Nuestra experiencia en un grupo de consumo y cómo formar parte de uno de ellos

Nuestra experiencia en un grupo de consumo y cómo formar parte de uno de ellos

Hoy os contaremos nuestra experiencia en un grupo de consumo y cómo formar parte de uno de ellos, ya se uniéndote a uno de los que ya funcionan o creando el tuyo propio.

Ya en el post anterior os hablábamos de los beneficios para tu familia de pertenecer a un grupo de consumo, no obstante, más de una persona tendrá dudas con respecto a su funcionamiento o querrá conocer la experiencia de primera mano de otras familias.

Es un hecho que nos gusta saber cómo le ha ido a otro para plantearnos si puede ser una buena idea para nosotros. Así que he dividido el post en dos partes. En la primera, me centraré en contar mi experiencia dentro de un grupo de consumo; en la segunda, abordaremos cómo funcionan, cómo puedo unirme a un grupo y cómo crear uno.

Nuestra experiencia en un grupo de consumo

¿Por qué queríamos formar parte de un grupo de consumo?

Era una idea que rondaba por nuestras cabezas desde hacía tiempo. Principalmente queríamos consumir productos ecológicos a un precio asumible para nuestro bolsillo. Ya comentaba en el post alimenta a tus hijos con productos ecológicos las beneficios de los productos ecológicos y la importancia de optar por ellos para alimentar a nuestra familia.

Hasta ese momento parte de nuestro consumo lo hacíamos en ecológico pero no podíamos permitirnos comprarlo todo en herbolarios y tiendas especializadas. Ya por entonces teníamos en funcionamiento nuestro huerto ecológico e íbamos logrando un mínimo de autoconsumo pero solo nos cubría una parte.

Además de nuestro interés por consumir productos sin pesticidas ni herbicidas nos sentíamos comprometidos con el medio ambiente y queríamos dar un paso más allá. Aspirábamos a un consumo responsable y de proximidad. Ya por aquel entonces me negaba a comprar productos que hubiesen viajado miles de kilómetros para llegar a mi mesa. También me parecía absurdo comprar productos que se cultivan aquí traídos de lugares remotos. Me parecía una incongruencia que no iba con nuestros principios y con nuestros valores.

Lo he comentado en más de una ocasión, ser padres nos cambió la vida, nos situó en el mundo como nada lo había hecho antes. Tomamos decisiones importantes como que nos lanzaríamos por fin  a ser vegetarianos después del nacimiento del peque o que buscaríamos un grupo de consumo para poder consumir ecológico y contribuir a proyectos sostenibles. Y ese fue el click para ponernos en marcha.

¿Cómo llegamos al grupo de consumo?

La primera vez que escuché hablar de los grupos de consumo fue en un programa de la 2. En el documental se contaba como un grupo de vecinos se habían unido para comprar directamente a los agricultores de su zona sin pasar por intermediarios. Algo que a simple vista era lo habitual hace 100 años, hoy nos parece de lo más novedoso o, a mí al menos, me lo parecía. Pensé que era una idea extraordinaria y me puse a investigar si nosotros podríamos unirnos a una iniciativa similar.

Una vez sembrada la semilla empezamos a buscar grupo de consumo pero donde estábamos viviendo en ese momento no había grupos de consumo cercanos. De todos modos, planeábamos cambiar de pueblo así que el tema se pospuso hasta que nos hubiéramos mudado. El embarazo y la mudanza llegaron de golpe, también mis molestias debidas a la gestación y el tema se quedó en el cajón de lo pendiente durante unos meses.

En el segundo trimestre, instalados en la nueva casa  y ya más tranquilos, el tema volvió a ponerse sobre la mesa ¿Por qué no intentarlo? Para entonces estábamos en plena transformación, habíamos decidido apostar por consumir todo ecológico y por ser vegetarianos definitivamente.

Iniciamos una nueva búsqueda y para nuestra sorpresa descubrimos que en el pueblo donde vivíamos existía un grupo de consumo. Así que nos pusimos en contacto con ellos y concertamos una cita para conocerles y que nos contasen cómo era el funcionamiento del grupo.

Tantas eran nuestras ganas de empezar que nos citamos con ellos la víspera de mi ingreso en el hospital para dar a luz al Vikingo. Alguien me preguntó que cuándo salía de cuentas y se quedaron perplejos al saber que me ingresaban al día siguiente para inducirme el parto. No obstante, no queríamos demorarlo más, era lo que deseábamos.

Nuestro grupo de consumo

Al principio nos sentimos un poco sobrepasados por la situación. Principalmente nos estrenábamos como padres y además debíamos aprender el manejo del grupo en pocas semanas. Fue más fácil de lo que parecía a simple vista.

Quizás lo más complicado fue entender cómo se gestiona el pedido de principio a fin con cada uno de nuestros proveedores. Sin embargo, sobrevivimos, de esto han pasado ya más de tres años y seguimos 🙂 

Nuestro grupo de consumo es un grupo pequeño formado por pocas familias así que la autogestión es de obligado cumplimiento. Implica estar muy comprometido con el grupo y con las funciones que cada familia escoge mensualmente. Cada mes asumimos una tarea y es la que gestionamos durante todo el proceso de pedido, entrega y pago al proveedor.

Funcionamos principalmente con un grupo de correo y  Whatsapp que tenemos la obligación de revisar con frecuencia porque la comunicación y los avisos se producen por esta vía. La tarea es mensual pero se realiza cada quince días.

¿En que consisten las tareas? Principalmente en mandar la oferta si la hay, avisar a los miembros de cuando se cierra el pedido, hacerlo, ir a recogerlo o recibirlo en casa, repartirlo en cajas si es necesario, cobrarlo a los miembros y finalmente ingresarlo o pagarlo directamente al proveedor.

En nuestro grupo de consumo, la distribución y las reuniones se producen cada quince días en casa de uno de los miembros del grupo ya que no tenemos un local propio donde reunirnos. Generalmente, quién recibe la verdura es quién recibe en su hogar. Cuando llega el buen tiempo aprovechamos para tomarnos una cervecita y un tentempié todos juntos aunque el reparto sea entre semana.

Una experiencia muy positiva

Siempre que llega alguien nuevo a nuestro grupo lo comentamos, cuando empiezas a consumir ecológico ya no quieres volver a consumir de otra manera. Un tomate de supermercado ya no te parece un tomate y menos aún algo apetecible que llevarte a la boca. También te hace ser consciente de los alimentos que consumes y de cómo los consumes.

Nuestro balance es muy positivo. Consumimos productos frescos, que han sido cultivados en la zona o que al menos han viajado pocos kilómetros para llegar a nuestra mesa, sabemos de dónde vienen y quién los produce. Podemos visitar la huerta siempre que queramos y ver como crecen los tomates o las lechugas. Nos suministran productos de una calidad excelente que en nada se parecen ni en sabor ni en textura a los que te venden en el supermercado.

Sabemos que comen las gallinas de los huevos que consumimos y aunque no tienen sello ecológico no lo necesitamos porque hemos constatado que las gallinas viven en libertad y que no se alimentan con piensos transgénicos. Al igual que los lácteos de cabra de nuestros dos proveedores de lácteos, sabemos que los animales no son maltratados, que reciben un trato digno y que el proceso de elaboración de los productos es artesanal y ecológica.

