como afrontar los miedos infantiles de forma respetuosa

como afrontar los miedos infantiles de forma respetuosa

Hoy en el blog hablaremos de cómo afrontar los miedos infantiles de forma respetuosa. Últimamente he tenido algunas consultas sobre este tema, especialmente sobre miedo a la oscuridad y otros miedos nocturnos. Precisamente por ello me he animado a abordar esta temática en este post, ya que estoy segura que puede ayudar a otras familias.

¿Por qué surgen los miedos infantiles?

Los miedos infantiles tienen un componente adaptativo y de supervivencia. Debemos tener muy presente que el miedo es una emoción natural que todos experimentamos a lo largo de nuestra vida y que no desaparece con la edad tan solo evoluciona.  No solo los niños tienen miedos también los adultos. Me gustaría preguntarte si tú no tienes miedos, porque yo sí los tengo. Tengo miedo a muchas cosas, entre ellas a conducir por autopistas. La cuestión es que cómo adultos tenemos más herramientas para afrontarlos y minimizarlos.

El miedo es la forma en que nos enfrentamos a una amenaza potencial, nos permiten afrontar una situación peligrosa de forma adecuada. Nos ayudan a dar una respuesta adaptativa ante una amenaza real que pone en peligro nuestra supervivencia. Así que aunque los miedos les compliquen la vida a nuestros hijos son necesarios. Si no se activase el miedo cuando corresponde, nuestros hijos podrían tener conductas que pudieran poner en peligro su vida como por ejemplo irse de la mano de un extraño o lanzarse desde una gran altura.

¿Qué constituye una amenaza para un niño?

Casi cualquier cosa susceptible de provocarle miedo. Los niños pueden tener miedo a la oscuridad, a dormir solos, a los fantasmas, a los monstruos, a los animales o que nos pase algo, a quedarse solo, a no tener amigos. La lista puede ser interminable. En ocasiones los miedos de nuestros hijos nos pueden parecer irrelevantes o anecdóticos. Sin embargo, para el niño el miedo es absolutamente real y por mucho que le digamos que no tiene que tener miedo o que no es real no nos escuchará. Tendremos que utilizar alguna de las estrategias cómo las que propongo en este post.

Factores que agudizan el miedo

En ocasiones, cambios familiares, situaciones conflictivas en el entorno familiar, como una separación, la muerte de un familiar pueden suscitar miedos irracionales. Una situación de estrés mantenida en el tiempo puede agudizar diferentes miedos, asimismo, una experiencia traumática en la infancia también puede provocar miedos en nuestros hijos.

Asimismo, muchas veces los miedos aparecen porque exponemos a los niños a una información que no es adecuada para su edad. Por ejemplo, todas las noticias relacionadas con la pandemia han exacerbado los miedos infantiles. Otras veces los niños ven contenido en televisión o en plataformas de streaming que no son adecuadas para su edad por su contenido violento o no recomendado. Debemos ser muy cuidadosos con la calificación por edades y respetarla. Si el niño tiene miedo a un contenido audiovisual, aunque sea para su edad no deberíamos exponerle a él.

Si se da alguna de estas circunstancias estaría bien indagar sobre estos miedos y procurar que el entorno sea lo más tranquilo, seguro y estable posible.

¿Mi hijo tendrá siempre los mismos miedos?

No, no tiene porque ser así. De hecho, evolutivamente hay una serie de miedos que son más habituales a unas edades que a otras. Mientras que según vamos creciendo algunos miedos desaparecen o son muy residuales aparecen otros miedos nuevos que irrumpen con la misma fuerza o sustituyen a miedos antiguos. Desde un punto de vista evolutivo tiene sentido, ya que según crecemos y evolucionamos nuestros miedos van adaptándose a nuestro estadio biológico, psicológico y social.

Los miedos que tengo de adulta se parecen poco a los miedos que tenía de niña, asimismo, los miedos de un bebé pequeño no son los mismos que los de un niño de 10 años.

Miedos más comunes por etapas

A continuación, vamos a hacer un breve repaso por los miedos más habituales por edades.

Primer y el segundo año de vida: aparecen miedos a los ruidos fuertes, a la oscuridad, a personas que no conocen y a separarse de sus progenitores.

