Lactancia materna un principio de vida justo

Lactancia materna un principio de vida justo

Lactancia materna un principio de vida justo es el titulo que he decidido elegir para este post que trata sobre la lactancia materna desde un punto vista cultural y biológico. Estamos en plena semana mundial de la lactancia (se celebra entre los días 1 y 7 de agosto) y como otros años Mamá y la Tribu se une a esta festividad en el blog y en redes sociales.

Esta edición tiene como lema la lactancia materna como pilar de la vida. Un titulo de lo más sugerente para enmarcar la lactancia materna como un bien común que hay que fomentar y que hay que proteger. Cada uno desde su trinchera y con las armas que tiene a su disposición, en mi caso la palabra y la acción.

Un comienzo de vida justo

La lactancia materna está estrechamente ligada a la la nutrición, a la seguridad alimentaria y a la reducción de la pobreza y así lo defienden los organismos internacionales que promueven esta festividad. Se trata de reivindicar la lactancia materna como un agente de salud no solo para los bebés sino también para sus madres.

Tanto Unicef como la OMS defienden que todos los niños deberían tener un comienzo de vida justo, independientemente del lugar en el que nazcan y del nivel económico de sus padres. ¿Qué significa la justicia en un mundo tan desigual y tan globalizado como el nuestro?

Hasta al lugar más escondido del mundo han llegado las multinacionales de la nutrición infantil con su producto estrella, la leche de fórmula, socavando la confianza de aquellas mujeres que dan el pecho por cultura y también por cuestiones económicas. Todavía colea el escándalo de Nestlé en África aunque hayan pasado décadas desde ese atropello y esa infamia contra la soberanía alimentaria de los pueblos.

Si hablamos de lactancia materna hablamos precisamente de salud y de prevención de la mortalidad infantil. Pero no solo en el tercer mundo sino también en nuestro mundo perfecto e industrializado donde la leche de fórmula puede adquirirse en cualquier parte y a cualquier hora.

En un mundo menos globalizado y donde no hubiésemos perdido la capacidad de amamantar de forma instintiva y cultural no sería necesario defender la lactancia de ningún otro estímulo externo. La leche de fórmula no sería un problema, sería una opción minoritaria e irrelevante.

El marketing de la industria y sus consecuencias

Si nos ponemos a hablar de beneficios de lactancia materna más de una madre desconectará aburrida de escuchar el mismo discurso siempre. Parece que los que apoyamos la lactancia defendiésemos siempre las mismas ideas contra viento y marea. Si a esto le sumamos la enorme presión que sentimos las mujeres por amamantar o por no hacerlo, nos quedamos tan solo en lo cultural y nos olvidamos de la explicación biológica y fisiológica. Por qué y para qué amamantamos a nuestros hijos.

Todavía hay quién equipara la lactancia materna con la leche de fórmula sobre todo si hablamos de mujeres que tuvieron hijos entre la década de los 70 y los 80. Yo misma tengo amigas que no fueron amamantadas por sus madres sino que tomaron biberón desde el principio.

El marketing hizo un gran trabajo para convencer a todas aquellas madres de que su pecho no alimentaba y que lo mejor era un suplemento, una leche diseñada en un laboratorio. Una leche que saciaba a sus bebé y que les permitía ausentarse para ir a trabajar o para cumplir con otras obligaciones no remuneradas.

Todavía puedo escuchar a mi madre decir que en los setenta había una leche buenísima que traían de Alemania. Mis padres tuvieron cuatro hijos y a excepción de mi hermano que lactó hasta los dos años, nosotras tomamos leche materna aproximadamente unos seis meses. Después esa «maravillosa leche de fórmula» diseñada en un país más civilizado que el nuestro se convirtió en la leche adecuada para nosotras.

