Pon una semilla en la tierra

Pon una semilla en la tierra

Pon una semilla en la tierra y cambiará tu percepción del mundo.

Siguiendo con el hilo de post sobre por qué un huerto en casa, su recomendación y su desarrollo, hoy vamos a remontarnos al inicio del ciclo que comprende desde la siembra hasta la recolección. Es decir, vamos a abordar no solo la siembra, sino que nos vamos a centrar en el mundo de las semillas.

Si prefieres escuchar en vez de leer, aquí tienes el Podcast del post 🙂

El principio de todo

Insistí mucho en la entrada del huerto familiar en lo bonito que es seguir el ciclo de la vida con nuestros hijos o familiares. Pues bien, la siembra y las semillas suponen el principio de todo.

Si queremos que nuestro huerto conserve esa esencia especial, una vida única que nosotros le empujaremos a conseguir, debemos empezar por la importancia de las semillas.

Podemos empezar por comprar planteles en algún vivero cercano, pero para mí, la siembra es el comienzo. Cuando ponemos en casa una semilla en la tierra (o a veces en remojo para que se ablande y sembrar al día siguiente) es fácil imaginar que en ella está el principio de todo, el futuro, los cuidados, lo que supondrá en nuestro pequeño ciclo anual o estacional.

El ciclo de las semillas es una historia en sí misma. Desde ese paso de ponerlas en la tierra hasta la recolección de la simiente para la que habremos dejado los mejores ejemplares de nuestro huerto, es toda una historia de la vida terrenal.

¿Por qué los tomates tienen un gran sabor?

Me gusta explicarles a los chicos del Cole que el tomate no está rico para que nosotros los saboreemos, si no que está tan rico para que nos guste y queramos conservar sus semillas, es una conducta de supervivencia y una forma de dejar sus genes en el universo.

Técnicamente, aunque los humanos hayamos hecho la mayor selección, la idea de una planta es ser comida por un animal y que sus semillas sean esparcidas (normalmente a través de las heces) por los campos adyacentes y así seguir creciendo y reproduciéndose. Esto, que a algunos les parecerá obvio y otros no habrán reparado en ello jamás, es un punto muy importante para comprender el ciclo natural de la planta y lo que viene a continuación.

¿Por qué el tomate ya no sabe a tomate?

Dicho esto, vamos a dar un pequeño salto, afrontando una de las preguntas que más se repiten hoy los amantes de la buena comida: ¿por qué el tomate ya no sabe a tomate?

La respuesta es un conjunto de motivos, todos ellos con un factor común: el mundo al que nos ha llevado la sociedad de los siglos XX y XXI, tecnificado y productivista, ha dejado atrás tanto este sabor que echamos de menos como aquel ciclo natural de las semillas del que hablábamos antes.

Vamos a detenernos un poco más pero vamos a dar una contestación sencilla: por un lado la forma de producción y comercialización de frutas y verduras hace que pierdan su sabor por falta de madurez y, por otro lado, se ha primado la producción en cantidad muy por encima de la calidad de lo producido. Explicaremos estas dos cuestiones.

La producción industrial y el sabor

Todos hemos oído hablar de las famosas cámaras en las que se guardan los alimentos hasta que son enviados a los comercios.

Si el productor tiene que recoger varias toneladas de productos, pasar controles de calidad (sus peculiares controles de supuesta calidad y presencia), tienen que ser transportados (en muchas ocasiones a otros países, camiones, aviones…), puestos en un stand de un supermercado y ser comprados por el consumidor que tardará aún unos días en ingerirlos, es imposible que hayan sido recolectados en un estado óptimo de maduración.

Lo importante es la maduración

No nos engañemos, en muchas ocasiones la diferencia de sabor entre un tomate del súper y un tomate del huerto familiar es que yo lo recojo bien colorado para que esté riquísimo. Solo eso.

Muchos se estarán preguntando, pero ¿y los herbicidas?, ¿y los plaguicidas, fungicidas, abonos de síntesis? ¿Todo esto no influye? Claro que sí, pero para el sabor no tiene por qué o no es lo más relevante (otra cosa es para nuestra salud). Repito, el momento de madurez es lo esencial para captar el sabor (también los nutrientes del fruto en cuestión).

Las variedades estándar y el consumo

Decíamos también que han primado las especies productivas más que las especies de gran sabor. Pongámonos en la piel de un productor. El supermercado de turno viene a ofrecerme una oferta de compra por mis tomates, que hace tiempo que no vendo en ningún mercado de la zona. Acepto encantado porque me aseguro la venta de la producción.

Pero, ¿y si la producción que consigo no es suficiente? Pues seguramente el súper se irá a comprárselos a otro y me quedaré sin negocio un año entero. Tengo que asegurar la producción. ¿Cómo? Sencillo. Elijo una variedad estándar, muy productiva, vistosa, que brille mucho en los supermercados y me aseguro de que la producción llegue a base de productos de síntesis artificial (desde los abonos, el famoso NPK, hasta, ahora sí, los herbicidas, fungicidas, plaguicidas, etc.).

Sencillo, ¿no? Pues así funciona hoy en día la gran mayoría de la producción estandarizada en el mundo occidental.

Las variedades locales y el olvido

Entonces, ¿por qué los tomates ya no saben a tomate como sabían los del huerto de mi abuelo?

