¿ES SEGURO CRIAR A UN NIÑO VEGETARIANO?

¿ES SEGURO CRIAR A UN NIÑO VEGETARIANO?

Sí, por supuesto, que es seguro criar a un niño vegetariano y que esté sanísimo como una manzana.

Esta es la pregunta del millón de euros, o al menos, una de las preguntas que más me hacen en mi entorno. Ya sea familia y amigos, que se interesan por la dieta que llevamos, o mamás que me consultan porque están en el proceso y temen que a sus hijos puedan faltarles nutrientes.

Cuando estaba embarazada del Vikingo tomamos la decisión de adoptar una dieta vegetariana. Ya lo éramos desde hace tiempo pero aún no habíamos dado el paso definitivo. El embarazo fue la razón que motivó que nos lanzásemos a serlo. ¿El embarazo? Todavía puedo ver la cara de estupor de algunas personas.

Siempre digo que la maternidad me colocó en el mundo como no lo había hecho ninguna otra cosa. Mientras mi pequeño crecía yo no paraba de preguntarme cuál era el mundo que le esperaba y qué podía hacer yo para que este mundo fuese un lugar más amable y más justo. Consumí carne y pescado durante el embarazo porque aún seguía creyendo que era una buena decisión para nosotros.

Fue en los últimos meses y después de muchas lecturas y otras fuentes de información audiovisuales que me convencí de dar el paso. La buena noticia, es que mi pareja estuvo conforme. Acordamos que adoptaríamos este modelo de dieta por completo cuando naciese el peque.

Fue una decisión muy meditada y reflexionada por parte de ambos. Era lo que queríamos y casi dos años después estamos felices de haberla tomado. Lo hicimos por nuestro hijo. A muchas gente le llama la atención que ese fuese el motivo. Porque piensan que precisamente por él deberíamos seguir comiendo de todo.

No voy a entrar en las trampas que lleva implícito este argumento. Añadiría simplemente que es una excusa perfecta para añadir en él de todo, alimentos nada recomendables: azúcar, productos procesados, bollería industrial o refrescos azucarados.

No, comer de todo, no es tan sano como pretenden hacernos creer, pero si os parece esta guerra la dejamos para otro post.

Cuando digo que somos vegetarianos y que nuestro hijo también lo es, observo cierta cara de sorpresa. El desconcierto aumenta cuando explicamos que lo somos precisamente porque nos preocupa la salud de nuestro pequeño.

Nos han hecho creer en nuestra cultura que criar un niño vegetariano es imposible o irresponsable. Cada cierto tiempo se publican noticias que aumentan el desconcierto y que tratan de criminalizar este tipo de elecciones. Ya sea devaluando a sus seguidores, ya sea criticando sus posturas o simplemente sacando de contexto lamentables sucesos.

Lo que observo a mi alrededor es una absoluta desinformación, ya que en ocasiones las noticias sobre vegetarianismo vienen de la prensa y suele ser  una información sesgada y, en ocasiones, sensacionalista. Así que ,tratemos de arrojar luz sobre el asunto.

Deberíamos matizar dentro de la dieta vegetariana las diferentes opciones o vertientes existentes, ya que cuando utilizamos el término de vegetariano los englobamos a todos. Vamos a hacer un repaso rápido por ellos:

  • Ovolactovegetarianos. Grupo en el que nos encontramos nosotros y la mayoría de los vegetarianos occidentales. No consumen carne ni pescado pero sí lácteos y huevos.
  • Lactovegetarianos. No consumen: carne, pescado y huevos. Sí siguen consumiendo lácteos.
  • Ovovegetarianos. Consumen huevos pero no carne, pescado y lácteos.
  • Veganos. No consumen ni carne, ni pescado, ni huevos ni lácteos. No consumen ningún producto de origen animal. Su postura implica un mayor compromiso.

A este listado podemos añadir otros términos  como crudivegano o flexivegetariano que también se emplean con cierta frecuencia.

Una vez establecido que se consume o no en una dieta vegetariana, según su vertiente, vamos a intentar contestar a la pregunta de este post.

¿Qué dicen los expertos?

Diferentes organismos internacionales así lo aseguran. Uno de los más importantes es la asociación americana de dietética (ADA). Esta asociación es una de las más citadas y más seguidas por las asociaciones vegetarianas de diferentes países, entre ellas España.

De hecho, la Unión Vegetariana Española ofrece el documento traducido al castellano del posicionamiento de la ADA a favor de la dieta vegetariana. De este texto extraeremos algunos fragmentos por su especial relevancia para la cuestión que nos ocupa.

Una de sus afirmaciones más claras y tranquilizadoras es la siguiente:

Las dietas veganas, lacto-vegetarianas, ovo-lacto-vegetarianas bien planteadas son apropiadas para todas las etapas del ciclo vital, incluyendo el embarazo y la lactancia. Cubren las necesidades de los bebés y adolescentes y promueven un crecimiento normal.

Y añade:

Las dietas vegetarianas adecuadamente planificadas son saludables, nutricionalmente adecuadas, y proporcionan beneficios para la salud en la prevención y el tratamiento de determinadas enfermedades.

Mamá, puedes dejar de preocuparte. Y por extensión, ya pueden respirar con tranquilidad las abuelas.