Claro que el grupo de consumo da trabajo pero una vez incluido en tu rutina no supone un esfuerzo adicional. Se trata de planificarse y de estar atenta a cuando hay que realizar el pedido, cuando llega, recoger el dinero y pagar el proveedor en el plazo establecido. Algo que llevamos haciendo desde hace tres años ininterrumpidamente durante todo el año.

Además de comer ecológico a un precio razonable hemos hecho grandes amigos que siendo padres como nosotros o no, nos enriquecen con sus propuestas y sus experiencia vitales. Nos encanta tomarnos algo juntos en verano en casa distribuyendo el reparto e intercambiar vivencias o proyectos de futuro. En nuestro caso, se trata de integrarte en una pequeña familia en la que todos se conocen y en la que triunfa el buen rollo.

Al menos dos veces al año hacemos una campaña de captación para darnos a conocer y lograr nuevos miembros. Este año pasado ofrecimos una degustación  de pan por cortesía de Sinuhé de la Panata, nuestro proveedor de pan ecológico. Yo impartí una charla en el pueblo sobre los productos ecológicos y los beneficios de pertenecer a un grupo de consumo. Además de pegar carteles por la zona, estuvimos en una de las ferias artesanales de nuestro grupo ofreciendo información a los visitantes.

¿Qué te parece? ¿Podría encajarte en tu vida? Nuestro grupo de consumo al ser pequeño exige que sus miembros estén muy activos pero no todos los grupos de consumo son como el nuestro, los hay de todo tipo y de eso hablaremos a continuación.

Cómo formar parte de un grupo de consumo o crear el tuyo propio

¿Cómo funcionan los grupos de consumo?

Hay tantas formas de funcionamiento como grupos de consumo existen. Lo normal es encontrar tres tipos diferentes de gestión con sus diferentes variantes:

  • La Cooperativa unitaria: este tipo de grupos de consumo se caracterizan porque sus miembros pagan una cuota fija al mes y, a cambio, reciben una cesta con los productos de temporada que tiene el agricultor en ese momento en stock cada semana o cada quince días. Con la cuota mensual lo que se pretende es financiar la granja o el huerto proporcionando unos ingresos fijos al productor. Se trata de un sistema en el que los consumidores se asemejan a los socios de una cooperativa asumiendo también los riesgos de la producción agrícola. En las grandes ciudades podemos encontrar grupos que tienen esta dinámica implantada desde hace años. Muchas de estas cooperativas además de reunirse para comprar a precios más reducidos mantienen una intensa actividad que incluye diferentes proyectos sostenibles y acciones colectivas de reivindicación y protesta. El grado de implicación política o medioambiental depende de  cada una de ellas y de sus miembros.
  • La cesta fija: el agricultor ofrece cada semana una cesta con los productos de temporada que tiene disponible a los miembros del grupo de consumo. Se trata de una cesta cerrada , ya que los productos vienen sugeridos por el agricultor y no se pueden cambiar unos por otros. La cantidad y el precio se fijan previamente y pueden variar ligeramente en función de las cosechas.
  • El pedido: el proveedor ofrece una serie de productos cada semana o quincenalmente de los que tiene en stock y cada miembro del grupo de consumo crea su propia cesta en función de sus necesidades o preferencias culinarias. Dependiendo de si el agricultor tiene una producción más grande o más pequeña la oferta de productos será más amplia o más limitada. En ocasiones, el proveedor tiene acuerdos con otros agricultores en la zona y puede ofrecer más productos de los que cultiva.

¿Qué implicaciones tiene en la práctica pertenecer a un grupo de consumo?

Voy a realizar una serie de matices sobre la cuestión ya que la teoría la tenemos bastante clara pero no tenemos muy claro que implicaciones o compromisos supone unirse a una iniciativa de este tipo.

  • Los grupos de consumo no son un supermercado: su dinámica y su sentido vienen determinados por la necesidad eliminar intermediarios y ofrecer una alternativa de futuro a los pequeños agricultores o ganaderos.
  • Una de sus bases es consumir productos locales y de temporada. No nos unimos en grupo para comprar aguacates que vienen de Chile o naranjas en agosto.
  • Entrar en un grupo de consumo supone asumir un compromiso con las tareas o gestiones que sean establecidas para la buena marcha del grupo.
  • Será necesario acudir a repartos o asambleas donde se tratan o se discuten los asuntos más relevantes sobre la organización.
  • Es imprescindible asumir tareas ya sean semanales o periódicas.
  • Es obligatorio cumplir con las tareas encomendadas ya que su incumplimiento repercute en todos los miembros del grupo.

Estas matizaciones son muy importantes, no es la primera vez que nos llega alguien al grupo de consumo que piensa que solo viene a comprar más barato y que piensa que somos una distribuidora de productos y no un grupo organizado con una normas o unas pautas. No es válido comprar y no asumir ninguna tarea o compromiso.

¿Supone un sacrificio? No si tienes la cosas claras y sabes a lo que vienes. Sí, si piensas que con comprar y pasarte a recoger tu producto es suficiente. La palabra compromiso lo resume todo: compromiso contigo y con tu salud; compromiso con los miembros del grupo y compromiso con nuestro entorno y con otro modelo productivo y de consumo.

¿Cómo encuentro el grupo de consumo más cercano?

Una vez has tomado la decisión lo siguiente es buscar el grupo de consumo más cercano a tu domicilio. Una vez localizado manda un correo o haz una llamada de teléfono para concertar una entrevista. Lo más habitual es que te contesten en pocos días y te inviten a pasarte por allí para explicarte en qué consiste el grupo y cómo es su funcionamiento general.

En esta primera reunión es fundamental que preguntes todas la dudas que tengas, ya que es importante que hagas una valoración personal de si es lo que estás buscando, si puedes comprometerte o si se ajusta  tu estilo de vida u obligaciones. Nos puede apetecer mucho unirnos a un grupo de consumo pero si tenemos dudas de si vamos a poder ir o no, es mejor dejarlo para otro momento en que si podamos comprometernos.

En Ecoagricultor puedes encontrar un listado de grupos de consumo por provincias que puede facilitarte la búsqueda. No obstante, algunos grupos pequeños como el nuestro pueden no haber solicitado el alta. Un buen rastreo en internet o en redes sociales puede ser también muy útil. Nosotros encontramos a nuestro grupo de consumo precisamente así. Ellos gestionaban una Fanpage en Facebook y buscando llegamos a ella.

Puede suceder que en tu zona no haya grupo de consumo o te encuentres con que el acceso está cerrado porque el cupo de familias está cubierto. Esta es una situación que nos genera desasosiego porque ya no que nos hemos decidido queremos empezar ya. Una posible solución puede ser esperar a que haya una plaza disponible o buscar otro en otra zona, aunque los desplazamientos a la larga pueden hacerse muy cuesta arriba sobre todo en invierno. Otra alternativa es crear tu propio grupo de consumo.

¿Cómo crear un grupo de consumo?

Una vez nos hemos decidido por esta opción lo más relevante es encontrar otra personas en tu zona que quieran formar parte de un grupo de consumo. Puede ser que haya más familias en lista de espera para entrar en el grupo de consumo de tu barrio, contacta con ellas y hazles la propuesta. Lo ideal para empezar son entre 5 y 10 familias. También puedes tantear en redes sociales o poner algún cartel como se ha hecho toda la vida.

Aunque no es necesario que hagáis un contrato o un tratado de comercio si sería muy recomendable establecer unas normas o pautas generales de funcionamiento que queden por escrito. Podéis crear una cuenta de gmail y un grupo de gmail para distribuir la información a los miembros.