Entre los tres y los cuatro años: desaparecen algunos miedos como el miedo a los extraños. Otros miedos siguen muy presentes como el miedo a la oscuridad. En esta etapa pueden aparecer miedos a fenómenos atmosféricos como a las tormentas y miedos a algunos animales como a las serpientes. Es una edad en la que se desarrolla de forma increíble la imaginación lo que trae consigo miedos a fantasmas o monstruos personajes de cuento. También es común el miedo a ir al colegio o a los médicos sobre todo si les han puesto una vacuna o les han hecho una analítica recientemente.

A partir de los cinco y hasta los ocholos miedos más comunes son a la oscuridad y a algunos animales. Puede ser que nuestro hijo hasta este momento no haya tenido miedo a determinados animales y de repente tenga un miedo atroz a los perros o a las arañas. Aparecen de forma muy potente ciertos miedos a la enfermedad, a hacerse daño, a qué les pase algo a sus padres, a los accidentes y a la muerte. Hay niños que llegan a obsesionarse con la muerte sobre todo si ha muerto recientemente un familiar o persona muy cercana a la familia. Si necesitas ampliar información sobre este tema, te dejo este post: cómo ayudar a nuestros hijos a afrontar el duelo

De los nueve a los doce años: los miedos van evolucionado en otra dirección. Aunque siguen presentes los miedos a la enfermedad o la muerte aparecen otros miedos más relacionados con los social. Aparecen miedos a hablar en público, la timidez extrema o los miedo a lo que piensen los demás.

A partir de los doce años y en adelante: los miedos son principalmente sociales y afectan a la autoestima. Junto con el miedo a hablar en público aparece el miedo al rechazo, el miedo a hacer el ridículo, a la soledad, a no tener amigos, etc.

Como podemos observar los miedos evolucionan, no obstante, es importante resaltar que esta información es orientativa. En algunos niños ciertos miedos aparecerán antes o después y tendrán una duración diferente según sea el carácter del niño y sus circunstancias personales.

Cómo afrontar los miedos infantiles de forma respetuosa

Cuando el miedo aparece

Que los niños desarrollen miedos nocturnos es relativamente normal. En muchas ocasiones el niño que hasta ahora no había sido miedoso y dormía solo en su habitación de repente desarrolla miedo a la oscuridad o a dormir solo. No debemos vivirlo como un retroceso en su desarrollo, todo lo contrario, es un miedo evolutivo. De hecho, el miedo a la oscuridad es el miedo más común en la infancia.

Lo que NO deberíamos hacer

No deberíamos minimizar el miedo o restarle importancia. Si optamos por esta alternativa no solo el miedo no desaparecerá, sino que es posible que se haga mucho más grande. Además, nuestro hijo puede sentirse frustrado o incomprendido por nuestra reacción. Así que no deberíamos decir “Es una tontería”, “Son ideas tontas”, “no es nada”, o “no pasa nada”. Porque si está pasando algo que para el niño es relevante.

Asimismo, no es buena idea enfadarnos con él o recriminarle por tener miedo. No deberíamos hacer comentarios ofensivos del tipo, “ya eres mayor para tener miedo”, “El miedo es de niños pequeños”.

Tampoco deberíamos apelar a su valentía ya que podemos dañar su autoestima diciéndole que tiene que ser valiente para afrontarlos, ya que de forma encubierta le estamos llamando cobarde. Por último, no deberíamos darles una importancia excesiva, ya que entonces generaríamos en el niño aún más estrés.

Estrategia 1:  dialogar sobre lo que nos causa miedo

Lo ideal sería escoger un ratito en que estemos relajados o que el ambiente este distendido para tratar el tema. Le podemos preguntar a qué tiene miedo o que nos cuente que le asusta tanto. Si se cierra en banda y no quiere hablar, respetamos su deseo y no insistimos. Igual podemos buscar otro momento más oportuno. Podemos aprovechar ratos en que estamos haciendo algo con él, por ejemplo, cuando estamos cocinando juntos, pintando o haciendo una actividad en la que esté entretenido y que haga que esté más abierto a hablar de lo que siente.