La ADA también es contundente cuando afirma que las personas que son vegetarianas desde la cuna acaban siendo adultos con una estatura, un peso y IMC (índice de masa corporal) similar al de una persona que lleva una dieta convencional. Es decir, que la dieta vegetariana no afecta al peso ni al desarrollo. Vamos que tu niño no se va a quedar pequeño porque sea vegetariano. Este es uno de los miedos más habituales que, incluso amigas en confianza, me han referido directamente.

Además la ADA reconoce que una dieta vegetariana ofrece ventajas nutricionales, como el establecimiento de patrones alimentarios saludables para toda la vida, entre otros beneficios.

Estas afirmaciones desmontan ciertas creencias arraigadas en nuestra sociedad. Culturalmente se nos ha educado creyendo que consumir carne y pescado es lo más sano y que es la única opción posible. Sin embargo, en otras culturas, el consumo de carne y pescado es casi inexistente y los estudios poblacionales han llegado a la conclusión de que su dieta es mucho más sana que la nuestra.

Se puede criar a un niño vegetariano recurriendo a alimentos 100% vegetales y que su salud sea perfecta. Tan solo ten en cuenta que actualmente se aconseja tomar un suplemento de B12 aunque tu dieta sea ovolactovegetariana.

Mi consejo es: infórmate primero y acude a un nutricionista que te guíe en el camino, sobre todo si tienes pocos conocimientos sobre nutrición.

Cada vez hay más nutricionistas que asesoran sobre dietas vegetarianas para niños y adultos. Su labor no solo la realizan en su consulta sino que además algunos están al frente de blogs o páginas donde difunden valiosa información. Una de las páginas imprescindibles es la de Lucía Martínez, en Dime qué comes vas a encontrar información muy útil.

Así que si has decidido criar a tu hijo como vegetariano, hazlo sin miedo. Hay muchas razones de peso para tomar esta decisión.

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ACABA CON LOS ENEMIGOS DE TUS PROPÓSITOS

ACABA CON LOS ENEMIGOS DE TUS PROPÓSITOS

El cambio de año es un momento propicio para implementar cambios y formular propósitos para los próximos 12 meses.

Un nuevo ciclo comienza y con él se renuevan las ilusiones de mejorar nuestra calidad de vida: queremos apuntarnos al gimnasio, comer mejor, bajar de peso, dedicar más tiempo a nuestra familia, dedicarnos a un hobbie, reducir nuestro estrés…

La lista de deseos puede ser interminable.

El principal escollo es que en pocas semanas los propósitos se abandonan, se olvidan o simplemente se dejan para más tarde. Entonces aparecen los sentimientos de culpabilidad y nos sentimos fatal porque creemos que no tenemos voluntad.

Y no es cierto. ¿Has pensado que igual son los propósitos los que fallan?

En este post vamos a identificar a los enemigos de nuestros propósitos y, lo que es mejor, te voy a dar unas cuantas claves para que tus deseos lleguen a buen puerto.

¿QUIÉNES SON LOS ENEMIGOS A BATIR?

  1. Una lista interminable de propósitos

Seguro que has oído en más de una ocasión el dicho: quien mucho abarca poco aprieta. Es una forma popular de decir que si nos proponemos demasiadas cosas es muy posible que no hagamos ninguna.

El enorme listado nos agobia en su inmensidad y nos recuerda que es imposible. No pretendamos modificar en 365 días lo que nos ha llevado una vida.

2. Una lista muy rígida o poco flexible

Tan negativa es una lista muy larga como poco flexible. Hay quien dictamina que todos los días hará determinadas cosas como leer, caminar o meditar 20 minutos.

Somos madres y eso nos convierte en reinas de la improvisación y de los imprevistos. Establecer un horario de tareas u obligaciones que debemos cumplir, sí o sí, solo nos causará angustia, porque ni nuestros hijos llevan botón de apagado, ni se programan como un ordenador.

3. Establecer unas expectativas irreales

El 2 de enero te estás apuntando al gimnasio y pagando por todas sus prestaciones. Clases hasta los domingos por la tarde, pero no pisas un gimnasio desde el siglo pasado. Te prometes a ti misma que irás todos los días aunque sabes que en febrero ya no te ven el pelo hasta el próximo enero.

Esto es extrapolable a la dieta, te propones perder 20 kilos en dos meses, pero dos meses más tarde pesas incluso 4 kilos más, se llama efecto rebote. Pero para rebote el tuyo, que tiras la báscula por la ventana y pasas de dieta y de todo.

4. Deseos abstractos

La abstracción no es una buena amiga cuando se trata de delimitar objetivos. Decir voy a estresarme menos tiene la misma utilidad que decir: voy a volar por el cielo.

El efecto es el mismo: nulo. Antes de que te des cuenta has vuelto a esa costumbre que tanto odias. Si no concretamos lo que queremos conseguir no podremos saber cómo lograrlo.

5. Falta de focalización

Si no focalizamos nuestra energía en lo verdaderamente importante o prioritario, difícilmente lograremos lo que nos hemos propuesto. Intentar abarcarlo todo al mismo tiempo hará que te salgas de foco. Volver a situarte donde quieres y retomarlo te llevará un tiempo y un esfuerzo extra.

Si uno de tus propósitos de este año es pasar más tiempo con tu familia, comienza por buscar planes que podáis hacer todos juntos. Piensa, por ejemplo, una excursión para el próximo fin de semana.

