Parir hoy, en casi cualquier lugar del mundo, implica asumir una gran cantidad de protocolos impuestos.
Asumir que durante todo el proceso las mujeres seremos tratadas como niñas a las que hay que proteger.
Parir de forma natural en un mundo artificial resulta cuanto menos heroico y arriesgado.
Nuestra voz es silenciada, incluso por otras mujeres inmersas en el proceso, que consideran nuestros deseos como caprichos, o nuestras negativas a aceptar determinadas praxis, como irresponsables.
El parto es un momento vital en nuestra vida y en la de nuestro hijo.
Deberíamos poder elegir como queremos vivir ese instante.
El «deberíamos» se estrella contra la pared del como son: instrumentalizados, artificiales, y en ocasiones, forzados.
Entre 2011 y 2014 se rodó el documental Loba un fascinante viaje, por diferentes lugares como Barcelona o México, que reflexiona sobre el parto desde la perspectiva de sus protagonistas: las madres y sus hijos.
Te recomiendo verlo porque es un excelente documental que nos habla de cómo se afronta el parto en un mundo globalizado como el nuestro. Al final del post te dejo toda la información.
El proyecto nace impulsado por Catherine, una curandera y osteópata que trata a niños pequeños de diferentes patologías y que un buen día decide recoger historias de parto. Son sus propias pacientes, que han sido madres, las que toman la voz.
Cada una de las entrevistas ofrece un punto de vista y supone un ejemplo desgarrador de como la violencia obstetricia es la norma. La mayoría de estas mujeres querían un parto lo más natural posible, sin embargo no fueron respetadas.
Hablamos de cesáreas programadas, partos inducidos o tiempos de dilatación no respetados.
Una vez que comienza la intervención es imparable, ya que una vez iniciada es imposible de detener, una cosa lleva a la otra.
Así encontramos aplicación del gel de Prostaglandinas para dilatar el cuello del útero, oxitocina para acelerar el parto, la maniobra de Hamilton, rotura de bolsa, tactos constantes, monitores internos, maniobra de Kristeller, episiotomías, y un largo de acciones que se ejecutan con la tranquilidad de la cotidianeidad.
La mujer entonces deja de ser dueña de sus acciones y se ve dirigida o manipulada por un grupo de personas que establecen cómo y cuándo debe parir.
No se confía en la madre ni el bebé. ¿Cómo vas a saber más tú que los médicos?
Por supuesto, que los sentimientos o emociones que experimentamos en ese momento sagrado son obviadas en todo el proceso y posteriormente.
Expresar el desagrado parece de mal gusto, la frase más común es no ha pasado nada, todo ha salido bien.
Sin embargo si pasa, porque lo que sentimos existe y nuestra impotencia, rabia o dolor es real.
Nuestros sentimientos si importan y debemos hacer porque sean respetados.
Como contrapunto se recogen otros testimonios de mujeres que eligieron como parir y que consiguieron conectar con su cuerpo y dar a luz sin intervenciones externas.
La cuestión no es si debemos parir o no en casa, porque esa es una elección personal, sino que podemos parir por nosotras mismas.
Que podemos recuperar la confianza y recuperar la conexión con la naturaleza, con nuestro ser más íntimo.
Esa es la gran revelación.
Las palabras de este documental calan hondo en mi ser y me recuerdan como fue mi parto. Lo siento como una herida que se abre y vuelve a sangrar para cicatrizar de nuevo.
Mi parto fue una concatenación de intervenciones y de violencia obstetricia disfrazada de normalidad. Narrarlo fue una liberación, una forma de verbalizar una experiencia en algunos momentos fue traumática.
Sin embargo, aprendí enormemente de ella, de cuáles son los límites de lo que no estoy dispuesta a permitir, de lo que quiero y lo que no.
No sé si tendré más hijos. Lo que sí sé, es que si ese momento llega, elegiré cómo y dónde parir. Soy un ser humano libre con sentimientos, anhelos y deseos.
Seguiré siendo adulta aunque me embarace por segunda vez.
Seguiré siendo adulta y libre para elegir.
Si quieres ver el trailer aquí te lo dejo:
En plataformas como Vimeo puedes alquilar o comprarlo por un precio que oscila entre los 5,95 y los 7,95 euros.
