Por qué no voy a comprar en el Black Friday, hoy en el blog te doy todas mis razones por las que he decidido no participar de este evento ni cómo consumidor ni cómo vendedor de mis talleres.
Probablemente este sea uno de los post más incómodos que he escrito en este blog. Y es más que probable que algunas personas se sientan incómodas con él. Lo entiendo. Pero siempre he sido sincera en este espacio y he expuesto mis opiniones con respeto y con contundencia.
Estoy harta del Black Friday
Necesitaba decirlo, estoy harta del Black Friday y de todo lo que representa para un planeta que se muere y que agoniza por un modelo económico negligente y despiadado.
Lo siento, no me gusta el tipo de cliente que promueve, complaciente y con una capacidad crítica nula. Tampoco me gusta como salen paradas las pequeñas marcas o los artesanos que son presionados para bajar sus precios y que en muchos casos pierden dinero con este evento.
Pienso que nuestra sociedad consumista circula en piloto automático hacia el desastre medioambiental y que este tipo de eventos cada vez más comunes aceleran ese proceso de desgaste.
Las fiestas consumistas se multiplican
En los últimos años las festividades o eventos relacionadas con el consumo no han dejado de crecer. Cada año se inventan una nueva fiesta absurda e inútil que añadir a la lista de días con el objetivo de incitarnos a comprar. El más reciente ha sido el día del soltero que tuvo lugar el 11 de noviembre, aquí lo de menos es si estás soltero o felizmente casado, lo importante es gastar por gastar.
Aunque la gran fiesta de los precios es el Black Friday seguido del el Cyber Monday dos eventos separados por dos días. Muy hábil, ¿verdad? Si aún no has pulverizado la tarjeta de crédito el fin de semana, el lunes sin duda todavía puedes darlo todo y comprar a crédito hasta el próximo noviembre.
Por supuesto, la fiesta cada vez empieza a antes, es el preblackfriday que se traduce en todo un noviembre dándote el coñazo para que compres. ¿El qué? No importa, ni siquiera si lo necesitas o no.
Cuando abro el correo me inundan un sinfín de emails con tipo de propuestas incitándome a comprar sin límite incluso empresas a las que no he cedido mis datos voluntariamente. Por si fuera poco, ahora también te ofrecen productos peregrinos a través de mensajes de móvil, desde el Messenger de Facebook y desde cualquier lugar susceptible de alojar publicidad.
No ha llegado aún el Black Friday, pero semanas antes ya estoy saturada. Me siento sobrexpuesta a una fiesta de los precios a la que me han invitado a la fuerza y que cada vez me produce más rechazo.
Cuando lo importante se olvida
Siento que como sociedad entramos en la histeria colectiva. Por un lado, los que venden ofreciendo descuentos incluso por cortarte el pelo y en muchos casos perdiendo dinero por una práctica que les han vendido también a ellos que será beneficiosa para su negocio.
En el otro lado, los clientes con la tarjeta de crédito preparada para fundirla en unas horas y entrar en números rojos. No importa que el mes que viene no lleguen a fin de mes, las ofertas son tan buenas que es imposible resistirse a ellas. La sobreestimulación es constante y te sientes una extraterrestre si decides pasar de esta fiebre y no gastar un euro.
En medio el tumulto y del ruido que hace la publicidad olvidamos lo importante, que estamos en una emergencia climática. Una situación más dañina que la COVID-19, pero de la que por desgracia nadie se acuerda.
Arrasamos centros comerciales o tiendas online con la despreocupación del que tiene a su disposición recursos ilimitados y eternos. No es que necesitemos unas gafas de aumento es que estamos ciegos y perdidos ante un gigante que nos roba nuestro dinero y nuestro tiempo.
¿Entonces no apoyas a los autónomos? ¿Y al pequeño comercio?
Al margen de la demagogia, comprar o no comprar en el Black Friday no implica que apoyes o no a los autónomos o a las pequeñas empresas. Tienes 364 días más para comprarles al precio al que habitualmente venden sus productos. Desde luego, como vendedor no me gustaría tener un cliente que no me compra nada durante todo el año y solo lo hace cuando mis márgenes de beneficio son ridículos o directamente no existen.