La lactancia materna y el conflicto generacional

Hoy mi madre es abuela, al igual que otras mujeres que tuvieron hijos durante esos años. Estas abuelas se sienten en ocasiones en evidencia cuando sus hijas optan por amamantar a sus hijos. Algunas sencillamente no lo entienden, con «lo fácil y seguro que es un dar un biberón«. Cuando aparece la primera dificultad son las que recomiendan con total tranquilidad y convencimiento que lo mejor es suplementar o abandonar el pecho directamente.

Pero muchas de nosotras no queremos renunciar al pecho aunque el camino pueda ser a veces difícil o complicado. El mundo no se ha hecho para las madres lactantes ni para sus bebés: jornadas de trabajo maratonianas, cero conciliación, soledad, obligaciones sin fin, y un largo etcétera. 

Se abre una brecha generacional que muchas veces genera tensión e incomprensión entre madres e hijas. La madre se siente atacada porque no dio el pecho en su día y siente que su hija se lo reprocha con su deseo de lactar. La hija se siente presionada a abandonar la lactancia por su madre que parece no entender lo importante y vital que puede ser para ella.

La disputa teta-biberón siempre es cultural

La disputa teta-biberón siempre es cultural, depende del lugar en el que vives y de las mujeres que forman tu entorno más cercano. En el tiempo que llevo acompañando a mamás como Asesora de Lactancia (ya más de un año) me he encontrado con muchas mujeres que no han visto amamantar jamás porque nadie en su familia ha dado el pecho a sus hijos. Esto rompe de raíz con un comportamiento biológico que llevamos practicando durante millones de años. Nunca antes habíamos alimentado a nuestros bebés con la leche de otro mamífero. 

La ausencia de mujeres lactantes en el entorno genera una enorme inseguridad en la madre primeriza que no tiene ningún referente al que consultar o en el que buscar apoyo. Las que nos dedicamos a promover la lactancia sabemos que las madres que dan el pecho necesitan una potente red de apoyo a su alrededor para sacar adelante sus lactancias. Nunca deberíamos infravalorar el enorme valor que tiene el apoyo y la tribu de mujeres para cualquier madre.

La evidencia científica sobre la lactancia materna

Hoy existe evidencia científica y demostrada de que la leche de fórmula no puede equiparse a la leche materna. Esto es independiente del hecho de poder o no amamantar y de los sentimientos encontrados que esto provoque en nosotras.

No obstante, la lactancia no es solo un fenómeno cultural sino también biológico algo que solemos olvidar con facilidad. Biológicamente nuestro bebé es un mamífero y se comporta como tal. Ser mamífero significa ser poseedor o portador de mamas capaces de alimentar a los cachorros con la leche segregada de sus glándulas mamarias. Pero de esto no se acuerda la publicidad cuando los pechos de las mujeres son un reclamo publicitario y sexualizado para vender un coche o anunciar un frasco de perfume.

La leche materna es el alimento pensado y diseñado biológicamente para alimentar al cachorro humano, por tanto, ninguna leche de fórmula puede igualarla. Ninguna leche artificial puede suministrar al bebé los inmunomodulares que su sistema inmunitario precisa. En otras palabras, la leche materna es la vacuna más potente que existe y no puede ser replicada en un laboratorio por mucho que la ciencia avance o por mucho que se enriquezca la leche materna con lo que sea. Todo lo demás es tapar el sol con un dedo.

Lo que espera el bebé biológicamente

No solo la leche materna es el alimento perfecto para el bebé es que además el niño espera ser amamantado por su progenitora, está programado para ello. Nace con la impronta de succionar, otra cuestión es que las interferencias, los partos prematuros y demás inconvenientes impidan que el bebé lo haga en la ventana de oportunidad que se abre inmediatamente después del nacimiento.

Debemos tener en cuenta que todos nosotros somos parientes de un antepasado común que vivió hace 3500 millones de años y que amamantaba a sus crías. Por tanto, no somos tan diferentes del gatito recién nacido que busca el pecho de su madre al nacer o del bebé canguro.

