por Rosa Martínez Marán | Oct 25, 2018 | Maternidad y Crianza Sostenible
Mi aborto bioquímico: el hijo que no nacerá, es el titulo que he escogido para este post que es uno de los más personales que he escrito últimamente. Me ha llevado meses estar preparada para contarlo, hay vivencias que es necesario que reposen con el tiempo. Mi objetivo es compartir mi experiencia, pero también ofrecer información que sea útil y valiosa.
Hoy hablaremos del aborto bioquímico, de sus causas y del duelo que supone asumir que no serás madre de nuevo, al menos no dentro de unos meses. ¿Qué vas a encontrar en esta entrada? Mi experiencia personal e información sobre la cuestión. No obstante, tienes el índice para guiarte por el post y que te sea más fácil la lectura.
La muerte gestacional
El pasado 15 de octubre fue el Día internacional de la muerte gestacional, ese enorme abanico que abarca desde la pérdida en las primeras semanas de embarazo hasta los primeros días de vida de un bebé. La efeméride tiene como objetivo visibilizar un tema sobre el que existe un gran tabú y un gran silencio. Se trata de la gran olvidada dentro de la salud obstetricia.
Es importante que haya un día que nos recuerde que hubo unos niños que no nacieron por la biología, las circunstancias ambientales o lo que fuera que hizo que no llegasen a nacer, ni siquiera a crecer más allá de unas pocas semanas. Para los padres que los esperaban si existieron, existirán siempre.
Cuando se produce un aborto, sea bioquímico o sea en un momento más avanzado del embarazo, la situación se envuelve en un enorme silencio que puede llegar a ahogar a la mujer que ha sufrido la perdida. Algunas personas del entorno obvian lo que ha sucedido y otras simplemente tratan de consolar con comentarios poco afortunados restando importancia al hecho. No consuela que te digan que eran solo unas células o que tendrás mas hijos porque un hijo jamás sustituye a otro. Estos comentarios nada empáticos suelen hacer más profundo tu dolor.
Pocas veces se habla abiertamente y de forma respetuosa de la pérdida gestacional. Nadie quiere tratar este tema porque resulta muy doloroso, así que es mejor echar un montón de tierra encima a ver si con suerte se olvida o fingir que no pasó, que nunca existió ese embarazo y que no existe ninguna perdida que lamentar. La pérdida gestacional implica siempre sufrimiento, en todas las circunstancias. Así que debemos tenerlo en cuenta cuando alguien de nuestro entorno pasa por esta situación.
Y ahora sí, voy a contaros mi vivencia con el objetivo de que mi testimonio te ayude si te ves en esta misma situación o si tienes alguna mujer cercana en tu entorno que esté pasando por lo mismo.
Mi aborto bioquímico
Si sigues este blog con regularidad, sabrás que en marzo me fui de viaje fin de curso con mis alumnos a Lanzarote. En el post Cómo mantener la lactancia si tienes que viajar por trabajo, ya lo contaba. Lo que no narré en ese post es que cuando me fui a las Islas Canarias ya estaba embarazada de pocas semanas, aunque lo desconocía.
Fue al volver a Madrid y contar los días desde mi anterior período que me di cuenta de que mi retraso era más largo de lo que pensaba. Y yo me notaba también extraña, intuía que podía estar embarazada de nuevo.
Estábamos embarazados
Hicimos la prueba a principios de semana santa, entre temerosos por llevarnos una nueva decepción y esperanzados por si esta vez resultaba ser un positivo. Para poneros en situación tengo que aclararos que llevamos buscando un embarazo desde hace ya más de año y medio. En ese tiempo nos habíamos hecho alguna que otra prueba cuando había tenido un retraso largo y todas hasta este momento habían dado negativo.
La prueba no dejaba lugar a dudas, era un positivo clarísimo. ¡Estábamos embarazadísimo! Según mis cálculos de aproximadamente 5-6 semanas.
No podíamos sentirnos más contentos y felices. Durante esos días no dejamos de sonreír y de planear el futuro. Tomé cita con mi ginecóloga, con la matrona, pensamos cómo nos íbamos a organizar en casa cuando llegase el peque, contamos las semanas y calculamos la fecha probable de parto. La maquinaria se puso en marcha sin apenas darnos cuenta. Nosotros estábamos preparados para recibir a un nuevo miembro en la familia y se había iniciado la cuenta atrás.
La ilusión se desvanece
Sin embargo, no siempre los embarazos llegan a buen puerto. Las estadísticas así lo dicen, aunque no consuela formar parte de una estadística. Nuestra felicidad se desvaneció como un espejismo y la alegría nos duró aproximadamente una semana. Lo vivimos con intensidad, con optimismo y con los cinco sentidos. Al menos durante unos días construimos un futuro en el que éramos cuatro.
Un par de días antes de tener la hemorragia note que manchaba un poco rosa, una pizca casi imperceptible y nada reseñable. Con el Vikingo, me había pasado algo parecido pero previo al momento en que tenía que bajarme el período. En este caso, la mini-mancha aparecía en un momento en el que ya no tiene sentido pensar en un sangrado de implantación.
La visita al hospital
Estuve mosqueada un par de días, pero no parecía que la cosa avanzase, aunque la leve manchita no desaparecía. No obstante, el lunes, me levanté sangrando. En un principio parecía un pequeño sangrado, pero según fueron pasando las horas fui notando que aumentaba poco a poco. Me asusté, porque sabía lo que significaba.
Ese día era nuestro último día de vacaciones antes de volver al trabajo y teníamos planeado hacer una serie de gestiones en Madrid. Le pedí a Papá Idiota que me llevase a urgencias y que se fuese él con el peque a hacer los recados pendientes. Aceptó a regañadientes, pero me dejó en el hospital.
Estuve allí aproximadamente toda la mañana. En consulta me examinaron y me hicieron una ecografía, pero no fueron capaces de ver nada con claridad. No se veía el saco gestacional pero tampoco descartaban que estuviese ahí. Sí me confirmaron lo que ya sabía, que estaba embarazada.
La doctora que me atendió fue bastante cruda: “Estás embarazada, pero es posible que estés dejando de estarlo. Con toda probabilidad estás sufriendo un aborto bioquímico”. No se puede ser más directa.
Me aconsejo reposo absoluto y repetirme la prueba de embarazo una semana después. Por supuesto, no me explicó que era un embarazo bioquímico ni por qué se había producido. En urgencias no hay tiempo para eso, va todo muy rápido. Antes de darme cuenta ya estaba en la calle con mi nudo en el estómago esperando a que Papá Idiota pasase a buscarme.
¿Qué es un aborto bioquímico?
Es la primera pregunta que me hice y la búsqueda que puse en Google mientras esperaba. Durante esos días leí mucho sobre la cuestión para comprender lo que me había sucedido y porqué.
Un aborto bioquímico es un embarazo que termina prematuramente a las 5-6 semanas de gestación. Existe fecundación entre el óvulo y el espermatozoide y su implantación en el útero. La hormona Gonadotropina coriónica humana (HCG) empieza a segregarse en el momento de la implantación y es la responsable del positivo en la prueba de embarazo.
El problema es que a pesar de la implantación en el útero el desarrollo del embrión no prospera y al final es expulsado por el cuerpo. Este tipo de embarazo no suele dejar un registro ecográfico como me sucedió a mí, nunca llegan a verse porque su desarrollo se interrumpe antes. No obstante, eso no significa que no haya existido.
¿Por qué se produce?
Existen muchas razones, pero ninguna de ellas es concluyente. En internet puedes encontrar un gran número de páginas que repiten la misma información. Se supone que sobre estas causas existe un acuerdo y unos porcentajes, pero no son más que eso. En un porcentaje muy alto de los casos no se sabe porque se produjo el aborto bioquímico.
Te enumero algunas de las razones:
- El feto sufre alguna alteración del ADN. ¿Posibilidad de ser confirmado con análisis? Ninguna, porque ni siquiera el embrión es detectable en ecografía. Es un buen argumento para consolarnos de una perdida, pero poco más.
- La alteración genética del óvulo. Esta razón parece más convincente o al menos susceptible de ser probada con un examen de nuestra reserva ovárica. La calidad de los óvulos es fundamental para que el embarazo siga adelante, un óvulo de mala calidad puede contener alguna anomalía cromosómica, afectar al desarrollo del embrión y producir fallos de implantación que acaban en aborto.
- La alteración genética del espermatozoide. Esto se ha estudiado bastante menos pero cada vez tiene un papel más relevante. Ahora se cree que este tipo de alteraciones pueden provocar embriones con anomalías cromosómicas que al final no se desarrollan y terminan en aborto. Un estudio de la Universidad de Utah en EEUU investigó sobre los abortos espontáneos y llegó a la conclusión de que 1 de cada 5 estaban causados por anomalías genéticas del espermatozoide.
- El útero de la madre presenta alguna anomalía. Si es tu caso probablemente lo sepas desde hace tiempo porque se detecta en pruebas diagnósticas como la ecografía o la resonancia magnética.
- Alteraciones hormonales. Las alteraciones tiroideas son las más habituales. El hipotiroidismo encabeza el ranking de patologías susceptibles de provocar un aborto. La diabetes no controlada o diagnosticada también puede elevar las posibilidades de sufrir un aborto bioquímico. Otras patologías hormonales susceptibles de afectar al embarazo son la resistencia a la insulina y la insuficiencia de la fase lútea que está relacionada con el déficit de progesterona.
- El estilo de vida de la madre. Esta razón es como un cajón desastre en donde cabe absolutamente todo. Desde lo más básico como consumir o no café, causas relacionadas con el abuso de sustancias como el alcohol o el tabaco, hasta el estrés crónico.
- Causas ambientales. No están confirmadas porque no hay estudios epidemiológicos que analicen si la contaminación ambiental y la exposición a productos tóxicos están directamente relacionadas con el aborto bioquímico. No obstante, me parecía necesario incluirlas entre las causas ya que la comunidad científica empieza a alertar de los peligros de la infertilidad femenina y masculina por exposición a sustancias tóxicas como los disruptores endocrinos o los ftalatos.
La espera
Volvimos a casa abatidos, aunque con una mínima esperanza de que el embarazo siguiese adelante. Según fueron pasando las horas mi sangrado fue aumentando y yo me fui sintiendo peor física y anímicamente. Estuve sangrando aproximadamente una semana, creía que no acabaría nunca. Mi sangrado fue bastante abundante teniendo en cuenta que mis reglas son ligeras y suelen durarme entre 3 o 4 días. Además notaba mucho malestar en la parte baja del abdomen.
En el centro de salud me dieron la baja médica y me hicieron un nuevo test de orina que reveló que aún había presencia de hormona Gonadotropina coriónica humana (HCG), aunque ya debilitándose. A la semana repetimos la prueba de embarazo y salió negativa, lo que suponíamos.
En aquellos días que tuve que quedarme en casa en reposo pensé mucho en lo que me estaba sucediendo y el porqué. Observé y escuché a mi cuerpo y supe que estaba sufriendo un aborto.
