Y si ya no puedo, ¿qué hago? Relato de infertilidad

Relato de infertilidad

Hoy en Mamá y la Tribu hablaremos de infertilidad de la mano de la vivencia personal de una gran amiga a la que admiro por su entereza y su generosidad: Patricia Cruz Pineda, escritora del blog Nani Creativa.

Os dejo con ella y con su relato. Adelante, amiga.

Un relato de infertilidad

¡Hola a tod@s!

Soy Patricia, del blog Nany Creativa. Nací en Honduras pero actualmente resido en Grecia. Hoy estoy aquí con ustedes gracias a la invitación de Rosa. Voy a hablarles de un tema del que no se suele hablar o no se toca muy a menudo. Sé que se están preguntando que hace una niñera hablando de infertilidad. Les hablaré desde mi experiencia, no como niñera, sino como una mujer, que como muchas otras, ha pasado por esta situación.

Ésta es mi historia:

Todo comienza contigo

Me casé a los 23 años con la ilusión de formar una familia. Como todo matrimonio joven deseábamos tener hijos, era muy importante para ambos porque los dos éramos hijos únicos.

Cuando te casas con la ilusión de tener descendencia todo gira en torno a este tema. Piensas con tu pareja cuántos hijos tendrás, con qué nombres les bautizarás, siempre hablábamos de ello. Cuando nos casamos no había terminado la universidad, así que llegué a un acuerdo con mi mamá, terminaría la universidad antes de ser madre. En aquel entonces, a pesar de ser mayor de edad, dependía económicamente de ella. Más tarde, pasaría a depender de mi esposo.

Sin embargo, a los meses de casarme inicié mis controles ginecológicos. Ya en el primer año de casada, el ginecólogo encontró unos quistes en mis ovarios que fueron extirpados. Más tarde volví a sufrir otra cirugía para extraerme un ovario. Me preocupaba que al contar con uno solo no pudiese quedarme embarazada pero los médicos dijeron que no habría ningún problema.

Dos años y medio después seguíamos sin lograr el embarazo soñado y yo había cambiado de ginecólogo tres veces. El que me estaba tratando en aquel momento encontró ciertas irregularidades en mis hormonas y en el ovario que me quedaba. Por ello, me remitió a otro doctor, un especialista en infertilidad.

El nuevo médico volvió a repetir los exámenes y a someterme a otros nuevos. Fue una época en la que me pasaba el tiempo en laboratorios y citas ginecológicas. Un día, en frío y sin ningún tacto, me dijo lo siguiente: nunca podrás tener hijos.

Me dijo que lamentaba darme esa noticia, pero que no podía hacer nada, que mi caso era muy especial. Su diagnostico era rotundo, no podía tener hijos ni de forma natural ni por inseminación.

Mi cara reflejaba la desolación que sentía en aquel momento. Entonces me habló de una opción que no era viable en Honduras pero que si se llevaba a cabo en EEUU: la fecundación in vitro. Lo discutí con mi esposo y con mi familia. Era la única esperanza que teníamos de qué pudiese ser madre. Así que decidimos agarrarnos a esa opción y seguir adelante.

Hicimos todos los preparativos y volamos hasta Miami, Florida, a una reconocida clínica de fertilidad, me acompañaron mi esposo y mi madre. Pasamos unos días llenos de angustia y de nervios mientras me hacían todas las pruebas, mi madre fue el gran sostén que necesitaba en aquellos momentos.

Finalmente nos citaron a los tres para darnos los resultados e informarnos de todo lo referente al proceso. Estimaron que tenía un 70 por ciento de posibilidades de quedar embarazada con ese método. Sin embargo, no fue agradable escuchar todos los riesgos que conllevaba el tratamiento y las dificultades añadidas por los numerosos quistes que tenía en el ovario.

El diagnostico que dio el médico fue muy claro: era infértil y mi caso era uno entre un millón. Para mis oídos fue como si me pasarán por delante una película. Nunca olvidaré ese día, agarrada de manos por mi madre y mi esposo.

