por Rosa Martínez Marán | Nov 15, 2018 | Maternidad y Crianza Sostenible
Hoy os traigo un post muy especial sobre los derechos de los niños hospitalizados de la mano de una experta en derecho. Tenía muchas ganas de hacer una colaboración con Agustina Rico, de la web Mamá Legal.
Hace ya un año tuve el placer de entrevistarla en Un café en la Tribu, fue un encuentro del que disfrutamos mucho y hablamos de los derechos de las familias, de las mujeres embarazadas y de los niños. De ese fructífero encuentro salió una Guía legal de maternidad y crianza, que te invito a leer si no tuviste la oportunidad entonces.
Antes de pasar al post me gustaría presentaros a Agustina Rico. Nos conocimos a través de la redes sociales y su proyecto me encantó desde el principio porque en temas legales estamos a veces muy perdidas. Ella explica estos temas tan áridos de una forma fácil, asequible y sobre todo clara.
Agustina Rico es abogada especializada en derecho y Maternidad y desde el año 2017 lidera el proyecto, Mamá legal, una web que trata de acercar el derecho a las familias. También asesora a las familias, da charlas informativas y es autora del curso derechos y maternidad que puede adquirirse en la Escuela de Bitácoras. Como podéis ver una profesional de lo más completa y además madre, por lo que entiende perfectamente los desvelos y preocupaciones por los que pasamos las familias cuando nos enfrentamos a un problema legal.
¿Por qué hablar de los derechos de los niños hospitalizados?
Pues porque es un tema de lo más común y habitual, ya que en algún momento nuestros hijos pueden ponerse enfermos y necesitar asistencia ambulatoria u hospitalitaria. No obstante, siendo algo tan común la mayor parte de las familias no saben cuáles son sus derechos y cómo pueden lograr que sean respetados.
Espero que después de este post tengáis las ideas mucho más claras y que hagáis respetar vuestros derechos y los de vuestros hijos. Y ahora sí os dejo con Agustina Rico y con el post Los derechos de los niñ@s hospitalizados están protegidos. ¡Qué lo disfrutes!
Los derechos de los niñ@s hospitalizados estás protegidos
Y digo DERECHOS (en mayúsculas) porque es el derecho que tienen los niños como pacientes de estar acompañados por sus padres y no el derecho de los padres de estar con sus hijos.
Y como madre, claro que te quedas más tranquila acompañándolo y viendo qué le están haciendo, pero es el derecho de nuestros hijos, de estar acompañados en todo momento por sus padres o sus cuidadores.
En el año 1984 el Parlamento Europeo aprobó la Carta de la Derechos de los Pacientes. Y en 1986 aprobó la Carta Europea de los Derechos de los Niños Hospitalizados, que recoge los derechos de las personas menores de edad que se encuentran en esta situación (Resolución del Parlamento Europeo Doc. A 2-25/86, DOCE 13 de mayo de 1986).
Este es un tema controvertido y a la vez desconocido por los padres, hemos escuchado hablar del tema pero no tenemos claro hasta donde podemos llegar, qué podemos o no exigir en cuanto a estar presente cuando se les están realizando determinadas pruebas médicas a nuestros hijos.
Seguro que conocemos a personas a las que sí les han dejado entrar con su hijo para hacerse un análisis, por ejemplo y a otras a las que se lo prohibieron, probablemente escudándose con el famoso protocolo.
Iremos viendo uno a uno los derechos que tienen los niños y que así vienen recogidos en la Carta Europea de los Derechos de los Niños Hospitalizados.
Derechos de los niños hospitalizados recogidos en la Carta Europea
A) Primero hay que tratar de ofrecerle los cuidados necesarios en su casa o en un ambulatorio. Si esto no es posible, la última opción será hospitalizarlo. Si es necesaria la hospitalización intentar que sea lo más breve y rápida posible.
B) Derecho a la hospitalización diurna, si es posible según su estado de salud y sin que ello suponga una carga económica adicional a los padres, debiendo ser gratuita.
C) Derecho a estar acompañado de sus padres o de sus cuidadores, el máximo de tiempo posible durante su permanencia en el hospital, no como espectadores pasivos sino como elementos activos de la vida hospitalaria, sin que eso comporte costes adicionales. Y sin perjudicar en modo alguno ni obstaculizar la aplicación del tratamiento médico.
En este caso interpreto que se podría ampliar a cualquier persona que se encontrara al cuidado del menor en el momento del ingreso, ya sean abuelos, profesores porque el niño se hubiera accidentado en el colegio o el tutor o representante legal del menor. De la persona de referencia, ya que se encontrará en un ambiente desconocido y con miedo.
No existe un listado en el que se diga en qué tipo de tratamiento médico podemos estar presentes y en cuales no, así que esto nos deja la puerta abierta a poder pedir estar presente en casi todas las pruebas médicas, siempre que no entrañe un peligro para la salud de nuestro hijo o para la nuestra.
Así por ejemplo, no nos van a dejar estar presentes en una radiografía, ya que incluso el sanitario que la realiza debe salir de la sala.
A modo de ejemplo os hablaré del Hospital General de Villalba, en Madrid, que se ha acogido al Plan de Humanización de la Asistencia Sanitaria de la Comunidad de Madrid.
Desde el mes de marzo de 2017 permite a los padres entrar a quirófano con sus hijos menores de edad y estar presentes durante la inducción anestésica. Después son acompañados a la sala de espera y cuando termina la intervención pueden entrar con sus hijos a la sala de reanimación.
Es una excelente medida que por supuesto debería extenderse a todos los hospitales, ya que solamente ofrece beneficios para nuestros niños. Según las noticias que he leído, solamente lo hacen con niños menores de 10 años y creo que deberían ampliarlo como mínimo hasta los 16 años, sino hasta la mayoría de edad.
Como consecuencia de los momentos de tensión y estrés vividos por un niño ante esta situación, en los días o meses posteriores pueden sufrir pesadillas, alteraciones del comportamiento, miedo a ir al médico y a las personas con bata blanca… y de esta manera es posible que el niño se ahorre todo este sufrimiento posterior al poder estar acompañado por sus padres (la mayoría de veces solo dejan que entre uno de ellos) y se sienta mucho más reconfortado. Evitando la enorme tensión emocional de los niños cuando los arrancan de los brazos de sus padres para llevárselos a hacer determinadas pruebas o a quirófano.
D) A recibir información sobre su enfermedad y su tratamiento, de una forma que pueda comprenderla con facilidad. Por ejemplo en una ecografía explicar que no duele y solo notará que la crema que le ponen está fría o en quirófano decirle que tampoco le dolerá cuando le pongan la mascarilla, que solo tiene que respirar… Sin ser necesario entrar en detalles.
E) Derecho a recibir una atención individualizada, siempre con el mismo profesional de referencia, en la medida de lo posible, para que el menor se sienta seguro y confiado y tenga su figura médica de referencia.
F) Tiene derecho a negarse (por boca de sus padres o de la persona que los sustituya) a que lo sometan a pruebas para investigar o estudiar su enfermedad, cuando el propósito no es terapéutico. Así que no nos pueden obligar a formar parte de ningún ensayo clínico.
G) El derecho de los padres o de la persona que los sustituya a recibir toda la información relativa a la enfermedad y al bienestar del niño, siempre respetando el derecho a la intimidad del menor. Los padres tenemos derecho a estar informados de todo lo concerniente a la salud de nuestros hijos, así como a saber a qué pruebas médicas se va a someter y en qué consisten.
H) El derecho de los padres o de la persona que los sustituya a expresar su conformidad con los tratamientos que se aplican al niño. Como padres tenemos que prestar el consentimiento para cualquier prueba que se le haya de realizar a nuestro hijo, y nos deben haber explicado previamente en qué consiste la prueba y si conlleva riesgos o efectos secundarios.
I) El derecho de los padres o las personas cuidadoras a recibir ayuda psicológica o social por parte de personal cualificado si la precisan.
J) Los niños tienen derecho a no ser sometidos a medicamentos y tratamientos experimentales. Solo los padres y los tutores legales podrán autorizar la utilización y la retirada de estos tratamientos, una vez que se les hayan explicado sus riesgos y ventajas. Del mismo modo que damos nuestro consentimiento también lo podemos retirar en cualquier momento y pedir que se paralice el tratamiento experimental en cuestión.
K) Derecho del niño hospitalizado, a estar protegido por la Declaración de Helsinki de la Asamblea Médica Mundial cuando esté recibiendo tratamientos experimentales.
La Asociación Médica Mundial (AMM) promulgó la Declaración de Helsinki como una propuesta de principios éticos para investigación médica en seres humanos, incluida la investigación del material humano y de información identificables.
L) Tienen derecho a no recibir tratamientos médicos inútiles y a no soportar sufrimientos físicos y morales que puedan evitarse.
M) Los niños tendrán derecho a contactar con sus padres, o las personas cuidadoras en momentos de tensión, y cuando más lo necesiten para procurar su bienestar emocional.
N) Derecho a ser tratado con tacto, educación y comprensión y a que se respete su intimidad en todo momento mientras dure su ingreso hospitalario.
O) A ser atendido por personal cualificado que conozca sus necesidades físicas y emocionales, garantizando el derecho de todos los niños y adolescentes a tener un médico especialista en pediatría.
P) Derecho a ser hospitalizado junto a otros niños, evitando todo lo posible su hospitalización entre adultos, para que pueda relacionarse con otros niños si es posible.
Q) A disponer de estancias en el hospital que cumplan con las normas de seguridad, y estén equipadas con todo el material necesario para que los niños puedan ser atendidos y educados y puedan jugar.
R) Derecho a proseguir su formación escolar durante su permanencia en el hospital y a beneficiarse de las enseñanzas de los maestros y del material didáctico que las autoridades escolares pongan a su disposición, sobre todo si la hospitalización es larga. Con la condición de que el estudio no perjudique el bienestar del niño ni obstaculice su tratamiento médico.
S) Derecho a disponer durante su permanencia en el hospital de juguetes adecuados a su edad, de libros y medios audiovisuales.
T) A seguir estudiando cuando la hospitalización es parcial (solo durante el día) o la convalecencia se realiza en su casa.
U) A la seguridad de recibir los cuidados que necesita, si sus padres o las personas autorizadas se los niegan por razones religiosas, de diferencia cultural, de prejuicios o no están en condiciones de dar los pasos oportunos para hacer frente a la urgencia. Si es necesario se pedirá intervención judicial que autorice llevar a cabo el tratamiento al que se están negando sus representantes legales.
