Empodérate para vivir tu maternidad con libertad y consciencia.

Porque empoderarse es tomar las riendas de tu vida, tomar tus propias decisiones y mantenerte firme en aquello que crees sin que te importen las opiniones de otras personas.

Personas que, aunque sean muy cercanas, creen saber cómo debes educar o criar a tu hijo sin comprender que esa es tu labor y que la ejercerás con responsabilidad.

Reivindica el derecho que tienes de hacer las cosas como tú consideres mejor, que para eso eres la madre de esa criatura.

Ten confianza, la maternidad es un instinto muy arraigado en nuestra naturaleza.

Sabemos ser madres, pero queremos vivir ese rol a nuestra manera o desde nuestra filosofía de vida.

Porque tú y sólo tú conoces a tu hijo y sabes cuáles son sus necesidades.

Empoderarse para escuchar aquello que creas valioso y desechar aquello que consideres que no se ajusta a lo que quieres para vosotros. Porque aunque todas las opiniones son respetables, no todas tienen el mismo valor e incluso algunas vienen a minar tu confianza o a crearte incertidumbre.

Empoderarte para pegarle un corte a aquellas personas que se inmiscuyen en tu labor como madre y que creen que necesitas que te guíen:

Es que eres muy joven,

yo he criado tres hijos,

así se ha hecho toda la vida.

Pues no, no necesito opiniones gratuitas que no he pedido. Muchas gracias.

Empoderarte para hacer oídos sordos a los comentarios impertinentes que tratan de socavar tu confianza. Aquellas personas que siembran dudas con comentarios como:

No tienes suficiente leche,

Tu leche no alimenta,

El niño se queda con hambre,

¿Otra vez le vas a dar de comer?

Aunque sean personas muy queridas de tu entorno, no tienen un  máster en lactancia y desconocen cómo funciona.

Empoderarte para hacer oídos sordos a aquellos que opinan, sin tener ni idea y sin que les hayas dado pie a ello, pero que te dirán con cierto aire mandón que estás malcriando a tu hijo:

No le cojas que se acostumbrará a los brazos,

Te tiene tomada la medida,

Está muy mal acostumbrado,

Es un egoísta.

Por favor, ¡hablamos de bebés!

Empoderarse para enfrentarse a profesionales que tienen muy poco tacto y que por no reconocer que han cometido un error te toman por tonta y tratan de convencerte de cualquier cosa.

Soy madre primeriza, no imbécil.

El mundo está lleno de malas determinaciones tomadas por terceras personas. Toma tus propias decisiones, que tus equivocaciones sean tuyas no de tu pediatra o de la enfermera de turno.

Empoderarse para no hacer caso de las críticas y que nos resbalen. Críticas por no hacer lo que la sociedad o tu entorno espera que hagas:

¡Cómo no le vas a dar puré al niño!,

No practiques colecho que es antinatural y le crearás un trauma,

No le lleves cargado que te harás polvo la espalda,

Pásalo a su habitación cuanto antes

y un largo etcétera de recomendaciones basadas en una crianza que tú no has elegido.

Empodérate y no admitas que te llamen vaga, en el caso de que hayas tenido la oportunidad de tomarte una excedencia. No tienes porqué justificar ante nadie que has optado por retrasar el momento de incorporarte al trabajo para poder dedicarle esos meses de exclusividad a tu hijo. Más de una persona te dirá:

Menudas vacaciones que te vas a pegar, Vaya excusa para no currar,

o comentarios a tu pareja del tipo: No se vaya a acostumbrar.

No lo permitas.

Desde luego, resulta muy ofensivo. Porque esa decisión la tomas pensando únicamente en tu hijo y en el vínculo que quieres establecer y mantener con él. Comprarte un coche nuevo o costearte unas vacaciones en el Caribe no suscita tanta controversia.

Empoderarte para no escuchar esos mensajes del pasado que han calado tan hondo que parecen ser dogma de fe:

El pecho se da cada tres horas y no más de diez minutos,

Los niños duermen a los seis meses del tirón,

Tiene que aprender a dormirse solo,

No le consueles cuando llora que te está manipulando,

Este niño tiene vicio con la teta,

y un suma y sigue de consejos que nunca pediste.

Empoderarte para no permitir que nadie deje llorar a tu hijo: Los niños necesitan llorar, les ayuda a ensanchar sus pulmones.

Pues no, no lo voy a tolerar. Nunca dejaré llorar a mi hijo.

Si los adultos necesitan consuelo cuando lloran no entiendo por qué debemos negárselo a un niño. Ten valor para enfrentarte a esos comentarios desafortunados y escucha lo que tu instinto de madre te dice.

Empoderarte con la finalidad de que tu pequeño o pequeña sea respetado como el ser humano que es.

Defiende sus derechos y no permitas que otras personas le obliguen a hacer lo que no quiere, como dar besos si no le apetece o comer algo que sabes que no le gusta.

Tu hijo es un ser humano libre y, no por ser niño, tiene amputada la voluntad.

Defiéndelo.

Empodérate y pide respeto por el estilo de familia que has elegido. Que nadie tiene por qué cuestionar o criticar. Hablar desde la ignorancia es deporte nacional y de niños, hasta el frutero parece saber más que tú.

Y desde luego, no puedes contentar a todo el mundo, no lo olvides.

Empoderarte para pensar por ti misma como quieres afrontar la educación de tu hijo, estar preparada para equivocarte, para rectificar si es necesario, para adaptarte a cada nueva situación y para aprender de tu pequeño, porque ellos nos dan verdaderas lecciones de vida.

En definitiva, empodérate y ponte el mundo por montera.

La maternidad no es fácil pero es tu camino y tú decides cómo transitarlo, si con un montón de ruido a tu alrededor o con la tranquilidad de hacer lo que tú y tu pareja habéis consensuado y decidido en cada momento.

Pero por encima de todo disfruta, disfruta y disfruta de ser madre, de cada instante porque el tiempo pasa muy rápido y antes de que te des cuenta tu pequeño habrá crecido.

Cada etapa pasada no vuelve.

Y recuerda, el pequeño de hoy será el adulto de mañana.

Cuídalo como el más preciado tesoro.

Y tú, ¿te sientes empoderada?

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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?

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