Hoy no puedo ser más directa con el título del post, vivimos una situación de Emergencia climática, un caminante blanco en tu sofá te observa desde hace mucho tiempo, aunque aún no hayas percibido su presencia. Su mensaje es claro, el tiempo se agota.

Podría ser una imagen apocalíptica sacada de cualquiera novela de ficción, incluso del universo de George R.R Martin. Sin embargo, no es ficción, sino una metáfora que ejemplifica la ignorancia tan profunda en la que naufragamos con respecto al cambio climático y a sus consecuencias.

¿El tiempo está loco o le hemos vuelto loco nosotros?

Vivimos tiempos duros en los que tan pronto graniza, truena sobre nuestras cabezas como nos asfixiamos de calor o no cae una sola gota de agua durante meses. Condenados a ahogarnos en la riada o a morirnos de la sed por la escasez de agua. Cuando parece que deja de llover llegan los mosquitos, millones de insectos que como las plagas bíblicas nos recuerdan la verdadera fragilidad del equilibrio de nuestro mundo.

En pequeños corrillos comentamos “el tiempo se ha vuelto loco” o “es esa maldita Dana que se ha desplazado y nos ha dejado con el agua al cuello”. Puede ser que nos preguntemos el por qué o qué hemos hecho para merecer esto. Y no, no es un castigo divino. El tiempo no la ha tomado con nosotros, no se ha vuelto loco de repente. Le hemos vuelto loco nosotros, con nuestro mundo desarrollado de comodidades y de crecimiento sin fin. 

Dana no es un hecho aislado o insólito, es la consecuencia de una serie de circunstancias adversas, pero por encima de todo, es fruto de una serie de decisiones inconscientes, egoístas y equivocadas. El germen de una despreocupación por la tierra y por toda vida que habite en ella. De la ingenuidad, de la codicia y de la inconsciencia, crecen y arrasan con todo fenómenos como Dana. Nos recuerdan que no somos eternos y que somos tan frágiles como una hoja mecida por el viento.

El problema de la culpa y la inconsciencia humana

Entonces, ¿es culpa nuestra? No hemos entendido nada si analizamos la situación de emergencia climática en términos de culpabilidad.

La emergencia climática no va de sentirnos culpables, no va de culpabilizarnos por lo que hacemos, por lo que no hacemos, por lo que pudimos hacer y por lo que no hicimos. La culpa no conduce a nada constructivo, solo nos lleva a la pasividad y al victimismo. Mientras siga mirándome el ombligo y sintiéndome, atacado no tomaré ninguna decisión ni asumiré ninguna responsabilidad porque toda mi energía estará concentrada en justificarme y en justificar mi estilo de vida.

No, este post no va de que sientas la culpa cristiana y te redimas, va de despertar y de abrir los ojos. Su objetivo es que reflexiones sobre el caminante blanco que tienes en tu sofá y te preguntes por qué ha llegado aquí y por qué ha venido para quedarse.

En nuestra cotidiana inconsciencia seguimos viviendo como si nada y alimentando a nuestro caminante blanco con el derroche de nuestra energía, nuestra comida desperdiciada en la basura y el agua corriendo alegremente por el grifo. Actuamos como si la crisis climática no tuviera nada que ver con nosotros, ni con nuestros hijos, como si el futuro de nuestra especie no estuviera en juego. Como si todo formará parte de una serie más de Netflix.

Aquí seguiremos despilfarrando el agua, que mientras pueda asumir la factura, aquí no ha pasado nada. En otros lugares del mundo andarán kilómetros para obtener unos pocos litros o mirarán al cielo con ansiedad pidiendo que se acabe la sequía. Aquí nos ahogamos en la tormenta, allí se mueren porque sencillamente no hay agua.

Buff, Rosa, que intensa que te has puesto…   Sí, puedo llegar a serlo a veces, pero eso no me resta razón.

La emergencia climática no espera por ti

Si, también lo sé, tienes mucho que hacer esta semana, si te cuento mi agenda y las mil cosas que tengo por hacer lloramos juntos. Ya sé que no tienes tiempo para esto. Pero, ¿sabes una cosa?, al cambio climático le importa una mierda mis compromisos y los tuyos. La emergencia climática no puede esperar a que tomes vacaciones o a que le hagas un hueco en tu apretada agenda.

Cuando el futuro está en juego y no queda tiempo ya para más excusas, es el momento de actuar y de tomar la iniciativa, pero parece que la mayoría de los adultos estamos demasiado concentrados en programar nuestras próximas vacaciones que en reaccionar ante la crisis climática.

