar. Es muy importante que no emitamos juicios de valor, que no juzguemos lo que nos está diciendo. Puesto que ha tenido la confianza de compartirlo con nosotros vamos a corresponder con nuestro acompañamiento, nuestro cariño y buenas dosis de empatía. Vamos a ser empáticos y a conectar con lo que están experimentando. Podemos preguntarles cómo se sienten, qué emociones les suscita, cómo creen que pueden actuar ante esa posible amenaza. Les podemos decir que entendemos que tenga miedo o que esté asustado.
Podemos aprovechar para explicarles que nosotros a veces también tenemos miedo y cómo lo enfrentamos. Probablemente cuando sea capaz de expresar su miedo y ponerle nombre se sienta más aliviado y parte de ese miedo desaparezca o se haga más pequeño.
Estrategia 2: actividades artísticas para afrontar el miedo
El arte es muy positivo para enfrentar cualquier conflicto o malestar. Una actividad artística les puede ayudar a enfrentar sus miedos y a minimizarlos. Mi primera propuesta es que dibujen a sus monstruos, ¿Cómo son? ¿Qué aspecto tienen? ¿Por qué dan miedo? ¿Qué vamos a hacer para enfrentarlos? Una vez que lo tenga dibujado qué no explique todo sobre él.
La segunda propuesta es que escribamos un cuento en el que el monstruo sea el protagonista o un personaje secundario. Podemos reunir a diferentes monstruos o fantasmas recurrentes y escribir un relato sobre ellos. La idea es sacarlos de contexto y darles una nueva identidad que le reste esa parte aterradora. Puede ser que el cuento tenga una parte humorística.
La tercera propuesta es leer cuentos todas las noches antes de dormir. Los cuentos les relajan y también les conectan con sus emociones y les ayudan a ponerles nombre. También sirve como una distracción al miedo que les sobreviene justo antes de dormir.
¿Qué hago si quiere dormir conmigo?
Permitírselo. Y ahora voy a explicar en qué me baso para apoyar esta idea. En diferentes sitios podemos leer que no es buena idea dormir con nuestros hijos y que es contraproducente. La mayor parte de estas afirmaciones se basan en modelos psicológicos basados en el conductismo.
Es un hecho constatado que a los niños les encanta dormir con sus padres. Si hiciéramos una estadística nos sorprendería saber que los niños acuden al cuarto de sus padres en busca de consuelo, afecto o protección un día sí y otro también.
La teoría está muy bien y puede ser muy ilustrativa, pero la realidad es que los niños suelen ir a la habitación de sus padres durante la noche por diferentes motivos. Aunque nos empeñemos en que los niños duerman en su habitación y nos neguemos a que el niño duerma con nosotros volverá a intentarlo. Generalmente no se suele comentar o se tiende a minimizar este hecho porque solemos tener miedo a escuchar comentarios o juicios de valor sobre esta situación. Parece que si decimos que nuestro hijo viene a nuestra cama buscando protección cuando tiene miedo estamos haciendo algo malo o somos unos padres consentidores. Y no es así. Me gustaría preguntarte si cuándo eras niña no fuiste alguna vez a la cama de tus padres porque tuviste una pesadilla o te despertaste en medio de la noche asustada.
Debemos recordar que estamos cubriendo una necesidad puntual de nuestros hijos y atendiendo a sus necesidades. Si bien es cierto, es posible que el día que el niño venga a nuestra cama durmamos peor por cuestiones de espacio o porque nos desvelemos, pero esa ya es otra cuestión.
¿Desde cuándo duermen los niños solos?
Desde una época relativamente reciente. El ser humano ha dormido siempre acompañado durante miles de años. Durante todo ese tiempo dormimos todos juntos en la misma habitación. Hasta hace muy poco las familias eran muy grandes y los hermanos solían dormir juntos. Sin embargo, hoy las familias se han reducido de tamaño y aunque haya varios hijos cada uno suele tener su habitación independiente.
¿Había antes menos miedos infantiles nocturnos?
Es muy probable porque siempre dormías acompañado. Por ejemplo, yo compartí habitación con dos hermanas y dormí en la misma cama de una de ellas durante parte de mi infancia. Cuando una se desvelaba o tenía una pesadilla la otra la consolaba o la ofrecía protección. No necesitaba recurrir a mis padres porque mis hermanas siempre estaban ahí. Hoy un niño solo en su habitación no tiene el apoyo ni la presencia de otra persona. Si está asustado va a ir a buscar a sus padres.
¿Se lo prohibimos o no?
Antes de nada dejar claro que cada uno en su casa fija sus normas y tiene su propio estilo de crianza. Ahora bien, desde mi punto de vista yo no se lo prohibiría. No está haciendo nada malo, no te está tratando de manipular, no quiere llamar tu atención. El hecho de que duerma contigo no le hace dependiente, inseguro e inmaduro. La inmadurez es tener una necesidad no cubierta y no saber expresarla. Simplemente te necesita en este momento.
Aunque te digan que el niño se acostumbrara y que ya no querrá dormir solo nunca más, recuerda que no hay adultos que sigan durmiendo con sus padres. Es una etapa de su vida y cómo tal tenemos que aceptarla. Al final el niño irá madurando, será más seguro y se volverá más autónomo.
¿Cómo le ayudamos a afrontar el miedo nocturno?
Si el niño tiene miedo y acude a nuestra habitación si le ayudamos a encauzar ese miedo con toda probabilidad el niño volverá a dormir en su habitación. Si tiene hermanos mayores podemos pedirles a estos que duerman con él una temporada hasta que el miedo esté más superado. Si tiene un hermano pequeño con el que estáis haciendo colecho, podéis aprovechar el momento en que pase a su habitación para que duerman los dos juntos.
Si esto no es posible porque no tiene hermanos o el hermano en cuestión no está por la labor podemos ir a su habitación y dormir con él allí en una cama supletoria.
Cómo lograr que vuelva a dormir en su habitación
Si estamos durmiendo con él porque ha tenido una etapa con muchos miedos y vemos que van remitiendo vamos pactando el momento en que nos vamos a ir de la habitación y va a volver a dormir solo. En ningún caso nos marchamos a traición, ya que puede despertarse en mitad de la noche y asustarse si no estamos junto a él. Lo ideal es ir avisando poco a poco y pactar el día en que vamos a volver a dormir en nuestra habitación. No obstante, le recordamos que estamos en la habitación de al lado por si nos necesita.
Es muy importante que sienta que estamos junto a él y que puede contar con nuestro apoyo en todo momento. Este es un proceso que lleva su tiempo y en el que no hay que precipitarse porque pueden surgir inconvenientes e incluso podemos tener la sensación en algún momento de que se revierte todo lo que hemos logrado.
Cuando esto esté conseguido podemos intentar que se duerma él solo. Siempre recordando que estamos en el salón o en la habitación de al lado por si nos necesita. Habrá ocasiones en las que nos llamara y otras en las que directamente se quedara dormido él solo. Otra estrategia efectiva es dejar una luz tenue en la habitación que le de cierta seguridad. Actualmente hay luces que sea alimentan con luz solar y apenas consumen. Incluso hay luces que van bajando su intensidad durante la noche.
Si tiene miedo a la oscuridad podemos recurrir a diferentes juegos que implique apagar la luz. La idea es que se vaya acostumbrando a la oscuridad. Por ejemplo, podéis jugar a la gallinita ciega o las sombras. Si el niño se acostumbra a estar a oscuras en otros contextos que le den seguridad su miedo a dormir con la luz apagada disminuirá.
