Mi aborto bioquímico: el hijo que no nacerá

Mi aborto bioquímico: el hijo que no nacerá

Mi aborto bioquímico: el hijo que no nacerá, es el titulo que he escogido para este post que es uno de los más personales que he escrito últimamente. Me ha llevado meses estar preparada para contarlo, hay vivencias que es necesario que reposen con el tiempo. Mi objetivo es compartir mi experiencia, pero también ofrecer información que sea útil y valiosa.

Hoy hablaremos del aborto bioquímico, de sus causas y del duelo que supone asumir que no serás madre de nuevo, al menos no dentro de unos meses. ¿Qué vas a encontrar en esta entrada? Mi experiencia personal e información sobre la cuestión. No obstante, tienes el índice para guiarte por el post y que te sea más fácil la lectura.

La muerte gestacional

El pasado 15 de octubre fue el Día internacional de la muerte gestacional, ese enorme abanico que abarca desde la pérdida en las primeras semanas de embarazo hasta los primeros días de vida de un bebé. La efeméride tiene como objetivo visibilizar un tema sobre el que existe un gran tabú y un gran silencio. Se trata de la gran olvidada dentro de la salud obstetricia.

Es importante que haya un día que nos recuerde que hubo unos niños que no nacieron por la biología, las circunstancias ambientales o lo que fuera que hizo que no llegasen a nacer, ni siquiera a crecer más allá de unas pocas semanas. Para los padres que los esperaban si existieron, existirán siempre.

Cuando se produce un aborto, sea bioquímico o sea en un momento más avanzado del embarazo, la situación se envuelve en un enorme silencio que puede llegar a ahogar a la mujer que ha sufrido la perdida. Algunas personas del entorno obvian lo que ha sucedido y otras simplemente tratan de consolar con comentarios poco afortunados restando importancia al hecho. No consuela que te digan que eran solo unas células o que tendrás mas hijos porque un hijo jamás sustituye a otro. Estos comentarios nada empáticos suelen hacer más profundo tu dolor.

Pocas veces se habla abiertamente y de forma respetuosa de la pérdida gestacional. Nadie quiere tratar este tema porque resulta muy doloroso, así que es mejor echar un montón de tierra encima a ver si con suerte se olvida o fingir que no pasó, que nunca existió ese embarazo y que no existe ninguna perdida que lamentar. La pérdida gestacional implica siempre sufrimiento, en todas las circunstancias. Así que debemos tenerlo en cuenta cuando alguien de nuestro entorno pasa por esta situación.

Y ahora sí, voy a contaros mi vivencia con el objetivo de que mi testimonio te ayude si te ves en esta misma situación o si tienes alguna mujer cercana en tu entorno que esté pasando por lo mismo.

Mi aborto bioquímico

Si sigues este blog con regularidad, sabrás que en marzo me fui de viaje fin de curso con mis alumnos a Lanzarote.  En el post Cómo mantener la lactancia si tienes que viajar por trabajo, ya lo contaba. Lo que no narré en ese post es que cuando me fui a las Islas Canarias ya estaba embarazada de pocas semanas, aunque lo desconocía.

Fue al volver a Madrid y contar los días desde mi anterior período que me di cuenta de que mi retraso era más largo de lo que pensaba. Y yo me notaba también extraña, intuía que podía estar embarazada de nuevo.

Estábamos embarazados

Hicimos la prueba a principios de semana santa, entre temerosos por llevarnos una nueva decepción y esperanzados por si esta vez resultaba ser un positivo. Para poneros en situación tengo que aclararos que llevamos buscando un embarazo desde hace ya más de año y medio. En ese tiempo nos habíamos hecho alguna que otra prueba cuando había tenido un retraso largo y todas hasta este momento habían dado negativo.

La prueba no dejaba lugar a dudas, era un positivo clarísimo. ¡Estábamos embarazadísimo! Según mis cálculos de aproximadamente 5-6 semanas.

No podíamos sentirnos más contentos y felices. Durante esos días no dejamos de sonreír y de planear el futuro. Tomé cita con mi ginecóloga, con la matrona, pensamos cómo nos íbamos a organizar en casa cuando llegase el peque, contamos las semanas y calculamos la fecha probable de parto. La maquinaria se puso en marcha sin apenas darnos cuenta. Nosotros estábamos preparados para recibir a un nuevo miembro en la familia y se había iniciado la cuenta atrás.

La ilusión se desvanece

Sin embargo, no siempre los embarazos llegan a buen puerto. Las estadísticas así lo dicen, aunque no consuela formar parte de una estadística. Nuestra felicidad se desvaneció como un espejismo y la alegría nos duró aproximadamente una semana. Lo vivimos con intensidad, con optimismo y con los cinco sentidos. Al menos durante unos días construimos un futuro en el que éramos cuatro.

Un par de días antes de tener la hemorragia note que manchaba un poco rosa, una pizca casi imperceptible y nada reseñable. Con el Vikingo, me había pasado algo parecido pero previo al momento en que tenía que bajarme el período. En este caso, la mini-mancha aparecía en un momento en el que ya no tiene sentido pensar en un sangrado de implantación.

La visita al hospital

 Estuve mosqueada un par de días, pero no parecía que la cosa avanzase, aunque la leve manchita no desaparecía. No obstante, el lunes, me levanté sangrando. En un principio parecía un pequeño sangrado, pero según fueron pasando las horas fui notando que aumentaba poco a poco. Me asusté, porque sabía lo que significaba.

Ese día era nuestro último día de vacaciones antes de volver al trabajo y teníamos planeado hacer una serie de gestiones en Madrid. Le pedí a Papá Idiota que me llevase a urgencias y que se fuese él con el peque a hacer los recados pendientes. Aceptó a regañadientes, pero me dejó en el hospital.

Estuve allí aproximadamente toda la mañana. En consulta me examinaron y me hicieron una ecografía, pero no fueron capaces de ver nada con claridad. No se veía el saco gestacional pero tampoco descartaban que estuviese ahí. Sí me confirmaron lo que ya sabía, que estaba embarazada.

La doctora que me atendió fue bastante cruda: “Estás embarazada, pero es posible que estés dejando de estarlo. Con toda probabilidad estás sufriendo un aborto bioquímico”. No se puede ser más directa.

Me aconsejo reposo absoluto y repetirme la prueba de embarazo una semana después. Por supuesto, no me explicó que era un embarazo bioquímico ni por qué se había producido. En urgencias no hay tiempo para eso, va todo muy rápido. Antes de darme cuenta ya estaba en la calle con mi nudo en el estómago esperando a que Papá Idiota pasase a buscarme.

¿Qué es un aborto bioquímico?

