Cómo llegar a ser una madre resiliente

Cómo llegar a ser una madre resiliente

¿Cómo llegar a ser una madre resiliente? En el post de hoy vamos a tratar de contestar a esta pregunta. La Resiliencia se ha puesto de moda, no obstante, es una herramienta de supervivencia que ha existido siempre.

Mi madre ha sido una mujer resiliente toda su vida aunque ella no sepa el significado de esta palabra ni le importe. Su actitud positiva y su forma de encarar el día han sido un ejemplo constante para mí. Nunca se ha rendido ante las adversidades y siempre ha visto el lado positivo de cada una de las situaciones a las que ha tenido que enfrentarse en su vida.

Sé que su influencia ha sido muy positiva para mí, al igual que otros factores que han determinado que hoy sea una madre resiliente, que cree en sus capacidades y que es capaz de enfrentarse a las dificultades con una sonrisa.

Me he enfrentado a muchas situaciones en mi vida que han puesto a prueba mi Resiliencia y de todas ellas he salido fortalecida, entre ellas un Arnold Chiari de tipo I, mis problemas de fertilidad, mi lucha para no parir por cesárea a mi hijo o mis problemas con la lactancia.

Te animo a leer Yo parí con un Arnold Chiari y Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer. Estos dos post son dos capítulos de mi historia, en ellos la Resiliencia cobra un papel determinante.

¿Cómo llegar a ser una madre resiliente?

La Resiliencia puede hacer mucho por nosotras desde cualquier punto de vista. Seas madre o no, ser resiliente te prepara para encarar los contratiempos con una actitud positiva. Esto nos anima a luchar a buscar soluciones por nosotras mismas en todos los ámbitos de la vida.

Se trata de una virtud universal íntimamente ligada a nuestra supervivencia. En ella encontramos elementos biológicos, psicológicos y sociales. No es un atributo excepcional restringido, cualquier persona puede llegar a ser resiliente si entrena su capacidad de logro, aumenta su autoestima y e inicia un camino hacia la introspección.

Una de las cosas que más me fascinan de la Resiliencia es que nos ofrece la posibilidad de cambiar, de crecer y de evolucionar. Se trata de un instinto de supervivencia que todos tenemos y que nos impulsa a buscar la mejor solución. Por supuesto, la Resiliencia se entrena, implica un proceso de crecimiento personal. Quizás nunca te lo planteaste pero ahora que ya eres madre es el mejor momento para ponerte en marcha.

Es evidente, si queremos tener hijos resilientes tenemos que serlo nosotras primero.

¿Qué es la resiliencia?

El concepto proviene del campo de la física. Puede definirse como la capacidad de algunos metales para chocar con otros sin fracturarse o partirse.

En la década de los 50, hace ya bastante más de medio siglo empezó a estudiarse este concepto aplicado al campo de la psicología. Los padres de la resiliencia son: Michael Rutter a quién le debemos el concepto y a Boris Cyrulnik que con su ensayo Los patitos feos: la resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, sienta las bases de lo que será la Resiliencia.

La Resiliencia se define como la capacidad para superar las dificultades o los obstáculos de la vida sin quedarse anclada en el sufrimiento o en el dolor. La habilidad para salir con éxito de esa vivencia y sentirnos fortalecidas.

Esta definición no implica que no haya dolor, ni sufrimiento al enfrentarnos a una situación desagradable o a un problema de difícil solución. Claro que hay sufrimiento, pero tras una etapa de parálisis o de bloqueo la persona es capaz por sí misma de salir con éxito de esa vivencia y superarla. En ocasiones, por que ha vencido la enfermedad, por ejemplo, un cáncer; en otras porque ha aceptado y se ha reconciliado con aquello que no puede cambiar, la enfermedad crónica, por ejemplo.

Una infancia infeliz no determina el futuro

Los trabajos de Emmy Werner y Ruth Smith, dos psicólogas especializadas en el desarrollo infantil, marcaron un antes y un después en el concepto de la Resiliencia humana. Sus primeras investigaciones empezaron con niños pequeños, analizando su entorno y determinando factores de riesgo que podían predecir su inadaptación en la vida adulta. La gran sorpresa fue que un buen número de estos niños desfavorecidos y en riesgo se convirtieron en adultos perfectamente integrados en la sociedad y con una vida feliz.

Durante mucho tiempo se pensó que estos niños eran excepcionales, que estaban hechos de una pasta especial que los hacia invulnerables a la desgracia. Más tarde, se descubrió que no eran tan excepcionales, sino que habían desarrollado una serie de capacidades normales que les habían protegido del infortunio.

