Creencias que sabotean tu autocuidado

Creencias que sabotean tu autocuidado

Hoy en el blog nos vamos a centrar en las creencias que sabotean nuestro cuidado y que impiden nuestro desarrollo físico, mental, emocional y espiritual. En el post de hoy solos nos ocuparemos de aquellas creencias que nos limitan y que a la larga tienen la capacidad de enfermarnos. En el próximo artículo pondremos el foco en todas aquellas acciones que promueven nuestro autocuidado y que nos ayudan a mantener el equilibrio y la salud.

Estamos terminando 2020,un año durísimo para la mayoría de nosotras. Nos hemos enfrentado a numerosas dificultades, una pandemia, un confinamiento, la enfermedad de nuestros seres queridos, la nuestra, el miedo, la incertidumbre, las limitaciones. Hemos vivido un año complejo en el que probablemente nos hemos dedicado muy poco tiempo a nosotras mismas porque todo el espacio ha estado ocupado por lo que sucedía fuera de nosotras. Hemos llegado aquí agotadas y en muchos casos con la sensación de habernos abandonado por completo.

¿Qué es el autocuidado? ¿Y un sabotaje?

Es el acto de cuidarse a una misma a través de conductas que promueven nuestro bienestar y que cuidan nuestra salud física  mental, emocional y espiritual.

Ahora que ya sabemos lo que significa el autocuidado me gustaría que te preguntases si  has promovido últimamente tu autocuidado o si nos hemos olvidado de ello.

El sabotaje sería lo contrario al cuidado de nosotras mismas. Es la obstrucción o entorpecimiento de una acción, proyecto o idea. La intención es que no prospere ni vaya hacia adelante.

Si hablamos de sabotaje al autocuidado nos estamos refiriendo a aquellas acciones ya sean intencionadas o inconscientes que realizamos y que no promueven nuestro bienestar personal. Al contrario, suponen una forma de castigo o de negación de ese espacio de equilibrio o desarrollo personal. Por ejemplo, cuando nos alimentamos mal o comemos cualquier cosa porque no hemos dedicado un espacio de tiempo para planificar la comida o sencillamente no hemos cocinado.

¿Quién nos sabotea?

Sin ninguna duda, nuestras creencias.

Una creencia es una idea o pensamiento que aceptamos como verdadero. Esto implica que no nos cuestionamos si es o no cierto, sino que lo asumimos sin más.  Nuestro mundo interior está lleno de creencias externas e internas. Cuando hablamos de creencias externas nos referimos a creencias acerca del mundo que provienen de fuera, por ejemplo, las mujeres se guían por las emociones y los hombres por la razón. Es solo un ejemplo pero podemos encontrar millares de ejemplos que hemos escuchado desde que éramos niñas.

Una creencia interna es una creencia nuestra, personal. Proviene de nuestra mente y es fruto de nuestras vivencias pero también de inferencias o interpretaciones que nosotras hemos hecho. Por ejemplo, no se me da bien conducir.

El autosabotaje es cosa de mujeres

Si hay un sexo que ha sido infravalorado y al que se le exige más allá de lo permitido es a las mujeres. En nuestra cabeza conviven tanto creencias externas con creencias internas sobre cómo son las mujeres, como se comportan las mujeres y que roles tienen que desempeñar las mujeres en la sociedad. 

Las mujeres asumimos numerosos roles en nuestra vida, la mayoría de ellos impuestos por la sociedad y que aceptamos por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino: somos madres, esposas, parejas, hijas, hermanas, nueras, amigas, cuidadoras y un buen número de roles que hemos aceptado sin más y que no nos hemos cuestionado.

