UN DUELO SILENCIADO

UN DUELO SILENCIADO

He tocado tus lágrimas con dedos invisibles para consolarte.

 

       Sé que piensas en mí a menudo, durante el día, durante la noche, en tus sueños, al entrar a un cuarto vacío, sabiendo que nunca estaré allí contigo.

 

Tú que sin ningún egoísmo me diste tanto de ti misma. En lo más íntimo de tu ser creaste un mundo especial para mí. Un mundo de alegría, de amor y también de tristeza y de dolor. Todo lo que una persona puede sentir lo compartiste conmigo.

 

 Y aunque nunca podré sentirme arrullado en tus brazos, ya sentí el latido de tu corazón como una canción de cuna y tu espíritu dándome un lugar seguro, protegiéndome y preparándome para lo que vendría después.

 

Pero a veces el viaje de la vida separa a las almas. Y es verdad, tuve que irme a otro lugar. Ojalá hubiera podido quedarme, ojalá hubiera sido una decisión que tú o yo hubiéramos podido tomar.

 

        Quiero que sepas que dónde estés, siempre estarás conmigo. Tu amor fue el primero para mí, la primera alegría, y también tu alma, la primera que por siempre conoceré.

 

        Tú me has dado el valor y el ánimo para continuar mi viaje. Espero poder hacer lo mismo por ti

 

        El latido de tu corazón siempre me lleva hacia ti.

Autor: anónimo.

Tengo el placer de presentaros a Nora Cairo. Una gran mujer y una gran profesional que hoy nos visita para compartir con nosotras sus conocimientos y experiencia tratando con mujeres que sufrieron la temprana muerte de sus hijos o antes de nacer o poco después del parto.

Gracias, Nora, por darle voz a tantas madres que aún sufren y por ayudarnos al entorno más cercano a apoyar a esas madres desoladas por la pérdida.

Nuestra invitada es psicóloga clínica, doctorada en relaciones de género. Toda su trayectoria profesional ha estado centrada en ayudar a las mujeres a conocerse mejor, a entenderse, cuidarse y legitimarse. Aunque actualmente su página está actualizándose, a través de este link puedes visitar su web.

Y ahora sí, os dejo con ella y con su sabiduría:

La muerte sigue siendo un tema tabú, por el miedo y la tristeza que nos produce, pero cuando se habla de la muerte de un hijo las emociones son devastadoras.

Vivir la pérdida de un bebé en las etapas finales del embarazo, durante el nacimiento o en las primeras horas de vida, hace que el vacío, el aislamiento y la desolación se hagan presentes.

Nos encontramos con una madre que está inmersa en un proceso de extrema sensibilización, la naturaleza la fue preparando para conectarse con un ser que se comunica de forma muy primaria.

La supervivencia del niño depende de la capacidad de la madre para entender sus necesidades.

Cuando sucede la pérdida del hijo, hay una mamá extremadamente sensibilizada, para quién el dolor es inmenso, y  un entorno que, por lo general, no le sostiene emocionalmente como ella necesita.

Muchas veces, lo que está presente es el “Acto Médico” que se ocupa de determinar el motivo de la muerte del niño y que pone el foco en que la madre se recupere físicamente.

Ocuparse del dolor emocional no está en los protocolos y por ello  queda silenciado

Así se van creando nuevas fuentes de dolor en lugar de aliviarlo:

Lo envolvieron y se lo llevaron, sin ni siquiera enseñármelo

Todos se fueron y me dejaron sola con la auxiliar de limpieza

“Hasta se llevaron a mi pareja para firmar unos papeles”

“Luego me llevaron nuevamente a Maternidad, junto con mujeres que sí habían tenido a sus hijos”.

“Escuchaba  llantos de bebés y veía la alegría de todos celebrando”

La sociedad tiende a hacer invisible este nacimiento.

No hay ningún lugar íntimo previsto para que los padres estén con su hijo todo el tiempo que necesiten, lloren y se despidan de él.

No pueden inscribir el nacimiento en el Libro de Familia

Se dan medicinas para cortar la leche para borrar lo más rápido posible todo vestigio del nacimiento.

Nadie les prepara para volver a su casa con los brazos vacíos.

Al entorno cercano también se le hace difícil enfrentar la pérdida de un niño al que nadie llegó a conocer y del cual no existe memoria.