Nosotros somos una especie altricial, nacemos inmaduros y indefensos. Esto implica que necesitamos del cuidado de nuestra madre o de una figura de apego las 24 horas del día para sobrevivir. La supervivencia del recién nacido depende del cuidado de su madre durante años, hasta que el niño puede valerse por sí mismo y aún así seguirá necesitándola en el transcurso de su vida.

Tener un buen vínculo con mamá, que sea sólido y poderoso, se consolida en esos primeros meses en los que la madre e hijo comienzan a conocerse y la lactancia refuerza ese vínculo de forma extraordinaria.

La lactancia materna un legado ancestral

Durante millones de años las madres parían sin necesidad de acudir al hospital ni de recurrir a instrumental de última generación. Existe la evidencia de que de no ser así nos habríamos extinguido como especie. Las madres parían y amamantaban a sus hijos con el apoyo de la tribu, las mujeres de la familia.

Una niña veía amamantar a menudo a su madre, a sus hermanas, a sus tías y cuando pasaba por un parto y recibía en sus brazos a su hijo recién nacido sabía perfectamente lo que tenía que hacer porque lo había visto cientos de veces. Esta madre no dudaba, no se comía la cabeza por si su hijo subía de peso o no lo hacía, tan solo daba acceso al pecho al bebé mientras ella se ocupaba de sus obligaciones dentro de su comunidad.

La lactancia no era una opción, era la única opción. Cuando los niños no podían alimentarse del pecho de su madre porque está moría en el parto o enfermaba de gravedad otra mujer de su entorno asumía el rol de amamantar y lo amamantaba hasta que era necesario. Posiblemente era la abuela, una hermana o una mujer de la comunidad que estuviese dando el pecho a su bebé en ese momento.

Las investigaciones en Atapuerca han demostrado que las mujeres prehistóricas daban el pecho a sus niños hasta los 3 o 4 años, se cree que para prevenir el raquitismo aunque ellos desconocieran por completo que era esta enfermedad. En el yacimiento se han estudiado con detenimiento los esqueletos de los niños enterrados allí y se ha determinado que algunos de ellos sufrían esta patología.

¿Cómo pudieron adivinar entonces que el raquitismo se podía revertir con la lactancia materna? Posiblemente con el método más antiguo, el del ensayo y error. La mera observación y la comparación eran los únicos métodos disponibles para determinarlo. Ya en la prehistoria se tenía constancia de que la lactancia materna protegía al bebé de las enfermedades más comunes.

¿Cuándo la lactancia materna se convirtió en un negocio?

Por desgracia, muy temprano. La lactancia dejó de ser algo biológico para ser cultural y comenzó la alejamiento entre madre e hijo.

Nos tenemos que remontar a la Babilonia del año 1800 A.C para encontrar las primeras regulaciones por escrito sobre las amas de cría que amamantaban a bebés por dinero. En el Código de Hammurabi se establece que las nodrizas deben amamantar mínimo dos años y hasta un máximo de 4 años a estos bebés y recibir una compensación económica por este trabajo. Lo más llamativo de la regulación de trabajo no es la regulación en sí misma, sino la normalización de una práctica que debía llevar produciéndose durante muchos siglos. El Código tan solo regulariza una situación ya existente, no la crea.

En la Antigua Grecia y Roma las nodrizas amamantaban a los hijos de los clases pudientes por un sueldo que cobraba el marido de estas mujeres para compensar las molestias que este hecho pudiese causar en su matrimonio. Ser ama de cría aumentaba considerablemente los ingresos de una familia y podía ser la fuente de sustento de la misma.

La lactancia materna es cosa de pobres

Según avanzan los siglos las amas de cría siguen estando presentes aunque se alternan épocas en las que las madres amamantan a sus bebés con otras en las que los niños pasan directamente al cuidado de la nodriza. Se podía dar la paradoja de que una ama de cría amamantase a los hijos de una familia poderosa y tuviese que dejar a su bebé lactante a cargo de otra persona porque necesitaba trabajar para mantener económicamente a su familia.