Si visitas la página de la película podrás encontrar información sobre como se gestó el documental, como se rodó y testimonios de otras mujeres. Además ofrece la posibilidad de organizar pases privados y proyecciones a través de Screenly.
Y tú, ¿has visto el documental? ¿Te sientes identificada? ¿Cómo fue tu experiencia de parto?
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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?
Empodérate para vivir tu maternidad con libertad y consciencia.
Porque empoderarse es tomar las riendas de tu vida, tomar tus propias decisiones y mantenerte firme en aquello que crees sin que te importen las opiniones de otras personas.
Personas que, aunque sean muy cercanas, creen saber cómo debes educar o criar a tu hijo sin comprender que esa es tu labor y que la ejercerás con responsabilidad.
Reivindica el derecho que tienes de hacer las cosas como tú consideres mejor, que para eso eres la madre de esa criatura.
Ten confianza, la maternidad es un instinto muy arraigado en nuestra naturaleza.
Sabemos ser madres, pero queremos vivir ese rol a nuestra manera o desde nuestra filosofía de vida.
Porque tú y sólo tú conoces a tu hijo y sabes cuáles son sus necesidades.
Empoderarse para escuchar aquello que creas valioso y desechar aquello que consideres que no se ajusta a lo que quieres para vosotros. Porque aunque todas las opiniones son respetables, no todas tienen el mismo valor e incluso algunas vienen a minar tu confianza o a crearte incertidumbre.
Empoderarte para pegarle un corte a aquellas personas que se inmiscuyen en tu labor como madre y que creen que necesitas que te guíen:
Es que eres muy joven,
yo hecriado tres hijos,
así se ha hecho toda la vida.
Pues no, no necesito opiniones gratuitas que no he pedido. Muchas gracias.
Empoderarte para hacer oídos sordos a los comentarios impertinentes que tratan de socavar tu confianza. Aquellas personas que siembran dudas con comentarios como:
No tienes suficiente leche,
Tu leche no alimenta,
El niño se queda con hambre,
¿Otra vez le vas a dar de comer?
Aunque sean personas muy queridas de tu entorno, no tienen un máster en lactancia y desconocen cómo funciona.
Empoderarte para hacer oídos sordos a aquellos que opinan, sin tener ni idea y sin que les hayas dado pie a ello, pero que te dirán con cierto aire mandón que estás malcriando a tu hijo:
No le cojas que se acostumbrará a los brazos,
Te tiene tomada la medida,
Está muy mal acostumbrado,
Es un egoísta.
Por favor, ¡hablamos de bebés!
Empoderarse para enfrentarse a profesionales que tienen muy poco tacto y que por no reconocer que han cometido un error te toman por tonta y tratan de convencerte de cualquier cosa.
Soy madre primeriza, no imbécil.
El mundo está lleno de malas determinaciones tomadas por terceras personas. Toma tus propias decisiones, que tus equivocaciones sean tuyas no de tu pediatra o de la enfermera de turno.
Empoderarse para no hacer caso de las críticas y que nos resbalen. Críticas por no hacer lo que la sociedad o tu entorno espera que hagas:
¡Cómo no le vas a dar puré al niño!,
No practiques colecho que es antinatural y le crearás un trauma,
No le lleves cargado que te harás polvo la espalda,
Pásalo a su habitación cuanto antes
y un largo etcétera de recomendaciones basadas en una crianza que tú no has elegido.
Empodérate y no admitas que te llamen vaga, en el caso de que hayas tenido la oportunidad de tomarte una excedencia. No tienes porqué justificar ante nadie que has optado por retrasar el momento de incorporarte al trabajo para poder dedicarle esos meses de exclusividad a tu hijo. Más de una persona te dirá:
Menudas vacaciones que te vas a pegar, Vaya excusa para no currar,
o comentarios a tu pareja del tipo: No se vaya a acostumbrar.
No lo permitas.
Desde luego, resulta muy ofensivo. Porque esa decisión la tomas pensando únicamente en tu hijo y en el vínculo que quieres establecer y mantener con él. Comprarte un coche nuevo o costearte unas vacaciones en el Caribe no suscita tanta controversia.