Medité casi todos los días porque lo que más necesitaba en ese momento era fluir con lo que me estaba sucediendo y aceptarlo tal y como había llegado. No era el final que esperábamos, apenas era un principio, pero no servía de nada luchar contra ello o negar lo que era evidente.
¿Cómo me sentía?
Muy triste y decepcionada. Nos había costado más de un año quedarnos embarazados y teníamos que empezar otra vez de cero. Haberlo conseguido y haberlo perdido nos dejó hechos polvo. Supongo que habrá quién pensará que apenas estuvimos embarazados una semana que es muy poco tiempo para sufrir o para encariñarse con el truncado bebé. Siempre hay alguien que se permite el lujo de opinar gratuitamente.
Desde un punto de vista racional una puede interpretarlo así, al fin y al cabo, solo fue una semana. Desde el punto de vista emocional la cosa cambia. Es tu sentimiento y en esa montaña rusa de emociones hay mucho más que un embarazo de 6 semanas: hay ilusiones, expectativas, esperanzas, deseos…
Esto se muere al menos un poquito con ese bebé que ya no nacerá. Estuve durante muchas semanas muy triste, con una energía vital muy bajita. No podía evitar sentirme abatida y pensar que posiblemente fuese la última oportunidad de ser madre de nuevo.
Oigo de nuevo la voz de los opinólogos diciendo: “No, mujer. No seas catastrofista”. No, soy realista que no es lo mismo.
Mis problemas de fertilidad
Mi perspectiva se ensombrece cuando pienso en las pocas probabilidades de embarazo que tengo. En uno de los primeros post que escribí, No podrás tener hijos de forma natural, hablaba precisamente de mis problemas de fertilidad. Tengo baja reserva ovárica, así que la probabilidad de quedarme embarazada de forma natural es más bien escasa.
Acabo de cumplir 40 años. Si mi fertilidad con 35 años estaba mermada no me quiero imaginar cómo estará cinco años después. Sé que las perspectivas de ser madre de nuevo son cada vez más lejanas. Me entristece pensarlo, no obstante, no me rindo ni tiro la toalla. De hecho, mi ginecóloga aún no lo ha hecho.
Unas semanas después de mi aborto acudí a consulta con mi ginecóloga, esa primera cita que iba a ser sobre el embarazo sirvió para revisar que todo estaba en orden. Lo había expulsado todo y mi útero estaba limpio, incluso estaba volviendo a ovular, lo que era una gran noticia. Aunque mi ginecóloga sabe que tengo todos estos problemas, (me conoce desde hace muchos años) se mostró optimista. Ella me dijo algo a lo que me he agarrado todos estos meses y que mantiene nuestra esperanza: “Si has podido quedarte embarazada esta vez, es que puedes quedarte embarazada de nuevo aunque tu reserva ovárica esté mermada”.
Abortos de repetición
Otra cuestión que tratamos en la consulta es que posiblemente este no sea el único aborto bioquímico que haya sufrido. Le comenté que tenía esa sospecha desde hace tiempo porque ese tipo de sangrado, ya lo he experimentado antes. La diferencia es que el retraso había sido de unos pocos días y no me había realizado una prueba de embarazo que confirmase ese supuesto.
El aborto bioquímico puede confundirse a veces con un retraso en la menstruación. Cuando sufres un aborto la sangre es muy abundante y tiene un color rojo brillante que en nada se parece al de la menstruación habitual. Esa fue la razón de mis sospechas, ese sangrado diferente que he notado otras veces tras un retraso.
¿Se puede repetir el aborto en un futuro?
Sí, por desgracia. Este pasado mes de septiembre volví a tener un retraso de unos días y cuando bajo la regla tenía ese color rojo brillante característico y me duro como unos seis días. No lo he corroborado con una prueba de embarazo, pero viendo el sangrado no necesito más confirmación.
Tengo 40 años y eso significa que mi probabilidad de aborto se ha intensificado. Yo me siento joven y mejor que nunca. No obstante, mi reserva ovárica está disminuida y mi edad juega en mi contra. Soy parte de la estadística que indica que más de la tercera parte de mis embarazos acabarán en aborto. La probabilidad de aborto en mujeres de más de 40 años oscila entre un 51-75%, así que en este camino es posible que si vuelvo a quedarme embarazada de nuevo sufra un aborto.
Mi decisión
Mi ginecóloga me ofreció la posibilidad de hacer un estudio de fertilidad y confirmar mis sospechas. También me sugirió que volviésemos a plantearnos pasar por una clínica de fertilidad e intentar una Fecundación In Vitro (FIV). Sin embargo, por el momento he decidido dejar el tema en suspenso y no forzar un embarazo.
Por supuesto, esta es mi decisión personal que no tiene porque ser tu decisión. Se trata de un tema muy personal que cada una de nosotras vive de una forma diferente. Yo he decidido no someterme a una FIV para tener otro hijo porque personalmente no me compensa pasar por el proceso.
No quiero que mi vida gire en torno a un nuevo embarazo, me volvería loca si fuese así. No quiero obsesionarme con el tema y perder un tiempo precioso para disfrutar de mi familia. Una de las cosas que la vida me ha enseñado es que hay que fluir con nuestros pensamientos, con nuestros sentimientos y con nuestro ser, es la única forma de alcanzar el equilibrio.
Me encantaría tener otro hijo, por supuesto. Seguiremos intentándolo un tiempo, también. Pero no voy a dedicarle más tiempo y energías a comerme la cabeza con el futuro. Si tenemos otro hijo estupendo y si no lo tenemos también.
Deseaba ser madre y lo he sido. Ya conseguí mi propósito, es mucho más de lo que muchas parejas consiguen. Todo lo que venga a partir de entonces es un regalo, pero no es imprescindible para nosotros. He decidido no sufrir por el hijo que no tengo o que no sé si llegará y he decidido invertir mi tiempo y mi energía en algo mucho más tangible y real, el hijo que sí tengo y que me necesita al 100% por y para él.
Si te ha gustado el post, comparte, nos ayudas a crecer 🙂
Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.
Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?
por Rosa Martínez Marán | Oct 18, 2018 | Cabello sin tóxicos, Vida Sostenible
Hoy ingredientes a evitar en tu champú, en tu acondicionador o en tu mascarilla. En este post nos vamos a centrar en aquellos ingredientes que deberíamos conocer para poder huir de ellos cuando adquirimos un cosmético para nuestro cabello. Recomendación extensible a cualquier producto de cosmética que pensemos adquirir o que tengamos en nuestro armario del baño.
En anteriores entradas de Rosa Martínez Marán os he contado como desintoxique mi pelo de productos tóxicos y cuál es mi rutina capilar libre de tóxicos, si no has podido leer estos post te animo a ello porque encontrarás mucha información útil. Para llegar a ello he investigado mucho sobre los tóxicos en cosmética y he realizado un listado de ingredientes a evitar en el champú que hoy comparto contigo
Una oferta ilimitada para una misma fórmula
Si nos damos una vuelta por cualquier supermercado encontraremos champús para casi cualquier cosa: anticaspa, anticaída, antiencrespamiento, para pelo graso, para pelo fino, liso asiático, con proteínas de la seda (todavía me pregunto para qué), con keratina, para cabello quebradizo y un largo etcétera. Existen tantos tipos de pelo como productos susceptibles de ser vendidos.
Sobre nuestras cabezas planea como una sombra funesta la imagen en blanco y negro del pelo indomable, inmanejable e intratable, cualquiera diría que hablamos de pelo y no de un delincuente muy peligroso escapado de una cárcel de máxima seguridad.
Si visionamos un anuncio sobre champú en televisión o en una revista encontramos un común denominador: muchas promesas adornadas con imágenes en color sugerentes e idealizadas sobre lo que debe ser un cabello bonito o sano. Esos cabellos lisos, sueltos y tan brillantes como el sol.
Ese pelo sano que nos han hecho creer que se puede conseguir una y exclusivamente con los productos que nos vende la industria de la cosmética convencional. Por supuesto, estos vendedores de promesas no te van a hablar del INCI, ni de los efectos secundarios que tienen algunos de los productos que podemos adquirir a un módico precio.
En realidad, estos productos tan diferentes entre sí comparten más de lo que parece a simple vista. Aunque da la impresión de que hemos adquirido un producto exclusivo o con ingredientes novedosos la formulación es la misma de un bote a otro, o lo que es lo mismo, se repiten los mismos ingredientes tóxicos de una fórmula a la otra: derivados del petróleo, PEGS, parabenos, etc.
¿Cuál es tu grado de confianza en la industria de la cosmética?
La primera pregunta que deberíamos hacernos es si nos creemos las promesas de la industria. ¿Es verdad todo lo que nos venden? ¿Puede un champú detener el envejecimiento? ¿Evitar las canas? ¿Puede dejarme el pelo liso como en una tabla?
¿Creéis que es verdad todo lo que prometen por unos pocos euros? ¿Cumplen todo lo que prometen y sin efectos secundarios para la salud a medio-largo plazo?
Sí crees que puedes confiar en la industria, sin duda este no es tu post. No obstante, te animo a seguir leyendo porque es posible que el post te ayude a abrir los ojos o al menos te sirva para cuestionarte la realidad. Yo no estoy aquí para convencerte de nada, simplemente te expongo mi punto de vista basado en toda la información que he recogido y sobre la que he investigado desde hace años.
El secreto profesional y otras contradicciones
Este post es fruto de las reflexiones que me hicieron abandonar la cosmética convencional y cuestionar o investigar sobre la cosmética ecológica certificada porque no todo lo que nos venden es tal y como nos prometen a simple vista.
Una de las cuestiones que más me escandalizan es cómo es posible que cierta información sobre la composición de algunos productos no sea pública, que las marcas no estén obligadas a exponerla públicamente en la etiqueta.
La industria se esconde detrás del secreto profesional y dentro de ese secreto impenetrable los consumidores quedamos desamparados y sin información suficiente para poder elegir con libertad. Por ejemplo, un producto puede ser libre de Bisfenol A pero que el plástico en que se envasa el producto quede en tierra de nadie y sea imposible determinar si ese compuesto está o no en el producto final.
Hace años que dejé de confiar en la industria convencional y dejé de creerme todo lo que afirmaban las marcas ecológicas certificadas. Próximamente hablaremos de los sellos y certificadoras y de los ingredientes que se pueden utilizar o no. Desde luego si tengo que elegir entre un champú convencional y uno de certificación ecológica escogeré sin ninguna duda el segundo. Sin embargo, revisaré a conciencia el INCI porque que sea certificado y ecológico no significa que no me puedan colar una sustancia tóxica.
En mi camino de desintoxicación me encontré con muchas mentiras y con mucha letra pequeña que la mayoría de nosotros desconocemos cuando alegremente compramos el champú de oferta que vende el supermercado.
Deberíamos ejercitar nuestro espíritu crítico. Eso nos hará más conscientes y más libres para elegir lo que nos conviene o lo que no. Como consumidores debemos tomar consciencia y exigir a los fabricantes que no utilicen determinados compuestos sobre los que se tienen fundadas sospechas de que son cancerígenos, disruptores endocrinos o ambas cosas a la vez.
¿Por dónde entran los tóxicos?