Creo que el Black Friday no solo engaña a los consumidores, sino también a esos autónomos a los que ha prometido duplicar sus ingresos.
El Black Friday solo beneficia a las grandes corporaciones
No será como será en todos los sectores, así que voy a hablar directamente de lo que conozco. Desde mi experiencia muchos artesanos o pequeñas marcas bajan los precios para poder competir con las grandes empresas con la diferencia de que las grandes corporaciones manejan enormes márgenes de beneficio y grandes facilidades para compensar una oferta o un descuento con otros productos.
No es la situación de un pequeño comercio que tiene unos márgenes de beneficio muy limitados y que cuando baja precios en muchas ocasiones sacrifica su propio margen con tal de conseguir una venta.
He conocido a autónomos y artesanos que bajaban los precios por la presión ejercida por el mercado, no porque fuese beneficioso para su negocio. En ocasiones han vendido su producto tan por debajo de su precio que han perdido dinero. ¿De verdad les beneficia el Black Friday? En absoluto.
Por no hablar de clientes acostumbrados al descuento que escriben a la pequeña empresa exigiendo una rebaja del 40% como hace la competencia. He conocido a artesanas a las que directamente las han llamado tacañas o egoístas por no sumarse al Black Friday. ¿Desde cuándo es una obligación participar?
Un consumidor ciego y despreocupado
No, no me gusta ese tipo de cliente que compra solo seducido por el precio y que vive por y para el descuento. No lo quiero y desde luego, no es el tipo de cliente al que me gustaría dirigirme. Este tipo de eventos globales fomentan un tipo de cliente que solo mira el precio y que no se cuestiona nada más, un cliente complaciente y ciego.
No se pregunta de dónde viene el artículo, no se pregunta cuál es su materia prima, no se pregunta cuántos kilómetros ha viajado el producto hasta llegar a él, no se plantea quién lo elaboró y en qué condiciones, no se preocupa por su huella de carbono y lo peor de todo no le importa lo más mínimo.
¿Por qué? Porque solo compra para satisfacer una necesidad insatisfecha, porqué necesita un chute dopaminérgico como lo necesita el que consume su chute de cocaína. Poseer un objeto, comprar una ganga, rebuscar en un stand, ir de tienda en tienda. Es una forma de llenar vacíos emocionales y de olvidarnos de que tenemos una vida que vivir.
Por supuesto, al obtener el objeto corre a exponerlo públicamente en cualquier red social. Eso es parte del placer de comprarlo, aunque nunca lo utilice y pase toda su vida en un cajón. Lo importante es poseer, tanto tienes tanto vales. Aunque de lo que presumas sea algo tan ridículo como haber comprado un objeto inútil, pero barato, a 5.99.
Cuando solo hay una perspectiva: la económica
Todo este tinglado está pensado desde un solo punto de vista, el económico. Solo se aspira al crecimiento sea como sea y a costa de lo que sea. Y nos convencen de que lo ideal es estrenar un bolso nuevo cada semana o un teléfono móvil cada año, mientras nuestros océanos se llenan de basura y la vida de los océanos se apaga lentamente.
¿Y si necesito un objeto tampoco compro?
Lo hablaba hace unos días con unas compañeras de trabajo. Si necesitas un objeto de verdad y lo ibas a comprar de todos modos no te voy a decir que lo compres dentro de una semana al doble de su precio. Así formulado no parece muy inteligente. Pero, ¿de verdad son tan grandes los descuentos? ¿De verdad merece la pena adelantar una compra? Pues no sé hasta que punto.
Sí sé que la OCU lleva publicando desde hace años un informe donde señala qué empresas hacen descuentos y de cuánto es. En el último análisis de 2019 descubrieron los siguiente: Sólo el 17% de los productos está rebajado, un 54% tiene el mismo precio que tenía hace unas semanas y 1 de cada 3 está más caro que hace 30 días. Sí, lo he escrito bien. 1 de cada 3 productos se vende más caro.
Así que resulta que ni los descuentos son tan grandes como se venden y, (¡Qué sorpresa!), muchas grandes superficies suben los precios semanas antes para bajarlos cuando llega el Black Friday y que parezca que han hecho un descuentazo. Cosas del marketing.