¿Cómo despedirse de alguien a quién se le iba a dar la bienvenida?

Es un dolor por lo que iba a ser, por esa vida juntos soñada.

Muchas veces la vivencia de la presencia del hijo es sólo para su madre.

Los demás saben del niño a través de ella, de su relato, de su cuerpo, de sus cambios emocionales.

Nadie sabe cómo consolar a esta madre y cuándo lo hacen tratan que ella niegue la realidad del dolor por la pérdida de su bebé:

Eres joven, ya tendrás otros”

“No te preocupes, no lo has conocido, pronto lo superarás “.

En estos momentos no hay que consolar, hay que acompañar.

Hay que permitirle a esta mamá llorar por la muerte de su bebé, necesita expresar su dolor, su ira, su desesperanza.

Hay que hacer un acompañamiento silencioso, no se necesitan palabras, se necesita presencia.

Perder a un hijo es una vivencia devastadora y es un duelo difícil de procesar.

Por ello ayudará mucho tener en cuenta lo siguiente:

La madre necesita ver a su hijo, tocarlo, tenerlo entre sus brazos, expresar todo su amor y su dolor.

Ella decidirá si necesita hacerlo sola o acompañada.

Ella determinará el tiempo que necesite para despedirse de él.

Solicitar siempre, si continúa en la clínica, que lo haga en un lugar alejado de la sala de maternidad.

Acompañarla de una manera tal, que pueda expresar lo que siente y también respetar su silencio.

Es importante llamar por su nombre al bebé.

Es necesario conservar objetos que le recuerden.

Ayuda mucho contactarse con grupos de padres y madres que han vivido esta experiencia.

En definitiva, visibilizar y procesar un momento vital extremadamente doloroso.

 

Honrar la memoria de los hijos ayuda a vivir con paz y equilibrio la vida de los padres y sus hermanos.

Ellos forman parte de la familia, de su historia y de sus vidas.

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8 RAZONES POR LAS QUE UTILIZAR PAÑALES DE TELA

8 RAZONES POR LAS QUE UTILIZAR PAÑALES DE TELA

Hoy en el blog, te voy a dar ocho razones por las que utilizar pañales de tela.

La primera vez que oí hablar de ellos fue en televisión en un programa sobre ecología. Por aquel entonces ya estaba embarazada de unas pocas semanas. Nunca había oído hablar de este tipo de pañales y no conocía a nadie que los utilizase habitualmente. Por ello, no era algo que entrase en mis planes más inmediatos.

En el reportaje tan solo se hacía una mención a ellos, pero en ningún momento los mostraban. Mi gran sorpresa fue  al investigar en internet, descubrí que su uso estaba más extendido de lo que yo pensaba.

Estando ya al final de la gestación volví a retomar la cuestión. Me había pasado los últimos meses recabando información y había llegado a la conclusión de que no utilizaríamos pañales desechables, al menos no de forma habitual.

¿Por qué me decidí por ellos?

  1. Por razones de salud

Los pañales desechables contienen una gran cantidad de sustancias nocivas para la salud de nuestros bebés. Esta información la desconocen la mayor parte de las mamás.

Solo enumeraré algunos de los tóxicos más habituales que podemos encontrar en la mayoría de las marcas, ya sean conocidas por su publicidad en medios de comunicación o se trate de las denominadas marcas blancas de algunos supermercados.

No hay apenas diferencias porque la composición es prácticamente la misma.

Así podemos hallar:

  • Plástico: está en todas partes.
  • Otros derivados del petróleo: a mí también me sorprende encontrarlo en el culete de nuestros bebés.
  • Hasta 50 compuestos químicos sospechosos de producir cáncer y que además tienen la capacidad de funcionar como perturbadores del sistema hormonal e inmunitario.
  • Cloro, perfumes y un largo ectcétera de compuestos de dudosa seguridad.

Si tienes interés en indagar en la cuestión te dejo este post que escribí hace algunos meses que abordaba esta cuestión. Pincha aquí si quieres saber más.

  1. Por el medioambiente

El impacto de los pañales desechables en el medioambiente es brutal. No somos conscientes de que los pañales que nuestros hijos utilizan una sola vez perdurarán en el planeta durante más de 300 o 400 años.