Empoderarte para no escuchar esos mensajes del pasado que han calado tan hondo que parecen ser dogma de fe:
El pecho se da cada tres horas y no más de diez minutos,
Los niños duermen a los seis meses del tirón,
Tiene que aprender a dormirse solo,
No le consueles cuando llora que te está manipulando,
Este niño tiene vicio con la teta,
y un suma y sigue de consejos que nunca pediste.
Empoderarte para no permitir que nadie deje llorar a tu hijo: Los niños necesitan llorar, les ayuda a ensanchar sus pulmones.
Pues no, no lo voy a tolerar. Nunca dejaré llorar a mi hijo.
Si los adultos necesitan consuelo cuando lloran no entiendo por qué debemos negárselo a un niño. Ten valor para enfrentarte a esos comentarios desafortunados y escucha lo que tu instinto de madre te dice.
Empoderarte con la finalidad de que tu pequeño o pequeña sea respetado como el ser humano que es.
Defiende sus derechos y no permitas que otras personas le obliguen a hacer lo que no quiere, como dar besos si no le apetece o comer algo que sabes que no le gusta.
Tu hijo es un ser humano libre y, no por ser niño, tiene amputada la voluntad.
Defiéndelo.
Empodérate y pide respeto por el estilo de familia que has elegido. Que nadie tiene por qué cuestionar o criticar. Hablar desde la ignorancia es deporte nacional y de niños, hasta el frutero parece saber más que tú.
Y desde luego, no puedes contentar a todo el mundo, no lo olvides.
Empoderarte para pensar por ti misma como quieres afrontar la educación de tu hijo, estar preparada para equivocarte, para rectificar si es necesario, para adaptarte a cada nueva situación y para aprender de tu pequeño, porque ellos nos dan verdaderas lecciones de vida.
En definitiva, empodérate y ponte el mundo por montera.
La maternidad no es fácil pero es tu camino y tú decides cómo transitarlo, si con un montón de ruido a tu alrededor o con la tranquilidad de hacer lo que tú y tu pareja habéis consensuado y decidido en cada momento.
Pero por encima de todo disfruta, disfruta y disfruta de ser madre, de cada instante porque el tiempo pasa muy rápido y antes de que te des cuenta tu pequeño habrá crecido.
Cada etapa pasada no vuelve.
Y recuerda, el pequeño de hoy será el adulto de mañana.
Cuídalo como el más preciado tesoro.
Y tú, ¿te sientes empoderada?
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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?
En el post de hoy te vamos a dar 10 consejos que te van a ayudar a estudiar siendo mamá y no morir en el intento. Contados desde la experiencia de una mamá que ha ganado una plaza.
Ya soy funcionaria en prácticas aunque todavía me cueste creerlo o me despierte creyendo que aún soy interina. Después de ocho años dando clase obtuve mi gran recompensa.
No soy muy consciente de los cambios que esto ha traído a mi vida, pero si tuviera que resaltar alguno, sería la tranquilidad de cobrar a fin de mes y tener un horario que me permite pasar el mayor tiempo posible con mi hijo.
Este era uno de mis motivos, seguro que tú también tienes los tuyos, en el post 5 poderosas razones para volver a estudiar enumeraba algunas razones por las que es buena idea volver a estudiar. No fue fácil, en el camino tuve que renunciar a algunas cosas como al blog o al tiempo de ocio. Los que me siguen desde hace tiempo saben que dejé de publicar en marzo para dedicarme a estudiar.
Más de una mamá estudiante me ha preguntado que cómo lo hice. En este post es para vosotras. Aunque mi experiencia es preparando una oposición, los consejos son perfectamente válidos para cualquier madre que haya decidido volver a estudiar.
Vamos a ello.
1.- Motivación
En el principio de todo. Yo colocaría la motivación. Antes que nada, antes de tener tiempo, de matricularte, de obtener los temarios, de apuntarte a una academia.
Si no estás motivada y convencida, será inútil.
Es un elemento vital porque vas a sacrificar muchas cosas y vas a estar cansada en más de una ocasión, sobre todo siendo mamá. Como tenga una racha, como el Vikingo ahora, que no duerme, será difícil que tengas ánimo de estudiar.