Google ofrece muchas herramientas gratuitas que pueden ser muy útiles para realizar esta labor. Por ejemplo, a través de una hoja de cálculo de Google podéis establecer unas listas por proveedores y productos para facilitar que los miembros realicen el pedido cómodamente. Luego la persona que realiza la tarea apunta el pedido de cada uno y lo gestiona.

Estableced cada cuanto tiempo os vais a reunir, la duración de las tareas y el horario. En ocasiones, el día de reunión vendrá determinado por el día de reparto de los proveedores, en otras, debéis delimitarlo vosotros en función de la disponibilidad de los miembros. Dejad todos estos detalles cerrados e insistid en que la asistencia a las reuniones es obligatoria. Asimismo dejad claro que para poder pedir es necesario asumir tareas semanal o quincenalmente.

Claro que para gestionar pedidos es necesario tener proveedores. Este paso es el que lleva más tiempo y es la decisión más relevante. Qué vas a comprar y a quién.

¿Cómo trabajan? ¿De dónde vienen los productos? ¿Están en la zona? ¿Se pueden visitar las instalaciones? ¿Qué descuentos ofrecen a grupos de consumo? ¿Cuál es el pedido mínimo? Tomaos todo el tiempo que necesitéis y recabad toda la información posible. Si podéis ir a visitarlos o reuniros con ellos aún mejor. Esto no significa que una vez elegido un proveedor no podamos cambiar pero es mejor escoger conociendo en profundidad lo que ofrecen y si se ajusta a lo que tu grupo de consumo necesita.

Una vez tenemos proveedores, debemos establecer el funcionamiento, cada cuánto tiempo pedimos, cómo hacemos el pedido, cuándo pagamos al proveedor, etc. Lo más útil es escoger proveedores que te permitan pagar una vez entregado el producto ya que adelantar dinero siempre supone un problema. Otra cuestión es dónde reunirse, lo más cómodo y fácil es gestionarlo en las casas de los miembros. Si en algún momento crecéis y os compensa alquilar un local también es buena idea.

Luego, según vaya evolucionando el grupo estableceréis más directrices generales o normas de funcionamiento que serán especificas para vuestro grupo y que facilitan su gestión. Parece mucho trabajo a priori pero es cuestión de ir diseñando el grupo con calma e ir aprendiendo sobre la marcha.

Debido al interés que suscitan los grupos de consumo desde hace tiempo han surgido plataformas que te ayudan a gestionar la creación de un grupo de consumo desde cero como Grupo A Grupo. Si andas muy pérdida o no tienes mucho tiempo pueden ser una buena opción para empezar, te ofrecen incluso la posibilidad de contactar con personas en tu zona.

¿Qué te ha parecido el post? ¿Te animas a unirte a un grupo de consumo? ¿Estás pensando en crear el tuyo propio? Espero que el post te haya sido útil y haya conseguido despejar los interrogantes en torno a esta cuestión. Si tienes cualquier duda sobre los grupos de consumo, su funcionamiento o como crear uno deja un comentario en el post y te contestaré en cuanto pueda. También puedes enviarme un email a rosamartinezmaran@gmail.com

Si te ha gustado el post, comparte, nos ayudas a crecer  🙂

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Descubre los beneficios de pertenecer a un grupo de consumo

Descubre los beneficios de pertenecer a un grupo de consumo

En el post de hoy descubre cuáles son los beneficios de pertenecer a un grupo de consumo y cómo esta iniciativa beneficia a tu familia y al entorno en el que vives. La propuesta no solo tiene ventajas a nivel personal, sino que redunda en un beneficio colectivo, ya que los grupos de consumo promueven la sostenibilidad y el consumo responsable.

No sé si alguna vez has oído hablar de los grupos de consumo o si conoces a alguien que pertenezca a uno de ellos. Los grupos de consumo han proliferado en los últimos años como setas tanto en el ámbito urbano como rural, ya que cada vez hay más personas concienciadas y comprometidas con su entorno. Hoy hablaremos de su éxito y de las ventajas que tiene para ti unirte a uno de ellos.

¿Qué son los grupos de consumo?

Se trata de un grupo de familias o particulares que viven en una misma localidad o barrio  que se unen para comprar productos ecológicos como la verdura, la fruta o los lácteos directamente al proveedor, sin intermediarios que encarezcan el producto. Se organizan semanal o quincenalmente para hacer el reparto y gestionar el pago a los proveedores seleccionados por ellos mismos.

¿En qué pilares se asientan los grupos de consumo?

  1. En la autogestión. Cada grupo se organiza de forma independiente según las necesidades de sus miembros y de su entorno. El grupo gestiona todo el proceso desde la selección del proveedor hasta que se sirve el producto y se paga el precio convenido.
  2. En el consumo de productos de cercanía, es decir, locales. El proveedor seleccionado no se encuentra alejado del grupo de consumo sino que en la medida de lo posible vive en el mismo entorno y ofrece los productos directamente cultivados o elaborados por él.
  3. En la relación de confianza que se establece entre el consumidor y el proveedor. En los grupos de consumo se suelen elegir los proveedores por la proximidad pero también por la relación de confianza que generas con ellos. En nuestro caso, podemos visitar la huerta de nuestro proveedor de frutas y verduras siempre que queremos hacerlo y se encuentra situada en el pueblo de al lado, a escasos kilómetros de donde vivimos. Es un consumo de kilómetro 0 y de máxima proximidad.
  4. En la compra de productos de temporada. Es básico si queremos mantener un consumo de calidad y responsable. Al ser productos cultivados o elaborados en el mismo entorno están sujetos a la estacionalidad y la temporalidad. Cada estación del año tiene sus productos estrella y se compran y se consumen en su momento de maduración. Por ejemplo, el consumo de fresas se limita a unos dos o tres meses al año dependiendo del excedente de fruta y de cómo haya ido su cultivo y recogida.

¿En que beneficia a mi familia pertenecer a un grupo de consumo?

Es un hecho que queremos lo mejor para nuestros hijos, que deseamos que estén sanos y que estén bien alimentados. Formar parte de un grupo de consumo puede cumplir este objetivo y otros de índole medioambiental. Vamos a echar un vistazo a los beneficios.

1. Accederás a una mayor variedad de productos

Supongo que más de una os habréis quedado perplejas ante esta afirmación. ¿Cómo puede ser si en el supermercado tengo de todo? ¿No será lo contrario?

Si lo miramos desde el punto de vista comercial es una obviedad que en el supermercado tengo una oferta casi ilimitada de productos.  El marketing de la industria alimentaria es extraordinariamente potente, son capaces de convertir un ladrillo en un manjar apetecible.

Desde el punto de vista nutricional y desde el punto de vista del que desea consumir comida y no publicidad envasada, en un supermercado encontrará muy poco de comida y sí mucho de marketing. Gracias al famoso «marketing», occidente tiene unas tasas de obesidad disparadas y preocupantes sobre todo entre la población infantil que es uno de sus mercados más suculentos, basta con echar un vistazo a la publicidad infantil.

La libertad del comprador de supermercado

Queremos comer bien y alimentarnos con productos de calidad pero no nos planteamos como una cuestión primordial que nos llevamos a la boca y seguimos comprando en los supermercados por inercia.

Aunque cada vez hay más personas que revisan y analizan las etiquetas la mayor parte de las familias echan en la cesta los productos sin mirar sus ingredientes. Sin ser conscientes de que muchos de ellos llevan aditivos, conservantes y un sinfín de sustancias de dudosa procedencia.