Los pañales desechables no son biodegradables, entre otras cosas, porque la mayor parte de su composición está formada por celulosa y derivados del petróleo.

Cuando usamos pañales de usar y tirar estamos contribuyendo a la degradación del planeta.

No sé tú, pero yo  no quiero vivir en un gran vertedero.

  1. Por el ahorro económico

El primer año de vida de tu hijo supone un desembolso económico importante que según cómo te lo plantees puede ser más elevado o no.

Sin embargo, los pañales son un producto del que no podemos prescindir.

Si optamos por pañales desechables al año podemos gastar dependiendo de la marca y de la talla entre unos 600 y 800 euros. Si esta cantidad aproximada la calculamos teniendo en cuenta la cantidad de pañales que nuestro pequeño gastará en su vida, tenemos una cifra que oscila entre los 1500 y los 2000 euros.

El coste de los pañales de tela es bastante más pequeño. Unos 25 pañales que son una cantidad razonable para un bebé, oscila entre los 400 y los 450 euros. Y lo más importante de todo: es un desembolso que harás una sola vez. Lo que nos lleva al punto siguiente.

4. Son reutilizables.

Comprando pañales de tela solo desembolsarás el dinero en una ocasión.

No tendrás que volver a preocuparte porque los pañales se han agotado antes de tiempo.

En el tiempo que tu hijo lleve pañales no necesitarás volver a comprar pañales, además si tienes otro hijo los puedes reutilizar con total tranquilidad.

Existe todo un mercado de segunda mano en torno a los pañales de tela. Se trata de una opción interesante tanto para los que solo han tenido un hijo y desean venderlos, como para aquellos que tengan una situación económica apurada y que no puedan pagar de una sola vez los pañales nuevos.

Otra opción es regalárselos a otra familia que esté interesada en ellos. Por lo que existen muchas opciones de prolongar su vida útil.

5. Son cómodos y fáciles de usar

Mi madre, que es una señora bastante mayor, puso el grito en el cielo cuando se enteró de que íbamos a comprar pañales de tela. Para ella, era un atraso terrible, casi lindando con la esclavitud.

No es la única persona que al referirle que mi pequeño lleva pañales de tela se ha horrorizado al escucharlo. En el imaginario colectivo y en la experiencia de madres y abuelas están los pañales de tela que se usaban hace 40 o 50 años.

Los pañales actuales en nada se parecen a los pañales de antaño. Los que podemos encontrar hoy en el mercado han ganado en eficacia y comodidad.  Son fáciles de poner, quitar y desmontar.

Tan sencillos son de utilizar que en la guardería donde llevamos al peque no nos han puesto ninguna pega en que los use.

6. Se lavan con facilidad

Sí, nuestras abuelas lavaban los pañales a mano, pero usando los pañales actuales no hace falta que volvamos a ello.

Los pañales de tela se pueden meter en la lavadora sin problema, tan solo hay que seguir unas breves indicaciones: lavar en programa corto y que no sobrepase los 40 grados de temperatura.

Tampoco necesitas un detergente en especial para su lavado, tan solo que sea un detergente biodegradable y sin perfume.

Cuando hay cacas que han pasado al absorbente no es necesario lavarlo a mano con aclararlo con un poco de agua caliente sale sin ninguna dificultad.

7. Previenen irritaciones y daños en la piel

Una pregunta habitual es si los peques notan la humedad cuando han mojado el pañal llevando un pañal de tela y si eso puede provocarles alguna reacción alérgica. La respuesta es no, al contrario, se producen menos irritaciones.

Una de las ventajas de los pañales de tela es su composición. Suelen estar elaborados con tejidos naturales como el bambú, el algodón orgánico o el cáñamo. Estos tejidos son suaves para la piel de bebé además de muy absorbentes.

También son transpirables por lo que la piel del bebé puede respirar. Estas características son las que favorecen que los niños que utilizan pañales de tela sufran menos irritaciones y daños en la piel.

Previenen una serie de infecciones o alergias como la dermatitis del pañal o la piel atópica. Además  de evitar rozaduras e irritaciones cutáneas.

8.  Favorecen un consumo responsable

Comprando pañales de tela contribuyes a la gestión responsable de los recursos.