Qué hacer si el miedo es excesivo
Si el niño muestra un miedo excesivo o muy persistente y éste repercute directamente en su vida afectiva y personal es momento de buscar ayuda profesional. Un psicólogo le puede ayudar a afrontar estos miedos de forma adaptativa. Muchos miedos que no se tratan en la infancia pueden convertirse en patológicos en la edad adulta y en la adolescencia por lo que es fundamental que observemos a nuestros hijos y si detectamos que su miedo le paraliza o no le permite hacer una vida normal lo más sensato es ponernos en manos de un psicólogo.
Por último, me gustaría incidir en que debemos tener mucha paciencia y entender que este es un proceso lento que no debe hacerse con prisas. Asimismo, debemos ofrecer a nuestros hijos una buena base afectiva de seguridad y cariño para afrontar los miedos. Todo es cuestión de paciencia, amor y empatía.
Hasta aquí el post de hoy, ha sido muy largo, pero espero que os haya ayudado. En el próximo post haremos un repaso por algunos libros que hablan de los miedos y que nos pueden ayudar a afrontarlos y a superarlos.
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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para cambiar el mundo?
Hoy en el blog hablaremos de cómo prevenir la toxoplasmosis en el embarazo y seguir conviviendo con nuestros queridos felinos. Este era un post que estaba en el cajón de lo pendiente desde hace tiempo, por unas razones u otras he ido posponiendo.
En mi grupo de crianza ha salido este tema alguna vez y recientemente una conocida que estaba embarazada volvió a preguntarme por el mismo porque su ginecóloga le había metido mucho miedo. Esta fue una de las razones por las que decidí abordar esta cuestión en mi canal de Youtube en la sección de maternidad y crianza y en alguna de las charlas que he dado recientemente. Si quieres indagar un poco más, te dejo por aquí el enlace a mi sección de charlas, ponencias y canal de Youtube.
Durante mucho tiempo se pensó que los gatos eran peligrosos para las embarazadas porque eran susceptibles de transmitirles diferentes enfermedades, entre ellas la temida toxoplasmosis ¿Es esto cierto? No, claro que no.
Mi historia
No sé si alguna vez hemos hablado de mascotas, pero es probable que en algún momento os haya comentado de lo muchísimo que quiero a mis gatos. Actualmente tenemos cuatro y no tengo más porque no me dejan en casa.
El caso es que cuando me quedé embarazada de mi peque ya teníamos tres gatos. En una de las primeras visitas a mi ginecóloga surgió el tema de la toxoplasmosis. Cuando le dije que tenía tres gatos me dijo: «¿Puedes dejarlos con alguien el tiempo que dure el embarazo?» Me quedé pasmada. Me explicó aquello que seguro has oído en más de una ocasión, que los gatos son porteadores de la toxoplasmosis y que si te contagian estando embarazada puede ser nefasto para el bebé.
Salimos muy preocupados de la consulta, pero decididos buscar más información sobre la cuestión. Por nada del mundo quería desprenderme de mis gatos, pero tampoco quería que le sucediese nada a mi futuro bebé. Así que buscamos otra opinión que nos tranquilizó y empecé a investigar sobre la cuestión. Estábamos a finales de 2014.
Te cuento esto porque es muy posible que a ti te haya pasado lo mismo si has acudido a un médico que no está actualizado con respecto a esta cuestión.
Toxoplamosis y embarazo
Ahora sí vamos a entrar de lleno en el tema. Si prefieres escuchar a leer, te dejo el vídeo que grabé en el consultorio de maternidad y crianza sobre toxoplasmosis y embarazo, prevención y consejos para prevenir la enfermedad.
¿Qué es la toxoplasmosis?
Es una enfermedad provocada por el parásito Toxoplasma gondii uno de los parásitos más comunes. La infección se puede producir por diferentes causas: consumo de carne contaminada o poco cocinada, verduras no lavadas, el agua, las heces infectadas de un gato.
Como vemos el contagio por toxoplasmosis puede producirse por otras vías, no tiene porque ser necesariamente tu gato el que te contagie.
¿Por qué es tan peligrosa la toxoplasmosis en mujeres embarazadas?
Una mujer embarazada puede transmitirlo directamente al feto y que esté también se contagie. En el cuerpo humano el parásito no puede madurar y convertirse en adulto como en los gatos que son sus hospedadores habituales, pero si puede dañar gravemente al feto si estamos embarazadas ya que el virus puede atravesar la placenta.
De hecho, el momento en que se produce la infección tiene diferentes consecuencias. Si se produce en el primer trimestre las consecuencias pueden ser más graves que si se produce al final de la gestación. Si la infección es temprana puede producirse un aborto espontáneo o muerte fetal.
Con respecto al riesgo de contraer la enfermedad que tiene el bebé, es más probable que se contagie en el tercer trimestre. Si es así, hay más riesgo de parto prematuro.
¿Qué es la toxoplasmosis congénita?
Se produce cuando el bebé se contagia por toxoplasmosis en el vientre materno. Si hay contagio el feto puede sufrir diferentes patologías como:
Convulsiones
Agrandamiento del hígado o del bazo.
Daños en el sistema nervioso: infecciones graves en los ojos, daños en la piel y los oídos como hipoacusia.
También puede sufrir de ictericia (piel amarillenta debido al aumento de la bilirrubina)
Sin embargo, solo un grupo pequeño de bebés tiene síntomas de la enfermedad al nacer. En muchos de ellos las secuelas aparecen años más tarde, incluso en la adolescencia.
¿Qué síntomas tendré si me contagio de toxoplasmosis?
En general, la enfermedad suele ser asintomática en la mayoría de las mujeres que la contraen sea en el embarazo o no. No obstante, en ocasiones aparecen síntomas muy difusos y perfectamente confundibles con otra patología como malestar generalizado, fiebre dolor de cabeza o fatiga. En casos graves incluso pueden inflamarse los ganglios linfáticos.
Lo más normal es que hayamos pasado la enfermedad sin enterarnos de nada en algún momento de nuestra vida o que sencillamente no nos hayamos infectado nunca.
¿Cómo puede saber si estoy inmunizada de la toxoplasmosis?
A todas las mujeres embarazadas en España se les suele hacer la prueba de la toxoplasmosis en el primer trimestre de embarazo a través de una analítica rutinaria. Solo un porcentaje pequeño de mujeres embarazadas han pasado la enfermedad. Eso se detecta por la presencia de anticuerpos en sangre. Estos anticuerpos nos dan información sobre si la infección es reciente o tuvo lugar en el pasado.
Si la infección es pasada, no hay problema ya que en principio estás inmunizada contra ella. Si el resultado no es muy claro es posible que te repitan la prueba. Si hay sospecha de que la hayas pasado durante el embarazo o la estés pasando en este momento te pondrán un tratamiento para combatir el parásito y vigilarán si tu bebé se ha infectado o si hay riesgo de que lo haga. Actualmente hay pruebas médicas que pueden detectar si se ha producido el contagio al bebé.
No obstante, para tu tranquilidad, el contagio por toxoplasmosis no es muy común ya que hablamos de un 1,9% de las mujeres embarazadas.
Recomendaciones para prevenir la toxoplasmosis
Con estas recomendaciones minimizarás la posibilidad de contagio.
