Cómo cambio de hábitos

Cómo cambio de hábitos

¿Cómo cambio de hábitos? Más de una vez nos hemos hecho esta pregunta.

Si deseas escuchar este pots en vez de leerlo solo tienes que pulsar en este enlace 🙂

 

Cada nuevo año es una oportunidad para reconsiderar nuestros hábitos. No soy la única que se reactiva en enero y se propone una serie de objetivos para el año que comienza. Nos gusta la sensación de perspectiva a año vista, con 12 meses por delante para avanzar y perseguir nuestros sueños.

Abrir un nuevo ciclo y con él empezar de cero. Sin embargo, muchos de esos cambios que nos proponemos cada 1 de enero acaban por no cumplirse. Ya os contaba en este post, acaba con los enemigos de tus propósitos porque fracasamos en ello.

No es que el cambio de año sea una buena excusa, es que todos los días es una oportunidad para mejorar nuestros hábitos y nuestra salud. En realidad, el cambio de año solo es un más aliciente para ponernos en marcha, igual que los lunes por la mañana o cada primero de mes.

¿Por qué quieres cambiar de hábitos?

Pregúntate por qué quieres cambiar de hábitos. ¿Cuál es la razón que te motiva? Cada uno tiene una razón por la que hace las cosas.

¿Es nuevo año y es una costumbre anual? ¿Me siento mal? ¿Estoy enferma? ¿Hay algo que no funciona? ¿No estás a gusto contigo misma?

Cada razón es única y viene determinada por quienes somos y por nuestras circunstancias.

Si eres fumadora, el deseo de dejar de fumar estará en tu lista anual. Si has cogido peso, adelgazar seguramente sea otro objetivo. Queremos modificar algunas costumbres pero pocas veces pasan de ser un deseo marcado en un papel. Al final nos autoconvencemos de que no fumamos tanto o de que los kilos no se notan.

¿Por qué deberías cambiar de hábitos?

Consideramos normal que nos duela la cabeza o ese cansancio permanente que nos acompaña durante toda la semana. Para combatirlo consumimos cantidades ingentes de cafeína. Algunos optan por el café y llegan a consumir más de cuatro tazas diarias, más de la cantidad diaria recomendada. No nos paramos a pensar si ese hábito tendrá o no consecuencias a medio o largo plazo.

Otros optan por el té porque el café no les gusta o simplemente les sienta mal como es mi caso. Algunos se decantan por consumir Coca-Cola en cantidades industriales y se olvidan incluso de tomar agua como bebida principal. En mi entorno conozco algún caso de personas que solo toman Coca-Cola y que han tenido problemas de salud serios como un principio de diabetes tipo II.

Igual lo más sensato sería adelantar la hora en la que nos vamos a la cama, sí, ya sé que cuando somos madres tenemos infinitas cosas que hacer y que en algún momento hay que hacerlas.

Pero descansar y dormir son necesidades básicas vitales para el buen funcionamiento de nuestro cuerpo.

Posponemos consumir fruta porque es mucho más agradable consumir un postre, el envoltorio se quita más fácil y además no tenemos que hacer ningún esfuerzo en pelar absolutamente nada. “Por unas natillas no pasa nada, por un poco de helado tampoco”. Por supuesto, nuestros hijos toman nota y es muy probable que prefieran el postre dulce a la fruta.

Solo son algunos ejemplos, sabemos que son malos hábitos y que nos perjudican y eso debería ser razón suficiente para querer cambiarlos. Añado algo más para mí muy importante, el ejemplo que das a tus hijos.

Nuestros pequeños aprenden a través de nuestras acciones y no de nuestras palabras. Tus hábitos posiblemente sean sus hábitos del mañana. ¿Es lo que quieres?

Por hoy no pasa nada

Vivimos en el hoy, en el siguiente instante sin preguntarnos qué efectos tendrán sobre nuestra salud determinadas costumbres.

Queremos comer mejor pero como no tenemos un plan o una organización acabamos mal comiendo o recurriendo a la comida precocinada.

No es lo que queremos, pero por hoy no pasa nada.

Nuestro metabolismo se ralentiza con la edad y de forma paralela hacemos cada vez menos deporte. No te engañes, lavar los platos, tender la colada o barrer la casa no computan como deporte.

Entramos en un bucle peligroso: te pones a dieta cada lunes pero el miércoles ya has abandonado y así vuelta a empezar. No solo no adelgazas sino que esta situación te produce aún más ansiedad. Al final decides pasar de la dieta y posponer el objetivo para otro momento en que te encuentres con más ánimo.

¿Es lo que te habías planteado? Por supuesto que no.

¿Qué dice la ciencia?

Una investigación de la Universidad de Duke situada en Carolina del Norte y publicada en la revista Neuron afirma que nuestros hábitos producen una marca duradera en nuestros circuitos neuronales.

El neurólogo Nicole Calakos especialista en plasticidad cerebral y Henry Yin experto en modelos de conducta en animales unieron sus esfuerzos para llevar a cabo un estudio en ratones. (Sí, lo sé. Yo tampoco estoy de acuerdo con los experimentos con animales).

El objetivo era llegar a comprender de forma científica determinados hábitos dañinos como fumar, comprar compulsivamente o consumir un exceso de azúcar. Un grupo de ratones fue acostumbrado al azúcar y otro no. Al final se compararon los resultados de ambos grupos y se observó como los ratones expuestos al azúcar se habían hecho adictos a él.