2.- Elige bien
Has decidido volver a estudiar, te felicito por ello. Ahora elige aquello que se adecue a tus posibilidades o a tu estilo de vida.
No dudo de mi capacidad para aprobar las oposiciones para policía nacional, pero jamás podría entrar en el cuerpo porque soy demasiado bajita. Este ejemplo es extrapolable a cualquier situación. Si has decidido volver a estudiar es porque estás buscando una mejora laboral.
Ya sea una oposición, una formación online, unos estudios universitarios o un posgrado, investiga sobre sus salidas profesionales.Si es una oposición, investiga sobre el horario de trabajo, dónde lo desempeñarías y qué requisitos necesitas tener.
No es la primera vez que alguien se está preparando una oposición para un cuerpo superior al que por titulación no puede acceder.
Un tema relevante es si para dicha oposición existe o no bolsa de trabajo. Esto significa que aunque no saques la plaza tienes la opción de poder trabajar como interina. Yo optaría por oposiciones con este perfil.
3.- Fíjate unos objetivos
Ahora que has tomado la decisión y que ya tienes el temario recién sacado de la imprenta es el momento de fijarse unos objetivos. No por pasar más horas delante de los apuntes o por permanencia en la silla se aprueba una carrera, un examen o una oposición.
Si no sabes adónde vas difícilmente llegarás a ninguna parte, o lo que es lo mismo, no llegarás donde quieres.
Tener un objetivo me permite diseñar una estrategia. Mis objetivos deben ser realistas y asequibles a mis circunstancias.
Si esto falla, todo lo que venga detrás se hundirá con mi nota en la lista.
4.- Planifica
Se trata de fijar en una serie de acciones determinadas y concretas de los objetivos de los que hablábamos en el punto anterior.
Si yo me pongo como meta estudiar dos temas a la semana y resulta que no tengo tiempo material para hacerlo, simplemente no podré cumplirlo. Esto genera muchísimo estrés.
Por ello, es tan importante ser realista.
Una forma de planificar es establecer qué horas tengo para estudiar. No se trata de lo que debería estudiar se trata de lo que puedo por las circunstancias personales que tengo. Este matiz es fundamental para no tirar la toalla.
Por ejemplo, yo solía levantarme sobre las 7:30-8:00 de la mañana. Desayunaba, recogía lo más urgente y me ponía a estudiar. Mi horario giraba en torno al peque. Me explico: si él todavía dormía, en cuanto acababa de desayunar me ponía a estudiar aunque estuviese la casa para prenderla fuego.
Si se levantaba a la misma hora que yo, aprovechaba para recoger y ordenar lo más urgente con él. Luego a mitad de mañana solía echarse una pequeña siesta de entre 1 y 1’30h. Ese tiempo era vital para mí. Trataba de emplearlo para la parte que me resultaba más compleja de la materia o que me requería mayor atención.
Si estimo que tengo 8 horas a la semana, que de verdad sean 8 horas.
Yo me fijaba objetivos semanales.: tantos temas, tanto tiempo dedicado a la parte práctica, etc.
5.- Establece un horario
Ya sé cuantas horas tengo para estudiar a la semana y un magnífico temario nuevo esperándome.
Pero si no decido cuándo y en qué momento me siento a estudiar, los apuntes serán más útiles calzando un mueble que en la estantería muertos de risa.
Establece un horario en el que establezcas en qué momento y por cuánto tiempo te sientas a estudiar.
6.- Crea un hábito
Íntimamente relacionado con el punto anterior está este.
Crear un hábito de estudio es fundamental para obtener resultados. Se consigue siendo constante y cumpliendo con el horario que hemos establecido.
Simple, cúmplelo. Día tras día.
Ahora bien, si resulta que en ese horario siempre surge algún imprevisto que te impide cumplir con tus horas de estudio es que te has equivocado al diseñarlo.
Deberías volver a revisar tus horas libres a la semana y ubicar las sesiones en otra franja horaria.
7.- Evita las distracciones
No nos engañemos, estudiar requiere un gran esfuerzo, sobre todo al principio cuando no se cuenta con un hábito reciente.
