Cómo ayudar a nuestros hijos a afrontar el duelo
Cómo ayudar a nuestros hijos a afrontar el duelo en tiempos de pandemia o de crisis sanitaria es una pregunta me han hecho varias familias en las últimas semanas, precisamente por ello me he decidido a escribir este artículo. Imagino que al igual que estas personas tienen dudas sobre cómo abordar el duelo con los niños mis lectores pueden tener la misma necesidad o encontrarse en una situación parecida.
El coronavirus ha cambiado nuestro mundo
En unos meses la tranquila y cómoda vida de nuestros hijos se ha visto trastocada por una enfermedad desconocida que ha puesto patas arriba nuestro seguro e hiperconectado mundo. De pronto nos hemos metido en casa y hemos puesto unas medidas de distancia social que los niños probablemente no puedan entender. Ya en mi anterior post, abordaba el bienestar de los niños en tiempos de pandemia y cómo gestionarlo, si no has leído el post, te animo a visitarlo.
Lo cierto es que nuestras familias han tenido que adaptarse a una situación primero puntual y después permanente que parece que nos acompañará durante un tiempo. Bienvenida al mundo del COVID-19 y de los coronavirus que nos acechan. Estamos ante una crisis sanitaria mundial que nadie había previsto y que nos ha llegado de forma inesperada.
De pronto nos enfrentamos a una situación insólita para la que no estamos preparados y para la que el precedente más cercano se encuentra hace más de 100 años, en la temida Gripe española de 1918. Nunca nos habíamos enfrentado a algo así, ni la muerte se había contabilizado diariamente en horario de prime time. Claro que antes del COVID-19 también la gente fallecía, pero la enfermedad nos ha enfrentado directamente con la muerte como nada lo había hecho hasta ahora.
¿Debemos hablarle a los niños directamente de la enfermedad?
Se ha debatido mucho si debemos hablar a los niños de la pandemia, del virus y de los enfermos y fallecidos. Considero que depende de la edad del niño y de nuestra forma de afrontarlo. Sí creo que es importante que los niños tengan información adaptada a su edad y que sepan lo que sucede en su entorno y las razones por las que hay que tomar medidas de protección cuando salimos a la calle o nos cruzamos con otras personas.
Nuestro mundo está en duelo y ellos no pueden ser ajenos a lo que sucede a su alrededor por mucho que creamos que eso protege su inocencia o su infancia. Infravaloramos la capacidad de entendimiento de los niños cuando decidimos por ellos que deben saber y que no.
No es una buena idea meter a los niños en una burbuja y no hacerles participe de lo que sucede en su entorno como una forma de protegerles del mundo, ya que asumimos que no están preparados para asumir la realidad y les robamos la posibilidad de reflexionar y aprender sobre el mundo en el que viven. Tanto la alegría como la tristeza son parte de la vida y es muy importante que les permitamos experimentar esos sentimientos y reconciliarse con ellos.
¿Cuánta información deberíamos dar a nuestros hijos?
Deberíamos proporcionar la información que sepamos que nuestros hijos son capaces de entender. Si tenemos un bebé, apenas se va a enterar de esta situación, aunque en ese caso y si nosotras nos sentimos tristes y abatidas podemos compartir ese sentimiento con ellos.
Si hablamos de niños más mayores podemos adaptar la información a su edad y decidir conscientemente que les vamos a contar. Por supuesto, no se trata exponerlos a la información directamente en crudo o a las noticias sensacionalistas que podemos hallar en informativos o periódicos. Se trata de ofrecerles una información adecuada a su edad y en pequeñas dosis. Habrá niños que con una breve explicación tendrán suficiente y no preguntarán más y otros que no dejen de hacer preguntas.
En cualquier caso, es importante responder con la verdad y con una explicación sencilla. Negarnos a contestar o responder con una mentira no ayudará a que el niño entienda la situación y puede que más tarde se enfade o se muestre desconfiado con nosotros porque le hemos mentido. Si el niño solicita o demanda información podemos ofrecerla siempre evitando detalles escabrosos o desagradables que no le aportarán nada, pero si le pueden crear un gran impacto emocional.