Es la primera pregunta que me hice y la búsqueda que puse en Google mientras esperaba. Durante esos días leí mucho sobre la cuestión para comprender lo que me había sucedido y porqué.

Un aborto bioquímico es un embarazo que termina prematuramente a las 5-6 semanas de gestación. Existe fecundación entre el óvulo y el espermatozoide y su implantación en el útero. La hormona Gonadotropina coriónica humana (HCG) empieza a segregarse en el momento de la implantación y es la responsable del positivo en la prueba de embarazo.

El problema es que a pesar de la implantación en el útero el desarrollo del embrión no prospera y al final es expulsado por el cuerpo. Este tipo de embarazo no suele dejar un registro ecográfico como me sucedió a mí, nunca llegan a verse porque su desarrollo se interrumpe antes. No obstante, eso no significa que no haya existido.

¿Por qué se produce?

Existen muchas razones, pero ninguna de ellas es concluyente. En internet puedes encontrar un gran número de páginas que repiten la misma información. Se supone que sobre estas causas existe un acuerdo y unos porcentajes, pero no son más que eso. En un porcentaje muy alto de los casos no se sabe porque se produjo el aborto bioquímico.

Te enumero algunas de las razones:

  1. El feto sufre alguna alteración del ADN. ¿Posibilidad de ser confirmado con análisis? Ninguna, porque ni siquiera el embrión es detectable en ecografía. Es un buen argumento para consolarnos de una perdida, pero poco más.

 

  1. La alteración genética del óvulo. Esta razón parece más convincente o al menos susceptible de ser probada con un examen de nuestra reserva ovárica. La calidad de los óvulos es fundamental para que el embarazo siga adelante, un óvulo de mala calidad puede contener alguna anomalía cromosómica, afectar al desarrollo del embrión y producir fallos de implantación que acaban en aborto.

 

  1. La alteración genética del espermatozoide. Esto se ha estudiado bastante menos pero cada vez tiene un papel más relevante. Ahora se cree que este tipo de alteraciones pueden provocar embriones con anomalías cromosómicas que al final no se desarrollan y terminan en aborto. Un estudio de la Universidad de Utah en EEUU investigó sobre los abortos espontáneos y llegó a la conclusión de que 1 de cada 5 estaban causados por anomalías genéticas del espermatozoide.

 

  1. El útero de la madre presenta alguna anomalía. Si es tu caso probablemente lo sepas desde hace tiempo porque se detecta en pruebas diagnósticas como la ecografía o la resonancia magnética.

 

  1. Alteraciones hormonales. Las alteraciones tiroideas son las más habituales. El hipotiroidismo encabeza el ranking de patologías susceptibles de provocar un aborto. La diabetes no controlada o diagnosticada también puede elevar las posibilidades de sufrir un aborto bioquímico. Otras patologías hormonales susceptibles de afectar al embarazo son la resistencia a la insulina y la insuficiencia de la fase lútea que está relacionada con el déficit de progesterona.

 

  1. El estilo de vida de la madre. Esta razón es como un cajón desastre en donde cabe absolutamente todo. Desde lo más básico como consumir o no café, causas relacionadas con el abuso de sustancias como el alcohol o el tabaco, hasta el estrés crónico.

 

  1. Causas ambientales. No están confirmadas porque no hay estudios epidemiológicos que analicen si la contaminación ambiental y la exposición a productos tóxicos están directamente relacionadas con el aborto bioquímico. No obstante, me parecía necesario incluirlas entre las causas ya que la comunidad científica empieza a alertar de los peligros de la infertilidad femenina y masculina por exposición a sustancias tóxicas como los disruptores endocrinos o los ftalatos.

La espera

Volvimos a casa abatidos, aunque con una mínima esperanza de que el embarazo siguiese adelante. Según fueron pasando las horas mi sangrado fue aumentando y yo me fui sintiendo peor física y anímicamente. Estuve sangrando aproximadamente una semana, creía que no acabaría nunca. Mi sangrado fue bastante abundante teniendo en cuenta que mis reglas son ligeras y suelen durarme entre 3 o 4 días. Además notaba mucho malestar en la parte baja del abdomen.

En el centro de salud me dieron la baja médica y me hicieron un nuevo test de orina que reveló que aún había presencia de hormona Gonadotropina coriónica humana (HCG), aunque ya debilitándose. A la semana repetimos la prueba de embarazo y salió negativa, lo que suponíamos.

En aquellos días que tuve que quedarme en casa en reposo pensé mucho en lo que me estaba sucediendo y el porqué. Observé y escuché a mi cuerpo y supe que estaba sufriendo un aborto.

Medité casi todos los días porque lo que más necesitaba en ese momento era fluir con lo que me estaba sucediendo y aceptarlo tal y como había llegado. No era el final que esperábamos, apenas era un principio, pero no servía de nada luchar contra ello o negar lo que era evidente.

¿Cómo me sentía?

Muy triste y decepcionada. Nos había costado más de un año quedarnos embarazados y teníamos que empezar otra vez de cero. Haberlo conseguido y haberlo perdido nos dejó hechos polvo. Supongo que habrá quién pensará que apenas estuvimos embarazados una semana que es muy poco tiempo para sufrir o para encariñarse con el truncado bebé. Siempre hay alguien que se permite el lujo de opinar gratuitamente.

Desde un punto de vista racional una puede interpretarlo así, al fin y al cabo, solo fue una semana. Desde el punto de vista emocional la cosa cambia. Es tu sentimiento y en esa montaña rusa de emociones hay mucho más que un embarazo de 6 semanas: hay ilusiones, expectativas, esperanzas, deseos…

Esto se muere al menos un poquito con ese bebé que ya no nacerá. Estuve durante muchas semanas muy triste, con una energía vital muy bajita. No podía evitar sentirme abatida y pensar que posiblemente fuese la última oportunidad de ser madre de nuevo.

Oigo de nuevo la voz de los opinólogos diciendo: “No, mujer. No seas catastrofista”. No, soy realista que no es lo mismo.

Mis problemas de fertilidad

Mi perspectiva se ensombrece cuando pienso en las pocas probabilidades de embarazo que tengo. En uno de los primeros post que escribí, No podrás tener hijos de forma natural, hablaba precisamente de mis problemas de fertilidad. Tengo baja reserva ovárica, así que la probabilidad de quedarme embarazada de forma natural es más bien escasa.

Acabo de cumplir 40 años. Si mi fertilidad con 35 años estaba mermada no me quiero imaginar cómo estará cinco años después. Sé que las perspectivas de ser madre de nuevo son cada vez más lejanas. Me entristece pensarlo, no obstante, no me rindo ni tiro la toalla. De hecho, mi ginecóloga aún no lo ha hecho.