Porque la especie de tomate del huerto de su abuelo seguramente fuese una variedad local que se ha perdido en favor de la productividad y de las especies modificadas genéticamente para aguantar mejor los herbicidas y los abonos de síntesis, que crecerán rápido y estarán relucientes en el supermercado por muchos días (Ya se sabe que el cántaro vacío es el que más suena. R.Tagore).

Pon una semilla en la tierra

Ahora viene lo que podemos hacer nosotros para solucionarlo. Tan solo podemos poner nuestro granito de arena, nuestra semilla en tierra. Como consumidores, consumiendo en la medida de lo posible productos ecológicos y de cercanía, apoyando a los pequeños productores de nuestra zona, que son los que conservarán esas especies.

Y como cultivadores (que es de lo que trata esto hoy), fomentando el cultivo de dichas especies, intercambiando semillas con amigos y vecinos, comprando a productores ecológicos y que estén en alguna red de conservación de semillas de especies locales.

Yo localicé mi sitio en cuanto empecé con el mundo huerto, además de tener relación con unos amigos que se dedican a ello. Un consejo: si lo encuentran, no lo pierdan, pero sobre todo acudan a ellos porque suelen estar encantados de divulgar su trabajo y su conocimiento, que para eso lo hacen.

Para ponerlo un poquito más fácil, voy a dejar unos enlaces sobre este tipo de asociaciones. Por desgracia, solo dispongo información para España, pero animo a todo el mundo a que haga lo mismo en su zona:

http://www.lahuertinadetoni.es/red-de-semillas-autoctonas-y-ecologicas-en-espana/

http://www.redsemillas.info/

El negocio de las semillas

Además, este pequeño e insignificante gesto, a día de hoy, empieza a ser un acto de rebeldía, porque las grandes corporaciones que comercializan semillas genéticamente modificadas están comprando patentes y moviendo hilos para que solo se puedan comercializar dichas especies productivas, bajo la excusa de que solo ellos pueden asegurar la producción y la calidad de los productos.

Un inmenso absurdo porque la calidad del producto hortelano solo se asegura tras años de comprobar cuáles son las especies que mejor se adaptan a tu terreno (que serán las tradicionales, seguro). Así pues, nos estamos encontrando en un mundo en el que las semillas pueden llegar a ser productos ilegales.

¿Qué supone un mundo de semillas homogéneas?

Además de un mundo de tomates insípidos, que ya es grave, es un mundo sin biodiversidad. Cientos de especies locales se pierden cada año en todo el mundo. Ya lo sabíamos de especies animales y vegetales, pero estos vegetales incluyen hortalizas con propiedades y peculiaridades que no sabemos dónde nos podrían llevar en caso de necesitarlas.

La pérdida de la biodiversidad es un drama mucho mayor que el drama del sabor de la fruta y de las hortalizas.

Nosotros aportamos nuestro granito de arena conservando mis propias semillas de un año para otro. Pero además, cuando te pica el gusanillo del mundo hortícola, te apetece intercambiar semillas, probar nuevas especies y divulgar lo bien que te han salido este año unos pimientos que no esperabas que se adaptasen a tu zona.

Por eso, desde el blog, hemos sorteado un pack de semillas nuestras que esperamos que los afortunados las sepan apreciar y, por supuesto, les gusten los resultados. Han sido 12 tipos de semillas diferentes recolectadas por nuestras manos que recibieron a principios de enero con una breve descripción de la historia de cada una y los cuidados particulares que necesitan.

Muchas gracias a todos los que participaron en el sorteo. Si tenéis interés en este tipo de productos, seguiremos haciendo más sorteos en un futuro no muy lejano

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La  importancia del aprendizaje significativo

La importancia del aprendizaje significativo

Hoy hablaremos de la importancia del aprendizaje significativo. Llega la vuelta al colegio, las clases, oposiciones… y cada uno tiene que aplicarse en captar nuevos conocimientos de diferentes tipos.

Para una mejor efectividad y adquisición de saberes nuevos, me parece imprescindible que comprendamos qué es el aprendizaje significativo, cómo funciona y por qué es la mejor forma de aprender en comparación con otras, ya desfasadas, pero que aún nos rodean.

¿Qué es el aprendizaje significativo?

Dicho esto, lo primero que debemos saber es QUÉ ES EL APRENDIZAJE SIGNIFICATIVO. Sería muy raro que no hayan oído hablar de ello. En una reunión en el colegio de sus hijos, en la introducción de un libro de texto, en una charla sobre educación, en un debate en Internet, etc.

Todo el mundo habla de ello ahora que los debates educativos copan gran cantidad de horas, secciones en periódicos y noticias en televisión. Es por esto por lo que no nos vamos a detener en dar una charla magistral sobre este tipo de aprendizaje, porque en Internet hay una gran cantidad de información académica sobre el tema.

Aquí me propongo solo subrayar su importancia, que nos demos cuenta cuando no se cumplen sus principios (¡atención padres!) y por qué cada día es más necesario que seamos conscientes de ello.

Proviene del siglo XX (al menos con esta terminología), del psicólogo y pedagogo estadounidense David Ausubel, que fue quien desarrolló una larga teoría del aprendizaje en torno a este concepto y fue quien estableció unas interesantes bases sobre el aprendizaje de los pequeños pero que después servirá también para adultos.

Podríamos definir el aprendizaje significativo como un proceso cognitivo mediante el cual captamos información de nuestro entorno para después adaptarlo a nuestros conocimientos previos amoldándolos a éstos y estableciendo un nuevo sistema de conocimiento interno.