V) A recibir ayuda económica, moral y psicosocial cuando los exámenes y/o tratamientos médicos del menor debieran efectuarse necesariamente en el
W) El último derecho y no por ello el menos importante, el de los padres o de la persona que los sustituya a pedir la aplicación de la presente Carta en el caso de que el niño tenga necesidad de hospitalización o de examen médico, en cualquier país, aunque no formen parte de la Comunidad Europea. Lo que empezó siendo una Carta de derechos de obligado cumplimiento para niños europeos se ha extendido a los menores de cualquier parte del mundo, pudiendo reclamar su cumplimiento aunque el país no forme parte de la Unión Europea.
Conclusiones
Ahora que ya conocemos los derechos que tienen nuestros hijos cuando son hospitalizados, sabemos que podemos pedir que se aplique esta Carta Europea de los Derechos de los Niños Hospitalizados, tal y como viene recogido en el último de los 23 derechos que componen la Carta.
A menudo tendremos que luchar por el cumplimiento de esta Carta, y lo podemos hacer desde el respeto y la educación pero manteniendo una postura firme, con la seguridad de que es un derecho de nuestro hijo y que podemos exigirlo por ser una norma europea de obligado cumplimiento
Si bien es cierto que en el título de la Carta se habla de niños hospitalizados, el primer derecho A) hace referencia a ofrecerle los cuidados necesarios en su casa o en ambulatorio si es posible, en lugar de hospitalizarlo.
Cuestión importante a tener en cuenta, conozco algunos padres a los que no se les ha permitido acompañar a sus hijos a un simple análisis de sangre. Si os encontráis en esta situación y alegáis el obligatorio cumplimento de la Carta Europea de de los Derechos de los Niños y las Niñas Hospitalizados, es posible que os digan que no estáis en un hospital, sino en un ambulatorio, y se acogerán de nuevo el protocolo.
En este caso deberíamos insistir y si nos lo siguen negando podemos pedir hablar con un responsable o interponer una queja en el mismo centro médico y según su respuesta lo podemos poner en conocimiento del Defensor del Pueblo.
Como madre y abogada tengo una idea clara y es que las personas nos tenemos que empoderar y creo que lo tenemos que hacer en todos los aspectos de la vida.
Y esto incluye, como no, la maternidad y la paternidad, conocer nuestros derechos y los de nuestros hijos, para poder decidir libremente, exigiendo así lo que nos corresponde. Para identificar estos derechos y saber qué podemos hacer cuando se están.
Espero que el post de Agustina Rico te haya gustado tanto como a mí. Si tienes cualquier pregunta o sugerencia, no dudes en dejarnos un comentario y te contestaremos encantadas.
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por Rosa Martínez Marán | Oct 25, 2018 | Maternidad y Crianza Sostenible
Mi aborto bioquímico: el hijo que no nacerá, es el titulo que he escogido para este post que es uno de los más personales que he escrito últimamente. Me ha llevado meses estar preparada para contarlo, hay vivencias que es necesario que reposen con el tiempo. Mi objetivo es compartir mi experiencia, pero también ofrecer información que sea útil y valiosa.
Hoy hablaremos del aborto bioquímico, de sus causas y del duelo que supone asumir que no serás madre de nuevo, al menos no dentro de unos meses. ¿Qué vas a encontrar en esta entrada? Mi experiencia personal e información sobre la cuestión. No obstante, tienes el índice para guiarte por el post y que te sea más fácil la lectura.
La muerte gestacional
El pasado 15 de octubre fue el Día internacional de la muerte gestacional, ese enorme abanico que abarca desde la pérdida en las primeras semanas de embarazo hasta los primeros días de vida de un bebé. La efeméride tiene como objetivo visibilizar un tema sobre el que existe un gran tabú y un gran silencio. Se trata de la gran olvidada dentro de la salud obstetricia.
Es importante que haya un día que nos recuerde que hubo unos niños que no nacieron por la biología, las circunstancias ambientales o lo que fuera que hizo que no llegasen a nacer, ni siquiera a crecer más allá de unas pocas semanas. Para los padres que los esperaban si existieron, existirán siempre.
Cuando se produce un aborto, sea bioquímico o sea en un momento más avanzado del embarazo, la situación se envuelve en un enorme silencio que puede llegar a ahogar a la mujer que ha sufrido la perdida. Algunas personas del entorno obvian lo que ha sucedido y otras simplemente tratan de consolar con comentarios poco afortunados restando importancia al hecho. No consuela que te digan que eran solo unas células o que tendrás mas hijos porque un hijo jamás sustituye a otro. Estos comentarios nada empáticos suelen hacer más profundo tu dolor.
Pocas veces se habla abiertamente y de forma respetuosa de la pérdida gestacional. Nadie quiere tratar este tema porque resulta muy doloroso, así que es mejor echar un montón de tierra encima a ver si con suerte se olvida o fingir que no pasó, que nunca existió ese embarazo y que no existe ninguna perdida que lamentar. La pérdida gestacional implica siempre sufrimiento, en todas las circunstancias. Así que debemos tenerlo en cuenta cuando alguien de nuestro entorno pasa por esta situación.
Y ahora sí, voy a contaros mi vivencia con el objetivo de que mi testimonio te ayude si te ves en esta misma situación o si tienes alguna mujer cercana en tu entorno que esté pasando por lo mismo.
Mi aborto bioquímico
Si sigues este blog con regularidad, sabrás que en marzo me fui de viaje fin de curso con mis alumnos a Lanzarote. En el post Cómo mantener la lactancia si tienes que viajar por trabajo, ya lo contaba. Lo que no narré en ese post es que cuando me fui a las Islas Canarias ya estaba embarazada de pocas semanas, aunque lo desconocía.
Fue al volver a Madrid y contar los días desde mi anterior período que me di cuenta de que mi retraso era más largo de lo que pensaba. Y yo me notaba también extraña, intuía que podía estar embarazada de nuevo.
Estábamos embarazados
Hicimos la prueba a principios de semana santa, entre temerosos por llevarnos una nueva decepción y esperanzados por si esta vez resultaba ser un positivo. Para poneros en situación tengo que aclararos que llevamos buscando un embarazo desde hace ya más de año y medio. En ese tiempo nos habíamos hecho alguna que otra prueba cuando había tenido un retraso largo y todas hasta este momento habían dado negativo.
La prueba no dejaba lugar a dudas, era un positivo clarísimo. ¡Estábamos embarazadísimo! Según mis cálculos de aproximadamente 5-6 semanas.
No podíamos sentirnos más contentos y felices. Durante esos días no dejamos de sonreír y de planear el futuro. Tomé cita con mi ginecóloga, con la matrona, pensamos cómo nos íbamos a organizar en casa cuando llegase el peque, contamos las semanas y calculamos la fecha probable de parto. La maquinaria se puso en marcha sin apenas darnos cuenta. Nosotros estábamos preparados para recibir a un nuevo miembro en la familia y se había iniciado la cuenta atrás.
La ilusión se desvanece
Sin embargo, no siempre los embarazos llegan a buen puerto. Las estadísticas así lo dicen, aunque no consuela formar parte de una estadística. Nuestra felicidad se desvaneció como un espejismo y la alegría nos duró aproximadamente una semana. Lo vivimos con intensidad, con optimismo y con los cinco sentidos. Al menos durante unos días construimos un futuro en el que éramos cuatro.
Un par de días antes de tener la hemorragia note que manchaba un poco rosa, una pizca casi imperceptible y nada reseñable. Con el Vikingo, me había pasado algo parecido pero previo al momento en que tenía que bajarme el período. En este caso, la mini-mancha aparecía en un momento en el que ya no tiene sentido pensar en un sangrado de implantación.
La visita al hospital
Estuve mosqueada un par de días, pero no parecía que la cosa avanzase, aunque la leve manchita no desaparecía. No obstante, el lunes, me levanté sangrando. En un principio parecía un pequeño sangrado, pero según fueron pasando las horas fui notando que aumentaba poco a poco. Me asusté, porque sabía lo que significaba.
Ese día era nuestro último día de vacaciones antes de volver al trabajo y teníamos planeado hacer una serie de gestiones en Madrid. Le pedí a Papá Idiota que me llevase a urgencias y que se fuese él con el peque a hacer los recados pendientes. Aceptó a regañadientes, pero me dejó en el hospital.
Estuve allí aproximadamente toda la mañana. En consulta me examinaron y me hicieron una ecografía, pero no fueron capaces de ver nada con claridad. No se veía el saco gestacional pero tampoco descartaban que estuviese ahí. Sí me confirmaron lo que ya sabía, que estaba embarazada.
La doctora que me atendió fue bastante cruda: “Estás embarazada, pero es posible que estés dejando de estarlo. Con toda probabilidad estás sufriendo un aborto bioquímico”. No se puede ser más directa.
Me aconsejo reposo absoluto y repetirme la prueba de embarazo una semana después. Por supuesto, no me explicó que era un embarazo bioquímico ni por qué se había producido. En urgencias no hay tiempo para eso, va todo muy rápido. Antes de darme cuenta ya estaba en la calle con mi nudo en el estómago esperando a que Papá Idiota pasase a buscarme.
¿Qué es un aborto bioquímico?
Es la primera pregunta que me hice y la búsqueda que puse en Google mientras esperaba. Durante esos días leí mucho sobre la cuestión para comprender lo que me había sucedido y porqué.
Un aborto bioquímico es un embarazo que termina prematuramente a las 5-6 semanas de gestación. Existe fecundación entre el óvulo y el espermatozoide y su implantación en el útero. La hormona Gonadotropina coriónica humana (HCG) empieza a segregarse en el momento de la implantación y es la responsable del positivo en la prueba de embarazo.
El problema es que a pesar de la implantación en el útero el desarrollo del embrión no prospera y al final es expulsado por el cuerpo. Este tipo de embarazo no suele dejar un registro ecográfico como me sucedió a mí, nunca llegan a verse porque su desarrollo se interrumpe antes. No obstante, eso no significa que no haya existido.
¿Por qué se produce?
Existen muchas razones, pero ninguna de ellas es concluyente. En internet puedes encontrar un gran número de páginas que repiten la misma información. Se supone que sobre estas causas existe un acuerdo y unos porcentajes, pero no son más que eso. En un porcentaje muy alto de los casos no se sabe porque se produjo el aborto bioquímico.