Una de las características que les había protegido era la capacidad de establecer vínculos afectivos con adultos de su entorno. El hecho de sentirse queridos, aunque solo fuese por una persona, fuese un solo progenitor, un cuidador o un profesor había tenido un efecto tan positivo que había contrarrestado el resto de factores negativos.

Estas investigaciones abren una puerta a la esperanza y nos alejan del determinismo. Por duras que sean las circunstancias en las que un niño se cría o sale adelante existe una posibilidad de que pueda desarrollarse de una forma sana. Por complicada que haya sido tu vida de niña, puedes y debes cambiar tu destino.

La fragilidad humana

Cuando más duro es un material más frágil es en realidad ya que es más fácil que se fracture. Cuanto más rígidos sean nuestros esquemas de pensamiento más difícil será para nosotras adaptarnos a una situación o buscar una solución creativa a un problema. La rigidez juega en nuestra contra.

La rigidez nos hace frágiles como a algunos metales y es necesario romper con ese agarrotamiento para encarar la vida de una forma más flexible. Debemos aceptar que el mundo está en constante cambio, al igual que las personas. El cambio es adaptativo y necesario para evolucionar.

Ni podemos quedarnos anclados en el pasado, ni podemos añorar lo que ya no puede volver a ser. Somos seres frágiles en tanto que estamos en este mundo por un tiempo limitado aunque vivamos para una falsa eternidad.

La adversidad es parte de la vida

La adversidad es parte de la vida, aunque en el mundo superfantástico y seguro en el que vivimos traten de convencernos de lo contrario. Los anuncios de coches redundan en la seguridad de conducir una máquina perfecta. No tendría mucho sentido vender el coche junto con las estadísticas de siniestralidad de cada modelo. Más de un comprador convencido cambiaría de opinión.

 Con la maternidad sucede algo muy similar. Esperamos al bebé sonrosado y dormilón que hemos visto cientos de veces. Luego la realidad, es la que es, nuestro bebé es más bien delgado, le cuesta coger peso y no duerme apenas. Adiós bebé del Corte Inglés, Bienvenida al mundo real.

Una madre puérpera alterada por las hormonas del parto debe enfrentarse a retos desconocidos. Entre ellos la demanda las 24 horas del día del bebé, la falta de descanso y el llanto inconsolable de su hijo.

En realidad, somos nosotras las que lloramos porque nos sentimos perdidas y profundamente solas, enfrentadas a una situación que añorábamos pero que en muchos momentos nos supera. Por suerte, esta situación de caos dura unas cuántas semanas hasta que empezamos a amoldarnos a la nueva situación y vamos estableciendo los lazos afectivos con nuestros hijos.

La lactancia es un reto que puede ser más o menos asequible en función de una serie de factores como el tipo de parto, la edad gestacional de nuestro bebé, si somos primerizas o no, etc. Una madre reciente tendrá que poner a prueba toda su Resiliencia para conseguir una lactancia exitosa. Porque en los libros de lactancia que leíste y en las charlas que escuchaste antes de parir nadie hablaba de dificultades y dar el pecho era tan sencillo como prepararse un café.

Conseguir lactar a tu bebé se convierte en un objetivo que será más fácil si tengo entrenada mi capacidad de logro. Yo lo viví en mis propias carnes y fue gracias a mi voluntad y esfuerzo que conseguí dar el pecho a mi hijo. No lo hubiese logrado sino hubiese confiado en mí y no hubiese sido resiliente.

Los lazos afectivos fuertes nos hacen resilientes

Por supuesto, no lo logré sola, si mi pareja no hubiese estado a mi lado no lo hubiese conseguido. Sin personas en mi entorno como mi matrona, mi asesora de lactancia o mis amigas el camino hubiese sido más difícil y es posible que hubiese podido desesperarme en más de un momento.

Las personas resilientes piensan en los demás, los tienen presentes y tratan de ayudarlos en lo que pueden. Por supuesto, esto supone un enorme ejemplo para sus hijos. Mi madre todavía recuerda aquella lavadora que compró con unos ahorros y en la que permitía que  lavasen la ropa todas sus vecinas. Eran otros tiempos, tener una lavadora era entonces todo un lujo. Ninguna podía comprar una lavadora y a mi madre le daba pena verlas lavar a mano todos los días, así que decidió compartir la suya durante años. Este gesto generoso la convirtió en alguien muy querido y valorado en su comunidad.