Tendrás un producto casi imperecedero, es decir, que posee una duración casi ilimitada, lo que implica un ahorro económico y energético que repercute directamente en nuestro entorno. Una de las razones de su longevidad como producto está en las materias primas empleadas, que son de la mejor calidad.

Das ejemplo a tus hijos de que se puede consumir de forma razonable sin caer en el modelo consumista de usar y tirar. Educas a tus hijos para un futuro más sostenible y equilibrado.

Además apoyas a una serie de empresas de reciente creación que se dedican a crear pañales de tela en diferentes colores y diseños. Incluso si eres buena tejiendo puedes coser los pañales tu misma. En la red puedes encontrar tutoriales, te dejo uno de los que me ha parecido más interesante:

Como puedes leer hay poderosas razones por las que si vas a ser mamá o ya lo eres consideres esta posibilidad.  En el próximo post te contaré mi experiencia con los pañales de tela. Así que no te lo puedes perder.

¿Se te ocurre alguna cosa más que añadir? ¿Conoces los pañales de tela? ¿Los has utilizado? ¿Qué te parecen como alternativa a los pañales desechables?

Estoy deseando saber tu opinión.

¡Y recuerda, si te gusta, comparte! ¡Me harás muy feliz!

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EL PARTO DE LAS LOBAS

EL PARTO DE LAS LOBAS

El parto es nuestro, sin embargo,

 hace ya tanto tiempo que nos lo robaron,

que perdimos nuestra capacidad de recordarlo.

Parir hoy, en casi cualquier lugar del mundo, implica asumir una gran cantidad de protocolos impuestos.

Asumir que durante todo el proceso las mujeres seremos tratadas como niñas a las que hay que proteger.

Parir de forma natural en un mundo artificial resulta cuanto menos heroico y arriesgado.

Nuestra voz es silenciada, incluso por otras mujeres inmersas en el proceso, que consideran nuestros deseos como caprichos, o nuestras negativas a aceptar determinadas praxis, como irresponsables.

El parto es un momento vital en nuestra vida y en la de nuestro hijo.

Deberíamos poder elegir como queremos vivir ese instante.

El «deberíamos» se estrella contra la pared del como son: instrumentalizados, artificiales, y en ocasiones, forzados.

Entre 2011 y 2014 se rodó el documental Loba un fascinante viaje, por diferentes lugares como Barcelona o México, que reflexiona sobre el parto desde la perspectiva de sus protagonistas: las madres y sus hijos.

Te recomiendo verlo porque es un excelente documental que nos habla de cómo se afronta el parto en un mundo globalizado como el nuestro. Al final del post te dejo toda la información.

El proyecto nace impulsado por Catherine, una curandera y osteópata que trata a niños pequeños de diferentes patologías y que  un buen día decide recoger historias de parto. Son sus propias pacientes, que han sido madres, las que toman la voz.

Cada una de las entrevistas ofrece un punto de vista y supone un ejemplo desgarrador de como la violencia obstetricia es la norma. La mayoría de estas mujeres querían un parto lo más natural posible, sin embargo no fueron respetadas.

Hablamos de cesáreas programadas, partos inducidos o tiempos de dilatación no respetados.

Una vez que comienza la intervención es imparable, ya que una vez iniciada es imposible de detener, una cosa lleva a la otra.

Así encontramos aplicación del gel  de Prostaglandinas para dilatar el cuello del útero, oxitocina para acelerar el parto, la maniobra de Hamilton, rotura de bolsa, tactos constantes, monitores internos, maniobra de Kristeller, episiotomías, y un largo de acciones que se ejecutan con la tranquilidad de la cotidianeidad.

La mujer entonces deja de ser dueña de sus acciones y se ve dirigida o manipulada por un grupo de personas que establecen cómo y cuándo debe parir.

No se confía en la madre ni el bebé. ¿Cómo vas a saber más tú que los médicos?

Por supuesto, que los sentimientos o emociones que experimentamos en ese momento sagrado son obviadas en todo el proceso y posteriormente.

Expresar el desagrado parece de mal gusto, la frase más común es  no ha pasado nada, todo ha salido bien.

Sin embargo si pasa, porque lo que sentimos existe y nuestra impotencia, rabia o dolor es real.

Nuestros sentimientos si importan y debemos hacer porque sean respetados.

Como contrapunto se recogen otros testimonios de mujeres que eligieron como parir y que consiguieron conectar con su cuerpo y dar a luz sin intervenciones externas.

