UNA HIJA VEGETARIANA

UNA HIJA VEGETARIANA

¡Una hija vegetariana! Mi madre, la mujer, no gana para disgustos. Además de criar una hija rebelde, independiente y cabezota, trajo al mundo una vegetariana convencida.

Sin embargo, no fue hasta hace poco tiempo que me di cuenta de que lo era, o dicho de otra manera, era vegetariana pero no lo sabía. ¿Es posible?

No me acosté una noche y me levanté al día siguiente siendo vegetariana, sino que fue un proceso lógico iniciado años atrás.

Desde niña ya apuntaba maneras porque nunca me gustó la carne y era una lucha constante convencerme para comerla. No me gustaba ni su aspecto, ni su olor, ni su sabor. El encontrarme un hueso o un trozo de nervio me horrorizaba. Por supuesto, me daban un asco horrible los chuletones y cortes cárnicos similares.

De adulta esto no cambió, sino que fue a peor, evitaba la carne de todas las maneras posibles. Me acostumbre rápido a ser la rara que siempre en cualquier comida o celebración pedía pescado.

Sin embargo, mi madre que es tan cabezona como yo y mi pareja, me insistían en que debía comer carne para estar bien nutrida, y por obligación la consumía de vez en cuando y lo más encubierta posible.

¿Y la comida basura? ¿No me digas que no te gustaban las hamburguesas de McDonald o del Burger King? Pues lamento decepcionarte, pero no.

Creo que la última hamburguesa de comida rápida que consumí fue a las trece años. Las probé, no me gustaron y me provocaron una indigestión. Razón de más, para no volver a consumirlas.

Como siempre me ha gustado leer, últimamente más ensayos que obras de ficción, no pude dejar sin terminar un libro que encontré en la biblioteca: Fast Food Nation de Eric Schlosser. Si no lo has leído te animo a hacerlo, cambiará tu visión de la realidad.

En esta obra se analiza de cerca la industria de la comida rápida en EEUU. Por cierto, industria que hace ya unos cuántos años nos colonizó a nivel global también a nosotros.

Tan relevante es esta publicación que unos años después se rodó un documental basado en ella. Os dejo un enlace a la versión subtitulada al castellano por si queréis echarle un vistazo.Te va a sorprender y horrorizar a partes iguales.

Esta lectura marcó un antes y después, porque ya no pude volver a ver a la productos cárnicos con la mirada inocente de la ignorancia.

Sin embargo, el detonante que impulso gran parte de este cambio fue comprarme una panificadora…

¿Cómoooo?

Pues sí, pon una panificadora en tu vida y cambiará tu percepción del mundo.

Claro que antes de tomar esa decisión llegue a la conclusión de que el pan que nos venden es un sucedáneo del pan, es decir, se parece mucho al pan, pero cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia. Esta discusión da para mucho, así que la dejaremos pendiente para otro momento.

La panificadora fue un impulso para investigar nuevas posibilidades. Descubrí que se podía hacer pan con muchas harinas diferentes y comprendí que el pan que comíamos procedente de harinas refinadas alimentaba poco y engordaba mucho.

En paralelo, mi pareja comenzó a interesarse por la agricultura ecológica. Para entonces ya habíamos abandonado la ciudad y nos habíamos instalado en un pequeño pueblo de la sierra madrileña. Convirtió el patio en un improvisado huerto donde empezó a investigar y cultivar sus primeros tomates.

Una vez que pruebas un tomate plantado, criado y mimado por ti, ya no hay marcha atrás porque ya no querrás volver a llenarte el estómago con una tomate de supermercado que no sepa a nada.

Las abejas llegaron un poco después, cuando mi chico se formó en apicultura y consiguió el permiso para poner sus primeras colmenas. Actualmente tiene solo unas pocas pero espera poder ampliar su número en el futuro.

Pero lo más importante, ¡Tenemos miel esta temporada!

Con la perspectiva de querer ser padres buscamos mudarnos a una casa más grande. El embarazo y la mudanza llegaron casi a la vez. Elegimos una casa con terreno para tener un huerto que nos permitiese llegar algún día al autoconsumo.

