El bienestar de los niños en tiempos de pandemia es algo que nos preocupa a todos, aún no siendo los niños los principales afectados por la enfermedad. La pandemia ha cambiado sus vidas y las nuestras de un día para otro y cada niño llevará mejor o peor la situación en función de su carácter y de su entorno.

Una situación que a priori parecía transitoria y puntual, parece que se extiende en el tiempo y que puede tener una duración indefinida y difícil de precisar, tendremos que convivir con el Coronavirus una buena temporada.Tras más de dos meses encerrados en casa sin poder salir y con un estado de alarma, esta situación de emergencia empieza a convertirse en una situación cotidiana y nuestros niños pueden empezar a mostrar signos de cansancio e irritación. Puede parecer a simple vista que la situación no les afecta, sin embargo, es muy importante que estemos atentas por si detectamos algún desequilibrio en su bienestar emocional.

Afortunadamente las medidas de restricción se van relajando.  En España se ha iniciado la desescalada por provincias, pero siempre con el miedo acechando de que volvemos al escenario de contención, si hay un nuevo rebrote o una recaída en la enfermedad a nivel comunitario. Sobre esta enfermedad no hay mucha información y si pocas certezas que en los próximos meses esperamos que se resuelvan

¿Cómo afecta el COVID-19 a los niños?

Hasta este momento no se sabe con seguridad. En un principio, se suponía que los niños eran asintomáticos, bombas infecciosas como alguno les calificó. El caso es que no parecía que los niños enfermasen de Coronavirus y en caso de darse la enfermedad tenía un pronóstico y evolución leve. En España la incidencia de niños contagiados por COVID-19 ha oscilado entre un 1% y un 2%. De este porcentaje el 80% han sido casos leves que no han requerido de hospitalización y el 20% restante ha derivado en un cuadro clínico más grave que ha podido requerir de ingreso hospitalario.

Son datos que nos tranquilizan y que al menos rebajan nuestra inquietud.No obstante, la información ha cambiado en las últimas semanas y ya no parece tan claro que el Coronavirus en los niños curse sin síntomas o que no esté relacionado con otras enfermedades como la enfermedad de Kawasaki.

El Coronavirus y su relación con el síndrome de Kawasaki

La Asociación Española de Pediatría (AEP) emitió un comunicado el pasado 28 de abril informando de la presencia de síntomas sospechosos de estar relacionados con la pandemia como fiebre, dolor abdominal, síntomas gastrointestinales, exantema en la piel, ojos enrojecidos, malestar general e incluso una inflamación cardiaca. 

Un cuadro clínico que se relaciona con el Síndrome de Kawasaki del que nunca antes habíamos oído hablar. Todavía es pronto para delimitar si estos síntomas son provocados o no por el COVID-19 y su relación con este nuevo síndrome ya que se está investigando en profundidad en este momento.

¿Qué es el síndrome de Kawasaki?

Una enfermedad que produce una inflamación aguda en las arterias pequeñas y medianas que produce hinchazón y enrojecimiento en los vasos sanguíneos. No es una patología contagiosa, pero no se sabe que es lo que la causa. Suele ser común en el sudeste asiático y muy poco frecuente en Europa.

Como padres enseguida surge la preocupación por si nuestros hijos pueden o no contagiarse del Coronavirus y si el síndrome de Kawasaki les puede afectar como ha sucedido en algunos lugares de Europa muy castigados por la enfermedad como en Bergamo (Italia). Ante todo no deberíamos entrar en pánico y si mantenernos informados sobre cómo evoluciona la situación.

Sin embargo, conviene ser prudentes y si observamos un cuadro similar en nuestros hijos nos pongamos en contacto con atención primaria sobre todo si detectamos una fiebre muy alta que no baja con nada. En ese caso si es aconsejable acercarnos al hospital más cercano para que evalúen el cuadro médico.

Una investigación pionera sobre el COVID-19 en niños

El Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona ha iniciado una investigación para determinar cuál es la incidencia de la enfermedad entre nuestros niños y entre las mujeres embarazadas. Para ello ha presentado una plataforma de investigación denominada Plataforma Kids Corona que tiene como objetivo descubrir cuales son los factores que protegen a los niños contra la enfermedad y si es posible encontrar un tratamiento que extienda esa protección natural de los niños a los adultos.