Descubrieron que los ganglios basales están implicados en los comportamientos compulsivos y como estos se graban en nuestro cerebro.

Actualmente esta investigación prosigue ya que se busca como trasladar estos resultados  a los humanos sin que los ganglios basales se vean afectados. Se trata de una zona del cerebro muy compleja que está relacionada con funciones motoras, esto hace que sea difícil encontrar un fármaco que no modifique dichas funciones.

Un mundo de excusas

Alguna me diréis, ya tengo la excusa. Y posiblemente podremos aderezar ese pensamiento complaciente con evidencias como que el entorno no contribuye al cambio de hábitos. Está claro que conocer cómo funciona nuestro cerebro ayuda a entender por qué nos cuesta tanto cambiar de hábitos pero no implica que sea imposible.

Aceptamos que no todo es culpa nuestra. Pero es que además con la culpa no vamos a ninguna parte. No se trata de sentirse culpable sino de tomar las riendas.

También debemos tener en cuenta que estamos sobrexpuestos a las distracciones y a la comida 24 horas los 365 días del año. Es difícil resistirse a determinadas tentaciones culinarias y a determinados distractores que nos ayudan a sobrellevar el día a día pero que nos roban el tiempo que nos falta.

Nos quejamos de ser poco constantes, nos frustramos con nuestra falta de voluntad y queremos resultados inmediatos. Vivimos en la era de la inmediatez y todo lo queremos ya. Y el cuerpo y sus procesos son lentos y tienen su propio tempo.

Sin embargo, difícil no es imposible.

¿Por qué es tan difícil cambiar de hábitos?

El principal escollo es que no los interiorizamos, se quedan solo en la intención. Los hábitos dependen de la repetición y la constancia y para ello necesitamos tiempo y estar enfocadas.

Tenemos demasiadas cosas en la cabeza para no distraernos. Admitámoslo, vivimos más rápido de lo que podemos digerir. Así que nos encontramos con buenas intenciones que no llegan a nada.

Nuestros propósitos se diluyen en el día a día porque la rutina hace que los olvidemos y los pospongamos para mañana. Y mañana nunca llega. Sí, el próximo año con sus nuevos propósitos que son los mismos del año pasado.

El deseo jamás se convierte en ejecución y no ejecutamos porque nos falta un plan.

Unos minutos de reflexión

Regálate unos minutos de reflexión, sin duda, te los mereces.

¿Qué quieres cambiar? ¿Por qué?

Tenemos que escucharnos, entre tanto ruido de fondo, ¿Cuál es la voz que sobresale? ¿La tuya? ¿La de los demás? ¿Es tu madre? ¿Es tu pareja? ¿Son tus amigas? ¿Es la sociedad?

Escúchate y pregúntate si esos cambios los quieres tú  o los quieren los demás.

Si los cambios que queremos no salen de nosotras sino que son propósitos para los que no estemos intrínsecamente motivadas difícilmente los alcanzaremos.

En otras palabras, si quiero dejar de fumar por los demás pero no por mí, no lo lograrás. La motivación tiene que salir de nosotras. Esa es la energía que nos va a mover a cambiar y a realizar el esfuerzo que supone cambiar de hábitos.

La sinceridad con uno mismo es fundamental para enfocarnos y conectar con nuestros propósitos. Si eres tú quién lo ha decidido y estás convencida tienes el 50% hecho.

¿Cómo encajamos el cambio de hábitos en nuestra vida diaria?

Esta es la parte que convierte nuestros deseos en hechos. Tenemos que elaborar un plan, que pasos vamos a seguir para conseguirlo.

No basta con decir voy a salir a caminar o cocinaré más. ¿Qué voy a cocinar y cuándo?

Por ejemplo, he decidido que voy a salir a andar. Perfecto. Ahora vamos a encajarlo en la rutina diaria. ¿Voy a salir a andar todos los días? ¿Puedo encajarlo en mi rutina o tengo obligaciones que me impiden cumplirlo? Entonces, mejor fijar unos días a la semana en la que tus compromisos u obligaciones no te lleven a saltártelo.

Fija una hora en la que sepas que vas a cumplir. No tendría mucho sentido establecer que voy a salir a andar todos los días a las ocho de la tarde si a esa hora estoy o preparando la cena o me da mucha pereza salir porque ya es de noche durante el invierno.

¿Cuánto tiempo voy a andar?

Es muy importante marcar el tiempo. Lo recomendable sería empezar poco a poco y luego ir aumentando progresivamente. Si me pongo como meta andar dos horas todos los días no lo voy a cumplir porque después de la primera semana estaré desfondada.

Este ejemplo es perfectamente extrapolable a otras metas siempre realizando los ajustes pertinentes y siendo realistas. Por supuesto, puedes reajustar semanalmente o mensualmente lo que te ayudará a no perder la perspectiva. 

 

Y así con todos los cambios que nos propongamos. Un plan establecido, marcado y ajustable a nuestras necesidades y circunstancias personales.

¿Quieres cambiar de hábitos? Adelante. Hoy es un buen día para hacerlo. Pero hazlo por ti, toma una decisión consciente y motivada.

Y si crees que necesitas ayuda profesional para acabar con algún hábito nocivo que te resta salud, hazlo. Ganarás calidad de vida.

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