Pon una semilla en la tierra

Pon una semilla en la tierra

Pon una semilla en la tierra y cambiará tu percepción del mundo.

Siguiendo con el hilo de post sobre por qué un huerto en casa, su recomendación y su desarrollo, hoy vamos a remontarnos al inicio del ciclo que comprende desde la siembra hasta la recolección. Es decir, vamos a abordar no solo la siembra, sino que nos vamos a centrar en el mundo de las semillas.

Si prefieres escuchar en vez de leer, aquí tienes el Podcast del post 🙂

El principio de todo

Insistí mucho en la entrada del huerto familiar en lo bonito que es seguir el ciclo de la vida con nuestros hijos o familiares. Pues bien, la siembra y las semillas suponen el principio de todo.

Si queremos que nuestro huerto conserve esa esencia especial, una vida única que nosotros le empujaremos a conseguir, debemos empezar por la importancia de las semillas.

Podemos empezar por comprar planteles en algún vivero cercano, pero para mí, la siembra es el comienzo. Cuando ponemos en casa una semilla en la tierra (o a veces en remojo para que se ablande y sembrar al día siguiente) es fácil imaginar que en ella está el principio de todo, el futuro, los cuidados, lo que supondrá en nuestro pequeño ciclo anual o estacional.

El ciclo de las semillas es una historia en sí misma. Desde ese paso de ponerlas en la tierra hasta la recolección de la simiente para la que habremos dejado los mejores ejemplares de nuestro huerto, es toda una historia de la vida terrenal.

¿Por qué los tomates tienen un gran sabor?

Me gusta explicarles a los chicos del Cole que el tomate no está rico para que nosotros los saboreemos, si no que está tan rico para que nos guste y queramos conservar sus semillas, es una conducta de supervivencia y una forma de dejar sus genes en el universo.

Técnicamente, aunque los humanos hayamos hecho la mayor selección, la idea de una planta es ser comida por un animal y que sus semillas sean esparcidas (normalmente a través de las heces) por los campos adyacentes y así seguir creciendo y reproduciéndose. Esto, que a algunos les parecerá obvio y otros no habrán reparado en ello jamás, es un punto muy importante para comprender el ciclo natural de la planta y lo que viene a continuación.

¿Por qué el tomate ya no sabe a tomate?

Dicho esto, vamos a dar un pequeño salto, afrontando una de las preguntas que más se repiten hoy los amantes de la buena comida: ¿por qué el tomate ya no sabe a tomate?

La respuesta es un conjunto de motivos, todos ellos con un factor común: el mundo al que nos ha llevado la sociedad de los siglos XX y XXI, tecnificado y productivista, ha dejado atrás tanto este sabor que echamos de menos como aquel ciclo natural de las semillas del que hablábamos antes.

Vamos a detenernos un poco más pero vamos a dar una contestación sencilla: por un lado la forma de producción y comercialización de frutas y verduras hace que pierdan su sabor por falta de madurez y, por otro lado, se ha primado la producción en cantidad muy por encima de la calidad de lo producido. Explicaremos estas dos cuestiones.

La producción industrial y el sabor

Todos hemos oído hablar de las famosas cámaras en las que se guardan los alimentos hasta que son enviados a los comercios.

Si el productor tiene que recoger varias toneladas de productos, pasar controles de calidad (sus peculiares controles de supuesta calidad y presencia), tienen que ser transportados (en muchas ocasiones a otros países, camiones, aviones…), puestos en un stand de un supermercado y ser comprados por el consumidor que tardará aún unos días en ingerirlos, es imposible que hayan sido recolectados en un estado óptimo de maduración.

Lo importante es la maduración

No nos engañemos, en muchas ocasiones la diferencia de sabor entre un tomate del súper y un tomate del huerto familiar es que yo lo recojo bien colorado para que esté riquísimo. Solo eso.

Muchos se estarán preguntando, pero ¿y los herbicidas?, ¿y los plaguicidas, fungicidas, abonos de síntesis? ¿Todo esto no influye? Claro que sí, pero para el sabor no tiene por qué o no es lo más relevante (otra cosa es para nuestra salud). Repito, el momento de madurez es lo esencial para captar el sabor (también los nutrientes del fruto en cuestión).

Las variedades estándar y el consumo

Decíamos también que han primado las especies productivas más que las especies de gran sabor. Pongámonos en la piel de un productor. El supermercado de turno viene a ofrecerme una oferta de compra por mis tomates, que hace tiempo que no vendo en ningún mercado de la zona. Acepto encantado porque me aseguro la venta de la producción.