En caso de enfermedad o de epidemia su hijo biológico tenía más papeletas para enfermar de gravedad o morir que el niño al que amamantaba día y noche. Cabe preguntarse cuál era la salud mental de estas mujeres que podían amamantar durante muchos años niños ajenos. ¿Sufrirían agitación?

Dentro de las clases altas estaba mal visto amamantar, para eso estaban las nodrizas. Todavía hoy en algunas culturas o comunidades existe aún esta creencia de que solo las mujeres pobres amamantan a sus hijos. Prejuicios que la era moderna ha conseguido perpetuar con sus campañas de marketing, sus leches enriquecidas con todo lo posible e imaginable y con el beneplácito de los gobiernos que no han puesto coto a este abuso y a esta mentira.

Cuando las mujeres inmigrantes llegan a Europa muchas de ellas adoptan un estilo de vida occidental y dentro de este nuevo estilo de vida se opta  por la leche artificial. Se considera que dar el pecho es algo innecesario o algo atrasado y que lo moderno y lo europeo es no amamantar a nuestros hijos. Cabe preguntarse qué información se suministra a estas madres y cómo se combaten determinadas creencias.

La premisa inicial: un principio justo para todos los bebés 

Volvemos a la premisa inicial, un comienzo de vida justo independientemente del lugar en el que se nazca y del nivel económico de sus padres. Unas aspiraciones idílicas en un mundo donde los conflictos armados impiden que los bebés tengan un comienzo de vida justo y donde las madres cuanto más bajo es su nivel educativo más posibilidades tienen de ser engañadas por la industria alimentaria.

Cabe preguntarse si es una falta de compromiso o una omisión de los gobiernos no apoyar la lactancia materna y que conflictos de intereses están en juego. La industria de la alimentación infantil es muy poderosa, sus tentáculos se extienden por todo el mundo y no tienen ningún pudor en regalar sus productos en comunidades empobrecidas para hacer a estas madres dependientes de ellos. Por supuesto, este tipo de prácticas tienen un coste en vidas humanas, en niños que no llegan a cumplir su primer año de vida o que enferman de gravedad. La lactancia materna también plantea un problema ético aunque nosotros en Europa tengamos la sensación de que esto no nos afecta.

Otra cuestión es tener toda la información disponible y que una madre desde su libertad personal decida no dar el pecho y optar por la leche de fórmula. Es su decisión y debe ser respetada. Por supuesto, la distancia entre dar el pecho y dar leche artificial es un largo camino lleno de grises y vivencias personales que muestran las dificultades a las que nos enfrentamos las mujeres en el siglo XXI.

Yo misma tuve problemas para dar el pecho a mi bebé desde un principio y había leído todo lo posible sobre la lactancia materna. Creía llegar con información suficiente al parto y me encontré con una situación que no esperaba. Por supuesto, pedí ayuda y finalmente conseguí dar lactancia materna a mi bebé, en el post, Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer, cuento con detalle como fueron mis difíciles inicios con la lactancia y como logramos superarlos.

Así que mira a tu alrededor, en tu centro de salud, en tu pueblo, en tu lugar de trabajo o en cualquier lugar  cercano a donde vives hay una madre desinformada que ha elegido la lactancia artificial por desconocimiento de su capacidad de amamantar o porque no ha encontrado a nadie que la ayude con las dificultades que puedan derivarse de la lactancia y aquí es donde tiene que llegar nuestra ayuda.

La lactancia materna es el pilar de la vida, es el único pilar capaz de proporcionar en sí mismo todo los nutrientes y las necesidades de afecto y seguridad que un recién nacido necesita. 

Y desde Mamá y la Tribu seguiremos defendiendo la lactancia materna, seguiremos contribuyendo y apoyando a toda madre que decida dar el pecho ya sea con suplemento, sin él o en diferido. Ofreciendo información veraz y contrastada. Promoviendo una red de apoyo que te sostenga, porque queremos que nunca más te sientas sola.

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