Los tóxicos a los que nos vemos expuestos diariamente penetran en nuestro cuerpo por tres vías: por inhalación, es decir, los respiramos porque están en el ambiente; por ingesta, ya que los podemos encontrar en los productos alimentarios que consumimos como unas simples galletas o una lata de atún; por vía cutánea, es decir, por la piel, a través de los productos cosméticos que utilizamos diariamente para nuestra higiene personal.
Puesto que el post tiene como tema evitar los tóxicos en tu champú o producto por el cabello nos vamos a centrar solo en la vía cutánea. Una buena parte los ingredientes tóxicos que entran en nuestro cuerpo lo hacen a través de la piel. Durante mucho tiempo se ha creído que todo las sustancias químicas o la mayoría de ellas eran expulsadas a través del hígado.
Por supuesto que el hígado es un órgano que hace una labor imprescindible y necesaria, pero estamos expuestos a más de 100.000 sustancias aprobadas solo en Europa, lo que viene a significar que nuestro hígado, aunque funcione a pleno rendimiento y goce de una maravillosa salud no puede procesar todas esas sustancias y expulsarlas de nuestro cuerpo.
Muchas de las sustancias que podemos encontrar en un champú convencional son sustancias bioacumulativas y persistentes que tienden a perpetuarse en nuestro tejido graso. Más grasa más posibilidades de acumular tóxicos en nuestro cuerpo. Gran parte de estas sustancias son Disruptores Endocrinos de los que hablaremos a continuación.
¿Qué son los Disruptores Endocrinos?
El tema daría para más de un post, pero voy a tratar de ser breve. Para empezar los podemos encontrar nombrados como Disruptores Endocrinos y como Perturbadores Endocrinos. Estoy plenamente segura de que en los últimos meses has oído hablar de ellos en los medios de comunicación o en alguna revista. Cada vez existe más preocupación sobre los efectos nocivos que causan sobre la salud de las personas y de los animales.
El doctor Nicolás Olea Serrano Catedrático de la Universidad de Granada y una eminencia en el campo y estudio de los Disruptores Endocrinos los define así: sustancias químicas, de contaminantes ambientales, generalmente hechas por el hombre y la industria del hombre y que una vez dentro del organismo modifican el equilibrio de las hormonas.
El peligro de los Disruptores Endocrinos viene determinado por su interferencia en el sistema hormonal. En ocasiones bloquean la actividad de una u otra hormona, es decir, se comportan como esa hormona y el cuerpo no es capaz de distinguir entre la hormona real y la sustancia química que funciona como tal.
Tienen la capacidad de alterar el sistema hormonal ya sea porque disminuyen el efecto de una hormona, lo aumentan o simplemente la sustituyen. Mandan mensajes confusos al organismo y producen alteraciones que pueden ser muy graves: infertilidad, cáncer, trastornos del metabolismo, alteraciones y enfermedades neurológicas, entre otras patologías.
Ingredientes a evitar en tu champú
Esta es la pregunta del millón porque existen un gran número de ingredientes que deberíamos rechazar de plano cuando adquirimos un champú, un acondicionador o una mascarilla. En cualquier caso, vamos a poner el foco en aquellos ingredientes de los que se sabe o se sospecha de forma fundada que son cancerígenos y Disruptores Endocrinos. Se trata de productos sobre los que existe mucha bibliografía e información veraz y contrastada de sus efectos nocivos para la salud. No obstante, por razones de espacio me es imposible hacer referencia a los estudios publicados pero si alguien necesita ampliar información que me mande un correo.
La lista puede ser muy larga y en poco tiempo es probable que podemos añadir alguno más porque cada día se descubre el efecto perjudicial de alguna sustancia que hasta este momento se consideraba inofensiva. No obstante, nos vamos a centrar en 5 grupos de sustancias: los Parabenos, los Ftalatos, los PEGS, la DEA y sus derivados y el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) y el Sodium Laureth Sulfate (SLES).
1.- Los Parabenos
Vamos a empezar por un ingrediente básico utilizado en muchos cosméticos: los Parabenos. Se cree que puedan estar todavía presentes en más de 13.000 productos de cosmética.
Hay mucha información en contra de los parabenos, sin embargo, la industria sigue recurriendo a ellos. Algunas marcas voluntariamente los están eliminado de sus productos y lo ponen en toda etiqueta viviente. El free paraben se ha convertido desde hace poco en un reclamo publicitario.
Los Parabenos son conservantes con carácter antibiótico, su función es evitar la proliferación de hongos, levaduras o microorganismos. Evitan los microbios y alargan el período de vida de un determinado producto.
¿Cuál es el problema de los Parabenos?
Pues que son Disruptores Endocrinos. Podemos encontrar muchos estudios que los relacionan directamente con el cáncer. Existe amplia bibliografía e investigación que confirma la presencia de Parabenos en tumores de mama en mujeres expuestas a dosis normales de Parabenos en su vida diaria.
A modo de ejemplo, voy a citar un estudio del CSIC(Consejos Superior de Investigaciones Científicas) realizado en el Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona en 2015. Los resultados de la investigación eran escalofriantes, ya que demostraban que en las mujeres embarazadas que habían participado en el estudio habían bioacumulado los Parabenos en su cuerpo y se los habían transmitido a través de la placenta a sus hijos.
¿Cómo podemos reconocer los parabenos?
Estas sustancias químicas las podemos reconocer muy fácilmente ya que suelen acabar en Paraben. Las nombres más utilizados son los siguientes:
– Metilparaben- methylparaben
– propilparaben-propylparaben
– Butilparaben-butylparaben
– Etilparaben-ethylparaben
-Isopropyl
– Isobutyl
El Isopropyl y el Isobutyl pueden aparecer formando una palabra compuesta con términos con Palmitate o Myristrate. También podemos identificarlos con la nomenclatura E. Debemos tener claro que desde el E-214 hasta el E-219 son Parabenos y debemos evitarlos.
2.- Los Ftalatos
Los Ftalatos constituyen un problema de salud pública de difícil solución. Los Ftalatos son contaminantes químicos presentes en nuestra vida cotidiana a nivel global. Se emplean como plastificadores, incrementando la flexibilidad de los plásticos y para producir cloruro de polivinilo. En cosmética se usan principalmente para fijar los olores, ese olor a limpio o floral que nos vende la industria como un bien deseado y apetecible.
¿Por qué son peligrosos los Ftalatos?
Para esta sustancia química se acumulan los porqués, pero voy a intentar resumir y ser breve. Son muy contaminantes para el medio ambiente y muy peligrosos para las personas. Se ha demostrado que son Disruptores Endocrinos y desde hace años se alerta de su potencial cancerígeno. Aunque la industria afirma que a pequeña escala no es peligroso, eso no está demostrado en ningún caso.
Muchos Ftalatos son tóxicos reproductivos y del desarrollo. Esto quiere decir que son especialmente peligrosos para mujeres en edad fértil que tenga planeado ser madres, embarazadas y niños pequeños. Estos colectivos son especialmente sensibles a los Ftalatos. Se han descubierto concentraciones de Ftalatos en niños pequeños superiores a las de los adultos.
Tipos de Ftalatos
Ftalato de Dietilo (DEP): presente en champús y espumas para el cabello.
Ftalato de Dibutilo (DBP): presente en lacas capilares.
Ftalato de dietilhexilo (DEHP): fragancias y perfumes añadidos al champu, acondicionador, etc.
¿Cómo identificar los Ftalatos?
Los Ftalatos traen un problema añadido de difícil solución y es que no aparecen directamente en la etiqueta del producto. En algunos productos del cabello no te vas a encontrar la palabra Ftalatos, pero eso no significa que no lo lleve. ¿Cómo puede ser esto? Por una laguna legal no es necesario especificarlos en el producto.
Suelen aparecer escondidos tras la palabra “inerte”, “otros” o “perfume”. Es decir que si en un producto en el INCI encontramos la palabra perfume con toda probabilidad ese producto lleva Ftalatos.
Cuando el Ftalato aparece especificado en el producto lo podemos reconocer fijándonos en las últimas palabras, el compuesto siempre acaba en Thalate, Falato. Pueden ser nombres compuestos como:
Diethyl phthalate-dietilftalato (DEP)
Isophthalate
Dibutylphtalate-dibutilftalato (DBP)
Dietilhexilftalate. (DEHP)
3.- Polietilenglicol (PEG)
Los PEGS que es como se los conoce en inglés están presentes en muchísimos champús, acondicionadores y un largo etcétera de productos cosméticos. Se trata de derivados del petróleo, en concreto del etileno. Se utilizan sobre todo como emolientes y emulgentes. Entre sus funciones está ayudar a los componentes a mezclarse y favorecen que el producto penetre mejor en la piel.
Se suelen utilizar como sustitutos de las siliconas y se emplean en muchas ocasiones para que el producto haga espuma. Parece que si un producto para el cabello no hace espuma no será efectivo o no limpiará lo suficiente, lo que es absolutamente falso. Los PEGS son muy baratos, una de las razones por las que se emplean de forma masiva en gran cantidad de productos de higiene personal.
¿Cuáles son los problemas de los PEGS?
Solo como aperitivo decir que los PEGS dejan la epidermis desprotegida y son culpables de irritaciones cutáneas, alergias, dermatitis y urticarias. Entre los trastornos que pueden ocasionar podemos encontrar problemas hepáticos y renales, ya que tienen la capacidad de alterar el sistema nervioso.
En cualquier caso, el problema más grave que suscitan los PEGS viene determinado por su proceso de fabricación. Para reducir su efecto irritante sobre la piel la sustancia es sometida a un proceso de etoxilación. Este proceso da lugar a varios compuestos, el óxido de etileno y el 1,4-dioxano. Ambos compuestos son muy cancerígenos, entre sus efectos nocivos para la salud encontramos cánceres como la leucemia.
Por otro lado, a partir de ese proceso de etoxilación se han encontrado metales pesados como el plomo, el arsénico, el cadmio o el hierro. Es imposible saber la concentración en los PEGS de óxido de etileno, de dioxano o de metales pesados en cualquiera de los productos que adquirimos en cosmética convencional.
Por tanto, si aplicamos el principio de precaución, deberíamos evitarlos por completo porque es inviable saber la exposición real que sufre nuestro organismo cuando utilizamos un determinado producto capilar que los contiene.
¿Cómo identificar los PEGS?
En primer lugar, aclarar que en cosmética ecológica certificada están prohibidos los PEGS. Así que si adquirimos un jabón sólido o un acondicionador eco no habrá PEGS entre sus ingredientes.
Los PEGS son fáciles de identificar ya que casi siempre aparece la palabra PEG y un número. El número en cuestión se identifica con el peso molecular de ese compuesto. Cuánto más grande más difícil que el PEG penetre en la piel y cuanto más bajo es más fácil que entre en nuestro organismo.
También los podemos encontrar en compañía de un largo listado de compuestos como el Disodium PEG-4 Codamido MIPA-sulfosuccinate o Methoxy PEG/PPG-7/3 Amonipropyl Dimethicone. La presencia de la palabra PEG ya nos indica que debemos descartar ese producto y decantarnos por otro en el que no aparezca el compuesto.