6. Falta de planificación

Me he propuesto ir al gimnasio, apuntarme a clases de pintura, cocinar más y mejor, ser más ordenada. Sin embargo, no consigo llevar a cabo ninguna de estar tareas por falta de tiempo.

Es fundamental que sepa cuánto me ocupan a la semana estas actividades, cuándo voy a ejecutarlas y cuál es el tiempo real del que dispongo para llevarlas a cabo. Si esto no está claro, no lograrás conseguir ese propósito soñado o acabarás abandonando y sintiéndote frustrada.

7. Poca motivación

Si yo no estoy convencida de que debo cambiar mis hábitos, no los cambiaré. La motivación es primordial para cualquier propósito que tengamos en la vida.

Si no estoy plenamente convencida de que deseo dejar de fumar, mi intento de desengancharme del tabaco durará como mucho unos meses. Si juro y perjuro que jamás volveré a darle bollería industrial al niño, pero caigo rendida ante un donut de chocolate en su presencia, estaré saboteando mis deseos.

8. Propósitos de otros

A veces nuestros propósitos no son nuestros, no han salido de nosotros sino del entorno. Nos marcamos como objetivo que el niño deje el pañal este año, pero no somos conscientes de que es un proceso fisiológico que no depende de nosotras.

Otro ejemplo, la presión a la que nos someten a las mujeres por entrar en una determinada talla. Por mucho que lo repita la publicidad, no serás más feliz por entrar en una 38.

Serás la misma mujer pero con más hambre.

9. Aspirar no es hacer

Pasamos más tiempo en la aspiración y en el deseo que en la acción. Cuando toca ejecutar no encontramos el momento, ya que una de las dificultades de establecer cambios es introducirlos en nuestra rutina diaria. Como no sabemos donde colocarlos, ahí siguen en el cajón del «más adelante».

Ahora que ya conocemos a los enemigos de nuestros propósitos, aquellos que minan nuestra confianza, vamos a dar unas cuantas claves para que nuestros deseos lleguen a buen puerto.

CLAVES PARA LOGRAR NUESTROS PROPÓSITOS

1. Rehaz el listado

No puedo ser más directa. Seguro que te has dado cuenta leyendo el post de que tus propósitos adolecen de alguno de estos puntos.

2. Elige pequeñas metas 

Deben suponer pequeños cambios en tu día a día. Igual no puedes dejar el coche en el garaje todos los días pero si puedes hacerlo un par de veces por semana. Si el problema es la cocina, empieza por preparar platos sencillos hasta que cojas confianza.

3. Focalízate

Si te has propuesto un cambio de hábitos no pretendas modificarlo todo a la vez. Elige uno solo, en función del mayor beneficio que tenga para tu familia. Si eres fumadora y tienes niños pequeños o estás buscando un embarazo es un buen momento para dejar de fumar.

4. Se realista

No, los días de las madres trabajadoras no duran 48 horas. Las matemáticas no engañan. Si crees que puedes llegar a todo sin despeinarte, sin perder los nervios y sin que te cueste la salud, estás muy equivocada.

Tus pretensiones deben ajustarse a tus circunstancias. No te lamentes porque no puedes hacer ejercicio y sal a pasear con tus hijos.

5. Se sincera

En vez de gastar en la aspiración invierte en ser sincera contigo misma. Es infinitamente más útil sentarse y delimitar que es lo que quieres cambiar o mejorar, que seguir huyendo hacia adelante gastando el dinero en matriculas de gimnasio, cursos interminables, terapias y un largo etc.

6. Integra los cambios en tu rutina

Si lo que te has propuesto no aparece en tu día a día es un propósito que se esfumará, antes de lo que imaginas lo habrás olvidado.

7. Relativiza

Es fantástico tener motivaciones y aspiraciones en la vida, querer ser mejor y ambicionar el bienestar de tu familia. Sin embargo, también es muy importante relativizar. Si este año no corres una maratón no pasa nada, tampoco si sigues sin perder esos kilos que te preocupan.

Y por último, si ese propósito no lo has alcanzado este año es porque no era vital.

Si ese objetivo por el camino se convierte en una losa, deséchalo, la vida está para vivirla, no para sufrir.

Disfruta de tus propósitos:

celebra tus aciertos y ríete de tus errores,

equivocarse es parte del camino. 

Y sobre todo, te propongas lo que te propongas, hazlo con una sonrisa. 

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Post actualizado en agosto de 2019

Pero que muy harta de Navidad

Pero que muy harta de Navidad

Confiesa, tú también estás un poco harta de Navidad. He estado durante días dándole vueltas a un post que no fluía, y por fin me he decidido a desechar esa idea y hablaros con verdadera franqueza:

Está no es la época del año que más me gusta, ya lo he dicho. Debo reconocerlo, no soy nada navideña.

La locura de estas fiestas me exaspera y la fraternidad ilimitada me agota.

Evito el centro de Madrid porque me agobio con tanto coche y tanta gente.

Cuando llego al Centro Comercial y veo a la gente comprando, solo tengo ganas de echar a correr, cuánto más lejos de allí mejor.

Me matan las comidas navideñas, empezando porque no como la mayor parte de las cosas que se ponen en la mesa. Estoy harta de decir que soy vegetariana y tener que volver a escuchar: entonces jamón serrano y salmón, puedes comer, ¿verdad? 

Entre otras cosas, me matan estas comilonas porque esa comida desaforada me sienta muy mal y al día siguiente tengo indigestión.