Unas semanas después de mi aborto acudí a consulta con mi ginecóloga, esa primera cita que iba a ser sobre el embarazo sirvió para revisar que todo estaba en orden. Lo había expulsado todo y mi útero estaba limpio, incluso estaba volviendo a ovular, lo que era una gran noticia. Aunque mi ginecóloga sabe que tengo todos estos problemas, (me conoce desde hace muchos años) se mostró optimista. Ella me dijo algo a lo que me he agarrado todos estos meses y que mantiene nuestra esperanza: “Si has podido quedarte embarazada esta vez, es que puedes quedarte embarazada de nuevo aunque tu reserva ovárica esté mermada”.

Abortos de repetición

Otra cuestión que tratamos en la consulta es que posiblemente este no sea el único aborto bioquímico que haya sufrido. Le comenté que tenía esa sospecha desde hace tiempo porque ese tipo de sangrado, ya lo he experimentado antes. La diferencia es que el retraso había sido de unos pocos días y no me había realizado una prueba de embarazo que confirmase ese supuesto.

El aborto bioquímico puede confundirse a veces con un retraso en la menstruación. Cuando sufres un aborto la sangre es muy abundante y tiene un color rojo brillante que en nada se parece al de la menstruación habitual. Esa fue la razón de mis sospechas, ese sangrado diferente que he notado otras veces tras un retraso.

¿Se puede repetir el aborto en un futuro?

Sí, por desgracia. Este pasado mes de septiembre volví a tener un retraso de unos días y cuando bajo la regla tenía ese color rojo brillante característico y me duro como unos seis días. No lo he corroborado con una prueba de embarazo, pero viendo el sangrado no necesito más confirmación.

Tengo 40 años y eso significa que mi probabilidad de aborto se ha intensificado. Yo me siento joven y mejor que nunca. No obstante, mi reserva ovárica está disminuida y mi edad juega en mi contra. Soy parte de la estadística que indica que más de la tercera parte de mis embarazos acabarán en aborto. La probabilidad de aborto en mujeres de más de 40 años oscila entre un 51-75%, así que en este camino es posible que  si vuelvo a quedarme embarazada de nuevo sufra un aborto.

Mi decisión

Mi ginecóloga me ofreció la posibilidad de hacer un estudio de fertilidad y confirmar mis sospechas. También me sugirió que volviésemos a plantearnos pasar por una clínica de fertilidad e intentar una Fecundación In Vitro (FIV). Sin embargo, por el momento he decidido dejar el tema en suspenso y no forzar un embarazo. 

Por supuesto, esta es mi decisión personal que no tiene porque ser tu decisión. Se trata de un tema muy personal que cada una de nosotras vive de una forma diferente. Yo he decidido no someterme a una FIV para tener otro hijo porque personalmente no me compensa pasar por el proceso.

No quiero que mi vida gire en torno a un nuevo embarazo, me volvería loca si fuese así. No quiero obsesionarme con el tema y perder un tiempo precioso para disfrutar de mi familia. Una de las cosas que la vida me ha enseñado es que hay que fluir con nuestros pensamientos, con nuestros sentimientos y con nuestro ser, es la única forma de alcanzar el equilibrio.

Me encantaría tener otro hijo, por supuesto. Seguiremos intentándolo un tiempo, también. Pero no voy a dedicarle más tiempo y energías a comerme la cabeza con el futuro. Si tenemos otro hijo estupendo y si no lo tenemos también.

Deseaba ser madre y lo he sido. Ya conseguí mi propósito, es mucho más de lo que muchas parejas consiguen. Todo lo que venga a partir de entonces es un regalo, pero no es imprescindible para nosotros.  He decidido no sufrir por el hijo que no tengo o que no sé si llegará y he decidido invertir mi tiempo y mi energía en algo mucho más tangible y real, el hijo que sí tengo y que me necesita al 100% por y para él.

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Ingredientes a evitar en tu champú, acondicionador o mascarilla

Ingredientes a evitar en tu champú, acondicionador o mascarilla

Hoy ingredientes a evitar en tu champú, en tu acondicionador o en tu mascarilla. En este post nos vamos a centrar en aquellos ingredientes que deberíamos conocer para poder huir de ellos cuando adquirimos un cosmético para nuestro cabello. Recomendación extensible a cualquier producto de cosmética que pensemos adquirir o que tengamos en nuestro armario del baño.

En anteriores entradas de Rosa Martínez Marán os he contado como desintoxique mi pelo de productos tóxicos y cuál es mi rutina capilar libre de tóxicos, si no has podido leer estos post te animo a ello porque encontrarás mucha información útil.  Para llegar a ello he investigado mucho sobre los tóxicos en cosmética y he realizado un listado de ingredientes a evitar en el champú que hoy comparto contigo

Una oferta ilimitada para una misma fórmula

Si nos damos una vuelta por cualquier supermercado encontraremos champús para casi cualquier cosa: anticaspa, anticaída, antiencrespamiento, para pelo graso, para pelo fino, liso asiático, con proteínas de la seda (todavía me pregunto para qué), con keratina, para cabello quebradizo y un largo etcétera. Existen tantos tipos de pelo como productos susceptibles de ser vendidos.

Sobre nuestras cabezas planea como una sombra funesta la imagen en blanco y negro del pelo indomable, inmanejable e intratable, cualquiera diría que hablamos de pelo y no de un delincuente muy peligroso escapado de una cárcel de máxima seguridad.

Si visionamos un anuncio sobre champú en televisión o en una revista encontramos un común denominador: muchas promesas adornadas con imágenes en color sugerentes e idealizadas sobre lo que debe ser un cabello bonito o sano. Esos cabellos lisos, sueltos y tan brillantes como el sol.

Ese pelo sano que nos han hecho creer que se puede conseguir una y exclusivamente con los productos que nos vende la industria de la cosmética convencional. Por supuesto, estos vendedores de promesas no te van a hablar del INCI, ni de los efectos secundarios que tienen algunos de los productos que podemos adquirir a un módico precio.

En realidad, estos productos tan diferentes entre sí comparten más de lo que parece a simple vista. Aunque da la impresión de que hemos adquirido un producto exclusivo o con ingredientes novedosos la formulación es la misma de un bote a otro, o lo que es lo mismo, se repiten los mismos ingredientes tóxicos de una fórmula a la otra: derivados del petróleo, PEGS, parabenos, etc.

¿Cuál es tu grado de confianza en la industria de la cosmética?

La primera pregunta que deberíamos hacernos es si nos creemos las promesas de la industria. ¿Es verdad todo lo que nos venden? ¿Puede un champú detener el envejecimiento? ¿Evitar las canas? ¿Puede dejarme el pelo liso como en una tabla?