Lo que lo hace significativo es que captamos del entorno aquello que es importante e interesante para nosotros (significativo), por eso, el citado proceso de adaptación y amoldamiento a los conocimientos previos se producirá de forma más sencilla que si no existe ese interés y esa relación con conceptos previos.

Seguro que si indagan un poco en las redes pueden encontrar definiciones mejores y más esclarecedoras que las mías, pero he querido utilizarla para dejar claras dos cosas: por un lado aprendemos mejor lo que nos interesa (por favor, piensen en el proceso de aprendizaje de un niño) y por otro, ese aprendizaje será más fácil y firme a lo largo del tiempo si se ajusta a nuestros conocimientos previos.

Si hablamos de niños, además, no podemos olvidar que dicho incremento de conocimiento debe ajustarse a su edad y desarrollo oportuno. Es decir, que al pequeño Vikingo que tenemos en casa le podemos intentar enseñar los colores de forma divertida mientras juega con sus coches favoritos (que no sabemos por qué, pero le entusiasman), pero no podemos enseñarle el funcionamiento del motor de cuatro tiempos con 2 años porque no lo va a comprender (y porque en casa ninguno sabemos cómo funciona).

Y si todo está en Internet y en miles de publicaciones, ¿por qué escribir sobre esto una vez más? Porque si nos paramos a pensar y observamos a nuestro alrededor, vemos que la teoría no siempre triunfa sobre la práctica. Padres, abuelos e incluso docentes (que deben conocer estos principios para haber llegado hasta ahí) no aplican estas directrices tan sencillas, a priori.

aprendizaje significativo

Aprendizaje significativo

Y me doy cuenta de que es alarmante cuando nuestros pequeños llegan a esa edad en la que empiezan a hablar. Todos queremos que nuestros hijos se sepan los colores, digan cada vez más palabras, conozcan los personajes de los cuentos, etc. En definitiva, queremos que repitan como papagayos aquello que nosotros queremos, no aquello que ellos quieren nombrar.

Quedar con padres/madres de hijos con la edad de nuestro Vikingo ahora que está soltándose a hablar es todo un reto. Todos quieren que veamos lo bien que el niño conoce las partes de la cara del personaje del cuento, lo bien que se ha aprendido los colores, lo bien que se conoce las partículas subatómicas o lo bien que conoce el instrumental de neurocirugía.

Pero lo cierto es que la mayoría de estas cosas no le sirven para nada. Repito, el Vikingo está aprendiendo los colores a través del juego con sus coches favoritos, antes no le interesaban en absoluto. Mientras haga buen tiempo, pasamos muchas tardes en el huerto de casa y por eso se conoce mejor que ningún niño de su edad el nombre de las hortalizas y lo mejor de todo, lo generaliza cuando salimos fuera.

Estos pasos me hacen estar tranquilo y comprender que su desarrollo cognitivo va por el buen camino. No sabrá el nombre de las partículas subatómicas, pero sí reconoce los tomates cuando están rojos, conoce las lechugas en el huerto y las identifica cuando estamos fuera de casa, está aprendiendo de manera significativa y eso no se le olvidará nunca.

Aun alguien puede replicar: pero alguna vez se tendrá que aprender las partículas subatómicas (¿no les que suena a abuelos o a profe de las de antes?). No debemos preocuparnos, cuando sea su momento y se las tenga que aprender, se las aprenderá.

¿Y por qué es importante que esto sea así? ¿Qué más da cómo se aprendan las cosas si al final se aprenden igual? La respuesta está en la propia definición que hemos esbozado más arriba. El aprendizaje significativo se produce de tal forma que se ensambla con el resto de aprendizajes previos formando un todo, un continuo que no se olvida fácilmente. Es una gran obra de construcción que el niño (o el adulto, vale para todos) va creando en su mente y no deja de crecer a la vez que se sustenta en firmes cimientos.

Es el concepto griego de autoformación o autoconstrucción de difícil traducción en castellano pero que los alemanes tradujeron muy bien como Ausbildung, que hoy se reduce a una Formación Profesional pero que originalmente tenía esta fuerza que le damos en este escrito, como una autoconstrucción de nosotros mismos a través del aprendizaje y experiencia diarios.

Pero además, recurriendo a las nuevas ideas sobre neuroeducación, encontramos que un aprendizaje divertido y no forzado, nos hace felices. Y aquello que nos hace felices no se olvida. Lo obligado, sí se olvida.

¿Queremos que nuestros hijos aprendan algo obligados, les haga infelices y lo olviden? ¿o queremos que aprendan divirtiéndose, sean felices y lo recuerden para siempre? Activen la amígdala (recompensa, felicidad, etc) positivamente y aprenderán felices.

Para no extenderme, dejo un enlace de un magnífico vídeo donde se explica de forma magistral todo lo aquí mínimamente esbozado:

Consecuencias del aprendizaje no significativo

¿Qué consecuencias puede tener que el aprendizaje no siga estas normas básicas? Ya hemos hablado, muy superficialmente, de algunas cosas negativas: lo aprendido se olvida y no hace feliz al que aprende. Pero ahora vamos a desgranar algunas de las consecuencias más oscuras de obligar a nuestros chicos a aprender de forma no significativa.