Aún no lo hemos conseguido, pero estamos en el camino. Lo siguiente fue montar un invernadero, para alargar la temporada de hortalizas. De momento, estuvimos todo el otoño y parte del invierno comiendo las lechugas de nuestro huerto. ¡Nunca pensé que me entusiasmaría tanto una ensalada!

Con el embarazo mi preocupación por la alimentación fue en aumento, ya que me encontraba siempre muy fatigada. Me harté de leer libros y ver conferencias contrastando información y buscando formarme un criterio propio sobre el tema.

Al mismo tiempo, mi ginecóloga de toda la vida me hacía recomendaciones imposibles de seguir para mí: beber un litro de leche al día o consumir un gran número de lácteos. Deseché sus buenos consejos, porque cuantos más lácteos consumía más cansada estaba. Hoy sé que una dieta abundante en lácteos hace que disminuya la absorción del hierro. A esto hay que sumarle que no digiero nada bien la leche.

El tema de las proteínas también fue un importante caballo de batalla, porque aunque aumenté el número de proteína animal en mi dieta, mi hijo siguió siendo un CIR y hubo que inducirme el parto. Hoy sé que ese consejo fue desafortunado pero entonces no lo sabía. Por supuesto, que mi rechazo a la carne aumento todavía más si cabe.

Sin embargo, antes de que mi hijo naciese le plantee a mi pareja una idea que rondaba por mi cabeza desde hacía tiempo. Si no me gusta la carne y el pescado es mejor no comerlo por la cantidad de tóxicos que lleva, ¿Por qué no dar el paso y hacernos vegetarianos?

Y para mi sorpresa, se mostró conforme con la decisión, es más, la abrazó con alegría, porque era un paso que tarde o temprano estábamos abocados a dar por nuestro  estilo de vida. Acordamos esperar a que el bebé naciese para dar el paso definitivo.

Desde entonces llevamos una dieta ovo-lacto-vegetariana y tengo que decir que nunca me he sentido tan bien como siento ahora.

Así nació esta vegetariana que lo era ya desde mucho antes.

¿Y tú eres vegetariana? ¿Te lo has planteado alguna vez?

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MERECIÓ LA PENA

MERECIÓ LA PENA

Por fin se acabaron las oposiciones y con un poco de suerte lo de opositar. Han sido unos meses muy duros, pero todo en la vida tiene su recompensa. Y sí, puedo decir que mereció la pena.

Los madrugones para estudiar, las tardes encerrada en casa mientras el papá del vikingo se lo llevaba a pasear para que me cundiera el tiempo, el escribir con una mano y sostener al peque dormido con el otro brazo. El no poder hacer planes porque no podía perder ni un minuto para dedicárselo al ocio, el abandonar el blog para no distraerme, robarle horas al día y tener la casa hecha un desastre.

Mereció la pena pasar tantos nervios, la incertidumbre e incluso desesperar en algunos momentos. Llorar de cansancio y caer rendida en la cama por las noches.

Sobre todo cuando salen las notas y ves que eres uno de los elegidos, que has pasado el corte, que tu nota es una de las mejores. Que la parte en la que se valora tu capacidad como docente es la que mejor puntuación obtiene, un 9,3. Es una gran satisfacción, un orgullo y una enorme alegría.

Toca esperar si además de buena nota obtendré la tan disputada plaza. La deseo sobre todo por mi peque, que no tenga que venir más a buscarme a la mesa de estudio con los brazos extendidos y pidiendo que le coja en brazos. Que no tenga que volver a robarle tiempo, la infancia es muy corta y no quiero perdérmela.

Ahora solo quiero descansar, disfrutar de mi familia y reordenar mis ideas. Estoy emocional y físicamente agotada.

Sin embargo, uno de mis objetivos este verano es ir recuperando este espacio, ir recobrando mi tribu virtual y realizar algunos cambios en el blog. Así que espero verte por aquí.

Ya os lo dije cuando me marchaba: volveré

Queda mucha tribu por vivir y mucha mamá por descubrir.

Avisados quedáis.

Un fuerte abrazo.

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NUNCA DEJES DE CREER EN TI

NUNCA DEJES DE CREER EN TI

¡Mírame ahora!