Te enumero algunas de las razones:
- El feto sufre alguna alteración del ADN. ¿Posibilidad de ser confirmado con análisis? Ninguna, porque ni siquiera el embrión es detectable en ecografía. Es un buen argumento para consolarnos de una perdida, pero poco más.
- La alteración genética del óvulo. Esta razón parece más convincente o al menos susceptible de ser probada con un examen de nuestra reserva ovárica. La calidad de los óvulos es fundamental para que el embarazo siga adelante, un óvulo de mala calidad puede contener alguna anomalía cromosómica, afectar al desarrollo del embrión y producir fallos de implantación que acaban en aborto.
- La alteración genética del espermatozoide. Esto se ha estudiado bastante menos pero cada vez tiene un papel más relevante. Ahora se cree que este tipo de alteraciones pueden provocar embriones con anomalías cromosómicas que al final no se desarrollan y terminan en aborto. Un estudio de la Universidad de Utah en EEUU investigó sobre los abortos espontáneos y llegó a la conclusión de que 1 de cada 5 estaban causados por anomalías genéticas del espermatozoide.
- El útero de la madre presenta alguna anomalía. Si es tu caso probablemente lo sepas desde hace tiempo porque se detecta en pruebas diagnósticas como la ecografía o la resonancia magnética.
- Alteraciones hormonales. Las alteraciones tiroideas son las más habituales. El hipotiroidismo encabeza el ranking de patologías susceptibles de provocar un aborto. La diabetes no controlada o diagnosticada también puede elevar las posibilidades de sufrir un aborto bioquímico. Otras patologías hormonales susceptibles de afectar al embarazo son la resistencia a la insulina y la insuficiencia de la fase lútea que está relacionada con el déficit de progesterona.
- El estilo de vida de la madre. Esta razón es como un cajón desastre en donde cabe absolutamente todo. Desde lo más básico como consumir o no café, causas relacionadas con el abuso de sustancias como el alcohol o el tabaco, hasta el estrés crónico.
- Causas ambientales. No están confirmadas porque no hay estudios epidemiológicos que analicen si la contaminación ambiental y la exposición a productos tóxicos están directamente relacionadas con el aborto bioquímico. No obstante, me parecía necesario incluirlas entre las causas ya que la comunidad científica empieza a alertar de los peligros de la infertilidad femenina y masculina por exposición a sustancias tóxicas como los disruptores endocrinos o los ftalatos.
La espera
Volvimos a casa abatidos, aunque con una mínima esperanza de que el embarazo siguiese adelante. Según fueron pasando las horas mi sangrado fue aumentando y yo me fui sintiendo peor física y anímicamente. Estuve sangrando aproximadamente una semana, creía que no acabaría nunca. Mi sangrado fue bastante abundante teniendo en cuenta que mis reglas son ligeras y suelen durarme entre 3 o 4 días. Además notaba mucho malestar en la parte baja del abdomen.
En el centro de salud me dieron la baja médica y me hicieron un nuevo test de orina que reveló que aún había presencia de hormona Gonadotropina coriónica humana (HCG), aunque ya debilitándose. A la semana repetimos la prueba de embarazo y salió negativa, lo que suponíamos.
En aquellos días que tuve que quedarme en casa en reposo pensé mucho en lo que me estaba sucediendo y el porqué. Observé y escuché a mi cuerpo y supe que estaba sufriendo un aborto.
Medité casi todos los días porque lo que más necesitaba en ese momento era fluir con lo que me estaba sucediendo y aceptarlo tal y como había llegado. No era el final que esperábamos, apenas era un principio, pero no servía de nada luchar contra ello o negar lo que era evidente.
¿Cómo me sentía?
Muy triste y decepcionada. Nos había costado más de un año quedarnos embarazados y teníamos que empezar otra vez de cero. Haberlo conseguido y haberlo perdido nos dejó hechos polvo. Supongo que habrá quién pensará que apenas estuvimos embarazados una semana que es muy poco tiempo para sufrir o para encariñarse con el truncado bebé. Siempre hay alguien que se permite el lujo de opinar gratuitamente.
Desde un punto de vista racional una puede interpretarlo así, al fin y al cabo, solo fue una semana. Desde el punto de vista emocional la cosa cambia. Es tu sentimiento y en esa montaña rusa de emociones hay mucho más que un embarazo de 6 semanas: hay ilusiones, expectativas, esperanzas, deseos…
Esto se muere al menos un poquito con ese bebé que ya no nacerá. Estuve durante muchas semanas muy triste, con una energía vital muy bajita. No podía evitar sentirme abatida y pensar que posiblemente fuese la última oportunidad de ser madre de nuevo.
Oigo de nuevo la voz de los opinólogos diciendo: “No, mujer. No seas catastrofista”. No, soy realista que no es lo mismo.
Mis problemas de fertilidad
Mi perspectiva se ensombrece cuando pienso en las pocas probabilidades de embarazo que tengo. En uno de los primeros post que escribí, No podrás tener hijos de forma natural, hablaba precisamente de mis problemas de fertilidad. Tengo baja reserva ovárica, así que la probabilidad de quedarme embarazada de forma natural es más bien escasa.
Acabo de cumplir 40 años. Si mi fertilidad con 35 años estaba mermada no me quiero imaginar cómo estará cinco años después. Sé que las perspectivas de ser madre de nuevo son cada vez más lejanas. Me entristece pensarlo, no obstante, no me rindo ni tiro la toalla. De hecho, mi ginecóloga aún no lo ha hecho.
Unas semanas después de mi aborto acudí a consulta con mi ginecóloga, esa primera cita que iba a ser sobre el embarazo sirvió para revisar que todo estaba en orden. Lo había expulsado todo y mi útero estaba limpio, incluso estaba volviendo a ovular, lo que era una gran noticia. Aunque mi ginecóloga sabe que tengo todos estos problemas, (me conoce desde hace muchos años) se mostró optimista. Ella me dijo algo a lo que me he agarrado todos estos meses y que mantiene nuestra esperanza: “Si has podido quedarte embarazada esta vez, es que puedes quedarte embarazada de nuevo aunque tu reserva ovárica esté mermada”.
Abortos de repetición
Otra cuestión que tratamos en la consulta es que posiblemente este no sea el único aborto bioquímico que haya sufrido. Le comenté que tenía esa sospecha desde hace tiempo porque ese tipo de sangrado, ya lo he experimentado antes. La diferencia es que el retraso había sido de unos pocos días y no me había realizado una prueba de embarazo que confirmase ese supuesto.
El aborto bioquímico puede confundirse a veces con un retraso en la menstruación. Cuando sufres un aborto la sangre es muy abundante y tiene un color rojo brillante que en nada se parece al de la menstruación habitual. Esa fue la razón de mis sospechas, ese sangrado diferente que he notado otras veces tras un retraso.
¿Se puede repetir el aborto en un futuro?
Sí, por desgracia. Este pasado mes de septiembre volví a tener un retraso de unos días y cuando bajo la regla tenía ese color rojo brillante característico y me duro como unos seis días. No lo he corroborado con una prueba de embarazo, pero viendo el sangrado no necesito más confirmación.
Tengo 40 años y eso significa que mi probabilidad de aborto se ha intensificado. Yo me siento joven y mejor que nunca. No obstante, mi reserva ovárica está disminuida y mi edad juega en mi contra. Soy parte de la estadística que indica que más de la tercera parte de mis embarazos acabarán en aborto. La probabilidad de aborto en mujeres de más de 40 años oscila entre un 51-75%, así que en este camino es posible que si vuelvo a quedarme embarazada de nuevo sufra un aborto.
Mi decisión
Mi ginecóloga me ofreció la posibilidad de hacer un estudio de fertilidad y confirmar mis sospechas. También me sugirió que volviésemos a plantearnos pasar por una clínica de fertilidad e intentar una Fecundación In Vitro (FIV). Sin embargo, por el momento he decidido dejar el tema en suspenso y no forzar un embarazo.
Por supuesto, esta es mi decisión personal que no tiene porque ser tu decisión. Se trata de un tema muy personal que cada una de nosotras vive de una forma diferente. Yo he decidido no someterme a una FIV para tener otro hijo porque personalmente no me compensa pasar por el proceso.
No quiero que mi vida gire en torno a un nuevo embarazo, me volvería loca si fuese así. No quiero obsesionarme con el tema y perder un tiempo precioso para disfrutar de mi familia. Una de las cosas que la vida me ha enseñado es que hay que fluir con nuestros pensamientos, con nuestros sentimientos y con nuestro ser, es la única forma de alcanzar el equilibrio.
Me encantaría tener otro hijo, por supuesto. Seguiremos intentándolo un tiempo, también. Pero no voy a dedicarle más tiempo y energías a comerme la cabeza con el futuro. Si tenemos otro hijo estupendo y si no lo tenemos también.
Deseaba ser madre y lo he sido. Ya conseguí mi propósito, es mucho más de lo que muchas parejas consiguen. Todo lo que venga a partir de entonces es un regalo, pero no es imprescindible para nosotros. He decidido no sufrir por el hijo que no tengo o que no sé si llegará y he decidido invertir mi tiempo y mi energía en algo mucho más tangible y real, el hijo que sí tengo y que me necesita al 100% por y para él.
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por Rosa Martínez Marán | Oct 18, 2018 | Cabello sin tóxicos, Vida Sostenible
Hoy ingredientes a evitar en tu champú, en tu acondicionador o en tu mascarilla. En este post nos vamos a centrar en aquellos ingredientes que deberíamos conocer para poder huir de ellos cuando adquirimos un cosmético para nuestro cabello. Recomendación extensible a cualquier producto de cosmética que pensemos adquirir o que tengamos en nuestro armario del baño.
En anteriores entradas de Rosa Martínez Marán os he contado como desintoxique mi pelo de productos tóxicos y cuál es mi rutina capilar libre de tóxicos, si no has podido leer estos post te animo a ello porque encontrarás mucha información útil. Para llegar a ello he investigado mucho sobre los tóxicos en cosmética y he realizado un listado de ingredientes a evitar en el champú que hoy comparto contigo
Una oferta ilimitada para una misma fórmula
Si nos damos una vuelta por cualquier supermercado encontraremos champús para casi cualquier cosa: anticaspa, anticaída, antiencrespamiento, para pelo graso, para pelo fino, liso asiático, con proteínas de la seda (todavía me pregunto para qué), con keratina, para cabello quebradizo y un largo etcétera. Existen tantos tipos de pelo como productos susceptibles de ser vendidos.