  1. No solo se olvida lo aprendido, si no que se aprende mal. ¿Qué quiere decir que se aprende mal? Que el edificio del que hablábamos antes (Ausbildung) se cae porque tiene malos cimientos. La metáfora del edificio y los ladrillos es lo más claro y visual. Uno crece y se desarrolla con robustez (aprendizaje significativo, entre otras cosas) y el otro es endeble y poco fiable (aprendizaje memorístico, por ejemplo). Pero además, se producen lagunas que le crean inseguridad y malestar, que es el siguiente punto.
  2. Este malestar e inseguridad viene dado porque no comprende muchas de las cosas que ha memorizado. Cuando existen lagunas debido a la desconexión entre unos aprendizajes y otros el niño lo vive como algo negativo. Estos aprendizajes se asocian con algo negativo y esto poco a poco le va haciendo creer que los nuevos conocimientos son algo negativo para él.
  3. Odiará estudiar, odiará el colegio, odiaremos aprender, en definitiva. Los niños son curiosos por naturaleza y así es como acceden a una amplia gama de conocimientos muy diversos, desde qué es eso que comen papá y mamá hasta qué es eso que garabatean papá y mamá en ese papel. Pero si ese proceso de curiosidad se ve interrumpido y alterado por patrones impuestos externamente, volvemos a la rueda anterior y se viven como algo aburrido, poco comprensible y no como una vivencia positiva y divertida.
  4. ¿Qué conseguimos con esta irrupción en sus desarrollo natural? Matamos su creatividad y su interés por aprender. La mayoría de los niños, cuando llegan a cierta edad (aún en primaria) tienen la sensación de no ser creativos y de que aprender cosas nuevas es aburrido y una obligación. Repiten la cantinela: venimos al colegio a aprender. Pero realmente ninguno sabe qué es eso. Deberíamos (esta es mi propuesta personal) inculcarles la idea de que venimos al colegio a tener curiosidad, a preguntar, a inventar… Con esa actitud sacaremos de ellos lo mejor que tienen y aprenderán con una base positiva y eficiente.

Por último, quiero insistir en la idea de que niños felices son niños que aprenden en libertad, con curiosidad y con iniciativas. ¿Queremos que nuestros hijos aprendan felices o queremos que odien el colegio, las clases, etc? ¿Qué les hace felices, aprender a través de su iniciativa y curiosidad o a través de nuestro orden impuesto externamente, es decir, lo que hace felices a todos menos a ellos?

Reflexionemos todos sobre esto y démosles una opción de futuro mejor.

Papá Idiota

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Calidad y cantidad: el tiempo con tu hijo es oro

Calidad y cantidad: el tiempo con tu hijo es oro

Hoy quiero hablar del tiempo que invertimos y compartimos con nuestros hijos. Podemos pasar el día entero con ellos y no haber compartido ni disfrutado un solo minuto y podemos pasar un breve período de tiempo y haberlo exprimido al máximo con una sensación de plenitud absoluta.

No, este no es un post sobre lo bonito y lo importante que es que pasen más tiempo con sus hijos. A estas alturas de vida ya todos tendríamos que saber que lo es (si aún no ha llegado a ello, tiene demasiado camino que recorrer, vuelva a primer curso de padres).

Claro que hago un llamamiento para que todos pasemos el mayor tiempo posible con nuestros hijos, pero en lo que me gustaría ahondar en este caso es en la calidad, los minutos que de verdad aprovechamos cuando estamos con ellos, aquellos que nos hacen vivir, aprender, sentir, reír, llorar… es decir, esos momentos en los que de verdad uno se siente padre/hijo y que aportan lo que de verdad somos para nuestros pequeños.

1.- Vivimos en el siglo XXI y a ninguno nos sobra tiempo

Trabajo, obligaciones familiares de muchos tipos, hobbies y un largo etcétera de cosas que ocupan nuestros días. Cuando llega a casa y se sienta en el sofá solo quiere estar tranquilo. Y en ese momento llega un pequeño ser de indefinidas dimensiones (meses o años) y quiere que le preste toda su atención.

A lo largo de este post vamos a subrayar muchos matices y otros muchos que se me escaparán, pero el más importante sin duda es el que tiene que ver con la cantidad de tiempo disponible. Por eso he querido titularlo CALIDAD Y CANTIDAD.

La cantidad de tiempo que pasamos con nuestros hijos, por desgracia, no suele depender de nosotros mismos. Muchos hemos podido elegir entre un trabajo u otro, entre un horario u otro, entre un puesto u otro, pero lo cierto es que no es habitual y la realidad nos coloca en caminos que no son lo que nos gustaría o lo que hubiésemos elegido en otra situación, sobre todo a la hora de disfrutar de nuestros hijos. Vaya esto por delante.

Pero aclarado este punto, en lo que quiero hacer hincapié es en la calidad del tiempo que compartimos con ellos. No es lo mismo pasear un bebé en un carrito (necesario, claro que sí) que compartir con él risas y cosquillas, no es lo mismo llevar a tu hijo a la compra que guardar juntos lo comprado, no es lo mismo poner su serie favorita en la tele u ordenador que ver una peli juntos.

Espero que después de este primer y muy largo punto haya quedado claro qué es lo que busco con esta reflexión. Claro que le falta tiempo, claro que no tiene tiempo para usted. Y es necesario sacarlo de donde sea para uno mismo. Lo que defiendo es que el tiempo que pase con sus hijos sea tiempo compartido real, donde se interacciona y se aprende a partes iguales, donde se disfruta y se padece (llantos, enfados, etc). Pero eso es convivir con ellos.