La cuestión no es si debemos parir o no en casa, porque esa es una elección personal, sino que podemos parir por nosotras mismas.

Que podemos recuperar la confianza y recuperar la conexión con la naturaleza, con nuestro ser más íntimo.

Esa es la gran revelación.

Las palabras de este documental calan hondo en mi ser y me recuerdan como fue mi parto. Lo siento como una herida que se abre y vuelve a sangrar para cicatrizar de nuevo.

Mi parto fue una concatenación de intervenciones y de violencia obstetricia disfrazada de normalidad. Narrarlo fue una liberación, una forma de verbalizar una experiencia en algunos momentos fue traumática.

Sin embargo, aprendí enormemente de ella, de cuáles son los límites de lo que no estoy dispuesta a permitir, de lo que quiero y lo que no.

No sé si tendré más hijos. Lo que sí sé, es que si ese momento llega, elegiré cómo y dónde parir. Soy un ser humano libre con sentimientos, anhelos y deseos.

Seguiré siendo adulta aunque me embarace por segunda vez.

Seguiré siendo adulta y libre para elegir.

Si quieres ver el trailer aquí te lo dejo:

En plataformas como Vimeo puedes alquilar o comprarlo por un precio que oscila entre los 5,95 y los 7,95 euros.

Si visitas la página de la película podrás encontrar información sobre como se gestó el documental, como se rodó y testimonios de otras mujeres. Además ofrece la posibilidad de organizar pases privados y proyecciones a través de Screenly.

Aquí os dejo la dirección: http://lobafilm.com/

 Y tú, ¿has visto el documental? ¿Te sientes identificada? ¿Cómo fue tu experiencia de parto?

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EMPODÉRATE

EMPODÉRATE

Empodérate para vivir tu maternidad con libertad y consciencia.

Porque empoderarse es tomar las riendas de tu vida, tomar tus propias decisiones y mantenerte firme en aquello que crees sin que te importen las opiniones de otras personas.

Personas que, aunque sean muy cercanas, creen saber cómo debes educar o criar a tu hijo sin comprender que esa es tu labor y que la ejercerás con responsabilidad.

Reivindica el derecho que tienes de hacer las cosas como tú consideres mejor, que para eso eres la madre de esa criatura.

Ten confianza, la maternidad es un instinto muy arraigado en nuestra naturaleza.

Sabemos ser madres, pero queremos vivir ese rol a nuestra manera o desde nuestra filosofía de vida.

Porque tú y sólo tú conoces a tu hijo y sabes cuáles son sus necesidades.

Empoderarse para escuchar aquello que creas valioso y desechar aquello que consideres que no se ajusta a lo que quieres para vosotros. Porque aunque todas las opiniones son respetables, no todas tienen el mismo valor e incluso algunas vienen a minar tu confianza o a crearte incertidumbre.

Empoderarte para pegarle un corte a aquellas personas que se inmiscuyen en tu labor como madre y que creen que necesitas que te guíen:

Es que eres muy joven,

yo he criado tres hijos,

así se ha hecho toda la vida.

Pues no, no necesito opiniones gratuitas que no he pedido. Muchas gracias.

Empoderarte para hacer oídos sordos a los comentarios impertinentes que tratan de socavar tu confianza. Aquellas personas que siembran dudas con comentarios como:

No tienes suficiente leche,

Tu leche no alimenta,

El niño se queda con hambre,

¿Otra vez le vas a dar de comer?

Aunque sean personas muy queridas de tu entorno, no tienen un  máster en lactancia y desconocen cómo funciona.

Empoderarte para hacer oídos sordos a aquellos que opinan, sin tener ni idea y sin que les hayas dado pie a ello, pero que te dirán con cierto aire mandón que estás malcriando a tu hijo:

No le cojas que se acostumbrará a los brazos,

Te tiene tomada la medida,

Está muy mal acostumbrado,

Es un egoísta.

Por favor, ¡hablamos de bebés!

Empoderarse para enfrentarse a profesionales que tienen muy poco tacto y que por no reconocer que han cometido un error te toman por tonta y tratan de convencerte de cualquier cosa.

Soy madre primeriza, no imbécil.