Si existen muchos elementos que puedan desviar nuestra atención en la hora que tenemos para estudiar, haremos cualquier cosa menos abrir el libro.
Debemos escoger un espacio tranquilo y a ser posible con luz natural donde sentarnos a estudiar.
Por supuesto, sin televisión, internet, radio, sin redes sociales, sin teléfono disponible para recibir llamadas y sin niños demandando a mamá. La mayoría de estás directrices a priori son sencillas de seguir.
La última es bastante más difícil. Antes que estudiantes somos madres y atender a nuestros hijos es nuestra máxima prioridad, al menos la mía.
Esto parece muy poco compatible con todo lo que señalado hasta ahora. Sin embargo, existen varias opciones. Una de ellas, es que el papá o un familiar atienda al peque en ese rato que estudias. Esta sería la ideal.
Si no es posible, debes intentar compartir ese espacio con tu pequeño.
Si es así, tu nivel de exigencia debería ajustarse a esta circunstancia.
Os puedo asegurar que preparé mi oposición con el niño pegado a la teta la mayor parte del tiempo y saqué la plaza. No es imposible.
8.- Revisa tu planificación
Has cumplido todos los pasos anteriores pero aún así no llegas a los objetivos que te has propuesto.
No es que no estudies, es que la materia te lleva más tiempo de lo que tú esperabas.
O simplemente ha surgido un imprevisto y has tenido que bajar el ritmo de estudio o parar durante unas semanas.
No pasa nada, podemos reajustar la planificación. Eso supone actualizar tu programa a tus circunstancias reales.
En ocasiones, nos ponemos metas poco realistas lo que nos obliga a revisar la planificación.
Recuerda, si siempre hay trabajo atrasado, es que sencillamente la planificación no es la adecuada.
9.- No te obsesiones
Claro que lo ideal es llegar al examen con toda la materia estudiada pero si no es posible no te angusties.
La ansiedad no te va a ayudar a que se estire el tiempo, ni va a lograr que los conocimientos se fijen más rápido. Al contrario, es un poderoso enemigo que afecta seriamente a tu salud.
Se consciente de hasta donde puedes llegar.
Celebra tus aciertos y no te castigues si las cosas no salen como esperabas.
10.- Se optimista
Sentarse a estudiar pensando que no vas a aprobar, que salen muy pocas plazas, que los demás son mejor que tú y un largo etc. de mensajes negativos que te repites a ti mismo,
solo beneficia a tu competencia.
Hay que estudiar con la mejor disposición y actitud posible. Claro que te puedes permitir un día sentirte desanimado, pero al siguiente te sientas en la silla pensando que tú puedes y que eres la mejor.
Y por último, confía en ti y en tus posibilidades. Si te dijeron de niña que no valías para estudiar o que no eras lo suficiente buena, sencillamente, te mintieron.
Puedes llegar donde tú quieras si te lo propones y trabajas duro.
Ahora que hemos llegado al final, ¿me cuentas en qué punto estás? Y lo más importante, ¿cómo puedo ayudarte en tu proceso de estudio? Tu consulta o comentario siempre será bienvenido.
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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?
En el post de hoy aprendemos cómo hacer toallitas para bebé en casa. Las toallitas, ese elemento imprescindible en cualquier bolso de madre que se precie. Son tan populares que las utilizamos absolutamente para todo, incluso aquellas personas que no son mamás o que tienen hijos que ya no están en edad de usarlas.
Su precio no suele ser elevado aunque los efectos que pueden tener sobre nuestra salud sean desconocidos para la inmensa mayoría. Suelen llevar compuestos como parebenos que funcionan como disruptores endocrinos, Ftalatos que se asocian a cáncer y a trastornos como el asma o Phenoxythanol que irrita la piel, entre otros compuestos de alta toxicidad y poca seguridad.
Existen opciones ecológicas que suelen estar libres de estos ingredientes pero que tienen el inconveniente de tener un precio que triplica el de una toallita estándar. No todas las economías pueden permitirse un desembolso como este.
Por no hablar del tema medioambiental, que también daría mucho de sí, ya que las toallitas son altamente contaminantes.
Sin embargo, yo os voy a proponer hoy otra opción: rápida, barata y libre de tóxicos.