Con estas palabras se dirige Kate Winslet a su viejo profesor de teatro. Estamos en la entrega de los premios BAFTA, gala en la que acaba de ser premiada como mejor actriz de reparto. Se trata de un nuevo galardón en su fructífera carrera.

 Más de 20 años separan esta declaración de principios, de la afirmación condescendiente de su profesor: A lo mejor, te irá bien haciendo papeles de gordita.

Quiero pensar que no fue un comentario malintencionado, sino que desde su visión obtusa y convencional, su profesor de teatro consideró que su enorme talento no sería suficiente para triunfar.

Cuantas veces alguien nos ha transmitido sus creencias limitantes y sus prejuicios más rancios, siempre desde la buena intención y buscando darnos un buen consejo, que la mayor parte de las veces no hemos pedido.

El recordar más de veinte años después, un incidente así, me lleva a reflexionar que las ideas que los demás proyectan sobre nosotros tienen más importancia de lo que parece. Tanto si esas ideas son positivas o negativas.

Antes de ser profesora estuve trabajando como formadora en la empresa privada. Mi cometido era formar a los aspirantes para atender al teléfono en unas estresante plataforma de seguros. El día antes de incorporarse a la plantilla y empezar el trabajo, les daba una charla en la que les decía que lo iban a hacer muy bien y que pasarían el período de prueba. Sobre todo les recalcaba lo muchísimo que confiaba en ellos.

Este gesto que parece intranscendente cobraba una gran importancia porque funcionaba: los nuevos compañeros mostraban una mayor confianza en sí mismos y la mayoría, por no decir todos, conseguían pasar el período de prueba.

Sin saberlo estaba aplicando el efecto pigmalión o la profecía autocumplida, tuve que esperar a iniciar mis estudios de psicología (estudios que algún día retomaré) para poner nombre a algo que yo hacía intuitivamente.

El efecto Pigmalión tiene sus antecedentes en la mitología griega, fue recuperado por la literatura en El pigmalión de George Bernard Shaw y convertido en musical en Mi fair lady.

Pero, ¿en qué consiste?

Se trata del fenómeno por el cual cuánta mayor es la expectativa depositada en una persona mejor rendimiento obtendrá. O dicho de otra manera, las expectativas que tenemos sobre otras personas tienden a cumplirse.

En el segunda mitad del siglo XX fue aplicado a la docencia con estupendos resultados. Los alumnos obtenían mejores calificaciones cuando se esperaba más de ellos, o lo que es lo mismo, cuando el docente mostraba que confiaba en las aptitudes del estudiante.

Cuando era adolescente tuve una época muy rebelde en la que no estaba dispuesta a escuchar a nadie y en la que abandoné mis estudios. Sin embargo, mi profesor de inglés, que luego se convirtió en el jefe de estudios, siempre creyó en mí. No dejaba de decirme lo inteligente y lo creativa que era. En muchos momentos me he acordado de él, porque yo años después, elegí la docencia también como profesión (¡Quién lo hubiera dicho en aquella época!). Y he hecho exactamente lo mismo con mis alumnos: creer en ellos.

Los chicos tienen un enorme talento, sin embargo la escuela suele silenciar esas capacidades por el bien de la ficticia homogeneidad. La profecía autocumplida es especialmente cruel con aquellos alumnos con malos resultados académicos.

Una de las primeras medidas que empleo cuando imparto clase a un grupo de Compensación Educativa es trabajar su autoestima, porque la tienen por los suelos. No se quieren a sí mismos, porque alguien en su entorno, les dijo que eran unos inútiles.

¿Cómo van a llegar a amar a otro ser humano si no se quieren a sí mismos?

Es un trabajo muy duro pero muy gratificante. Porque estos alumnos salen adelante y un día vuelven a aprobar, o aprenden a dividir con dos cifras. Y un buen día te dan las gracias, porque creíste en ellos. En estos casos, el efecto pigmalión se pone al servicio de un buena causa.

Sin embargo, en muchas otras ocasiones, se emplea la profecía autocumplida de forma negativa para matar la creatividad y la autoestima. De tanto repetir las cosas, uno acaba creyéndolas, y es más, termina por responder a esas expectativas.

