Una Navidad Laica o los orígenes de la Navidad

Una Navidad Laica o los orígenes de la Navidad

Ya está aquí la Navidad de nuevo, cita anual con el gasto desmedido y la eterna sonrisa navideña de postal. Sin embargo, este año estoy dispuesta a disfrutar de la Navidad de verdad desde una perspectiva más amplia. Los que seguís este blog desde hace dos años sabéis que no me gusta la Navidad, siempre estoy con lo mismo. Parezco el Grinch navideño.

Mis sentimientos encontrados con respecto a estas fiestas son un tema recurrente para mí. Me producen un sentimiento agridulce. Por un lado, hay algunas cosas que me gustan como reunirnos para cenar todos juntos; por el otro, me producen una sensación de tristeza y desazón que no sé explicar.

Tanta felicidad artificial de supermercado me produce un gran rechazo. Esa imposición de paz y amor con calzador me incomoda, como si no pudiéramos ser felices en otra época del año o solamente la solidaridad y la cordialidad fuera patrimonio de las fiestas navideñas.

Por no hablar de la locura consumista, eso de ir a cualquier parte y que esté todo lleno a las 10 de la mañana. ¿Dónde está esta gente el resto del año?

¿Por qué tan pocas ganas de Navidad?

Tras mucho reflexionar sobre mis pocas ganas de Navidad me di cuenta de que era un tema de conciencia. No sé vosotros pero yo no sé vivir dando la espalda a lo que siento, me produce una enorme incomodidad. Comprendí que los hábitos adquiridos durante una vida a veces pueden pesar más que la coherencia.

Porque al final lo que subyace a este desagrado navideño es una mera cuestión de coherencia. Y sentía que estaba siendo incoherente.

Aunque crecí siendo educada en la religión católica, en un momento determinado perdí la fe, mi madre aún no se explica cómo pudo pasar. Tras una crisis existencial en la adolescencia dejé de creer. Me convertí en agnóstica.

Para quién no lo sepa un agnóstico es aquel que no niega la existencia de Dios, pero considera que el conocimiento de Dios es inaccesible al hombre. En otras palabras, no niega que exista un Dios pero tampoco lo afirma.

Por cuestiones del amor uní mi vida a una persona atea, aquel que sí niega la existencia de Dios y de cualquier tipo de divinidad. Mi agnosticismo y su ateísmo no eran un problema cuando no teníamos hijos.

No obstante, al ser padres la cuestión cambia totalmente. Debes decidir cómo vas a educar a tu hijo. Desde el principio tuvimos claro que le daríamos una educación laica. ¿Qué hacemos entonces con la Navidad que es una festividad religiosa?

¿Cómo llegamos a la Navidad Laica?

Desde el pensamiento más ateo alguien me dirá que directamente dejemos de celebrar esta fiesta y se acabó. Sin embargo, no es tan fácil tomar esa decisión y tampoco siento que esté acorde con nuestros deseos. ¿De verdad esta fiesta es religiosa? ¿Lo fue siempre?

Nuestro hijo tiene ya dos años y medio y empieza a enterarse de qué va todo este asunto aunque todavía sea pronto para explicaciones largas y detalladas. ¿Qué hacer entonces?

¿Obviamos la Navidad y no celebramos nada o tratamos de integrarla en nuestro estilo de vida? Tras mucho darle vueltas decidimos optar por la segunda opción.

Los dos vivimos la Navidad muy intensamente cuando éramos niños y  no queríamos que nuestro pequeño perdiera esa magia. También hay otra cuestión importante y es que en nuestro entorno familiar la Navidad sigue celebrándose. Para mi madre y mis hermanas la Navidad sigue siendo un tiempo muy especial en el que compartir y disfrutar. Por nada del mundo quisiera hacerles sentir mal con mis dudas y mis malestares.

Pero tampoco quiero vivir de espaldas a mis sentimientos, así que tras mucho hablar y debatir tomamos la decisión de celebrar una Navidad laica. Aunque el concepto suena horrible, también para mí, quiere decir que podemos celebrar la Navidad sin ser creyentes y disfrutarla. ¿Cómo llegar a eso sin entrar en conflicto con nuestras creencias?

Entendiendo que la Navidad es cultura de nuestro país y que es patrimonio de occidente al igual que lo es Anfiteatro de Mérida. Implica vivir la Navidad desde una perspectiva más amplia y conectada con la historia, las costumbres y la tradición.

Así que hice lo que más me gusta, ponerme a investigar. Me puse a buscar información sobre los orígenes de la Navidad y lo que representa, y un enorme abanico de perspectivas se abrió ante mis ojos. Algunas cosas ya las sabía  otras las fui aprendiendo por el camino.