Gran parte de estos roles se centran en el cuidado del otro, en el servicio a los demás. Una mujer todavía en el siglo XXI sigue ejerciendo este papel. No importa si trabaja o no fuera de casa, ya que sigue siendo la figura que tiene que asumir las responsabilidades del cuidado de los otros. Si hay un hijo enfermo ya sea de forma ocasional o permanente es generalmente la madre la que asume el cuidado. Si son sus padres los que enferman o sus suegros, son las mujeres las que asumen ese cuidado sin pestañear. Eso es lo que se espera que hagan las mujeres.

Roles de género que limitan el autocuidado

Con esto no quiero decir que cuidar a otras personas sea malo o negativo. Lo que trato de mostrar es que son generalmente las mujeres las que ejercen este rol sin cuestionárselo y asumiéndolo como su obligación. Sabemos que cuando ejercemos ese cuidado absoluto en muchas ocasiones descuidamos nuestro propio cuidado.

Nos olvidamos de que existimos porque tenemos que darlo todo y porque nuestro papel tenemos que ejercerlo 24 horas al día durante los 365 días al año. No hay ser humano que pueda soportar esto sin dedicarse unos minutos al día a cuidarse y a darse amor. Pero es que no lo hacemos. Y no lo hacemos porque hay un sinfín de creencias que niegan ese autocuidado.

Voy a poner un ejemplo, familia en la que la pareja está siempre trabajando, e incluso viajando. La mujer es quien asume el trabajo fuera y dentro de casa quién sostiene esta dinámica familiar y la hace posible. Si esta mujer no estuviera dispuesta a hacerlo o no hubiera sido educada para hacerlo, no se podría mantener en pie. Sería imposible. Esa pareja tendría que buscar otro trabajo o simplemente trabajar menos horas fuera de casa. Sin embargo, eso no sucede porque hay una mujer que acepta vivir pluriempleada y estresada.

¿Y si fuera la mujer la que viajase por trabajo y no estuviera en casa? ¿Lo percibiríamos igual? No, rotundamente no. Diríamos que ha abandonado a sus hijos y a su pareja, que solo se importa a sí misma y un buen número de calificativos nada agradables. Sin duda hay un doble rasero en torno a esta cuestión.

Cuando nuestra pareja es enemigo de nuestro autocuidado

Por otro lado, la persona con la que convivimos y a la que elegimos para formar una familia en ocasiones no promueve nuestro autocuidado, más bien lo obstaculiza. No siempre está dispuesta a escucharnos o a proporcionarnos un poco de apoyo y de comprensión. Lo he visto en muchos casos, lo que les sucede a los hombres es siempre muy importante, una cuestión de vida o muerte, pero cuando el problema lo tenemos nosotras es que somos unas exageradas, unas histéricas o es que no sabemos resolver una situación, o  no tenemos paciencia. Cero empatía.

No siempre hay un reconocimiento por parte del otro y muchas veces cuando se produce la saturación por exceso de responsabilidades y de carga de trabajo, la otra parte minimiza la situación y más o menos que te llama inútil por sentir que no puedes más. Cuando has pasado ya tu límite hace ya mucho tiempo. Si miramos la situación a la inversa esto raramente sucede. En muy pocas ocasiones un hombre asume la mayor parte de las responsabilidades por favorecer el ascenso o el reconocimiento femenino.

Educadas para soportarlo todo

Tratamos de sujetar el universo con un dedo o de hacer malabares sobre una cuerda en el vacío y esto sencillamente es insostenible. Nos agotamos, nos cansamos y nos sentimos sobrepasadas porque sencillamente hemos excedido nuestro límite.  Aparece lo que se ha denominado Síndrome de Burnout. Si tienes interés en profundizar o necesitas ampliar información sobre este tema te animo a leer el post, Madres quemadas o el síndrome de Burnout.

¿Por qué sucede? Porque nos han educado para abarcarlo todo y para no quejarnos. Porque hay un sistema de creencias muy poderoso sosteniendo toda esta maquinaria.