No comas carne cruda o poco cocinada. Intenta que la carne se cocine al menos a 70º. Esto incluye el jamón serrano una carne muy consumida en España. El problema con este producto es que la carne no se cocina sino que se cura lo que es susceptible de contaminarse con este parásito. No lo consumas durante el embarazo.
Evita también los embutidos, los ahumados o los alimentos en salazón
Tampoco consumas pescado crudo como el sushi.
Si sales a comer fuera de casa asegúrate de que el restaurante es de confianza y que la carne esté bien cocinada.
No bebas agua que no esté tratada o de la que no sepas su origen o procedencia. Puedes beber sin problema el agua del grifo, pero no de fuentes o manantiales de los que no tengas constancia de su pureza.
No comas frutas y verduras que no hayan sido lavadas previamente. Si son frutas con piel quítala directamente. No solo reduces el riesgo de toxoplasmosis sino que también eliminas posibles restos de pesticidas y herbícidas. Otra posibilidad es tomar las verduras hervidas.
No consumas lácteos sin pasteurizar, ya que también pueden contener el parásito.
Mantén una escrupulosa limpieza en la cocina. Procura lavarte bien las manos antes y después de cocinar. Por otro lado, procura que las superficies y los utensilios de cocina estén bien limpios antes de manipular alimentos crudos. Asimismo procura limpiar minuciosamente las superficies y los utensilios de cocina al terminar.
Evita trabajar en el jardín o en el huerto sin guantes. Lávate las manos antes y después y emplea siempre guantes al manipular la tierra.
Recomendaciones básicas si estás embarazada y tienes gatos
Esta parte del post te interesa especialmente si convives con esos adorables felinos. Si prefieres ver el vídeo que grabé sobre esta cuestión, aquí te lo dejo también.
Ya comentaba al principio que no es necesario deshacernos de nuestros gatos durante el embarazo, solo seguir una serie de recomendaciones. No obstante, vamos a contestar algunas preguntas que me han hecho sobre este tema.
¿Todos los gatos están contagiados de toxoplasmosis?
No, claro que no. Los gatos suele ser sus hospedadores habituales. En el cuerpo del gato suelen alojarse en los intestinos y sus huevos se expulsan a través de las heces del gato. Ahora bien, para que un gato pueda transmitirte la toxoplasmosis tiene que haberse infectado por el parásito recientemente.
La infección además no dura meses sino unas pocas semanas. Si tu gato se infectase hoy por comer un pájaro salvaje y este le transmitiese la toxoplasmosis tendría un período de incubación de la enfermedad y posteriormente en unos pocos días empezaría a expulsar los huevos del parasito a través de sus heces durante unas pocas semanas. Una vez pasado este período crítico es imposible que tu gato pueda transmitirte el parasito, aunque este permanezca dentro de su cuerpo.
Como ves es bastante complicado que el contagio por toxoplasmosis se dé porque deben cumplirse varias condiciones: que el gato se acabe de infectar y esté expulsando en este momento los huevos del parásito, que las heces permanezcan más de un día en el arenero y que las manipulemos con las manos y nos las llevemos a la boca. A priori es algo bastante improbable.
¿Y si mi gato sale de casa?
Si tu gato es de los que salen de casa y merodean por el vecindario tiene más posibilidades de contraer toxoplasmosis porque pueden contagiarse al entrar en contacto con las heces de gatos que han contraído la enfermedad o al ingerir animales pequeños como roedores.
Además, no siempre hará las cacas en el arenero de casa, puede que deje sus restos en algún lugar del jardín por lo que una recomendación que debemos seguir si tenemos huerto y nos gusta trabajar en él es usar siempre guantes que nos protejan de un posible contagio. Asimismo, lávate bien las manos antes y después de trabajar con la tierra, aunque te hayas puesto guantes.
Recomendaciones básicas si convivimos con gatos
En la medida de lo posible recoge las heces de tu gato diariamente, aunque estuviese contagiado por el parásito no podría transmitírtelo si sigues esta recomendación a rajatabla. Asimismo, mantén una limpieza minuciosa del arenero de tu gato
Usa siempre guantes, tanto para recoger las heces como para limpiar el arenero. Por supuesto, lávate bien las manos antes y después de limpiar el arenero o de recoger las heces.
Si tienes pareja o convives con otra persona, también puedes delegar esta tarea en ella y que sea ésta quién se ocupe de limpiar las cacas y de mantener la higiene del arenero. Así no hay posibilidad de estar en contacto con las heces.
¿Tiene beneficios convivir con un gato durante el embarazo?
Sí, absolutamente. No solo no deberías deshacerte de tu gato por el miedo a la toxoplasmosis sino que además vas a encontrar un excelente compañero y amigo durante tu embarazo.
Los gatos perciben la gestación y se van a convertir en pequeños guardianes de tu futuro bebé ya que se va a poner en marcha su instinto protector. Va a ser muy habitual que se tumbe encima de tu barriga o que te amasen la tripa lo que te va a ayudar a relajarte y rebajar tu nivel de estrés. Además el ronroneo de los gatos es muy relajante. Van a contribuir a tu bienestar con sus cuidados y con sus atenciones. De hecho, durante el embarazo de mi hijo mis gatos estaban especialmente receptivos y cariñosos. En especial, la gata que suele ser más bien arisca no se separaba de mí en ningún momento. Créeme que te vas a sentir muy acompañada.
Asimismo, diferentes investigaciones hablan de los beneficios de convivir con gatos durante el embarazo. Por ejemplo, una investigación de la Universidad de Alberta descubrió que la convivencia con gatos durante el embarazo reduce el riesgo de alergia, de asma y de obesidad en niños. Se cree que es debido al desarrollo de una serie de bacterias beneficiosas para nuestra salud.
Así que si estás embarazada, enhorabuena. Si sigues estas sencillas recomendaciones no hay peligro de contagio. Disfruta con tranquilidad de tus gatos y de tu embarazo.
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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para cambiar el mundo?
Hoy en el blog nos vamos a centrar en las creencias que sabotean nuestro cuidado y que impiden nuestro desarrollo físico, mental, emocional y espiritual. En el post de hoy solos nos ocuparemos de aquellas creencias que nos limitan y que a la larga tienen la capacidad de enfermarnos. En el próximo artículo pondremos el foco en todas aquellas acciones que promueven nuestro autocuidado y que nos ayudan a mantener el equilibrio y la salud.
Estamos terminando 2020,un año durísimo para la mayoría de nosotras. Nos hemos enfrentado a numerosas dificultades, una pandemia, un confinamiento, la enfermedad de nuestros seres queridos, la nuestra, el miedo, la incertidumbre, las limitaciones. Hemos vivido un año complejo en el que probablemente nos hemos dedicado muy poco tiempo a nosotras mismas porque todo el espacio ha estado ocupado por lo que sucedía fuera de nosotras. Hemos llegado aquí agotadas y en muchos casos con la sensación de habernos abandonado por completo.
¿Qué es el autocuidado? ¿Y un sabotaje?
Es el acto de cuidarse a una misma a través de conductas que promueven nuestro bienestar y que cuidan nuestra salud física mental, emocional y espiritual.
Ahora que ya sabemos lo que significa el autocuidado me gustaría que te preguntases si has promovido últimamente tu autocuidado o si nos hemos olvidado de ello.
El sabotaje sería lo contrario al cuidado de nosotras mismas. Es la obstrucción o entorpecimiento de una acción, proyecto o idea. La intención es que no prospere ni vaya hacia adelante.