Sentí, en ese momento, que mi mundo se paralizaba. No supe que decir y el doctor creyó que había tomado el diagnostico con resignación. Entonces nos propuso que adoptáramos, que era la única forma de que lograse ser madre. Sin embargo, decidimos no hacerlo.

El dolor nunca se va

Por mi propia experiencia, puedo decirles a aquellas mujeres que estén en una situación similar, que no habrá nada ni nadie que te quite ese dolor silencioso. Por ello, tu entorno debe respetar tus decisiones y entender que necesitas un tiempo de duelo.

El después fue terrible, tuve muchas crisis y depresión. Aceptar que todo lo que habías soñado ya no será, que el mundo no es como lo esperabas, es muy duro.

Mi abuela y mi madre fueron mis grandes apoyos. Tuvieron una gran paciencia, con amor y con ganas, me ayudaron a seguir adelante. Lo más importante cuando pasas por un proceso así, es aceptar la nueva situación y darte tiempo para verbalizar lo que sientes. Cuando te sientas lista, háblalo con tus familiares, con tu pareja, así poco a poco irá sanando y disminuyendo el dolor que sientes.

El dolor nunca se va, solo se mitiga con el paso del tiempo. Por ello, es tan importante contar con el apoyo de tu familia y tu pareja. Así el camino se hace más fácil. Hablar sobre el tema es muy importante para ir superándolo, llorar si lo necesitas, darte un tiempo de luto. Sin embargo debes saber que la vida continua, que puedes encontrar algo o alguien que llene ese vacío.

Al final mi matrimonio no pudo salvarse y se derrumbó.  Habíamos llegado a un punto en el que ya no podíamos continuar juntos y nos divorciamos. Mi esposo había empezado a beber cada vez más, hasta el punto de hacerlo todos los días. Tuve que ser la fuerte y tomar una determinación. Estas decisiones es mejor hacerlas en pareja, aunque en mi caso, no pudo ser. Os recomiendo que si deseáis salvar vuestro matrimonio busquéis ayuda.

Mi familia me apoyaba pero mi esposo no tenía a nadie. Pensé que no podía ser egoísta, él podía formar una familia con otra mujer cuando se sintiese preparado. Seguir juntos solo suponía hacernos más daño del que ya nos estábamos haciendo. Mi experiencia matrimonial no fue la mejor, él solo pensaba en ser padre y que yo no pudiese concebir hizo que se frustrara.

Tomar la decisión de adoptar tampoco era una opción para nosotros. La adopción debe ser una decisión consensuada en pareja. Si alguno de los dos no se siente capaz quizás no pueda llevarse a cabo. A veces solo es cuestión de tiempo, hasta que el otro acepte y esté listo para acoger al niño. Si optas por la adopción tendrás que darle mucho cariño, amor y protección a esa criatura como si fuera tu propio hijo.

Aferrarnos al deseo de ser madre lo hace todo aún más difícil. Si estás pasando por algo así ahora, me gustaría hacerte unas sugerencias: evita durante un tiempo fiestas infantiles, baby showers y cualquier tipo de celebración que te lo recuerde. Si estás en una etapa muy sensible es posible tus sentimientos vuelvan a resurgir con más fuerza aún.
Por otro lado, trata de buscar actividades que te hagan sentir bien, algunas de ellas podéis hacerlas en pareja. Eso os hará sentiros más unidos, también la vida sin hijos puede disfrutarse mucho. Y en futuro si os sentís preparados es probable que os plantéis adoptar.

Espero que mi relato te sea de gran ayuda si estás pasando por algo similar. A veces, el universo, Dios o el ser en el que creas, si no nos ha dado ese don, ha sido por una maravillosa razón que desconocemos. Tal vez algún día podamos descubrirla. Mientras tanto dejemos atrás el pasado y disfrutemos de la vida y del presente.

Confío en que la experiencia de Patricia te haya resultado valiosa, si quieres acceder a más contenido suscríbete al blog. Y por supuesto, te espero en mi recién estrenada Comunidad  Mujeres y Madres Sostenibles. ¿Te unes a nosotr@s?

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