El mundo está lleno de malas determinaciones tomadas por terceras personas. Toma tus propias decisiones, que tus equivocaciones sean tuyas no de tu pediatra o de la enfermera de turno.

Empoderarse para no hacer caso de las críticas y que nos resbalen. Críticas por no hacer lo que la sociedad o tu entorno espera que hagas:

¡Cómo no le vas a dar puré al niño!,

No practiques colecho que es antinatural y le crearás un trauma,

No le lleves cargado que te harás polvo la espalda,

Pásalo a su habitación cuanto antes

y un largo etcétera de recomendaciones basadas en una crianza que tú no has elegido.

Empodérate y no admitas que te llamen vaga, en el caso de que hayas tenido la oportunidad de tomarte una excedencia. No tienes porqué justificar ante nadie que has optado por retrasar el momento de incorporarte al trabajo para poder dedicarle esos meses de exclusividad a tu hijo. Más de una persona te dirá:

Menudas vacaciones que te vas a pegar, Vaya excusa para no currar,

o comentarios a tu pareja del tipo: No se vaya a acostumbrar.

No lo permitas.

Desde luego, resulta muy ofensivo. Porque esa decisión la tomas pensando únicamente en tu hijo y en el vínculo que quieres establecer y mantener con él. Comprarte un coche nuevo o costearte unas vacaciones en el Caribe no suscita tanta controversia.

Empoderarte para no escuchar esos mensajes del pasado que han calado tan hondo que parecen ser dogma de fe:

El pecho se da cada tres horas y no más de diez minutos,

Los niños duermen a los seis meses del tirón,

Tiene que aprender a dormirse solo,

No le consueles cuando llora que te está manipulando,

Este niño tiene vicio con la teta,

y un suma y sigue de consejos que nunca pediste.

Empoderarte para no permitir que nadie deje llorar a tu hijo: Los niños necesitan llorar, les ayuda a ensanchar sus pulmones.

Pues no, no lo voy a tolerar. Nunca dejaré llorar a mi hijo.

Si los adultos necesitan consuelo cuando lloran no entiendo por qué debemos negárselo a un niño. Ten valor para enfrentarte a esos comentarios desafortunados y escucha lo que tu instinto de madre te dice.

Empoderarte con la finalidad de que tu pequeño o pequeña sea respetado como el ser humano que es.

Defiende sus derechos y no permitas que otras personas le obliguen a hacer lo que no quiere, como dar besos si no le apetece o comer algo que sabes que no le gusta.

Tu hijo es un ser humano libre y, no por ser niño, tiene amputada la voluntad.

Defiéndelo.

Empodérate y pide respeto por el estilo de familia que has elegido. Que nadie tiene por qué cuestionar o criticar. Hablar desde la ignorancia es deporte nacional y de niños, hasta el frutero parece saber más que tú.

Y desde luego, no puedes contentar a todo el mundo, no lo olvides.

Empoderarte para pensar por ti misma como quieres afrontar la educación de tu hijo, estar preparada para equivocarte, para rectificar si es necesario, para adaptarte a cada nueva situación y para aprender de tu pequeño, porque ellos nos dan verdaderas lecciones de vida.

En definitiva, empodérate y ponte el mundo por montera.

La maternidad no es fácil pero es tu camino y tú decides cómo transitarlo, si con un montón de ruido a tu alrededor o con la tranquilidad de hacer lo que tú y tu pareja habéis consensuado y decidido en cada momento.

Pero por encima de todo disfruta, disfruta y disfruta de ser madre, de cada instante porque el tiempo pasa muy rápido y antes de que te des cuenta tu pequeño habrá crecido.

Cada etapa pasada no vuelve.

Y recuerda, el pequeño de hoy será el adulto de mañana.

Cuídalo como el más preciado tesoro.

Y tú, ¿te sientes empoderada?

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10 CONSEJOS PARA ESTUDIAR SIENDO MAMÁ

10 CONSEJOS PARA ESTUDIAR SIENDO MAMÁ

En el post de hoy te vamos a dar 10 consejos que te van a ayudar a estudiar siendo mamá y no morir en el intento. Contados desde la experiencia de una mamá que ha ganado una plaza.

Ya soy funcionaria en prácticas aunque todavía me cueste creerlo o me despierte creyendo que aún soy interina. Después de ocho años dando clase  obtuve mi gran recompensa.