Si hablamos de sabotaje al autocuidado nos estamos refiriendo a aquellas acciones ya sean intencionadas o inconscientes que realizamos y que no promueven nuestro bienestar personal. Al contrario, suponen una forma de castigo o de negación de ese espacio de equilibrio o desarrollo personal. Por ejemplo, cuando nos alimentamos mal o comemos cualquier cosa porque no hemos dedicado un espacio de tiempo para planificar la comida o sencillamente no hemos cocinado.
¿Quién nos sabotea?
Sin ninguna duda, nuestras creencias.
Una creencia es una idea o pensamiento que aceptamos como verdadero. Esto implica que no nos cuestionamos si es o no cierto, sino que lo asumimos sin más. Nuestro mundo interior está lleno de creencias externas e internas. Cuando hablamos de creencias externas nos referimos a creencias acerca del mundo que provienen de fuera, por ejemplo, las mujeres se guían por las emociones y los hombres por la razón. Es solo un ejemplo pero podemos encontrar millares de ejemplos que hemos escuchado desde que éramos niñas.
Una creencia interna es una creencia nuestra, personal. Proviene de nuestra mente y es fruto de nuestras vivencias pero también de inferencias o interpretaciones que nosotras hemos hecho. Por ejemplo, no se me da bien conducir.
El autosabotaje es cosa de mujeres
Si hay un sexo que ha sido infravalorado y al que se le exige más allá de lo permitido es a las mujeres. En nuestra cabeza conviven tanto creencias externas con creencias internas sobre cómo son las mujeres, como se comportan las mujeres y que roles tienen que desempeñar las mujeres en la sociedad.
Las mujeres asumimos numerosos roles en nuestra vida, la mayoría de ellos impuestos por la sociedad y que aceptamos por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino: somos madres, esposas, parejas, hijas, hermanas, nueras, amigas, cuidadoras y un buen número de roles que hemos aceptado sin más y que no nos hemos cuestionado.
Gran parte de estos roles se centran en el cuidado del otro, en el servicio a los demás. Una mujer todavía en el siglo XXI sigue ejerciendo este papel. No importa si trabaja o no fuera de casa, ya que sigue siendo la figura que tiene que asumir las responsabilidades del cuidado de los otros. Si hay un hijo enfermo ya sea de forma ocasional o permanente es generalmente la madre la que asume el cuidado. Si son sus padres los que enferman o sus suegros, son las mujeres las que asumen ese cuidado sin pestañear. Eso es lo que se espera que hagan las mujeres.
Roles de género que limitan el autocuidado
Con esto no quiero decir que cuidar a otras personas sea malo o negativo. Lo que trato de mostrar es que son generalmente las mujeres las que ejercen este rol sin cuestionárselo y asumiéndolo como su obligación. Sabemos que cuando ejercemos ese cuidado absoluto en muchas ocasiones descuidamos nuestro propio cuidado.
Nos olvidamos de que existimos porque tenemos que darlo todo y porque nuestro papel tenemos que ejercerlo 24 horas al día durante los 365 días al año. No hay ser humano que pueda soportar esto sin dedicarse unos minutos al día a cuidarse y a darse amor. Pero es que no lo hacemos. Y no lo hacemos porque hay un sinfín de creencias que niegan ese autocuidado.
Voy a poner un ejemplo, familia en la que la pareja está siempre trabajando, e incluso viajando. La mujer es quien asume el trabajo fuera y dentro de casa quién sostiene esta dinámica familiar y la hace posible. Si esta mujer no estuviera dispuesta a hacerlo o no hubiera sido educada para hacerlo, no se podría mantener en pie. Sería imposible. Esa pareja tendría que buscar otro trabajo o simplemente trabajar menos horas fuera de casa. Sin embargo, eso no sucede porque hay una mujer que acepta vivir pluriempleada y estresada.
¿Y si fuera la mujer la que viajase por trabajo y no estuviera en casa? ¿Lo percibiríamos igual? No, rotundamente no. Diríamos que ha abandonado a sus hijos y a su pareja, que solo se importa a sí misma y un buen número de calificativos nada agradables. Sin duda hay un doble rasero en torno a esta cuestión.
Cuando nuestra pareja es enemigo de nuestro autocuidado
Por otro lado, la persona con la que convivimos y a la que elegimos para formar una familia en ocasiones no promueve nuestro autocuidado, más bien lo obstaculiza. No siempre está dispuesta a escucharnos o a proporcionarnos un poco de apoyo y de comprensión. Lo he visto en muchos casos, lo que les sucede a los hombres es siempre muy importante, una cuestión de vida o muerte, pero cuando el problema lo tenemos nosotras es que somos unas exageradas, unas histéricas o es que no sabemos resolver una situación, o no tenemos paciencia. Cero empatía.
No siempre hay un reconocimiento por parte del otro y muchas veces cuando se produce la saturación por exceso de responsabilidades y de carga de trabajo, la otra parte minimiza la situación y más o menos que te llama inútil por sentir que no puedes más. Cuando has pasado ya tu límite hace ya mucho tiempo. Si miramos la situación a la inversa esto raramente sucede. En muy pocas ocasiones un hombre asume la mayor parte de las responsabilidades por favorecer el ascenso o el reconocimiento femenino.
Educadas para soportarlo todo
Tratamos de sujetar el universo con un dedo o de hacer malabares sobre una cuerda en el vacío y esto sencillamente es insostenible. Nos agotamos, nos cansamos y nos sentimos sobrepasadas porque sencillamente hemos excedido nuestro límite. Aparece lo que se ha denominado Síndrome de Burnout. Si tienes interés en profundizar o necesitas ampliar información sobre este tema te animo a leer el post, Madres quemadas o el síndrome de Burnout.
¿Por qué sucede? Porque nos han educado para abarcarlo todo y para no quejarnos. Porque hay un sistema de creencias muy poderoso sosteniendo toda esta maquinaria.
La finalidad de hoy es revisar estas creencias, enfrentarlas y deshacernos de ellas o al menos limitar su efecto. De nada sirve hablar de autocuidado si en nuestra cabeza estamos escuchando estas creencias que nos sabotean y que nos disuaden de ponerlas en práctica.
1. Soy egoísta, solo piensa en sí misma
Esta es una creencia muy común que nos sabotea. Son juicios y valoraciones que o bien nos decimos a nosotras mismas o que hemos escuchado a otras personas de nuestro entorno o incluso en los medios de comunicación.
Cuando una mujer decide dedicar un espacio para el autocuidado siempre hay una voz interna o externa que trata de limitar esta acción con un calificativo igual o similar dirigido a nosotras como si fuera un dardo envenenado. La sociedad nos exige que cuidamos permanentemente y si no lo hacemos por un rato o nos tomamos un breve descanso somos malas madres, malas hijas o somos egoístas.
En el momento en que oímos el juicio nos autocensuramos o sencillamente el impulso de realizar un acto que favorezca nuestro autocuidado se paraliza, se pospone o se reduce a la mínima expresión. En ocasiones, es nuestra pareja la que ejerce de censor o el que antepone sus necesidades a las tuyas y cedemos el espacio porque creemos que es un acto de amor.
A él no le llamamos egoísta por llegar a casa después del trabajo y sentarse en el sofá, pero no somos conscientes de que nosotras no nos hemos sentado a descansar ni un minuto desde que hemos llegado. A él se lo permitimos, pero a nosotras no. A él si le permitimos que ejerza su autocuidado, es más lo promovemos.