2.- Lo más importante: ellos lo notan

Todos hemos vivido esa diferente interacción que presenta un hijo cuando le haces caso y cuando no. Todos hemos vivido la diferencia que hay entre recoger juguetes con papá o con mamá o tener que recogerlos él solo.

La mayoría de las veces tiene mucho que ver con la forma en que nos dirigimos a ellos, en definitiva el caso que le hacemos o el grado de ignorancia que le prestamos. Y claro, luego vienen los enfados (este niño nunca recoge solo sus cosas, no viene a comer, no se quiere poner el abrigo), cada uno a su manera, a su tiempo correspondiente, dependiendo del momento de desarrollo en que se encuentre.

Les propongo un ejercicio muy interesante. Da igual la edad que tenga su hijo. Si está en una fase en la que usted cree que debería de estar haciendo algo por sí solo y no lo hace (como los ejemplos de antes), acompáñele, vuelva atrás.

Ya sé que usted no quiere dar su brazo a torcer, que ya debería recoger él solo y es muy mayor para que le tenga que ayudar a realizar esa tarea tan sencilla. Pero quizá en algún momento de ese proceso algo se perdió, algo se rompió y no sigue el camino que usted cree que debería seguir. Retómelo, ayúdele, que se convierta en un momento compartido y no de disputa, que sea divertido y no conflictivo. Al menos, inténtelo.

Queremos hacer responsables a nuestros hijos muy rápido. Yo aún pienso que deben ser responsables de sus cosas y ayudar en casa, pero quizá el camino compartido es menos aburrido, menos árido que recorrerlo ellos solos.

El tiempo con tu hijo es oro

El tiempo con tu hijo es oro

3.- Que nada se interponga entre usted y él

Decir esto en el mundo que nos rodea es predicar en el desierto, luchar contra gigantes. Pero quizá merezca la pena pararnos un momento a reflexionar sobre ello.

Que usted comparta a la vez el tiempo con su hijo y con su móvil, su ordenador, su tablet, o incluso un libro (¿alguien se acuerda de ellos?)  NO ES COMPARTIR EL TIEMPO CON ELLOS.

Ahora llega el momento de quitarnos las caretas. Sí, este y no otro es el verdadero motivo de haber escrito este post. Quizá esté exagerando, pero es cierto que esta es la dificultad que más se repite hoy día, cada vez lo veo más y más claro. De compras, en el parque, paseando al bebé, en el transporte público, en el restaurante y, por supuesto, en el sofá de casa. A todos nos mandan divertidos mensajes que disfrutamos, debemos leer y debemos responder.

Pero no estoy hablando de eso, estoy hablando de esos progenitores que viven pegados a sus pantallas electrónicas y no escuchan lo que pasa a su alrededor, las demandas de su hijo, sus actitudes, aptitudes, preocupaciones, etc. Para ellos, tengo un mensaje al final del todo.

4.- También puede jugar solo

No se trata de no perder de vista al pequeño. De hecho, es interesante que disfrute del juego en soledad. Jugar solo ayuda a desarrollar la imaginación, se disparan los recursos y la inventiva. A veces solo necesita una palabra de aprobación, una frase de ánimo. Es lo que las viejas/nuevas pedagogías activas llaman acompañar.

Él debe disfrutar de sus propios descubrimientos, de sus propias iniciativas y de sus propias acciones, pero necesitan estar acompañados en un sentido amplio de la palabra, con todo el peso que implica que su padre o madre le apoyen, asientan, aprueben, etc.

5.- Pero lo que más necesita es a su padre o madre

 Ni siquiera quiero entrar en los súper juguetes que cantan y bailan solos y que los mantienen entretenidos (esto les encanta a los tíos y a las abuelas: pues tú no querías que le comprase el ordenador infantil, pero mira cómo se entretiene). Y como decíamos antes, pueden y deben pasar tiempo jugando solos.

Pero, repito, lo que necesitan es a su padre o a su madre. Aunque antes hemos enumerado unas cuantas cosas, siempre se habla de las actividades maravillosas: jugar, pintar, pasear, etc. Pero las cotidianas también son compartidas y lo podemos utilizar como truco para ir ganando tiempo a la vez que compartimos con ellos un tiempo maravilloso.

Al Vikingo le encanta guardar la compra, le entusiasma cocinar con papá (tiene su delantal de cocinero que reclama con entusiasmo cuando observa que papá se pone el suyo), disfruta preparando la arena de una nueva maceta, explora el mundo con sus manitas al sacar los guisantes de su vaina o se esfuerza en ayudar a montar una estantería (con el consabido lío de tornillos y herramientas que jamás acabo de encontrar).

Son momentos irrepetibles que, además de proporcionarnos ratos geniales y divertidos, le inculcan la necesidad del trabajo, responsabilidad y autonomía.

Algún día mirarán a sus hijos y verán que ya tiene X años. Y les entrará el pánico. Y verán que podrían haber hecho cientos de cosas juntos para las que jamás tuvieron tiempo. Por eso quiero llamar la atención sobre ustedes, para que aprovechen, compartan, disfruten y rían mucho junto a sus pequeños.

