Hoy, balance de la década 2010-2019. Este año toca a su fin y con él una década que dejamos atrás, la segunda década del siglo XXI. Aunque si somos estrictos la nueva década no empezará realmente hasta el 1 de enero de 2021. Esto es así por los desajustes en el calendario cristiano que no contemplaba el año 0. Ya comentaba en el post, una navidad laica que Diniosio, el Exiguo en el siglo IV hierra en sus cálculos debido a que por aquel entonces no existía el concepto matemático de cero, así que pasa del año -1 al +1. No obstante, aunque la RAE también sugiere que el inicio de la década será en 2021, me voy a tomar la libertad de comentar la última década. «

No sé a ti, pero a mí el tiempo se me ha pasado volando y desde luego me han pasado grandes cosas que han marcado un antes y un después en mi vida: he tenido un hijo, me he casado, he sacado una plaza como funcionaria, he creado este blog y he escrito muchísimo, aunque no tanto como me hubiera gustado.

No es un mal balance de los últimos diez años. Mucho ha evolucionado el mundo desde entonces y probablemente nosotros también hayamos cambiado mucho en este tiempo. Yo misma he crecido como persona, me he formado y he estudiado más de lo que lo había hecho en décadas anteriores. Ha sido una década muy fructífera en todos los sentidos. El conocimiento me ha hecho libre, pero también me ha hecho perder cierta ingenuidad e inocencia ya que las contradicciones de nuestro mundo me han hecho más reflexiva y a ratos un poco pesimista.

El balance que os presento hoy es una reflexión sobre cómo ha cambiado nuestro mundo en la última década. Se trata de un retrato de cómo éramos al inicio de 2010 y quienes somos los que cerramos este 2019. ¿Me acompañas en este viaje en el tiempo?

El fenómeno Whatsapp 

Cuando iniciamos la década de 2010 Whatsapp empezaba a darse a conocer, yo no conocí esta aplicación de mensajería instantánea hasta el verano de 2011 cuando mi amiga Cristina que siempre está a la última de todo me la recomendó. Y sí, casi inmediatamente me convertí en una usuaria más, porque me era cómoda y me permitía estar más conectada con otras personas de una forma más directa que por un mensaje de texto.

Cuando Facebook se hizo con Whatsapp en 2014 muchos recelamos si seguir o no utilizando la aplicación. Yo fui de esas personas que se lo pensó, aunque decidí seguir usándola porque me negaba a renunciar a sus ventajas. Seis años más tarde aquí sigo, aunque ya no considero de la aplicación sea tan inofensiva como pensaba antes. Por supuesto, estoy de acuerdo en que nos pone en contacto con personas con las que no podríamos interactuar de otra forma. Un ejemplo, mi amiga Lédif, sería una amistad menos fluida sin la ayuda de Whatsapp, nos ha facilitado mucho la comunicación.

Hoy me preocupa que hacen con mis datos y con mis conversaciones cifradas a través de la aplicación de mensajería instantánea. ¿Seguiremos utilizando Whatsapp la próxima década? Es muy probable o tal vez sea sustituida por una aplicación más inteligente que nos mantenga más hiperconectados.

La hegemonía de las redes sociales

En enero de 2010 era reticente a las redes sociales, de hecho, no tenía perfil en ninguna red social, ni interés alguno en tenerlo. Abrir el blog fue lo que me obligó a crear un perfil social en Facebook y poco más tarde en el resto de redes sociales. Reconozco que me sigue dando pereza alimentar a las RSS y tampoco dispongo de mucho tiempo para ello. Así que hago lo que puedo.

¿Podría vivir sin redes sociales? Rotundamente sí. Aunque me costaría abandonar ciertos grupos de Facebook de los que aprendo y que me divierten o ciertas páginas de Facebook que sigo por diferentes motivos.

Las redes sociales nos han hecho más distantes, más etéreos y más callados de lo que éramos hace una década. Ahora es normal estar conectados a todas horas y relacionarnos con personas que nunca conoceremos físicamente y que están a miles de kilómetros de nosotros. Hay quien pasa más tiempo con sus amigos virtuales que con su pareja. ¿Seguirá siendo así en el futuro? Probablemente evolucionen y ofrezcan más servicios, pero no creo desaparezcan en la próxima década.