Sobre nuestras cabezas planea como una sombra funesta la imagen en blanco y negro del pelo indomable, inmanejable e intratable, cualquiera diría que hablamos de pelo y no de un delincuente muy peligroso escapado de una cárcel de máxima seguridad.
Si visionamos un anuncio sobre champú en televisión o en una revista encontramos un común denominador: muchas promesas adornadas con imágenes en color sugerentes e idealizadas sobre lo que debe ser un cabello bonito o sano. Esos cabellos lisos, sueltos y tan brillantes como el sol.
Ese pelo sano que nos han hecho creer que se puede conseguir una y exclusivamente con los productos que nos vende la industria de la cosmética convencional. Por supuesto, estos vendedores de promesas no te van a hablar del INCI, ni de los efectos secundarios que tienen algunos de los productos que podemos adquirir a un módico precio.
En realidad, estos productos tan diferentes entre sí comparten más de lo que parece a simple vista. Aunque da la impresión de que hemos adquirido un producto exclusivo o con ingredientes novedosos la formulación es la misma de un bote a otro, o lo que es lo mismo, se repiten los mismos ingredientes tóxicos de una fórmula a la otra: derivados del petróleo, PEGS, parabenos, etc.
¿Cuál es tu grado de confianza en la industria de la cosmética?
La primera pregunta que deberíamos hacernos es si nos creemos las promesas de la industria. ¿Es verdad todo lo que nos venden? ¿Puede un champú detener el envejecimiento? ¿Evitar las canas? ¿Puede dejarme el pelo liso como en una tabla?
¿Creéis que es verdad todo lo que prometen por unos pocos euros? ¿Cumplen todo lo que prometen y sin efectos secundarios para la salud a medio-largo plazo?
Sí crees que puedes confiar en la industria, sin duda este no es tu post. No obstante, te animo a seguir leyendo porque es posible que el post te ayude a abrir los ojos o al menos te sirva para cuestionarte la realidad. Yo no estoy aquí para convencerte de nada, simplemente te expongo mi punto de vista basado en toda la información que he recogido y sobre la que he investigado desde hace años.
El secreto profesional y otras contradicciones
Este post es fruto de las reflexiones que me hicieron abandonar la cosmética convencional y cuestionar o investigar sobre la cosmética ecológica certificada porque no todo lo que nos venden es tal y como nos prometen a simple vista.
Una de las cuestiones que más me escandalizan es cómo es posible que cierta información sobre la composición de algunos productos no sea pública, que las marcas no estén obligadas a exponerla públicamente en la etiqueta.
La industria se esconde detrás del secreto profesional y dentro de ese secreto impenetrable los consumidores quedamos desamparados y sin información suficiente para poder elegir con libertad. Por ejemplo, un producto puede ser libre de Bisfenol A pero que el plástico en que se envasa el producto quede en tierra de nadie y sea imposible determinar si ese compuesto está o no en el producto final.
Hace años que dejé de confiar en la industria convencional y dejé de creerme todo lo que afirmaban las marcas ecológicas certificadas. Próximamente hablaremos de los sellos y certificadoras y de los ingredientes que se pueden utilizar o no. Desde luego si tengo que elegir entre un champú convencional y uno de certificación ecológica escogeré sin ninguna duda el segundo. Sin embargo, revisaré a conciencia el INCI porque que sea certificado y ecológico no significa que no me puedan colar una sustancia tóxica.
En mi camino de desintoxicación me encontré con muchas mentiras y con mucha letra pequeña que la mayoría de nosotros desconocemos cuando alegremente compramos el champú de oferta que vende el supermercado.
Deberíamos ejercitar nuestro espíritu crítico. Eso nos hará más conscientes y más libres para elegir lo que nos conviene o lo que no. Como consumidores debemos tomar consciencia y exigir a los fabricantes que no utilicen determinados compuestos sobre los que se tienen fundadas sospechas de que son cancerígenos, disruptores endocrinos o ambas cosas a la vez.
¿Por dónde entran los tóxicos?
Los tóxicos a los que nos vemos expuestos diariamente penetran en nuestro cuerpo por tres vías: por inhalación, es decir, los respiramos porque están en el ambiente; por ingesta, ya que los podemos encontrar en los productos alimentarios que consumimos como unas simples galletas o una lata de atún; por vía cutánea, es decir, por la piel, a través de los productos cosméticos que utilizamos diariamente para nuestra higiene personal.
Puesto que el post tiene como tema evitar los tóxicos en tu champú o producto por el cabello nos vamos a centrar solo en la vía cutánea. Una buena parte los ingredientes tóxicos que entran en nuestro cuerpo lo hacen a través de la piel. Durante mucho tiempo se ha creído que todo las sustancias químicas o la mayoría de ellas eran expulsadas a través del hígado.
Por supuesto que el hígado es un órgano que hace una labor imprescindible y necesaria, pero estamos expuestos a más de 100.000 sustancias aprobadas solo en Europa, lo que viene a significar que nuestro hígado, aunque funcione a pleno rendimiento y goce de una maravillosa salud no puede procesar todas esas sustancias y expulsarlas de nuestro cuerpo.
Muchas de las sustancias que podemos encontrar en un champú convencional son sustancias bioacumulativas y persistentes que tienden a perpetuarse en nuestro tejido graso. Más grasa más posibilidades de acumular tóxicos en nuestro cuerpo. Gran parte de estas sustancias son Disruptores Endocrinos de los que hablaremos a continuación.
¿Qué son los Disruptores Endocrinos?
El tema daría para más de un post, pero voy a tratar de ser breve. Para empezar los podemos encontrar nombrados como Disruptores Endocrinos y como Perturbadores Endocrinos. Estoy plenamente segura de que en los últimos meses has oído hablar de ellos en los medios de comunicación o en alguna revista. Cada vez existe más preocupación sobre los efectos nocivos que causan sobre la salud de las personas y de los animales.
El doctor Nicolás Olea Serrano Catedrático de la Universidad de Granada y una eminencia en el campo y estudio de los Disruptores Endocrinos los define así: sustancias químicas, de contaminantes ambientales, generalmente hechas por el hombre y la industria del hombre y que una vez dentro del organismo modifican el equilibrio de las hormonas.
El peligro de los Disruptores Endocrinos viene determinado por su interferencia en el sistema hormonal. En ocasiones bloquean la actividad de una u otra hormona, es decir, se comportan como esa hormona y el cuerpo no es capaz de distinguir entre la hormona real y la sustancia química que funciona como tal.
Tienen la capacidad de alterar el sistema hormonal ya sea porque disminuyen el efecto de una hormona, lo aumentan o simplemente la sustituyen. Mandan mensajes confusos al organismo y producen alteraciones que pueden ser muy graves: infertilidad, cáncer, trastornos del metabolismo, alteraciones y enfermedades neurológicas, entre otras patologías.
Ingredientes a evitar en tu champú
Esta es la pregunta del millón porque existen un gran número de ingredientes que deberíamos rechazar de plano cuando adquirimos un champú, un acondicionador o una mascarilla. En cualquier caso, vamos a poner el foco en aquellos ingredientes de los que se sabe o se sospecha de forma fundada que son cancerígenos y Disruptores Endocrinos. Se trata de productos sobre los que existe mucha bibliografía e información veraz y contrastada de sus efectos nocivos para la salud. No obstante, por razones de espacio me es imposible hacer referencia a los estudios publicados pero si alguien necesita ampliar información que me mande un correo.
La lista puede ser muy larga y en poco tiempo es probable que podemos añadir alguno más porque cada día se descubre el efecto perjudicial de alguna sustancia que hasta este momento se consideraba inofensiva. No obstante, nos vamos a centrar en 5 grupos de sustancias: los Parabenos, los Ftalatos, los PEGS, la DEA y sus derivados y el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) y el Sodium Laureth Sulfate (SLES).
1.- Los Parabenos
Vamos a empezar por un ingrediente básico utilizado en muchos cosméticos: los Parabenos. Se cree que puedan estar todavía presentes en más de 13.000 productos de cosmética.
Hay mucha información en contra de los parabenos, sin embargo, la industria sigue recurriendo a ellos. Algunas marcas voluntariamente los están eliminado de sus productos y lo ponen en toda etiqueta viviente. El free paraben se ha convertido desde hace poco en un reclamo publicitario.
Los Parabenos son conservantes con carácter antibiótico, su función es evitar la proliferación de hongos, levaduras o microorganismos. Evitan los microbios y alargan el período de vida de un determinado producto.
¿Cuál es el problema de los Parabenos?
Pues que son Disruptores Endocrinos. Podemos encontrar muchos estudios que los relacionan directamente con el cáncer. Existe amplia bibliografía e investigación que confirma la presencia de Parabenos en tumores de mama en mujeres expuestas a dosis normales de Parabenos en su vida diaria.
A modo de ejemplo, voy a citar un estudio del CSIC(Consejos Superior de Investigaciones Científicas) realizado en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona en 2015. Los resultados de la investigación eran escalofriantes, ya que demostraban que en las mujeres embarazadas que habían participado en el estudio habían bioacumulado los Parabenos en su cuerpo y se los habían transmitido a través de la placenta a sus hijos.
¿Cómo podemos reconocer los parabenos?
Estas sustancias químicas las podemos reconocer muy fácilmente ya que suelen acabar en Paraben. Las nombres más utilizados son los siguientes:
– Metilparaben- methylparaben
– propilparaben-propylparaben
– Butilparaben-butylparaben
– Etilparaben-ethylparaben
-Isopropyl
– Isobutyl
El Isopropyl y el Isobutyl pueden aparecer formando una palabra compuesta con términos con Palmitate o Myristrate. También podemos identificarlos con la nomenclatura E. Debemos tener claro que desde el E-214 hasta el E-219 son Parabenos y debemos evitarlos.
2.- Los Ftalatos
Los Ftalatos constituyen un problema de salud pública de difícil solución. Los Ftalatos son contaminantes químicos presentes en nuestra vida cotidiana a nivel global. Se emplean como plastificadores, incrementando la flexibilidad de los plásticos y para producir cloruro de polivinilo. En cosmética se usan principalmente para fijar los olores, ese olor a limpio o floral que nos vende la industria como un bien deseado y apetecible.
¿Por qué son peligrosos los Ftalatos?