En ocasiones, no aparece la palabra PEG especificada directamente sino que aparece por las siglas PPG. Podemos identificarlo también por las palabras Polyehtylene, Ceteareth, Ceteth, hidroxypropyl y palabras terminadas en eth.
4.- Dea y sus derivados
La DEA es la abreviatura de la Dietanolamina y sus derivados químicos, la Codamina, Lauramida, Monoetalamina y la Trietanolamina entre otros compuestos de la misma familia. Se trata de compuestos químicos orgánicos que se emplean en disolventes, emulsionantes y detergentes, una de sus funciones es lograr una textura cremosa. Por supuesto, también esta presente en champús o acondicionadores del mercado convencional.
Todas estas sustancias son humectantes, es decir, que humedecen y suavizan la piel. También son espumantes, ayudan a crear espuma.
¿Cuál es el problema del Dea y sus derivados?
Son sustancias consideradas Disruptores Endocrinos y cancerígenas y son absorbidas directamente por la piel. La agencia internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) las ha clasificado en el grupo 2B. Esto implica que estas sustancias posiblemente sean cancerígenas para los seres humanos. En estudios realizados con animales si ha sido demostrado su efecto cancerígeno, aumenta exponencialmente la incidencia de cáncer de hígado y riñón en ratones.
¿Cómo identificar el DEA y sus derivados?
Lo podemos encontrar directamente por sus siglas DEA en un buen número de productos como la Oleamide DEA o el Linoleamide DEA. También formando parte de nombres compuestos larguísimos como DEA-Cetyl Phosphate o DEA-C8-18 perfluoroalkylethyl Phosphate.
Generalmente el ingrediente suele acabar en “mide” o “mida” y en “lamina” o “lamine” lo que es una pista importante cuando la palabra DEA no está explícita en el INCI.
Sus derivados también pueden acabar en los prefijos señalados anteriormente. Es posible que aparezcan por sus siglas o directamente por su nombre y pueden ir acompañados de las siglas DEA como la Cocamida/e DEA o la Lauramida/e DEA.
Otros derivados pueden aparecer por sus propias siglas como la Trietanolamina que la podemos identificar por TEA o la Monoetalamina que la reconocemos por las siglas MEA.
5.- Sodium Lauryl Sulfate (SLS) y el Sodium Laureth Sulfate (SLES)
Son otro clásico dentro de la cosmética convencional sobre todo cuando las siliconas se convirtieron en el enemigo a batir y tocó sustituirlas por otra cosa que hiciese el mismo efecto y fuese muy barata. Casi cualquier producto para el cabello lleva uno, el otro o ambos.
Los dos productos son detergentes también conocidos como sulfatos. Sirven como espesantes y para hacer espuma, son espumeantes. Lo que sucede es que son espumeantes muy baratos y asequibles por tanto se utilizan de forma masiva en champús y acondicionadores de bajo coste.
¿Cuál es el problema con el SLS y el SLES?
El primero, el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) se sustituye a veces por el segundo, el Sodium Laureth Sulfate (SLES) porque se supone que es menos irritante, pero es más de lo mismo. El segundo parece menos abrasivo, pero también es nocivo para salud. Se relaciona a ambos con el cáncer y la infertilidad aunque no hay estudios concluyentes.
Uno de sus principales problemas es que son muy irritantes, tanto una sustancia como la otra. Una investigación de la Universidad de Georgia demostró que son sustancias que se absorben con mucha facilidad por el cuerpo y pasan muy rápido al torrente sanguíneo. Se pueden acumular en el corazón, el hígado y el cerebro, aunque la exposición a la sustancia haya sido breve.
Pueden también asociarse con otras sustancias químicas presentes en la fórmula, lo que hace que su efecto tóxico sea mayor. El terrible efecto cóctel del que nadie nos habla y del que la comunidad científica que estudia los contaminantes ambientales lleva alertando desde hace años.
¿Por qué son tóxicas las dos sustancias?
Con estas sustancias se cumple este dicho popular: “Es peor el remedio que la enfermedad”. Durante mucho tiempo se utilizó el Sodium Lauryl Sulfate (SLS) en cosmética, hasta que se empezó alertar de su gran efecto irritante para la piel, el cuero cabelludo y los ojos. Entonces se buscó el remedio y apareció el Sodium Laureth Sulfate (SLES).
Sin embargo, en esta vida no es todo de color de rosa y menos aún cuándo hablamos de compuestos químicos. Se formuló un producto menos agresivo para la piel y más suave. El problema es que la solución era aún peor que la enfermedad.
El SLES Comparte con los PEGS la posible contaminación por óxido de etileno y el 1,4 dioxano. Estas sustancias son fruto del proceso de fabricación del SLES por etoxilación. Tanto el óxido de etileno como el 1,4 dioxano han sido declarados carcinógenos humanos por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer (IARC). Todas estas poderosas razones para comprar productos libres de SLS y SLES.
¿Cómo identificar el SLS y SLES?
Hasta ahora cuando nos hemos referido a las sustancias tóxicas de este post hemos suspirado aliviadas pensando en que comprando cosmética ecológica certificada evitamos los tóxicos de plano. Sin embargo, cuando hablamos de SLS y SLES la cuestión no es tan sencilla ya que es un ingrediente que podemos encontrar como admitido en parte de la cosmética ecológica certificada. Unos sellos lo admiten y otros no, así que hay que mirar el INCI al detalle para no llevarnos este bonito souvenir en el champú.
Identificarlos es fácil aunque pueden disfrazarse en algunas etiquetas indicando que proceden del coco o de algún derivado de este producto vegetal. Siempre aparece por su nombre, por sus siglas, acompañado de un número o en nombre compuesto. Por ejemplo, Disodium Laureth Sulfosuccinate, Sodium Laureth 8-Sulfate o Sodium Laurylglucosides Hydroxypropyl Sulfonate.
Debemos fijarnos bien porque aparecerá la palabra Laureth o Lauryl casi al principio del término y finalizará con toda probabilidad con la palabra Sulfate o Sulfonate.
Por supuesto, que hay más sustancias que podemos encontrarnos en un champú, en un acondicionador o una mascarilla pero en un solo post es imposible analizarlas todas. Como se dice vulgarmente, no están todos los que son, pero si están todos los que son. Más adelante iré profundizando en algunos de estos ingredientes tóxicos, al igual, que actualizaré la información recogida en esta entrada.
Espero que te sea útil y sobre todo que te sirva para tomar conciencia y tomar decisiones con respecto a los ingredientes de los productos para el cabello que elijas consumir voluntariamente.
Si te ha gustado el post, comparte, nos ayudas a crecer 🙂
Recuerda que puedes suscribirte al blog y recJibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.
Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?
por Rosa Martínez Marán | Oct 4, 2018 | Cabello sin tóxicos, Vida Sostenible
Hoy mi rutina capilar libre de tóxicos en Rosa Martínez Marán. Más de una mis seguidoras me habéis preguntado sobre cómo me cuido el pelo. La verdad es que le dedico menos tiempo del que me gustaría. Pero ya sabéis que cuando somos madres lo que precisamente escasea es el tiempo.
No sigo una rutina muy estricta, pero si trato de utilizar productos libres de tóxicos con pocos ingredientes y lo más naturales posibles. Ya conté en desintoxica tu pelo de productos tóxicos cómo me liberé de los productos tóxicos hace más de tres años. Desde entonces mi pelo es otro, tengo que cuidarlo mucho menos y tiene mucho mejor aspecto.
Mi rutina capilar libre de tóxicos
Me suelo lavar el pelo aproximadamente una o dos veces a la semana durante el curso. Si estamos en temporada estival y estoy en la playa o voy más a la piscina, mi frecuencia de lavados aumenta ya que considero imprescindible hacer desaparecer del pelo los restos de cloro y demás sustancias desinfectantes de las piscinas. En esas circunstancias suelo echar mano del bicarbonato de sodio más a menudo.
Como os decía en una semana normal suelo lavar el pelo una o dos veces porque mi pelo no necesita más lavados. Se ve limpio, suelto y sin engrasarse. Suelo lavarlo más si paso más tiempo cocinando o si he quedado con gente fumadora sobre todo porque no me gusta el olor que me deja en el pelo.
Si no se da ninguna de esas situaciones se me pasan los días y como el pelo se ve limpio ni me acuerdo de la última vez que lo lavé. Menos mal que tengo buena memoria y suelo llevar más o menos un control.
¿Con qué productos lavo mi cabello?
Mi rutina capilar libre de tóxicos ha sido la misma desde que dejé el bicarbonato de sodio y busqué un champú ecológico adecuado para mi pelo. Durante un par de años he he lavado el cabello con un champú ecológico pensado para cabello fino con cerveza y miel de la marca Logona Para cabellos como el mío, muy finos y con tendencia al encrespamiento va muy bien.
Es verdad que del todo no me quitaba el encrespamiento pero es que en la salud del pelo no solo influyen los productos que les echamos sino también la alimentación y el grado de hidratación de nuestro cuerpo. Suelo beber poca agua, es más puedo estar horas sin acordarme de beber. Eso al final hace que mi pelo este más seco y tampoco beneficia a mi tensión baja, pero esa es otra cuestión.
Mi rutina hasta hace pocos meses era lavarme el pelo con el champú de cerveza y miel y utilizar vinagre de manzana como acondicionador diluido en agua. La verdad es que estaba muy contenta con el resultado. Sin embargo, aún comprando un envase grande del champú de Logona se generaba mucho plástico y llevo tiempo intentando reducir mi consumo de plásticos al máximo. Así que me animé a probar el jabón sólido para el cabello.
Mi experiencia con el jabón sólido
Estuve mirando marcas buscando la opción más natural posible, sin químicos y a ser posible de agricultura ecológica. La mayoría de ellos no me convencían. Entonces me decidí a consultar los productos de una de mis marcas favoritas, Matarrania, y encontré lo que buscaba.
Creo que nunca os he hablado de esta marca y sinceramente creo que tendré que hacer un post más pronto que tarde porque he probado casi todos sus productos. Personalmente me encantan, ninguno de ellos me ha defraudado. En casa tengo más de seis productos de esta marca, creo que os hacéis una idea.
De entre sus jabones sólidos para el pelo había uno perfecto para mí: el Champú Bio Vital, un jabón sólido para cabello seco y fino. Intenté adquirirlo a través de algunas de las tiendas online donde compro habitualmente pero no lo tenían. Así que me animé a comprarlo directamente en la web de la marca y de paso comprobar como funcionan. El pedido lo hice un martes a las 7 de la mañana y al día siguiente lo tenía en casa. La verdad es que me sorprendió la rapidez con la que llegó. Todo perfectamente embalado y con una serie de muestras de otros de sus productos como regalo.
He probado durante unos meses el jabón y estoy muy contenta con el resultado. Me deja el pelo bastante bien y no tiene nada que envidiarle al champú que usaba hasta ahora. Quizás es más incómodo frotarse la cabeza con una pastilla de jabón, aunque es cuestión de acostumbrarse. El jabón sólido ha existido toda la vida, el champú lleva bastante menos tiempo en nuestras vidas así que es perfectamente prescindible.