Contemplo el alumbrado navideño y sólo puedo pensar en el derroche de energía que supone mantenerlo durante semanas encendido todo el día.

Odio la exaltación del amor cuando el resto de año nos ignoramos casualmente.

Me aburren las felicitaciones cursis que llevan a Papá Noel como reclamo.  Le veo en televisión beberse una Coca-Cola y no puedo dejar de pensar en lo mal que le va esa bebida llena de azúcar a su problema de diabetes.

Me sacan de quicio las bromas de dudoso gusto, como una mujer con unos pechos enormes y un cartel de Feliz Navidad. Lo peor es cuando algunas mujeres aplauden la broma con una sonrisa. Ni puñetera gracia, lo siento.

Me agota la Navidad…..

Pero también hay cosas que me gustan: 

Cenar en Nochebuena con mi madre y mis hermanas. Sé que es importante para ellas que estemos juntas ese día y espero que nos sigamos juntando por mucho tiempo.

Hacer un viajecito durante las fiestas para cambiar de aires y disfrutar de unos días de relax antes de que volvamos a la rutina.

Pasar más tiempo con mi Vikingo y con mi pareja, aunque el plan sea pasar la tarde viendo películas infantiles acurrucados debajo de una manta.

El día de Reyes, me trae buenísimos recuerdos de cuando era niña. Espero con ilusión a que llegue el día para ver la cara de felicidad de mi peque.

Antes de despedirme, aprovecho para desearte un Feliz Año Nuevo, que el 2017 te traiga salud, prosperidad y muchas alegrías.

Feliz 2017

Por último, quiero dar las gracias a todas las personas que han seguido este blog este 2016. Agradecer a aquellas mujeres maravillosas que he encontrado en mi camino y que ahora me acompañan en mi aventura online:

A mi grupo de Mastermind: Nora, Vanessa, Patty, Verónica, Norma, Mariana, Txell, Kari y Diana.

A las Talleristas  y a Paula Lesina, sois todas maravillosas.

A las referentes de la Feria de Colaboraciones, en especial, a Raquel Blanco Martí.

A Lédif Torres, Cristina Oliva y Marilo Huertas.

Nos vemos el próximo año pero antes de despedirme voy a compartir contigo un ritual que hago cada fin de año desde hace muchos años:

  • Escribe tus deseos para el 2017 antes de las doce.
  • Pisa el papel con el pie izquierdo durante las doce campanadas.
  • Quema después el papel en un cuenco. Si se quema en su totalidad, se cumplirán tus deseos.

La Navidad es así, esta llena de grises y matices que hacen que esta época no nos deje indiferentes.

Y tú, ¿cómo estás viviendo la tuya? ¿Agotada de Navidad?

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8 RAZONES POR LAS QUE UTILIZAR PAÑALES DE TELA

8 RAZONES POR LAS QUE UTILIZAR PAÑALES DE TELA

Hoy en el blog, te voy a dar ocho razones por las que utilizar pañales de tela.

La primera vez que oí hablar de ellos fue en televisión en un programa sobre ecología. Por aquel entonces ya estaba embarazada de unas pocas semanas. Nunca había oído hablar de este tipo de pañales y no conocía a nadie que los utilizase habitualmente. Por ello, no era algo que entrase en mis planes más inmediatos.

En el reportaje tan solo se hacía una mención a ellos, pero en ningún momento los mostraban. Mi gran sorpresa fue  al investigar en internet, descubrí que su uso estaba más extendido de lo que yo pensaba.

Estando ya al final de la gestación volví a retomar la cuestión. Me había pasado los últimos meses recabando información y había llegado a la conclusión de que no utilizaríamos pañales desechables, al menos no de forma habitual.

¿Por qué me decidí por ellos?

  1. Por razones de salud

Los pañales desechables contienen una gran cantidad de sustancias nocivas para la salud de nuestros bebés. Esta información la desconocen la mayor parte de las mamás.

Solo enumeraré algunos de los tóxicos más habituales que podemos encontrar en la mayoría de las marcas, ya sean conocidas por su publicidad en medios de comunicación o se trate de las denominadas marcas blancas de algunos supermercados.

No hay apenas diferencias porque la composición es prácticamente la misma.

Así podemos hallar:

  • Plástico: está en todas partes.
  • Otros derivados del petróleo: a mí también me sorprende encontrarlo en el culete de nuestros bebés.
  • Hasta 50 compuestos químicos sospechosos de producir cáncer y que además tienen la capacidad de funcionar como perturbadores del sistema hormonal e inmunitario.
  • Cloro, perfumes y un largo ectcétera de compuestos de dudosa seguridad.

Si tienes interés en indagar en la cuestión te dejo este post que escribí hace algunos meses que abordaba esta cuestión. Pincha aquí si quieres saber más.

  1. Por el medioambiente

El impacto de los pañales desechables en el medioambiente es brutal. No somos conscientes de que los pañales que nuestros hijos utilizan una sola vez perdurarán en el planeta durante más de 300 o 400 años.

Los pañales desechables no son biodegradables, entre otras cosas, porque la mayor parte de su composición está formada por celulosa y derivados del petróleo.

Cuando usamos pañales de usar y tirar estamos contribuyendo a la degradación del planeta.

No sé tú, pero yo  no quiero vivir en un gran vertedero.

  1. Por el ahorro económico

El primer año de vida de tu hijo supone un desembolso económico importante que según cómo te lo plantees puede ser más elevado o no.