Observa la reacción de tus hijos
Y tan importante cómo contarles y hacerles participe de lo que está pasando es observar y permanecer atentos a como lo reciben. Podemos preguntarles directamente cómo se sienten con lo que les hemos contado, qué piensan o qué sentimiento les genera. En función de su edad podrá expresarlo con palabras que aluden directamente a sentimientos o emociones o lo transmitirá con su comunicación no verbal, un gesto o una expresión.
Si el niño de repente presenta algún miedo, es fundamental que le ofrezcamos comprensión y cariño y que estemos dispuestos a escuchar esos miedos, aunque nos parezcan irracionales o muy inverosímiles. Los miedos pueden aparecer por una sobreexposición a la información o por un excesivo control sobre ellos que les genera cierta inseguridad o miedos inespecíficos. Observa, escucha y ofrece tu apoyo cuando lo necesite o lo demande.
Los niños no son ajenos a la muerte
Han fallecido muchas personas en nuestro país y en el mundo y seguirán muriendo los próximos meses por causa de la enfermedad. Hemos visto morir a gente mayor y a gente joven y aunque no sepamos su nombre ni nada sobre sus vidas sentimos tristeza y pena por su pérdida, sobre todo cuando conocemos que muchas de estas personas han muerto solas. A nuestros hijos está información puede haberles llegado de diversas formas, pueden haberlo visto por televisión o puede que nos hayan oído comentarlo.
La COVID-19 ha situado a la muerte en primer plano, por primera vez en mucho tiempo somos conscientes de lo difícil que resulta aceptar que nacemos para volver a morir. Cuándo muramos no importa. Lo transcendente es que todos nosotros vamos a morir algún día, aunque no queremos hacerlo y aún no hayamos vivido lo suficiente para cumplir nuestros sueños o para conocer a nuestros nietos.
La muerte es un tema incómodo
Para cualquier persona abordar estos temas es incomodo porque en nuestra cultura no se nos educa para la muerte, vivimos para ser eternos y muchas veces no somos conscientes de que la muerte es parte de la vida. Tampoco somos conscientes de la fragilidad de nuestra existencia y de su finitud.
Si a esto le sumamos las creencias personales sobre la muerte de cada uno la situación se complica aún más. Sin embargo, al margen de las creencias religiosas o de nuestro miedo a morir, la muerte se ha convertido en un tema relevante que tenemos y debemos abordar con nuestros hijos.
¿Y si mis hijos preguntan por la muerte?
Es absolutamente normal, nuestros hijos no viven ajenos a esta problemática. Ellos van a preguntar y nosotros les debemos una respuesta clara sobre porque redoblan las campanas, porque hay banderas situadas a media asta o simplemente porque hemos tenido que encerrarnos en casa por tanto tiempo.
Mi hijo de cinco años ya hace tiempo que pregunta por la muerte, por los abuelos que no conoció y por los hermanos que nunca tendrá. Al principio resultaba muy incómodo contestar porque también a nosotros nos cuesta hablar de este tema. En nuestras familias no se hablaba directamente de la muerte y siempre fue una cuestión de la que no se hablaba en público.
No obstante, ahora que somos padres no queremos que nuestro hijo afronte esta cuestión desde la evitación, nos parece mucho más sano afrontarlo con normalidad y dar respuestas. Él las necesita para entender porque su abuelo murió mucho antes de conocerlo y poder expresar que lo siente y que le hubiera encantado haberlo conocido. Y hemos vuelto sobre estas cuestiones varias veces porque pregunta y repregunta y es lógico. Necesita entender para comprender el mundo.
Así que si tus hijos preguntan por la muerte lo más honesto es contestar, por supuesto desde tus creencias, ya sean religiosas o no. Nosotros no somos creyentes, y aún así tenemos diferentes explicaciones sobre a dónde vamos cuando morimos. Nuestro hijo las escucha y comprende que son las creencias de cada uno y que él debe quedarse con la explicación que más le satisfaga o que considere más lógica o más adecuada.