La vida estresada y rápida que tenemos nos “obliga” a consumir productos que tu abuela no reconocería como comida. La industria alimentaria es muy poderosa y ofrece unos productos atractivos a la vista y al paladar que tienen la apariencia de comida pero que no lo son.

Compramos en el supermercado porque nos han convencido de que allí encontraremos una gran variedad de productos donde elegir, la realidad es que nuestro margen de libertad se limita a la elección entre una marca de margarina u otra. Cuando el quid de la cuestión es que no deberíamos consumir margarina de ningún tipo ya que es un producto procesado e industrial que hace 100 no existía y que lleva en su composición una buena dosis de grasas trans nada beneficiosas para nuestra salud.

Solo es un ejemplo de lo que podemos encontrar hoy en día en un supermercado. Si nos damos una vuelta por allí encontraremos pocos productos frescos y sí muchos procesados. ¿Nos hemos preguntado que productos nos gustaría encontrar? ¿Compramos lo que queremos comprar o compramos lo que hay?

Nuestro poder de elección es una enorme falacia.

Compramos lo que el supermercado decide vendernos

Compramos lo que el supermercado quiere que compremos, en otras palabras, adquirimos los productos que el supermercado elige vender en detrimento de otros que no considera competitivos comercialmente. Es más, compramos los productos en oferta que a la gran superficie le interesa quitarse de encima lo antes posible.

Por ejemplo, la harina de algarroba que tiene un sabor muy similar al del cacao hoy es imposible encontrarla en un supermercado. Sin embargo, la algarroba fue durante muchos años parte importante de la alimentación española aunque su uso se fue perdiendo en beneficio del cacao o del chocolate.

La paradoja es que somos uno de los primeros productores de algarroba del mundo, es decir, la cultivamos y la procesamos aquí. Por el contrario el cacao no se cultiva en España sino que ha sido cultivado y procesado en un lugar muy alejado de donde vivimos  ¿No tendría más sentido consumir algarroba en vez de cacao? Desde luego, sería más sostenible y  más sensato teniendo en cuenta que el sabor de ambos productos es muy parecido.

¿Cuál es el problema? Que la mayoría de las personas no han oído hablar de la algarroba jamás, que además es muy difícil de encontrar en un supermercado. y que tengo una oferta casi ilimitada de productos con cacao o con chocolate.

Este ejemplo es extrapolable a productos como los tomates o las naranjas, ya que existen muchas variedades que desconocemos porque solo se nos ofrece una variedad estándar que es la que se cultiva de forma intensiva.

¿Ofrecen más variedad los grupos de consumo?

Diría que es parte de su encanto poder probar diferentes variedades de berenjenas o de lechugas, por ejemplo. Una de las reivindicaciones de los agricultores ecológicos es la recuperación de variedades locales que se han ido perdiendo o que han quedado olvidadas. Semillas adaptadas al hábitat en el que vives desde hace más de mil años, nada que ver con una semilla creada directamente en un laboratorio.

Además de probar diferentes variedades de hortalizas que ya conocíamos podemos descubrir otro tipo de verduras de las que no sabíamos nada y que pueden enriquecer nuestra despensa y nuestros platos.

A modo de ejemplo, puedo citar el colinabo, una hortaliza de la que apenas sabía nada hasta que nuestro proveedor del grupo de consumo nos la ofreciese como un producto de temporada. Nos animamos a probarla y fue un gran descubrimiento culinario ya que tiene un sabor que la hace muy especial y es muy versátil en la cocina.

2. Conoces de donde vienen los alimentos

Hace ya tiempo que perdimos la relación entre el agricultor o el ganadero que nos suministra los alimentos que comemos. Es una realidad que no sabemos nada de los alimentos que compramos y consumimos. ¿Dónde fueron cultivados? ¿Cómo? ¿Se han utilizado pesticidas para controlar las plagas? ¿Se les han administrado antibióticos a las vacas? ¿Los animales han recibido un trato digno? ¿Han sido explotados sus recolectores? ¿Sus condiciones de trabajo son humanas?

 ¿Te planteas estas cuestiones cuándo vas al supermercado? Posiblemente no. En caso de preguntar por estas cuestiones, ¿podrías obtener esta información? No. Rotundamente no. Es imposible obtener estos datos en la agricultura y la ganadería intensiva.

Desconocemos por completo el origen de lo que comemos pero lo hacemos con la misma confianza con la que nuestros ancestros comían las hortalizas de la huerta del vecino. Si nuestros antepasados pudieran vernos se escandalizarían con la facilidad con la que consumimos productos de los que no sabemos absolutamente nada, que han sido procesados no se sabe dónde y que han pasado por un proceso de producción que los hace irreconocibles.

Cuando te unes a un grupo de consumo y comienzas a consumir productos locales una de las ventajas es poder visitar y conocer de primera mano cómo trabajan tus proveedores. Es habitual que las puertas estén abiertas para recibirte y que veas cómo se cultivan las verduras o cómo se elabora el queso. Que te permitan visitar el lugar donde pastan las vacas y observes el pienso con el que sea alimentan. La cercanía permite este tipo de relaciones que incluso pueden acabar en una amistad duradera con el tiempo.

Si vives en una ciudad y tu proveedor vive en un entorno rural es muy posible que también te permita visitar la cooperativa o la explotación y que veas con tus ojos como es el proceso.

Para mí es fundamental conocer el desarrollo del producto desde el principio hasta que llega a mi mesa. Saber que las gallinas de los huevos que comemos viven en libertad, que no están estresadas ni sometidas a una cadena de producción, que tienen una vida digna.

3.  Promueves el desarrollo de proyectos sostenibles

Esta es una cuestión vital si queremos cambiar un modelo productivo que explota a los animales y que agota la tierra. Es un hecho que los recursos de este planeta son finitos y limitados aunque nos vendan el desarrollo sin fin como un bien necesario e imprescindible.

Desde diferentes estudios se afirma que la agricultura ecológica es más eficiente y más productiva que la agricultura convencional. Además favorece la soberanía alimentaria especialmente en lugares del mundo donde viven los más pobres.

Existen movimientos como el decrecimiento que abogan por un cambio de modelo más sostenible y racional en el que no se exploten los recursos sino que se utilicen de una forma equilibrada y sensata. El crecimiento ilimitado ha demostrado ser un disparate que nos ha llevado a diferentes crisis en nuestra historia reciente. Podemos cambiar el modelo y debemos apostar por ello.

Desde diferentes proyectos ecológicos se apoya al medio rural y un cambio de modelo que devuelve la soberanía alimentaria a quien verdaderamente le pertenece: a los campesinos, a los agricultores y a los pequeños productores. Tú puedes formar parte de ese movimiento y poner tu granito de arena simplemente apoyando estos proyectos con tu consumo.

4.  Proteges el medio ambiente

Esta es una cuestión muy importante. Este mundo tal como es será la herencia que dejaremos a nuestros hijos y nietos. De momento es un mundo muy contaminado debido a nuestra dependencia de los combustibles fósiles y de un modelo productivo en el que los costes medioambientales han sido eliminados del precio final de consumo.

Si te das una vuelta por el supermercado podrás encontrar aguacates de Chile, tomates de Noruega, guisantes de china y un sinfín de despropósitos que llenan las cámaras frigoríficas de los supermercados. ¿No cultivamos aguacates en España? ¿Y guisantes? ¿Tiene sentido que viajen 10.000 kilómetros? ¿Y la huella ecológica de ese producto?

