Cómo afrontar los cambios sin perder la salud
Hoy en el blog vamos a hablar de cómo afrontar los cambios sin perder la salud. En ocasiones los cambios llegan de forma inesperada y en otras muchas son decisiones que tomamos voluntariamente pero que implican poner patas arriba nuestro mundo y empezar de cero. En cualquiera de los dos casos, la salud se puede resentir sobre todo si no canalizamos toda esa energía y no sabemos enfrentarnos a los cambios de una forma adaptativa y sana para nuestro cuerpo y para nuestra salud mental.
Nada es permanente a excepción del cambio
Como decía Heráclito de Éfeso, el oscuro, nada es permanente a excepción del cambio. Nuestras vidas están en constante cambio, aunque vivamos con una falsa de sensación de estabilidad y de seguridad. Nos gusta tener todo controlado, saber qué podemos esperar cada día o adónde nos llevará cada paso que damos. Sin embargo, en la vida, muchas veces las cosas no suceden tal y cómo las planeamos en nuestra cabeza. En ocasiones, cuando conseguimos nuestro propósito puede ser que la realidad no se parece en nada a lo que habíamos imaginado.
Si hablamos de cómo somos y de cómo éramos hace diez años nos parecerá que nos referimos a personas diferentes que poco tienen que ver unas con otras. Es posible que estés de acuerdo conmigo en que no nos parecemos en nada a cuando éramos niñas o estábamos en la adolescencia. Miramos atrás y pensamos, ¿quién era esa chica? No, no se nos parece porque aquella persona no había vivido todas las experiencias que tú has vivido. Esa muchacha no podía sospechar en quién te convertirías hoy.
Si contemplamos a nuestros hijos podemos observar el cambio en toda su plenitud. Sin que nos demos cuenta crecen, evolucionan y cambian a una velocidad vertiginosa. Yo aún echo de menos a mi bebé, aunque adoro cada etapa por la que pasa mi pequeño porque me muestra facetas nuevas sobre él y me permite ir fortaleciendo nuestra relación.
Los cambios son altamente estresantes
Ahora bien, aceptando que el cambio es parte de la vida y que es necesario para evolucionar y crecer como persona, no es menos cierto que no hay nada que nos asuste más que los cambios y que la incertidumbre que traen consigo.
Los cambios pueden ser altamente estresantes, sean voluntarios y deseados o impuestos por las circunstancias. Y lo digo por experiencia propia, han sido mis propios cambios los que han motivado este post de hoy. Si tú también estás en un proceso de cambio, ya sea voluntario o impuesto por las circunstancias no estás sola. Te animo a seguir leyendo.
He reflexionado mucho sobre mi resistencia al cambio y sobre mis miedos en los últimos meses. He pasado por momentos de una gran ansiedad y por una crisis de pánico que a día de hoy tengo ya bajo control. No me importa reconocerlo públicamente porque pienso que escondemos siempre la parte más vulnerable de nosotras, pero al mismo tiempo, la más auténtica. Precisamente por ello, me parece fundamental normalizar algo que tratamos de contener o de esconder porque esa parte es la que puede ayudar a otras personas que se sienten perdidas o abrumadas ante los cambios.
Es normal sentir que la tierra tiembla bajo tus pies o sentir que nada volverá a ser como antes. Sin embargo, todo vuelve a colocarse en su sitio cuando vamos adaptándonos a la nueva situación y vamos comprendiendo que somos humanas y no superwomans que tienen que llegar a todo.
Para algunas personas los cambios que estoy viviendo serán insignificantes comparados con los de otras personas que cambian de continente de pareja y de amigos y no parece afectarles lo más mínimo. No obstante, un pequeño cambio para alguien puede ser muy relevante y para otra persona algo sin importancia. Por ejemplo, convertirte en madre es un gran cambio en la vida de una pareja y cada miembro de la misma lo vive de una manera diferente.
En este blog hemos hablado mucho sobre maternidad y sobre los cambios que trae a nuestras vidas y gracias a mi experiencia ayudando a otras madres he comprendido que cada mujer afronta este cambio de forma diferente y lo interpreta a su manera. Hay madres desbordadas desde el minuto uno y otras que sienten que nacieron para ser madres. Pero todas ellas deben transitar el mismo camino para convertirse en las madres que son hoy en día. En La Maternidad viaje al corazón de las tinieblas precisamente trato este tema por si te apetece revisar este post.