No soy muy consciente de los cambios que esto ha traído a mi vida, pero si tuviera que resaltar alguno, sería la tranquilidad de cobrar a fin de mes y tener un horario que me permite pasar el mayor tiempo posible con mi hijo. 

Este era uno de mis motivos, seguro que tú también tienes los tuyos, en el post 5 poderosas razones para volver a estudiar enumeraba algunas razones por las que es buena idea volver a estudiar. No fue fácil, en el camino tuve que renunciar a algunas cosas como al blog o al tiempo de ocio. Los que me siguen desde hace tiempo saben que dejé de publicar en marzo para dedicarme a estudiar.

Más de una mamá estudiante me ha preguntado que cómo lo hice. En este post es para vosotras. Aunque mi experiencia es preparando una oposición, los consejos son perfectamente válidos para cualquier madre que haya decidido volver a estudiar.

Vamos a ello.

1.- Motivación

En el principio de todo. Yo colocaría la motivación. Antes que nada, antes de tener tiempo, de matricularte, de obtener los temarios, de apuntarte a una academia.

Si no estás motivada y convencida, será inútil.

Es un elemento vital porque vas a sacrificar muchas cosas y vas a estar cansada en más de una ocasión, sobre todo siendo mamá. Como tenga una racha, como el Vikingo ahora, que no duerme, será difícil que tengas ánimo de estudiar.

2.- Elige bien

Has decidido volver a estudiar, te felicito por ello. Ahora elige aquello que se adecue a tus posibilidades o a tu estilo de vida.

No dudo de mi capacidad para aprobar las oposiciones para policía nacional, pero jamás podría entrar en el cuerpo porque soy demasiado bajita. Este ejemplo es extrapolable a cualquier situación. Si has decidido volver a estudiar es porque estás buscando una mejora laboral.

Ya sea una oposición, una formación online, unos estudios universitarios o un posgrado, investiga sobre sus salidas profesionales.Si es una oposición, investiga sobre el horario de trabajo, dónde lo desempeñarías y qué requisitos necesitas tener.

No es la primera vez que alguien se está preparando una oposición para un cuerpo superior al que por titulación no puede acceder.

Un tema relevante es si para dicha oposición existe o no bolsa de trabajo. Esto significa que aunque no saques la plaza tienes la opción de poder trabajar como interina. Yo optaría por oposiciones con este perfil.

3.- Fíjate unos objetivos

Ahora que has tomado la decisión y que ya tienes el temario recién sacado de la imprenta es el momento de fijarse unos objetivos. No por pasar más horas delante de los apuntes o por permanencia en la silla se aprueba una carrera, un examen o una oposición.

Si no sabes adónde vas difícilmente llegarás a ninguna parte, o lo que es lo mismo, no llegarás donde quieres.

Tener un objetivo me permite diseñar una estrategia. Mis objetivos deben ser realistas y asequibles a mis circunstancias.

Si esto falla, todo lo que venga detrás se hundirá con mi nota en la lista.

4.- Planifica

Se trata de fijar en una serie de acciones determinadas y concretas de los objetivos de los que hablábamos en el punto anterior.

Si yo me pongo como meta estudiar dos temas a la semana y resulta que no tengo tiempo material para hacerlo, simplemente no podré cumplirlo. Esto genera muchísimo estrés.

Por ello, es tan importante ser realista.

Una forma de planificar es establecer qué horas tengo para estudiar. No se trata de lo que debería estudiar se trata de lo que puedo por las circunstancias personales que tengo. Este matiz es fundamental para no tirar la toalla.

Por ejemplo, yo solía levantarme sobre las 7:30-8:00 de la mañana. Desayunaba, recogía lo más urgente y me ponía a estudiar. Mi horario giraba en torno al peque. Me explico: si él todavía dormía, en cuanto acababa de desayunar me ponía a estudiar aunque estuviese la casa para prenderla fuego.

Si se levantaba a la misma hora que yo, aprovechaba para recoger y ordenar lo más urgente con él. Luego a mitad de mañana solía echarse una pequeña siesta de entre 1 y 1’30h. Ese tiempo era vital para mí. Trataba de emplearlo para la parte que me resultaba más compleja de la materia o que me requería mayor atención.

Si estimo que tengo 8 horas a la semana, que de verdad sean 8 horas.