Las madres resilientes no solo refuerzan sus lazos con las personas de su entorno, lo hacen en especial con sus hijos. En primer lugar, por medio del cariño. Se dejan llevar por su instinto y besan y abrazan a sus hijos todo lo que sea necesario o lo que a ellas les apetezca.

No piensan que el amor daña, sino que apuestan por el amor incondicional sin reservas.

Demostrar el amor es adaptativo

En más de una ocasión me han preguntado si hay algún problema por besar o abrazar a nuestros hijos constantemente. Si no les molestamos con tanto achuchón o demostración cariñosa. Y siempre respondo lo mismo, tu instinto es quien te habla y quien te dice que abraces que beses y que acaricies. ¿Por qué escuchar otras voces distintas a la tuya? ¿Por qué no creer en ti y en lo que sientes?

Somos una especie como millones de años de vida, los instintos siguen siendo muy poderosos, si hemos sobrevivido como especie durante tanto tiempo no será porque dejáramos a nuestros niños llorar, ni porque los dejásemos durante horas en una cuna. De hecho, adaptativamente hubiese sido la opción menos inteligente ya que un depredador podría atacar a nuestro bebé.

No tenemos más que observar a otro mamífero, como se ocupa de sus crías, como no se separa de ellas.  ¿Por qué entonces vemos normal no coger a los niños en brazos? Por supuesto, nuestro bebé no está preparado para entender que ha llegado a un mundo seguro, su respuesta adaptativa es la de alerta y temor cuando su figura de apego no está presente. Mamá es seguridad, ausencia de mamá es angustia. Es simple y adaptativo.

Por eso debemos mantener la conexión emocional  con nuestros pequeños y demostrarles el cariño incondicional. No hay nada que calme más a un bebé que una caricia o que un abrazo. Pero no solo a un bebé también a un niño, a un adolescente o a un adulto. Menospreciamos el valor del cariño y desde luego no hay motor más poderoso para mover nuestra voluntad y obtener alivio y consuelo.

Así que besa y abraza a tus hijos, el amor no malcría. Lo que daña es la indiferencia y la frialdad. Si les demuestras amor incondicional, les hará resilientes.

Escucha a tus hijos

Los lazos afectivos también se refuerzan escuchando y acompañando a nuestros hijos en sus diferentes etapas o procesos vitales. La escucha activa es tan poderosa que hace los problemas parezcan menos graves al verbalizarlos. ¿No te ha pasado a ti alguna vez? Has formulado el problema ante alguien y de pronto das con la solución.

Escuchemos lo que tienen que decirnos y no devaluemos sus palabras porque sean niños. De hecho, los niños son capaces de enfrentarnos directamente con nuestras contradicciones con una inocente pregunta o un simple comentario. Escúchalos hoy y siempre, tienen importantes lecciones que darnos.

Un niño que es escuchado es un niño con autoestima. Siente que es valorado, que su opinión es válida. Esto le hará resiliente, ya que sabe que puede hacerse escuchar.

La autorregulación emocional

También para criar hijos resilientes es importante aprender a regularse emocionalmente. Si nosotras somos capaces de autorregular nuestros sentimientos y ponerles nombre a nuestras emociones es mucho más fácil gestionar situaciones inesperadas o sobrevenidas.

Por supuesto, la autorregulación supone hacer un trabajo personal, implica una introspección, un trabajo de conocernos a nosotras mismas. Este proceso es fundamental para ayudar a nuestros hijos a identificar sus sentimientos y a autorregularse emocionalmente.

Yo te animo a que inicies este camino.  Implica conectar con nuestras emociones y pararnos a reflexionar sobre lo que nos ocurre. En ocasiones, esa conexión será dolorosa ya que nos encontraremos con emociones disfóricas o desagradables que no queremos encarar porque nos dan una visión de nosotras mismas que no nos gusta o simplemente nos duele.

Sin embargo, la autorregulación te ayuda a conocerte a ti misma pero también te va a dar una nueva perspectiva de tus hijos. Cuanto mejor te conozcas a ti misma mejor conocerás a tus hijos. Recuerda que sus padres son su principal modelo y referencia.

Yo te animo a que investigues sobre ti misma, porque te enfadas en determinadas situaciones, porque te ofendes ante determinadas palabras o porque te sientes profundamente triste ante una determinada situación en la que eres una simple espectadora. Pregúntate que teclas estás tocando y descubre dónde te llevan

Crea un entorno cálido

Las personas resilientes son especialistas en crear un clima agradable, en conseguir que estés a gusto en cualquier circunstancia. Una madre resiliente es consciente de que crear un entorno seguro y tranquilo para sus hijos es lo mejor para que crezcan de una forma equilibrada y sana.