Para esta sustancia química se acumulan los porqués, pero voy a intentar resumir y ser breve. Son muy contaminantes para el medio ambiente y muy peligrosos para las personas. Se ha demostrado que son Disruptores Endocrinos y desde hace años se alerta de su potencial cancerígeno. Aunque la industria afirma que a pequeña escala no es peligroso, eso no está demostrado en ningún caso.
Muchos Ftalatos son tóxicos reproductivos y del desarrollo. Esto quiere decir que son especialmente peligrosos para mujeres en edad fértil que tenga planeado ser madres, embarazadas y niños pequeños. Estos colectivos son especialmente sensibles a los Ftalatos. Se han descubierto concentraciones de Ftalatos en niños pequeños superiores a las de los adultos.
Tipos de Ftalatos
Ftalato de Dietilo (DEP): presente en champús y espumas para el cabello.
Ftalato de Dibutilo (DBP): presente en lacas capilares.
Ftalato de dietilhexilo (DEHP): fragancias y perfumes añadidos al champu, acondicionador, etc.
¿Cómo identificar los Ftalatos?
Los Ftalatos traen un problema añadido de difícil solución y es que no aparecen directamente en la etiqueta del producto. En algunos productos del cabello no te vas a encontrar la palabra Ftalatos, pero eso no significa que no lo lleve. ¿Cómo puede ser esto? Por una laguna legal no es necesario especificarlos en el producto.
Suelen aparecer escondidos tras la palabra “inerte”, “otros” o “perfume”. Es decir que si en un producto en el INCI encontramos la palabra perfume con toda probabilidad ese producto lleva Ftalatos.
Cuando el Ftalato aparece especificado en el producto lo podemos reconocer fijándonos en las últimas palabras, el compuesto siempre acaba en Thalate, Falato. Pueden ser nombres compuestos como:
Diethyl phthalate-dietilftalato (DEP)
Isophthalate
Dibutylphtalate-dibutilftalato (DBP)
Dietilhexilftalate. (DEHP)
3.- Polietilenglicol (PEG)
Los PEGS que es como se los conoce en inglés están presentes en muchísimos champús, acondicionadores y un largo etcétera de productos cosméticos. Se trata de derivados del petróleo, en concreto del etileno. Se utilizan sobre todo como emolientes y emulgentes. Entre sus funciones está ayudar a los componentes a mezclarse y favorecen que el producto penetre mejor en la piel.
Se suelen utilizar como sustitutos de las siliconas y se emplean en muchas ocasiones para que el producto haga espuma. Parece que si un producto para el cabello no hace espuma no será efectivo o no limpiará lo suficiente, lo que es absolutamente falso. Los PEGS son muy baratos, una de las razones por las que se emplean de forma masiva en gran cantidad de productos de higiene personal.
¿Cuáles son los problemas de los PEGS?
Solo como aperitivo decir que los PEGS dejan la epidermis desprotegida y son culpables de irritaciones cutáneas, alergias, dermatitis y urticarias. Entre los trastornos que pueden ocasionar podemos encontrar problemas hepáticos y renales, ya que tienen la capacidad de alterar el sistema nervioso.
En cualquier caso, el problema más grave que suscitan los PEGS viene determinado por su proceso de fabricación. Para reducir su efecto irritante sobre la piel la sustancia es sometida a un proceso de etoxilación. Este proceso da lugar a varios compuestos, el óxido de etileno y el 1,4-dioxano. Ambos compuestos son muy cancerígenos, entre sus efectos nocivos para la salud encontramos cánceres como la leucemia.
Por otro lado, a partir de ese proceso de etoxilación se han encontrado metales pesados como el plomo, el arsénico, el cadmio o el hierro. Es imposible saber la concentración en los PEGS de óxido de etileno, de dioxano o de metales pesados en cualquiera de los productos que adquirimos en cosmética convencional.
Por tanto, si aplicamos el principio de precaución, deberíamos evitarlos por completo porque es inviable saber la exposición real que sufre nuestro organismo cuando utilizamos un determinado producto capilar que los contiene.
¿Cómo identificar los PEGS?
En primer lugar, aclarar que en cosmética ecológica certificada están prohibidos los PEGS. Así que si adquirimos un jabón sólido o un acondicionador eco no habrá PEGS entre sus ingredientes.
Los PEGS son fáciles de identificar ya que casi siempre aparece la palabra PEG y un número. El número en cuestión se identifica con el peso molecular de ese compuesto. Cuánto más grande más difícil que el PEG penetre en la piel y cuanto más bajo es más fácil que entre en nuestro organismo.
También los podemos encontrar en compañía de un largo listado de compuestos como el Disodium PEG-4 Codamido MIPA-sulfosuccinate o Methoxy PEG/PPG-7/3 Amonipropyl Dimethicone. La presencia de la palabra PEG ya nos indica que debemos descartar ese producto y decantarnos por otro en el que no aparezca el compuesto.
En ocasiones, no aparece la palabra PEG especificada directamente sino que aparece por las siglas PPG. Podemos identificarlo también por las palabras Polyehtylene, Ceteareth, Ceteth, hidroxypropyl y palabras terminadas en eth.
4.- Dea y sus derivados
La DEA es la abreviatura de la Dietanolamina y sus derivados químicos, la Codamina, Lauramida, Monoetalamina y la Trietanolamina entre otros compuestos de la misma familia. Se trata de compuestos químicos orgánicos que se emplean en disolventes, emulsionantes y detergentes, una de sus funciones es lograr una textura cremosa. Por supuesto, también esta presente en champús o acondicionadores del mercado convencional.
Todas estas sustancias son humectantes, es decir, que humedecen y suavizan la piel. También son espumantes, ayudan a crear espuma.
¿Cuál es el problema del Dea y sus derivados?
Son sustancias consideradas Disruptores Endocrinos y cancerígenas y son absorbidas directamente por la piel. La agencia internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) las ha clasificado en el grupo 2B. Esto implica que estas sustancias posiblemente sean cancerígenas para los seres humanos. En estudios realizados con animales si ha sido demostrado su efecto cancerígeno, aumenta exponencialmente la incidencia de cáncer de hígado y riñón en ratones.
¿Cómo identificar el DEA y sus derivados?
Lo podemos encontrar directamente por sus siglas DEA en un buen número de productos como la Oleamide DEA o el Linoleamide DEA. También formando parte de nombres compuestos larguísimos como DEA-Cetyl Phosphate o DEA-C8-18 perfluoroalkylethyl Phosphate.
Generalmente el ingrediente suele acabar en “mide” o “mida” y en “lamina” o “lamine” lo que es una pista importante cuando la palabra DEA no está explícita en el INCI.
Sus derivados también pueden acabar en los prefijos señalados anteriormente. Es posible que aparezcan por sus siglas o directamente por su nombre y pueden ir acompañados de las siglas DEA como la Cocamida/e DEA o la Lauramida/e DEA.
Otros derivados pueden aparecer por sus propias siglas como la Trietanolamina que la podemos identificar por TEA o la Monoetalamina que la reconocemos por las siglas MEA.
5.- Sodium Lauryl Sulfate (SLS) y el Sodium Laureth Sulfate (SLES)
Son otro clásico dentro de la cosmética convencional sobre todo cuando las siliconas se convirtieron en el enemigo a batir y tocó sustituirlas por otra cosa que hiciese el mismo efecto y fuese muy barata. Casi cualquier producto para el cabello lleva uno, el otro o ambos.
Los dos productos son detergentes también conocidos como sulfatos. Sirven como espesantes y para hacer espuma, son espumeantes. Lo que sucede es que son espumeantes muy baratos y asequibles por tanto se utilizan de forma masiva en champús y acondicionadores de bajo coste.
¿Cuál es el problema con el SLS y el SLES?
El primero, el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) se sustituye a veces por el segundo, el Sodium Laureth Sulfate (SLES) porque se supone que es menos irritante, pero es más de lo mismo. El segundo parece menos abrasivo, pero también es nocivo para salud. Se relaciona a ambos con el cáncer y la infertilidad aunque no hay estudios concluyentes.
Uno de sus principales problemas es que son muy irritantes, tanto una sustancia como la otra. Una investigación de la Universidad de Georgia demostró que son sustancias que se absorben con mucha facilidad por el cuerpo y pasan muy rápido al torrente sanguíneo. Se pueden acumular en el corazón, el hígado y el cerebro, aunque la exposición a la sustancia haya sido breve.
Pueden también asociarse con otras sustancias químicas presentes en la fórmula, lo que hace que su efecto tóxico sea mayor. El terrible efecto cóctel del que nadie nos habla y del que la comunidad científica que estudia los contaminantes ambientales lleva alertando desde hace años.
¿Por qué son tóxicas las dos sustancias?
Con estas sustancias se cumple este dicho popular: “Es peor el remedio que la enfermedad”. Durante mucho tiempo se utilizó el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) en cosmética, hasta que se empezó alertar de su gran efecto irritante para la piel, el cuero cabelludo y los ojos. Entonces se buscó el remedio y apareció el Sodium Laureth Sulfate (SLES).
Sin embargo, en esta vida no es todo de color de rosa y menos aún cuándo hablamos de compuestos químicos. Se formuló un producto menos agresivo para la piel y más suave. El problema es que la solución era aún peor que la enfermedad.
El SLES Comparte con los PEGS la posible contaminación por óxido de etileno y el 1,4 dioxano. Estas sustancias son fruto del proceso de fabricación del SLES por etoxilación. Tanto el óxido de etileno como el 1,4 dioxano han sido declarados carcinógenos humanos por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC). Todas estas poderosas razones para comprar productos libres de SLS y SLES.
¿Cómo identificar el SLS y SLES?
Hasta ahora cuando nos hemos referido a las sustancias tóxicas de este post hemos suspirado aliviadas pensando en que comprando cosmética ecológica certificada evitamos los tóxicos de plano. Sin embargo, cuando hablamos de SLS y SLES la cuestión no es tan sencilla ya que es un ingrediente que podemos encontrar como admitido en parte de la cosmética ecológica certificada. Unos sellos lo admiten y otros no, así que hay que mirar el INCI al detalle para no llevarnos este bonito souvenir en el champú.
Identificarlos es fácil aunque pueden disfrazarse en algunas etiquetas indicando que proceden del coco o de algún derivado de este producto vegetal. Siempre aparece por su nombre, por sus siglas, acompañado de un número o en nombre compuesto. Por ejemplo, Disodium Laureth Sulfosuccinate, Sodium Laureth 8-Sulfate o Sodium Laurylglucosides Hydroxypropyl Sulfonate.