 El centro sanitario lanzó una campaña para conseguir reclutar para su estudio a familias con niños en las que uno de los adultos hubiera dado positivo en Coronavirus y fue todo un éxito, más de 2000 familias ya forman parte del estudio.  La investigación acaba de empezar y queda mucho trabajo por hacer, si te interesa aportar tu granito de arena a este proyecto puedes hacer una donación, en pinchando en este enlace. Nosotros ya la hemos hecho.

¿Salir o no salir? Esta es la cuestión

Durante muchas semanas los niños fueron los grandes olvidados de esta pandemia. Toda la atención estaba concentrada en los contagiados y en los fallecidos, que son muchísimos. Desde diferentes organizaciones y asociaciones se insistió en que era inconcebible no permitir que los niños pudieran salir a la calle aunque fuese un rato a diario.

Al final se consiguió que los menores pudieran salir a pasear y desde el 28 de abril los menores de 14 años pueden salir acompañados de un adulto. Poco después se fijó un horario fijo que oscila entre las 12 y las 19 horas y que de momento se mantiene en algunas comunidades que van más retrasadas con la desescalada.

Así que han vuelto a salir a la calle en libertad vigilada en franjas horarias para no coincidir con otros colectivos, poder transitar sin aglomeraciones y siempre respectando la distancia de seguridad. La cuestión es que la libertad vigilada solo nos permite movernos en un kilómetro a la redonda.

Un espacio más que suficiente si vivimos en una zona poco poblada o en un pueblo pequeño e insuficiente si vives en una ciudad densamente poblada como Madrid o Barcelona. Por mucho que los padres traten de poner distancia, en una ciudad todo es más complicado sobre todo cuando los espacios verdes escasean. Estas y otras cuestiones nos llevan a plantearnos de forma individual si debemos dejar salir a los niños o no.

Razones para el sí

Si es recomendable que den un paseo todos los días o solo unos días a la semana. Por supuesto, yo no tengo respuesta para esta disyuntiva. Cada uno de nosotros conocemos nuestras circunstancias personales y sobre todo conocemos a nuestros hijos y su estado de salud general. ¿Es positivo que salgan a la calle? Por un lado, un rotundo sí. Los niños necesitan pasar tiempo al aire libre, pasear, saltar, correr,  montar en bicicleta, actividades que son difíciles de llevar a cabo en una casa o en piso.

Si tienes niños pequeños habrás notado que les alivia salir a pasear un rato y que es una forma de que canalicen su energía y estén menos irritables. Por supuesto, siempre saliendo a la calle con mascarilla y con guantes desechables.

Los riesgos de pasear

Por otro lado, salir a la calle tiene unos riesgos que no podemos minimizar o no tomar en cuenta. Sabemos que los niños lo tocan todo, que no suelen estarse quietos y que antes de que podamos reaccionar es posible que se hayan llevado la mano al ojo o cojan cualquier cosa del suelo. Por ejemplo, a mi hijo le fascinan las piedras y siempre que salimos a pasear volvemos con un buen surtido de piedras diferentes. Es complicado que los niños cumplan con determinadas normas, entre otras cosas porque no las tienen tan interiorizadas como nosotros y porque es posible que no les vean el sentido o simplemente se les olvide.

El caso es que se quitan la mascarilla cada dos por tres, se llevan la mano a la boca con los guantes o se frotan el ojo. Por mucho que repitamos, insistamos y nos pongamos pesados con las normas de seguridad, son niños y no podemos pedirles que se comportan como adultos.

Si decidimos salir a la calle a pasear con ellos debemos tener claro que la salida implica una incierta exposición al Coronavirus. No existe riesgo cero cuando sales de casa, porque ni tienes cien ojos, ni somos omnipotentes para controlarlo todo.

Por muchas medidas de protección que tomemos siempre hay un riesgo de que nos llevemos el bicho a casa. Es inevitable, debemos asumir ese riesgo, ponerlo en una balanza y decidir si nos compensa. Después tomar la decisión que consideremos más oportuna. Si decidimos salir, hagámoslo minimizando el riesgo, tomando las mayores medidas de protección y sin bajar la guardia.

Consejos para salir a la calle

Por supuesto, que cada uno tendrá sus pautas o su forma de llevar a cabo las salidas, pero explico cómo lo estamos llevando a cabo nosotros por si alguien le ayuda.