No, este post no va de no compres si has decidido hacerlo. Es tu decisión y eres libre de hacer lo que creas conveniente y no te juzgo por ello. Es un artículo en el que expreso mi opinión personal y mi hartazgo con este evento. No obstante, mi intención va un poco más más allá busco tu reflexión.
Te propongo un ejercicio práctico
Supongamos que quieres comprar unos pantalones rebajados al 50%, antes costaban 39,80 y ahora puedes comprarlos por 19,90. ¿Te has preguntado si valen realmente 39,8? Probablemente no, porque estés siendo seducida por el cartel de 50%. ¿Has mirado la calidad del producto?
Muchos productos que aparecen rebajados en estas fechas realmente no lo están. Han sido confeccionados por y para el Black Friday. Ni su calidad ni su materia prima valen 40 euros. Pero no lo sabes, porque existe un placer dopaminérgico en comprar algo rebajado y sentirnos más listos que la multinacional que nos los vende.
Siento ser yo quien te lo diga, pero la banca nunca pierde, aunque parezca que sí. Los productos rebajados tienen también su letra pequeña.
Volviendo a los pantalones en oferta, con total seguridad se confeccionaron a más de 2000 kilómetros y es posible que el algodón o el tejido del que esté creado viniera también de muy lejos. Probablemente la persona que lo tejió sobreviva con menos de un dólar al día y que trabaje doce horas para malvivir en unas condiciones deplorables. Si esa trabajadora cobrase un sueldo digno, el pantalón encarecería su precio, o dicho de otra forma, ya no sería tan escandalosamente barato.
Si además sumamos la huella de carbono real de esos pantalones que han recorrido más kilómetros de los que tú recorrerás en toda tu vida, el coste también subiría considerablemente. Su coste real no son los 19,90 que vas a pagar por ellos. Su coste real debería ser aproximadamente 100 euros. Si costase 100 euros no podrías comprarlo, es lo que te costarían 5 pantalones a 19,90.
Las compras y la obsolescencia programada
Ahora extrapola los pantalones a cualquier objeto que puedas comprar y consumir rápidamente. Primero fue la comida rápida, esa comida llena de grasa y de dudosa calidad la que se impuso. Poco después la moda rápida cogió el relevo y así casi cualquier objeto que puedas comprar hoy en día. Es mucho más barato comprar un objeto nuevo que reparar el que ya tienes. Esto tiene un nombre desde los años 30 del siglo pasado: obsolescencia programada.
Los unicornios dorados y el crecimiento ilimitado
Y diréis, ¿Cuál es el problema? Muy simple, que esa fantasía de unicornios dorados que dice que el crecimiento será ilimitado que hay recursos para todos y que estos serán infinitos por los siglos de los siglos es una mentira tan grande que ya nos estalla en la cara.
Nuestro modelo económico basado en el consumismo no es sostenible, ni inteligente ni sensato. No lleva al desastre irremediablemente. Hoy sabemos que la industria de la moda es una de las que más contaminan el planeta. Y sin embargo, se sigue alentando a la gente a que renueve la ropa de su armario cada temporada o incluso cada semana.
Cada prenda u objeto que se vende tiene una huella de carbono, que es lo mismo como no decir nada. Cuando digo huella de carbono me estoy refiriendo a lo que contaminan los objetos que adquirimos. Una huella de carbono que no es de nadie, pero a todos nos compete por igual. Como es de todos y de nadie, pues no importa. Es algo difuso, pero tan real como nuestra existencia.
Vivimos en un mismo planeta y hasta dónde sé no tenemos posibilidad de emigrar a otro. Este es nuestro mundo y si seguimos consumiendo de forma irresponsable y absurda estamos condenados a extinguirnos como especie.
No, no me gusta el Black Friday, ni lo que implica: gastar sin motivo y porqué sí. En un mundo en el que cada uno de nosotros deberíamos reflexionar sobre qué consumimos y sobre cómo lo consumimos y las implicaciones tiene para la vida en este planeta.
Una simple camiseta, parece banal y no lo es. Encierra una profundidad que nos cuesta percibir. Nuestras decisiones de compra importan y tienen un impacto a nivel global. Así que ya sabéis por qué no voy a comprar en el Black Friday . Hoy celebraré mi día sin compras como hice también el año pasado y el anterior. Sé que es una gota de agua en el océano, pero si más personas se conciencian y comienzan a pensar en otro modelo de consumo más responsable y más consciente podremos influir en otras personas de nuestros entorno y poco a poco cambiar el mundo.