Soy una apasionada del mundo grecolatino y de las grandes civilizaciones de la antigüedad. Me fascinan por completo. Es una parte de la historia de la que sabemos muy poco pero que me resulta apasionante sobre todo porque estoy convencida de que no eran tan distintos a nosotros.

En la antigüedad clásica ya existía la Navidad, tan solo que entonces no se llamaba como ahora. En la Europa de antes de Cristo se celebraba el solsticio de invierno, que daba lugar, dependiendo del lugar de origen, a una celebración o a otra.

¿Qué es el solsticio de invierno?

Marca el día más corto del año o lo que es lo mismo, el día con menos horas de luz anual en el hemisferio norte. La tierra se encuentra más inclinada con respecto al astro rey y recibe menos luz solar. El solsticio suele estar situado el 21 de diciembre que también indica el comienzo del invierno.

Y digo suele porque es entre el 21 de diciembre y el 23 de diciembre cuando tiene lugar la noche más larga del año. A partir de entonces empezaremos a recuperar muy lentamente minutos de sol cada día. En el hemisferio sur se produce precisamente lo contrario, esta fecha anuncia la llegada del verano y la noche más corta del año.

Las Saturnalias

El solsticio marcaba el inicio de numerosas fiestas paganas por todo el planeta. Una de las más famosas y origen de nuestra Navidad judeocristiana son las Saturnalias romanas. Tenían lugar entre el 17 de diciembre y el 23 de diciembre y honraban al Dios Saturno.

Eran unas fiestas en las que probablemente se conmemorase el fin de los trabajo en el campo y de la siembra. Cabe pensar que era el momento propicio para sacrificar a los animales ya que alimentarlos durante el invierno constituía un esfuerzo extra que la economía familiar no podía sostener.

Era por tanto, un tiempo de descanso y de ocio muy propicia a la fiesta y a la veneración de los dioses. Se cerraban los comercios, las escuelas, la vida pública se paralizaba para dar lugar a la fiesta. Incluso los esclavos tenían días libres y podían disfrutar de una libertad que les estaba vetada el resto del año.

Los habitantes del imperio también se hacían pequeños regalos como sacos llenos de nueces, velas o muñecos de arcilla. Que marcaba una época más distendida lo demuestra el que a veces, se hiciesen regalos de broma que suscitaban la burla de sus más allegados.

El culto al Dios Invictus

Sin embargo, la romana era una sociedad politeísta en la que creían en diferentes dioses, por ello no es extraño que a finales del siglo I d.C adopten un nuevo Dios, Mitra. El culto a este Dios de origen persa tenía una antigüedad en aquel momento de más de mil años.

La festividad tenía lugar entre el  24 y el 25 de diciembre, se celebraba el dies natalis invicti solis que se traduce al castellano como día del nacimiento del sol invencible.

El sol triunfa sobre las tinieblas, ya que a partir de ese momento el astro rey comienza a ganar minutos a la oscuridad. Mitra se convirtió en una de las religiones más importantes de Roma, sobre todo entre los soldados.

En Mitra se hallan concentradas algunas características similares a las que encontramos en el cristianismo: Mitra estaba situado entre el bien y el mal y funcionaba como un mediador que procuraba mantener la armonía del mundo; había venido al mundo para redimir a los hombres de sus pecados; había nacido de una madre virgen, en una cueva y había sido adorado por magos y pastores; Tras ser perseguido y asesinado había resucitado al tercer día;

No me negaréis que existen muchas semejanzas entre sí.

¿Cuándo el solsticio de invierno se convierte en Navidad?

El emperador Constantino, el Grande sube al trono en el año 306, siete años más tarde convierte el Cristianismo en la religión oficial del Imperio.

Cabe pensar que el emperador fuese seguidor de los cristianos desde antes, sin embargo, como jefe militar que era, rendía culto a Mitra. Se convierte al cristianismo tras una visión en la que se le aparece una cruz y una voz que le dice “con este signo vencerás”. Y no se equivocó porque venció.

Fuese la visión verdadera o no, le interesaba convertir al cristianismo en religión oficial del imperio ya que sus seguidores eran mayoría dentro del estado. No obstante aún no se prohíben el resto de cultos, para ello tenemos que esperar al año 391.

Poco antes de su muerte el emperador en colaboración con el Papa Julio I sustituye las fiestas paganas por celebraciones cristianas. Así en el año 336 aparece por primera vez la Navidad el 25 de diciembre como festividad romana.