Y de hecho, hace todo lo posible porque ese clima favorable sea la norma y no la excepción.

En un entorno tenso en el que constantemente las personas se recriminan cosas o están constantemente a la defensiva se establecen dinámicas tóxicas en las que se grita o se pierden los papeles con facilidad. Por supuesto, que hay momentos de tensión en toda convivencia y en la vida, pero la forma de enfrentarnos a ellos es lo que marca la diferencia entre un entorno armónico y un entorno desestabilizador.

Nuestro modelo de afrontamiento

No planteo un mundo ideal en el que no surgen problemas o adversidades, la vida no es un cuento de princesas de Disney. Lo importante es cómo nos enfrentamos a esas dificultades, esa es la clave.

Una misma situación podemos encararla de diferentes formas: enfrentar la situación directamente y buscar opciones; posponerla hasta nueva orden, lo que suele convertir un problema pequeño en un problema relativamente grande; negarla directamente, lo que toda la vida se ha llamado, tapar el sol con un dedo; o incluso rendirnos ante ella y pensar que no tiene solución.

De todas ellas, solo en el primer caso aplicaríamos la Resiliencia, ya que la persona ha tomado el control de la situación y ha decidido conscientemente buscar alternativas posibles.

La forma en que afrontemos los problemas la aprenderán nuestros hijos de nosotros. Por tanto, cuando resolvemos un problema o afrontamos un contratiempo de forma resiliente estamos haciendo mucho más que todo eso, estamos proporcionándoles una enseñanza sobre la Resiliencia que va más allá de la resolución de un problema.

La actitud positiva y el sentido de humor

¿Cómo quieres que te recuerden tus hijos? Esta es una pregunta que toda madre debe hacerse en algún momento de la vida.

Seguro que no quieres que piense en ti como una persona que estaba constantemente enfadada o que era incapaz de resolver un problema. O que te recuerde como alguien triste o resentido con la vida.

Es un hecho que nos acercamos a las personas que nos transmiten positividad, que sonríen y con las que el trato es agradable y fácil. Por el contrario, nos alejamos de aquellas personas que se quejan constantemente y que siempre están enfadadas.

Tener una actitud positiva nos hace sentirnos más optimistas y nos conecta a los demás. Nos ayuda a establecer unos lazos afectivos sanos y fuertes con nuestros hijos. Está demostrado que las personas más optimistas se valoran mejor así mismas, recuerdan sus logros del pasado y tienen mayor esperanza en el futuro.

Íntimamente ligado a la actitud positiva encontramos el sentido de humor. Se trata de un ingrediente vital para encarar la crianza de nuestros hijos, sobre todo en momentos en los que nos sentimos muy cansadas mental y físicamente.

Disfrutar de un momento inesperado de diversión que nos arranca una sonrisa o una carcajada nos puede ayudar a relajarnos y a sobrellevar una situación delicada. Los niños son muy divertidos y en muchas ocasiones, nos hacen reír con sus ocurrencias o sus comentarios ingeniosos. Son esos ratos los que nos hacen felices y nos reconcilian, a veces, con nuestras contradicciones vitales.

En definitiva, ser una madre resiliente, depende única y exclusivamente de ti, de tu propósito en la vida y de los valores que quieras inculcarles a tus hijos. Podemos no haber nacido con esta capacidad desarrollada, pero tenemos toda una vida para desarrollarla y aprender a ser felices a pesar de los obstáculos.

Me encantaría que me contases si piensas que eres una madre resiliente y si estás dispuesta a ser más resiliente a partir de hoy.

No me gustaría despedirme sin invitarte al I Congreso Virtual Maternidad Feliz-Crianza Respetada, tengo el honor de ser una de las ponentes del evento. Mi charla versará precisamente sobre este tema: la Resiliencia humana: el arte de vencer obstáculos.

Me haría muy feliz que te suscribieses y vieses la clase que he preparado con todo mi cariño. El evento es completamente gratuito y además de mi ponencia encontrarás a otras 14 profesionales que hablarán sobre temas de crianza y maternidad.

Si quieres apuntarte lo puedes hacer a través de este enlace. Espero encontrarte dentro.

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Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.

Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?

 

Desintoxica tu pelo de productos tóxicos

Desintoxica tu pelo de productos tóxicos

Desintoxica tu pelo. Este es el título que he escogido para este post que nace por petición popular. A principios de agosto hice una publicación contando que estaba preparándome unas mascarillas caseras para el pelo en casa. Gran parte de mis seguidoras del blog y de mis redes sociales me preguntaron por ellas. Estaban muy interesadas en saber qué productos utilizaba para el cabello y cómo me lo cuidaba habitualmente. Fue tanto el interés suscitado que me animé a redactar este post sobre mi cuidado capilar y sobre cómo desintoxiqué mi pelo.