Otros cuidados para mi pelo
Además de lavarme el pelo con champú o con jabón sólido y vinagre de manzana suelo realizarme algunos otros cuidados capilares de vez en cuando. Si te soy sincera recurro a ellos cuando noto el cabello más encrespado de lo normal o un poco seco.
Suele ser el fin de semana cuando aprovecho para hacerme una mascarilla natural o para hacer un enjuague capilar y no todos los fines de semana. Depende mucho de los planes que tengamos esos días. A veces, encadeno dos semanas seguidas y otras puede pasar incluso un mes. Soy muy de experimentar y hacer combinaciones ya que considero que es la mejor forma de conocer que productos le van bien a mi pelo y cuáles no.
Los productos con los que experimento son siempre productos naturales, algunos de uso habitual y que cualquiera de nosotras puede tener en casa como el huevo, el aguacate o el aceite de oliva virgen extra. Otros son más difíciles de encontrar en la despensa, pero fáciles de adquirir en el mercado. De entre ellos mis favoritos son el aceite de coco y el aceite de argán. Suelo utilizarlos sobre todo en mascarillas caseras, cuando necesito una hidratación extra para mi pelo y para hacer jabón casero, aunque siempre en poca proporción.
El aceite de coco
No suelo utilizarlo para cocinar porque en España que tenemos otras fuentes de grasa más cercanas y locales como el aceite de oliva virgen extra. Lo uso solo en cosmética de forma restringida ya que la huella ecológica del producto es muy alta.
El aceite de coco es un fruto que es el sustento de muchos pueblos desde hace siglos. Se cultiva muy lejos de nosotros, principalmente en Indonesia, Filipinas, la India y Brasil. Durante mucho tiempo fue rechazado como alimento por su cantidad de grasas saturadas, aunque hoy tiene mejor prensa que antaño. De hecho, el aceite de coco está de moda en occidente y esto ha hecho que su demanda aumente desorbitadamente poniendo en peligro el ecosistema y las comunidades autóctonas donde se cultiva.
Como con cualquier producto valioso, con la demanda crecen las posibilidades de especular y de hacer negocio con un bien de primera necesidad. Ya sé que este es un post de cuidado capilar pero no podemos cerrar los ojos y obviar la realidad que rodea los productos que adquirimos.
Cuando compramos un producto deberíamos informarnos de su lugar de origen y de las circunstancias en que ha sido elaborado o creado. Con esto no te digo que no consumas aceite de coco, de hecho, yo lo hago. Mi advertencia es que hagas un uso responsable, que elijas un aceite de coco de producción ecológica certificada, que lo utilices ocasionalmente y que no malgastes el producto.
Lo ideal es que sea ecológico y de primera presión en frío. Es habitual que cuando compramos un aceite nos traten de colar alguna otra cosa, así que revisa el INCI del producto y si no lleva única y exclusivamente aceite de coco no lo compres. Seguro existe una opción mucho mejor y menos procesada.
Usos del aceite de coco
Su alta proporción de ácidos grasos lo convierte en un aceite con una potente capacidad de hidratación. Además posee propiedades humectantes que favorecen la suavidad. Realmente es fantástico para hidratar tanto la piel como el pelo.
No recuerdo cuando lo compré por primera vez, no obstante, supongo que leí algo sobre él y me animé a probarlo. Siempre he utilizado un aceite de coco 100%. Si lo has comprado alguna vez habrás comprobado como en verano se convierte en líquido, algo que hay que tener en cuenta al utilizarlo porque se puede malgastar el producto con mucha facilidad. Sin embargo, en cuanto las temperaturas bajan por debajo de los 24 grados vuelve a solidificarse.
Me ha funcionado muy bien en el pelo pero en una porción muy pequeña y masajeando de medios a puntas. Lo he probado en la playa y me ha hidratado muy bien el cabello, ya que me ha ayudado a minimizar los efectos del cloro, la sal y del agua del grifo de la zona en la que me encontraba de vacaciones.
En casa lo utilizo más bien poco porque me engrasa mucho el cabello y es difícil de reabsorber. Así que si tienes el pelo graso yo no recurriría al aceite de coco. Para lo que sí lo utilizo mucho es para las mascarillas caseras en combinación con otros productos. También es estupendo para hacer jabón ya que ayuda a que haga espuma.
El aceite de argán
El aceite de argán, también conocido como Argania spinosa (su nombre en latín) es otro de mis productos favoritos. Proviene del árbol de Argán situado en el Magreb en Marruecos. Crece de forma salvaje en una zona desértica y soporta con estoicidad las sequías reteniendo el poco agua que le llega.
Desde hace muchas generaciones los bereberes han honrado sus propiedades tanto cosméticas como alimentarias. Para ellos el aceite de argán es denominado oro líquido y muchas familias viven de su recolección y procesamiento. La extracción del aceite de argán es un proceso artesanal con predominio femenino. Se extrae de las semillas del fruto y se prensa en frío.
En España hay mucho interés en el aceite de argán y desde hace aproximadamente seis años se ha intensificado su cultivo en determinadas zonas de la península, el objetivo es entrar en este mercado en alza. En cualquier caso, no es un producto que viaje tantos kilómetros como el aceite de coco aunque sigue viniendo de otro país vecino. Si el cultivo local y peninsular despega se convertirá en una excelente elección.
Usos y beneficios del aceite de argán
De entre los beneficios del aceite de argán destacaría los siguientes: se trata del aceite mas rico en Vitamina E del mundo, contiene una alta concentración de ácidos omega 6 y un elevado porcentaje de ácidos grasos insaturados.
Se puede utilizar directamente sobre la piel ya que es un potente protector de la epidermis, por ejemplo, es muy útil para prevenir estrías. Lo he utilizado en alguna ocasión como aceite para hacer masaje, sin embargo, para lo que más lo uso es para el cabello.
El aceite de argán fue un gran descubrimiento que estuvo durmiendo en el armario de mi baño durante años. Lo compré en Vejer de la Frontera el verano en que me quedé embarazada del Vikingo pero no me acordé de él hasta años después. Era aceite de argán puro de primera presión en frío con una etiqueta en árabe y en inglés. Cuando lo compré me pareció una idea estupenda pero luego no supe que hacer con él.
Un buen día ya en fase de experimentos con mi pelo me topé con él en el armario y decidí echarme una pequeña cantidad en el pelo y probar. Quedé entusiasmada con el resultado. Pelo más liso, más sedoso y más manejable. Por supuesto, al principio me pasé un poco con las cantidades hasta dar con la porción adecuada para mi pelo.
¿Cuándo uso el aceite de argán?
Cuando noto mi pelo seco o encrespado. Unas veces me echo una pequeña cantidad por todo el pelo y me voy a dormir. Aunque parezca mentira no deja ningún rastro en la almohada ya que es muy poquita cantidad. Al día siguiente me lavo el pelo y el resultado es espectacular. En otras ocasiones, un rato antes de irme a la ducha me reparto una pequeña cantidad por el pelo. Dejo actuar un rato unos minutos y después me lavo el pelo.
También lo suelo utilizar para hacer mascarillas, me es francamente útil combinado con determinados productos naturales como el yogur o el aguacate. Me encanta como deja el pelo ya que está manejable, brillante y sedoso.
Enjuagues capilares
Algo que he probado hace relativamente poco y que ha gustado mucho son los enjuagues capilares a base de hierbas. Según tu tipo de pelo te irán mejor unas u otras hierbas por lo que es imprescindible experimentar.
Tienen la ventaja de que eliminan los residuos que pueda tener el pelo fruto de la contaminación, por ejemplo, y al mismo, eliminan olores. Yo lo he probado de Cola de cabello y de romero y tengo que decir que ha reducido considerablemente el encrespamiento en momentos puntuales y además me ha dejado el pelo con un brillo extraordinario.
Hasta aquí el post sobre mi rutina capilar libre de tóxicos, en próximos post hablaremos sobre los tóxicos que deberíamos evitar en los productos para el cabello y sobre las mascarillas y enjuagues herbales que he probado y cual ha sido el resultado.
Antes de irme me gustaría contarte que hemos iniciado un Reto para desintoxicar el cabello el 24 de septiembre de 2018 y que durará hasta el próximo 24 de octubre. Aún estás a tiempo de unirte al reto, Desintoxica tu pelo en 30 días. Todo el reto se desarrolla dentro de mi grupo de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.
Dentro del grupo hay mujeres increíbles compartiendo sus avances en la eliminación de los productos tóxicos de su cabello. Además de una comunidad activa y muy comprometida. Si quieres apuntarte pide paso al grupo hoy mismo.
Si te ha gustado el post, comparte, nos ayudas a crecer 🙂
Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.
Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?
por Rosa Martínez Marán | Sep 20, 2018 | Maternidad y Crianza Sostenible
¿Cómo llegar a ser una madre resiliente? En el post de hoy vamos a tratar de contestar a esta pregunta. La Resiliencia se ha puesto de moda, no obstante, es una herramienta de supervivencia que ha existido siempre.
Mi madre ha sido una mujer resiliente toda su vida aunque ella no sepa el significado de esta palabra ni le importe. Su actitud positiva y su forma de encarar el día han sido un ejemplo constante para mí. Nunca se ha rendido ante las adversidades y siempre ha visto el lado positivo de cada una de las situaciones a las que ha tenido que enfrentarse en su vida.
Sé que su influencia ha sido muy positiva para mí, al igual que otros factores que han determinado que hoy sea una madre resiliente, que cree en sus capacidades y que es capaz de enfrentarse a las dificultades con una sonrisa.
Me he enfrentado a muchas situaciones en mi vida que han puesto a prueba mi Resiliencia y de todas ellas he salido fortalecida, entre ellas un Arnold Chiari de tipo I, mis problemas de fertilidad, mi lucha para no parir por cesárea a mi hijo o mis problemas con la lactancia.
Te animo a leer Yo parí con un Arnold Chiari y Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer. Estos dos post son dos capítulos de mi historia, en ellos la Resiliencia cobra un papel determinante.
¿Cómo llegar a ser una madre resiliente?
La Resiliencia puede hacer mucho por nosotras desde cualquier punto de vista. Seas madre o no, ser resiliente te prepara para encarar los contratiempos con una actitud positiva. Esto nos anima a luchar a buscar soluciones por nosotras mismas en todos los ámbitos de la vida.
Se trata de una virtud universal íntimamente ligada a nuestra supervivencia. En ella encontramos elementos biológicos, psicológicos y sociales. No es un atributo excepcional restringido, cualquier persona puede llegar a ser resiliente si entrena su capacidad de logro, aumenta su autoestima y e inicia un camino hacia la introspección.
Una de las cosas que más me fascinan de la Resiliencia es que nos ofrece la posibilidad de cambiar, de crecer y de evolucionar. Se trata de un instinto de supervivencia que todos tenemos y que nos impulsa a buscar la mejor solución. Por supuesto, la Resiliencia se entrena, implica un proceso de crecimiento personal. Quizás nunca te lo planteaste pero ahora que ya eres madre es el mejor momento para ponerte en marcha.
Es evidente, si queremos tener hijos resilientes tenemos que serlo nosotras primero.