¿Por qué ambos mantenemos este desequilibrio? porque tanto hombres y mujeres hemos sido educados en esta creencia. Nuestras madres nunca descansaban, nunca tenían un momento para el ocio o hacían algo para cuidar de sí mismas. Eran mujeres fuertes, sacrificadas y educadas para servir al otro. Y por desgracia, lo hemos visto en nuestro entorno, mujeres que han ejercido su rol de cuidadoras durante décadas y que al morir su pareja han fallecido poco después porque ya no había a quién cuidar o por quién sacrificarse las 24 horas del día. Por supuesto, es un caso extremo, pero real.
Cuando te llames egoísta a ti misma piensa porque te lo dices y quién te lo dice. ¿De dónde viene esa creencia? ¿A quién se la has escuchado? ¿Por qué soy egoísta por dedicar 10 minutos a leer o por hacer un rato de deporte?
Necesitamos descansar, desconectar y tomarnos una pausa si queremos mantener nuestro equilibrio y nuestra salud. No es una cuestión egoísta es una cuestión de superviviencia. Y puesto que no siempre en nuestro entorno vamos a encontrar quien promueva nuestro cuidado vamos a tomar nosotras las riendas y vamos a reivindicarlo.
Así que destierra de tu vida está creencia hoy mismo. No eres egoísta por necesitar descansar o por dedicar unos minutos a un hobbie. Sacar un rato para dedicarlo a nosotras mismas no es un acto egoísta, es un acto de autocuidado que repercute positivamente en nuestro entorno y que nos devuelve el equilibrio.
2. Soy culpable por…
Interrelacionada con la anterior creencia encontramos la culpabilidad. Es otro de los pilares del autosabotaje.La culpa ha matado a más personas que el pecado, principalmente a mujeres. La culpabilidad tiene unas raíces muy arraigadas en nuestra sociedad. Eva es culpable de la expulsión del paraíso por morder una simple manzana, pero si prestamos atención a las figuras masculinas clásicas, Saturno puede devorar a sus hijos sin una pizca de compasión o de culpabilidad.
El vaso de la culpa siempre está medio lleno, porque siempre nos sentimos culpables por no poder hacer más, por no dedicar, por no dar más. No pensamos en lo que si damos, en lo que si ofrecemos a los demás. La mirada siempre es en negativo.
Por ejemplo, me siento culpable si retomo un proyecto o un hobbie siento que he abandonado a mis hijos o que descuido a mi familia. No he matado a nadie, no he cometido nada ilegal. ¿Entonces por qué me siento así? Sin embargo, la culpa me carcome por dentro, me doy látigo, me fustigo, que siento en el banquillo de los acusados y me condeno a la hoguera porque soy mala madre, una mala esposa o porque soy una mala hija.
Nos autocastigamos cuando no nos comportamos como se espera de nosotras o no estamos al 100% sosteniendo y cuidando. Nos autocastigamos olvidando que existimos y centrando nuestra atención solo en el otro.
Ya está bien de castigarnos y de ser nuestro peor juez o nuestra madre más severa. Así que cuando hagas algo que promueve tu autocuidado y te sientas culpable por ello piensa en que pasarías si fueras un hombre, ¿tendrías la misma perspectiva? ¿Te sentirías culpable? Pongo la mano en el fuego porque no. No te sentirías culpable ni sentirías esta presión. Si no nos cuidamos seremos culpables de nuestro deterioro físico y de nuestro abandono porque no hemos reivindicado espacios de desarrollo personal o de descanso.
3. No tengo tiempo
Esta es otra creencia que nos sabotea permanentemente. Nos decimos continuamente que no tenemos tiempo para dedicarlo a un hobbie, para leer o para sentarnos cinco minutos a no hacer nada. Admitiendo que vivimos en un mundo que va muy rápido y en el que tenemos infinitas obligaciones y responsabilidades si tenemos tiempo para hacer recados para otros, para llevar a nuestros hijos todos los día a extraescolares o para hacer un favor a la vecina.
Si tenemos tiempo para cuidar a los otros, esa actividad la cumplimos a rajatabla las 24 horas del día durante todo el año. Nunca delegamos en otras personas el cuidado o desconectamos un rato de él. Estamos siempre disponibles, a cualquier hora y dispuestas a cumplir con esa voluntad de servicio aunque estemos al borde de la extenuación o nos sintamos enfermas. Nos sentimos obligadas a cumplir con nuestros roles y anteponemos siempre las necesidades de los otros a las nuestras.
Uno de los problemas que genera esta creencia es el estrés continuado que se manifiesta en nuestro cuerpo físico a través de la enfermedad y que en caso extremo puedo llevarnos a la muerte. Piensa que si todo el tiempo que tienes disponible está ocupado sirviendo o atendiendo a los otros no puede haber tiempo para ti.
No es que no tengas tiempo es que te has situado en el último lugar en tu lista de prioridades. No se trata de ponerte en el primer lugar, pero sí de priorizar tu descanso o tu desconexión en determinados momentos del día para recuperar el equilibrio y la salud. Así que la excusa del no tengo tiempo destiérrala de tu vida desde ya. Siempre hay tiempo, es una cuestión de prioridades.
4. El próximo año voy a cuidarme más
Y el próximo año llega y volvemos a no dedicarnos ni un minuto porque posponemos el autocuidado para otro momento. Esta es otro creencia muy arraigada, posponer infinidamente nuestro autocuidado. Otro autosabotaje en todo regla.
Porque somos madres y la crianza nos absorbe por completo y no tenemos apoyo o no reivindicamos un espacio de desconexión, porque tenemos mucho trabajo y entonces tenemos que concentrar todas nuestras energías en ello. El nuevo año siempre está lleno de propósitos de mejora y autocuidado, el problema es que rara vez pasan del papel y se convierten en una realidad.
Posponemos pensando que no es el momento adecuado y nos consolamos con la mentira de que más adelante lo haremos, pero ese momento nunca llega. Nos negamos una gratificación necesaria e imprescindible para salvarguardar nuestra salud física y emocional porque nos situamos en el último lugar de las prioridades. Porque antepongo las necesidades de los demás a las mías propias. Seguro que si hay espacio para que tu pareja estudie, para que tus hijos cultiven un hobbie o para visitar a tu suegra.
Posponer para más adelante es equivalente a no lo voy a hacer nunca. Nunca me apuntaré a ese club de lectura o a esas clases de pintura o me sentaré a escribir delante del ordenador. Me niego la posibilidad de dedicar un rato a algo que me satisface o que hace crecer como persona porque mi sistema de creencias que me sabotea se ha puesto en marcha: es egoísta volver a estudiar, realmente no me lo merezco, que van a pensar mis hijos o mi marido, no tengo tiempo, etc.
No tenemos que esperar a que nuestros hijos sean mayores para dedicar un espacio de tiempo a algo que nos guste o que nos haga sentir bien. Perfectamente se puede compatibilizar la maternidad, la crianza, el trabajo, con tener hobbies, volver a estudiar o a hacer una actividad que nos haga crecer. Lo que necesitamos es disponer de un espacio de tiempo para dedicarlo a ello y organizarnos bien.
5. Las mujeres de verdad no lo necesitan
Esta es un creencia externa que nos han grabado a fuego. Una creencia que gira en torno a cómo tienen que ser las mujeres y cómo tienen que comportarse. No han hecho creer que una mujer de verdad no necesita autocuidado, que esto es un invento moderno que no sirve para nada.