La globalización ha permitido que consumamos productos que han viajado más de lo que nosotros viajaremos en nuestra vida. El libre comercio ha permitido que podemos comprar a un precio más reducido un producto cultivado a 2000 kilómetros que un producto cultivado en apenas 50 kilómetros. Por ejemplo, una lata de espárragos cultivados en China es más barata que una lata de espárragos cultivados en Navarra. La diferencia de precio es brutal.

¿Dónde está la trampa? En la huella ecológica de este producto. Si sumásemos a esos espárragos chinos su coste medioambiental no costarían dos euros sino diez. Y esta información debería constar en la caja y ser accesible al consumidor, algo que aún no ha sucedido.

Si te unes a un grupo de consumo proteges el medio ambiente ya que ahorras gran parte de los costes medioambientales al consumir productos ecológicos y de proximidad. Además favoreces el cuidado y la protección de tu entorno. Esto redunda en un beneficio común para todos los habitantes de una zona o de un núcleo urbano.

Nuestra dependencia de los plásticos y envoltorios

Este es un tema que tengo pendiente desde hace tiempo y al que más pronto que tarde dedicaré un post. Nuestra dependencia de los plásticos es sencillamente brutal. Por desgracia, se ha localizado un nuevo continente en el Pacífico, un continente de basura plástica y tóxica. ¿Cómo hemos llegado ahí? Tenemos un problema tremendo  con el plástico y, sin embargo, ahora se envuelven  en el supermercado hasta las naranjas (la estupidez humana no tiene límites ni fronteras).

La cuestión es tan urgente que tenemos posicionarnos y tomar conciencia de que el abuso de los plásticos nos puede llevar al desastre. Además debemos ser conscientes de que el plástico no se degradada y nos sobrevivirá a nosotros y a las próximas generaciones.

En un grupo de consumo los plásticos y los envoltorios superfluos no son necesarios. Generalmente, el producto se suministra en cajas de cartón reciclables y reutilizables. Además no se suele envolver los productos ni en papel ni en cajas de cartón que luego no tienen ninguna vida útil.

Aquellos productos que exigen un envasado suelen envasarse salvo excepciones en recipientes de vidrios que suelen volver a utilizarse. Nosotros, por ejemplo, los empleamos para guardar comida congelada y no tener que recurrir a los táper.

5.  Haces nuevas amistades

De entre los beneficios de pertenecer a un grupo de consumo me gustaría resaltar la posibilidad de crear nuevas amistades. Las personas que forman parte de un grupo de consumo generalmente suelen compartir unos valores y unas perspectivas vitales similares como el cuidado por el medio ambiente o la conciencia social. Es una oportunidad para encontrar personas idelógicamente afines a ti.

Algunas de los miembros de nuestro grupo de consumo son familias como nosotros con las que no solo compartimos nuestra visión de la alimentación sino que también los principios de la crianza respetuosa. Esto crea una lazos muy potentes que con el tiempo se han convertido en una sólida amistad. Además nuestros hijos son amigos y juegan juntos.

Otros miembros del grupo están en otro proceso vital y eso no supone un impedimento para desarrollar una amistad duradera. Todos disfrutamos de pasar un rato juntos y de poder conversar sobre temas de sostenibilidad o de decrecimiento. El intercambio resulta muy enriquecedor.

También te permite entrar en contacto con personas muy diferentes que tienen una visión personal sobre la realidad  y que pueden ofrecerte nuevas perspectivas sobre el mundo en el que vives o simplemente mostrarte otra forma de vivir o de entender el mundo.

6.  Aprendes a consumir de forma responsable

¿Tiene sentido consumir naranjas en agosto o fresas en diciembre? Debemos ser conscientes de que consumir productos fuera de temporada significa consumir un producto que ha sido cultivado en un lugar muy alejado de nuestro hogar y que ha viajado miles de kilómetros para llegar a mi mesa.

¿Merece la pena? ¿Se trata de un consumo responsable? No, y todos los sabemos. No es un consumo responsable ni es un modelo sostenible a medio-largo plazo.

La forma en que consumimos y la forma en que decidimos alimentarnos no es una cuestión banal e intrascendente. No solo repercute en mi entorno sino que también hipoteca nuestro futuro como especie.

Aprender a consumir de forma responsable implica tener en cuenta los costes mediambientales, sociales y políticos que tienen nuestras elecciones personales. Si decido que solo voy a consumir productos de temporada y me acostumbro a ello, pasaré de largo cuando me ofrezcan naranjas argentinas en agosto. Cuando no se vendan quizás el supermercado se cuestiona la necesidad de traerlas desde tan lejos.

Naranjas que por cierto deberían quedarse en su entorno y ser consumidas por personas que viven en ese lugar y que están adaptadas a ese medio.

Un consumo responsable significa comprar solo lo que necesito y abandonar la dependencia por los productos procesados. La racionalidad y el sentido común deben sentarse a la mesa. Mejor que comprar una crema de calabaza elaborada gracias a un proceso de producción puedo elaborarla en casa con los ingredientes que yo elija y hacer las variantes que yo considere oportunas. Puedo mirar en mi despensa y con esos productos elaborar recetas nuevas o directamente hacer una cocina de aprovechamiento. Las posibilidades son ilimitadas.

Es un hecho que en España tiramos muchísima comida que caduca o en los supermercados o en nuestra nevera. ¿Es necesario todo ese despilfarro? ¿Necesitamos nachos de jamón y queso para vivir o pizza de barbacoa? Se trata de aprender a conocer los productos tal y como crecen en la naturaleza y aprovecharlos gracias al ingenio y a la imaginación.

En un grupo de consumo aprendes a consumir los productos que hay cada temporada y a aprovecharlos. Nosotros hemos hecho mermelada de frutas cuando hemos tenido un excedente de producto, hemos introducido hortalizas nuevas en nuestros platos y hemos dado un nuevo toque a nuestra comida. Hay miles de posibilidades que nos da la tierra y que podemos aprovechar.

7.  Compras a un precio razonable

Si como para nosotros una de tus prioridades es consumir productos ecológicos a un precio razonable un grupo de consumo es perfecto para cubrir esta demanda sin arruinarte. Ya comentaba en profundidad en el post, Alimenta a tus hijos con productos ecológicos los beneficios que puedes obtener si te pasas al consumo ecológico, por ejemplo, ventajas en tu salud y ventajas medioambientales.

La clave para pagar un precio ajustadoo está en la eliminación de intermediarios que suelen encarecer el precio y en la distribución que suele ser cercana, lo que supone una reducción importante en gastos de transporte. En ocasiones, alguno proveedor decide para abaratar costes distribuir el producto solo una vez al mes. En ese caso, compras una mayor cantidad de producto y lo conservas en un lugar adecuado en el que no se dañen sus propiedades. Así funciona, por ejemplo, nuestro proveedor de cítricos y aguacates.

Comprar en grupo es más barato que comprar en soledad, esto también ayuda a ajustar precios que pueden ir por tramos o por kilos. Los productos de temporada debido a su estacionalidad suelen venderse a un precio más barato. Otra forma de abaratar la lista de la compra es adquirir cesta cerrada con los productos que tu proveedor necesita vender. Puede salir entre un 10 y un 20% más barato que escoger los productos directamente de un listado.