  • Nosotros no solemos salir todos los días, depende del día que haga y de las ganas que tenga el peque. Que tengamos un horario y posibilidad de salir diariamente no significa que tengamos que salir, es solo una opción.
  • Optamos por salir a la calle en horas poco concurridas. Salir a las 12 de la mañana o a las seis de la tarde implica que nos vamos a encontrar con más gente, sobre todo si vivimos en una zona urbana y no disponemos de apenas espacios libres en el kilómetro a la redonda que nos corresponde. Lo más normal es que la gente se concentre en ese tipo de espacios y en los horarios más habituales de salida. Lo ideal es buscar horas en las que la gente no suele salir a pasear dentro del horario, por ejemplo, mediodía o primera hora de la tarde. Si estas en una de las comunidades autónomas dónde hace más calor lo tienes más difícil puesto que salir a las horas centrales del día con la radiación ultravioleta muy alta no es buena idea, aunque lleves un buen protector solar.
  • Llevamos siempre guantes y mascarilla. Revisamos antes de salir que la mascarilla y los guantes están en perfecto estado. No es la primera vez que salimos de casa y a mitad de camino nos damos cuenta de que los guantes están rotos por la parte de algún dedo de la mano.
  • Llevamos gel desinfectante por si necesitamos utilizarlo en algún momento. Por ejemplo, ha restregado el juguete por todo el suelo, quiere comer, se ha parado a recoger piedras o simplemente se ha quitado los guantes porque le molestan. Nos puede salvar de un apuro.
  • Si llevamos merienda o un refrigerio intentamos que el peque no la toque con los guantes, sobre todo si ya ha tocado algo antes. Una opción es usar el desinfectante para lavarle las manos y evitar que se contamine la comida.
  • Podemos animarles a montar en bicicleta. Cuando utilizan este vehículo la interacción con el entorno es mucho menor que si van con un juguete. Las manos están en los manillares y no en el suelo o en la arena.
  • Respetar la distancia de seguridad si nos encontramos con alguien, especialmente si alguien conocidos como amigos o familiares. Resulta duro, pero hay que insistir a los niños de que no podemos acercarnos, abrazarnos o besarnos. Si son muy pequeños tú tendrás que ser su muro de contención. Si es más mayor es fácil negociar con él. Cuando salimos de casa siempre le recuerdo a mi peque que no podemos acercarnos a los amigos y que hay que saludarles con distancia.
  • Si puedes cambia de ruta cada día, no hagas siempre el mismo camino para que la salida sea más variada. También depende de las posibilidades que tengas, nosotros por aquí tenemos bastantes posibilidades.
  • Al regresar a casa, seguimos una rutina fija: desechamos guantes y aireamos mascarilla (no es de las reutilizables), nos quitamos la ropa que ha estado en contacto con el exterior, dejamos en jabón los juguetes que hemos llevado y nos lavamos las manos a conciencia a pesar de que hemos usado guantes. Los zapatos los dejamos fuera de casa si vives en un piso puedes dejarlos en la entrada de casa. Otra opción es limpiar las suelas con lejía para desinfectarlos, yo no suelo utilizarla porque me da alergia así que uso jabón.

Una vida social restringida

No obstante, salir un rato al día en horario restringido no compensa la ausencia de relaciones sociales con iguales de las que disfrutaban antes del confinamiento en actividades de ocio o en la escuela.

La pandemia nos ha robado las relaciones sociales estrechas y de tú a tú. No hay parques, no hay ratos en casa de los amigos, ni juegos en el polideportivo. Todo eso se ha acabado por tiempo indefinido. Ahora recurrimos a las nuevas tecnologías para que los peques no pierdan el contacto y sigan recordando a sus amigos. Claro no es lo mismo una videollamada entre los niños que jugar juntos, pero intercambian impresiones, hablan en su idioma de sus cosas y sobre todo no se olvidan unos de otros.

No obstante, aunque las nuevas tecnologías nos están ayudando a sobrellevar esta situación, no todo en la vida es tener relaciones virtuales con los amigos. Necesitamos cercanía y contacto y es precisamente lo que no podemos tener porque la enfermedad nos exige distancia social.

Debemos ayudar a nuestros hijos a canalizar la frustración que estas medidas de contención pueden provocar en ellos. Si sienten tristes, irritados o simplemente confusos, hacerles entender que es una reacción normal en esta situación. Que expresen con libertad lo que sienten. Es muy importante no minimizar su tristeza o su enfado sino escucharles atentamente y acompañarles en este proceso.

Por supuesto, habrá días que sea más difícil que otro, mi peque ha cumplido años durante el confinamiento y hemos hecho todo lo posible porque se sintiese arropado por sus amigos aunque fuese desde la distancia. En días señalados es normal que los echen más de menos y que les apetezca más estar con ellos.