El móvil, las apps y nuestra privacidad

El móvil, otro objeto que no era tan importante como lo es hoy hace diez años. Se ha convertido en una extensión de nuestro cuerpo, una parte más de nuestra fisionomía. Nos pasamos la vida conectados a él, así que eso tiende a aislarnos mucho más. Entras en el metro y casi todo los que están en el vagón tienen la cabeza mirando a su móvil. Le hemos entregado algo muy valioso, nuestro tiempo y nuestra capacidad de diversión. En 2010 no pasábamos tanto tiempo con el móvil y no nos atrapaba tanto como lo hace ahora. También era menos atractivo y tenía menos aplicaciones interesantes.

En 2010 no teníamos aplicaciones que entrasen furtivamente en nuestra cámara o en nuestro micrófono o que supieran cual es nuestra localización todo el tiempo. Ahora es tan fácil como descargarte cualquier aplicación para que le abramos el acceso a nuestros datos a empresas a las que no conocemos de nada y de las que desconocemos su forma de proceder. ¿A nadie le sorprende que una inocente app nos solicite acceso a nuestras fotos? . Sin ir más lejos, hace apenas unos días, El diario económico Cinco Días, publicaba un listado de las aplicaciones que debemos borrar de nuestro móvil Android por su peligro potencial de atentar contra nuestra seguridad o robar nuestros datos.

Basta con tener una inocente conversación privada para que empiece a aparecerte publicidad sobre lo que comentabas hace minutos. ¿A ti también te ha pasado? ¿Casualidad? En nuestro mundo hiperconectado, dudo mucho que sea pura coincidencia que hables con una amiga de casas de madera e inmediatamente no deje de aparecerte publicidad en tus redes sociales sobre la cuestión.

¿Seguirá esta tendencia en la década de 2020? Sin ninguna duda. Nuestros datos, costumbres y nuestras intenciones son muy valiosas porque somos siempre potenciales consumidores y estas empresas necesitan saber hacia dónde se dirigen nuestros intereses de compra.

La compra por Internet tiene un rey

En 2010 Amazon no se había convertido en el dueño absoluto de la compra por internet, de hecho, en España no habíamos oído hablar de esta empresa. En septiembre de 2011 aterrizó en nuestro país, aunque todavía el usuario español no acostumbraba a comprar por internet. En diez años hemos pasado de ir a la tienda a comprar online y a recibir el paquete cómodamente en casa. Compramos desde una pantalla y no vemos el objeto físicamente hasta que no lo tenemos entre las manos.

En 2010 no compraba nada por Internet, vivía en Madrid y si necesitaba algo directamente me iba a la tienda a comprarlo, reconozco que me  gustaba el comparar, mirar y tras pensarlo comprar o no. En 2012 me mudé a la Sierra de Madrid y un poco más tarde comencé a comprar por Internet porque ya me era más difícil desplazarme al centro. Al principio me incomodaba comprar sin ver el producto solo con las especificaciones online, más tarde no tuve más remedio que acostumbrarme.

Es un hecho, que nuestros hábitos de compra han cambiado en los últimos diez años y es una realidad innegable que comprar con un solo click nos ha convertido en compradores menos reflexivos y más impulsivos. Ya no necesitas comparar, ni mirar, ni desplazarte. Solo tienes que conectarte a internet y en cinco minutos el objeto está de camino a casa.

No me gusta comprar y trato de reducir mi consumo al máximo, no obstante, yo también le compro a Amazon de vez en cuando, sobre todo cuando necesito algo con mucha urgencia o me es difícil encontrarlo en una tienda física cercana.

El Streaming y el nihilismo individual

Hace diez años no existían las plataformas de streaming. Si querías ver una serie o la grababas o comprabas el DVD o te buscabas otra forma alternativa de acceder al contenido. Todavía HBO ni Netflix habían llegado a nuestras vidas.

¿Qué son las plataformas de Streaming?

Se trata de plataformas digitales que ofrecen películas, series, documentales entre otros productos audiovisuales por una cuota mensual o anual. La ventaja reside en que nos permiten visualizar el contenido desde cualquier lugar y en cualquier momento e incluso desde diferentes dispositivos entre ellos el omnipresente teléfono móvil que nunca se separa de nosotros.  Es verdad que Canal + fue una plataforma de Streaming pionera en España y anterior a este período, sin embargo, desapareció precisamente en la década que dejamos atrás, concretamente en 2016.

No obstante, sigue en pie Movistar + y #0 que recogen el testigo dejado por el desaparecido canal de pago. Sin embargo, la revolución del Streaming llegó a mitad de la década que dejamos atrás con HBO y Netflix.