Hace ya años que abandoné los productos convencionales para el cabello y es el momento de contar el camino que seguí para volver a tener un cabello sano y libre de tóxicos.

Si has llegado al blog porque te interesa la vida sin tóxicos te recomiendo que le eches un vistazo también a toda la información sobre protectores solares libres de tóxicos que hemos publicado en Mamá y la Tribu, por ejemplo, al post Cómo elegir un protector solar libre de tóxicos.

Ahora sí, vamos con desintoxica tu pelo que es el tema de hoy.

Mi pelo antes del cambio

Mi pelo siempre ha sido muy fino y con tendencia al encrespamiento, pero según fueron pasando los años cada vez era más difícil manejarlo y que luciese bonito. Antes de mi gran cambio mi sensación era de estancamiento, me era muy complicado encontrar un champú que me dejase el pelo aceptable, no digo ni siquiera bien, digo aceptable sin más.

Tengo que remontarme a mi adolescencia para acordarme de que alguna vez había tenido el pelo suave y manejable. Casi no me acordaba de ello, pero rescatando algunas fotos se ve sano y resplandeciente. Paradójicamente por aquel entonces apenas utilizaba productos capilares específicos, ni mascarillas ni acondicionadores.

Según abandoné la adolescencia y me vi inmersa en la edad adulta mi pelo comenzó a deteriorarse aunque apenas fuese consciente de ello. Coincidió con la etapa en la que empecé a comprar productos concretos para el cabello y opté por teñirme el pelo.

Supongo que quien tiene el pelo rizado lo quiere liso y quién lo tiene liso añora un pelo rizado. Y quienes tenemos un pelo intermedio entre ambas opciones deseamos una cosa o la otra. Yo deseaba un pelo liso, aunque mi cabello era hermoso, al igual que deseaba llevar el pelo teñido y con 18 años me teñí el pelo por primera vez.

Soy consciente de que ese fue el inicio de mi pelo intratable aunque como llegué hasta ahí me es difícil de recordar. Si sé que durante años mi pelo se encrespaba con mucha facilidad y cada vez presentaba un aspecto más frágil. Ya siendo adulta dejé de teñirme el pelo y me di cuenta de que me encantaba mi pelo oscuro, que era parte de mí y de mi personalidad.

No sé si abandonar los tintes supuso algún cambio en positivo o no pero yo no lo noté.

Mi experiencia con los champús convencionales

Como os decía mi pelo tenía un aspecto horrible y además se encrespaba todo el tiempo. Yo iba probando un producto convencional tras otro buscando el Santo Grial que le diese a mi cabello un buen aspecto. Usé todo tipo de champús convencionales con casi todas las formulaciones del mercado, para cabello fino, antiencrespamiento, para cabello seco y un largo etcétera.

Por supuesto, en aquel entonces no era una experta en mirar etiquetas. De hecho me importaban bastante poco porque lo único que leía era la información publicitaria contenida en el bote. Me guiaba por la publicidad y me creía lo que la industria me vendía como reclamo.

Si el frasco decía aceite de Jojoba yo ingenuamente creía que el producto tenía ese ingrediente en un porcentaje relevante. Más tarde me daría cuenta que el aceite de JoJoba del champú era tan insignificante como un 1%. Nadie me había explicado que existía un mundo más allá de Garnier, Llongueras o Gliss por citar algunas de las marcas que probé.

Estos champús me funcionaban una temporada pero después mi cabello volvía a presentar un aspecto  descuidado y encrespado. También notaba que se me engrasaba a menudo y tenía que lavarlo con más frecuencia. Por supuesto, probé el champú en seco pensando que era la panacea. Hoy sé que lo aerosoles son muy tóxicos pero por aquel entonces tampoco lo sabía. Nadie me había contado que podía inhalar esas sustancias y que es posible que fueran compuestos persistentes que se quedasen en mi organismo acompañándome durante años.

Con el suavizante y las mascarillas me pasaba lo mismo, después de algunos meses de uso necesitaba cambiar porque el producto no cumplía con mis expectativas. En verano era una auténtica pesadilla sobre todo si iba a la piscina o estaba en una zona de playa. Mi pelo se convertía en una maraña difícil de desentrañar y lucía espantoso a todas horas. Solo lograba controlarlo con los suavizantes líquidos sin aclarado y en cantidades industriales.