En un mundo en el que todo se mide en términos económicos y en productividad el descanso o el disfrute es interpretado como una pérdida de tiempo. Además nos han inculcado que necesitar un descanso o una pausa es una muestra de debilidad, que nos hace vagas, flojas o débiles. Las mujeres de verdad no necesitan autocuidado.
Dar credibilidad a estas creencias minimiza o reduce nuestras necesidades a la mínima expresión. Nos convierte en máquinas productivas que sostienen, que resuelven, que ejecutan, pero que no se merecen nunca una pausa o relajarse. Nos deshumaniza por completo y nos lleva a la autoxigencia excesiva.
Esta creencia se sustenta en la superwoman, esa mujer ideal que es perfecta en todas sus facetas y roles que siempre está de buen humor, es guapa, delgada, inteligente, complaciente…. y todos los calificativos positivos que queramos añadirle y que destaquen por ser irreales.
La autoexigencia que este modelo femenino promueve en nosotras niega el autocuidado porque la superwoman simplemente no lo necesita. Ella es perfecta tal y cómo es, no tiene fisuras, no llora, no monta escenas, no se siente triste, llega a todo, no se equivoca, nunca se cansa, nunca enferma.
Cuanto antes entendamos que esta superwoman no es real sino que es un mito antes mitigaremos nuestro sentimiento de frustración y empezaremos a aceptarnos como mujeres reales de carne y hueso con limitaciones y necesidades que cubrir y que reivindicar.
Así que cuando te digas que es una pérdida de tiempo dedicar un espacio al autocuidado o te digan que no sirve para nada. Pregúntate para que sirve una puesta de sol o una taza de té caliente. Pregúntate si esa persona que te niega el autocuidado se cuida a su misma y si se dedica un espacio de desarrollo personal.
En conclusión, deshecha todas estas creencias falsas sobre el autocuidado y empieza el próximo año priorizando tu autocuidado. Todo ser humano necesita descanso, espacios para relajarse, actividades que le hagan sentir bien, diversión y amistades. Negarnos esto es reducirnos nuestra proyección personal y limitar nuestra libertad.
Disfrutar no es malo, darnos amor a nosotras mismas y mimarnos es necesario e imprescindible para sentirnos felices y realizadas. Así que vamos a querernos, vamos a respetarnos y vamos a reivindicar espacios de desarrollo personal y de descanso porque nos los merecemos y porque son necesarios para ser felices.
Hasta aquí el artículo de hoy, en el siguiente hablaremos de como practicar el autocuidado. Si te ha gustado el post comporte, nos ayudas a crecer y a seguir invirtiendo tiempo y energía en este trabajo.
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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para cambiar el mundo?
Cómo ayudar a nuestros hijos a afrontar el duelo en tiempos de pandemia o de crisis sanitaria es una pregunta me han hecho varias familias en las últimas semanas, precisamente por ello me he decidido a escribir este artículo. Imagino que al igual que estas personas tienen dudas sobre cómo abordar el duelo con los niños mis lectores pueden tener la misma necesidad o encontrarse en una situación parecida.
El coronavirus ha cambiado nuestro mundo
En unos meses la tranquila y cómoda vida de nuestros hijos se ha visto trastocada por una enfermedad desconocida que ha puesto patas arriba nuestro seguro e hiperconectado mundo. De pronto nos hemos metido en casa y hemos puesto unas medidas de distancia social que los niños probablemente no puedan entender. Ya en mi anterior post, abordaba el bienestar de los niños en tiempos de pandemia y cómo gestionarlo, si no has leído el post, te animo a visitarlo.
Lo cierto es que nuestras familias han tenido que adaptarse a una situación primero puntual y después permanente que parece que nos acompañará durante un tiempo. Bienvenida al mundo del COVID-19 y de los coronavirus que nos acechan. Estamos ante una crisis sanitaria mundial que nadie había previsto y que nos ha llegado de forma inesperada.
De pronto nos enfrentamos a una situación insólita para la que no estamos preparados y para la que el precedente más cercano se encuentra hace más de 100 años, en la temida Gripe española de 1918. Nunca nos habíamos enfrentado a algo así, ni la muerte se había contabilizado diariamente en horario de prime time. Claro que antes del COVID-19 también la gente fallecía, pero la enfermedad nos ha enfrentado directamente con la muerte como nada lo había hecho hasta ahora.
¿Debemos hablarle a los niños directamente de la enfermedad?
Se ha debatido mucho si debemos hablar a los niños de la pandemia, del virus y de los enfermos y fallecidos. Considero que depende de la edad del niño y de nuestra forma de afrontarlo. Sí creo que es importante que los niños tengan información adaptada a su edad y que sepan lo que sucede en su entorno y las razones por las que hay que tomar medidas de protección cuando salimos a la calle o nos cruzamos con otras personas.
Nuestro mundo está en duelo y ellos no pueden ser ajenos a lo que sucede a su alrededor por mucho que creamos que eso protege su inocencia o su infancia. Infravaloramos la capacidad de entendimiento de los niños cuando decidimos por ellos que deben saber y que no.
No es una buena idea meter a los niños en una burbuja y no hacerles participe de lo que sucede en su entorno como una forma de protegerles del mundo, ya que asumimos que no están preparados para asumir la realidad y les robamos la posibilidad de reflexionar y aprender sobre el mundo en el que viven. Tanto la alegría como la tristeza son parte de la vida y es muy importante que les permitamos experimentar esos sentimientos y reconciliarse con ellos.
¿Cuánta información deberíamos dar a nuestros hijos?
Deberíamos proporcionar la información que sepamos que nuestros hijos son capaces de entender. Si tenemos un bebé, apenas se va a enterar de esta situación, aunque en ese caso y si nosotras nos sentimos tristes y abatidas podemos compartir ese sentimiento con ellos.
Si hablamos de niños más mayores podemos adaptar la información a su edad y decidir conscientemente que les vamos a contar. Por supuesto, no se trata exponerlos a la información directamente en crudo o a las noticias sensacionalistas que podemos hallar en informativos o periódicos. Se trata de ofrecerles una información adecuada a su edad y en pequeñas dosis. Habrá niños que con una breve explicación tendrán suficiente y no preguntarán más y otros que no dejen de hacer preguntas.
En cualquier caso, es importante responder con la verdad y con una explicación sencilla. Negarnos a contestar o responder con una mentira no ayudará a que el niño entienda la situación y puede que más tarde se enfade o se muestre desconfiado con nosotros porque le hemos mentido. Si el niño solicita o demanda información podemos ofrecerla siempre evitando detalles escabrosos o desagradables que no le aportarán nada, pero si le pueden crear un gran impacto emocional.
Observa la reacción de tus hijos
Y tan importante cómo contarles y hacerles participe de lo que está pasando es observar y permanecer atentos a como lo reciben.Podemos preguntarles directamente cómo se sienten con lo que les hemos contado, qué piensan o qué sentimiento les genera. En función de su edad podrá expresarlo con palabras que aluden directamente a sentimientos o emociones o lo transmitirá con su comunicación no verbal, un gesto o una expresión.
Si el niño de repente presenta algún miedo, es fundamental que le ofrezcamos comprensión y cariño y que estemos dispuestos a escuchar esos miedos, aunque nos parezcan irracionales o muy inverosímiles. Los miedos pueden aparecer por una sobreexposición a la información o por un excesivo control sobre ellos que les genera cierta inseguridad o miedos inespecíficos. Observa, escucha y ofrece tu apoyo cuando lo necesite o lo demande.