La finalidad de hoy es revisar estas creencias, enfrentarlas y deshacernos de ellas o al menos limitar su efecto. De nada sirve hablar de autocuidado si en nuestra cabeza estamos escuchando estas creencias que nos sabotean y que nos disuaden de ponerlas en práctica.

1. Soy egoísta, solo piensa en sí misma

Esta es una creencia muy común que nos sabotea.  Son juicios y valoraciones que o bien nos decimos a nosotras mismas o que hemos escuchado a otras personas de nuestro entorno o incluso en los medios de comunicación.

Cuando una mujer decide dedicar un espacio para el autocuidado siempre hay una voz interna o externa que trata de limitar esta acción con un calificativo igual o similar dirigido a nosotras como si fuera un dardo envenenado. La sociedad nos exige que cuidamos permanentemente y si no lo hacemos por un rato o nos tomamos un breve descanso somos malas madres, malas hijas o somos egoístas.

En el momento en que oímos el juicio nos autocensuramos o sencillamente el impulso de realizar un acto que favorezca nuestro autocuidado se paraliza, se pospone o se reduce a la mínima expresión. En ocasiones, es nuestra pareja la que ejerce de censor o el que antepone sus necesidades a las tuyas y cedemos el espacio porque creemos que es un acto de amor.

A él no le llamamos egoísta por llegar a casa después del trabajo y sentarse en el sofá, pero no somos conscientes de que nosotras no nos hemos sentado a descansar ni un minuto desde que hemos llegado. A él se lo permitimos, pero a nosotras no. A él si le permitimos que ejerza su autocuidado, es más lo promovemos.

¿Por qué ambos mantenemos este desequilibrio? porque tanto hombres y mujeres hemos sido educados en esta creencia. Nuestras madres nunca descansaban, nunca tenían un momento para el ocio o hacían algo para cuidar de sí mismas. Eran mujeres fuertes, sacrificadas y educadas para servir al otro. Y por desgracia, lo hemos visto en nuestro entorno, mujeres que han ejercido su rol de cuidadoras durante décadas y que al morir su pareja han fallecido poco después porque ya no había a quién cuidar o por quién sacrificarse las 24 horas del día. Por supuesto, es un caso extremo, pero real.

Cuando te llames egoísta a ti misma piensa porque te lo dices y quién te lo dice. ¿De dónde viene esa creencia? ¿A quién se la has escuchado? ¿Por qué soy egoísta por dedicar 10 minutos a leer o por hacer un rato de deporte?

Necesitamos descansar, desconectar y tomarnos una pausa si queremos mantener nuestro equilibrio y nuestra salud. No es una cuestión egoísta es una cuestión de superviviencia. Y puesto que no siempre en nuestro entorno vamos a encontrar quien promueva nuestro cuidado vamos a tomar nosotras las riendas y vamos a reivindicarlo.

Así que destierra de tu vida está creencia hoy mismo. No eres egoísta por necesitar descansar o por dedicar unos minutos a un hobbie. Sacar un rato para dedicarlo a nosotras mismas no es un acto egoísta, es un acto de autocuidado que repercute positivamente en nuestro entorno y que nos devuelve el equilibrio.

2. Soy culpable por…

Interrelacionada con la anterior creencia encontramos la culpabilidad. Es otro de los pilares del autosabotaje. La culpa ha matado a más personas que el pecado, principalmente a mujeres. La culpabilidad tiene unas raíces muy arraigadas en nuestra sociedad. Eva es culpable de la expulsión del paraíso por morder una simple manzana, pero si prestamos atención a las figuras masculinas clásicas, Saturno puede devorar a sus hijos sin una pizca de compasión o de culpabilidad.

El vaso de la culpa siempre está medio lleno, porque siempre nos sentimos culpables por no poder hacer más, por no dedicar, por no dar más. No pensamos en lo que si damos, en lo que si ofrecemos a los demás. La mirada siempre es en negativo.