También solía utilizar la plancha del pelo o el secador para que se viese más manejable. No era un abuso constante pero solía utilizarlos con bastante asiduidad, sobre todo en verano. Siempre que iba a la peluquería me daban un sinfín de consejos para cuidar mi cabello que siempre consistían en gastar más dinero y en consumir más productos con la esperanza vana de tener un cabello con buen aspecto y sano. No conseguía ninguna de las dos cosas pero seguía cual Sísifo sin plantearme nada más. Resignada a tener un pelo intratable y desde luego, siendo presa fácil del marketing de la cosmética.

El cambio

Siempre he dicho que comprar una panificadora me cambió la vida. Se que suena un poco absurdo y banal pero fue así. Mi primera toma de conciencia fue darme cuenta de que el pan que nos venden se llama pan pero de pan no tiene absolutamente nada. Se trata de un sucedáneo o una mala copia del producto real. Estaba harta del pan de gasolinera y el pan de la única panadería que había en el pueblo donde vivíamos era un pan industrial incomible.

Esa fue mi primera reflexión importante. No quería comer más ese pan. Mi primera decepción fue llegar al supermercado y encontrarme con un montón de productos panificables. ¿Para qué he comprado entonces una panificadora? Me parecía un disparate.

¿Pero esto no era un post sobre cabello? ¿Qué tiene que ver el pan con todo esto? Más de lo que puedas pensar. El pan me llevó a abrir los ojos y a descubrir que existía un mundo más allá de mi propio horizonte. Piensa que me estoy remontando unos 7 años atrás. En los supermercados solo podías encontrar harina convencional de trigo refinado y preparados para panificadora.

Volví a un sitio que no pisaba desde hacía algunos años: el herbolario. Leyendo, preguntando e investigando descubrí que existían otras variedades de trigo como la espelta y el Kamut y otras harinas como la de maíz. Ese fue mi primer acercamiento al mundo ecológico. Comencé a probar diferentes recetas y a dejarme caer cada poco tiempo por el herbolario. No sé tú, pero yo soy una persona curiosa y siempre que iba me daba una vuelta por él y acabé aficionándome a comprar algunos productos en ecológico.

Mi siguiente toma de conciencia fue con respecto a la alimentación. Ya consumíamos de vez en cuando verduras en ecológico como algo excepcional pero queríamos hacer un consumo ecológico a un 100%.

Mi embarazo

Estoy convencida de que mi hijo ha sido y es un maestro de vida para mí en todos los sentidos. Si no fuera madre es muy posible que no me hubiera interesado por estas cuestiones o que mi cambio hubiese sido mucho más tarde. El caso es que me quedé embarazada contra todo pronóstico y  en lista de espera para una fecundación in vitro. A veces la naturaleza obra verdaderos milagros.

Ya consumíamos productos en ecológico pero yo seguía utilizando la misma cosmética inútil de siempre. Un buen día me pregunté que llevaban ese tipo de productos que compraba alegremente y que usaba prácticamente a diario. Y me llevé un terrible sorpresa.

Me di cuenta de que había vivido engañada, de que tenía en mi baño un montón de productos industriales de los que no sabía su procedencia, su composición o sus efectos secundarios. Sin embargo, los utilizaba con total tranquilidad, sin hacerme preguntas.

Cuando empecé a darme cuenta de la gran cantidad de productos químicos a los que nos enfrentamos a diario comprendí que había llegado el momento de prescindir de todos ellos. Y empezar de cero. Tenía una poderosa razón: mi futuro hijo que estaba gestando en aquel momento. Estaba en marcha la operación: desintoxica tu pelo.

Desintoxica tu pelo: primeros pasos

Mi primera acción fue escoger un gel de ducha y un champú ecológicos que prescindiesen de los parabenos y los PEG. Luego, mis esfuerzos se dirigieron a tratar de desintoxicar mi cabello de aquel cóctel de productos que llevaba poniendo en mi pelo desde hacía años.

Y entonces me topé con páginas en las que se hablaba abiertamente de no lavarse el pelo durante meses y años. Lo primero que pensé es que era una idea peregrina e inviable. ¿Cómo no te vas a lavar el pelo?

Antes de proseguir, me gustaría que reflexionásemos un momento. ¿qué entendemos por lavar el pelo? ¿Lavarlo con champú? ¿Limpiarlo solo con agua? Hasta entonces solo concebía lavarme el pelo con champú, mi imaginación no daba más de sí. Entonces comprendí que hay un mundo más allá.