¿Qué es la resiliencia?
El concepto proviene del campo de la física. Puede definirse como la capacidad de algunos metales para chocar con otros sin fracturarse o partirse.
En la década de los 50, hace ya bastante más de medio siglo empezó a estudiarse este concepto aplicado al campo de la psicología. Los padres de la resiliencia son: Michael Rutter a quién le debemos el concepto y a Boris Cyrulnik que con su ensayo Los patitos feos: la resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida, sienta las bases de lo que será la Resiliencia.
La Resiliencia se define como la capacidad para superar las dificultades o los obstáculos de la vida sin quedarse anclada en el sufrimiento o en el dolor. La habilidad para salir con éxito de esa vivencia y sentirnos fortalecidas.
Esta definición no implica que no haya dolor, ni sufrimiento al enfrentarnos a una situación desagradable o a un problema de difícil solución. Claro que hay sufrimiento, pero tras una etapa de parálisis o de bloqueo la persona es capaz por sí misma de salir con éxito de esa vivencia y superarla. En ocasiones, por que ha vencido la enfermedad, por ejemplo, un cáncer; en otras porque ha aceptado y se ha reconciliado con aquello que no puede cambiar, la enfermedad crónica, por ejemplo.
Una infancia infeliz no determina el futuro
Los trabajos de Emmy Werner y Ruth Smith, dos psicólogas especializadas en el desarrollo infantil, marcaron un antes y un después en el concepto de la Resiliencia humana. Sus primeras investigaciones empezaron con niños pequeños, analizando su entorno y determinando factores de riesgo que podían predecir su inadaptación en la vida adulta. La gran sorpresa fue que un buen número de estos niños desfavorecidos y en riesgo se convirtieron en adultos perfectamente integrados en la sociedad y con una vida feliz.
Durante mucho tiempo se pensó que estos niños eran excepcionales, que estaban hechos de una pasta especial que los hacia invulnerables a la desgracia. Más tarde, se descubrió que no eran tan excepcionales, sino que habían desarrollado una serie de capacidades normales que les habían protegido del infortunio.
Una de las características que les había protegido era la capacidad de establecer vínculos afectivos con adultos de su entorno. El hecho de sentirse queridos, aunque solo fuese por una persona, fuese un solo progenitor, un cuidador o un profesor había tenido un efecto tan positivo que había contrarrestado el resto de factores negativos.
Estas investigaciones abren una puerta a la esperanza y nos alejan del determinismo. Por duras que sean las circunstancias en las que un niño se cría o sale adelante existe una posibilidad de que pueda desarrollarse de una forma sana. Por complicada que haya sido tu vida de niña, puedes y debes cambiar tu destino.
La fragilidad humana
Cuando más duro es un material más frágil es en realidad ya que es más fácil que se fracture. Cuanto más rígidos sean nuestros esquemas de pensamiento más difícil será para nosotras adaptarnos a una situación o buscar una solución creativa a un problema. La rigidez juega en nuestra contra.
La rigidez nos hace frágiles como a algunos metales y es necesario romper con ese agarrotamiento para encarar la vida de una forma más flexible. Debemos aceptar que el mundo está en constante cambio, al igual que las personas. El cambio es adaptativo y necesario para evolucionar.
Ni podemos quedarnos anclados en el pasado, ni podemos añorar lo que ya no puede volver a ser. Somos seres frágiles en tanto que estamos en este mundo por un tiempo limitado aunque vivamos para una falsa eternidad.
La adversidad es parte de la vida
La adversidad es parte de la vida, aunque en el mundo superfantástico y seguro en el que vivimos traten de convencernos de lo contrario. Los anuncios de coches redundan en la seguridad de conducir una máquina perfecta. No tendría mucho sentido vender el coche junto con las estadísticas de siniestralidad de cada modelo. Más de un comprador convencido cambiaría de opinión.
Con la maternidad sucede algo muy similar. Esperamos al bebé sonrosado y dormilón que hemos visto cientos de veces. Luego la realidad, es la que es, nuestro bebé es más bien delgado, le cuesta coger peso y no duerme apenas. Adiós bebé del Corte Inglés, Bienvenida al mundo real.
Una madre puérpera alterada por las hormonas del parto debe enfrentarse a retos desconocidos. Entre ellos la demanda las 24 horas del día del bebé, la falta de descanso y el llanto inconsolable de su hijo.
En realidad, somos nosotras las que lloramos porque nos sentimos perdidas y profundamente solas, enfrentadas a una situación que añorábamos pero que en muchos momentos nos supera. Por suerte, esta situación de caos dura unas cuántas semanas hasta que empezamos a amoldarnos a la nueva situación y vamos estableciendo los lazos afectivos con nuestros hijos.
La lactancia es un reto que puede ser más o menos asequible en función de una serie de factores como el tipo de parto, la edad gestacional de nuestro bebé, si somos primerizas o no, etc. Una madre reciente tendrá que poner a prueba toda su Resiliencia para conseguir una lactancia exitosa. Porque en los libros de lactancia que leíste y en las charlas que escuchaste antes de parir nadie hablaba de dificultades y dar el pecho era tan sencillo como prepararse un café.
Conseguir lactar a tu bebé se convierte en un objetivo que será más fácil si tengo entrenada mi capacidad de logro. Yo lo viví en mis propias carnes y fue gracias a mi voluntad y esfuerzo que conseguí dar el pecho a mi hijo. No lo hubiese logrado sino hubiese confiado en mí y no hubiese sido resiliente.
Los lazos afectivos fuertes nos hacen resilientes
Por supuesto, no lo logré sola, si mi pareja no hubiese estado a mi lado no lo hubiese conseguido. Sin personas en mi entorno como mi matrona, mi asesora de lactancia o mis amigas el camino hubiese sido más difícil y es posible que hubiese podido desesperarme en más de un momento.
Las personas resilientes piensan en los demás, los tienen presentes y tratan de ayudarlos en lo que pueden. Por supuesto, esto supone un enorme ejemplo para sus hijos. Mi madre todavía recuerda aquella lavadora que compró con unos ahorros y en la que permitía que lavasen la ropa todas sus vecinas. Eran otros tiempos, tener una lavadora era entonces todo un lujo. Ninguna podía comprar una lavadora y a mi madre le daba pena verlas lavar a mano todos los días, así que decidió compartir la suya durante años. Este gesto generoso la convirtió en alguien muy querido y valorado en su comunidad.
Las madres resilientes no solo refuerzan sus lazos con las personas de su entorno, lo hacen en especial con sus hijos. En primer lugar, por medio del cariño. Se dejan llevar por su instinto y besan y abrazan a sus hijos todo lo que sea necesario o lo que a ellas les apetezca.
No piensan que el amor daña, sino que apuestan por el amor incondicional sin reservas.
Demostrar el amor es adaptativo
En más de una ocasión me han preguntado si hay algún problema por besar o abrazar a nuestros hijos constantemente. Si no les molestamos con tanto achuchón o demostración cariñosa. Y siempre respondo lo mismo, tu instinto es quien te habla y quien te dice que abraces que beses y que acaricies. ¿Por qué escuchar otras voces distintas a la tuya? ¿Por qué no creer en ti y en lo que sientes?
Somos una especie como millones de años de vida, los instintos siguen siendo muy poderosos, si hemos sobrevivido como especie durante tanto tiempo no será porque dejáramos a nuestros niños llorar, ni porque los dejásemos durante horas en una cuna. De hecho, adaptativamente hubiese sido la opción menos inteligente ya que un depredador podría atacar a nuestro bebé.
No tenemos más que observar a otro mamífero, como se ocupa de sus crías, como no se separa de ellas. ¿Por qué entonces vemos normal no coger a los niños en brazos? Por supuesto, nuestro bebé no está preparado para entender que ha llegado a un mundo seguro, su respuesta adaptativa es la de alerta y temor cuando su figura de apego no está presente. Mamá es seguridad, ausencia de mamá es angustia. Es simple y adaptativo.
Por eso debemos mantener la conexión emocional con nuestros pequeños y demostrarles el cariño incondicional. No hay nada que calme más a un bebé que una caricia o que un abrazo. Pero no solo a un bebé también a un niño, a un adolescente o a un adulto. Menospreciamos el valor del cariño y desde luego no hay motor más poderoso para mover nuestra voluntad y obtener alivio y consuelo.
Así que besa y abraza a tus hijos, el amor no malcría. Lo que daña es la indiferencia y la frialdad. Si les demuestras amor incondicional, les hará resilientes.
Escucha a tus hijos
Los lazos afectivos también se refuerzan escuchando y acompañando a nuestros hijos en sus diferentes etapas o procesos vitales. La escucha activa es tan poderosa que hace los problemas parezcan menos graves al verbalizarlos. ¿No te ha pasado a ti alguna vez? Has formulado el problema ante alguien y de pronto das con la solución.
Escuchemos lo que tienen que decirnos y no devaluemos sus palabras porque sean niños. De hecho, los niños son capaces de enfrentarnos directamente con nuestras contradicciones con una inocente pregunta o un simple comentario. Escúchalos hoy y siempre, tienen importantes lecciones que darnos.
Un niño que es escuchado es un niño con autoestima. Siente que es valorado, que su opinión es válida. Esto le hará resiliente, ya que sabe que puede hacerse escuchar.
La autorregulación emocional
También para criar hijos resilientes es importante aprender a regularse emocionalmente. Si nosotras somos capaces de autorregular nuestros sentimientos y ponerles nombre a nuestras emociones es mucho más fácil gestionar situaciones inesperadas o sobrevenidas.
Por supuesto, la autorregulación supone hacer un trabajo personal, implica una introspección, un trabajo de conocernos a nosotras mismas. Este proceso es fundamental para ayudar a nuestros hijos a identificar sus sentimientos y a autorregularse emocionalmente.
Yo te animo a que inicies este camino. Implica conectar con nuestras emociones y pararnos a reflexionar sobre lo que nos ocurre. En ocasiones, esa conexión será dolorosa ya que nos encontraremos con emociones disfóricas o desagradables que no queremos encarar porque nos dan una visión de nosotras mismas que no nos gusta o simplemente nos duele.
Sin embargo, la autorregulación te ayuda a conocerte a ti misma pero también te va a dar una nueva perspectiva de tus hijos. Cuanto mejor te conozcas a ti misma mejor conocerás a tus hijos. Recuerda que sus padres son su principal modelo y referencia.
Yo te animo a que investigues sobre ti misma, porque te enfadas en determinadas situaciones, porque te ofendes ante determinadas palabras o porque te sientes profundamente triste ante una determinada situación en la que eres una simple espectadora. Pregúntate que teclas estás tocando y descubre dónde te llevan
Crea un entorno cálido
Las personas resilientes son especialistas en crear un clima agradable, en conseguir que estés a gusto en cualquier circunstancia. Una madre resiliente es consciente de que crear un entorno seguro y tranquilo para sus hijos es lo mejor para que crezcan de una forma equilibrada y sana.
Y de hecho, hace todo lo posible porque ese clima favorable sea la norma y no la excepción.