Antes de su desembarco en España las series tenían éxito, pero no se habían convertido en el objeto de culto en que se han convertido hoy. No existían fenómenos como Juego de Tronos o El cuento de la criada capaces de tener hipnotizados a los usuarios delante de una pantalla temporada tras temporada. Por supuesto, facilita mucho las cosas el tener acceso a todos los capítulos emitidos desde el principio, ya te permite poder ver tu serie favorita durante horas o realizar un maratón el fin de semana. Además, puedes parar la ficción, echar hacia atrás o ver un capítulo todas las veces que te apetezca. El concepto de ver televisión ha cambiado y con ello nuestros hábitos.

Ya hay quién prefiere pasarse sus vacaciones encerrado en casa viendo su serie favorita que irse de viaje. O que ya no va al cine y escoge esperar al estreno en su plataforma de streaming favorita y verla directamente desde su sofá. Este tipo de consumo nos aisla y nos atonta delante de una pantalla, también es una atractiva excusa para nadar en el nihilismo de nuestra existencia y escapar de nuestra realidad. Por supuesto, nuestros hijos no son ajenos a este fenómeno y consumen cada vez más contenidos desde una pantalla.

En 2010 no consumíamos tantos contenidos audiovisuales ni estábamos enganchados a tantas series simultáneamente, ni pasábamos tantas horas delante de una pantalla disfrutando con vidas ajenas o de historias que nos mantenían en vilo, sin duda, charlábamos mucho menos sobre ellas. Tan llamativo es este fenómeno que ya se habla de generación Netflix, aunque se trata de una generación muy amplia, que incluye usuarios desde los 17 años a los 45.

¿Seguirá la próxima década dominada por las plataformas de Streaming? Es muy probable, tan probable como que pasemos del cambio climático porque no lo pasan por HBO o por Netflix y así es imposible enterarse de nada (modo ironía).

El mundo según Youtube

En este análisis de la década no podemos dejar sin mencionar a Youtube y su implantación como nuevo oráculo junto a Google. Cada segundo se suben infinidad de vídeos y se consumen a la misma velocidad. En solo una década Youtube se ha convertido en una plataforma imprescindible con más de 1900 millones de usuarios al mes y su uso va en aumento.

Ya no solo acudimos a Google cuando tenemos una duda o necesitamos buscar algo, en esta década hemos recurrido a Youtube en muchas ocasiones, para buscar una receta, escuchar una conferencia o poner música. Yo que escribo este blog he estado tentada en más de una ocasión de abrir un canal de Youtube y sinceramente no lo he hecho por falta de tiempo. Sin duda, Youtube es un escaparate para los Blogger pero también para las empresas.

Por supuesto, también es un lugar para el entretenimiento y para las fake News. Al fin y al cabo, se trata de un contenido que no está regulado ni contrastado, así que cualquiera puede decir lo que quiera cuando quiera. De hecho, cierto contenido inadecuado y violento se filtró en Youtube Kids y ha sido visionado por parte de sus miles usuarios infantiles.

Posteriormente, tuvieron que tomar medidas y aunque parece que el tema está solucionado nos debería llevar a la reflexión. Los niños deben estar jugando, no escondidos detrás de una pantalla. Nosotros como padres debemos ofrecer otras opciones y no recurrir a este tipo de plataformas, ya que las pantallas no educan ni aportan contenido imprescindible para el desarrollo mental o intelectual de nuestros hijos.

El  lucrativo negocio de las plataformas colaborativas

Otra revolución de la última década han sido las plataformas colaborativas. Cuando empezó la década no existían, pero la crisis en la que estábamos sumidos al inicio de 2010 trajo consigo una serie de iniciativas a priori positivas para el usuario. Parecía que iban a resolver algunos de nuestros problemas a través de la colaboración entre particulares, alquilar, compartir, e intercambiar. Parecían un soplo de aire fresco en nuestro competitivo mundo y han proliferado como las setas, ejemplos de ello, son Blabacar, Globo, Airbnb, Uber o Cabify.