Si tú le dices a alguien reiteradamente que es un inepto, se acabará comportando como tal.

Por todo ello, debemos ser especialmente cuidadosos con los mensajes que les transmitimos a nuestros hijos. Porque sin darnos cuenta podemos estar condicionando negativamente su conducta. ¿Para qué me voy a esforzar si no lo voy a hacer bien?

Desgraciadamente, todavía escucharé a más de un padre decir que su hijo no sirve para nada, a un compañero, que ese chico es un caso perdido o a sus amigos que es tonto. Y el chaval lo creerá.

Comentarios que son muy parecidos a los que su viejo profesor le dijo a Kate Winslet. Sin embargo, ella, se rebeló contra la profecía autocumplida. No le hizo caso y continuó su camino.

Y demostró que el mundo es para los que tienen fe en sí mismos y para los que no se rinden.

Para aquellos que no se ponen límites y caminan dando pequeños pasos hacia metas imposibles.

Su inspirador discurso no te lo puedes perder, aquí te lo dejo.

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CULETES DESECHABLES NO, GRACIAS

CULETES DESECHABLES NO, GRACIAS

Llámame rara, pero el peque usa pañales ecológicos. Ya antes de nacer el Vikingo ( el bebé antes conocido por Nano o Nanete), me preocupaba el impacto que nuestros actos cotidianos tienen en el medio ambiente.

La contaminación es un problema muy serio, se trata del mundo que heredarán nuestros hijos, el lugar donde crecerán  nuestros nietos. El tema es tan grave que en el año 2050 habrá más plásticos en el océano que peces. No quería ni quiero que mi hijo herede un mundo lleno de desperdicios.

Cuando investigué sobre el impacto medioambiental que supone el uso de pañales desechables me llevé las manos a la cabeza. Si calculamos que un bebé puede gastar de media unos 7-8 pañales al día, durante al menos sus 30 primeros meses de vida, nos salen unos 7.200 pañales. Si a esta cantidad le sumamos la del resto de bebés que también los utilizan, la cantidad se convierte en inmanejable. Hablamos de más de 900.000 toneladas anuales sólo en España. Una conocida marca de pañales calculó que con los pañales sucios generados se podría llenar el estadio Santiago Bernabéu más de dos veces.

Pero esto no es todo, uno de los principales problemas de los pañales desechables es que no son biodegradables. Un pañal desechable tarda entre 300 y 400 años en descomponerse, como sigamos a este ritmo hundiremos el planeta a base de pañales sucios.

Sí, vale, soy una friki. A todos nos interesa mucho la ecología, siempre y cuando no nos suponga hacer ningún esfuerzo. Pero te animo a seguir leyendo porque lo que viene a continuación quizás te interese mucho más.

Una de las razones por las que es tan complicada la desintegración de los pañales desechables tiene que ver con su composición. En su mayoría están formados por celulosa y materiales derivados del petróleo (¡ay!, el oro negro está en todas partes). Siguiendo la información que ofrece la Dra Odile Fernández en su blog, podemos encontrar en los pañales aproximadamente 50 productos químicos, muchos de ellos perturbadores del sistema hormonal e inmunitario.

De algunos de estos componentes químicos se ocupa un estudio llevado a cabo en 1.999 en los laboratorios Anderson, descubrieron que los pañales desechables liberan componentes volátiles orgánicos que incluyen tolueno, etilbenceno, xileno y dipenteno, en otra ocasión hablaremos de estos entrañables amigos. Sólo diré por hoy, que estos componentes son tóxicos y que su exposición continuada puede provocar cáncer y daño cerebral.

Además encontraron cierta relación entre estos componentes y un mayor riesgo de padecer asma, infecciones respiratorias y cutáneas debido al poliacrilato de sodio, que es el principal absorbente de los pañales desechables.

Otro interesante componente es el tributilestaño (TBT) que fue analizado por Greenpeace Alemania. La ONG descubrió que este compuesto puede provocar cáncer y trastornos graves del sistema nervioso, ya que altera el equilibrio hormonal y el sistema inmunitario.

Para que os hagáis una idea, como tiene un alto poder como pesticida, se emplea como pintura en los cascos de los barcos, buques o puertos. También es el responsable del cambio de sexo de los moluscos gallegos.