¿Creéis que es verdad todo lo que prometen por unos pocos euros? ¿Cumplen todo lo que prometen y sin efectos secundarios para la salud a medio-largo plazo?

Sí crees que puedes confiar en la industria, sin duda este no es tu post. No obstante, te animo a seguir leyendo porque es posible que el post te ayude a abrir los ojos o al menos te sirva para cuestionarte la realidad. Yo no estoy aquí para convencerte de nada, simplemente te expongo mi punto de vista basado en toda la información que he recogido y sobre la que he investigado desde hace años.

El secreto profesional y otras contradicciones

Este post es fruto de las reflexiones que me hicieron abandonar la cosmética convencional y cuestionar o investigar sobre la cosmética ecológica certificada porque no todo lo que nos venden es tal y como nos prometen a simple vista.

Una de las cuestiones que más me escandalizan es cómo es posible que cierta información sobre la composición de algunos productos no sea pública, que las marcas no estén obligadas a exponerla públicamente en la etiqueta.

La industria se esconde detrás del secreto profesional y dentro de ese secreto impenetrable los consumidores quedamos desamparados y sin información suficiente para poder elegir con libertad. Por ejemplo, un producto puede ser libre de Bisfenol A pero que el plástico en que se envasa el producto quede en tierra de nadie y sea imposible determinar si ese compuesto está o no en el producto final.

Hace años que dejé de confiar en la industria convencional y dejé de creerme todo lo que afirmaban las marcas ecológicas certificadas. Próximamente hablaremos de los sellos y certificadoras y de los ingredientes que se pueden utilizar o no. Desde luego si tengo que elegir entre un champú convencional y uno de certificación ecológica escogeré sin ninguna duda el segundo. Sin embargo, revisaré a conciencia el INCI porque que sea certificado y ecológico no significa que no me puedan colar una sustancia tóxica.

En mi camino de desintoxicación me encontré con muchas mentiras y con mucha letra pequeña que la mayoría de nosotros desconocemos cuando alegremente compramos el champú de oferta que vende el supermercado.

Deberíamos ejercitar nuestro espíritu crítico. Eso nos hará más conscientes y más libres para elegir lo que nos conviene o lo que no. Como consumidores debemos tomar consciencia y exigir a los fabricantes que no utilicen determinados compuestos sobre los que se tienen fundadas sospechas de que son cancerígenos, disruptores endocrinos o ambas cosas a la vez.

¿Por dónde entran los tóxicos?

Los tóxicos a los que nos vemos expuestos diariamente penetran en nuestro cuerpo por tres vías: por inhalación, es decir, los respiramos porque están en el ambiente; por ingesta, ya que los podemos encontrar en los productos alimentarios que consumimos como unas simples galletas o una lata de atún; por vía cutánea, es decir, por la piel, a través de los productos cosméticos que utilizamos diariamente para nuestra higiene personal.

Puesto que el post tiene como tema evitar los tóxicos en tu champú o producto por el cabello nos vamos a centrar solo en la vía cutánea. Una buena parte los ingredientes tóxicos que entran en nuestro cuerpo lo hacen a través de la piel. Durante mucho tiempo se ha creído que todo las sustancias químicas o la mayoría de ellas eran expulsadas a través del hígado.

Por supuesto que el hígado es un órgano que hace una labor imprescindible y necesaria, pero estamos expuestos a más de 100.000 sustancias aprobadas solo en Europa, lo que viene a significar que nuestro hígado, aunque funcione a pleno rendimiento y goce de una maravillosa salud no puede procesar todas esas sustancias y expulsarlas de nuestro cuerpo.

Muchas de las sustancias que podemos encontrar en un champú convencional son sustancias bioacumulativas y persistentes que tienden a perpetuarse en nuestro tejido graso. Más grasa más posibilidades de acumular tóxicos en nuestro cuerpo. Gran parte de estas sustancias son Disruptores Endocrinos de los que hablaremos a continuación.

¿Qué son los Disruptores Endocrinos?

El tema daría para más de un post, pero voy a tratar de ser breve. Para empezar los podemos encontrar nombrados como Disruptores Endocrinos y como Perturbadores Endocrinos. Estoy plenamente segura de que en los últimos meses has oído hablar de ellos en los medios de comunicación o en alguna revista. Cada vez existe más preocupación sobre los efectos nocivos que causan sobre la salud de las personas y de los animales.

El doctor Nicolás Olea Serrano Catedrático de la Universidad de Granada y una eminencia en el campo y estudio de los Disruptores Endocrinos los define así: sustancias químicas, de contaminantes ambientales, generalmente hechas por el hombre y la industria del hombre y que una vez dentro del organismo modifican el equilibrio de las hormonas.

El peligro de los Disruptores Endocrinos viene determinado por su interferencia en el sistema hormonal. En ocasiones bloquean la actividad de una u otra hormona, es decir, se comportan como esa hormona y el cuerpo no es capaz de distinguir entre la hormona real y la sustancia química que funciona como tal.

Tienen la capacidad de alterar el sistema hormonal ya sea porque disminuyen el efecto de una hormona, lo aumentan o simplemente la sustituyen. Mandan mensajes confusos al organismo y producen alteraciones que pueden ser muy graves: infertilidad, cáncer, trastornos del metabolismo, alteraciones y enfermedades neurológicas, entre otras patologías.

Ingredientes a evitar en tu champú

Esta es la pregunta del millón porque existen un gran número de ingredientes que deberíamos rechazar de plano cuando adquirimos un champú, un acondicionador o una mascarilla. En cualquier caso, vamos a poner el foco en aquellos ingredientes de los que se sabe o se sospecha de forma fundada que son cancerígenos y Disruptores Endocrinos. Se trata de productos sobre los que existe mucha bibliografía e información veraz y contrastada de sus efectos nocivos para la salud. No obstante, por razones de espacio me es imposible hacer referencia a los estudios publicados pero si alguien necesita ampliar información que me mande un correo.

La lista puede ser muy larga y en poco tiempo es probable que podemos añadir alguno más porque cada día se descubre el efecto perjudicial de alguna sustancia que hasta este momento se consideraba inofensiva. No obstante, nos vamos a centrar en 5 grupos de sustancias: los Parabenos, los Ftalatos, los PEGS, la DEA y sus derivados y el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) y el Sodium Laureth Sulfate (SLES).

1.- Los Parabenos

Vamos a empezar por un ingrediente básico utilizado en muchos cosméticos: los Parabenos. Se cree que puedan estar todavía presentes en más de 13.000 productos de cosmética.

Hay mucha información en contra de los parabenos, sin embargo, la industria sigue recurriendo a ellos. Algunas marcas voluntariamente los están eliminado de sus productos y lo ponen en toda etiqueta viviente. El free paraben se ha convertido desde hace poco en un reclamo publicitario.