En mi ignorancia y en mi ceguera pensaba que los productos para el cabello no solo eran una elección sino que era imprescindibles. Seguí leyendo e  investigando sin ponerme en marcha y mi embarazo llegó a su fin en forma de inducción. Ya con mi bebé en brazos volví a planteármelo y esta vez decidí que sí, que lo iba a hacer.

Era principio de verano, estaba de permiso por maternidad y reducir mi tiempo bajo la ducha era una buena idea teniendo en cuenta que tenía un bebé prematuro y estaba relactando a mi bebé.

¿Cómo me lavaba el pelo?

De todo lo que había leído me decanté por la opción más radical. Usar dos productos de uso cotidiano, fácil de conseguir en cualquier supermercado y baratos: el bicarbonato de sodio y el vinagre de manzana. Había quién utilizaba uno solo, quién utilizaba los dos y quién los combinaba con otros productos naturales.

Adquirí dos botellas de plástico de las que se suele utilizar para rellenar de mayonesa o Ketchup. Las típicas que tienen un pitorro más estrecho. En la primera botella echaba un par de cucharadas de bicarbonato que disolvía en el agua y luego llenaba la botella hasta arriba.

En la segunda botella echaba un chorro de vinagre de manzana y rellenaba de agua hasta arriba. Podemos decir que la primera botella la del bicarbonato simulaba al champú y la segunda botella, el vinagre de manzana, al acondicionador.

En la ducha me mojaba el cabello y a continuación me iba echando por el cuero cabelludo el bicarbonato de sodio e iba masajeando como si estuviera lavando el pelo. Luego, aclaraba con agua tibia para que el bicarbonato se disolviese totalmente.

Con el vinagre de manzana el procedimiento era similar, solo que antes del aclarado aprovechaba para lavarme el cuerpo y luego me aclaraba del todo. Empecé lavándome el pelo cada dos o tres día pero a los meses espacie los lavados porque el pelo se veía limpio, sin engrasamiento, suelto y brillante. Hacía años que no lo tenía así.

¿Por  qué Bicarbonato de sodio y Vinagre de manzana?

Tengo que decir que ambos productos los utilizo hoy en día casi a diario para diferentes usos pero por aquel entonces no se me hubiera ocurrido que sirvieran para algo más que para uso culinario. El bicarbonato de sodio es un compuesto que se extrae de la tierra en forma de mineral que tras un proceso de refinamiento se convierte en el polvo blanco que todos conocemos. Tiene importantes beneficios y ningún riesgo para la salud.

El bicarbonato de sodio es un potente antibacteriano que limpia en profundidad, en principio debería ser este el objetivo al utilizar cualquier jabón o champú. Su capacidad de limpieza lo convierte en perfecto para eliminar el exceso de productos químicos por lo que es una excelente elección para una desintoxicación profunda.

No deja ningún olor, algo que yo personalmente agradezco enormemente porque me molestan muchísimo los olores fuertes. Acaba con el exceso de grasa en el pelo, lo afirmo con conocimiento de causa, ya que lo he experimentado, mi pelo no ha vuelto a engrasarse.

Con respecto al vinagre de manzana también tiene interesantes beneficios. Ayuda a equilibrar el PH del cabello, lo que lo convierte en un excelente aliado del bicarbonato que tiende a ser alcalino. Evita que las puntas se abran y puedo dar fe de ello.

Para mí su principal beneficio es que funciona como el mejor de los acondicionadores: ayuda a mi pelo a desenredarse y lo deja brillante y sedoso. No lo he comentado antes pero mi pelo tenía mucha tendencia a enredarse conforme mi melena iba creciendo. No he vuelto a tener este problema. Y desde luego, nunca he tenido el pelo más bonito y brillante.

El resultado

Más de una persona pensará que debía parecer una ensalada andante pero no fue así. La mezcla no dejaba ningún olor y para mi sorpresa mi cabello se veía limpio. Durante las primeras semanas, que fue el tiempo que mi pelo tardó aproximadamente en desintoxicarse de las siliconas y de los productos químicos a los que lo había sometido, mi pelo lucía algo fosco y poco manejable. No obstante, no lo tenía peor de lo que lo que había tenido usando productos convencionales y para mi sorpresa el pelo se veía muy brillante, algo que ya apenas recordaba.

Desde mi experiencia y partiendo de un pelo fino, seco y encrespado tras un período en el que mi pelo era difícil de manejar, no más difícil que en la etapa previa, llegó un momento en que mi pelo recuperó la salud y volvió a ser el que un día fue.