¿Por qué no hacer tus propias toallitas?
Os voy a dar una receta que os va a gustar y a convencer a partes iguales.
Toma nota, que empezamos.
¿Qué vais a necesitar?
– Papel de cocina, preferiblemente sin dibujos que lleven tinta.
– Un tupper.
– Un bol.
– 1/2 l. de agua o 2 vasos de agua.
– Una cucharadita de vinagre de manzana.
– 1 gota de árbol de té.
– 1 cucharadita sólida de aceite de coco.
– 2 cucharadas de aceite de caléndula.
Instrucciones:
1-. Hervimos el agua en un cazo y la dejamos templar. Mientras, podemos ir preparando los ingredientes que vamos a utilizar.
2.- Cogemos el papel de cocina y lo partimos por la mitad con un cúter o un cuchillo afilado. Una de las mitades la colocamos en el tupper que vamos a emplear y la otra la guardamos para el futuro.
Con respecto al tupper me sirve un recipiente cualquiera que tenga tapa para que las toallitas no se sequen.
Si tienes por casa el típico dispensario de toallitas de plástico lo puedes utilizar. Si no tienes nada parecido, como era mi caso, puedes reutilizar un tupper que tengas por ahí.
A la tapa puedes hacerle una incisión en la mitad para que las toallitas se puedan sacar sin necesidad de abrirlo. Yo no lo hice porque no lo consideré necesario.
3-. Cuando el agua esté templada la vertemos en el bol que hemos elegido para mezclar. Si dejamos enfriar el agua será un más complicado mezclar los ingredientes, al igual que tampoco conviene iniciar la mezcla con el agua aún muy caliente.
4-. Vamos añadiendo los ingredientes poco a poco y mezclando.
Si el aceite de coco está muy sólido y la temperatura en casa es todavía veraniega puedes colocar el bote en la ventana como hice yo para que fuese más fácil añadirlo a la mezcla.
Si no tienes árbol de té en casa puedes utilizar aceite esencial de lavanda. Aproximadamente deberías echar unas 15 gotas.
Yo en esta receta he añadido aceite de caléndula porque lo tenía disponible en casa, ya que lo preparamos esta primavera con las caléndulas que florecieron en nuestro jardín. Pero puedo sustituirse por aceite de oliva o por aceite de almendras.
5-. Una vez que está bien mezclado el siguiente paso es verterlo en el tupper. Lo hacemos teniendo cuidado de que la mezcla se reparta bien por todo el papel.
6-. Cerramos el tupper y dejamos unos 10-15 minutos.
7-. Le damos la vuelta al tupper, lo dejamos bocabajo otros 10-15 minutos.
8-. Ya tendríamos las toallitas listas para usar, solo nos quedaría un último detalle: quitar el tubo de cartón que hay dentro del papel de cocina.
Observaciones
Dependiendo del grosor del papel de cocina y de lo absorbente que sea, las toallitas quedarán más impregnadas con la loción o no.
También va en gustos el nivel de humedad de la toallita. Si te queda demasiado húmeda la próxima vez prueba a echar un poquito menos de agua, al igual, que si quedó muy seca añadas un poco más a la mezcla en la siguiente ocasión.
Una pregunta muy común que quizás te hagas es si estas toallitas huelen muy fuerte o dejan algún olor. En principio no. Siempre y cuando no te hayas pasado con el árbol de té que suele tener un olor más intenso. Tampoco dejan ningún olor en la piel del bebé.
Con respecto a su efectividad, debo decir que me sorprendió gratamente. Yo suelo utilizar las toallitas cuando hay cacas. Como toda madre sabe, dependiendo de la consistencia de éstas, a veces salen mejor o no. Pues con estas toallitas caseras se quitan muy bien y usas menos cantidad.
Otra pregunta importante es cuanto suelen durar, su vida útil iría desde las dos semanas al mes, aunque es muy posible que las gastes antes.
¿Se secan? Si el tupper está bien cerrado no tienen porqué secarse. Si eso pasase también se pueden impregnar con un poco de agua de forma individual o se puede añadir al tupper.