Yo puedo creer que existe algo más allá de la muerte y que no morimos y seguimos vivos en otro plano, mi pareja puede defender que no hay nada tras la muerte. Después llegará su abuela y le dirá que hay un Dios que vela por nosotros y es libre de creer cualquiera de estas explicaciones porque todas ellas pueden ser válidas. Ninguno de nosotros ha vuelto del más allá, así que es imposible saber si hay un Dios, varios o directamente la nada.
¿Cómo afrontamos la muerte si ha fallecido una persona cercana?
Si nos ha alcanzado la tragedia y le ha tocado a alguna de las personas que queremos, ya sea porque ha estado enferma o haya fallecido es normal que nos sintamos tristes, abatidas y desconcertadas. En esta situación tenemos que afrontar por un lado nuestro propio dolor por la pérdida y el de nuestros hijos si la persona fallecida era cercana a ellos.
¿Cómo gestionamos nuestro dolor?
Aceptando que los duelos son parte de la vida y que cuando queremos a alguien y esa persona se marcha para siempre es normal sentirnos desoladas y tristes. Las circunstancias en que este ser querido haya abandonado este mundo puede convertirlo todo en mucho más doloroso. No es lo mismo morir acompañado de tu familia que hacerlo solo en un hospital o en una residencia de ancianos. Tampoco es lo mismo poder velar su cuerpo y despedirnos de esta persona, que no poder asistir al funeral y no poder decirle adiós. Este tipo de situaciones aumentan nuestro dolor y no ayudan a procesar el duelo.
El duelo hay que pasarlo y duele, duele mucho. Un duelo no se supera en unas horas, ni en unos días, es un proceso que lleva meses y que depende de cada persona. De sus rasgos de carácter, de sus pérdidas anteriores, de lo cercana que era esa persona para ella y de otros factores que exceden este post. Para afrontar el duelo es importante expresar lo que sentimos, llorar si es necesario y ser comprensivos con nosotros mismos.
¿Y si mis hijos notan mi tristeza?
Es habitual que eso suceda. Nuestros hijos perciben esa tristeza y ese abatimiento. Es posible que te pregunten directamente y necesiten saber porque te sientes así. Hace unos meses y por circunstancias que nada tienen que ver con la COVID-19 murió una persona a la que quise muchísimo y a la que todavía quería a pesar del tiempo y de no haber tenido un contacto directo los últimos años. Me impactó de una forma brutal y estuve muchos días sin poder contener las lagrimas y con una tristeza profunda a la que mi hijo no era ajeno.
Me vi en la obligación de explicarle de una forma sencilla lo que había sucedido. Evidentemente fue una breve explicación para un niño de cuatro años que por primera vez fue consciente de que podemos morirnos. Durante estos meses ha seguido preguntando por él y por las circunstancias de su muerte, en su caso un infarto. Hoy la herida no duele tanto, me es más fácil hablar de ello y sobre todo compartirlo con la persona que más quiero en el mundo.
No escondas tus sentimientos
No es buena idea esconder lo que sentimos y aparentar normalidad cuando nos sentimos rotas por dentro y solo necesitamos llorar para desahogarnos. No es el primer caso que conozco de una madre que esconde su duelo y su tristeza a sus hijos porque es lo que le han enseñado que tiene que hacer y porque cree que los está protegiendo. Sin embargo, la represión de los sentimientos acaba por pasarle factura y desarrolla un trastorno de ansiedad o un trastorno del estado de ánimo.
Nos incomoda que nuestros hijos nos vean llorando o que sepan que nos sentimos tristes, lo vivimos como si fuera un síntoma de debilidad y no de fortaleza. Y la fortaleza empieza por asumir lo que sentimos y por afrontar la pérdida. Por compartirlo con nuestros hijos, por supuesto, eliminando los detalles o explicaciones escabrosas. No necesita conocer todos los pormenores, es suficiente con que sepa que esa persona tan querida para nosotros ha fallecido y que nos sentiremos tristes y abatidos durante un tiempo.