Los niños no son ajenos a la muerte
Han fallecido muchas personas en nuestro país y en el mundo y seguirán muriendo los próximos meses por causa de la enfermedad. Hemos visto morir a gente mayor y a gente joven y aunque no sepamos su nombre ni nada sobre sus vidas sentimos tristeza y pena por su pérdida, sobre todo cuando conocemos que muchas de estas personas han muerto solas. A nuestros hijos está información puede haberles llegado de diversas formas, pueden haberlo visto por televisión o puede que nos hayan oído comentarlo.
La COVID-19 ha situado a la muerte en primer plano, por primera vez en mucho tiempo somos conscientes de lo difícil que resulta aceptar que nacemos para volver a morir. Cuándo muramos no importa. Lo transcendente es que todos nosotros vamos a morir algún día, aunque no queremos hacerlo y aún no hayamos vivido lo suficiente para cumplir nuestros sueños o para conocer a nuestros nietos.
La muerte es un tema incómodo
Para cualquier persona abordar estos temas es incomodo porque en nuestra cultura no se nos educa para la muerte, vivimos para ser eternos y muchas veces no somos conscientes de que la muerte es parte de la vida. Tampoco somos conscientes de la fragilidad de nuestra existencia y de su finitud.
Si a esto le sumamos las creencias personales sobre la muerte de cada uno la situación se complica aún más. Sin embargo, al margen de las creencias religiosas o de nuestro miedo a morir, la muerte se ha convertido en un tema relevante que tenemos y debemos abordar con nuestros hijos.
¿Y si mis hijos preguntan por la muerte?
Es absolutamente normal, nuestros hijos no viven ajenos a esta problemática. Ellos van a preguntar y nosotros les debemos una respuesta clara sobre porque redoblan las campanas, porque hay banderas situadas a media asta o simplemente porque hemos tenido que encerrarnos en casa por tanto tiempo.
Mi hijo de cinco años ya hace tiempo que pregunta por la muerte, por los abuelos que no conoció y por los hermanos que nunca tendrá. Al principio resultaba muy incómodo contestar porque también a nosotros nos cuesta hablar de este tema. En nuestras familias no se hablaba directamente de la muerte y siempre fue una cuestión de la que no se hablaba en público.
No obstante, ahora que somos padres no queremos que nuestro hijo afronte esta cuestión desde la evitación, nos parece mucho más sano afrontarlo con normalidad y dar respuestas. Él las necesita para entender porque su abuelo murió mucho antes de conocerlo y poder expresar que lo siente y que le hubiera encantado haberlo conocido. Y hemos vuelto sobre estas cuestiones varias veces porque pregunta y repregunta y es lógico. Necesita entender para comprender el mundo.
Así que si tus hijos preguntan por la muerte lo más honesto es contestar, por supuesto desde tus creencias, ya sean religiosas o no. Nosotros no somos creyentes, y aún así tenemos diferentes explicaciones sobre a dónde vamos cuando morimos. Nuestro hijo las escucha y comprende que son las creencias de cada uno y que él debe quedarse con la explicación que más le satisfaga o que considere más lógica o más adecuada.
Yo puedo creer que existe algo más allá de la muerte y que no morimos y seguimos vivos en otro plano, mi pareja puede defender que no hay nada tras la muerte. Después llegará su abuela y le dirá que hay un Dios que vela por nosotros y es libre de creer cualquiera de estas explicaciones porque todas ellas pueden ser válidas. Ninguno de nosotros ha vuelto del más allá, así que es imposible saber si hay un Dios, varios o directamente la nada.
¿Cómo afrontamos la muerte si ha fallecido una persona cercana?
Si nos ha alcanzado la tragedia y le ha tocado a alguna de las personas que queremos, ya sea porque ha estado enferma o haya fallecido es normal que nos sintamos tristes, abatidas y desconcertadas. En esta situación tenemos que afrontar por un lado nuestro propio dolor por la pérdida y el de nuestros hijos si la persona fallecida era cercana a ellos.
¿Cómo gestionamos nuestro dolor?
Aceptando que los duelos son parte de la vida y que cuando queremos a alguien y esa persona se marcha para siempre es normal sentirnos desoladas y tristes.Las circunstancias en que este ser querido haya abandonado este mundo puede convertirlo todo en mucho más doloroso. No es lo mismo morir acompañado de tu familia que hacerlo solo en un hospital o en una residencia de ancianos. Tampoco es lo mismo poder velar su cuerpo y despedirnos de esta persona, que no poder asistir al funeral y no poder decirle adiós. Este tipo de situaciones aumentan nuestro dolor y no ayudan a procesar el duelo.
El duelo hay que pasarlo y duele, duele mucho. Un duelo no se supera en unas horas, ni en unos días, es un proceso que lleva meses y que depende de cada persona. De sus rasgos de carácter, de sus pérdidas anteriores, de lo cercana que era esa persona para ella y de otros factores que exceden este post. Para afrontar el duelo es importante expresar lo que sentimos, llorar si es necesario y ser comprensivos con nosotros mismos.
¿Y si mis hijos notan mi tristeza?
Es habitual que eso suceda. Nuestros hijos perciben esa tristeza y ese abatimiento. Es posible que te pregunten directamente y necesiten saber porque te sientes así. Hace unos meses y por circunstancias que nada tienen que ver con la COVID-19 murió una persona a la que quise muchísimo y a la que todavía quería a pesar del tiempo y de no haber tenido un contacto directo los últimos años. Me impactó de una forma brutal y estuve muchos días sin poder contener las lagrimas y con una tristeza profunda a la que mi hijo no era ajeno.
Me vi en la obligación de explicarle de una forma sencilla lo que había sucedido. Evidentemente fue una breve explicación para un niño de cuatro años que por primera vez fue consciente de que podemos morirnos. Durante estos meses ha seguido preguntando por él y por las circunstancias de su muerte, en su caso un infarto. Hoy la herida no duele tanto, me es más fácil hablar de ello y sobre todo compartirlo con la persona que más quiero en el mundo.
No escondas tus sentimientos
No es buena idea esconder lo que sentimos y aparentar normalidad cuando nos sentimos rotas por dentro y solo necesitamos llorar para desahogarnos. No es el primer caso que conozco de una madre que esconde su duelo y su tristeza a sus hijos porque es lo que le han enseñado que tiene que hacer y porque cree que los está protegiendo. Sin embargo, la represión de los sentimientos acaba por pasarle factura y desarrolla un trastorno de ansiedad o un trastorno del estado de ánimo.
Nos incomoda que nuestros hijos nos vean llorando o que sepan que nos sentimos tristes, lo vivimos como si fuera un síntoma de debilidad y no de fortaleza. Y la fortaleza empieza por asumir lo que sentimos y por afrontar la pérdida. Por compartirlo con nuestros hijos, por supuesto, eliminando los detalles o explicaciones escabrosas. No necesita conocer todos los pormenores, es suficiente con que sepa que esa persona tan querida para nosotros ha fallecido y que nos sentiremos tristes y abatidos durante un tiempo.
¿Y si la persona que ha fallecido era importante para nuestros hijos?
El duelo en esta situación se centra en nuestros hijos y en la relación que el pequeño tenía con la persona que se ha marchado para siempre. En ningún caso deberíamos esconderles que ha muerto, tienen derecho a saber lo que ha pasado. Merecen una explicación de por qué abuelo no volverá nunca más, por supuesto evitando detalles que solo aumentarían su dolor y no aportan nada al hecho en sí.