Por ejemplo, me siento culpable si retomo un proyecto o un hobbie siento que he abandonado a mis hijos o que descuido a mi familia. No he matado a nadie, no he cometido nada ilegal. ¿Entonces por qué me siento así? Sin embargo, la culpa me carcome por dentro, me doy látigo, me fustigo, que siento en el banquillo de los acusados y me condeno a la hoguera porque soy mala madre, una mala esposa o porque soy una mala hija.

Nos autocastigamos cuando no nos comportamos como se espera de nosotras o no estamos al 100% sosteniendo y cuidando. Nos autocastigamos olvidando que existimos y centrando nuestra atención solo en el otro.

Ya está bien de castigarnos y de ser nuestro peor juez o nuestra madre más severa. Así que cuando hagas algo que promueve tu autocuidado y te sientas culpable por ello piensa en que pasarías si fueras un hombre, ¿tendrías la misma perspectiva? ¿Te sentirías culpable? Pongo la mano en el fuego porque no. No te sentirías culpable ni sentirías esta presión. Si no nos cuidamos seremos culpables de nuestro deterioro físico y de nuestro abandono porque no hemos reivindicado espacios de desarrollo personal o de descanso.

3. No tengo tiempo

Esta es otra creencia que nos sabotea permanentemente. Nos decimos continuamente que no tenemos tiempo para dedicarlo a un hobbie, para leer o para sentarnos cinco minutos a no hacer nada. Admitiendo que vivimos en un mundo que va muy rápido y en el que tenemos infinitas obligaciones y responsabilidades si tenemos tiempo para hacer recados para otros, para llevar a nuestros hijos todos los día a extraescolares o para hacer un favor a la vecina.

Si tenemos tiempo para cuidar a los otros, esa actividad la cumplimos a rajatabla las 24 horas del día durante todo el año. Nunca delegamos en otras personas el cuidado o desconectamos un rato de él. Estamos siempre disponibles, a cualquier hora y dispuestas a cumplir con esa voluntad de servicio aunque estemos al borde de la extenuación o nos sintamos enfermas. Nos sentimos obligadas a cumplir con nuestros roles y anteponemos siempre las necesidades de los otros a las nuestras.

Uno de los problemas que genera esta creencia es el estrés continuado que se manifiesta en nuestro cuerpo físico a través de la enfermedad y que en caso extremo puedo llevarnos a la muerte. Piensa que si todo el tiempo que tienes disponible está ocupado sirviendo o atendiendo a los otros no puede haber tiempo para ti.

No es que no tengas tiempo es que te has situado en el último lugar en tu lista de prioridades. No se trata de ponerte en el primer lugar, pero sí de priorizar tu descanso o tu desconexión en determinados momentos del día para recuperar el equilibrio y la salud. Así que la excusa del no tengo tiempo destiérrala de tu vida desde ya. Siempre hay tiempo, es una cuestión de prioridades.

4. El próximo año voy a cuidarme más

Y el próximo año llega y volvemos a no dedicarnos ni un minuto porque posponemos el autocuidado para otro momento. Esta es otro creencia muy arraigada, posponer infinidamente nuestro autocuidado. Otro autosabotaje en todo regla.

Porque somos madres y la crianza nos absorbe por completo y no tenemos apoyo o no reivindicamos un espacio de desconexión, porque tenemos mucho trabajo y entonces tenemos que concentrar todas nuestras energías en ello. El nuevo año siempre está lleno de propósitos de mejora y autocuidado, el problema es que rara vez pasan del papel y se convierten en una realidad.

Posponemos pensando que no es el momento adecuado y nos consolamos con la mentira de que más adelante lo haremos, pero ese momento nunca llega. Nos negamos una gratificación necesaria e imprescindible para salvarguardar nuestra salud física y emocional porque nos situamos en el último lugar de las prioridades. Porque antepongo las necesidades de los demás a las mías propias. Seguro que si hay espacio para que tu pareja estudie, para que tus hijos cultiven un hobbie o para visitar a tu suegra.