Sin embargo, los pañales son un producto del que no podemos prescindir.

Si optamos por pañales desechables al año podemos gastar dependiendo de la marca y de la talla entre unos 600 y 800 euros. Si esta cantidad aproximada la calculamos teniendo en cuenta la cantidad de pañales que nuestro pequeño gastará en su vida, tenemos una cifra que oscila entre los 1500 y los 2000 euros.

El coste de los pañales de tela es bastante más pequeño. Unos 25 pañales que son una cantidad razonable para un bebé, oscila entre los 400 y los 450 euros. Y lo más importante de todo: es un desembolso que harás una sola vez. Lo que nos lleva al punto siguiente.

4. Son reutilizables.

Comprando pañales de tela solo desembolsarás el dinero en una ocasión.

No tendrás que volver a preocuparte porque los pañales se han agotado antes de tiempo.

En el tiempo que tu hijo lleve pañales no necesitarás volver a comprar pañales, además si tienes otro hijo los puedes reutilizar con total tranquilidad.

Existe todo un mercado de segunda mano en torno a los pañales de tela. Se trata de una opción interesante tanto para los que solo han tenido un hijo y desean venderlos, como para aquellos que tengan una situación económica apurada y que no puedan pagar de una sola vez los pañales nuevos.

Otra opción es regalárselos a otra familia que esté interesada en ellos. Por lo que existen muchas opciones de prolongar su vida útil.

5. Son cómodos y fáciles de usar

Mi madre, que es una señora bastante mayor, puso el grito en el cielo cuando se enteró de que íbamos a comprar pañales de tela. Para ella, era un atraso terrible, casi lindando con la esclavitud.

No es la única persona que al referirle que mi pequeño lleva pañales de tela se ha horrorizado al escucharlo. En el imaginario colectivo y en la experiencia de madres y abuelas están los pañales de tela que se usaban hace 40 o 50 años.

Los pañales actuales en nada se parecen a los pañales de antaño. Los que podemos encontrar hoy en el mercado han ganado en eficacia y comodidad.  Son fáciles de poner, quitar y desmontar.

Tan sencillos son de utilizar que en la guardería donde llevamos al peque no nos han puesto ninguna pega en que los use.

6. Se lavan con facilidad

Sí, nuestras abuelas lavaban los pañales a mano, pero usando los pañales actuales no hace falta que volvamos a ello.

Los pañales de tela se pueden meter en la lavadora sin problema, tan solo hay que seguir unas breves indicaciones: lavar en programa corto y que no sobrepase los 40 grados de temperatura.

Tampoco necesitas un detergente en especial para su lavado, tan solo que sea un detergente biodegradable y sin perfume.

Cuando hay cacas que han pasado al absorbente no es necesario lavarlo a mano con aclararlo con un poco de agua caliente sale sin ninguna dificultad.

7. Previenen irritaciones y daños en la piel

Una pregunta habitual es si los peques notan la humedad cuando han mojado el pañal llevando un pañal de tela y si eso puede provocarles alguna reacción alérgica. La respuesta es no, al contrario, se producen menos irritaciones.

Una de las ventajas de los pañales de tela es su composición. Suelen estar elaborados con tejidos naturales como el bambú, el algodón orgánico o el cáñamo. Estos tejidos son suaves para la piel de bebé además de muy absorbentes.

También son transpirables por lo que la piel del bebé puede respirar. Estas características son las que favorecen que los niños que utilizan pañales de tela sufran menos irritaciones y daños en la piel.

Previenen una serie de infecciones o alergias como la dermatitis del pañal o la piel atópica. Además  de evitar rozaduras e irritaciones cutáneas.

8.  Favorecen un consumo responsable

Comprando pañales de tela contribuyes a la gestión responsable de los recursos.

Tendrás un producto casi imperecedero, es decir, que posee una duración casi ilimitada, lo que implica un ahorro económico y energético que repercute directamente en nuestro entorno. Una de las razones de su longevidad como producto está en las materias primas empleadas, que son de la mejor calidad.

Das ejemplo a tus hijos de que se puede consumir de forma razonable sin caer en el modelo consumista de usar y tirar. Educas a tus hijos para un futuro más sostenible y equilibrado.

Además apoyas a una serie de empresas de reciente creación que se dedican a crear pañales de tela en diferentes colores y diseños. Incluso si eres buena tejiendo puedes coser los pañales tu misma. En la red puedes encontrar tutoriales, te dejo uno de los que me ha parecido más interesante:

Como puedes leer hay poderosas razones por las que si vas a ser mamá o ya lo eres consideres esta posibilidad.  En el próximo post te contaré mi experiencia con los pañales de tela. Así que no te lo puedes perder.

¿Se te ocurre alguna cosa más que añadir? ¿Conoces los pañales de tela? ¿Los has utilizado? ¿Qué te parecen como alternativa a los pañales desechables?

Estoy deseando saber tu opinión.

¡Y recuerda, si te gusta, comparte! ¡Me harás muy feliz!

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10 CONSEJOS PARA ESTUDIAR SIENDO MAMÁ

10 CONSEJOS PARA ESTUDIAR SIENDO MAMÁ

En el post de hoy te vamos a dar 10 consejos que te van a ayudar a estudiar siendo mamá y no morir en el intento. Contados desde la experiencia de una mamá que ha ganado una plaza.