Debemos fijarnos bien porque aparecerá la palabra Laureth o Lauryl casi al principio del término y finalizará con toda probabilidad con la palabra Sulfate o Sulfonate.
Por supuesto, que hay más sustancias que podemos encontrarnos en un champú, en un acondicionador o una mascarilla pero en un solo post es imposible analizarlas todas. Como se dice vulgarmente, no están todos los que son, pero si están todos los que son. Más adelante iré profundizando en algunos de estos ingredientes tóxicos, al igual, que actualizaré la información recogida en esta entrada.
Espero que te sea útil y sobre todo que te sirva para tomar conciencia y tomar decisiones con respecto a los ingredientes de los productos para el cabello que elijas consumir voluntariamente.
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por Rosa Martínez Marán | Oct 4, 2018 | Cabello sin tóxicos, Vida Sostenible
Hoy mi rutina capilar libre de tóxicos en Rosa Martínez Marán. Más de una mis seguidoras me habéis preguntado sobre cómo me cuido el pelo. La verdad es que le dedico menos tiempo del que me gustaría. Pero ya sabéis que cuando somos madres lo que precisamente escasea es el tiempo.
No sigo una rutina muy estricta, pero si trato de utilizar productos libres de tóxicos con pocos ingredientes y lo más naturales posibles. Ya conté en desintoxica tu pelo de productos tóxicos cómo me liberé de los productos tóxicos hace más de tres años. Desde entonces mi pelo es otro, tengo que cuidarlo mucho menos y tiene mucho mejor aspecto.
Mi rutina capilar libre de tóxicos
Me suelo lavar el pelo aproximadamente una o dos veces a la semana durante el curso. Si estamos en temporada estival y estoy en la playa o voy más a la piscina, mi frecuencia de lavados aumenta ya que considero imprescindible hacer desaparecer del pelo los restos de cloro y demás sustancias desinfectantes de las piscinas. En esas circunstancias suelo echar mano del bicarbonato de sodio más a menudo.
Como os decía en una semana normal suelo lavar el pelo una o dos veces porque mi pelo no necesita más lavados. Se ve limpio, suelto y sin engrasarse. Suelo lavarlo más si paso más tiempo cocinando o si he quedado con gente fumadora sobre todo porque no me gusta el olor que me deja en el pelo.
Si no se da ninguna de esas situaciones se me pasan los días y como el pelo se ve limpio ni me acuerdo de la última vez que lo lavé. Menos mal que tengo buena memoria y suelo llevar más o menos un control.
¿Con qué productos lavo mi cabello?
Mi rutina capilar libre de tóxicos ha sido la misma desde que dejé el bicarbonato de sodio y busqué un champú ecológico adecuado para mi pelo. Durante un par de años he he lavado el cabello con un champú ecológico pensado para cabello fino con cerveza y miel de la marca Logona Para cabellos como el mío, muy finos y con tendencia al encrespamiento va muy bien.
Es verdad que del todo no me quitaba el encrespamiento pero es que en la salud del pelo no solo influyen los productos que les echamos sino también la alimentación y el grado de hidratación de nuestro cuerpo. Suelo beber poca agua, es más puedo estar horas sin acordarme de beber. Eso al final hace que mi pelo este más seco y tampoco beneficia a mi tensión baja, pero esa es otra cuestión.
Mi rutina hasta hace pocos meses era lavarme el pelo con el champú de cerveza y miel y utilizar vinagre de manzana como acondicionador diluido en agua. La verdad es que estaba muy contenta con el resultado. Sin embargo, aún comprando un envase grande del champú de Logona se generaba mucho plástico y llevo tiempo intentando reducir mi consumo de plásticos al máximo. Así que me animé a probar el jabón sólido para el cabello.
Mi experiencia con el jabón sólido
Estuve mirando marcas buscando la opción más natural posible, sin químicos y a ser posible de agricultura ecológica. La mayoría de ellos no me convencían. Entonces me decidí a consultar los productos de una de mis marcas favoritas, Matarrania, y encontré lo que buscaba.
Creo que nunca os he hablado de esta marca y sinceramente creo que tendré que hacer un post más pronto que tarde porque he probado casi todos sus productos. Personalmente me encantan, ninguno de ellos me ha defraudado. En casa tengo más de seis productos de esta marca, creo que os hacéis una idea.
De entre sus jabones sólidos para el pelo había uno perfecto para mí: el Champú Bio Vital, un jabón sólido para cabello seco y fino. Intenté adquirirlo a través de algunas de las tiendas online donde compro habitualmente pero no lo tenían. Así que me animé a comprarlo directamente en la web de la marca y de paso comprobar como funcionan. El pedido lo hice un martes a las 7 de la mañana y al día siguiente lo tenía en casa. La verdad es que me sorprendió la rapidez con la que llegó. Todo perfectamente embalado y con una serie de muestras de otros de sus productos como regalo.
He probado durante unos meses el jabón y estoy muy contenta con el resultado. Me deja el pelo bastante bien y no tiene nada que envidiarle al champú que usaba hasta ahora. Quizás es más incómodo frotarse la cabeza con una pastilla de jabón, aunque es cuestión de acostumbrarse. El jabón sólido ha existido toda la vida, el champú lleva bastante menos tiempo en nuestras vidas así que es perfectamente prescindible.
Otros cuidados para mi pelo
Además de lavarme el pelo con champú o con jabón sólido y vinagre de manzana suelo realizarme algunos otros cuidados capilares de vez en cuando. Si te soy sincera recurro a ellos cuando noto el cabello más encrespado de lo normal o un poco seco.
Suele ser el fin de semana cuando aprovecho para hacerme una mascarilla natural o para hacer un enjuague capilar y no todos los fines de semana. Depende mucho de los planes que tengamos esos días. A veces, encadeno dos semanas seguidas y otras puede pasar incluso un mes. Soy muy de experimentar y hacer combinaciones ya que considero que es la mejor forma de conocer que productos le van bien a mi pelo y cuáles no.
Los productos con los que experimento son siempre productos naturales, algunos de uso habitual y que cualquiera de nosotras puede tener en casa como el huevo, el aguacate o el aceite de oliva virgen extra. Otros son más difíciles de encontrar en la despensa, pero fáciles de adquirir en el mercado. De entre ellos mis favoritos son el aceite de coco y el aceite de argán. Suelo utilizarlos sobre todo en mascarillas caseras, cuando necesito una hidratación extra para mi pelo y para hacer jabón casero, aunque siempre en poca proporción.
El aceite de coco
No suelo utilizarlo para cocinar porque en España que tenemos otras fuentes de grasa más cercanas y locales como el aceite de oliva virgen extra. Lo uso solo en cosmética de forma restringida ya que la huella ecológica del producto es muy alta.
El aceite de coco es un fruto que es el sustento de muchos pueblos desde hace siglos. Se cultiva muy lejos de nosotros, principalmente en Indonesia, Filipinas, la India y Brasil. Durante mucho tiempo fue rechazado como alimento por su cantidad de grasas saturadas, aunque hoy tiene mejor prensa que antaño. De hecho, el aceite de coco está de moda en occidente y esto ha hecho que su demanda aumente desorbitadamente poniendo en peligro el ecosistema y las comunidades autóctonas donde se cultiva.
Como con cualquier producto valioso, con la demanda crecen las posibilidades de especular y de hacer negocio con un bien de primera necesidad. Ya sé que este es un post de cuidado capilar pero no podemos cerrar los ojos y obviar la realidad que rodea los productos que adquirimos.
Cuando compramos un producto deberíamos informarnos de su lugar de origen y de las circunstancias en que ha sido elaborado o creado. Con esto no te digo que no consumas aceite de coco, de hecho, yo lo hago. Mi advertencia es que hagas un uso responsable, que elijas un aceite de coco de producción ecológica certificada, que lo utilices ocasionalmente y que no malgastes el producto.
Lo ideal es que sea ecológico y de primera presión en frío. Es habitual que cuando compramos un aceite nos traten de colar alguna otra cosa, así que revisa el INCI del producto y si no lleva única y exclusivamente aceite de coco no lo compres. Seguro existe una opción mucho mejor y menos procesada.
Usos del aceite de coco
Su alta proporción de ácidos grasos lo convierte en un aceite con una potente capacidad de hidratación. Además posee propiedades humectantes que favorecen la suavidad. Realmente es fantástico para hidratar tanto la piel como el pelo.
No recuerdo cuando lo compré por primera vez, no obstante, supongo que leí algo sobre él y me animé a probarlo. Siempre he utilizado un aceite de coco 100%. Si lo has comprado alguna vez habrás comprobado como en verano se convierte en líquido, algo que hay que tener en cuenta al utilizarlo porque se puede malgastar el producto con mucha facilidad. Sin embargo, en cuanto las temperaturas bajan por debajo de los 24 grados vuelve a solidificarse.
Me ha funcionado muy bien en el pelo pero en una porción muy pequeña y masajeando de medios a puntas. Lo he probado en la playa y me ha hidratado muy bien el cabello, ya que me ha ayudado a minimizar los efectos del cloro, la sal y del agua del grifo de la zona en la que me encontraba de vacaciones.
En casa lo utilizo más bien poco porque me engrasa mucho el cabello y es difícil de reabsorber. Así que si tienes el pelo graso yo no recurriría al aceite de coco. Para lo que sí lo utilizo mucho es para las mascarillas caseras en combinación con otros productos. También es estupendo para hacer jabón ya que ayuda a que haga espuma.
El aceite de argán
El aceite de argán, también conocido como Argania spinosa (su nombre en latín) es otro de mis productos favoritos. Proviene del árbol de Argán situado en el Magreb en Marruecos. Crece de forma salvaje en una zona desértica y soporta con estoicidad las sequías reteniendo el poco agua que le llega.
Desde hace muchas generaciones los bereberes han honrado sus propiedades tanto cosméticas como alimentarias. Para ellos el aceite de argán es denominado oro líquido y muchas familias viven de su recolección y procesamiento. La extracción del aceite de argán es un proceso artesanal con predominio femenino. Se extrae de las semillas del fruto y se prensa en frío.
En España hay mucho interés en el aceite de argán y desde hace aproximadamente seis años se ha intensificado su cultivo en determinadas zonas de la península, el objetivo es entrar en este mercado en alza. En cualquier caso, no es un producto que viaje tantos kilómetros como el aceite de coco aunque sigue viniendo de otro país vecino. Si el cultivo local y peninsular despega se convertirá en una excelente elección.