En definitiva creemos que un cambio de modelo de consumo trae consigo un cambio de mentalidad y una oportunidad para el futuro. Los grupos de consumo promueven estas iniciativas e impulsan la creación de cooperativas o proyectos sostenibles que promueven la recuperación del medio rural que durante tanto tiempo ha estado olvidado.

Cuando eliges pertenecer a un grupo de consumo lo haces con el convencimiento de que vas a ayudar a mejorar el mundo o al menos vas a ayudar a reducir tu huella de carbono y la de tu familia.

¿Qué te han parecido estas razones? ¿Te animas a probar con un grupo de consumo? ¿No sabes por dónde empezar?

En el próximo post te cuento mi experiencia formando parte de un grupo de consumo y cómo puedes formar parte de uno o crear el tuyo propio.

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Madres quemadas o el síndrome de Burnout

Madres quemadas o el síndrome de Burnout

Bienvenida al club de las madres quemadas o que sufren el síndrome de burnout aunque nunca en su vida hayan oído hablar de él.

En el post de hoy vamos a delimitar que es el síndrome de burnout y porque se asocia a las madres agotadas mental y físicamente o también denominadas madres quemadas. Se trata de un problema que cada vez aqueja a más madres debido al ritmo desorbitado de vida que llevamos y a la exigencia desmedida a las que nos vemos expuestas.

¿Qué es el el síndrome de las madres quemadas?

En 1974 el psicólogo Herbert Freudenberger formula su teoría sobre el síndrome de Burnout. La palabra de origen anglosajón es “burn-out” que traducido al castellano significa consumirse o agotarse. En un principio se elabora pensando en un entorno meramente laboral, sin embargo, más adelante, el término se amplía a otros entornos como el familiar.

El síndrome de burnout se aplica desde hace tiempo a madres cansadas aunque también puede utilizarse para referirse a la situación de cansancio del padre. Este síndrome también ha sido denominado síndrome de la madre quemada, en este post utilizaremos indistintamente ambos conceptos como sinónimos.

De igual modo, cuando hablemos de la persona que sufre el síndrome nos centraremos en la figura maternal lo que no quiere decir que lo que se afirma no sea igualmente válido para referirnos al padre que presenta un cuadro de agotamiento extremo similar.

¿En qué consiste? Principalmente en un progresivo agotamiento físico y mental de la madre que lleva a un estrés que se convierte en crónico.

Buscando bibliografía sobre la cuestión no encontré ningún artículo científico que se hubiera detenido a analizar los niveles de estrés de las madres y la incidencia del síndrome de Burnout en este colectivo. La mayor parte de artículos disponibles se centran en entornos laborales relacionados con profesiones relacionadas con el cuidado de terceros.

¿Entonces no existe el síndrome de las madres quemadas?

Sería muy injusto afirmar esto. Ya que cada vez más mujeres afirman sentirse sobrepasadas y estresadas a diario. Aunque el problema sea invisible para gran parte de la sociedad no significa que no exista. Las mujeres siguen llevando el peso de la vida familiar, asumiendo una carga que en muchos momentos se puede tornar insoportable.

Otra cuestión es si alguien en algún momento se tomará la molestia de recabar estos datos y hacer un estudio que demuestre que las madres soportan unos niveles de estrés muy altos y que necesitan de una red de apoyo físico y emocional.

Los síntomas del síndrome de las madres quemadas

Repasemos los síntomas y veamos si compartimos alguno de ellos. Podemos encontrar síntomas a nivel emocional y a nivel físico. Comenzaremos haciendo un repaso por los síntomas emocionales.

Síntomas emocionales del síndrome de las madres quemadas

Uno de los síntomas emocionales más representativos es la irritabilidad y el mal humor generalizado. Todo nos molesta y el más mínimo contratiempo nos genera un enorme enfado o malestar. Nuestra reacción ante determinadas situaciones de la vida es de agobio continuo ya que nuestra resistencia al estrés cada día está más mermada.

Otro síntoma visible es la falta de energía. Parece que la más mínima cosa cuesta un gran esfuerzo, como bañar al niño, ir con él a la compra o sentarnos a la mesa a comer todos juntos. Interrelacionado con este síntoma está la desmotivación, la madre no tiene ilusión por nada y empieza a no disfrutar de pasar tiempo con sus hijos, al contrario, se convierten en una pesada carga. Esto se adereza con buenas dosis de culpa.

A nivel mental notamos un gran agotamiento que está relacionado con un deterioro cognitivo que se ha puesto en marcha y que nos puede provocar confusión, pérdida de memoria, falta de concentración y despistes varios que agravan la situación y nos hacen sentirnos inútiles.

Un síntoma muy significativo es el insomnio. Estamos agotadas pero nos metemos en la cama y somos incapaces de conciliar el sueño. De pronto, todas nuestras preocupaciones rondan por nuestra cabeza y nos generan una gran angustia. También puede ser que nos durmamos y nos despertemos a mitad de la noche con palpitaciones o en alerta y luego no podemos coger el sueño de nuevo. Al día siguiente  estamos agotadas pero cuando llega la noche la situación se repite.

Uno de los síntomas menos visibles y más preocupantes son los estados depresivos que pueden pasar desapercibidos por el entorno porque la madre finge una aparente normalidad.

Posiblemente ni siquiera sea consciente de que ha entrado en estado depresivo.  Puede sentirse invadida por la tristeza y por sentimientos negativos que, en ocasiones, no se atreve ni a confesar a su pareja.

Síntomas físicos del síndrome de las madres quemadas

Los síntomas físicos pueden confundirse con alguna enfermedad  ya que el estrés al que nos vemos sometidas altera el equilibrio de nuestro cuerpo.

Es muy habitual tener problemas gastrointestinales de forma continuada, parece que nada nos sienta bien o que no se nos asienta el estómago. Podemos incluso perder peso porque el estrés nos cierra la boca del estómago y nada nos entra, o por el contrario, comer de forma desaforada y sin control, como una forma de acallar nuestro malestar.

Se puede ver afectado nuestro aparato cardiovascular por un incremento de la tasa cardíaca y podemos sufrir arritmias cardíacas. Nuestro sistema inmunológico se deprime y estamos más expuestas a virus y nos enfrentamos con menor fuerza a ellos, por lo que tendemos a enfermar más a menudo.

Los dolores de cabeza son continuos, es muy común sufrir la típica cefalea tensional que puede incluso incapacitarnos y llevarnos a la cama. Son esas migrañas que nos impiden incluso pensar. También se asocian al burnout los problemas musculares, contracturas y dolores articulares que podemos notar al despertar o al poco de meternos en la cama.

¿Soy una madre quemada?

¿Te has sentido identificada con alguno de estos síntomas? ¿Significa que sufro este síndrome?

Ante todo deberíamos ser prudentes y saber delimitar entre un estrés puntual motivado por una situación concreta y una situación de estrés sostenida en el tiempo.

Lo que sí es cierto es que en más de una ocasión nosotras nos hemos sentido quemadas o hemos tenido cerca de nosotras a una madre con unos niveles de estrés muy elevados. Madres a las que cualquier contratiempo las saca de sus casillas.

Es habitual en los grupos de madres encontrarnos con mujeres que muestran su descontento o se sienten desbordadas por la crianza de sus hijos. En ocasiones se sienten juzgadas por otras madres por sentirse mal o por tener pensamientos negativos. Lo que agrava la sensación de incomprensión. Ya explicaba en el post, la maternidad juzgada: aprendiendo a no juzgar, lo importante que es no juzgar a otras madres sino sostenernos y acompañarnos en la crianza, la importancia de la tribu.