Los Parabenos son conservantes con carácter antibiótico, su función es evitar la proliferación de hongos, levaduras o microorganismos. Evitan los microbios y alargan el período de vida de un determinado producto.

¿Cuál es el problema de los Parabenos?

Pues que son Disruptores Endocrinos. Podemos encontrar muchos estudios que los relacionan directamente con el cáncer. Existe amplia bibliografía e investigación que confirma la presencia de Parabenos en tumores de mama en mujeres expuestas a dosis normales de Parabenos en su vida diaria.

A modo de ejemplo, voy a citar un estudio del CSIC(Consejos Superior de Investigaciones Científicas) realizado en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona en 2015. Los resultados de la investigación eran escalofriantes, ya que demostraban que en las mujeres embarazadas que habían participado en el estudio habían bioacumulado los Parabenos en su cuerpo y se los habían transmitido a través de la placenta a sus hijos.

¿Cómo podemos reconocer los parabenos?

Estas sustancias químicas las podemos reconocer muy fácilmente ya que suelen acabar en Paraben. Las nombres más utilizados son los siguientes:

– Metilparaben- methylparaben

– propilparaben-propylparaben

– Butilparaben-butylparaben

 – Etilparaben-ethylparaben

-Isopropyl

– Isobutyl

El Isopropyl y el Isobutyl pueden aparecer formando una palabra compuesta con términos con Palmitate o Myristrate. También podemos identificarlos con la nomenclatura E. Debemos tener claro que desde el E-214 hasta el E-219 son Parabenos y debemos evitarlos.

2.- Los Ftalatos

Los Ftalatos constituyen un problema de salud pública de difícil solución. Los Ftalatos son contaminantes químicos presentes en nuestra vida cotidiana a nivel global. Se emplean como plastificadores, incrementando la flexibilidad de los plásticos y para producir cloruro de polivinilo. En cosmética se usan principalmente para fijar los olores, ese olor a limpio o floral que nos vende la industria como un bien deseado y apetecible.

¿Por qué son peligrosos los Ftalatos?

Para esta sustancia química se acumulan los porqués, pero voy a intentar resumir y ser breve. Son muy contaminantes para el medio ambiente y muy peligrosos para las personas. Se ha demostrado que son Disruptores Endocrinos y desde hace años se alerta de su potencial cancerígeno. Aunque la industria afirma que a pequeña escala no es peligroso, eso no está demostrado en ningún caso.

Muchos Ftalatos son tóxicos reproductivos y del desarrollo. Esto quiere decir que son especialmente peligrosos para mujeres en edad fértil que tenga planeado ser madres, embarazadas y niños pequeños. Estos colectivos son especialmente sensibles a los Ftalatos. Se han descubierto concentraciones de Ftalatos en niños pequeños superiores a las de los adultos.

Tipos de Ftalatos

Ftalato de Dietilo (DEP): presente en champús y espumas para el cabello.

Ftalato de Dibutilo (DBP): presente en lacas capilares.

Ftalato de dietilhexilo (DEHP): fragancias y perfumes añadidos al champu, acondicionador, etc.

¿Cómo identificar los Ftalatos?

Los Ftalatos traen un problema añadido de difícil solución y es que no aparecen directamente en la etiqueta del producto. En algunos productos del cabello no te vas a encontrar la palabra Ftalatos, pero eso no significa que no lo lleve. ¿Cómo puede ser esto? Por una laguna legal no es necesario especificarlos en el producto.

Suelen aparecer escondidos tras la palabra “inerte”, “otros” o “perfume”. Es decir que si en un producto en el INCI encontramos la palabra perfume con toda probabilidad ese producto lleva Ftalatos.

Cuando el Ftalato aparece especificado en el producto lo podemos reconocer fijándonos en las últimas palabras, el compuesto siempre acaba en Thalate, Falato. Pueden ser nombres compuestos como:

Diethyl phthalate-dietilftalato (DEP)

Isophthalate

 Dibutylphtalate-dibutilftalato (DBP)

Dietilhexilftalate. (DEHP)

3.- Polietilenglicol (PEG)

Los PEGS que es como se los conoce en inglés están presentes en muchísimos champús, acondicionadores y un largo etcétera de productos cosméticos. Se trata de derivados del petróleo, en concreto del etileno. Se utilizan sobre todo como emolientes y emulgentes. Entre sus funciones está ayudar a los componentes a mezclarse y favorecen que el producto penetre mejor en la piel.

Se suelen utilizar como sustitutos de las siliconas y se emplean en muchas ocasiones para que el producto haga espuma. Parece que si un producto para el cabello no hace espuma no será efectivo o no limpiará lo suficiente, lo que es absolutamente falso. Los PEGS son muy baratos, una de las razones por las que se emplean de forma masiva en gran cantidad de productos de higiene personal.

¿Cuáles son los problemas de los PEGS?

Solo como aperitivo decir que los PEGS dejan la epidermis desprotegida y son culpables de irritaciones cutáneas, alergias, dermatitis y urticarias. Entre los trastornos que pueden ocasionar podemos encontrar problemas hepáticos y renales, ya que tienen la capacidad de alterar el sistema nervioso.

En cualquier caso, el problema más grave que suscitan los PEGS viene determinado por su proceso de fabricación. Para reducir su efecto irritante sobre la piel la sustancia es sometida a un proceso de etoxilación. Este proceso da lugar a varios compuestos, el óxido de etileno y el 1,4-dioxano. Ambos compuestos son muy cancerígenos, entre sus efectos nocivos para la salud encontramos cánceres como la leucemia.

Por otro lado, a partir de ese proceso de etoxilación se han encontrado metales pesados como el plomo, el arsénico, el cadmio o el hierro. Es imposible saber la concentración en los PEGS de óxido de etileno, de dioxano o de metales pesados en cualquiera de los productos que adquirimos en cosmética convencional.

Por tanto, si aplicamos el principio de precaución, deberíamos evitarlos por completo porque es inviable saber la exposición real que sufre nuestro organismo cuando utilizamos un determinado producto capilar que los contiene.

¿Cómo identificar los PEGS?

En primer lugar, aclarar que en cosmética ecológica certificada están prohibidos los PEGS. Así que si adquirimos un jabón sólido o un acondicionador eco no habrá PEGS entre sus ingredientes.

Los PEGS son fáciles de identificar ya que casi siempre aparece la palabra PEG y un número. El número en cuestión se identifica con el peso molecular de ese compuesto. Cuánto más grande más difícil que el PEG penetre en la piel y cuanto más bajo es más fácil que entre en nuestro organismo.