La realidad a cierre de 2019 es que ni soplo, ni aire, ni nada que se le parezca. Las empresas dedicadas a la economía colaborativa han crecido de una forma exponencial y por el camino se han llevado décadas de derechos laborales. Hoy muchos de sus trabajadores son falsos autónomos explotados vilmente por un sueldo misero, bienvenidos a la esclavitud del siglo XXI. Resulta escandaloso descubrir que detrás de algunas ellas están algunos fondos de capital de riesgo y fondos de inversión. Tal es su éxito que muchas de estas empresas colaborativas ya cotizan en bolsa.

Su éxito radica en ofrecer servicios baratos, rápidos a través de plataformas digitales fáciles e intuitivas de manejar. Parece imposible resistirse a los encantos de contratar algunos de sus servicios, aunque si soy sincera no las he utilizado nunca porque no me gusta el modelo que proponen. Supongo que cuando estaban en alza desconfiaba por desconocimiento y ahora que están en todas partes su lado oscuro me pesa tanto en la conciencia que no quiero ser usuaria de ellas.

Es estupendo poder alquilar una casa en Airbnb en pleno centro de cualquier ciudad europea o un apartamento a pie de playa, lo triste es que este modelo ha hecho subir el precio de los alquileres de una forma escandalosa e inmoral. Sale más rentable pagarle a la plataforma colaborativa que tener un inquilino a tiempo completo por un precio razonable. Menos oferta, supone más demanda y precios más altos. Ya no es un fenómeno que tenga lugar solo en las ciudades, en el pueblo donde vivo los alquileres han subido más de un 40% en los últimos años. Es solo un ejemplo de lo que nos han traído las maravillosas plataformas de economía colaborativa.

¿Seguirán teniendo éxito en los próximos años? Sin duda, aunque ya hay quien avisa de la burbuja creada en torno a ellas y su posible colapso en la próxima década.

La crisis económica perpetua

Iniciamos 2010 en plena crisis económica con recortes aquí y allí por nuestros problemas de déficit, financiación y por haber vivido por encima de nuestras posibilidades. ¿Te suena? Seguro que sí.

Te confieso que nunca he vivido por encima de mis posibilidades, ni en las décadas de bonanza, ni en época de crisis. Pero eso no importa, nosotros rescatamos a los bancos con dinero público y obtuvimos como premio el intento de privatizar la Sanidad y la Educación. Sin duda tenían la excusa perfecta para hacer saltar por los aires el estado de bienestar.

Hemos luchado mucho esta década, por una educación de calidad, por una sanidad universal y por nuestros derechos laborales, entre otras batallas. No consiguieron acabar con estas instituciones, pero se quedaron muy cerca de hacer quebrar un sistema que costó muchos años construir y que ha sido un pilar fundamental de nuestra sociedad.

No digo que hayamos perdido, pero la crisis de la década se llevó mucho más de lo que teníamos antes de la quiebra de los bancos en 2008. 10 años más tarde, ni se han revertido los recortes, ni se han recuperados los sueldos, ni hemos reducido las desigualdades sociales, al contrario, la brecha es aún más grande. Somos más pobres que hace diez años y también más viejos. Ahora la población más vulnerable son los jóvenes entre los 16 y los 29 años, ellos son quienes encabezan el ranking de la pobreza y de la exclusión social en 2019.

Comenzamos la década en crisis y con la promesa de que saldríamos de ella fortalecidos. Algunos gurús hablaban de que era una oportunidad para apostar por una nueva economía y un nuevo modelo productivo. El capitalismo había colapsado y había que buscar nuevos caminos. Por desgracia, en esta década descubrimos que el capitalismo salvaje siempre tiene un as detrás de la manga, ya que tiene la capacidad de reinventarse aún estando moribundo. «Qué todo cambie para que todo siga igual«

 ¿Seguirá siendo vulnerable nuestro estado de bienestar? Absolutamente. Ya se habla directamente de una nueva recesión y eso va a traer de nuevo la misma doctrina y el mismo modelo de recorte y privatización. Nos tocará volver a salir a la calle a defender nuestros derechos y a nuestras instituciones públicas.

Ser vegetarianos en el siglo XXI

En 2010 no era aún vegetariana y no consumía aún en ecológico. Comía muy poca proteína animal y siempre por obligación. La carne no me gustaba, así la evitaba todo lo que podía, pero si solía comer pescado. Fue durante esta década que nos hicimos vegetarianos y ha sido una de las mejores decisiones que hemos tomado en toda nuestra vida. Si quieres conocer como hice la transición te invito a leer este post, una hija vegetariana.

