como saber si mi hijo sufre acoso

No puedo decírselo, ¿qué van a pensar de mí?… Que soy tonta… Que no sé defenderme… Sé que están enfadados conmigo porque he suspendido matemáticas y sociales. Me castigaron estas navidades sin salir y casi les doy un beso de la alegría, porque no quiero salir de casa. Hoy tuve un ataque de ansiedad en clase de química. Por supuesto, el grupito de siempre, se reía. Se burlaban mientras yo no podía respirar. Últimamente siento que me ahogo, como si no dejase de tragar agua. Me hundo, como cuando atas a un objeto un montón de piedras y esperas pacientemente que se hunda en el fondo del mar. No quiero que llegue mañana porque otra vez volverá a repetirse lo mismo, una y otra vez. ¿Es qué nunca se cansan? Me gustaría echar a correr, ser por un rato invisible o simplemente desaparecer.

Este pequeño fragmento trata de reproducir los sentimientos de un niño acosado. Es ficticio, pero los sentimientos y emociones expresados en él son reales. Son los mismos que muchos chicos sufren en silencio porque no se atreven a contarlo o porque cuando lo hacen, se encuentran en el desamparo más absoluto.

El acoso escolar es una de las mayores preocupaciones de los padres. Si realizamos en Internet la siguiente búsqueda: «cómo detectar que mi hijo sufre acoso escolar«, aparecen 63.900 resultados. Ante semejante aluvión de datos cabe preguntarse si los padres están de verdad informados y si es un tema del que se habla con franqueza. A algunos padres les preocupa que su hijo no sea acosado pero les importa poco si es un espectador pasivo o si él es un agente implicado en una situación de acoso.

¿Pero qué es el acoso? ¿Por qué se produce?

El acoso escolar, también denominado Bullying,  puede definirse según la Fiscalía General del Estado, como una conducta de persecución física y o psicológica que un alumno ejerce sobre otro al que escoge como víctima de sus burlas o ataques. La persecución puede consistir en amenazas, insultos, vejaciones, burlas, agresiones físicas o el aislamiento deliberado de la víctima.

Una característica muy importante es que existe un desequilibrio de poder entre el acosador y el acosado, es decir, no están en igualdad de condiciones. Una serie de circunstancias como la propia presión del grupo, la edad de los acosadores, la popularidad del acosador o la discapacidad de acosado favorecen el abuso de poder.

El acoso escolar es una conducta continuada en el tiempo que puede durar incluso años. Si no somos hábiles en detectarlo y se cronifica en el tiempo, puede dejar secuelas importantes en los menores acosados.

Es un tema muy serio, el hostigamiento es consciente e intencionado por parte del acosador que sabe perfectamente que hace daño. Precisamente eso es lo que busca: dañar.

Desgraciadamente el acoso sigue siendo un tema tabú en nuestra sociedad. La vergüenza, el qué dirán o una mal entendida idea de lo que son juegos de niños, minimizan una situación muy grave que puede derivar en una agresión física o en un intento de suicidio en casos extremos. Precisamente son estos casos los que saltan a la prensa, los más extremos.

El acoso produce un enorme desamparo en los menores que lo padecen, por ello debemos estar concienciados y tener herramientas que nos permitan afrontarlo de una forma adecuada y tajante desde todos los frentes: padres, profesores y alumnos.

La gran pregunta es, ¿qué podemos hacer? ¿Cómo podemos detectar que nuestro hijo sufre acoso escolar?

A continuación te voy a dar una serie de indicadores que pueden ayudarte a sospechar si tu pequeño puede estar sufriéndolo.

1.- Un repentino cambio de carácter

Es una de las señales más llamativas. A ningún padre que conozca a su hijo se le debería pasar por alto determinados comportamientos. Si tu hijo hasta ahora ha sido un chico alegre y de pronto se siente triste y taciturno, pregúntate por qué.

Estos cambios pueden ser confundidos por los progenitores por las variaciones típicas de la adolescencia. Sin embargo, si no indagamos es posible que nos estemos perdiendo algo. Por ello, ante cualquier cambio repentino en la personalidad de nuestro hijo, debemos preguntar e indagar.

No nos dejemos convencer con la primera excusa.

2.- No quiere hablar

No quiere hablar del instituto ni de sus compañeros. Parece que nunca tiene nada que contar.

El silencio es un lugar muy cómodo donde esconderse cuando uno no quiere comunicar. Sin embargo, el silencio comunica y puede ser muy escandaloso.  Si hasta ahora tu hijo siempre te ha contado las cosas y ahora esquiva tus preguntas o te contesta con monosílabos, es evidente que algo pasa.