También los podemos encontrar en compañía de un largo listado de compuestos como el Disodium PEG-4 Codamido MIPA-sulfosuccinate o Methoxy PEG/PPG-7/3 Amonipropyl Dimethicone. La presencia de la palabra PEG ya nos indica que debemos descartar ese producto y decantarnos por otro en el que no aparezca el compuesto.

En ocasiones, no aparece la palabra PEG especificada directamente sino que aparece por las siglas PPG. Podemos identificarlo también por las palabras Polyehtylene, Ceteareth, Ceteth, hidroxypropyl y palabras terminadas en eth.

4.- Dea y sus derivados

La DEA es la abreviatura de la Dietanolamina y sus derivados químicos, la Codamina, Lauramida, Monoetalamina y la Trietanolamina entre otros compuestos de la misma familia. Se trata de compuestos químicos orgánicos que se emplean en disolventes, emulsionantes y detergentes, una de sus funciones es lograr una textura cremosa. Por supuesto, también esta presente en champús o acondicionadores del mercado convencional.

Todas estas sustancias son humectantes, es decir, que humedecen y suavizan la piel. También son espumantes, ayudan a crear espuma.

¿Cuál es el problema del Dea y sus derivados?

Son sustancias consideradas Disruptores Endocrinos y cancerígenas y son absorbidas directamente por la piel. La agencia internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) las ha clasificado en el grupo 2B. Esto implica que estas sustancias posiblemente sean cancerígenas para los seres humanos. En estudios realizados con animales si ha sido demostrado su efecto cancerígeno, aumenta exponencialmente la incidencia de cáncer de hígado y riñón en ratones.

¿Cómo identificar el DEA y sus derivados?

Lo podemos encontrar directamente por sus siglas DEA en un buen número de productos como la Oleamide DEA o el Linoleamide DEA. También formando parte de nombres compuestos larguísimos como DEA-Cetyl Phosphate o DEA-C8-18 perfluoroalkylethyl Phosphate.

Generalmente el ingrediente suele acabar en “mide” o “mida” y en “lamina” o “lamine” lo que es una pista importante cuando la palabra DEA no está explícita en el INCI.

Sus derivados también pueden acabar en los prefijos señalados anteriormente. Es posible que aparezcan por sus siglas o directamente por su nombre y pueden ir acompañados de las siglas DEA como la Cocamida/e DEA  o la Lauramida/e DEA.

Otros derivados pueden aparecer por sus propias siglas como la Trietanolamina que la podemos identificar por TEA o la Monoetalamina que la reconocemos por las siglas MEA.

5.- Sodium Lauryl Sulfate (SLS) y el Sodium Laureth Sulfate (SLES)

Son otro clásico dentro de la cosmética convencional sobre todo cuando las siliconas se convirtieron en el enemigo a batir y tocó sustituirlas por otra cosa que hiciese el mismo efecto y fuese muy barata. Casi cualquier producto para el cabello lleva uno, el otro o ambos.

Los dos productos son detergentes también conocidos como sulfatos. Sirven como espesantes y para hacer espuma, son espumeantes. Lo que sucede es que son espumeantes muy baratos y asequibles por tanto se utilizan de forma masiva en champús y acondicionadores de bajo coste.

¿Cuál es el problema con el SLS y el SLES?

El primero, el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) se sustituye a veces por el segundo, el Sodium Laureth Sulfate (SLES) porque se supone que es menos irritante, pero es más de lo mismo. El segundo parece menos abrasivo, pero también es nocivo para salud. Se relaciona a ambos con el cáncer y la infertilidad aunque no hay estudios concluyentes.

Uno de sus principales problemas es que son muy irritantes, tanto una sustancia como la otra. Una investigación de la Universidad de Georgia demostró que son sustancias que se absorben con mucha facilidad por el cuerpo y pasan muy rápido al torrente sanguíneo. Se pueden acumular en el corazón, el hígado y el cerebro, aunque la exposición a la sustancia haya sido breve.

Pueden también asociarse con otras sustancias químicas presentes en la fórmula, lo que hace que su efecto tóxico sea mayor. El terrible efecto cóctel del que nadie nos habla y del que la comunidad científica que estudia los contaminantes ambientales lleva alertando desde hace años.

¿Por qué son tóxicas las dos sustancias?

Con estas sustancias se cumple este dicho popular: “Es peor el remedio que la enfermedad”. Durante mucho tiempo se utilizó el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) en cosmética, hasta que se empezó alertar de su gran efecto irritante para la piel, el cuero cabelludo y los ojos. Entonces se buscó el remedio y apareció el Sodium Laureth Sulfate (SLES).

Sin embargo, en esta vida no es todo de color de rosa y menos aún cuándo hablamos de compuestos químicos. Se formuló un producto menos agresivo para la piel y más suave. El problema es que la solución era aún peor que la enfermedad.

El SLES Comparte con los PEGS la posible contaminación por óxido de etileno y el 1,4 dioxano. Estas sustancias son fruto del proceso de fabricación del SLES por etoxilación. Tanto el óxido de etileno como el 1,4 dioxano han sido declarados carcinógenos humanos por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC). Todas estas poderosas razones para comprar productos libres de SLS y SLES.

¿Cómo identificar el SLS y SLES?

Hasta ahora cuando nos hemos referido a las sustancias tóxicas de este post hemos suspirado aliviadas pensando en que comprando cosmética ecológica certificada evitamos los tóxicos de plano. Sin embargo, cuando hablamos de SLS y SLES la cuestión no es tan sencilla ya que es un ingrediente que podemos encontrar como admitido en parte de la cosmética ecológica certificada. Unos sellos lo admiten y otros no, así que hay que mirar el INCI al detalle para no llevarnos este bonito souvenir en el champú.

Identificarlos es fácil aunque pueden disfrazarse en algunas etiquetas indicando que proceden del coco o de algún derivado de este producto vegetal. Siempre aparece por su nombre, por sus siglas, acompañado de un número o en nombre compuesto. Por ejemplo, Disodium Laureth Sulfosuccinate, Sodium Laureth 8-Sulfate o Sodium Laurylglucosides Hydroxypropyl Sulfonate.

Debemos fijarnos bien porque aparecerá la palabra Laureth o Lauryl casi al principio del término y finalizará con toda probabilidad con la palabra Sulfate o Sulfonate.

 

Por supuesto, que hay más sustancias que podemos encontrarnos en un champú, en un acondicionador o una mascarilla pero en un solo post es imposible analizarlas todas. Como se dice vulgarmente, no están todos los que son, pero si están todos los que son. Más adelante iré profundizando en algunos de estos ingredientes tóxicos, al igual, que actualizaré la información recogida en esta entrada. 