¿Cómo reacciona nuestro cuerpo ante el estrés?

Me parece vital detenernos en esta cuestión porque sabemos que es el estrés pero desconocemos como se activa y que efectos tiene sobre nuestro cuerpo.

La supervivencia activa una serie de mecanismos cerebrales relacionados con la lucha/huida. La amígdala que es el centro de nuestra memoria emocional cumple un papel muy relevante ya es la estructura encargada de evaluar si el estímulo es positivo o negativo. Para entendernos, ella decide si debemos dar la voz de alarma o debemos permanecer relajadas.

Si la alarma se produce, la amígdala activa al hipotálamo que nos prepara para dar una respuesta al estrés. El hipotálamo pide ayuda a sus amigas, las glándulas suprarrenales, situadas en los riñones que cuentan con muchas otras amigas dispuestas a responder inmediatamente.

¿Cómo lo hacen las glándulas suprarrenales? Regulando la secreción de distintos tipos de hormonas como los corticosteroides y las catecolominas. Dentro del grupo de la catecolominas nos encontramos con tres sustancias importantes: la adrenalina, la noradrenalina y la dopamina.

Estas tres amigas en momentos de estrés se introducen en el torrente sanguíneo de forma masiva. Tiene sentido, su objetivo es dar una respuesta inmediata y contundente.

¿Entonces el estrés es el malo?

Ni bueno ni malo. Cuando cumple su función adaptativa podemos considerarlo un estrés positivo que nos permite afrontar una situación puntual y dar una respuesta adaptativa.

Por ejemplo, mi hijo echa a correr hacia la carretera. Automáticamente mi amígdala y mi hipotálamo se ponen en marcha y en cuestión de segundos las catecolominas se han vertido de forma vertiginosa en mi torrente sanguíneo y me han activado. De pronto, estoy corriendo más rápido que él para alcanzarlo e impedirlo. Y por supuesto, consigo mi objetivo, detenerlo antes de que ponga un pie en la carretera.

¿Cuál es el problema con el estrés mantenido en el tiempo? El principal inconveniente es que este estrés no es adaptativo. Nuestro cuerpo está preparado para afrontar un estrés puntual no para enfrentarnos a un estrés sostenido. Sencillamente no podemos mantener la respuesta con la catecolominas, ya que duran poco tiempo en nuestro torrente sanguíneo.

Necesitamos refuerzos y entonces nos unimos a otra glándula endocrina, la hipófisis y se forma el eje del mal, como yo lo denomino, comúnmente llamado eje hipotalámico-hipofisario. Y además contratamos a un guardia de seguridad que trabaja durante más tiempo, el cortisol que se libera de forma más lenta en nuestro organismo y sus efectos son más duraderos. El problema es que se mantiene durante bastante tiempo en nuestro cuerpo aunque la amenaza ya no exista.

Cuando sientes que solo sobrevives

Por desgracia, si el cortisol se mantiene durante mucho tiempo podemos decir que hemos entrado en un estado de estrés crónico o mantenido, también denominado estrés negativo o distrés.

Cuando llegas a esta situación de desbordamiento o de agotamiento extremo solo piensas en sobrevivir y empiezas a funcionar en piloto automático, cumples con tus obligaciones como una autómata.Querrías llorar pero ni siquiera tienes tiempo para eso. Y ni se te ocurra quejarte que cualquiera aprovechará para darte unas cuantas lecciones de crianza gratuitas o te dirá que eres una niñata egoísta e inmadura.

¿Son conscientes nuestros hijos de que nos sentimos quemadas?

Por supuesto, tus hijos lo notan, lo perciben y lo absorben como esponjas. Y también su comportamiento puede verse alterado por la situación porque el entorno calmado es ahora un entorno tenso y el niño no entiende que ha pasado ni por qué.

En modo madre quemada pueden darse diferentes situaciones: que la madre dejé de prestar atención al niño y esté haga lo imposible por llamar la atención de mamá, a veces, haciendo lo que precisamente más nos molesta;

Que el niño perciba la tensión y se contagie de ella poniéndose insoportable o expresando su incomodidad con el llanto algo que puede provocar en la madre aún más desasosiego y malestar.

Que la madre esté tan tensa que cualquier reacción del niño provoque una reacción desproporcionada e incluso violenta. La madre no para de regañar, de enfadarse por todo. A veces ni siquiera puede controlar su ira.

¿Es culpa de tu hijo que tú te sientas sobrepasada?

No, en absoluto. Y lo sabes. No deberíamos echarle la culpa de nuestro enfado o de nuestra falta de autocontrol. Estamos proyectando en ellos nuestra propia frustración y eso es profundamente injusto.

No es la primera vez que una madre me consulta porque cree que su hijo tiene un comportamiento inadecuado o molesto e indagando en la cuestión descubro que el problema no es del niño sino del adulto. La madre está quemada por un montón de cuestiones que revisaremos más adelante pero pone el foco en su hijo, en lo que hace, en lo que no hace, todo es motivo de crispación. Sin embargo, no es consciente de cómo se  comporta con él, de cómo le habla, de cómo se establece el intercambio comunicativo.

Nuestros hijos son un espejo de nosotros, así que está bien que revisemos lo que reflejamos.

Nosotras somos las adultas, las personas encargadas de su bienestar y de crear un ambiente seguro y relajado, no deberíamos olvidarlo nunca.

Pero no estamos relajadas y no somos felices. El malestar no está en ellos sino en nosotras y tenemos que ser consciente de ello. Tampoco deberíamos fustigarnos y sentirnos culpables por no reaccionar de una forma calmada y serena. Somos madres y somos humanas y podemos equivocarnos, nunca me cansaré de repetirlo. Tomar consciencia y racionalizar el problema es un gran paso.

El punto de inflexión

Siempre hay un punto de inflexión que nos hace replantearnos que estamos haciendo. Generalmente suele ser una situación de crisis o un acontecimiento inesperado que mueve nuestros cimientos por completo y nos sitúa de frente ante un problema que hasta ahora hemos ignorado, hemos normalizado o hemos relegado para más tarde.

Puede ser que hayamos enfermado nosotras o uno de nuestros hijos, que nuestra relación de pareja se haya deteriorado con la misma rapidez que tu paciencia. No importa lo que te ha colocado ahí y lo que te ha abierto los ojos.

Pero hoy de repente eres consciente de que no quieres vivir así. No quieres sentirte quemada, no quieres sentirte cansada, sobrepasada, harta. Ansias disfrutar de tu maternidad y de la crianza de tu hijo.

Respira

Sí, respira. Coge aire y suéltalo lentamente. No estás loca, no eres una mala madre, ni un ser monstruoso. Eres una mujer sobrepasada por las responsabilidades y muy cansada. No estás sola. Somos muchas mujeres las que nos hemos podido sentir agotadas, quemadas y desbordadas en algún momento o durante una temporada.

Y estamos aquí para comprenderte y apoyarte en este proceso de cambio y de consciencia.

¿Cómo hemos llegado ahí?

Imagínate tratando de subir el Everest en deportivas, ¿sería fácil? Si eres Kilian Jornet seguro que está a tu alcance está proeza, pero el común de los mortales necesita ir equipado para subir esta montaña. Es más, seguramente, la mayor parte de las personas no subirían el Everest en soledad sino acompañados.