¿Y si la persona que ha fallecido era importante para nuestros hijos?
El duelo en esta situación se centra en nuestros hijos y en la relación que el pequeño tenía con la persona que se ha marchado para siempre. En ningún caso deberíamos esconderles que ha muerto, tienen derecho a saber lo que ha pasado. Merecen una explicación de por qué abuelo no volverá nunca más, por supuesto evitando detalles que solo aumentarían su dolor y no aportan nada al hecho en sí.
Es importante escoger un momento en que estemos más serenas y que podemos hablar con tranquilidad y sin prisa. Sin ninguna duda va a preguntar y debemos estar preparados para contestar preguntas que nos incomodan. Nuestro papel en este momento es de acompañamiento al duelo, de soporte y apoyo emocional. La reacción de cada niño será probablemente diferente, en algunos casos, la emoción se desbordará y en otros parecerá que el niño no reacciona o se ha quedado bloqueado.
En todo momento nuestro papel será acompañar y validar lo que siente. Algunos niños querrán hablar y otros necesitarán silencio para procesar lo que ha sucedido. Debemos proporcionar ese espacio de comprensión y de apoyo. Si nosotras estamos muy afectadas y nos cuesta muchísimo dar ese acompañamiento porque nos sentimos rotas y desoladas, podemos delegar esta labor en nuestra pareja o en un familiar cercano que se ocupe del niño en esos momentos en los que te sientes superada.
Cómo expresan los niños el duelo
En ningún caso deberíamos minimizar su pérdida o actuar cómo si no pasase nada. Si el niño no reacciona en un primer momento no significa que no le importe. Puede ser que no haya entendido del todo la situación, que esté bloqueado emocionalmente o que necesite tiempo para procesar. No estamos en su cabeza y no sabemos qué le pasa por ella. Si podemos ofrecer nuestro apoyo y reiterarle que estamos aquí para cuando necesite hablar o quiera hacer una pregunta o precise una aclaración.
Debemos entender que el niño tiene todo el derecho a pasar su propio duelo y no podemos imponer una sola forma de afrontamiento como válida. El psiquiatra Murray Bowen lo expresaba muy bien cuando decía: «nunca he visto niños dañados por la exposición a la muerte, lo que sí he visto son niños dañados por la ansiedad de los supervivientes«.
Precisamente por ello es tan importante no presionarlos para que se sientan bien enseguida, ni insistir en que se desahoguen cuando no les apetece o prefieren permanecer en silencio. Debemos respetar su proceso y estar siempre presentes por si nos necesitan.
¿Cómo podemos ayudarles a afrontar el duelo?
Con muchas dosis de comprensión, cariño y amor incondicional. Probablemente reaparezcan miedos del pasado o de pronto manifestará miedos irracionales. Puede que no quiera dormir solo, que de pronto tenga miedo a la oscuridad o que haya un retroceso evolutivo y de pronto vuelvan las pesadillas o que se haga pis en la cama. Es absolutamente normal y no debemos reaccionar cómo si fuese algo patológico. Calma y mucho amor, con el tiempo todo volverá a la normalidad.
Una buena forma de ayudarle es buscar herramientas de afrontamiento que les permita expresar lo que están sintiendo. Si compartimos la pérdida porque la persona fallecida también era una figura importante para nosotras podemos hablar de cómo nos sentimos, hacerle un homenaje juntos o simplemente encender una vela por su alma. Si somos religiosos entonaremos una oración y si no lo somos podemos escribir unas palabras de recuerdo. A continuación voy a dar unas ideas sobre cómo ayudar a nuestros hijos a afrontar el duelo.
Afrontar el duelo a través del dibujo
Otra forma útil de expresar la tristeza es a través de la creatividad. Podemos animar a nuestros hijos a que dibujen sus sentimientos, le hagan un dibujo de despedida, le dibujen a él o el lugar dónde cree que está ahora. También podemos animarles a dibujar sin más, sin una finalidad concreta, es posible que sin una guía surjan emociones o sentimientos que estaban reprimidos. La finalidad del dibujo es que les sirva para conectar con sus sentimientos y, al mismo tiempo, les permita dejar la mente en blanco y concentrarse en una tarea concreta. Esa liberación de los pensamientos facilitará que surjan de una forma espontánea sus emociones.