Yo ya he realizado esta receta unas cuantas veces y estoy bastante contenta con el resultado y el ahorro económico que supone. Sí reconozco que son poco prácticas para fuera de casa, pero también es cuestión de tener en cuenta a dónde vamos y de planteárnoslo.
Habrá sitios a los que sea inviable ir con toallitas caseras a cuestas y otras como en las que vamos de visita a otra casa, en la que sea cómodo ir con ellas o no nos resulte un engorro.
Yo desde luego, cada vez utilizo menos las toallitas comerciales y elijo esta opción porque me parece más respetuosa con la piel de mi pequeño y menos dañina para el medioambiente.
Actualización
En estos días se ha puesto en contacto conmigo otra bloguera especialista en cosmética natural, Lourdes Sánchez, para darme algunas recomendaciones sobre las toallitas que os paso a comentar a continuación:
– Nos aconseja, si no utilizamos un conservante, guardar las toallitas en la nevera para prevenir la proliferación de bacterias.
– También la necesidad de emplear un conservante. Lourdes me propone dos posibilidades: emplear Geogard y Leucidal. Ambos han sido autorizados por los organismos de certificación de cosmética econatural. También poseen similares funciones como ser antibacterianos y antifúngicos, o lo que es lo mismo, previenen la aparición de bacterias, hongos y levaduras en fórmulas que contienen agua. Se pueden encontrar en herbolarios y tiendas ecológicas.
– Le plantee la duda de cuánta cantidad de conservante deberíamos añadir. Su respuesta fue que entre un 0,6% y un 1% del total de la mezcla.
Os dejo el link a su página, ya que tiene un blog de lo más interesante, entre otras cosas, te enseña cómo hacer jabón por ti misma y con ingredientes naturales. Yo que soy una amante de lo natural estoy deseando ponerme a ello.
Hechas estas aclaraciones, os animo a probar la receta. Si lo hacéis contadme como os ha ido y que os parece el resultado.
Espero que os haya gustado el post. Cualquier duda que surja no tenéis más que escribirme y estaré encantada de contestar vuestras preguntas.
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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?
¡Una hija vegetariana! Mi madre, la mujer, no gana para disgustos. Además de criar una hija rebelde, independiente y cabezota, trajo al mundo una vegetariana convencida.
Sin embargo, no fue hasta hace poco tiempo que me di cuenta de que lo era, o dicho de otra manera, era vegetariana pero no lo sabía. ¿Es posible?
No me acosté una noche y me levanté al día siguiente siendo vegetariana, sino que fue un proceso lógico iniciado años atrás.
Desde niña ya apuntaba maneras porque nunca me gustó la carne y era una lucha constante convencerme para comerla. No me gustaba ni su aspecto, ni su olor, ni su sabor. El encontrarme un hueso o un trozo de nervio me horrorizaba. Por supuesto, me daban un asco horrible los chuletones y cortes cárnicos similares.
De adulta esto no cambió, sino que fue a peor, evitaba la carne de todas las maneras posibles. Me acostumbre rápido a ser la rara que siempre en cualquier comida o celebración pedía pescado.
Sin embargo, mi madre que es tan cabezona como yo y mi pareja, me insistían en que debía comer carne para estar bien nutrida, y por obligación la consumía de vez en cuando y lo más encubierta posible.
¿Y la comida basura? ¿No me digas que no te gustaban las hamburguesas de McDonald o del Burger King? Pues lamento decepcionarte, pero no.
Creo que la última hamburguesa de comida rápida que consumí fue a las trece años. Las probé, no me gustaron y me provocaron una indigestión. Razón de más, para no volver a consumirlas.
Como siempre me ha gustado leer, últimamente más ensayos que obras de ficción, no pude dejar sin terminar un libro que encontré en la biblioteca: Fast Food Nation de Eric Schlosser. Si no lo has leído te animo a hacerlo, cambiará tu visión de la realidad.
En esta obra se analiza de cerca la industria de la comida rápida en EEUU. Por cierto, industria que hace ya unos cuántos años nos colonizó a nivel global también a nosotros.
Tan relevante es esta publicación que unos años después se rodó un documental basado en ella. Os dejo un enlace a la versión subtitulada al castellano por si queréis echarle un vistazo.Te va a sorprender y horrorizar a partes iguales.