Colegios e institutos sin fecha de apertura

Los niños no volverán este curso a la escuela, sería una locura volver a escolarizarles sin saber qué medidas de protección se van a tomar y si se van a poder respetar las restricciones. Probablemente nuestros hijos no vuelvan a la escuela hasta el próximo curso y no sabemos en qué condiciones ni si será en septiembre o más adelante.

La incertidumbre es enorme. Desde que se cerraron los colegios e institutos los niños y adolescentes no han estado de vacaciones. Cerraron los centros de forma presencial por la pandemia, pero su formación no se ha visto interrumpida ya que los centros escolares han tenido que improvisar una dinámica de trabajo online para poder seguir adelante con el curso. Todos hemos seguido trabajando y funcionando desde casa a nivel online y a distancia, compartiendo espacios y la tecnología de la que disponemos.

Una adaptación escolar compleja

Puedo hablar en primera persona y por mi experiencia personal que el ajuste está siendo especialmente complicado para alumnos y profesores pero que nos estamos dejando la piel porque funcione. No obstante, la saturación y el cansancio hacen mella porque lo que era excepcional se ha convertido en cotidiano.

Los padres y los alumnos protestan porque tienen mucho trabajo y los docentes se ven obligados a proponer todas estas tareas porque la administración lo exige. Probablemente no estemos de acuerdo con todas las tareas que se plantean desde el colegio, pero no debemos olvidar que detrás de estas tareas también hay una persona probablemente en tus mismas circunstancias, intentando trabajar desde casa y atendiendo a sus hijos y a sus tareas. Hoy más que nunca familias y docentes deberíamos estar unidos. Tenemos un objetivo y un compromiso común sacar adelante a nuestros chicos.

Sin embargo, esta situación de estudio a distancia es posible que se prolongue en el tiempo más de lo que esperamos. Esto implica que vamos a tener en casa a los niños durante al menos cuatro o cinco meses más y que posiblemente cuando regresen al aula lo hagan en pequeños grupos y manteniendo las distancias. Y probablemente no todos los días ni toda la jornada escolar. Nos toca adaptarnos a este escenario y a los que le precedan. Y por supuesto, es imprescindible que se lo expliquemos a nuestros hijos cuando llegue el momento.

¿Niños más cansados e irritables?

¿Tu hijo llora más últimamente? ¿Está más irritable? Es normal. Está cansado y probablemente harto de esta situación. ¿Tú no tienes la misma sensación algunos días? Pues a él le sucede exactamente lo mismo. Puede estar saturado por las tareas, cansado de estar en casa o de hacer siempre lo mismo.

Por supuesto, que esta situación se lleva mejor si tenemos unas rutinas establecidas y las llevamos a cabo cada día, saber que tenemos que hacer en cada momento y que podemos esperar no da seguridad y nos tranquiliza.

No obstante, hay momentos en que las rutinas pueden ser más perjudiciales que beneficiosas, si las llevamos a rajatabla y no somos flexibles con las necesidades de nuestra familia. Claro que es importante que el niño madrugue y haga sus tareas, pero no pasa nada si hoy está muy cansado y se levanta un poco más tarde. Tampoco es un drama si hoy simplemente aparcamos las tareas del colegio y las dejamos para mañana.

Se más flexible y relativiza

La organización es fundamental, pero también improvisar e introducir novedades que pueden suponer un extra de motivación en momentos en que sentimos que nuestras fuerzas flaquean. Nosotras más que nadie conocemos a nuestros hijos y sabemos lo que necesitan. Escúchale y desde la empatía trata de ofrecerle alternativas.

No significa que ningún día haga sus tareas, pero tampoco que tenga que seguir un horario estricto de 9 a 14h. Busca actividades que le gusten y que podías realizar en casa o llevarlas a cabo cuando salís al paseo diario. Nosotros, por ejemplo, a veces recogemos plantas medicinales en el campo para hacer aceites esenciales, pero puede ser cualquier otra cosa que suponga una novedad o que le guste.

Y sobre todo ten mucha paciencia con él. Trata de comprenderle y ofrecerle tu apoyo en estos momentos. Que sepa que incondicionalmente estás a su lado y que pase lo que pase le vas a acompañar en este y otros procesos de la vida.

Y hasta aquí el post de hoy, espero que te haya sido útil.¿Cómo estás viviendo la pandemia con tus hijos? ¿Qué es lo que está resultando más difícil? Si te apetece compartirlo con nosotros déjanos un comentario.

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