Yo me fijaba objetivos semanales.: tantos temas, tanto tiempo dedicado a la parte práctica, etc.

5.- Establece un horario

Ya sé cuantas horas tengo para estudiar a la semana y un magnífico temario nuevo esperándome.

Pero si no decido cuándo y en qué momento me siento a estudiar, los apuntes serán más útiles calzando un mueble que en la estantería muertos de risa.

Establece un horario en el que establezcas en qué momento y por cuánto tiempo te sientas a estudiar.

6.- Crea un hábito

Íntimamente relacionado con el punto anterior está este.

Crear un hábito de estudio es fundamental para obtener resultados. Se consigue siendo constante y cumpliendo con el horario que hemos establecido.

Simple, cúmplelo. Día tras día.

Ahora bien, si resulta que en ese horario siempre surge algún imprevisto que te impide cumplir con tus horas de estudio es que te has equivocado al diseñarlo.

Deberías volver a revisar tus horas libres a la semana y ubicar las sesiones en otra franja horaria.

7.- Evita las distracciones

No nos engañemos, estudiar requiere un gran esfuerzo, sobre todo al principio cuando no se cuenta con un hábito reciente.

Si existen muchos elementos que puedan desviar nuestra atención en la hora que tenemos para estudiar, haremos cualquier cosa menos abrir el libro.

Debemos escoger un espacio tranquilo y a ser posible con luz natural donde sentarnos a estudiar.

Por supuesto, sin televisión, internet, radio, sin redes sociales, sin teléfono disponible para recibir llamadas y sin niños demandando a mamá. La mayoría de estás directrices a priori son sencillas de seguir.

La última es bastante más difícil. Antes que estudiantes somos madres y atender a nuestros hijos es nuestra máxima prioridad, al menos la mía.

Esto parece muy poco compatible con todo lo que señalado hasta ahora. Sin embargo, existen varias opciones. Una de ellas, es que el papá o un familiar atienda al peque en ese rato que estudias. Esta sería la ideal.

Si no es posible, debes intentar compartir ese espacio con tu pequeño.

Si es así, tu nivel de exigencia debería ajustarse a esta circunstancia.

Os puedo asegurar que preparé mi oposición con el niño pegado a la teta la mayor parte del tiempo y saqué la plaza. No es imposible.

8.- Revisa tu planificación

Has cumplido todos los pasos anteriores pero aún así no llegas a los objetivos que te has propuesto.

No es que no estudies, es que la materia te lleva más tiempo de lo que tú esperabas.

O simplemente ha surgido un imprevisto y has tenido que bajar el ritmo de estudio o parar durante unas semanas.

No pasa nada, podemos reajustar la planificación. Eso supone actualizar tu programa a tus circunstancias reales.

En ocasiones, nos ponemos metas poco realistas lo que nos obliga a revisar la planificación.

Recuerda, si siempre hay trabajo atrasado, es que sencillamente la planificación no es la adecuada.

9.- No te obsesiones

Claro que lo ideal es llegar al examen con toda la materia estudiada pero si no es posible no te angusties.

La ansiedad no te va a ayudar a que se estire el tiempo, ni va a lograr que los conocimientos se fijen más rápido. Al contrario, es un poderoso enemigo que afecta seriamente a tu salud.

Se consciente de hasta donde puedes llegar.

Celebra tus aciertos y no te castigues si las cosas no salen como esperabas.

10.- Se optimista

Sentarse a estudiar pensando que no vas a aprobar, que salen muy pocas plazas, que los demás son mejor que tú y un largo etc. de mensajes negativos que te repites a ti mismo,

 solo beneficia a tu competencia.

Hay que estudiar con la mejor disposición y actitud posible. Claro que te puedes permitir un día sentirte desanimado, pero al siguiente te sientas en la silla pensando que tú puedes y que eres la mejor.

Y por último, confía en ti y en tus posibilidades. Si te dijeron de niña que no valías para estudiar o que no eras lo suficiente buena, sencillamente, te mintieron.

Puedes llegar donde tú quieras si te lo propones y trabajas duro.

Ahora que hemos llegado al final, ¿me cuentas en qué punto estás?  Y lo más importante, ¿cómo puedo ayudarte en tu proceso de estudio? Tu consulta o comentario siempre será bienvenido.

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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?

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