Mientras nuestro mundo cómodo y fácil no se vea afectado, no tomaremos ninguna medida que sirva para protegernos del caminante blanco que alimentas cada día. ¿Nos enseñaron a pensar en la escuela o aprendimos antes a comprar a plazos?

Resulta sorprendente que sean nuestros hijos los que hayan tomado el mando y digan alto y claro que si no hacemos nada el futuro estará comprometido para siempre. Mientras Greta Thunberg habla de pánico y de su incredulidad ante la pasividad de los adultos, nosotros planificamos nuestro próximo contaminante vuelo y nos parecerá encima que es demasiado caro.

Greta Thunberg, una adolescente incómoda y comprometida

¿Una sola adolescente tiene tanto poder para agitar a las masas? ¿es todo un invento del sistema? Mientras más crece su fama, arrecían las críticas cada vez con más fuerza. Hay que matar al mensajero, no sea que volvamos a poner en marcha el pensamiento, en vez de comprar y tirar.

La verdad es que no importa, no tiene ninguna importancia si Greta Thunberg es o no una activista de verdad. Resulta desgarrador escucharla, porque pone en el dedo en la llaga, donde más nos duele como sociedad. Cuestiona nuestro sistema de crecimiento desmedido con una lucidez escalofriante.

Dispara directamente al caminante blanco que acechaba en las sombras y nos lo pone ante los ojos con toda su crudeza: “Nos encontramos a las puertas de una extinción masiva. Y ustedes de lo único que hablan es de dinero. Y nos cuentan cuentos de hadas sobre crecimiento económico perpetuo”.

Por supuesto, ser mujer y activista son características que ciertos sectores de la sociedad no le van a perdonar. Greta Thunberg es criticada, vapuleada y ninguneada en memes, artículos de prensa y en redes sociales. No obstante, no tiene ningún valor ni es valiente escudriñar al detalle a una adolescente sin hacer un ejercicio mínimo de autocrítica.

Adultos que critican sin ningún pudor, que ven la paja en el ojo ajeno pero que son incapaces de ver la viga en sus propios ojos. Criticar es muy fácil, solo hace falta una buena dosis de mala leche, tiempo vacío y un sitio inútil (vale una red social) para compartirlo o vomitarlo según se miré.

Al final como adultos nos pone nerviosos que una niña nos ponga la cara colorada y nos saque los colores. Es la conciencia llamando a nuestra puerta. Nuestros hijos han abierto los ojos y esa es una gran noticia. Nos demandan un cambio y por primera vez nos piden que les escuchemos. “papá suelta el móvil, que tengo algo importante que decirte

Agitan nuestra conciencia y nos animan a actuar, así que bienvenida sea Greta y todas las que la sigan. No obstante, sería faltar a la verdad, no reparar en que hay quién lleva décadas denunciando la degradación de nuestro planeta y no ha sido escuchado. La emergencia climática no es algo del 2019, es un problema que lleva mucho tiempo con nosotros, el caminante blanco es casi como de tu familia.

Estamos hartos de promesas y de acuerdos vacíos

Podemos discutir y votar dieciocho veces este año y seguirán los políticos sin asumir el compromiso de luchar contra el cambio climático. Pero luchar no es hacerse una foto poniendo su mejor perfil, ni ofrecer bonitos y vacíos discursos ante las masas. Implica ofrecer un programa y unas acciones que verdaderamente vayan enfocadas a ese objetivo y no tengan como finalidad maquillar la realidad.

¿Algún partido político plantea alguna solución? No, ninguno. Porque esta cuestión no interesa al Ibex 35, ni cotiza en bolsa, ni sirve para especular con bienes de primera necesidad.

Somos muchos los que estamos hartos de promesas, de protocolos vacíos y de acuerdos que no se cumplen. Se llama Greta y tiene 16 años, podría llamarse Helen o María y tener 50 años y vivir en cualquier otro lugar del mundo. No obstante, no hablaríamos de emergencia climática si se hubieran cumplido las promesas y los pactos firmados.

Lo más preocupante de todo no es que no se hayan cumplido es que la situación ha empeorado, a pesar de los focos, las ruedas de prensa, los acuerdos y todas las mentiras firmadas una y otra vez para calmar a los ecologistas y a parte de la opinión pública. En otras palabras, nos han tomado el pelo y seguirán haciéndolo si no tomamos medidas y les exigimos un compromiso real. 