A este cóctel químico, debemos sumarle la pasta de madera blanqueada con cloro, perfumes y conservantes.

Otro estudio realizado en Alemania descubrió que los bebés de sexo masculino, que usaban pañales desechables, manifestaban una temperatura escrotal tan elevada que podría causar infertilidad en su edad adulta. En concreto, la temperatura subía hasta 5º grados, perjudicando el mecanismo fisiológico de refrigeración testicular necesario para la creación de espermatozoides.

Ahora ya podéis llamarme alarmista, exagerada o crédula. Pero os dejo un dato más para la reflexión. Si tan seguros son para la salud los pañales desechables estándar que nos venden, ¿por qué las empresas que los venden no están obligadas a dar a conocer sus ingredientes básicos?

Y no me vengáis con eso del secreto profesional, porque estamos hablando de un tema muy serio, los pañales con los que están en contacto nuestros hijos 24 horas al día sus primeros años de vida. Al ser un tema de interés público deberíamos poder saber cuál es su composición. Es más, deberíamos saberlo para poder elegir y exigir a esas empresas que eliminen los componentes tóxicos.

A estas alturas alguien pensará que son desvaríos de una madre reciente abducida por el discurso ecologista más extremo. Pues no, me baso en información proporcionada por organismos y personas de reconocido prestigio que luchan contra la presencia de los químicos peligrosos de síntesis en nuestra vida.

Una de estas personas es la Dra Odile Fernández Martínez. Os animo a visitar su blog, del que he sacado parte de la información contenida en el post. Además de médico de familia, superó un cáncer de ovario estadio IV en 2010. Se trata de una eminencia en el tema de la lucha contra el cáncer, tiene varios libros publicados y da conferencias por toda España.

Para mí es una referencia constante y una inspiración.

¿Y vosotros que opináis?

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SIN TU COMPLICIDAD NO SON NADIE

SIN TU COMPLICIDAD NO SON NADIE

Primavera de 2014. Esa mañana leemos en clase y debatimos un texto que trata sobre el acoso escolar. La dinámica es la misma en los dos 2º de la ESO a los que imparto clase. Sin embargo, la reacción de los alumnos ante un mismo discurso es completamente diferente en un curso que en otro.

Primero, digamos que tengo clase con 2ºA. Tras leer el texto se abre el turno de debate y se hace un clamoroso silencio. Planteo algunas preguntas, trato de buscar feedback, sin embargo nadie quiere hablar, es más, no tienen nada que decir, se encogen de hombros, miran para otro lado. Mis preguntas resultan incómodas. ¿Por qué?

Sigo adelante y explico que no denunciar una situación de acoso te convierte en cómplice del acosador. Es evidente que hay voces en contra, pero nuevamente parece que el muro es sólido. Entonces tímidamente una mano se levanta. Una alumna me dice que no está de acuerdo con lo que digo. Le pido que se explique. Entonces me dice indignada que ella no es cómplice por no contar que alguien sufre acoso. Que eso es ser un chivato y que ella no es una chivata. Insisto en mi argumento. Si no lo cuentas lo estás perpetuando. Pero ella insiste en que no tiene porque meterse en los asuntos de los demás.

Es la única que es sincera, porque el resto piensa lo mismo, pero no lo dice. Suena el timbre y los alumnos salen hacia el recreo y yo me quedo recogiendo mis cosas. Este tedio y falta de empatía me hace sospechar que algo está pasando. Sólo me queda comentárselo a la tutora y observar con los ojos muy abiertos.

Última hora: 2ºB. Empleo el mismo procedimiento. Leemos detenidamente y luego abrimos turno de debate. Sin embargo, no ha acabado el texto y ya se han levantado algunas voces que dicen que a ellos también les ha pasado lo mismo. En cincuenta minutos, más de la mitad de la clase puede referir alguna situación de acoso en su vida. Y lo que es mejor, lo cuentan sin ningún pudor y lo comparten con el resto de compañeros.