Es importante escoger un momento en que estemos más serenas y que podemos hablar con tranquilidad y sin prisa. Sin ninguna duda va a preguntar y debemos estar preparados para contestar preguntas que nos incomodan. Nuestro papel en este momento es de acompañamiento al duelo, de soporte y apoyo emocional. La reacción de cada niño será probablemente diferente, en algunos casos, la emoción se desbordará y en otros parecerá que el niño no reacciona o se ha quedado bloqueado.
En todo momento nuestro papel será acompañar y validar lo que siente. Algunos niños querrán hablar y otros necesitarán silencio para procesar lo que ha sucedido. Debemos proporcionar ese espacio de comprensión y de apoyo. Si nosotras estamos muy afectadas y nos cuesta muchísimo dar ese acompañamiento porque nos sentimos rotas y desoladas, podemos delegar esta labor en nuestra pareja o en un familiar cercano que se ocupe del niño en esos momentos en los que te sientes superada.
Cómo expresan los niños el duelo
En ningún caso deberíamos minimizar su pérdida o actuar cómo si no pasase nada. Si el niño no reacciona en un primer momento no significa que no le importe. Puede ser que no haya entendido del todo la situación, que esté bloqueado emocionalmente o que necesite tiempo para procesar. No estamos en su cabeza y no sabemos qué le pasa por ella. Si podemos ofrecer nuestro apoyo y reiterarle que estamos aquí para cuando necesite hablar o quiera hacer una pregunta o precise una aclaración.
Debemos entender que el niño tiene todo el derecho a pasar su propio duelo y no podemos imponer una sola forma de afrontamiento como válida. El psiquiatra Murray Bowen lo expresaba muy bien cuando decía: «nunca he visto niños dañados por la exposición a la muerte, lo que sí he visto son niños dañados por la ansiedad de los supervivientes«.
Precisamente por ello es tan importante no presionarlos para que se sientan bien enseguida, ni insistir en que se desahoguen cuando no les apetece o prefieren permanecer en silencio. Debemos respetar su proceso y estar siempre presentes por si nos necesitan.
¿Cómo podemos ayudarles a afrontar el duelo?
Con muchas dosis de comprensión, cariño y amor incondicional. Probablemente reaparezcan miedos del pasado o de pronto manifestará miedos irracionales. Puede que no quiera dormir solo, que de pronto tenga miedo a la oscuridad o que haya un retroceso evolutivo y de pronto vuelvan las pesadillas o que se haga pis en la cama. Es absolutamente normal y no debemos reaccionar cómo si fuese algo patológico. Calma y mucho amor, con el tiempo todo volverá a la normalidad.
Una buena forma de ayudarle es buscar herramientas de afrontamiento que les permita expresar lo que están sintiendo. Si compartimos la pérdida porque la persona fallecida también era una figura importante para nosotras podemos hablar de cómo nos sentimos, hacerle un homenaje juntos o simplemente encender una vela por su alma. Si somos religiosos entonaremos una oración y si no lo somos podemos escribir unas palabras de recuerdo. A continuación voy a dar unas ideas sobre cómo ayudar a nuestros hijos a afrontar el duelo.
Afrontar el duelo a través del dibujo
Otra forma útil de expresar la tristeza es a través de la creatividad. Podemos animar a nuestros hijos a que dibujen sus sentimientos, le hagan un dibujo de despedida, le dibujen a él o el lugar dónde cree que está ahora. También podemos animarles a dibujar sin más, sin una finalidad concreta, es posible que sin una guía surjan emociones o sentimientos que estaban reprimidos. La finalidad del dibujo es que les sirva para conectar con sus sentimientos y, al mismo tiempo, les permita dejar la mente en blanco y concentrarse en una tarea concreta. Esa liberación de los pensamientos facilitará que surjan de una forma espontánea sus emociones.
Una carta de despedida
Podéis escribirle una carta de despedida, puede escribirla el niño en soledad o acompañado por ti si es más pequeño o no quiere hacerlo solo.Es una buena forma de despedirnos de nuestro ser querido si no hemos tenido la oportunidad de hacerlo. En la carta podemos incluir todo aquello que queramos, otro dibujo, un recuerdo, lo que se nos ocurra que pueda conectar con nuestra necesidad de despedida.
Después podemos leerla en voz alta o podemos enviarla al correo. Podemos incluso hacer una pequeña ceremonia en la que la leemos cómo si fuera un funeral improvisado. La finalidad de la carta es despedirnos de nuestro ser querido y expresarle todo lo que sentimos. La carta tiene un gran potencial sanador, ya que tiene la capacidad de reconfortarnos y de reconciliarnos con lo que ha sucedido.
Cuentos para afrontar el duelo
Hoy en día contamos con buen número de cuentos que tienen como tema central el duelo y la pérdida. Por suerte cada vez hay más escritores infantiles que apuestan por dedicar espacio a esta cuestión y centran sus relatos en ello. Sólo citaré alguno de los que podemos encontrar en el mercado editorial y que tienen una temática genérica.
Siempre de Ana Galán y Marta Sedano. Indicado para niños a partir de 3 años, aunque si tu hijo es más pequeño también puedes leérselo.
El árbol de los recuerdos de Brita Teckentrup. Pensado para niños entre 4 y 7 años.
Vacío de Anna Llenas. Para niños de cinco años en adelante. Los cuentos de esta autora nos gustan muchísimo.
Son solo unos ejemplos, ya que podemos encontrar muchos títulos que en función del tipo de pérdida nos resultarán más adecuados unos que otros. Leerlos en estos momentos nos puede ayudar mucho a que nuestro hijo se abra o a que simplemente se sienta identificado con otros niños que han pasado por una situación similar.
Películas y cortos para afrontar el duelo
Desde un punto de vista audiovisual encontramos también mucho contenido. Buena parte de los textos para niños sobre el duelo están contados en YouTube por cuentacuentos. También hay películas algunas más conocidas que otras que aluden al tema aunque sea de forma parcial.
A modo de ejemplo podemos citar Up, Mi vecino Totoro, Frankenweenie o Coco. Mientras vemos la película podemos aprovechar para hablar sobre el argumento y enlazar con lo que están sintiendo en este momento. También podemos esperar al final y comentarla después con ellos.
¿Y si la situación se prolonga en el tiempo?
Los niños suelen gestionar el duelo mucho más rápido que los adultos, no obstante, a veces, la situación se prolonga más de lo esperado. Nosotros mejor que nadie conocemos a nuestros hijos y sabemos que es normal y que no lo es en ellos.
Si notamos a nuestro hijo irritable, decaído y este estado de ánimo repercute en su vida cotidiana y en su relaciones interpersonales es un buen momento de actuar. También puede suceder que el niño desarrolle un cuadro de ansiedad o le veamos especialmente afectado. En estos casos podemos consultar a un psicólogo especializado en dueloy si él lo considera necesario tratarle para ayudarle a gestionar esta situación. No se trata de ser alarmista sino de prevenir un posible trastorno motivado por la pérdida. Un duelo mal gestionado puede tener repercusiones importantes para el desarrollo emocional de los niños.
Y hasta aquí el post de hoy. ¿Te has enfrentado a una situación de duelo recientemente? ¿Has tenido que hablar de la muerte con tus hijos? ¿Ha sufrido tu hijo una pérdida importante y estáis gestionándolo en este momento? Me encantaría saber cuál es la situación en la que te encuentras y sí este post puede ayudarte a afrontarlo mucho mejor.
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