Sembrando igualdad: Mis chicos E.B.O, nuestro huerto ecológico y un diploma

Sembrando igualdad: Mis chicos E.B.O, nuestro huerto ecológico y un diploma

Estamos sembrando igualdad y nos han dado un diploma. Hemos quedado finalistas de los premios Huertos Educativos Escolares. Bueno, nos lo dieron allá por noviembre.

¿Cómo es posible que un pequeño huerto de una pequeña localidad de la sierra madrileña quede finalista de los Premios Huertos Educativos Escolares, que se entregan a escala nacional? ¿Cómo es posible que pueda competir con otros grandes proyectos en los que hay implicadas administraciones y auténticos expertos?

La respuesta es bien sencilla: la colaboración, trabajo desinteresado y buen hacer de todos los agentes implicados. De hecho, éste último concepto podría resumirlo todo: implicación.

EL PROYECTO

Ahora explicaré de qué estoy hablando. Trabajo en el cole de esa pequeña localidad de la que hablaba más arriba. Concretamente, trabajo con los chicos de E.B.O. (Educación Especial, para los que estén fuera del sistema educativo). Trabajo con chicos que padecen síndromes raros que les hacen padecer deficiencia severa y problemas motores (no daré más detalles, en otro momento hablaré de ello).

Cuando trabajas con estos chicos, todos los recursos son pocos. Aprovechas tus intereses, tus hobbies, tus recursos más insospechados para hacer cosas diferentes, para motivarlos, para encontrar momentos positivos, para tener ratos de alegría y disfrute con ellos (que son muchos, lejos de lo que pueda pensar la mayoría; sí, también hay ratos de saltar por la ventana, pero éstos se olvidan cuando acaba el día… casi siempre).

Pues mi interés creciente en el mundo hortícola se tradujo en un interés por que mis chicos cultivasen, da igual lo que fuese, que cultivasen.

Cuando emprendes una tarea de este tipo con este alumnado los objetivos son muy diferentes a los que buscas cuando emprendes dicha tarea en casa (tener tomates para regalar a todo el pueblo y la familia, hacer conservas que duren hasta el día del juicio final y darte un baño a lo American Beauty, pero en tomates).

Explorar con texturas, observar el desarrollo de la planta, cuidarla, adquirir esos hábitos de responsabilidad, etcétera, son los objetivos que se buscan. Esos, digamos, desde un punto de vista más académico- ortodoxo. Porque el disfrutar de la naturaleza y, sobre todo, compartir con otros compañeros (que no son de E.B.O.) unos ratos divertidos, son objetivos, recogidos inicialmente o no, que te llenan por dentro más de lo que te puede llenar el baño tomatero de la película antes citada.

Así pues, hace dos primaveras preparamos un pequeño bancal que compartimos con alumnos de la asignatura Valores Éticos (¿a alguien se le ocurre un nombre más absurdo que éste para una asignatura?, ¿acaso no se aprenden valores éticos desde que nos levantamos por la mañana hasta que nos acostamos?, los que estaban en Religión al mismo tiempo, ¿no aprendían valores? Bueno, esto último, vamos a dejarlo abierto).

El caso es que ese bancal se convirtió en la semilla (buena metáfora) que hizo que todo empezase. Unas fresas, unos tomates, unas cebollas, unos pimientos… Cuidados entre todos los implicados. Y funcionó.

La ilusión de los chicos al ver la cosecha no se puede comparar con nada en este mundo. Debido a nuestra climatología peculiar (hace un frío que pela hasta bien entrado mayo o junio), la espera es aún mayor. Desde que lo plantamos en primavera hasta que vemos los frutos en la mata ha pasado un verano por delante. Los chicos lo disfrutan en septiembre, cuando vuelven al cole. Y entonces la alegría de ver el resultado, mermelada de tomate, desayuno saludable, etc.

El caso es que ese bancal supone, como decía, el inicio de TODO. A todo el mundo le gusta el pequeño proyecto y desde dirección se nos incita a que englobe a todo el centro. Me sentí como Masanobu Fukuoka y su La de una brizna de paja (libro muy recomendable, gratis en Internet, búsquenlo, por favor), pero éramos nosotros y La revolución de un pequeño bancal.

Sembrando igualdad Mis chicos E.B.O, nuestro huerto ecológico y un diploma

Sembrando igualdad Mis chicos E.B.O, nuestro huerto ecológico y un diploma

SOMOS FINALISTAS

Volviendo al principio, ¿cómo es posible que ese pequeño huerto quede finalista? Los huertos escolares en los últimos años han proliferado como las setas (o como salían las setas antes, cuando llovía). Antes hablaba de implicación. ¿Y quiénes son estos implicados? Desde los alumnos, profes y demás personal del centro (que quede claro que yo no soy profe, o al menos no cobro como tal), hasta las familias, el Centro de Educación Ambiental de la zona (eternamente agradecidos, se os echa de menos chicos), o el Parque Nacional Sierra de Guadarrama. Éste último, como siempre, la institución más grande implicada y la que más cuesta que colabore, cuando estamos hablando de unas palas y unas azadillas para los chicos.

Los Premios Huertos Educativos Ecológicos es una iniciativa de la Fundación Triodos y la Asociación Vida Sana que buscan recompensar el uso del huerto escolar como herramienta para de transmisión de conocimientos y valores. Se elige para cada categoría un primer ganador, un premio accésit y otros cinco finalistas.

Nosotros, a pesar de que el proyecto partiese desde nuestra aula de E.B.O., concursamos en la categoría de Infantil y Primaria, pues es un proyecto que engloba a todo el centro, como comentaba antes. Estar entre los siete mejores proyectos del año pasado nos ha hecho creer que todo es posible, que con el esfuerzo en común se puede conseguir cualquier cosa, que la educación en valores medioambientales no puede ser algo secundario (y menos en nuestra pequeña localidad rural) y que este pequeño terreno (apenas 14 bancales de poco más de 1 metro cuadrado cada uno) nos pueden unir para buscar un objetivo común y que este objetivo sea tan noble como puro.

Quién iba a pensar que trabajar la inclusión pudiera ser tan sencillo. Es muy complicado meter a mis chicos en otras clases (lo hacemos, con mucho esfuerzo, pero lo hacemos) en las que pueden compartir con otros compañeros ratos divertidos y muy constructivos para todos. Pero verlos igualarse en tareas del huerto no tiene comparación. En el sistema no funciona la integración. No me entiendan ustedes mal, yo creo que es posible (para eso trabajo todos los días), pero tal y como está estructurado nuestro sistema educativo, no. Aunque esto será objeto de otro post.

Seguiremos haciendo nuestra pequeña revolución con la azada y con la regadera hasta que nos dejen.

Por último, quiero agradecer a Rosa que me haya invitado a formar parte del blog.

Y le quiero dedicar este texto a Emi, compañera en el aula y amiga. Cabeza pensante y motor último (en sentido aristotélico) de todo cuanto hemos sido capaces de mover.

Papá Idiota

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