Usos y beneficios del aceite de argán
De entre los beneficios del aceite de argán destacaría los siguientes: se trata del aceite mas rico en Vitamina E del mundo, contiene una alta concentración de ácidos omega 6 y un elevado porcentaje de ácidos grasos insaturados.
Se puede utilizar directamente sobre la piel ya que es un potente protector de la epidermis, por ejemplo, es muy útil para prevenir estrías. Lo he utilizado en alguna ocasión como aceite para hacer masaje, sin embargo, para lo que más lo uso es para el cabello.
El aceite de argán fue un gran descubrimiento que estuvo durmiendo en el armario de mi baño durante años. Lo compré en Vejer de la Frontera el verano en que me quedé embarazada del Vikingo pero no me acordé de él hasta años después. Era aceite de argán puro de primera presión en frío con una etiqueta en árabe y en inglés. Cuando lo compré me pareció una idea estupenda pero luego no supe que hacer con él.
Un buen día ya en fase de experimentos con mi pelo me topé con él en el armario y decidí echarme una pequeña cantidad en el pelo y probar. Quedé entusiasmada con el resultado. Pelo más liso, más sedoso y más manejable. Por supuesto, al principio me pasé un poco con las cantidades hasta dar con la porción adecuada para mi pelo.
¿Cuándo uso el aceite de argán?
Cuando noto mi pelo seco o encrespado. Unas veces me echo una pequeña cantidad por todo el pelo y me voy a dormir. Aunque parezca mentira no deja ningún rastro en la almohada ya que es muy poquita cantidad. Al día siguiente me lavo el pelo y el resultado es espectacular. En otras ocasiones, un rato antes de irme a la ducha me reparto una pequeña cantidad por el pelo. Dejo actuar un rato unos minutos y después me lavo el pelo.
También lo suelo utilizar para hacer mascarillas, me es francamente útil combinado con determinados productos naturales como el yogur o el aguacate. Me encanta como deja el pelo ya que está manejable, brillante y sedoso.
Enjuagues capilares
Algo que he probado hace relativamente poco y que ha gustado mucho son los enjuagues capilares a base de hierbas. Según tu tipo de pelo te irán mejor unas u otras hierbas por lo que es imprescindible experimentar.
Tienen la ventaja de que eliminan los residuos que pueda tener el pelo fruto de la contaminación, por ejemplo, y al mismo, eliminan olores. Yo lo he probado de Cola de cabello y de romero y tengo que decir que ha reducido considerablemente el encrespamiento en momentos puntuales y además me ha dejado el pelo con un brillo extraordinario.
Hasta aquí el post sobre mi rutina capilar libre de tóxicos, en próximos post hablaremos sobre los tóxicos que deberíamos evitar en los productos para el cabello y sobre las mascarillas y enjuagues herbales que he probado y cual ha sido el resultado.
Antes de irme me gustaría contarte que hemos iniciado un Reto para desintoxicar el cabello el 24 de septiembre de 2018 y que durará hasta el próximo 24 de octubre. Aún estás a tiempo de unirte al reto, Desintoxica tu pelo en 30 días. Todo el reto se desarrolla dentro de mi grupo de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.
Dentro del grupo hay mujeres increíbles compartiendo sus avances en la eliminación de los productos tóxicos de su cabello. Además de una comunidad activa y muy comprometida. Si quieres apuntarte pide paso al grupo hoy mismo.
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por Rosa Martínez Marán | Sep 20, 2018 | Maternidad y Crianza Sostenible
¿Cómo llegar a ser una madre resiliente? En el post de hoy vamos a tratar de contestar a esta pregunta. La Resiliencia se ha puesto de moda, no obstante, es una herramienta de supervivencia que ha existido siempre.
Mi madre ha sido una mujer resiliente toda su vida aunque ella no sepa el significado de esta palabra ni le importe. Su actitud positiva y su forma de encarar el día han sido un ejemplo constante para mí. Nunca se ha rendido ante las adversidades y siempre ha visto el lado positivo de cada una de las situaciones a las que ha tenido que enfrentarse en su vida.
Sé que su influencia ha sido muy positiva para mí, al igual que otros factores que han determinado que hoy sea una madre resiliente, que cree en sus capacidades y que es capaz de enfrentarse a las dificultades con una sonrisa.
Me he enfrentado a muchas situaciones en mi vida que han puesto a prueba mi Resiliencia y de todas ellas he salido fortalecida, entre ellas un Arnold Chiari de tipo I, mis problemas de fertilidad, mi lucha para no parir por cesárea a mi hijo o mis problemas con la lactancia.
Te animo a leer Yo parí con un Arnold Chiari y Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer. Estos dos post son dos capítulos de mi historia, en ellos la Resiliencia cobra un papel determinante.
¿Cómo llegar a ser una madre resiliente?
La Resiliencia puede hacer mucho por nosotras desde cualquier punto de vista. Seas madre o no, ser resiliente te prepara para encarar los contratiempos con una actitud positiva. Esto nos anima a luchar a buscar soluciones por nosotras mismas en todos los ámbitos de la vida.
Se trata de una virtud universal íntimamente ligada a nuestra supervivencia. En ella encontramos elementos biológicos, psicológicos y sociales. No es un atributo excepcional restringido, cualquier persona puede llegar a ser resiliente si entrena su capacidad de logro, aumenta su autoestima y e inicia un camino hacia la introspección.
Una de las cosas que más me fascinan de la Resiliencia es que nos ofrece la posibilidad de cambiar, de crecer y de evolucionar. Se trata de un instinto de supervivencia que todos tenemos y que nos impulsa a buscar la mejor solución. Por supuesto, la Resiliencia se entrena, implica un proceso de crecimiento personal. Quizás nunca te lo planteaste pero ahora que ya eres madre es el mejor momento para ponerte en marcha.
Es evidente, si queremos tener hijos resilientes tenemos que serlo nosotras primero.
¿Qué es la resiliencia?
El concepto proviene del campo de la física. Puede definirse como la capacidad de algunos metales para chocar con otros sin fracturarse o partirse.
En la década de los 50, hace ya bastante más de medio siglo empezó a estudiarse este concepto aplicado al campo de la psicología. Los padres de la resiliencia son: Michael Rutter a quién le debemos el concepto y a Boris Cyrulnik que con su ensayo Los patitos feos: la resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, sienta las bases de lo que será la Resiliencia.
La Resiliencia se define como la capacidad para superar las dificultades o los obstáculos de la vida sin quedarse anclada en el sufrimiento o en el dolor. La habilidad para salir con éxito de esa vivencia y sentirnos fortalecidas.
Esta definición no implica que no haya dolor, ni sufrimiento al enfrentarnos a una situación desagradable o a un problema de difícil solución. Claro que hay sufrimiento, pero tras una etapa de parálisis o de bloqueo la persona es capaz por sí misma de salir con éxito de esa vivencia y superarla. En ocasiones, por que ha vencido la enfermedad, por ejemplo, un cáncer; en otras porque ha aceptado y se ha reconciliado con aquello que no puede cambiar, la enfermedad crónica, por ejemplo.
Una infancia infeliz no determina el futuro
Los trabajos de Emmy Werner y Ruth Smith, dos psicólogas especializadas en el desarrollo infantil, marcaron un antes y un después en el concepto de la Resiliencia humana. Sus primeras investigaciones empezaron con niños pequeños, analizando su entorno y determinando factores de riesgo que podían predecir su inadaptación en la vida adulta. La gran sorpresa fue que un buen número de estos niños desfavorecidos y en riesgo se convirtieron en adultos perfectamente integrados en la sociedad y con una vida feliz.
Durante mucho tiempo se pensó que estos niños eran excepcionales, que estaban hechos de una pasta especial que los hacia invulnerables a la desgracia. Más tarde, se descubrió que no eran tan excepcionales, sino que habían desarrollado una serie de capacidades normales que les habían protegido del infortunio.
Una de las características que les había protegido era la capacidad de establecer vínculos afectivos con adultos de su entorno. El hecho de sentirse queridos, aunque solo fuese por una persona, fuese un solo progenitor, un cuidador o un profesor había tenido un efecto tan positivo que había contrarrestado el resto de factores negativos.
Estas investigaciones abren una puerta a la esperanza y nos alejan del determinismo. Por duras que sean las circunstancias en las que un niño se cría o sale adelante existe una posibilidad de que pueda desarrollarse de una forma sana. Por complicada que haya sido tu vida de niña, puedes y debes cambiar tu destino.
La fragilidad humana
Cuando más duro es un material más frágil es en realidad ya que es más fácil que se fracture. Cuanto más rígidos sean nuestros esquemas de pensamiento más difícil será para nosotras adaptarnos a una situación o buscar una solución creativa a un problema. La rigidez juega en nuestra contra.
La rigidez nos hace frágiles como a algunos metales y es necesario romper con ese agarrotamiento para encarar la vida de una forma más flexible. Debemos aceptar que el mundo está en constante cambio, al igual que las personas. El cambio es adaptativo y necesario para evolucionar.
Ni podemos quedarnos anclados en el pasado, ni podemos añorar lo que ya no puede volver a ser. Somos seres frágiles en tanto que estamos en este mundo por un tiempo limitado aunque vivamos para una falsa eternidad.
La adversidad es parte de la vida
La adversidad es parte de la vida, aunque en el mundo superfantástico y seguro en el que vivimos traten de convencernos de lo contrario. Los anuncios de coches redundan en la seguridad de conducir una máquina perfecta. No tendría mucho sentido vender el coche junto con las estadísticas de siniestralidad de cada modelo. Más de un comprador convencido cambiaría de opinión.
Con la maternidad sucede algo muy similar. Esperamos al bebé sonrosado y dormilón que hemos visto cientos de veces. Luego la realidad, es la que es, nuestro bebé es más bien delgado, le cuesta coger peso y no duerme apenas. Adiós bebé del Corte Inglés, Bienvenida al mundo real.
Una madre puérpera alterada por las hormonas del parto debe enfrentarse a retos desconocidos. Entre ellos la demanda las 24 horas del día del bebé, la falta de descanso y el llanto inconsolable de su hijo.
En realidad, somos nosotras las que lloramos porque nos sentimos perdidas y profundamente solas, enfrentadas a una situación que añorábamos pero que en muchos momentos nos supera. Por suerte, esta situación de caos dura unas cuántas semanas hasta que empezamos a amoldarnos a la nueva situación y vamos estableciendo los lazos afectivos con nuestros hijos.