Para acabar, quiero reformular una conocida frase atribuida a John Lennon, que robaré y destrozaré para traerla a mi terreno, pero por favor, no dejen que ocurra: El crecimiento, la vida, el desarrollo de sus hijos es aquello que pasa mientras ustedes miran una pantalla luminosa.

Reflexionemos, si están leyendo esto, ya van por el mal camino.

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Por qué un huerto en casa

Por qué un huerto en casa

Hoy quiero presentarles una breve reflexión sobre las ventajas de tener un huerto ecológico en casa.

Encontramos muchas formas de cultivar en el hogar. Algunas conllevan tener un gran huerto a mano o en las cercanías. Otras se conforman con tener algunas aromáticas cerca para recolectar. Vamos a ver varias de estas formas para que elijan cuál de ellas se adapta mejor a sus necesidades y deseos. No digan que algunas de estas formas no se adaptan a su espacio-tiempo.

El huerto total: autoconsumo

Llamo así al gran huerto que tenemos, trabajamos y disfrutamos y que en verano nos da la gran cosecha de hortalizas estupendas y sabrosas. Es la visión que aún tienen muchos de lo que es un huerto.

Lo podemos tener en la casa del pueblo, en la casa de los fines de semana, a las afueras de nuestra localidad o en nuestra propia casa si somos tan afortunados de vivir en la misma finca. Quizá sea el ideal, lo que muchos buscamos. Pero no es la única forma. Supongo que el porcentaje de personas que se pueden permitir (económica, logística y socialmente) vivir en un sitio así es muy pequeño. Por eso les quiero proponer el resto de opciones.

El pequeño huerto en el jardín de casa

Este es el modelo que nosotros hemos elegido y he de confesar que es uno de los principales motivos por el que nos vinimos a vivir aquí.

De hecho, nuestra casa estaba pensada para personas que vienen a disfrutarla con buen tiempo (en invierno hace un frío que pela), pagan a un jardinero que les mantiene todo en perfecto estado y todo está limpio.

No me gustaba. Aún apreciando el arte y el gran trabajo que conlleva tener un jardín en perfecto estado: una casa con hortalizas es una casa viva, no es un museo ni una rotonda para decorar, es un pequeño medio que se mueve, se complementa y se retroalimenta.

No dejo de sembrar y de plantar cosas nuevas. Me encanta salir por la puerta y ver las caléndulas llenas de bichos que vienen a visitarnos. Me entusiasma asomarme a un pequeño rincón en la parte de atrás y ver cómo ya están en flor los guisantes. Me emociona ver cómo los semilleros crecen a buen ritmo para la plantación de primavera.

Y me doy cuenta de lo viejo que me hago al ver al pequeño peral crecer a su ritmo, año tras año. Es un jardín vivo. Y sí, también tengo rosas amarillas.

El macetohuerto en la terraza o patio

Así empezamos nosotros. De repente, una maceta con una tomatera que da riquísimos tomates. ¡Vaya, esto da unos tomates estupendos! Y así empezó todo hasta hoy.

Era un pequeño patio- terraza, donde cabía una mesa justa para comer dos personas y que conseguíamos sombrear con poner solo una sombrilla. En dos años había metido una mesa de cultivo (hecha con los restos de una cama que me encontré tirada) y un buen número de macetas y macetones que rodeaban toda la terraza. Recuerdo aquellos años con mucho cariño y emoción.

Huerto casa

Huerto casa

El mini-macetohuerto en la ventana de la cocina

 Que no tienen tierra, ni jardín, ni terraza abierta, no desesperen.

Les aseguro que con un mínimo de luz, de temperatura y de espacio, pueden poner algunas aromáticas en la ventana de la cocina, algunas lechugas de varios tipos (para qué quieren una lechuga enorme, si con poner varias macetas tenemos unos estupendos brotes verdes) y una espinaca que dé un color exótico a la cocina para que las visitas pregunten qué demonios es eso y usted pueda presumir de macetohuerto.

Otro día profundizaré en el camino que seguimos (a veces un poco tortuoso) hasta llegar al estupendo huerto (semi- macetohuerto, semi- urbano) que tenemos ahora.

Pero hoy quiero centrarme en los porqués de tener un huerto (ecológico siempre, por favor) cerca de nosotros y de nuestros hijos.

1.- Comer eco

No es una cuestión menor. Sabemos la cantidad de sustancias insanas que contiene todo lo que compramos procedente de la agricultura convencional.

Pues bien, ya sean kilos de tomates o un poquito de albahaca para dar un gran sabor a una salsa, piensen que son unos cuantos tóxicos menos que estamos introduciendo en la dieta de nuestros hijos. El efecto cóctel se reduce un poquito, al menos.

Huerto ecologico

Huerto ecológico

2.- Niños verdes

Sembrar, regar, cuidar y, por supuesto, recolectar y disfrutar. ¿Hay algún aspecto de los valores básicos que queremos transmitir a nuestros hijos que no esté contenido en todas esas actividades?

A mí, según los principios que me gustaría transmitirle a mi hijo, no me falta ninguno: amor por la naturaleza, comer sano, valores eco, respeto a la tierra, ciclos anuales, responsabilidad con lo mío y con el entorno y diversión asegurada;

mancharse las manos de tierra (no les pongan guantes a los niños, por favor, mancharse es lo divertido, tocar la tierra y sentirla), contar las semillas, emocionarse al ver salir los primeros brotes, juegos de agua, buscar mariquitas para echarlas a las plantas con pulgón (mariquitator; el mejor insecticida que existe), robar tomates cuando papá no mira para comérselos a bocados sin lavar, etc.