Si se anima a contárnoslo aprovechamos para indagar. Es muy importante que no emitamos juicios de valor, que no juzguemos lo que nos está diciendo. Puesto que ha tenido la confianza de compartirlo con nosotros vamos a corresponder con nuestro acompañamiento, nuestro cariño y buenas dosis de empatía. Vamos a ser empáticos y a conectar con lo que están experimentando. Podemos preguntarles cómo se sienten, qué emociones les suscita, cómo creen que pueden actuar ante esa posible amenaza. Les podemos decir que entendemos que tenga miedo o que esté asustado.

Podemos aprovechar para explicarles que nosotros a veces también tenemos miedo y cómo lo enfrentamos.  Probablemente cuando sea capaz de expresar su miedo y ponerle nombre se sienta más aliviado y parte de ese miedo desaparezca o se haga más pequeño.

Estrategia 2: actividades artísticas para afrontar el miedo

El arte es muy positivo para enfrentar cualquier conflicto o malestar. Una actividad artística les puede ayudar a enfrentar sus miedos y a minimizarlos. Mi primera propuesta es que dibujen a sus monstruos, ¿Cómo son? ¿Qué aspecto tienen? ¿Por qué dan miedo? ¿Qué vamos a hacer para enfrentarlos? Una vez que lo tenga dibujado qué no explique todo sobre él.

La segunda propuesta es que escribamos un cuento en el que el monstruo sea el protagonista o un personaje secundario. Podemos reunir a diferentes monstruos o fantasmas recurrentes y escribir un relato sobre ellos. La idea es sacarlos de contexto y darles una nueva identidad que le reste esa parte aterradora. Puede ser que el cuento tenga una parte humorística.

La tercera propuesta es leer cuentos todas las noches antes de dormir. Los cuentos les relajan y también les conectan con sus emociones y les ayudan a ponerles nombre. También sirve como una distracción al miedo que les sobreviene justo antes de dormir.

¿Qué hago si quiere dormir conmigo?

Permitírselo. Y ahora voy a explicar en qué me baso para apoyar esta idea. En diferentes sitios podemos leer que no es buena idea dormir con nuestros hijos y que es contraproducente. La mayor parte de estas afirmaciones se basan en modelos psicológicos basados en el conductismo.

Es un hecho constatado que a los niños les encanta dormir con sus padres. Si hiciéramos una estadística nos sorprendería saber que los niños acuden al cuarto de sus padres en busca de consuelo, afecto o protección un día sí y otro también.

La teoría está muy bien y puede ser muy ilustrativa, pero la realidad es que los niños suelen ir a la habitación de sus padres durante la noche por diferentes motivos. Aunque nos empeñemos en que los niños duerman en su habitación y nos neguemos a que el niño duerma con nosotros volverá a intentarlo. Generalmente no se suele comentar o se tiende a minimizar este hecho porque solemos tener miedo a escuchar comentarios o juicios de valor sobre esta situación. Parece que si decimos que nuestro hijo viene a nuestra cama buscando protección cuando tiene miedo estamos haciendo algo malo o somos unos padres consentidores. Y no es así. Me gustaría preguntarte si cuándo eras niña no fuiste alguna vez a la cama de tus padres porque tuviste una pesadilla o te despertaste en medio de la noche asustada.

Debemos recordar que estamos cubriendo una necesidad puntual de nuestros hijos y atendiendo a sus necesidades. Si bien es cierto, es posible que el día que el niño venga a nuestra cama durmamos peor por cuestiones de espacio o porque nos desvelemos, pero esa ya es otra cuestión.

¿Desde cuándo duermen los niños solos?

Desde una época relativamente reciente. El ser humano ha dormido siempre acompañado durante miles de años. Durante todo ese tiempo dormimos todos juntos en la misma habitación. Hasta hace muy poco las familias eran muy grandes y los hermanos solían dormir juntos. Sin embargo, hoy las familias se han reducido de tamaño y aunque haya varios hijos cada uno suele tener su habitación independiente.

¿Había antes menos miedos infantiles nocturnos?

Es muy probable porque siempre dormías acompañado. Por ejemplo, yo compartí habitación con dos hermanas y dormí en la misma cama de una de ellas durante parte de mi infancia. Cuando una se desvelaba o tenía una pesadilla la otra la consolaba o la ofrecía protección. No necesitaba recurrir a mis padres porque mis hermanas siempre estaban ahí. Hoy un niño solo en su habitación no tiene el apoyo ni la presencia de otra persona. Si está asustado va a ir a buscar a sus padres.