Debemos tener en cuenta que los cultos paganos llevaban celebrándose durante siglos y eran costumbres muy arraigadas dentro del Imperio. La prohibición o tratar de acabar con ellas por la fuerza era muy posible que no surtiese efecto. Por tanto, se procede a la adaptación al cristianismo de todas aquellas fiestas de origen pagano, como la fiesta de Mitra o las saturnales que pasan a convertirse en los carnavales.

A día de hoy esta sustitución que llevó a cabo el Imperio Romano es pública, en 2009 el papa Benedicto XVI afirmó lo siguiente: “La navidad asumió una forma definitiva en el siglo IV cuando tomó el lugar de la fiesta romana del Sol invictus”.

¿Entonces Jesús no nació el 24 de diciembre?

Es muy posible que no. Es más, muchas investigaciones indican que tampoco nació en el año cero de nuestra era. Pero vamos por partes.

En los evangelios no aparece el 24 de diciembre como fecha de nacimiento de Cristo. Ciertos datos que aparecen en las escrituras indican que es muy posible que naciese entre mayo y octubre, en época seca.

Poco antes de su nacimiento, César Augusto obliga a sus habitantes a censarse en su ciudad de origen, eso implicaba viajar desde  las aldeas a los núcleos urbanos más grandes para cumplir el mandato. Era imposible que en época invernal la gente iniciase ese largo viaje ya que los inviernos eran especialmente crudos, con nevadas y  temperaturas por debajo de los cero grados. Tiene sentido pensar que el censo se realizase en una época con un clima más propicio.

En la Biblia también se hace referencia a los rebaños de ovejas que pastaban en el campo. Era imposible que el 24 de diciembre el ganado estuviese suelto por los prados, ya que la época de pasto tenía lugar entre finales de marzo y mediados de noviembre.

¿Nació Jesús de Nazareth en el año cero?

Parece ser que no.

Antes de adoptar el calendario cristiano nuestro calendario era el romano que comenzaba con la fundación de Roma. Será Dionisio, el Exiguo, quien romperá con este calendario y propondrá un calendario nuevo basado en el nacimiento de Cristo.

En primer lugar fija la posible fecha de nacimiento en los últimos días del año 753 del calendario romano. Y fija como primer día de la era cristiana el año 754. Sin embargo, hierra en sus cálculos ya que Herodes el grande muere en el año 750. Por tanto, y siempre dando como verdadero el infanticio de los niños ordenado por él, cuando nace Jesús, Herodes ya estaba muerto desde hacía años.

El monje no fue consciente del error y entregó sus cálculos al Papa Julio I que se encargó de difundirlos. No fue el único error cometido, se olvidó también del año 0. En su calendario se pasaba del año -1 al +1 sin más preámbulos.

En realidad no fue un error sino una falta de conocimientos que le impedían corregir este cálculo. Por aquel entonces el concepto de cero matemático no existía como tal. Este concepto no llegaría a Europa hasta 200 años después procedente de la India y a través de los árabes.

El calendario se implantó prácticamente enseguida en Italia, aunque en Europa lo fue haciendo paulatinamente. Uno de los estados que más tardó en adoptar este calendario fue España que lo hizo en el siglo XIV.

¿En qué año nació entonces?

Es imposible saberlo con exactitud. En el siglo XX los investigadores fueron conscientes de estas equivocaciones y trataron de delimitar la fecha exacta del nacimiento de Cristo.

No obstante, se trata de un objetivo complejo que no permite hacer una datación exacta. Se cree que el nacimiento se dio entre el año 8 A.C y el año 4 A.C. Con más probabilidad entre el año 7 A.C y el 5 A.C.

Pero imposible precisar más con los datos que tiene la ciencia hoy. Es muy posible que en el futuro consigamos resolver este enigma.

Podría seguir porque, aunque agnóstica, me fascinan la Biblia y las civilizaciones antiguas pero me parece suficiente información para este post que ya supera las 2000 palabras.

En conclusión, la Navidad lleva celebrándose con este nombre u otro desde hace miles de años. Por lo tanto, creyente o no merece la pena seguir festejándola. Esto no significa que vaya a festejar al Dios Mitra o el solsticio de invierno, aunque os confieso que tendría su gracia.

Significa que voy a deshacerme de todo lo que me incomoda de estas fechas y voy a disfrutar  sintiéndome libre de interpretar y vivir la Navidad a mi manera. Porque creo que cada uno de nosotr@s encierra una Navidad especial y mágica en lo más adentro.

Así que como estoy en plena reconciliación con el espíritu de la Navidad no puedo acabar este post sin desearos, ¡Felices fiestas!

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