Espero que te sea útil y sobre todo que te sirva para tomar conciencia y tomar decisiones con respecto a los ingredientes de los productos para el cabello que elijas consumir voluntariamente.

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Mi rutina capilar libre de tóxicos

Mi rutina capilar libre de tóxicos

Hoy mi rutina capilar libre de tóxicos en Rosa Martínez Marán. Más de una mis seguidoras me habéis preguntado sobre cómo me cuido el pelo. La verdad es que le dedico menos tiempo del que me gustaría. Pero ya sabéis que cuando somos madres lo que precisamente escasea es el tiempo.

No sigo una rutina muy estricta, pero si trato de utilizar productos libres de tóxicos con pocos ingredientes y lo más naturales posibles. Ya conté en desintoxica tu pelo de productos tóxicos cómo me liberé de los productos tóxicos hace más de tres años. Desde entonces mi pelo es otro, tengo que cuidarlo mucho menos y tiene mucho mejor aspecto.

Mi rutina capilar libre de tóxicos

Me suelo lavar el pelo aproximadamente una o dos veces a la semana durante el curso. Si estamos en temporada estival y estoy en la playa o voy más a la piscina, mi frecuencia de lavados aumenta ya que considero imprescindible hacer desaparecer del pelo los restos de cloro y demás sustancias desinfectantes de las piscinas. En esas circunstancias suelo echar mano del bicarbonato de sodio más a menudo.

Como os decía en una semana normal suelo lavar el pelo una o dos veces porque mi pelo no necesita más lavados. Se ve limpio, suelto y sin engrasarse. Suelo lavarlo más si paso más tiempo cocinando o si he quedado con gente fumadora sobre todo porque no me gusta el olor que me deja en el pelo.

Si no se da ninguna de esas situaciones se me pasan los días y como el pelo se ve limpio ni me acuerdo de la última vez que lo lavé. Menos mal que tengo buena memoria y suelo llevar más o menos un control.

¿Con qué productos lavo mi cabello?

Mi rutina capilar libre de tóxicos ha sido la misma desde que dejé el bicarbonato de sodio y busqué un champú ecológico adecuado para mi pelo. Durante un par de años he he lavado el cabello con un champú ecológico pensado para cabello fino con cerveza y miel de la marca Logona Para cabellos como el mío, muy finos y con tendencia al encrespamiento va muy bien.

Es verdad que del todo no me quitaba el encrespamiento pero es que en la salud del pelo no solo influyen los productos que les echamos sino también la alimentación y el grado de hidratación de nuestro cuerpo. Suelo beber poca agua, es más puedo estar horas sin acordarme de beber. Eso al final hace que mi pelo este más seco y tampoco beneficia a mi tensión baja, pero esa es otra cuestión.

Mi rutina hasta hace pocos meses era lavarme el pelo con el champú de cerveza y miel y utilizar vinagre de manzana como acondicionador diluido en agua. La verdad es que estaba muy contenta con el resultado. Sin embargo, aún comprando un envase grande del champú de Logona se generaba mucho plástico y llevo tiempo intentando reducir mi consumo de plásticos al máximo. Así que me animé a probar el jabón sólido para el cabello.

Mi experiencia con el jabón sólido

Estuve mirando marcas buscando la opción más natural posible, sin químicos y a ser posible de agricultura ecológica. La mayoría de ellos no me convencían. Entonces me decidí a consultar los productos de una de mis marcas favoritas, Matarrania, y encontré lo que buscaba.

Creo que nunca os he hablado de esta marca y sinceramente creo que tendré que hacer un post más pronto que tarde porque he probado casi todos sus productos. Personalmente me encantan, ninguno de ellos me ha defraudado. En casa tengo más de seis productos de esta marca, creo que os hacéis una idea.

De entre sus jabones sólidos para el pelo había uno perfecto para mí: el Champú Bio Vital, un jabón sólido para cabello seco y fino. Intenté adquirirlo a través de algunas de las tiendas online donde compro habitualmente pero no lo tenían. Así que me animé a comprarlo directamente en la web de la marca y de paso comprobar como funcionan. El pedido lo hice un martes a las 7 de la mañana y al día siguiente lo tenía en casa. La verdad es que me sorprendió la rapidez con la que llegó. Todo perfectamente embalado y con una serie de muestras de otros de sus productos como regalo. 

He probado durante unos meses el jabón y estoy muy contenta con el resultado. Me deja el pelo bastante bien y no tiene nada que envidiarle al champú que usaba hasta ahora. Quizás es más incómodo frotarse la cabeza con una pastilla de jabón, aunque es cuestión de acostumbrarse. El jabón sólido ha existido toda la vida, el champú lleva bastante menos tiempo en nuestras vidas así que es perfectamente prescindible.

Otros cuidados para mi pelo

Además de lavarme el pelo con champú o con jabón sólido y vinagre de manzana suelo realizarme algunos otros cuidados capilares de vez en cuando. Si te soy sincera recurro a ellos cuando noto el cabello más encrespado de lo normal o un poco seco.

Suele ser el fin de semana cuando aprovecho para hacerme una mascarilla natural o para hacer un enjuague capilar y no todos los fines de semana. Depende mucho de los planes que tengamos esos días.  A veces, encadeno dos semanas seguidas y otras puede pasar incluso un mes. Soy muy de experimentar y hacer combinaciones ya que considero que es la mejor forma de conocer que productos le van bien a mi pelo y cuáles no.

Los productos con los que experimento son siempre productos naturales, algunos de uso habitual y que cualquiera de nosotras puede tener en casa como el huevo, el aguacate o el aceite de oliva virgen extra. Otros son más difíciles de encontrar en la despensa, pero fáciles de adquirir en el mercado. De entre ellos mis favoritos son el aceite de coco y el aceite de argán. Suelo utilizarlos sobre todo en mascarillas caseras, cuando necesito una hidratación extra para mi pelo y para hacer jabón casero, aunque siempre en poca proporción.

El aceite de coco

No suelo utilizarlo para cocinar porque en España que tenemos otras fuentes de grasa más cercanas y locales como el aceite de oliva virgen extra. Lo uso solo en cosmética de forma restringida ya que la huella ecológica del producto es muy alta.

El aceite de coco es un fruto que es el sustento de muchos pueblos desde hace siglos. Se cultiva muy lejos de nosotros, principalmente en Indonesia, Filipinas, la India y Brasil. Durante mucho tiempo fue rechazado como alimento por su cantidad de grasas saturadas, aunque hoy tiene mejor prensa que antaño. De hecho, el aceite de coco está de moda en occidente y esto ha hecho que su demanda aumente desorbitadamente poniendo en peligro el ecosistema y las comunidades autóctonas donde se cultiva.