Si solo es plantar y regar la planta de la cocina, también vale. Y los juegos de agua valen en cualquiera de las formas de huerto casero.

3.- Reduce tu estrés.

Esto está clarísimo. El cuidado de un huerto se conoce como terapia para combatir el estrés y evadirnos de nuestras preocupaciones desde tiempos inmemoriales.

Quién no conoce a algún jubilado que se dedica a la huerta (esos son los mejores, preciosos surcos y envidiables huertos), pasa el tiempo, se divierte, disfruta, gana en salud y abastece a los hijos y nietos con los manjares que extrae de la tierra.

4.- Terapéutico

Sí, ya sé, aquí estaría englobado el punto anterior, pero quiero centrarme en un aspecto más espiritual.

Como decía antes, toquen la tierra, siéntanla, respétenla, agradezcan cada fruto que nos da y sobre todo, mímenla. Uno de los principios básicos de agricultura ecológica dice que no se alimenta a la planta para que crezca fuerte y sana.

Por el contrario, se alimenta a la tierra. Una tierra sana y fuerte, abonada con productos orgánicos, equilibrada, nos concederá los mejores de los manjares. Cuidar la tierra, no el tomate. Debemos recordarlo siempre. No voy a entrar en los principios de unión con Gaia y otros valores superiores, pero si apreciásemos más lo que pisamos nos sería muy difícil contaminarlo.

Huerto terapéutico

Huerto terapéutico

5.- ¡Ojo, engancha!

No sé muy bien si esto es un punto positivo o negativo, pero les puedo asegurar que no hay nada mejor que ver crecer las plantitas y después degustar sus frutos. ¡Bendita adicción!

En unos meses nos veremos mirando el calendario lunar, preparando semilleros, trabajando un nuevo bancal, probando una nueva técnica de riego, otro cultivo distinto… engancha.

Circula por Internet un supuesto proverbio chino que dice:

Si quieres ser feliz una hora, embriágate.

Si quieres ser feliz un día, mata un cerdo.

Si quieres ser feliz una semana, haz un viaje.

Si quieres ser feliz un año, cásate.

Si quieres ser feliz toda tu vida, cultiva un huerto.

Aún poniéndolo entre comillas (lo encontré en Internet, ya se sabe) y sin lograr entender por qué me tendría que hacer feliz matar un cerdo, sí estoy de acuerdo con que el huerto te hace feliz para siempre.

Personalmente espero que mi pequeño entienda que llega la primavera y es época de semilleros (y enjambres, pero eso es para otro día), que con el calor hay que acolchar el huerto, que las lombrices son amigas y que si nos despistamos en los cuidados todo se va al traste.

Y espero ser feliz con él toda la vida.

Papá Idiota

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Cómo NO ser sostenible y los ideales

Cómo NO ser sostenible y los ideales

Hoy quiero expresar mi opinión sobre lo que NO es ser sostenible y los ideales. Lo eco, lo verde, lo sostenible está de moda. Y podrán encontrar en Internet y en revistas más o menos especializadas mil y una recomendaciones sobre cómo ser sostenible. Pues bien, voy a contar lo que para mí es incompatible con ello.

Primero quiero hacer una pequeña aclaración sobre los ideales. La palabra ideal está triste. Se la desprecia, se la infravalora, se la utiliza con frivolidad y vacuidad también en los medios y en la calle (no digamos en Internet). En este uso coloquial del concepto es sinónimo de perfección, de que algo encaja con otra cosa o incluso de que está de moda. Pero ésta es una utilización del término muy pobre, cuando en realidad es una palabra que tiene mucha fuerza.

Ideal proviene de idea (¿recuerdan el Instituto? Griegos, Platón, ideas, eidos). En este sentido no es solo perfección, es algo tan perfecto que está más allá y que no puede alcanzarse. Su perfección es tal que jamás podremos llegar a ella, no podremos formar parte de un ideal, tan solo buscarlo.

Pues bien, para mí eso es la sostenibilidad. Algo que por mucho que busquemos y trabajemos, no alcanzaremos jamás. ¿Quiere esto decir que debemos abandonarlo?

Para nada, este es el principal motivo por el que hay que buscarlo. Ya en el siglo XX, Herbert Marcusse defendía en El hombre unidimensional la necesidad de ideales. La sociedad capitalista industrializada acaba con el ideal, pues es el principio de la superación, es la opción para que todo pueda ser puesto en duda.

Solo con la imaginación y los ideales seremos capaces de superar las barreras impuestas desde fuera, cuestionando y criticando aquello que se nos presenta como un hecho y como una verdad absoluta.

Si la sostenibilidad es un ideal, actuemos en torno a ella como tal. Como un bien inalcanzable pero en torno al cual van a girar nuestras acciones del día a día, aún sabiendo que no llegaremos a su perfección jamás.

Si aún has seguido leyendo (dudo que sea así, después de hablar de filósofos en el siglo XXI, ¡qué locura!), ahora voy a enumerar lo que yo creo que son LAS 7 PAUTAS PRINCIPALES para quien se quiera replantear algunas cosas si de verdad quieren llevar una vida sostenible (y sin salir de casa):

1. Comprar comida ecológica de lejos.

La conciencia ecológica es muy recomendable. Pero no es una moda ni un interés propio, es una mentalidad.