Se firmaron acuerdos con la finalidad de reducir el CO2 que lanzamos a la atmósfera, sin embargo, no sólo ha aumentado, sino que hoy hablamos de cifras de récord ¿Cómo es posible?

El CO2 irreversible e insostenible

El 11 de mayo de 2019 será recordado como el día que lanzamos 415 partes por millón de dióxido de carbono a la atmósfera. Dicho así, no significa nada porque ni tú ni yo sabemos que son las partes por millón y para qué sirven. Ahora si te digo que el límite para no entrar en una situación insostenible e irreversible está en 350 PPM probablemente empieces a preocuparte tanto como yo.

Los hemos superado en 65 partes por millón, aproximadamente en un 19%. Pero no se trata de una cifra aislada, sino que la tendencia es al aumento desde el año 2014 en que superamos los 400 PPM. ¿Todavía te sorprende que tu hijo tenga una enfermedad respiratoria? ¿Qué haya gente que muera por problemas respiratorios?  ¿Qué sufras una alergia que no se sabe de dónde viene ni por qué?

No es la única mala noticia, un informe de la Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas (IPBES) de la ONU alertaba esta pasada primavera de la extinción masiva de especies, llegándose ya a hablar de la sexta extinción masiva de la biodiversidad.

No, no es momento de quedarse cómodamente en el sillón exterminando a las avispas que se cuelan en tu casa con insecticida. Claro que las mata, matan su vida y la tuya, aunque eso ingenuamente aún no lo sepas. Posiblemente ese día faltases al colegio o tocaba clase de economía, pero las avispas son polinizadores y son necesarias para la vida.

Dos noticias aún peores sobre la emergencia climática

1) El Panel de Científicos de la ONU, el IPCC, hace un año, octubre de 2018, nos lanzaba un ultimátum: tenemos 12 años por delante para revertir la crisis climática o los cambios serán irreversibles (posiblemente estábamos tan ocupados viendo una serie de HBO que ni nos enteramos)

2) Investigadores de la Universidad de Stanford alertan de que el cambio climático va a un ritmo vertiginoso, a una velocidad tan disparatada como no ha ido cualquier otro cambio climático precedente.

Son malas noticias, son tan malas que no sé cómo no te has levantado del sofá y has salido a gritar a la ventana o te has propuesto estrangular a tu caminante blanco antes de que él te estrangule a ti. Y podría seguir dando datos, como que el Amazonas se incendia para poder ampliar la zona de cultivo de la soja que comen las vacas que comemos en Europa, las vacas se alimentan de grano transgénico, el pulmón del planeta se muere y unos pocos hacen un negocio redondo. También puede contarte que el Ártico se derrite, su grosor ha disminuido en un 40% en las últimas décadas.

Hace dos días el IPCC, el panel de científicos de la ONU volvía a publicar sus conclusiones sobre el deshielo a un extremo y al otro del planeta. Su dictamen es claro y contundente, el nivel de mar va a seguir aumentando, al igual que la temperatura de los mares. Esto significa que los fenómenos meteorológicos extremos van a ser aún más habituales. No será la última vez que la gota fría se traslade al centro de la península ni de que suframos inundaciones, sequias, huracanes o incendios descontrolados.

En estado de emergencia climática

Bienvenido, al mundo que nos espera.

Ni tú ni yo podemos detener solos el cambio climático, ni revertir una situación de por sí muy compleja. Sin embargo, podemos y debemos adoptar un compromiso con nuestros hijos y con las generaciones futuras. Si podemos alto y claro exigir respuestas y soluciones a los que tienen el poder de decidir sobre nuestras vidas.

Podemos y debemos despertar del letargo y mirar a los ojos al caminante blanco que se ha sentado silencioso en nuestro sofá. No obstante, el cambio no llegará si no me cuestiono mi estilo de vida, si no hago ningún esfuerzo por reducir mi huella de carbono, si no cambio mi forma de consumir, si no educo a mis hijos en el cuidado y respeto por la naturaleza, si no entiendo que está todo interrelacionado y que lo que sucede al otro lado del planeta es tan importante como lo que sucede aquí.  

Solo por hoy prueba a preguntarte de dónde vienen los tomates que compraste ayer, con que alimentaron a la carne que estás cocinando para la cena o cuántos kilómetros hicieron los últimos pantalones que compraste en el Corte Inglés. Solo por hoy piensa en lo que puedes hacer y no haces para revertir esta situación de emergencia climática.

Y no, por favor, no lo pospongas para mañana, el planeta no puede esperar más. Lo que está en juego es demasiado valioso como para dejarlo para mañana.  Mañana será demasiado tarde.  

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