Ya soy funcionaria en prácticas aunque todavía me cueste creerlo o me despierte creyendo que aún soy interina. Después de ocho años dando clase  obtuve mi gran recompensa.

No soy muy consciente de los cambios que esto ha traído a mi vida, pero si tuviera que resaltar alguno, sería la tranquilidad de cobrar a fin de mes y tener un horario que me permite pasar el mayor tiempo posible con mi hijo. 

Este era uno de mis motivos, seguro que tú también tienes los tuyos, en el post 5 poderosas razones para volver a estudiar enumeraba algunas razones por las que es buena idea volver a estudiar. No fue fácil, en el camino tuve que renunciar a algunas cosas como al blog o al tiempo de ocio. Los que me siguen desde hace tiempo saben que dejé de publicar en marzo para dedicarme a estudiar.

Más de una mamá estudiante me ha preguntado que cómo lo hice. En este post es para vosotras. Aunque mi experiencia es preparando una oposición, los consejos son perfectamente válidos para cualquier madre que haya decidido volver a estudiar.

Vamos a ello.

1.- Motivación

En el principio de todo. Yo colocaría la motivación. Antes que nada, antes de tener tiempo, de matricularte, de obtener los temarios, de apuntarte a una academia.

Si no estás motivada y convencida, será inútil.

Es un elemento vital porque vas a sacrificar muchas cosas y vas a estar cansada en más de una ocasión, sobre todo siendo mamá. Como tenga una racha, como el Vikingo ahora, que no duerme, será difícil que tengas ánimo de estudiar.

2.- Elige bien

Has decidido volver a estudiar, te felicito por ello. Ahora elige aquello que se adecue a tus posibilidades o a tu estilo de vida.

No dudo de mi capacidad para aprobar las oposiciones para policía nacional, pero jamás podría entrar en el cuerpo porque soy demasiado bajita. Este ejemplo es extrapolable a cualquier situación. Si has decidido volver a estudiar es porque estás buscando una mejora laboral.

Ya sea una oposición, una formación online, unos estudios universitarios o un posgrado, investiga sobre sus salidas profesionales.Si es una oposición, investiga sobre el horario de trabajo, dónde lo desempeñarías y qué requisitos necesitas tener.

No es la primera vez que alguien se está preparando una oposición para un cuerpo superior al que por titulación no puede acceder.

Un tema relevante es si para dicha oposición existe o no bolsa de trabajo. Esto significa que aunque no saques la plaza tienes la opción de poder trabajar como interina. Yo optaría por oposiciones con este perfil.

3.- Fíjate unos objetivos

Ahora que has tomado la decisión y que ya tienes el temario recién sacado de la imprenta es el momento de fijarse unos objetivos. No por pasar más horas delante de los apuntes o por permanencia en la silla se aprueba una carrera, un examen o una oposición.

Si no sabes adónde vas difícilmente llegarás a ninguna parte, o lo que es lo mismo, no llegarás donde quieres.

Tener un objetivo me permite diseñar una estrategia. Mis objetivos deben ser realistas y asequibles a mis circunstancias.

Si esto falla, todo lo que venga detrás se hundirá con mi nota en la lista.

4.- Planifica

Se trata de fijar en una serie de acciones determinadas y concretas de los objetivos de los que hablábamos en el punto anterior.

Si yo me pongo como meta estudiar dos temas a la semana y resulta que no tengo tiempo material para hacerlo, simplemente no podré cumplirlo. Esto genera muchísimo estrés.

Por ello, es tan importante ser realista.

Una forma de planificar es establecer qué horas tengo para estudiar. No se trata de lo que debería estudiar se trata de lo que puedo por las circunstancias personales que tengo. Este matiz es fundamental para no tirar la toalla.

Por ejemplo, yo solía levantarme sobre las 7:30-8:00 de la mañana. Desayunaba, recogía lo más urgente y me ponía a estudiar. Mi horario giraba en torno al peque. Me explico: si él todavía dormía, en cuanto acababa de desayunar me ponía a estudiar aunque estuviese la casa para prenderla fuego.

Si se levantaba a la misma hora que yo, aprovechaba para recoger y ordenar lo más urgente con él. Luego a mitad de mañana solía echarse una pequeña siesta de entre 1 y 1’30h. Ese tiempo era vital para mí. Trataba de emplearlo para la parte que me resultaba más compleja de la materia o que me requería mayor atención.

Si estimo que tengo 8 horas a la semana, que de verdad sean 8 horas.

Yo me fijaba objetivos semanales.: tantos temas, tanto tiempo dedicado a la parte práctica, etc.

5.- Establece un horario

Ya sé cuantas horas tengo para estudiar a la semana y un magnífico temario nuevo esperándome.

Pero si no decido cuándo y en qué momento me siento a estudiar, los apuntes serán más útiles calzando un mueble que en la estantería muertos de risa.

Establece un horario en el que establezcas en qué momento y por cuánto tiempo te sientas a estudiar.

6.- Crea un hábito

Íntimamente relacionado con el punto anterior está este.

Crear un hábito de estudio es fundamental para obtener resultados. Se consigue siendo constante y cumpliendo con el horario que hemos establecido.

Simple, cúmplelo. Día tras día.

Ahora bien, si resulta que en ese horario siempre surge algún imprevisto que te impide cumplir con tus horas de estudio es que te has equivocado al diseñarlo.

Deberías volver a revisar tus horas libres a la semana y ubicar las sesiones en otra franja horaria.