2020 el año que nunca olvidaremos
Sé que estás tan harta como yo del Coronavirus. Pero si hablamos de años de cambio 2020 se lleva el premio especial del jurado. Sí hay un año en nuestras vidas que no olvidaremos es este. Por desgracia, la familia de los coronavirus han llegado para quedarse debido al cambio climático y la pérdida de biodiversidad entre otras cuestiones. En el post que te comparto a continuación, El COVID-19 y su estrecha relación con el cambio climático, trato este tema por si te interesa profundizar en él.
No estoy diciendo nada nuevo si digo que nuestro mundo ha cambiado mucho en los últimos meses. Nada hacía presagiar hace un año que nos pasaríamos tanto tiempo encerrados en casa por un estado de alarma motivado por una pandemia. Durante mucho tiempo yo también tenía la sensación de vivir en una película de ciencia-ficción.
Nunca imaginamos que la educación deberíamos impartirla online y que tendríamos que ir con mascarillas a todas partes, incluso a la piscina y la playa. En realidad, son cosas insignificantes si lo comparamos con la crisis mundial que ha traído consigo. Esta situación ha dejado sin trabajo, sin recursos de subsistencia y sin atención sanitaria digna a muchas personas. Las desigualdades son hoy más grandes que nunca y probablemente no dejen de crecer.
También nuestros niños han sufrido y sufren esta situación. Durante el largo confinamiento en España fueron junto con los adolescentes los grandes olvidados de esta crisis. De hecho, en uno de mis últimos post, El bienestar de los niños en tiempos de pandemia trata precisamente de ofrecer pautas y opciones para que sea más llevadera esta situación para nuestros peques.
Por supuesto, nuestra normalidad ha desaparecido y nos hemos acostumbrado a marchas forzadas a vivir encerrados en nuestra casa durante meses y a salir con restricciones. Parecía impensable no darnos un beso o no abrazarnos al vernos hace tiempo y ahora la nueva normalidad impone reducir las muestras de efusividad y mantener la distancia social.
Vivimos tiempos inciertos en los que el futuro se presenta como una gran incógnita y debemos acostumbrarnos a la incertidumbre. La única certeza es que toca adaptarnos a esta nueva realidad y convivir con ella. Precisamente por ello creo que es importante centrarnos en cómo afrontar los cambios de la mejor manera posible para que no enfermemos nosotros ni nuestros seres queridos.
Afrontando mis cambios
2020 además del año del Coronavirus también ha traído muchos cambios a mi vida de los que me gustaría hablarte a continuación. Uno de los más importante fue convertir mi labor docente presencial en online. El cierre de los centros nos obligó a impartir las clases a distancia sin apenas medios y poniendo nuestros dispositivos y recursos personales a disposición de la administración.
Desde marzo a junio he trabajado más de doce horas diarias para llegar a todos mis alumnos y atenderlos a ellos y a sus familias cómo se merecen. Me siento satisfecha por la labor realizada, ya que tanto mis alumnos como sus familias me han dado las gracias efusivamente por mi dedicación y esfuerzo. No obstante, he llegado a julio agotada mental y físicamente.
En mi caso no solo estos cambios que ha traído la COVID-19 se han convertido en potentes estresores, también otras situaciones han alterado mi paz como buscar casa o cambiar de destino en mi trabajo. Si sigues este blog, te habrás dado cuenta de que he escrito poco este último año, pero apenas tenía tiempo para ello y cuando sacaba un hueco estaba muy cansada para sacar un post con la puntualidad que me hubiera gustado.
He tenido que luchar contra mi perfeccionismo y con mis expectativas con respecto a este espacio. Al final me he dado cuenta de que si quería seguir adelante con él era imprescindible ser más flexible y bajar la presión sobre la regularidad de las publicaciones. La verdad es que me siento mucho mejor desde entonces, ya no sufro por no sacar un post a tiempo o por no poder publicar durante un mes.