Pero, ¿y si la producción que consigo no es suficiente? Pues seguramente el súper se irá a comprárselos a otro y me quedaré sin negocio un año entero. Tengo que asegurar la producción. ¿Cómo? Sencillo. Elijo una variedad estándar, muy productiva, vistosa, que brille mucho en los supermercados y me aseguro de que la producción llegue a base de productos de síntesis artificial (desde los abonos, el famoso NPK, hasta, ahora sí, los herbicidas, fungicidas, plaguicidas, etc.).

Sencillo, ¿no? Pues así funciona hoy en día la gran mayoría de la producción estandarizada en el mundo occidental.

Las variedades locales y el olvido

Entonces, ¿por qué los tomates ya no saben a tomate como sabían los del huerto de mi abuelo?

Porque la especie de tomate del huerto de su abuelo seguramente fuese una variedad local que se ha perdido en favor de la productividad y de las especies modificadas genéticamente para aguantar mejor los herbicidas y los abonos de síntesis, que crecerán rápido y estarán relucientes en el supermercado por muchos días (Ya se sabe que el cántaro vacío es el que más suena. R.Tagore).

Pon una semilla en la tierra

Ahora viene lo que podemos hacer nosotros para solucionarlo. Tan solo podemos poner nuestro granito de arena, nuestra semilla en tierra. Como consumidores, consumiendo en la medida de lo posible productos ecológicos y de cercanía, apoyando a los pequeños productores de nuestra zona, que son los que conservarán esas especies.

Y como cultivadores (que es de lo que trata esto hoy), fomentando el cultivo de dichas especies, intercambiando semillas con amigos y vecinos, comprando a productores ecológicos y que estén en alguna red de conservación de semillas de especies locales.

Yo localicé mi sitio en cuanto empecé con el mundo huerto, además de tener relación con unos amigos que se dedican a ello. Un consejo: si lo encuentran, no lo pierdan, pero sobre todo acudan a ellos porque suelen estar encantados de divulgar su trabajo y su conocimiento, que para eso lo hacen.

Para ponerlo un poquito más fácil, voy a dejar unos enlaces sobre este tipo de asociaciones. Por desgracia, solo dispongo información para España, pero animo a todo el mundo a que haga lo mismo en su zona:

http://www.lahuertinadetoni.es/red-de-semillas-autoctonas-y-ecologicas-en-espana/

http://www.redsemillas.info/

El negocio de las semillas

Además, este pequeño e insignificante gesto, a día de hoy, empieza a ser un acto de rebeldía, porque las grandes corporaciones que comercializan semillas genéticamente modificadas están comprando patentes y moviendo hilos para que solo se puedan comercializar dichas especies productivas, bajo la excusa de que solo ellos pueden asegurar la producción y la calidad de los productos.

Un inmenso absurdo porque la calidad del producto hortelano solo se asegura tras años de comprobar cuáles son las especies que mejor se adaptan a tu terreno (que serán las tradicionales, seguro). Así pues, nos estamos encontrando en un mundo en el que las semillas pueden llegar a ser productos ilegales.

¿Qué supone un mundo de semillas homogéneas?

Además de un mundo de tomates insípidos, que ya es grave, es un mundo sin biodiversidad. Cientos de especies locales se pierden cada año en todo el mundo. Ya lo sabíamos de especies animales y vegetales, pero estos vegetales incluyen hortalizas con propiedades y peculiaridades que no sabemos dónde nos podrían llevar en caso de necesitarlas.

La pérdida de la biodiversidad es un drama mucho mayor que el drama del sabor de la fruta y de las hortalizas.

Nosotros aportamos nuestro granito de arena conservando mis propias semillas de un año para otro. Pero además, cuando te pica el gusanillo del mundo hortícola, te apetece intercambiar semillas, probar nuevas especies y divulgar lo bien que te han salido este año unos pimientos que no esperabas que se adaptasen a tu zona.

Por eso, desde el blog, hemos sorteado un pack de semillas nuestras que esperamos que los afortunados las sepan apreciar y, por supuesto, les gusten los resultados. Han sido 12 tipos de semillas diferentes recolectadas por nuestras manos que recibieron a principios de enero con una breve descripción de la historia de cada una y los cuidados particulares que necesitan.

Muchas gracias a todos los que participaron en el sorteo. Si tenéis interés en este tipo de productos, seguiremos haciendo más sorteos en un futuro no muy lejano

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