7.- Evita las distracciones

No nos engañemos, estudiar requiere un gran esfuerzo, sobre todo al principio cuando no se cuenta con un hábito reciente.

Si existen muchos elementos que puedan desviar nuestra atención en la hora que tenemos para estudiar, haremos cualquier cosa menos abrir el libro.

Debemos escoger un espacio tranquilo y a ser posible con luz natural donde sentarnos a estudiar.

Por supuesto, sin televisión, internet, radio, sin redes sociales, sin teléfono disponible para recibir llamadas y sin niños demandando a mamá. La mayoría de estás directrices a priori son sencillas de seguir.

La última es bastante más difícil. Antes que estudiantes somos madres y atender a nuestros hijos es nuestra máxima prioridad, al menos la mía.

Esto parece muy poco compatible con todo lo que señalado hasta ahora. Sin embargo, existen varias opciones. Una de ellas, es que el papá o un familiar atienda al peque en ese rato que estudias. Esta sería la ideal.

Si no es posible, debes intentar compartir ese espacio con tu pequeño.

Si es así, tu nivel de exigencia debería ajustarse a esta circunstancia.

Os puedo asegurar que preparé mi oposición con el niño pegado a la teta la mayor parte del tiempo y saqué la plaza. No es imposible.

8.- Revisa tu planificación

Has cumplido todos los pasos anteriores pero aún así no llegas a los objetivos que te has propuesto.

No es que no estudies, es que la materia te lleva más tiempo de lo que tú esperabas.

O simplemente ha surgido un imprevisto y has tenido que bajar el ritmo de estudio o parar durante unas semanas.

No pasa nada, podemos reajustar la planificación. Eso supone actualizar tu programa a tus circunstancias reales.

En ocasiones, nos ponemos metas poco realistas lo que nos obliga a revisar la planificación.

Recuerda, si siempre hay trabajo atrasado, es que sencillamente la planificación no es la adecuada.

9.- No te obsesiones

Claro que lo ideal es llegar al examen con toda la materia estudiada pero si no es posible no te angusties.

La ansiedad no te va a ayudar a que se estire el tiempo, ni va a lograr que los conocimientos se fijen más rápido. Al contrario, es un poderoso enemigo que afecta seriamente a tu salud.

Se consciente de hasta donde puedes llegar.

Celebra tus aciertos y no te castigues si las cosas no salen como esperabas.

10.- Se optimista

Sentarse a estudiar pensando que no vas a aprobar, que salen muy pocas plazas, que los demás son mejor que tú y un largo etc. de mensajes negativos que te repites a ti mismo,

 solo beneficia a tu competencia.

Hay que estudiar con la mejor disposición y actitud posible. Claro que te puedes permitir un día sentirte desanimado, pero al siguiente te sientas en la silla pensando que tú puedes y que eres la mejor.

Y por último, confía en ti y en tus posibilidades. Si te dijeron de niña que no valías para estudiar o que no eras lo suficiente buena, sencillamente, te mintieron.

Puedes llegar donde tú quieras si te lo propones y trabajas duro.

Ahora que hemos llegado al final, ¿me cuentas en qué punto estás?  Y lo más importante, ¿cómo puedo ayudarte en tu proceso de estudio? Tu consulta o comentario siempre será bienvenido.

Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.

Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?

COMO HACER TOALLITAS PARA BEBÉ

COMO HACER TOALLITAS PARA BEBÉ

En el post de hoy aprendemos cómo hacer toallitas para bebé en casa. Las toallitas, ese elemento imprescindible en cualquier bolso de madre que se precie. Son tan populares que las utilizamos absolutamente para todo, incluso aquellas personas que no son mamás o que tienen hijos que ya no están en edad de usarlas.

Su precio no suele ser elevado aunque los efectos que pueden tener sobre nuestra salud sean desconocidos para la inmensa mayoría. Suelen llevar compuestos como parebenos que funcionan como disruptores endocrinos, Ftalatos que se asocian a cáncer y a trastornos como el asma o Phenoxythanol que irrita la piel, entre otros compuestos de alta toxicidad y poca seguridad.

Existen opciones ecológicas que suelen estar libres de estos ingredientes pero que tienen el inconveniente de tener un precio que triplica el de una toallita estándar. No todas las economías pueden permitirse un desembolso como este.

Por no hablar del tema medioambiental, que también daría mucho de sí, ya que las toallitas son altamente contaminantes.

Sin embargo, yo os voy a proponer hoy otra opción: rápida, barata y libre de tóxicos.

¿Por qué no hacer tus propias toallitas?

Os voy a dar una receta que os va a gustar y a convencer a partes iguales.

Toma nota, que empezamos.

¿Qué vais a necesitar?
ingredientes-toallitas

– Papel de cocina, preferiblemente sin dibujos que lleven tinta.

– Un tupper.

– Un bol.

– 1/2 l. de agua o 2 vasos de agua.

– Una cucharadita de vinagre de manzana.

– 1 gota de árbol de té.

– 1 cucharadita sólida de aceite de coco.

– 2 cucharadas de aceite de caléndula.

Instrucciones:

1-. Hervimos el agua en un cazo y la dejamos templar. Mientras, podemos ir preparando los ingredientes que vamos a utilizar.

2.- Cogemos el papel de cocina y lo partimos por la mitad con un cúter o un cuchillo afilado. Una de las mitades la colocamos en el tupper que vamos a emplear y la otra la guardamos para el futuro.