Como con cualquier producto valioso, con la demanda crecen las posibilidades de especular y de hacer negocio con un bien de primera necesidad. Ya sé que este es un post de cuidado capilar pero no podemos cerrar los ojos y obviar la realidad que rodea los productos que adquirimos.

Cuando compramos un producto deberíamos informarnos de su lugar de origen y de las circunstancias en que ha sido elaborado o creado. Con esto no te digo que no consumas aceite de coco, de hecho, yo lo hago. Mi advertencia es que hagas un uso responsable, que elijas un aceite de coco de producción ecológica certificada, que lo utilices ocasionalmente y que no malgastes el producto.

Lo ideal es que sea ecológico y de primera presión en frío. Es habitual que cuando compramos un aceite nos traten de colar alguna otra cosa, así que revisa el INCI del producto y si no lleva única y exclusivamente aceite de coco no lo compres. Seguro existe una opción mucho mejor y menos procesada.

Usos del aceite de coco

Su alta proporción de ácidos grasos lo convierte en un aceite con una potente capacidad de hidratación. Además posee propiedades humectantes que favorecen la suavidad. Realmente es fantástico para hidratar tanto la piel como el pelo.

No recuerdo cuando lo compré por primera vez, no obstante, supongo que leí algo sobre él y me animé a probarlo. Siempre he utilizado un aceite de coco 100%. Si lo has comprado alguna vez habrás comprobado como en verano se convierte en líquido, algo que hay que tener en cuenta al utilizarlo porque se puede malgastar el producto con mucha facilidad. Sin embargo, en cuanto las temperaturas bajan por debajo de los 24 grados vuelve a solidificarse.

Me ha funcionado muy bien en el pelo pero en una porción muy pequeña y masajeando de medios a puntas.  Lo he probado en la playa y me ha hidratado muy bien el cabello, ya que me ha ayudado a minimizar los efectos del cloro, la sal y del agua del grifo de la zona en la que me encontraba de vacaciones.

En casa lo utilizo más bien poco porque me engrasa mucho el cabello y es difícil de reabsorber. Así que si tienes el pelo graso yo no recurriría al aceite de coco. Para lo que sí lo utilizo mucho es para las mascarillas caseras en combinación con otros productos. También es estupendo para hacer jabón ya que ayuda a que haga espuma.

El aceite de argán

El aceite de argán, también conocido como Argania spinosa (su nombre en latín) es otro de mis productos favoritos. Proviene del árbol de Argán situado en el Magreb en Marruecos. Crece de forma salvaje en una zona desértica y soporta con estoicidad las sequías reteniendo el poco agua que le llega.

Desde hace muchas generaciones los bereberes han honrado sus propiedades tanto cosméticas como alimentarias. Para ellos el aceite de argán es denominado oro líquido y muchas familias viven de su recolección y procesamiento. La extracción del aceite de argán es un proceso artesanal con predominio femenino. Se extrae de las semillas del fruto y se prensa en frío.

En España hay mucho interés en el aceite de argán y desde hace aproximadamente seis años se ha intensificado su cultivo en determinadas zonas de la península, el objetivo es entrar en este mercado en alza. En cualquier caso, no es un producto que viaje tantos kilómetros como el aceite de coco aunque sigue viniendo de otro país vecino. Si el cultivo local y peninsular despega se convertirá en una excelente elección.

Usos y beneficios del aceite de argán

De entre los beneficios del aceite de argán destacaría los siguientes: se trata del aceite mas rico en Vitamina E del mundo, contiene una alta concentración de ácidos omega 6 y un elevado porcentaje de ácidos grasos insaturados.

Se puede utilizar directamente sobre la piel ya que es un potente protector de la epidermis, por ejemplo, es muy útil para prevenir estrías. Lo he utilizado en alguna ocasión como aceite para hacer masaje, sin embargo, para lo que más lo uso es para el cabello.

El aceite de argán fue un gran descubrimiento que estuvo durmiendo en el armario de mi baño durante años. Lo compré en Vejer de la Frontera el verano en que me quedé embarazada del Vikingo pero no me acordé de él hasta años después. Era aceite de argán puro de primera presión en frío con una etiqueta en árabe y en inglés. Cuando lo compré me pareció una idea estupenda pero luego no supe que hacer con él.

Un buen día ya en fase de experimentos con mi pelo me topé con él en el armario y decidí echarme una pequeña cantidad en el pelo y probar.  Quedé entusiasmada con el resultado. Pelo más liso, más sedoso y más manejable. Por supuesto, al principio me pasé un poco con las cantidades hasta dar con la porción adecuada para mi pelo.

¿Cuándo uso el aceite de argán?

Cuando noto mi pelo seco o encrespado. Unas veces me echo una pequeña cantidad por todo el pelo y me voy a dormir. Aunque parezca mentira no deja ningún rastro en la almohada ya que es muy poquita cantidad. Al día siguiente me lavo el pelo y el resultado es espectacular. En otras ocasiones, un rato antes de irme a la ducha me reparto una pequeña cantidad por el pelo. Dejo actuar un rato unos minutos y después me lavo el pelo.

También lo suelo utilizar para hacer mascarillas, me es francamente útil combinado con determinados productos naturales como el yogur o el aguacate. Me encanta como deja el pelo ya que está manejable, brillante y sedoso.

Enjuagues capilares

Algo que he probado hace relativamente poco y que ha gustado mucho son los enjuagues capilares a base de hierbas. Según tu tipo de pelo te irán mejor unas u otras hierbas por lo que es imprescindible experimentar. 

Tienen la ventaja de que eliminan los residuos que pueda tener el pelo fruto de la contaminación, por ejemplo, y al mismo, eliminan olores. Yo lo he probado de Cola de cabello y de romero y tengo que decir que ha reducido considerablemente el encrespamiento en momentos puntuales y además me ha dejado el pelo con un brillo extraordinario.

Hasta aquí el post sobre mi rutina capilar libre de tóxicos, en próximos post hablaremos sobre los tóxicos que deberíamos evitar en los productos para el cabello y sobre las mascarillas y enjuagues herbales que he probado y cual ha sido el resultado.

Antes de irme me gustaría contarte que hemos iniciado un Reto para desintoxicar el cabello el  24 de septiembre de 2018 y  que durará hasta el próximo 24 de octubre. Aún estás a tiempo de unirte al reto, Desintoxica tu pelo en 30 días. Todo el reto se desarrolla dentro de mi grupo de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.

Dentro del grupo hay mujeres increíbles compartiendo sus avances en la eliminación de los productos tóxicos de su cabello. Además de una comunidad activa y muy comprometida.  Si quieres apuntarte pide paso al grupo hoy mismo. 

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