Sin embargo, era muy difícil encontrar productos vegetarianos en los supermercados, aunque siempre encontrabas una pequeña oferta en algunos herbolarios. Salir a comer fuera, era bastante más complicado que ahora, si pedías opción vegetariana no salías de la ensalada, aunque en Madrid ya existían restaurantes emblemáticos como la Biotika que llevaban funcionando desde hace mucho tiempo.

Hoy afortunadamente no solo hay una interesante oferta de restaurantes con opciones vegetarianas y veganas, sino también restaurantes completamente vegetarianos que ofrecen menús de gran calidad. 

¿La dieta vegetariana seguirá en la próxima década? No tengo ninguna duda. Es un hecho, que como sociedad amenazada por el cambio climático necesitamos reducir nuestro consumo de carne drásticamente. Además, cada vez hay más personas concienciadas, que han decidido no consumir productos animales por voluntad propia.

El auge de los productos ecológicos

Los productos ecológicos los tomaba en 2010 de forma ocasional, pero ni estaba informada de sus características, ni sabía los perjudiciales que pueden ser los productos convencionales. En mi ignorancia pensaba que sí se vendían era porque habían pasado por todos los controles y no había ningún peligro. Cuando me puse a investigar me di cuenta de que eso era una enorme falacia, que un producto pueda ser comercializado no significa que sea bueno para la salud, a modo de ejemplo, tenemos el aspartamo que sigue comercializándose o las grasas hidrogenadas. Si quieres saber más sobre los productos ecológicos te dejo un enlace a un post que trata de la importancia de ofrecer a nuestros hijos productos ecológicos.

Al inicio de la década, los productos ecológicos eran tan residuales que no podíamos encontrarlos en los supermercados ni en lugares cercanos. Queríamos consumirlos, pero no sabíamos dónde comprarlos y en las pocas tiendas que encontrábamos tenían un precio tan alto que era prohibitivo. Siempre digo que a nosotros nos salvó el grupo de consumo, ya que a través de él hemos tenido acceso a los productos ecológicos a un precio razonable.

¿Seguirá el consumo de productos ecológicos en la próxima década? Sí, de hecho, son el futuro. Cada vez más personas quieren consumir productos sin pesticidas y herbicidas Cada vez más pequeños agricultores se animan a cultivar en ecológico porque empieza a existir un consumidor en España concienciado y con ganas de consumir sus productos. Durante mucho tiempo casi todo lo que se cultivaba en España en ecológico se exportaba a otros lugares de Europa. Hoy existe un consumidor en ecológico en la península y es un consumidor en alza.

Del cambio climático a la emergencia climática

Y he dejado para el final del artículo la parte más importante de todas, la crisis climática. No pensaba marcharme sin hacer una reflexión sobre como ha cambiado  nuestra perspectiva en los últimos diez años. Ya se hablaba de cambio climático en los primeros años del siglo XXI pero se veían como discursos apocalípticos de ciertos sectores de nuestra sociedad que chocaban con nuestro optimismo vital.

En aquel tiempo todavía pensábamos que los recursos eran ilimitados y que los combustibles fósiles no se agotarían nunca. Hace 10 años el calentamiento global se veía como algo lejano, como un suceso que llegaría mucho más tarde de lo que podíamos imaginar y que seguro que podríamos resolver con inteligencia artificial.

Hoy somos más conscientes que nunca de que vivimos en un mundo finito con unos recursos limitados y dependientes de una fuente de energía muy contaminante, los combustibles fósiles. Hoy somos más conscientes que nunca, de que sí, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades con respecto a la explotación de este planeta. Nuestro estilo de vida occidental es altamente contaminante y tiene unas repercusiones no solo en nuestro entorno sino también a miles de kilómetros de nuestros hogares. La globalización nos ha hecho estar más interconectados de lo que estuvimos antes y ser más vulnerables.

Hemos entrado en lo que se ha denominado la emergencia climática y que no existe un plan B, no tenemos una solución para este grandísimo conflicto.

¿Seguirá siendo un problema el calentamiento global en la próxima década? Será el problema con mayúsculas al que tendremos que dar respuesta como sociedad y cómo individuos. Se trata de un reto inmenso del que depende nuestro futuro y el de nuestra especie. 

En el próximo post hablaremos de los desafíos para la próxima década.¿Echas en falta algo que haya cambiado nuestro mundo, pero que yo haya olvidado mencionar en este post? Cuentámelo en comentarios.

Un abrazo enorme y nos vemos el próximo año.

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