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¡Mírame ahora!

Con estas palabras se dirige Kate Winslet a su viejo profesor de teatro. Estamos en la entrega de los premios BAFTA, gala en la que acaba de ser premiada como mejor actriz de reparto. Se trata de un nuevo galardón en su fructífera carrera.

 Más de 20 años separan esta declaración de principios, de la afirmación condescendiente de su profesor: A lo mejor, te irá bien haciendo papeles de gordita.

Quiero pensar que no fue un comentario malintencionado, sino que desde su visión obtusa y convencional, su profesor de teatro consideró que su enorme talento no sería suficiente para triunfar.

Cuantas veces alguien nos ha transmitido sus creencias limitantes y sus prejuicios más rancios, siempre desde la buena intención y buscando darnos un buen consejo, que la mayor parte de las veces no hemos pedido.

El recordar más de veinte años después, un incidente así, me lleva a reflexionar que las ideas que los demás proyectan sobre nosotros tienen más importancia de lo que parece. Tanto si esas ideas son positivas o negativas.

Antes de ser profesora estuve trabajando como formadora en la empresa privada. Mi cometido era formar a los aspirantes para atender al teléfono en unas estresante plataforma de seguros. El día antes de incorporarse a la plantilla y empezar el trabajo, les daba una charla en la que les decía que lo iban a hacer muy bien y que pasarían el período de prueba. Sobre todo les recalcaba lo muchísimo que confiaba en ellos.

Este gesto que parece intranscendente cobraba una gran importancia porque funcionaba: los nuevos compañeros mostraban una mayor confianza en sí mismos y la mayoría, por no decir todos, conseguían pasar el período de prueba.

Sin saberlo estaba aplicando el efecto pigmalión o la profecía autocumplida, tuve que esperar a iniciar mis estudios de psicología (estudios que algún día retomaré) para poner nombre a algo que yo hacía intuitivamente.

El efecto Pigmalión tiene sus antecedentes en la mitología griega, fue recuperado por la literatura en El pigmalión de George Bernard Shaw y convertido en musical en Mi fair lady.

Pero, ¿en qué consiste?

Se trata del fenómeno por el cual cuánta mayor es la expectativa depositada en una persona mejor rendimiento obtendrá. O dicho de otra manera, las expectativas que tenemos sobre otras personas tienden a cumplirse.

En el segunda mitad del siglo XX fue aplicado a la docencia con estupendos resultados. Los alumnos obtenían mejores calificaciones cuando se esperaba más de ellos, o lo que es lo mismo, cuando el docente mostraba que confiaba en las aptitudes del estudiante.

Cuando era adolescente tuve una época muy rebelde en la que no estaba dispuesta a escuchar a nadie y en la que abandoné mis estudios. Sin embargo, mi profesor de inglés, que luego se convirtió en el jefe de estudios, siempre creyó en mí. No dejaba de decirme lo inteligente y lo creativa que era. En muchos momentos me he acordado de él, porque yo años después, elegí la docencia también como profesión (¡Quién lo hubiera dicho en aquella época!). Y he hecho exactamente lo mismo con mis alumnos: creer en ellos.

Los chicos tienen un enorme talento, sin embargo la escuela suele silenciar esas capacidades por el bien de la ficticia homogeneidad. La profecía autocumplida es especialmente cruel con aquellos alumnos con malos resultados académicos.

Una de las primeras medidas que empleo cuando imparto clase a un grupo de Compensación Educativa es trabajar su autoestima, porque la tienen por los suelos. No se quieren a sí mismos, porque alguien en su entorno, les dijo que eran unos inútiles.

¿Cómo van a llegar a amar a otro ser humano si no se quieren a sí mismos?

Es un trabajo muy duro pero muy gratificante. Porque estos alumnos salen adelante y un día vuelven a aprobar, o aprenden a dividir con dos cifras. Y un buen día te dan las gracias, porque creíste en ellos. En estos casos, el efecto pigmalión se pone al servicio de un buena causa.

Sin embargo, en muchas otras ocasiones, se emplea la profecía autocumplida de forma negativa para matar la creatividad y la autoestima. De tanto repetir las cosas, uno acaba creyéndolas, y es más, termina por responder a esas expectativas.

Si tú le dices a alguien reiteradamente que es un inepto, se acabará comportando como tal.

Por todo ello, debemos ser especialmente cuidadosos con los mensajes que les transmitimos a nuestros hijos. Porque sin darnos cuenta podemos estar condicionando negativamente su conducta. ¿Para qué me voy a esforzar si no lo voy a hacer bien?

Desgraciadamente, todavía escucharé a más de un padre decir que su hijo no sirve para nada, a un compañero, que ese chico es un caso perdido o a sus amigos que es tonto. Y el chaval lo creerá.

Comentarios que son muy parecidos a los que su viejo profesor le dijo a Kate Winslet. Sin embargo, ella, se rebeló contra la profecía autocumplida. No le hizo caso y continuó su camino.

Y demostró que el mundo es para los que tienen fe en sí mismos y para los que no se rinden.

Para aquellos que no se ponen límites y caminan dando pequeños pasos hacia metas imposibles.

Su inspirador discurso no te lo puedes perder, aquí te lo dejo.

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