La lactancia es un reto que puede ser más o menos asequible en función de una serie de factores como el tipo de parto, la edad gestacional de nuestro bebé, si somos primerizas o no, etc. Una madre reciente tendrá que poner a prueba toda su Resiliencia para conseguir una lactancia exitosa. Porque en los libros de lactancia que leíste y en las charlas que escuchaste antes de parir nadie hablaba de dificultades y dar el pecho era tan sencillo como prepararse un café.
Conseguir lactar a tu bebé se convierte en un objetivo que será más fácil si tengo entrenada mi capacidad de logro. Yo lo viví en mis propias carnes y fue gracias a mi voluntad y esfuerzo que conseguí dar el pecho a mi hijo. No lo hubiese logrado sino hubiese confiado en mí y no hubiese sido resiliente.
Los lazos afectivos fuertes nos hacen resilientes
Por supuesto, no lo logré sola, si mi pareja no hubiese estado a mi lado no lo hubiese conseguido. Sin personas en mi entorno como mi matrona, mi asesora de lactancia o mis amigas el camino hubiese sido más difícil y es posible que hubiese podido desesperarme en más de un momento.
Las personas resilientes piensan en los demás, los tienen presentes y tratan de ayudarlos en lo que pueden. Por supuesto, esto supone un enorme ejemplo para sus hijos. Mi madre todavía recuerda aquella lavadora que compró con unos ahorros y en la que permitía que lavasen la ropa todas sus vecinas. Eran otros tiempos, tener una lavadora era entonces todo un lujo. Ninguna podía comprar una lavadora y a mi madre le daba pena verlas lavar a mano todos los días, así que decidió compartir la suya durante años. Este gesto generoso la convirtió en alguien muy querido y valorado en su comunidad.
Las madres resilientes no solo refuerzan sus lazos con las personas de su entorno, lo hacen en especial con sus hijos. En primer lugar, por medio del cariño. Se dejan llevar por su instinto y besan y abrazan a sus hijos todo lo que sea necesario o lo que a ellas les apetezca.
No piensan que el amor daña, sino que apuestan por el amor incondicional sin reservas.
Demostrar el amor es adaptativo
En más de una ocasión me han preguntado si hay algún problema por besar o abrazar a nuestros hijos constantemente. Si no les molestamos con tanto achuchón o demostración cariñosa. Y siempre respondo lo mismo, tu instinto es quien te habla y quien te dice que abraces que beses y que acaricies. ¿Por qué escuchar otras voces distintas a la tuya? ¿Por qué no creer en ti y en lo que sientes?
Somos una especie como millones de años de vida, los instintos siguen siendo muy poderosos, si hemos sobrevivido como especie durante tanto tiempo no será porque dejáramos a nuestros niños llorar, ni porque los dejásemos durante horas en una cuna. De hecho, adaptativamente hubiese sido la opción menos inteligente ya que un depredador podría atacar a nuestro bebé.
No tenemos más que observar a otro mamífero, como se ocupa de sus crías, como no se separa de ellas. ¿Por qué entonces vemos normal no coger a los niños en brazos? Por supuesto, nuestro bebé no está preparado para entender que ha llegado a un mundo seguro, su respuesta adaptativa es la de alerta y temor cuando su figura de apego no está presente. Mamá es seguridad, ausencia de mamá es angustia. Es simple y adaptativo.
Por eso debemos mantener la conexión emocional con nuestros pequeños y demostrarles el cariño incondicional. No hay nada que calme más a un bebé que una caricia o que un abrazo. Pero no solo a un bebé también a un niño, a un adolescente o a un adulto. Menospreciamos el valor del cariño y desde luego no hay motor más poderoso para mover nuestra voluntad y obtener alivio y consuelo.
Así que besa y abraza a tus hijos, el amor no malcría. Lo que daña es la indiferencia y la frialdad. Si les demuestras amor incondicional, les hará resilientes.
Escucha a tus hijos
Los lazos afectivos también se refuerzan escuchando y acompañando a nuestros hijos en sus diferentes etapas o procesos vitales. La escucha activa es tan poderosa que hace los problemas parezcan menos graves al verbalizarlos. ¿No te ha pasado a ti alguna vez? Has formulado el problema ante alguien y de pronto das con la solución.
Escuchemos lo que tienen que decirnos y no devaluemos sus palabras porque sean niños. De hecho, los niños son capaces de enfrentarnos directamente con nuestras contradicciones con una inocente pregunta o un simple comentario. Escúchalos hoy y siempre, tienen importantes lecciones que darnos.
Un niño que es escuchado es un niño con autoestima. Siente que es valorado, que su opinión es válida. Esto le hará resiliente, ya que sabe que puede hacerse escuchar.
La autorregulación emocional
También para criar hijos resilientes es importante aprender a regularse emocionalmente. Si nosotras somos capaces de autorregular nuestros sentimientos y ponerles nombre a nuestras emociones es mucho más fácil gestionar situaciones inesperadas o sobrevenidas.
Por supuesto, la autorregulación supone hacer un trabajo personal, implica una introspección, un trabajo de conocernos a nosotras mismas. Este proceso es fundamental para ayudar a nuestros hijos a identificar sus sentimientos y a autorregularse emocionalmente.
Yo te animo a que inicies este camino. Implica conectar con nuestras emociones y pararnos a reflexionar sobre lo que nos ocurre. En ocasiones, esa conexión será dolorosa ya que nos encontraremos con emociones disfóricas o desagradables que no queremos encarar porque nos dan una visión de nosotras mismas que no nos gusta o simplemente nos duele.
Sin embargo, la autorregulación te ayuda a conocerte a ti misma pero también te va a dar una nueva perspectiva de tus hijos. Cuanto mejor te conozcas a ti misma mejor conocerás a tus hijos. Recuerda que sus padres son su principal modelo y referencia.
Yo te animo a que investigues sobre ti misma, porque te enfadas en determinadas situaciones, porque te ofendes ante determinadas palabras o porque te sientes profundamente triste ante una determinada situación en la que eres una simple espectadora. Pregúntate que teclas estás tocando y descubre dónde te llevan
Crea un entorno cálido
Las personas resilientes son especialistas en crear un clima agradable, en conseguir que estés a gusto en cualquier circunstancia. Una madre resiliente es consciente de que crear un entorno seguro y tranquilo para sus hijos es lo mejor para que crezcan de una forma equilibrada y sana.
Y de hecho, hace todo lo posible porque ese clima favorable sea la norma y no la excepción.
En un entorno tenso en el que constantemente las personas se recriminan cosas o están constantemente a la defensiva se establecen dinámicas tóxicas en las que se grita o se pierden los papeles con facilidad. Por supuesto, que hay momentos de tensión en toda convivencia y en la vida, pero la forma de enfrentarnos a ellos es lo que marca la diferencia entre un entorno armónico y un entorno desestabilizador.
Nuestro modelo de afrontamiento
No planteo un mundo ideal en el que no surgen problemas o adversidades, la vida no es un cuento de princesas de Disney. Lo importante es cómo nos enfrentamos a esas dificultades, esa es la clave.
Una misma situación podemos encararla de diferentes formas: enfrentar la situación directamente y buscar opciones; posponerla hasta nueva orden, lo que suele convertir un problema pequeño en un problema relativamente grande; negarla directamente, lo que toda la vida se ha llamado, tapar el sol con un dedo; o incluso rendirnos ante ella y pensar que no tiene solución.
De todas ellas, solo en el primer caso aplicaríamos la Resiliencia, ya que la persona ha tomado el control de la situación y ha decidido conscientemente buscar alternativas posibles.
La forma en que afrontemos los problemas la aprenderán nuestros hijos de nosotros. Por tanto, cuando resolvemos un problema o afrontamos un contratiempo de forma resiliente estamos haciendo mucho más que todo eso, estamos proporcionándoles una enseñanza sobre la Resiliencia que va más allá de la resolución de un problema.
La actitud positiva y el sentido de humor
¿Cómo quieres que te recuerden tus hijos? Esta es una pregunta que toda madre debe hacerse en algún momento de la vida.
Seguro que no quieres que piense en ti como una persona que estaba constantemente enfadada o que era incapaz de resolver un problema. O que te recuerde como alguien triste o resentido con la vida.
Es un hecho que nos acercamos a las personas que nos transmiten positividad, que sonríen y con las que el trato es agradable y fácil. Por el contrario, nos alejamos de aquellas personas que se quejan constantemente y que siempre están enfadadas.
Tener una actitud positiva nos hace sentirnos más optimistas y nos conecta a los demás. Nos ayuda a establecer unos lazos afectivos sanos y fuertes con nuestros hijos. Está demostrado que las personas más optimistas se valoran mejor así mismas, recuerdan sus logros del pasado y tienen mayor esperanza en el futuro.
Íntimamente ligado a la actitud positiva encontramos el sentido de humor. Se trata de un ingrediente vital para encarar la crianza de nuestros hijos, sobre todo en momentos en los que nos sentimos muy cansadas mental y físicamente.
Disfrutar de un momento inesperado de diversión que nos arranca una sonrisa o una carcajada nos puede ayudar a relajarnos y a sobrellevar una situación delicada. Los niños son muy divertidos y en muchas ocasiones, nos hacen reír con sus ocurrencias o sus comentarios ingeniosos. Son esos ratos los que nos hacen felices y nos reconcilian, a veces, con nuestras contradicciones vitales.
En definitiva, ser una madre resiliente, depende única y exclusivamente de ti, de tu propósito en la vida y de los valores que quieras inculcarles a tus hijos. Podemos no haber nacido con esta capacidad desarrollada, pero tenemos toda una vida para desarrollarla y aprender a ser felices a pesar de los obstáculos.
Me encantaría que me contases si piensas que eres una madre resiliente y si estás dispuesta a ser más resiliente a partir de hoy.
No me gustaría despedirme sin invitarte al I Congreso Virtual Maternidad Feliz-Crianza Respetada, tengo el honor de ser una de las ponentes del evento. Mi charla versará precisamente sobre este tema: la Resiliencia humana: el arte de vencer obstáculos.
Me haría muy feliz que te suscribieses y vieses la clase que he preparado con todo mi cariño. El evento es completamente gratuito y además de mi ponencia encontrarás a otras 14 profesionales que hablarán sobre temas de crianza y maternidad.
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