Incluso aquella alumna que nunca participa y que se niega a hacer nada, la malota de la última fila, levanta la mano y cuenta como fue acosada por una chica mayor que ella. No hay rechazo ante el argumento de que mirar para otro lado te hace cómplice, al contrario, más de uno ha defendido a un compañero acosado. ¡Ole por ellos! Cuando acaba la sesión todavía queda algún alumno que se acerca a contarme su caso.

Dos semanas más tarde, se descubre un caso de acoso, ¿En qué clase creéis que se está produciendo?

Efectivamente: en 2ºA. Ese silencio era muy sospechoso, por no decir que eran las llamas de un incendio.

Estos hechos me hicieron reflexionar entonces y vuelven a suscitar mi reflexión estos últimos días cuando tanto se habla de violencia escolar. Un niño se suicida en Madrid y yo siento que algo en nosotros también muere. ¿Por qué no pudo evitarse? Como es noticia, los medios se hacen eco y una procesión de opinólogos desfilan por el televisor.

Se escucha eso de que todos debemos luchar contra el acoso escolar, eslogan que tiene tanta fuerza como decir quiero comerme un filete y que tienen tanta utilidad, así planteado en abstracto, como predicar en el desierto.

El acoso escolar existe, son chavales con nombre y apellidos los que acosan a otros. Estos otros también tienen nombre y apellidos,  son los que sufren el desprecio gratuito de seres cobardes e inmaduros.

Por supuesto, nadie quiere hablar de responsabilidad. Parece que el acoso es una fuerza insondable de la naturaleza, imposible de prevenir, complicado de detectar y difícil de solucionar.

Esta pasividad sólo beneficia al que acosa, que tiene absoluta libertad para seguir imponiendo su ley.

Mañana los focos se apagan y queda la tragedia de unos padres que han perdido a un hijo y que se preguntaran el resto de su vida porqué.

Pues porque no se han hecho las cosas bien, porque se ha permitido a los acosadores hacerse fuertes en su feudo y perpetuar la vergüenza.

Porque los que podían hacer algo han mirado hacia otro lado como los alumnos de 2ºA. Porque los profesores de este niño tampoco han hecho su trabajo de identificar la situación y poner solución .

El acoso escolar es muy sencillo de percibir, solo hay que abrir los ojos y escuchar a los alumnos. En mi experiencia como docente me he encontrado con situaciones de acoso y mi respuesta ha sido siempre tolerancia cero.

Pero volvamos a 2ºB. ¿Qué está pasando para que un grupo de alumnos tan grande admita haber sufrido acoso escolar en alguna ocasión?

Igual es que es más habitual de lo que pensamos y que además no es típico de niños mal adaptados. Hasta uno de los chicos más respetado en clase, contó que había sido acosado en el colegio.

También se reiteran los tópicos. Todavía se culpabiliza al niño acosado: algo habrá hecho, es que es muy pedante, es un resabido. No sabe defenderse. Comentarios así he tenido que escucharlos incluso por parte de compañeros de profesión. ¡Es indignante!

Otra idea equivocada es pensar que el niño acosado tiene una baja autoestima, lo que no es cierto. Son los acosadores los que tienen una personalidad inmadura, agresiva y una baja autoestima, que les lleva a intentar machacar a otro para sentirse mejor. Suelen ser chavales con problemas para relacionarse que sólo saben brillar a través de la burla y la humillación. Por supuesto, su falta de empatía es total.

Se trata siempre de un cobarde que se esconde entre la inmensa mayoría. Nunca dará la cara y admitirá de forma directa lo que hace.

Los padres del acosador tampoco son una ayuda. Pasando por mi niño no es así, no hace esas cosas, era una broma, no pasa nada por burlarse de otro, es una exageración, se ha sacado la situación de contexto y comentarios parecidos. Los padres del acosador minimizan la mala conducta de su hijo, la califican de chiquilladas o conflictos sin importancia.

Con esa actitud refuerzan las acciones de su pequeño que cree que puede actuar con total impunidad. Total mis padres siempre me van a creer. Ese apoyo a una conducta reprobable se produce por una mal entendida protección. Tema que daría para mucho pero del que no voy a hablar hoy.

Con los compañeros mirando para otro lado, los profesores a otra cosa y con los padres culpabilizando al acosado, el niño que sufre acoso se siente en un soledad absoluta.