En un entorno tenso en el que constantemente las personas se recriminan cosas o están constantemente a la defensiva se establecen dinámicas tóxicas en las que se grita o se pierden los papeles con facilidad. Por supuesto, que hay momentos de tensión en toda convivencia y en la vida, pero la forma de enfrentarnos a ellos es lo que marca la diferencia entre un entorno armónico y un entorno desestabilizador.
Nuestro modelo de afrontamiento
No planteo un mundo ideal en el que no surgen problemas o adversidades, la vida no es un cuento de princesas de Disney. Lo importante es cómo nos enfrentamos a esas dificultades, esa es la clave.
Una misma situación podemos encararla de diferentes formas: enfrentar la situación directamente y buscar opciones; posponerla hasta nueva orden, lo que suele convertir un problema pequeño en un problema relativamente grande; negarla directamente, lo que toda la vida se ha llamado, tapar el sol con un dedo; o incluso rendirnos ante ella y pensar que no tiene solución.
De todas ellas, solo en el primer caso aplicaríamos la Resiliencia, ya que la persona ha tomado el control de la situación y ha decidido conscientemente buscar alternativas posibles.
La forma en que afrontemos los problemas la aprenderán nuestros hijos de nosotros. Por tanto, cuando resolvemos un problema o afrontamos un contratiempo de forma resiliente estamos haciendo mucho más que todo eso, estamos proporcionándoles una enseñanza sobre la Resiliencia que va más allá de la resolución de un problema.
La actitud positiva y el sentido de humor
¿Cómo quieres que te recuerden tus hijos? Esta es una pregunta que toda madre debe hacerse en algún momento de la vida.
Seguro que no quieres que piense en ti como una persona que estaba constantemente enfadada o que era incapaz de resolver un problema. O que te recuerde como alguien triste o resentido con la vida.
Es un hecho que nos acercamos a las personas que nos transmiten positividad, que sonríen y con las que el trato es agradable y fácil. Por el contrario, nos alejamos de aquellas personas que se quejan constantemente y que siempre están enfadadas.
Tener una actitud positiva nos hace sentirnos más optimistas y nos conecta a los demás. Nos ayuda a establecer unos lazos afectivos sanos y fuertes con nuestros hijos. Está demostrado que las personas más optimistas se valoran mejor así mismas, recuerdan sus logros del pasado y tienen mayor esperanza en el futuro.
Íntimamente ligado a la actitud positiva encontramos el sentido de humor. Se trata de un ingrediente vital para encarar la crianza de nuestros hijos, sobre todo en momentos en los que nos sentimos muy cansadas mental y físicamente.
Disfrutar de un momento inesperado de diversión que nos arranca una sonrisa o una carcajada nos puede ayudar a relajarnos y a sobrellevar una situación delicada. Los niños son muy divertidos y en muchas ocasiones, nos hacen reír con sus ocurrencias o sus comentarios ingeniosos. Son esos ratos los que nos hacen felices y nos reconcilian, a veces, con nuestras contradicciones vitales.
En definitiva, ser una madre resiliente, depende única y exclusivamente de ti, de tu propósito en la vida y de los valores que quieras inculcarles a tus hijos. Podemos no haber nacido con esta capacidad desarrollada, pero tenemos toda una vida para desarrollarla y aprender a ser felices a pesar de los obstáculos.
Me encantaría que me contases si piensas que eres una madre resiliente y si estás dispuesta a ser más resiliente a partir de hoy.
No me gustaría despedirme sin invitarte al I Congreso Virtual Maternidad Feliz-Crianza Respetada, tengo el honor de ser una de las ponentes del evento. Mi charla versará precisamente sobre este tema: la Resiliencia humana: el arte de vencer obstáculos.
Me haría muy feliz que te suscribieses y vieses la clase que he preparado con todo mi cariño. El evento es completamente gratuito y además de mi ponencia encontrarás a otras 14 profesionales que hablarán sobre temas de crianza y maternidad.
Si quieres apuntarte lo puedes hacer a través de este enlace. Espero encontrarte dentro.
Si te ha gustado el post, comparte, nos ayudas a crecer 🙂
Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.
Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?
por Rosa Martínez Marán | Sep 6, 2018 | Cabello sin tóxicos, Vida Sostenible
Desintoxica tu pelo. Este es el título que he escogido para este post que nace por petición popular. A principios de agosto hice una publicación contando que estaba preparándome unas mascarillas caseras para el pelo en casa. Gran parte de mis seguidoras del blog y de mis redes sociales me preguntaron por ellas. Estaban muy interesadas en saber qué productos utilizaba para el cabello y cómo me lo cuidaba habitualmente. Fue tanto el interés suscitado que me animé a redactar este post sobre mi cuidado capilar y sobre cómo desintoxiqué mi pelo.
Hace ya años que abandoné los productos convencionales para el cabello y es el momento de contar el camino que seguí para volver a tener un cabello sano y libre de tóxicos.
Si has llegado al blog porque te interesa la vida sin tóxicos te recomiendo que le eches un vistazo también a toda la información sobre protectores solares libres de tóxicos que hemos publicado en Mamá y la Tribu, por ejemplo, al post Cómo elegir un protector solar libre de tóxicos.
Ahora sí, vamos con desintoxica tu pelo que es el tema de hoy.
Mi pelo antes del cambio
Mi pelo siempre ha sido muy fino y con tendencia al encrespamiento, pero según fueron pasando los años cada vez era más difícil manejarlo y que luciese bonito. Antes de mi gran cambio mi sensación era de estancamiento, me era muy complicado encontrar un champú que me dejase el pelo aceptable, no digo ni siquiera bien, digo aceptable sin más.
Tengo que remontarme a mi adolescencia para acordarme de que alguna vez había tenido el pelo suave y manejable. Casi no me acordaba de ello, pero rescatando algunas fotos se ve sano y resplandeciente. Paradójicamente por aquel entonces apenas utilizaba productos capilares específicos, ni mascarillas ni acondicionadores.
Según abandoné la adolescencia y me vi inmersa en la edad adulta mi pelo comenzó a deteriorarse aunque apenas fuese consciente de ello. Coincidió con la etapa en la que empecé a comprar productos concretos para el cabello y opté por teñirme el pelo.
Supongo que quien tiene el pelo rizado lo quiere liso y quién lo tiene liso añora un pelo rizado. Y quienes tenemos un pelo intermedio entre ambas opciones deseamos una cosa o la otra. Yo deseaba un pelo liso, aunque mi cabello era hermoso, al igual que deseaba llevar el pelo teñido y con 18 años me teñí el pelo por primera vez.
Soy consciente de que ese fue el inicio de mi pelo intratable aunque como llegué hasta ahí me es difícil de recordar. Si sé que durante años mi pelo se encrespaba con mucha facilidad y cada vez presentaba un aspecto más frágil. Ya siendo adulta dejé de teñirme el pelo y me di cuenta de que me encantaba mi pelo oscuro, que era parte de mí y de mi personalidad.
No sé si abandonar los tintes supuso algún cambio en positivo o no pero yo no lo noté.
Mi experiencia con los champús convencionales
Como os decía mi pelo tenía un aspecto horrible y además se encrespaba todo el tiempo. Yo iba probando un producto convencional tras otro buscando el Santo Grial que le diese a mi cabello un buen aspecto. Usé todo tipo de champús convencionales con casi todas las formulaciones del mercado, para cabello fino, antiencrespamiento, para cabello seco y un largo etcétera.
Por supuesto, en aquel entonces no era una experta en mirar etiquetas. De hecho me importaban bastante poco porque lo único que leía era la información publicitaria contenida en el bote. Me guiaba por la publicidad y me creía lo que la industria me vendía como reclamo.
Si el frasco decía aceite de Jojoba yo ingenuamente creía que el producto tenía ese ingrediente en un porcentaje relevante. Más tarde me daría cuenta que el aceite de JoJoba del champú era tan insignificante como un 1%. Nadie me había explicado que existía un mundo más allá de Garnier, Llongueras o Gliss por citar algunas de las marcas que probé.
Estos champús me funcionaban una temporada pero después mi cabello volvía a presentar un aspecto descuidado y encrespado. También notaba que se me engrasaba a menudo y tenía que lavarlo con más frecuencia. Por supuesto, probé el champú en seco pensando que era la panacea. Hoy sé que lo aerosoles son muy tóxicos pero por aquel entonces tampoco lo sabía. Nadie me había contado que podía inhalar esas sustancias y que es posible que fueran compuestos persistentes que se quedasen en mi organismo acompañándome durante años.
Con el suavizante y las mascarillas me pasaba lo mismo, después de algunos meses de uso necesitaba cambiar porque el producto no cumplía con mis expectativas. En verano era una auténtica pesadilla sobre todo si iba a la piscina o estaba en una zona de playa. Mi pelo se convertía en una maraña difícil de desentrañar y lucía espantoso a todas horas. Solo lograba controlarlo con los suavizantes líquidos sin aclarado y en cantidades industriales.
También solía utilizar la plancha del pelo o el secador para que se viese más manejable. No era un abuso constante pero solía utilizarlos con bastante asiduidad, sobre todo en verano. Siempre que iba a la peluquería me daban un sinfín de consejos para cuidar mi cabello que siempre consistían en gastar más dinero y en consumir más productos con la esperanza vana de tener un cabello con buen aspecto y sano. No conseguía ninguna de las dos cosas pero seguía cual Sísifo sin plantearme nada más. Resignada a tener un pelo intratable y desde luego, siendo presa fácil del marketing de la cosmética.
El cambio
Siempre he dicho que comprar una panificadora me cambió la vida. Se que suena un poco absurdo y banal pero fue así. Mi primera toma de conciencia fue darme cuenta de que el pan que nos venden se llama pan pero de pan no tiene absolutamente nada. Se trata de un sucedáneo o una mala copia del producto real. Estaba harta del pan de gasolinera y el pan de la única panadería que había en el pueblo donde vivíamos era un pan industrial incomible.
Esa fue mi primera reflexión importante. No quería comer más ese pan. Mi primera decepción fue llegar al supermercado y encontrarme con un montón de productos panificables. ¿Para qué he comprado entonces una panificadora? Me parecía un disparate.
¿Pero esto no era un post sobre cabello? ¿Qué tiene que ver el pan con todo esto? Más de lo que puedas pensar. El pan me llevó a abrir los ojos y a descubrir que existía un mundo más allá de mi propio horizonte. Piensa que me estoy remontando unos 7 años atrás. En los supermercados solo podías encontrar harina convencional de trigo refinado y preparados para panificadora.
Volví a un sitio que no pisaba desde hacía algunos años: el herbolario. Leyendo, preguntando e investigando descubrí que existían otras variedades de trigo como la espelta y el Kamut y otras harinas como la de maíz. Ese fue mi primer acercamiento al mundo ecológico. Comencé a probar diferentes recetas y a dejarme caer cada poco tiempo por el herbolario. No sé tú, pero yo soy una persona curiosa y siempre que iba me daba una vuelta por él y acabé aficionándome a comprar algunos productos en ecológico.
Mi siguiente toma de conciencia fue con respecto a la alimentación. Ya consumíamos de vez en cuando verduras en ecológico como algo excepcional pero queríamos hacer un consumo ecológico a un 100%.