Buscando nuestra nueva casa
El cambio de vivienda era algo que necesitábamos desde hace mucho tiempo. Debo confesar que nunca me gustó la anterior casa. Era muy vieja, incómoda y estaba muy mal aislada por lo que siempre hacía frío.
Sin embargo, he sido muy feliz en esa casa, hemos vivido momentos muy especiales y su entorno que era lo mejor de ella lo hemos disfrutado mucho. Posiblemente no nos hubiésemos movido de allí si nuestros caseros no nos hubiesen subido el alquiler un 20%. Ni que decir tiene que es indecente y vergonzoso el precio de los alquileres actualmente en este país, pero si os parece lo dejamos para otro post.
Nos pusimos a buscar un nuevo hogar inmediatamente, una experiencia que ha sido altamente estresante y que nos ha llevado aproximadamente nueve meses. Y nos ha pasado de todo en este tiempo: casas que nos han tasado por debajo de precio de compra y vendedores sin intención de bajar un céntimo; vendedores que ponían precios abusivos a verdaderas ruinas;, que pactásemos un precio con el vendedor y en la siguiente visita nos subieran el precio porque sí, casas que nos han quitado porque alguien ha ido más rápido que nosotros; e incluso casas que tenían un magnifico precio, pero que ocultaban defectos importantes de construcción. Al final hemos conseguido comprar después de un largo periplo en el que nos ha pasado de todo, pandemia y confinamiento incluidos.
Cualquiera que haya comprado una casa entenderá de que le hablo. Si tu intención es comprar solo un consejo, tómate tu tiempo y no te precipites. Y desde luego, relájate y respira. Es un proceso largo que se asemeja a una carrera de fondo.
Nuevo hogar y nuevo lugar de residencia
Me he imaginado en muchas casas y a casi todas le sacaba pegas, creo que no existe la casa ideal, sino que tú creas esa casa y conviertes ese espacio en perfecto para ti. En cualquier caso, estoy encantada con mi nueva casa, aunque nuestro orden se haya trastocado y haya muchas cosas que no sepa dónde están o hayan cambiado de lugar por cuestiones de espacio y logística. Es cuestión de tiempo que todo ocupe el lugar que le corresponde y que esté todo en armonía.
Sin embargo, al mismo tiempo que me siento feliz por mi nuevo hogar he tenido que hacer un duelo por mi antigua casa. Me ha dado mucha pena irme porque aún siendo una casa incómoda me encantaba su entorno y donde estaba ubicada. Todavía se me encoge el corazón cuando paso por delante de su fachada cuando voy a visitar a una de mis mejores amigas.
Por desgracia, el cambio también ha implicado cambiar de localidad. Me hubiera gustado quedarme dónde estaba, pero los precios eran abusivos y tampoco encontramos una casa que se ajustase a nuestras necesidades y nos cuadrase por precio.
El pueblo donde hemos decidido comprar nuestra casa nos gusta, aunque es un poco más frío. Dejo muchas amigas en mi anterior pueblo y aunque estamos muy cerca probablemente ya no sea lo mismo. Este es otro cambio más al que tendremos que adaptarnos nosotros y nuestro peque. Por fortuna él es muy sociable y hace amigos enseguida, así que no creo que le cueste trabajo.
Cambio de destino en el trabajo
Mi lugar de residencia no es el único cambio que me ha traído el 2020, también cambio de destino laboral. Por fin ha llegado mi destino definitivo y me toca cambiar de centro. Soy muy afortunada porque me han asignado un centro escolar en el que estuve hace años y dónde estuve muy a gusto. Tiene un equipo directivo fantástico, muy buenos compañeros y lo mejor de todo, me esperan con los brazos abiertos. No obstante, me entristece abandonar el centro en el que he estado los últimos tres años, ya que dejo grandes compañeros y amigos.
Tengo todo el verano por delante para mentalizarme de que empiezo de cero en septiembre. Nuevo centro, nuevos compañeros, nuevos alumnos y sobre todo nuevos proyectos. Afronto el nuevo destino con cierto estrés y nerviosismo, ya que no sabemos nada de cómo será el próximo curso. Para dentro de mes y medio la pandemia no se habrá acabado, pero tendremos que hacinarnos en un aula con 30 alumnos, una mascarilla y un bote de gel. Creo que con esto ya lo he dicho todo.