¿Qué pensarán sus padres de él si cuenta lo que pasa? Como siente vergüenza, el niño opta callar. Con todos en silencio la dictadura del terror se impone y el estigma crece día a día.

Sin embargo, puede romperse y debe romperse esa dictadura del terror. Muchos alumnos temen denunciar y ríen las burlas del acosador por miedo a convertirse en el foco de sus comentarios.

Es el terror el que mantiene este sistema en pie. Su silencio es la condena del que sufre acoso porque los acosadores se hacen fuertes con el silencio de los otros. Pero estos otros son cómplices y también responsables. Sí, es duro esto que digo, pero es la verdad.

No se trata sólo de enfrentarse directamente al acosador, siempre se puede ir a Jefatura de estudios y comentar la situación, hablar con un profesor con el que tengan confianza, acudir al orientador o comentárselo a sus padres. El anonimato está garantizado y nos ponen sobre la pista a los profesores, nos avisan de que algo sucede y podemos intervenir. Somos todos parte activa, la omisión de socorro también es una acción.

Pero esto es un ataque muy directo a la autoestima y es una verdad incómoda.

¿Cuál es la solución?

Educación y concienciación en todas las etapas educativas y tolerancia cero a determinados comportamientos.

¿Cómo se hace eso?

Actuando de forma contundente: destapando la situación de acoso, con mucho diálogo, visibilizando el problema y aislando al acosador.

Sin la complicidad del resto no son nadie.

El resto incluye a los alumnos, los profesores, los padres y todos los que formamos parte de la comunidad educativa. Podemos hacer mucho para prevenir el acoso, pero es necesario compromiso y actuación.

Así que cuando veamos a cuatro mocosas marginando a una compañera, intervengamos y no pensemos que es cosa de niños.

Eso implica también no decirle a tu hijo que hace mal por defender a un amigo y que debe preocuparse de lo suyo. Luego no nos quejemos porque los chicos son individualistas.

Rompamos el tabú sobre el acoso y escuchemos a nuestros hijos. Y por encima de todo dialoguemos, dialoguemos y no dejemos de dialogar con ellos.

Podemos y debemos luchar contra el acoso escolar educando a nuestros hijos en el respeto hacia los demás, en la empatía hacia el sufrimiento de otros y en la confianza en sí mismos.

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RECETAS VEGETARIANAS FESTIVAS: ParteII: Tarta de verduras y Mousse

RECETAS VEGETARIANAS FESTIVAS: ParteII: Tarta de verduras y Mousse

Vamos a por la segunda parte.

Nos faltaba la tarta cremosa de verduras y la mousse de turrón. Con esta propuesta podemos deshacernos del excedente de turrón acumulado en la despensa. Eso sí, habrá que ir pensando algunas recetas que nos desintoxiquen de los excesos navideños.

TARTA CREMOSA DE VERDURAS

Podéis emplear también otras verduras que tengáis a mano y que necesitéis gastar en ese momento. Si no os gusta mucho el queso podéis echarle un poco menos.

Ingredientes

1 puerro grande

1 calabacín

1 berenjena

1 pimiento verde

1 plancha redonda de hojaldre

1 huevo

250 gramos de requesón o ricotta.

50 ml de aceite de oliva virgen

Una pizca de orégano

Un pizca de cúrcuma

Un puñadito de semillas de sésamo.

Una pizca de sal

Con Thermomix

Pelamos y cortamos en rodajas finas el puerro y el pimiento verde. Añadimos al vaso con 50 ml de aceite de oliva virgen extra. Programamos 8 minutos, 100º, giro a la izquierda y velocidad cuchara.

Mientras troceamos el calabacín y la berenjena. Lo  unimos al vaso, programamos 10 minutos, temperatura Varoma, giro a la izquierda y velocidad cuchara. Cuando termine si quieres trocearlo un poco más, debes esperar que baje la temperatura a 60º y trocear 20 segundos a velocidad 4.

Lo sacas del vaso y lo colocas en un bol. Sin lavar el vaso, introduces el requesón, un huevo y aprovechas para condimentar con orégano, cúrcuma y semillas de sésamo. Programamos 20 segundos y velocidad 5. Añadimos las verduras y mezclamos 10 segundos, giro a la izquierda y velocidad 3.