Mi embarazo
Estoy convencida de que mi hijo ha sido y es un maestro de vida para mí en todos los sentidos. Si no fuera madre es muy posible que no me hubiera interesado por estas cuestiones o que mi cambio hubiese sido mucho más tarde. El caso es que me quedé embarazada contra todo pronóstico y en lista de espera para una fecundación in vitro. A veces la naturaleza obra verdaderos milagros.
Ya consumíamos productos en ecológico pero yo seguía utilizando la misma cosmética inútil de siempre. Un buen día me pregunté que llevaban ese tipo de productos que compraba alegremente y que usaba prácticamente a diario. Y me llevé un terrible sorpresa.
Me di cuenta de que había vivido engañada, de que tenía en mi baño un montón de productos industriales de los que no sabía su procedencia, su composición o sus efectos secundarios. Sin embargo, los utilizaba con total tranquilidad, sin hacerme preguntas.
Cuando empecé a darme cuenta de la gran cantidad de productos químicos a los que nos enfrentamos a diario comprendí que había llegado el momento de prescindir de todos ellos. Y empezar de cero. Tenía una poderosa razón: mi futuro hijo que estaba gestando en aquel momento. Estaba en marcha la operación: desintoxica tu pelo.
Desintoxica tu pelo: primeros pasos
Mi primera acción fue escoger un gel de ducha y un champú ecológicos que prescindiesen de los parabenos y los PEG. Luego, mis esfuerzos se dirigieron a tratar de desintoxicar mi cabello de aquel cóctel de productos que llevaba poniendo en mi pelo desde hacía años.
Y entonces me topé con páginas en las que se hablaba abiertamente de no lavarse el pelo durante meses y años. Lo primero que pensé es que era una idea peregrina e inviable. ¿Cómo no te vas a lavar el pelo?
Antes de proseguir, me gustaría que reflexionásemos un momento. ¿qué entendemos por lavar el pelo? ¿Lavarlo con champú? ¿Limpiarlo solo con agua? Hasta entonces solo concebía lavarme el pelo con champú, mi imaginación no daba más de sí. Entonces comprendí que hay un mundo más allá.
En mi ignorancia y en mi ceguera pensaba que los productos para el cabello no solo eran una elección sino que era imprescindibles. Seguí leyendo e investigando sin ponerme en marcha y mi embarazo llegó a su fin en forma de inducción. Ya con mi bebé en brazos volví a planteármelo y esta vez decidí que sí, que lo iba a hacer.
Era principio de verano, estaba de permiso por maternidad y reducir mi tiempo bajo la ducha era una buena idea teniendo en cuenta que tenía un bebé prematuro y estaba relactando a mi bebé.
¿Cómo me lavaba el pelo?
De todo lo que había leído me decanté por la opción más radical. Usar dos productos de uso cotidiano, fácil de conseguir en cualquier supermercado y baratos: el bicarbonato de sodio y el vinagre de manzana. Había quién utilizaba uno solo, quién utilizaba los dos y quién los combinaba con otros productos naturales.
Adquirí dos botellas de plástico de las que se suele utilizar para rellenar de mayonesa o Ketchup. Las típicas que tienen un pitorro más estrecho. En la primera botella echaba un par de cucharadas de bicarbonato que disolvía en el agua y luego llenaba la botella hasta arriba.
En la segunda botella echaba un chorro de vinagre de manzana y rellenaba de agua hasta arriba. Podemos decir que la primera botella la del bicarbonato simulaba al champú y la segunda botella, el vinagre de manzana, al acondicionador.
En la ducha me mojaba el cabello y a continuación me iba echando por el cuero cabelludo el bicarbonato de sodio e iba masajeando como si estuviera lavando el pelo. Luego, aclaraba con agua tibia para que el bicarbonato se disolviese totalmente.
Con el vinagre de manzana el procedimiento era similar, solo que antes del aclarado aprovechaba para lavarme el cuerpo y luego me aclaraba del todo. Empecé lavándome el pelo cada dos o tres día pero a los meses espacie los lavados porque el pelo se veía limpio, sin engrasamiento, suelto y brillante. Hacía años que no lo tenía así.
¿Por qué Bicarbonato de sodio y Vinagre de manzana?
Tengo que decir que ambos productos los utilizo hoy en día casi a diario para diferentes usos pero por aquel entonces no se me hubiera ocurrido que sirvieran para algo más que para uso culinario. El bicarbonato de sodio es un compuesto que se extrae de la tierra en forma de mineral que tras un proceso de refinamiento se convierte en el polvo blanco que todos conocemos. Tiene importantes beneficios y ningún riesgo para la salud.
El bicarbonato de sodio es un potente antibacteriano que limpia en profundidad, en principio debería ser este el objetivo al utilizar cualquier jabón o champú. Su capacidad de limpieza lo convierte en perfecto para eliminar el exceso de productos químicos por lo que es una excelente elección para una desintoxicación profunda.
No deja ningún olor, algo que yo personalmente agradezco enormemente porque me molestan muchísimo los olores fuertes. Acaba con el exceso de grasa en el pelo, lo afirmo con conocimiento de causa, ya que lo he experimentado, mi pelo no ha vuelto a engrasarse.
Con respecto al vinagre de manzana también tiene interesantes beneficios. Ayuda a equilibrar el PH del cabello, lo que lo convierte en un excelente aliado del bicarbonato que tiende a ser alcalino. Evita que las puntas se abran y puedo dar fe de ello.
Para mí su principal beneficio es que funciona como el mejor de los acondicionadores: ayuda a mi pelo a desenredarse y lo deja brillante y sedoso. No lo he comentado antes pero mi pelo tenía mucha tendencia a enredarse conforme mi melena iba creciendo. No he vuelto a tener este problema. Y desde luego, nunca he tenido el pelo más bonito y brillante.
El resultado
Más de una persona pensará que debía parecer una ensalada andante pero no fue así. La mezcla no dejaba ningún olor y para mi sorpresa mi cabello se veía limpio. Durante las primeras semanas, que fue el tiempo que mi pelo tardó aproximadamente en desintoxicarse de las siliconas y de los productos químicos a los que lo había sometido, mi pelo lucía algo fosco y poco manejable. No obstante, no lo tenía peor de lo que lo que había tenido usando productos convencionales y para mi sorpresa el pelo se veía muy brillante, algo que ya apenas recordaba.
Desde mi experiencia y partiendo de un pelo fino, seco y encrespado tras un período en el que mi pelo era difícil de manejar, no más difícil que en la etapa previa, llegó un momento en que mi pelo recuperó la salud y volvió a ser el que un día fue.
Se volvió manejable por lo que ya no era necesario usar ni secador ni plancha para el pelo. Por supuesto, no es liso pero es que mi pelo no lo era originalmente. Puedo peinarme sin necesidad de echarme nada químico en el pelo y para mi satisfacción ya no se me enreda el pelo como antes. Claro que tengo algún enredo de de vez en cuando pero puedo peinarlo fácilmente sin necesidad de echarme un producto en el pelo y dejarlo actuar.
Mi pelo se ve radiante y brilla como nunca antes lo había hecho.
¿Sigues sin lavarte el pelo?
No, pero con matices.
Estuve lavando mi pelo solo con bicarbonato y vinagre de manzana aproximadamente un año. Un buen día me animé a echar un vistazo al mercado de los champús ecológicos. Ya sabiendo leer etiquetas y discriminando los ingredientes tóxicos de los que no lo son. Al final opté por un champú con miel y cerveza para cabello fino con una formulación muy limpia y con muy pocos ingredientes. Este champú es el que llevo utilizando desde entonces. No obstante, últimamente estoy probando el jabón sólido con el objetivo de minimizar mi consumo de plástico. Pero de esto ya os hablaré con más calma en otro post.
Con respecto al suavizante lo he eliminado de mi vida por completo. Con el vinagre de manzana no es necesario utilizarlo. No he probado nada que me deje mejor el cabello, así que para que cambiar algo que me funciona a la perfección.
Suelo lavarme una vez al mes el pelo con bicarbonato de sodio para eliminar impurezas y realizar una limpieza profunda. Si es verano y estoy en la playa o en la piscina suelo sustituir algún lavado más para evitar que el pelo sufra. Habitualmente me lavo el pelo cada 3 o 4 días pero en verano podemos estar haciéndolo a diario y esa práctica no es nada beneficiosa para el cabello. Sin embargo, el bicarbonato de sodio limpia las impurezas del mar o los productos químicos de las piscinas y es absolutamente inocuo.
Consejos si decides desintoxicar tu pelo
Te voy a dar algunos consejos si algún día te animas a desintoxicar tu pelo de productos químicos. Sea por la razón que sea te aseguro que tu cabello te lo va a agradecer seguro.
No esperes resultados milagrosos inmediatamente o en cuestión de días, cada pelo es un mundo y el grado de intoxicación o exposición a sustancias químicas es diferente en cada persona. El pelo tiene que eliminar todos esos productos indeseables y debe adaptarse a la nueva situación, concedámosle el tiempo que necesite.
Online puedes encontrar información que afirma que se puede desintoxicar el pelo de parabenos y demás sustancias químicas con un solo lavado con bicarbonato. No es cierto, no hay nada que limpie los tóxicos del pelo o de nuestro cuerpo con esa rapidez. Se trata de un proceso que lleva tiempo. Así que si te animas a llevarlo a cabo mentalízate de estar una temporada lavándote el pelo solo con estos dos ingredientes.
Tu tipo de pelo también es relevante, según como sea; fino, grueso o con tendencia a engrasarse, tu período de desintoxicación será más largo o más corto. Recuerda que no hablamos de matemáticas.
Las cantidades de bicarbonato de sodio y de vinagre de manzana que yo expongo en este post son orientativas. Saber si necesitas una cucharada de bicarbonato de sodio, dos o tres depende de tu pelo y deberás ir probando hasta dar con la cantidad adecuada para tu cabello. Con respecto al vinagre de manzana no suele dejar ningún olor pero también puedes jugar con las cantidades y ajustarlas a tus necesidades.
Otra opción un poco menos radical es al menos un día a la semana lavar el cabello con bicarbonato de sodio y vinagre de manzana. No es una desintoxicación radical pero al menos te aseguras de una limpieza profunda sin tóxicos una vez a la semana.
En próximos post te desvelaré cual es mi rutina actual para cuidar mi cabello y cuáles son las mascarillas naturales que suelo utilizar habitualmente. Espero que este post te haya sido muy útil y haya resuelto todas tus dudas. No obstante, si lo necesitas deja un comentario en el post.
Antes de irme me gustaría contarte que iniciamos un Reto para desintoxicar el cabello el próximo 24 de septiembre. El Reto, Desintoxica tu pelo en 30 días, se va a desarrollar en mi grupo de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles. Te adelanto que nos lo vamos a pasar de miedo y además vamos a eliminar los productos tóxicos de nuestro cabello. Si quieres apuntarte pide paso al grupo. ¿Te unes a nosotras?
Si te ha gustado el post, comparte, nos ayudas a crecer 🙂
Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.
Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?