Se volvió manejable por lo que ya no era necesario usar ni secador ni plancha para el pelo. Por supuesto, no es liso pero es que mi pelo no lo era originalmente. Puedo peinarme sin necesidad de echarme nada químico en el pelo y para mi satisfacción ya no se me enreda el pelo como antes. Claro que tengo algún enredo de de vez en cuando pero puedo peinarlo fácilmente sin necesidad de echarme un producto en el pelo y dejarlo actuar.

Mi pelo se ve radiante y brilla como nunca antes lo había hecho.

¿Sigues sin lavarte el pelo?

No, pero con matices.

Estuve lavando mi pelo solo con bicarbonato y vinagre de manzana aproximadamente un año. Un buen día me animé a echar un vistazo al mercado de los champús ecológicos. Ya sabiendo leer etiquetas y discriminando los ingredientes tóxicos de los que no lo son. Al final opté por un champú con miel y cerveza para cabello fino con una formulación muy limpia y con muy pocos ingredientes.  Este champú es el que  llevo utilizando desde entonces. No obstante, últimamente estoy probando el jabón sólido con el objetivo de minimizar mi consumo de plástico. Pero de esto ya os hablaré con más calma en otro post.

Con respecto al suavizante lo he eliminado de mi vida por completo. Con el vinagre de manzana no es necesario utilizarlo. No he probado nada que me deje mejor el cabello, así que para que cambiar algo que me funciona a la perfección. 

Suelo lavarme una vez al mes el pelo con bicarbonato de sodio para eliminar impurezas y realizar una limpieza profunda. Si es verano y estoy en la playa o en la piscina suelo sustituir algún lavado más para evitar que el pelo sufra. Habitualmente me lavo el pelo cada 3 o 4 días pero en verano podemos estar haciéndolo a diario y esa práctica no es nada beneficiosa para el cabello. Sin embargo, el bicarbonato de sodio limpia las impurezas del mar o los productos químicos de las piscinas y es absolutamente inocuo.

Consejos si decides desintoxicar tu pelo

Te voy a dar algunos consejos si algún día te animas a desintoxicar tu pelo de productos químicos. Sea por la razón que sea te aseguro que tu cabello te lo va a agradecer seguro.

No esperes resultados milagrosos inmediatamente o en cuestión de días, cada pelo es un mundo y el grado de intoxicación o exposición a sustancias químicas es diferente en cada persona. El pelo tiene que eliminar todos esos productos indeseables y debe adaptarse a la nueva situación, concedámosle el tiempo que necesite.

Online puedes encontrar información que afirma que se puede desintoxicar el pelo de parabenos y demás sustancias químicas con un solo lavado con bicarbonato. No es cierto, no hay nada que limpie los tóxicos del pelo o de nuestro cuerpo con esa rapidez. Se trata de un proceso que lleva tiempo. Así que si te animas a llevarlo a cabo mentalízate de estar una temporada lavándote el pelo solo con estos dos ingredientes.

Tu tipo de pelo también es relevante, según como sea; fino, grueso o con tendencia a engrasarse, tu período de desintoxicación será más largo o más corto. Recuerda que no hablamos de matemáticas.

Las cantidades de bicarbonato de sodio y de vinagre de manzana que yo expongo en este post son orientativas. Saber si necesitas una cucharada de bicarbonato de sodio, dos o tres depende de tu pelo y deberás ir probando hasta dar con la cantidad adecuada para tu cabello. Con respecto al vinagre de manzana no suele dejar ningún olor pero también puedes jugar con las cantidades y ajustarlas a tus necesidades.

Otra opción un poco menos radical es al menos un día a la semana lavar el cabello con bicarbonato de sodio y vinagre de manzana. No es una desintoxicación radical pero al menos te aseguras de una limpieza profunda sin tóxicos una vez a la semana.

En próximos post te desvelaré cual es mi rutina actual para cuidar mi cabello y cuáles son las mascarillas naturales que suelo utilizar habitualmente. Espero que este post te haya sido muy útil y haya resuelto todas tus dudas. No obstante, si lo necesitas deja un comentario en el post.

Antes de irme me gustaría contarte que iniciamos un Reto para desintoxicar el cabello el próximo 24 de septiembre. El Reto, Desintoxica tu pelo en 30 días, se va a desarrollar en mi grupo de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles. Te adelanto que nos lo vamos a pasar de miedo y además vamos a eliminar los productos tóxicos de nuestro cabello. Si quieres apuntarte pide paso al grupo. ¿Te unes a nosotras?

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Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.

Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?

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