Sacamos de la nevera la lámina de hojaldre y extendemos en un  molde de 24 cms, en el que previamente hemos puesto un papel de horno para que sea más fácil desmoldar. Nos aseguramos que toma la forma del molde. Añadimos el relleno. Precalentamos el horno a 180º e introducimos en la bandeja del medio. Horneamos durante 25-30 minutos.

Sin Thermomix

Pelamos y cortamos en rodajas finas el puerro y el pimiento verde. Pochamos en una sartén con aceite de oliva. Mientras se va haciendo, troceamos el calabacín y la berenjena en dados pequeños. Añadimos y salpimentamos. Dejamos que se cocine a fuego suave. Ve añadiendo agua según vaya siendo necesario. Cuando este hecho lo quitamos del fuego y lo dejamos enfriar.

En un bol mezclas el requesón y el huevo, después añades el relleno y mezclas de nuevo. Sacamos de la nevera la lámina de hojaldre y extendemos en un  molde de 24 cms, en el que previamente hemos puesto un papel de horno para que sea más fácil desmoldar.

Nos aseguramos que toma la forma del molde. Añadimos el relleno. Precalentamos el horno a 180º e introducimos en la bandeja del medio. Horneamos durante 25-30 minutos.

MOUSSE DE TURRÓN

Como podéis ver, entre los ingredientes no aparece ningún endulzante porque ya el turrón y la nata tienen suficiente azúcar y el postre queda dulce sin necesidad de añadirle más.

Si queréis que tenga mayor textura de mousse podéis añadir dos hojas de gelatina. Yo decidí no hacerlo porque le tengo declarada la guerra a la gelatina. Se crea a través del tejido conjuntivo de los animales, es decir, lo peor: piel, tendones, cartílagos y huesos. No es precisamente un producto vegetariano y me da bastante asco, así que si puedo evitar utilizarlo lo hago. Existe una alternativa a la gelatina de origen animal, se crea a través del alga agar-agar, en otro entrada os hablaré de ella.

Ingredientes

Media tableta de turrón blando

1/2 litro de de nata líquida

2 huevos

1 cucharada y media de mascarpone

Con Thermomix

Lo primero es montar las claras, ponemos las dos claras de huevo en el vaso y programamos dos minutos, uno por cada clara, velocidad 3,5 y 37º. Si están a temperatura ambiente, no es necesario poner temperatura. Sacamos del vaso y reservamos.

A continuación vamos con el turrón, lo troceamos. Lo metemos en el vaso, 3 minutos. 60º grados y velocidad 4. Añadimos las yemas y la mitad de la nata. Ponemos la mariposa en la Thermomix y  Programamos 3 minutos a velocidad 3,5.

Sacamos y en un bol mezclamos con las claras de huevo montadas que están reservadas. Mezclamos con movimientos envolventes de abajo arriba. Montamos el resto de la nata líquida con una cucharada y media de queso mascarpone. Los dos ingredientes tienen que estar muy fríos. Programamos dos minutos a velocidad 3,5.

Mezclamos todo en el bol dejando reservada una parte de la nata. Servimos en los vasos y por encima colocamos la nata reservada. Podemos decorarlos por encima con virutas de chocolate o crocanti de almendras. Metemos en la nevera los vasos al menos durante cuatro horas y lo servimos muy frío.

Sin Thermomix

Monta las claras con la las varillas manuales, echa una pizca de sal para que te sea más fácil. Pon la media tableta de turrón en un cazo con la mitad de la nata con el fuego al mínimo y ve removiendo mientras se deshace.

Una vez deshecho mezcla bien en un bol, añade las yemas y sigue mezclando. Monta la nata. Añade las claras al punto de nieve y la nata y mezcla despacio y con movimientos envolventes. No olvides reservar una parte de la nata.

Servimos en los vasos y por encima colocamos la nata reservada. Podemos decorarlos por encima con virutas de chocolate o crocanti de almendras. Metemos en la nevera los vasos al menos durante cuatro horas y lo servimos muy frío.

Espero que os haya gustado y que me contéis que tal os han salido las recetas.

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