¿Por qué encaramos la maternidad y la crianza en soledad entonces?

Hay muchos motivos que nos han podido llevar a convertirnos en una madre quemada, una de los motivos más importantes es la soledad. Una madre que cría sola, que no tiene apoyos cerca y que siente que no puede desahogarse, acaba por sentirse desamparada e incomprendida.

Nunca me cansaré de insistir en lo importante que es tener una tribu que te proteja, que te comprenda y que te arrope cuando lo necesites. Del enorme valor que tiene un abrazo o una palmada de ánimo cuando estamos bloqueadas y sólo queremos salir corriendo.

Síndrome de burnout laboral

Como ya comentaba al inicio el síndrome de burnout comenzó siendo aplicado a los entornos laborales. Muchas de nosotras además de madres también somos mujeres trabajadoras y podemos vernos afectadas por él.Nuestro entorno laboral y el nivel de exigencia que nos impone nuestro empleo puede ser determinante para sufrir un estrés crónico.

Una madre estresada en su trabajo o con una gran carga de responsabilidad laboral, tiene más posibilidades de convertirse en una madre quemada.

Por no hablar de las presiones laborales para que no opte por una reducción de jornada para cuidar de sus hijos. Es un secreto a voces que a las mujeres que son madres se les exige más en su puesto de trabajo. Se considera injustamente que se ausentará más que un hombre cuando sus hijos se pongan enfermos o necesiten ir al médico. De nuevo la responsabilidad del cuidado de los hijos recae única y exclusivamente en las mujeres.

Las madres quemadas y la falta de descanso

Otra causa fundamental para que se desarrolle el síndrome la madre quemada es el cansancio acumulado.

Cuando nuestro hijo es un recién nacido apenas dormimos pero vivimos con la esperanza de que la situación se revertirá más pronto que tarde. Más adelante descubres que el dormir ya no volverá a ser lo que era. Yo era una persona que necesitaba dormir entre 8 y 10 horas para levantarme descansada, desde que soy madre duermo de media unas seis horas con su posibles despertares nocturnos incluidos.

No dormimos bien y no paramos en todo el día por lo que acabamos sintiéndonos agotadas la mayor parte del tiempo. Llegas a las 10 de la noche fundida y si tu hijo es como el mío que se reactiva por los noches todavía te queda un rato por delante antes de dormir. Sean cuales sean tus circunstancias familiares no parar tiene un precio.

El cansancio es acumulativo por lo que existe una potente razón por la que te sientes tan cansada. Y esto genera una serie de efectos en nuestra salud que se relacionan con el síndrome de la madre quemada como la irritabilidad, la depresión o la ansiedad.

¿Qué puedo hacer si sufro el síndrome de las madres quemadas?

En primer lugar, delimitar si estamos pasando por un período de cambio que nos esté provocando un pico de estrés. Puede ser que hayamos sido madres recientemente y todavía estemos reajustándonos con nuestro bebé y nuestra nueva vida. Que hayamos cambiado de trabajo y nos estemos adaptando a las responsabilidades y deberes de mi nuevo empleo. Tal vez nos hemos mudado a otro sitio y estamos habituándonos a nuestro nuevo entorno.

Los cambios aunque sean deseados y queridos pueden provocarnos un gran estrés y malestar. Incluso nos podemos plantear si nos hemos equivocado tomando la decisión de adoptarlos.

Puede ser que no se haya producido un cambio pero que me sienta muy cansada, debido a lo que comentaba antes, el cansancio acumulativo. Y esto me genera un sentimiento de agotamiento mental y físico.

Consejos prácticos para superar el síndrome de burnout maternal

Las razones que me han llevado a sentirme quemada pueden ser muy variadas lo que importa es como me enfrento a esta situación y que hago para revertirla a mi favor. Vamos a ofrecerte una serie de consejos prácticos para ayudarte a superarlo.

Busca apoyos en tu entorno

Deberíamos buscar apoyos en nuestro entorno para rebajar nuestro nivel de estrés. La primera persona en la que pensamos es nuestra pareja, es la persona con la que convivimos y el padre de nuestros hijos. Si él puede durante una temporada estar más presente y ofrecerte ese apoyo que necesitas sería perfecto.

Puede ser que él también se sienta quemado o estresado y no pueda responder a esa demanda. Entonces buscaremos en el entorno a alguien que pueda echarnos una mano una temporada, ya sean los abuelos o una amiga.

Tira de tu tribu de amigas. La tribu es fundamental para arroparte pero también para ayudarte cuando lo necesitas. Si tengo un grupo de madres de apoyo es mucho más fácil delegar o pactar momentos en soledad para poder recuperar el equilibrio perdido.

También tenerlas a tu lado es fantástico para desahogarte, el mero hecho de expresar lo que sentimos supone un alivio inmediato. Pero además vas a encontrar un lugar donde te vas a sentir comprendida y escuchada.

Rebaja tu nivel de exigencia

Te encuentras en un momento de desbordamiento emocional así que la plancha puede esperar al igual que cualquier tarea doméstica que no sea prioritaria. Por supuesto, trata de no ponerte tareas imposibles que debes cumplir sí o sí todos los días. Vivir no es una gymcana. Céntrate en lo prioritario e imprescindible y pospon todo lo demás para cuando te sientas más fuerte.

Haz las cosas con calma y sin prisas. No estamos corriendo una maratón y de todos modos llegaremos aunque sea unos minutos más tarde. Si el tiempo es lo que te abruma, sal con mucho tiempo de antelación de casa. Y acepta que nuestros hijos tienen sus propios ritmos.

Recupera tu espacio

Uno de los problemas del síndrome de la madre quemada es que nos hemos relegado al último lugar. Nos hemos olvidado de nosotras y de nuestras necesidades. De nuestra necesidad de darnos una ducha tranquilas, de sentarnos a leer unos minutos o de no hacer absolutamente nada.

Es vital que si te sientes estresada hagas algo que te haga sentir mejor y te de un chute de energía. El bienestar personal es fundamental para mantener nuestro equilibrio mental y físico. Si nosotras estamos bien, nuestros hijos estarán bien. Nosotros somos el motor y el corazón de nuestras familias.

¿Cuándo deberías buscar ayuda profesional?

Esto es algo muy personal y depende de la persona y de la valoración que haga de su situación. Sin embargo, deberíamos tener en cuenta que pedir ayuda a un profesional es algo positivo y nos puede ser muy útil para afrontar el síndrome de la madre quemada.

Un especialista conoce el síndrome de Burnout y cómo afrontarlo de la mejor manera posible según tus rasgos de personalidad y tus circunstancias. Si sientes que ya no puedes más y que la situación te sobrepasa es el momento de buscar ayuda. Es más, no deberíamos esperar a sentirnos desesperadas. Si hoy siento que soy infeliz y que no puede manejar la situación, es buena idea al menos planteármelo.

Espero que este post te haya sido útil para entender que es el síndrome de la madre quemada y cómo podemos afrontarlo. Por supuesto, nuestra personalidad, nuestros éxitos y nuestra capacidad de resolución de problemas son básicos para la superación de esta situación de estrés extremo.

Recuerda no obstante que no estás sola, ya sea en mi tribu presencial o en mi tribu online siempre serás bienvenida. Quizás no podamos solucionar el síndrome pero podemos escucharte, arroparte y comprenderte. Y además sacarte la mejor de las sonrisas.

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