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Comparto contigo el fondo. Vivimos en una sociedad consumista donde las grandes marcas nos incitan a comprar más y más. Donde el Big Data ha tomado el control y se han adueñado de nuestras redes sociales para ofrecernos constantemente productos que saben que nos interesan. No obstante yo si he comprado en Black Friday. Adelanto siempre mis compras de Navidad a estas fechas, y realmente ahorro dinero. En mi ciudad el comercio ha estado cerrado y solo al minorista les han permito abrir para el Black Friday con lo que gracias a esta campaña las tiendas de mi ciudad se han dinamizado que falta les hacía. Como todo en esta vida nada es en términos absolutos bueno o malo, y para todo hay que utilizar el sentido común.
Hola, totalmente de acuerdo mas sabiendo que la mayoría de los artículos los suben de precio un mes antes para rebajarlos en al black friday, hace mucho tiempo que evito todos estos días, si necesito compro, pero por que sí nunca. Muy interesante tu artículo, mucho. Besos.
Hola!
Mi opinión sobre el blackfryday es clara: es un timo. Me pasa como a ti, me saturo desde octubre viendo anuncios. Es horroroso. Además he comprobado que en las grandes superficies aumentan el precio del producto sin descuento. Eso hace que un descuento real de 5 euros a simple vista se convierta en uno de 30… Los pequeños comercios no pueden competir con esto…
¡Hola!
Aquí otra que se ha resistido, bueno llevo tiempo haciéndolo, a comprar nada por el Black Friday.
El otro día hablando precisamente de eso con una amiga que tiene una librería, me comentó que le habían preguntado porque no se sumaba a esa moda de los descuentos. Y su respuesta fue rotunda. Tenemos poco margen de beneficio, las grandes cadenas nos ahogan, y al final mi negocio está enfocado para la gente que valora los libros, y que comprende que cada ejemplar tiene un coste, es decir, que valora el trabajo del escritor y a su vez apuesta por un trato personalizado y no por ser un número de comanda.
Y por otro lado está, y muy bien nos lo has contado con el ejemplo de los pantalones, que estoy totalmente convencida de que hay un juego con los precios brutal.
Al final nos hacen ver lo que ellos quieren, sin más, pro no hablar de las cosas inútiles que muchos compran por el simple hecho de ser una ganga.
Besotes
Sí hija, verdad verdadera…..se puede decir más alto, pero no más claro.
Yo tampoco compro en black friday, ni en cibermonday ni mierdas….jajajajajaj, partiendo de la premisa de que los precios los suben el día antes (comprobadísimo!!!), no pienso caer…
Y el apoyo a pequeño y mediano comercio hay que hacerlo día a día, no sólo un día o dos al año…
En fin. Completamente de acuerdo contigo!
Mil besos
Hola
No puedo estar más de acuerdo con lo que comentas. Yo no compré nada entre otras cosas porque no me hacía falta nada. Comprar por comprar es tontería y menos por lo que tu dices, acabas comprando en grandes empresas como Amazon… Así que lo siento mucho pero este año no han podido contar conmigo ;):
Besotes
Ya era hora que alguien lo plasmara y lo escribiera bien escrito. Yo no necesito tantas cosas, comprar tanto, consumir tanto… No me hace más rica, sino más pobre porque tengo tantas cosas que no aprovechan… Yo también estoy cansada de tantas fechas inventadas y creadas para el consumismo.
Un saludo
Reconozco que esta vez sí he comprado, aunque otros años había resistido. Siempre teniendo en cuenta el detalle que cuentas, que no lo hubieran subido antes para venderlo como rebajado, así que he conseguido cosillas a buen precio, el ahorro es real, pero con tanto bombardeo hay que tener cabeza para no dejarse la tarjeta ese mes (porque al final es casi el mes entero de ofertas),bss!
Hola guapa
Pues no podría estar más de acuerdo con todo lo que comentas
Creo que el black friday solo apoya a las grandes empresas y apooyandolo solo acabaremos con el pequeño comercio…
Ojala mas gente pensara así!
Un besazo