Comer ecológico es muy recomendable, para mí, es necesario, pero comerte unos aguacates ecológicos de vienen de Perú y compras en el supermercado, es comida ecológica pero no sostenible. La huella que generan la gran producción (no vamos a comprar aguacates al pequeño productor peruano, eso es imposible), el transporte y la distribución causan más daño al planeta en el que ustedes viven que comer los aguacates llenos de plaguicidas que venden en la esquina.

Por favor, ecológico sí, pero de temporada y de cercanía.

2. Comprar comida ecológica o no ecológica y tirarla.

Este punto va de la mano con el anterior. Ser ecológico y sano son dos pilares sobre los que se mueven las tendencias más cursis de este momento.

Pero comprar para tirar es tan absurdo como poco sostenible.

Se cree que en Europa tiramos la mitad de la comida que compramos. A los agricultores se les piden grandes cantidades de producción que tienen que abonar y cuidar con productos de síntesis química terribles para nuestra salud. Y después lo tiramos a la basura.

¿No es esto un desastre poco sostenible? Intentemos no participar en ello.

cómo no ser sostenible

Cómo no ser sostenible

3. Dejarse las luces encendidas

Tan sencillo como eso. Ni de bajo consumo ni nada, apaguemos las luces innecesarias.

No sirve de nada tener una casa inteligente y luego desperdiciar energía. Si pagásemos realmente lo que cuesta la energía eléctrica más lo que le cuesta al planeta, no podríamos pagar la factura. Nos sirve también para electrodomésticos, tecnología, energía térmica, etc. Esta reflexión no tiene nada que ver con las compañías eléctricas, que hacen su guerra de otra forma.

Es, otra vez, huella ecológica que dejamos a nuestro paso.

4. Gastar papel

Se parece mucho al punto anterior, pero aquí quiero introducir un matiz. Somos muchos los que tenemos nuestra cocina como una planta de reciclaje, dividida en secciones, de colores o no, apartados para el papel, etc. Pero lo siento, vuelvo a ser mensajero de malas noticias. Su mente de occidental consumista no podrá dormir tranquila aún.

Porque además de reciclar, debe dejar de consumir tanto papel.

Notas en papel blanco, folios y folios para que el niño haga garabatos, apuntes, cuadernos sin terminar…No se trata solo de reciclar sino, una vez más, de malgastar. Los expertos en reciclaje hablan siempre de que es más importante reutilizar que reciclar. Evitamos procesos intermedios necesarios para volver a utilizar esos desechos reciclados que vuelven a ser poco sostenibles.

Claro que es bueno reciclar, pero mejor es reutilizar.

5. Gastar sin medida

Hay una relación directa entre el dinero del que disponemos y lo que gastamos.

Nos han hecho creer que esto es así, que somos incapaces de pensar de otra forma. Parece imposible que una persona con grandes ingresos no gaste grandes cantidades de dinero. Claro que todos queremos tener mucho dinero y vivir mejor pero, ¿de verdad es necesario? Gastar dinero significa consumir, producir, tirar, desperdiciar. Y todos, aún con pocos ingresos, lo hacemos.

No necesitas tantas cosas, disfruta de lo que tienes, reutiliza, piensa en dar una segunda vida a las cosas, que además de sostenible, es divertido.

6. Sobre compras para bebés

No hay seres más tontos sobre la tierra que unos futuros padres a punto de tener a su primer hijo.

En ese momento te pueden vender hasta un saco de arena en el desierto si te dicen que es para el bien de tu hijo, que así se criará más sano, que así será el más listo de la clase o que tendrá un desarrollo cognitivo puntero.

NO COMPREN.

Cuando un bebé nace solo necesita la teta de su mamá y un papá que dé apoyo logístico (sí, hablo de familias tradicionales, háganlo extrapolable a lo que quieran). Cuna, carrito, habitación Montessori, sonajero de Peppa Pig, la máquina desinfectante de los biberones último modelo y el aparatito para controlar las pulsaciones del bebé pueden esperar (algunas eternamente).

Nosotros (que aunque no lo parezca somos humanos) también picamos en algunas cosas, pero en general hemos esperado a echar de menos algo para comprarlo.

Comprar por necesidad SÍ es sostenible, por capricho o porque lo diga la abuela NO:

«¿cómo vas a ir al hospital sin haber comprado ya pijamas, sábanas para la cuna, juego entero de baño, paquetes de pañales, manoplas y patuquitos?» Algunas cosas jamás se las pones.

7. Bajar el ritmo

Sí, esto también es sostenible.

Tengo un amigo que dice que con una cerveza a la sombra de un pino, se le olvida si es rico o pobre.

Igual no necesitamos nada más y seremos mucho más felices contemplando lo que nos rodea. Lo demás es estrés, consumo, preocupaciones y crearnos más necesidades de las que ya tenemos.

Ábranse una cerveza (una sin alcohol también vale) y miren alrededor, verán como son más ricos de lo que pensaban.

Una cerveza y los ideales

Una cerveza y los ideales

Y de regalo, retomando la importancia de los ideales, unos breves versos del gran Eduardo Galeano:

Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte
se corre diez pasos más para allá.
Por mucho que camine,
nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la Utopía?
Para eso sirve: para caminar.

Papá Idiota 

¿ Y tú que opinas? ¿Añadirías algún punto más a la lista?

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