Una carta de despedida
Podéis escribirle una carta de despedida, puede escribirla el niño en soledad o acompañado por ti si es más pequeño o no quiere hacerlo solo. Es una buena forma de despedirnos de nuestro ser querido si no hemos tenido la oportunidad de hacerlo. En la carta podemos incluir todo aquello que queramos, otro dibujo, un recuerdo, lo que se nos ocurra que pueda conectar con nuestra necesidad de despedida.
Después podemos leerla en voz alta o podemos enviarla al correo. Podemos incluso hacer una pequeña ceremonia en la que la leemos cómo si fuera un funeral improvisado. La finalidad de la carta es despedirnos de nuestro ser querido y expresarle todo lo que sentimos. La carta tiene un gran potencial sanador, ya que tiene la capacidad de reconfortarnos y de reconciliarnos con lo que ha sucedido.
Cuentos para afrontar el duelo
Hoy en día contamos con buen número de cuentos que tienen como tema central el duelo y la pérdida. Por suerte cada vez hay más escritores infantiles que apuestan por dedicar espacio a esta cuestión y centran sus relatos en ello. Sólo citaré alguno de los que podemos encontrar en el mercado editorial y que tienen una temática genérica.
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- Siempre de Ana Galán y Marta Sedano. Indicado para niños a partir de 3 años, aunque si tu hijo es más pequeño también puedes leérselo.
- El árbol de los recuerdos de Brita Teckentrup. Pensado para niños entre 4 y 7 años.
- Vacío de Anna Llenas. Para niños de cinco años en adelante. Los cuentos de esta autora nos gustan muchísimo.
Son solo unos ejemplos, ya que podemos encontrar muchos títulos que en función del tipo de pérdida nos resultarán más adecuados unos que otros. Leerlos en estos momentos nos puede ayudar mucho a que nuestro hijo se abra o a que simplemente se sienta identificado con otros niños que han pasado por una situación similar.
Películas y cortos para afrontar el duelo
Desde un punto de vista audiovisual encontramos también mucho contenido. Buena parte de los textos para niños sobre el duelo están contados en YouTube por cuentacuentos. También hay películas algunas más conocidas que otras que aluden al tema aunque sea de forma parcial.
A modo de ejemplo podemos citar Up, Mi vecino Totoro, Frankenweenie o Coco. Mientras vemos la película podemos aprovechar para hablar sobre el argumento y enlazar con lo que están sintiendo en este momento. También podemos esperar al final y comentarla después con ellos.
¿Y si la situación se prolonga en el tiempo?
Los niños suelen gestionar el duelo mucho más rápido que los adultos, no obstante, a veces, la situación se prolonga más de lo esperado. Nosotros mejor que nadie conocemos a nuestros hijos y sabemos que es normal y que no lo es en ellos.
Si notamos a nuestro hijo irritable, decaído y este estado de ánimo repercute en su vida cotidiana y en su relaciones interpersonales es un buen momento de actuar. También puede suceder que el niño desarrolle un cuadro de ansiedad o le veamos especialmente afectado. En estos casos podemos consultar a un psicólogo especializado en duelo y si él lo considera necesario tratarle para ayudarle a gestionar esta situación. No se trata de ser alarmista sino de prevenir un posible trastorno motivado por la pérdida. Un duelo mal gestionado puede tener repercusiones importantes para el desarrollo emocional de los niños.
Y hasta aquí el post de hoy. ¿Te has enfrentado a una situación de duelo recientemente? ¿Has tenido que hablar de la muerte con tus hijos? ¿Ha sufrido tu hijo una pérdida importante y estáis gestionándolo en este momento? Me encantaría saber cuál es la situación en la que te encuentras y sí este post puede ayudarte a afrontarlo mucho mejor.
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