¿Por qué nos asustan los cambios?
Desde un punto de vista epigenético es el miedo a lo desconocido lo que nos activa y nos provoca estrés. Según cómo interpretemos cada uno de nosotros la situación lo viviremos como una potente amenaza o como una oportunidad. En ocasiones, puede ser ambas cosas, una amenaza si no somos capaces de afrontarlo adecuadamente y una oportunidad si logramos controlar la situación.
Aún siendo conscientes de lo positivo que puede ser a la larga este posible cambio vivimos con una sensación de angustia y de miedo vital que es difícil en ocasiones de manejar. Muchas veces es un miedo inconsciente complicado de precisar, pero que nos provoca una gran ansiedad. Pensemos en una mujer que ha decidido separarse de su pareja y ha dado el paso de comunicárselo a la otra parte. Romper su relación es una decisión que ha tomado por sí misma, pero que tiene enormes implicaciones sobre sus hijos y sobre su entorno. Mientras da vueltas en la cama se pregunta por qué no puede dormir. Y si nos damos cuenta esa reacción ansiedad es absolutamente normal en su situación.
Los cambios y la ansiedad
Los cambios pueden provocarnos ansiedad o reactivar ansiedades y fantasmas que estaban adormecidos en nuestra conciencia. Los miedos afloran y muchas veces no sabemos de dónde vienen y porque nos sentimos así. No parece haber una razón aparente y en realidad si la hay, pero está tan escondida que no podemos verla a simple vista.
Los cambios nos asustan, nos descolocan y nos sacan de nuestra zona de confort. De repente nos lanzamos a lo desconocido y no sabemos si las cosas saldrán bien o mal. No sabemos lo que nos vamos a encontrar o si estaremos a gusto. Al mismo tiempo sentimos ilusión y ganas de llevarlos a cabo. Por ejemplo, sé que todos estos cambios que han llegado a mi vida son para mejor y que a la larga van a ser muy positivos, pero eso no implica que no tenga miedo o que no me pongan nerviosa.
Y es normal, son sentimientos habituales que todos sentimos en un momento determinado ante situaciones que nos desbordan y que nos sacan de nuestra zona de seguridad. ¿Me estaré equivocando? ¿Habré hecho lo correcto? ¿Será la mejor decisión?
Pautas para afrontar los cambios sin perder la salud
1. Entendiendo el cambio como una oportunidad
Cuando los cambios son impuestos como mi nuevo destino sentimos resistencia al cambio. No queremos que se produzcan y nos negamos a aceptarlos. Pensamos que hay una equivocación o simplemente nos enfadamos con nosotros mismos por no haberlos visto venir o nos sentimos culpables y pensamos en lo que pudimos hacer y no hicimos.
Cambiar supone nuevas rutinas, nuevas personas con las que relacionarnos y espacios nuevos a los que adaptarnos. ¿Cómo serían nuestras vidas si nada cambiase? Si no tuviésemos la posibilidad de cambiar y de evolucionar nos sentiríamos hastiadas y atrapadas. Nuestro desarrollo evolutivo se vería interrumpido y nada en la vida tendría un aliciente.
El cambio es un soplo de aire fresco y ante todo una oportunidad para cambiar las cosas que no te gustaban o implementar cambios o rutinas que con el tiempo serán muy positivas aunque hoy supongan un gran esfuerzo. ¿Hubiéramos buscado casa si no nos hubieran subido el alquiler? Probablemente no. Determinadas circunstancias nos animan a ponernos en marcha y a abrazar cambios que nos daban pereza o para los que no nos sentíamos preparadas.
2. Despídete de lo que dejas atrás
Eso sí, el cambio requiere de esfuerzo y de sacrificio. También implica un duelo y una renuncia y no nos han enseñado a renunciar a nada y menos aún a decir adiós. Tan importante es abrazar los cambios con optimismo como despedirnos de aquello que dejamos atrás.