3.- Irritabilidad

De repente, está enfadado con el mundo. Se siente irritado y contesta mal cuando se le habla o se le pregunta. Puede incluso manifestar alguna conducta autodestructiva.

Te lo está diciendo, literalmente, a gritos.

4.- Falta a clase

El absentismo puede ocultar su miedo a ir al centro escolar.

Las faltas llegarán a través de mensajes de texto o llamadas del centro. Tu hijo tratará de justificar las faltas aludiendo a pretextos como: me he dormido, no oí el despertador, me sentía enfermo,  he dormido muy mal,  estoy cansado, creía que nos íbamos de excursión y no me apetecía y un largo etcétera de excusas de dudosa credibilidad.

Las faltas de asistencia reiteradas en un alumno que hasta ahora no ha faltado nunca son una señal de alarma, clarísima, sufra o no acoso.

5.- Odia el instituto

Claro que los chicos pueden percibir el colegio como una cárcel si se sienten inadaptados dentro de él.

Sin embargo, resulta muy chocante que un niño que hasta ahora ha disfrutado del colegio y que siempre ha ido con buena disposición de repente se niegue a ir. Es una razón lo suficientemente potente como para averiguar el porqué.

6.- Se muestra muy distraído

Los profesores se quejan de que apenas presta atención o participa en clase. En casa sus padres también perciben a su hijo distraído, con la mente en otra parte.

Puede que pierda objetos de valor con demasiada frecuencia y además no da una explicación convincente de cómo los perdió. Un móvil roto o una prenda deteriorada nos pueden poner sobre aviso.

Claro que no todos los chicos distraídos sufren acoso, pero si no es una característica del carácter de tu hijo, merece la pena investigar sus reiterados despistes.

7.- Sus notas caen en picado

A algunos padres suelen preocuparles mucho las notas, yo diría que demasiado. Sin embargo, prestan poca atención a cómo se sienten sus hijos, sus emociones están siempre en un segundo plano. Si algo le está pasando y no sé siente bien no puede rendir en los estudios.

Que un buen estudiante empiece a suspender sin razón aparente es muy relevante, habría que buscar el porqué y no machacarle por los resultados. Agobiar al chico con castigos por los suspensos solo agrava el problema de fondo y añade más presión.

8.- Desmotivación

De pronto nada le interesa, solo quiere estar en su habitación. Ya no quiere ir a sus clases extraescolares y su deporte favorito ha perdido el atractivo. Lo que antes le apasionaba ahora le aburre o no parece interesarle.

Por supuesto que los chicos pasan por épocas en las que puede ser habitual cierta desmotivación. Pero una falta de interés por absolutamente todo es una señal de alarma muy clara.

9.- Aislamiento

Llega el fin de semana y se queda en casa viendo la televisión. De repente, no quiere quedar con los amigos. Ya no le llaman por teléfono o vienen a buscarle la tarde de los sábados.

Lo que no te cuenta es que tiene miedo de salir a la calle.

10.- Se pone enfermo constantemente

Un chico que sufre un acoso continuado en el tiempo puede llegar a enfermar debido a la ansiedad que le produce enfrentarse diariamente a sus acosadores. Por esa razón, tenderá a somatizar.

Las alteraciones pueden ir variando y nos pueden llevar a sospechar. Entre los síntomas más comunes y que debemos escuchar están:

– Dolores de cabeza.

– Insomnio

– Malestar al levantarse por las mañanas.

– Problemas gastrointestinales, como dolores de estómago, vómitos, diarrea o inapetencia.

Debemos ser conscientes de que no está fingiendo, realmentemente se siente muy mal.

11.- Tiene ansiedad

De pronto, siente que se asfixia. Se queja de opresión en el pecho, sufre palpitaciones y temblores. Se marea con frecuencia.

Son datos que revelan que algo grave está sucediendo. La ansiedad siempre la provoca alguien o algo. Es una llamada de auxilio directa.

Independientemente de que tu hijo sufra acoso o no, la ansiedad es un síntoma lo bastante grave como para tomar medidas y tratar de detectar por todos los medios qué le provoca ese trastorno.

Estas señales pueden darse todas juntas o solo algunas.

Por supuesto, que también pueden relacionarse con algún otro conflicto o problemática adolescente. Sin embargo, son indicios que nos pueden poner sobre la pista a padres y educadores.

La observación,  el conocimiento y el diálogo son tres poderosas armas que podemos y debemos utilizar a nuestro favor. Si creas un clima de confianza y respeto es muy probable que tu hijo se abra y te cuente qué está pasando. Pero si no lo hace contigo, es posible que lo haga con algún otro miembro de la familia.

Lo importante es destaparlo, ponerle nombre y buscar soluciones lo antes posible.

Así que abre bien los ojos y escucha.

 

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