Posponer para más adelante es equivalente a no lo voy a hacer nunca. Nunca me apuntaré a ese club de lectura o a esas clases de pintura o me sentaré a escribir delante del ordenador.  Me niego la posibilidad de dedicar un rato a algo que me satisface o que hace crecer como persona porque mi sistema de creencias que me sabotea se ha puesto en marcha: es egoísta volver a estudiar, realmente no me lo merezco, que van a pensar mis hijos o mi marido, no tengo tiempo, etc.

No tenemos que esperar a que nuestros hijos sean mayores para dedicar un espacio de tiempo a algo que nos guste o que nos haga sentir bien. Perfectamente se puede compatibilizar la maternidad, la crianza, el trabajo, con tener hobbies, volver a estudiar o a hacer una actividad que nos haga crecer. Lo que necesitamos es disponer de un espacio de tiempo para dedicarlo a ello y organizarnos bien.

5. Las mujeres de verdad no lo necesitan

Esta es un creencia externa que nos han grabado a fuego. Una creencia que gira en torno a cómo tienen que ser las mujeres y cómo tienen que comportarse. No han hecho creer que una mujer de verdad no necesita autocuidado, que esto es un invento moderno que no sirve para nada.

En un mundo en el que todo se mide en términos económicos y en productividad el descanso o el disfrute es interpretado como una pérdida de tiempo. Además nos han inculcado que necesitar un descanso o una pausa es una muestra de debilidad, que nos hace vagas, flojas o débiles. Las mujeres de verdad no necesitan autocuidado.

Dar credibilidad a estas creencias minimiza o reduce nuestras necesidades a la mínima expresión. Nos convierte en máquinas productivas que sostienen, que resuelven, que ejecutan, pero que no se merecen nunca una pausa o relajarse. Nos deshumaniza por completo y nos lleva a la autoxigencia excesiva.

Esta creencia se sustenta en la superwoman, esa mujer ideal que es perfecta en todas sus facetas y roles que siempre está de buen humor, es guapa, delgada, inteligente, complaciente…. y todos los calificativos positivos que queramos añadirle y que destaquen por ser irreales.

La autoexigencia que este modelo femenino promueve en nosotras niega el autocuidado porque la superwoman simplemente no lo necesita. Ella es perfecta tal y cómo es, no tiene fisuras, no llora, no monta escenas, no se siente triste, llega a todo, no se equivoca, nunca se cansa, nunca enferma.

Cuanto antes entendamos que esta superwoman no es real sino que es un mito antes mitigaremos nuestro sentimiento de frustración y empezaremos a aceptarnos como mujeres reales de carne y hueso con limitaciones y necesidades que cubrir y que reivindicar.

Así que cuando te digas que es una pérdida de tiempo dedicar un espacio al autocuidado o te digan que no sirve para nada. Pregúntate para que sirve una puesta de sol o una taza de té caliente. Pregúntate si esa persona que te niega el autocuidado se cuida a su misma y si se dedica un espacio de desarrollo personal.

En conclusión, deshecha todas estas creencias falsas sobre el autocuidado y empieza el próximo año priorizando tu autocuidado. Todo ser humano necesita descanso, espacios para relajarse, actividades que le hagan sentir bien, diversión y amistades. Negarnos esto es reducirnos nuestra proyección personal y limitar nuestra libertad.

Disfrutar no es malo, darnos amor a nosotras mismas y mimarnos es necesario e imprescindible para sentirnos felices y realizadas. Así que vamos a querernos, vamos a respetarnos y vamos a reivindicar espacios de desarrollo personal y de descanso porque nos los merecemos y porque son necesarios para ser felices.

Hasta aquí el artículo de hoy, en el siguiente hablaremos de como practicar el autocuidado. Si te ha gustado el post comporte, nos ayudas a crecer y a seguir invirtiendo tiempo y energía en este trabajo.

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