Esta lectura marcó un antes y después, porque ya no pude volver a ver a la productos cárnicos con la mirada inocente de la ignorancia.
Sin embargo, el detonante que impulso gran parte de este cambio fue comprarme una panificadora…
¿Cómoooo?
Pues sí, pon una panificadora en tu vida y cambiará tu percepción del mundo.
Claro que antes de tomar esa decisión llegue a la conclusión de que el pan que nos venden es un sucedáneo del pan, es decir, se parece mucho al pan, pero cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia. Esta discusión da para mucho, así que la dejaremos pendiente para otro momento.
La panificadora fue un impulso para investigar nuevas posibilidades. Descubrí que se podía hacer pan con muchas harinas diferentes y comprendí que el pan que comíamos procedente de harinas refinadas alimentaba poco y engordaba mucho.
En paralelo, mi pareja comenzó a interesarse por la agricultura ecológica. Para entonces ya habíamos abandonado la ciudad y nos habíamos instalado en un pequeño pueblo de la sierra madrileña. Convirtió el patio en un improvisado huerto donde empezó a investigar y cultivar sus primeros tomates.
Una vez que pruebas un tomate plantado, criado y mimado por ti, ya no hay marcha atrás porque ya no querrás volver a llenarte el estómago con una tomate de supermercado que no sepa a nada.
Las abejas llegaron un poco después, cuando mi chico se formó en apicultura y consiguió el permiso para poner sus primeras colmenas. Actualmente tiene solo unas pocas pero espera poder ampliar su número en el futuro.
Pero lo más importante, ¡Tenemos miel esta temporada!
Con la perspectiva de querer ser padres buscamos mudarnos a una casa más grande. El embarazo y la mudanza llegaron casi a la vez. Elegimos una casa con terreno para tener un huerto que nos permitiese llegar algún día al autoconsumo.
Aún no lo hemos conseguido, pero estamos en el camino. Lo siguiente fue montar un invernadero, para alargar la temporada de hortalizas. De momento, estuvimos todo el otoño y parte del invierno comiendo las lechugas de nuestro huerto. ¡Nunca pensé que me entusiasmaría tanto una ensalada!
Con el embarazo mi preocupación por la alimentación fue en aumento, ya que me encontraba siempre muy fatigada. Me harté de leer libros y ver conferencias contrastando información y buscando formarme un criterio propio sobre el tema.
Al mismo tiempo, mi ginecóloga de toda la vida me hacía recomendaciones imposibles de seguir para mí: beber un litro de leche al día o consumir un gran número de lácteos. Deseché sus buenos consejos, porque cuantos más lácteos consumía más cansada estaba. Hoy sé que una dieta abundante en lácteos hace que disminuya la absorción del hierro. A esto hay que sumarle que no digiero nada bien la leche.
El tema de las proteínas también fue un importante caballo de batalla, porque aunque aumenté el número de proteína animal en mi dieta, mi hijo siguió siendo un CIR y hubo que inducirme el parto. Hoy sé que ese consejo fue desafortunado pero entonces no lo sabía. Por supuesto, que mi rechazo a la carne aumento todavía más si cabe.
Sin embargo, antes de que mi hijo naciese le plantee a mi pareja una idea que rondaba por mi cabeza desde hacía tiempo. Si no me gusta la carne y el pescado es mejor no comerlo por la cantidad de tóxicos que lleva, ¿Por qué no dar el paso y hacernos vegetarianos?
Y para mi sorpresa, se mostró conforme con la decisión, es más, la abrazó con alegría, porque era un paso que tarde o temprano estábamos abocados a dar por nuestro estilo de vida. Acordamos esperar a que el bebé naciese para dar el paso definitivo.
Desde entonces llevamos una dieta ovo-lacto-vegetariana y tengo que decir que nunca me he sentido tan bien como siento ahora.
Así nació esta vegetariana que lo era ya desde mucho antes.
¿Y tú eres vegetariana? ¿Te lo has planteado alguna vez?
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Explicadas paso a paso y con consejos muy útiles para ponerlas en práctica. Una forma fácil y sencilla de introducirte en la cosmética DIY.
La vida sostenible que siempre has querido a tu alcance.