¿Se lo prohibimos o no?

Antes de nada dejar claro que cada uno en su casa fija sus normas y tiene su propio estilo de crianza. Ahora bien, desde mi punto de vista yo no se lo prohibiría. No está haciendo nada malo, no te está tratando de manipular, no quiere llamar tu atención. El hecho de que duerma contigo no le hace dependiente, inseguro e inmaduro. La inmadurez es tener una necesidad no cubierta y no saber expresarla.  Simplemente te necesita en este momento.

Aunque te digan que el niño se acostumbrara y que ya no querrá dormir solo nunca más, recuerda que no hay adultos que sigan durmiendo con sus padres. Es una etapa de su vida y cómo tal tenemos que aceptarla. Al final el niño irá madurando, será más seguro y se volverá más autónomo.

¿Cómo le ayudamos a afrontar el miedo nocturno?

Si el niño tiene miedo y acude a nuestra habitación si le ayudamos a encauzar ese miedo con toda probabilidad el niño volverá a dormir en su habitación. Si tiene hermanos mayores podemos pedirles a estos que duerman con él una temporada hasta que el miedo esté más superado. Si tiene un hermano pequeño con el que estáis haciendo colecho, podéis aprovechar el momento en que pase a su habitación para que duerman los dos juntos.

Si esto no es posible porque no tiene hermanos o el hermano en cuestión no está por la labor podemos ir a su habitación y dormir con él allí en una cama supletoria.

Cómo lograr que vuelva a dormir en su habitación

Si estamos durmiendo con él porque ha tenido una etapa con muchos miedos y vemos que van remitiendo vamos pactando el momento en que nos vamos a ir de la habitación y va a volver a dormir solo. En ningún caso nos marchamos a traición, ya que puede despertarse en mitad de la noche y asustarse si no estamos junto a él. Lo ideal es ir avisando poco a poco y pactar el día en que vamos a volver a dormir en nuestra habitación. No obstante, le recordamos que estamos en la habitación de al lado por si nos necesita.

Es muy importante que sienta que estamos junto a él y que puede contar con nuestro apoyo en todo momento. Este es un proceso que lleva su tiempo y en el que no hay que precipitarse porque pueden surgir inconvenientes e incluso podemos tener la sensación en algún momento de que se revierte todo lo que hemos logrado.

Cuando esto esté conseguido podemos intentar que se duerma él solo. Siempre recordando que estamos en el salón o en la habitación de al lado por si nos necesita. Habrá ocasiones en las que nos llamara y otras en las que directamente se quedara dormido él solo. Otra estrategia efectiva es dejar una luz tenue en la habitación que le de cierta seguridad. Actualmente hay luces que sea alimentan con luz solar y apenas consumen. Incluso hay luces que van bajando su intensidad durante la noche.

Si tiene miedo a la oscuridad podemos recurrir a diferentes juegos que implique apagar la luz. La idea es que se vaya acostumbrando a la oscuridad. Por ejemplo, podéis jugar a la gallinita ciega o las sombras. Si el niño se acostumbra a estar a oscuras en otros contextos que le den seguridad su miedo a dormir con la luz apagada disminuirá.

Qué hacer si el miedo es excesivo

Si el niño muestra un miedo excesivo o muy persistente y éste repercute directamente en su vida afectiva y personal es momento de buscar ayuda profesional. Un psicólogo le puede ayudar a afrontar estos miedos de forma adaptativa. Muchos miedos que no se tratan en la infancia pueden convertirse en patológicos en la edad adulta y en la adolescencia por lo que es fundamental que observemos a nuestros hijos y si detectamos que su miedo le paraliza o no le permite hacer una vida normal lo más sensato es ponernos en manos de un psicólogo.

Por último, me gustaría incidir en que debemos tener mucha paciencia y entender que este es un proceso lento que no debe hacerse con prisas. Asimismo, debemos ofrecer a nuestros hijos una buena base afectiva de seguridad y cariño para afrontar los miedos. Todo es cuestión de paciencia, amor y empatía.

Hasta aquí el post de hoy, ha sido muy largo, pero espero que os haya ayudado. En el próximo post haremos un repaso por algunos libros que hablan de los miedos y que nos pueden ayudar a afrontarlos y a superarlos.

Selección de libros para superar los miedos infantiles

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