Con respecto al tupper me sirve un recipiente cualquiera que tenga tapa para que las toallitas no se sequen.

papel toallitas

Si tienes por casa el típico dispensario de toallitas de plástico lo puedes utilizar.  Si no tienes nada parecido, como era mi caso, puedes reutilizar un tupper que tengas por ahí.

A la tapa puedes hacerle una incisión en la mitad para que las toallitas se puedan sacar sin necesidad de abrirlo. Yo no lo hice porque no lo consideré necesario.

3-. Cuando el agua esté templada la vertemos en el bol que hemos elegido para mezclar. Si dejamos enfriar el agua será un más complicado mezclar los ingredientes, al igual que tampoco conviene iniciar la mezcla con el agua aún muy caliente.

4-. Vamos añadiendo los ingredientes poco a poco y mezclando.

aceite-coco

Si el aceite de coco está muy sólido y la temperatura en casa es todavía veraniega puedes colocar el bote en la ventana como hice yo para que fuese más fácil añadirlo a la mezcla.

Si no tienes árbol de té en casa puedes utilizar aceite esencial de lavanda. Aproximadamente deberías echar unas 15 gotas.

Yo en esta receta he añadido aceite de caléndula porque lo tenía disponible en casa, ya que lo preparamos esta primavera con las caléndulas que florecieron en nuestro jardín. Pero puedo sustituirse por aceite de oliva o por aceite de almendras.

aceite de calendula

5-. Una vez que está bien mezclado el siguiente paso es verterlo en el tupper. Lo hacemos teniendo cuidado de que la mezcla se reparta bien por todo el papel.

6-. Cerramos el tupper y dejamos unos 10-15 minutos.

7-. Le damos la vuelta al tupper, lo dejamos bocabajo otros 10-15 minutos.

8-. Ya tendríamos las toallitas listas para usar, solo nos quedaría un último detalle: quitar el tubo de cartón que hay dentro del papel de cocina.

toallitas

Observaciones

Dependiendo del grosor del papel de cocina y de lo absorbente que sea, las toallitas quedarán más impregnadas con la loción o no.

También va en gustos el nivel de humedad de la toallita. Si te queda demasiado húmeda la próxima vez prueba a echar un poquito menos de agua, al igual, que si quedó muy seca añadas un poco más a la mezcla en la siguiente ocasión.

Una pregunta muy común que quizás te hagas es si estas toallitas huelen muy fuerte o dejan algún olor. En principio no.  Siempre y cuando no te hayas pasado con el árbol de té que suele tener un olor más intenso. Tampoco dejan ningún olor en la piel del bebé.

Con respecto a su efectividad, debo decir que me sorprendió gratamente. Yo suelo utilizar las toallitas cuando hay cacas. Como toda madre sabe, dependiendo de la consistencia de éstas, a veces salen mejor o no. Pues con estas toallitas caseras se quitan muy bien y usas menos cantidad.

Otra pregunta importante es cuanto suelen durar, su vida útil iría desde las dos semanas al mes, aunque es muy posible que las gastes antes.

¿Se secan? Si el tupper está bien cerrado no tienen porqué secarse. Si eso pasase también se pueden impregnar con un poco de agua de forma individual o se puede añadir al tupper.

Yo ya he realizado esta receta unas cuantas veces y estoy bastante contenta con el resultado y el ahorro económico que supone. Sí reconozco que son poco prácticas para fuera de casa, pero también es cuestión de tener en cuenta a dónde vamos y de planteárnoslo.

Habrá sitios a los que sea inviable ir con toallitas caseras a cuestas y otras como en las que vamos de visita a otra casa, en la que sea cómodo ir con ellas o no nos resulte un engorro.

Yo desde luego, cada vez utilizo menos las toallitas comerciales y elijo esta opción porque me parece más respetuosa con la piel de mi pequeño y menos dañina para el medioambiente.

Actualización

En estos días se ha puesto en contacto conmigo otra bloguera especialista en cosmética natural, Lourdes Sánchez, para darme algunas recomendaciones sobre las toallitas que os paso a comentar a continuación:

– Nos aconseja, si no utilizamos un conservante, guardar las toallitas en la nevera para prevenir la proliferación de bacterias.

– También la necesidad de emplear un conservante. Lourdes me propone dos posibilidades: emplear Geogard y Leucidal. Ambos han sido autorizados por los organismos de certificación de cosmética econatural. También poseen similares funciones como ser antibacterianos y antifúngicos, o lo que es lo mismo, previenen la aparición de bacterias, hongos y levaduras en fórmulas que contienen agua. Se pueden encontrar en herbolarios y tiendas ecológicas.

– Le plantee la duda de cuánta cantidad de conservante deberíamos añadir. Su respuesta fue que entre un 0,6% y un 1% del total de la mezcla.

Os dejo el link a su página, ya que tiene un blog de lo más interesante, entre otras cosas, te enseña cómo hacer jabón por ti misma y con ingredientes naturales. Yo que soy una amante de lo natural estoy deseando ponerme a ello.

Hechas estas aclaraciones, os animo a probar la receta. Si lo hacéis contadme como os ha ido y que os parece el resultado.

Espero que os haya gustado el post. Cualquier duda que surja no tenéis más que escribirme y estaré encantada de contestar vuestras preguntas.

Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.

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