Dar las gracias es un ejercicio liberador que nos ayuda a afrontar los cambios sin rencores, sin amarguras y sin ataduras con el pasado. Damos las gracias por todo lo que aquella persona nos ha aportado o por lo que hemos aprendido en esa situación o en ese lugar. Y lo honramos por última vez antes de marcharnos o de dejarlo ir. Solo así podremos liberarnos del pasado y mirar hacia al futuro con optimismo.
3. Tómate un tiempo de adaptación
Por supuesto, tan importante como despedirnos es darnos tiempo para adaptarnos a los cambios. No podemos pretender que de un día para otro nos sintamos a gusto en un nuevo espacio, en una nueva situación o entre personas desconocidas. Obligarnos por la fuerza a sentirnos bien o a ver lo positivo de una circunstancia solo hará que pongamos más resistencia al cambio.
Durante mucho tiempo convivirás con una ambivalencia de sentimientos y tendrás que darles cabida a ambos, por son igual de valiosos y de necesarios para tu desarrollo y tu evolución personal.
4. Ejercita tu paciencia y tu amor propio
Si estás en un proceso de cambio, mucha paciencia. No te lastimes a ti misma pensando en lo que pudo ser o no fue o en lo que has perdido. Tampoco te machaques o te eches la culpa. Quiérete más que nunca y recuerda cómo has llegado hasta aquí y por qué.
Conecta contigo misma y con tus deseos. Reconcíliate con la realidad y aprovecha este cambio para empezar de nuevo y construir la vida que siempre has querido, pero no te atrevías o no encontrabas el momento adecuado.
5. Toda perdida es ganancia y toda ganancia es perdida
Siempre que afronto un nuevo cambio en mi vida me digo lo siguiente: toda ganancia es perdida y toda perdida es ganancia. Lo que viene a decir que nada es del todo blanco o del todo negro y que toda realidad engendra su contraria. Cada vez que tomamos una decisión renunciamos a algo y cada vez que tomamos un camino elegimos no transitar por otros.
No podemos tenerlo todo y aunque lo tuviésemos no tiene porque ser perfecto. De un cambio negativo podemos aprender algo muy valioso y al mismo tiempo, de un cambio positivo podemos descubrir una parte negativa que no nos guste en absoluto. En toda situación hay una parte positiva en la que podemos centrar nuestra energía.
6. Escucha a tu cuerpo y a tu mente
Transita por tus cambios escuchando a tu cuerpo y a tu mente. En muchas ocasiones nuestro cuerpo no deja de mandarnos señales en forma de malestar, irritación o dolor físico. Sin embargo, estamos tan desconectadas de nuestra esencia que no lo escuchamos hasta que caemos enfermas y no podemos levantarnos de la cama.
Practica yoga, relajación o Mindfulness si tienes oportunidad de hacerlo. Son fantásticas herramientas para conectar mente y cuerpo. Nos ayudan a soltar tensiones y al mismo tiempo, nos hacen ser conscientes del aquí y del ahora. A mí personalmente me son de gran utilidad en mi vida diaria y me han servido de mucho para afrontar mis cambios en 2020.
7. Llévate un aprendizaje
Y no olvides que de todas las experiencias se aprende y que todas ellas son piezas del rompecabezas de tu vida y que tienen un función por rocambolesca que parezca. Están ahí por algo y seguro que te llevarán allá dónde te propongas si conectas con tus necesidades y con tus emociones.
Cambiar da mucho miedo y nos puede llevar a una crisis profunda que altere todos los cimientos de tu ordenado mundo y te saque de foco durante unos meses. Sin embargo, una vez que pase lo peor, empezarás a ver la vida de otra forma, con optimismo y esperanza.
Así que vamos a abrazar esos cambios con los cinco sentidos y sobre todo aceptando toda la variedad de emociones que vayan surgiendo en el proceso. Al final y al cabo en esto consiste la vida, en crecer, cambiar, evolucionar y aprender.
Y hasta aquí el post de hoy. ¿Estás actualmente en un proceso de cambio? ¿Te cuesta adaptarte a los cambios? ¿Cuál es el cambio que más te ha costado? Me encantaría saber cuál es tu situación actual y si este post tiene la capacidad de ayudarte y acompañarte en este proceso.
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