Hoy, desafíos climáticos para el 2020. Me hubiera gustado haber publicado antes esta entrada que está relacionada con mi anterior post: Balance de la década 2010-2019, pero enero se me ha pasado volando. Últimamente mi tiempo es muy limitado y apenas saco ratos para escribir, se me juntan los diferentes proyectos en los que estoy involucrada con los exámenes de psicología de la UNED. Estoy así de loca como para retomar mis estudios de psicología a pesar de la cantidad de cosas que tengo siempre que hacer. Pero estudiar me gusta tanto como escribir, así que toca priorizar y bajar el ritmo de publicación.

Tenemos por delante un nuevo año y una nueva década que comienza en 2020. Si somos puristas la década como tal no empieza hasta el 1 de enero de 2021, pero eso no importa. A nivel mental hemos dado el salto a la nueva década, a un número redondo o dos números que se repiten.

Supongo que a estas alturas ya has pensado propósitos de año nuevo y probablemente ya hayas incumplido alguna promesa. Es genial replantearse el futuro cada nuevo año y querer ser mejor cada día. 2020 se presenta como una oportunidad para proyectar hacia el futuro quienes somos y en qué mundo queremos vivir. Y de esto vengo a hablarte hoy, de los desafíos que tenemos por delante y del compromiso y el impulso que necesitamos para llevarlos a cabo.

Desafíos climáticos para el 2020

Ya hablaba en el anterior post de que lo más relevante de esta década va a ser el calentamiento global y cómo nos vamos a enfrentar a él a nivel individual y colectivo. La mala noticia es que lo que hagamos a nivel individual es como una gota de agua en el océano. La buena noticia es que tenemos voz y voto para reivindicar decisiones responsables y adecuadas para luchar contra la emergencia climática.

Hoy sufrimos las consecuencias del calentamiento global del pasado, los efectos que sufrimos no son resultado del calentamiento del presente, sino del calentamiento que lleva produciéndose durante años y que ahora repercute en el clima.

Esto significa que el panorama será muchísimo peor cuando los efectos del calentamiento de hoy se hagan notar en el futuro. Es necesario revertir la situación o por desgracia nos veremos abocados a una extinción masiva. Sé que suena apocalíptico e incluso exagerado, pero la Comunidad científica lleva años alertando de este posible escenario.

El reloj del apocalipsis

Hace unos días los científicos que participan en la publicación académica Boletín de Científicos Atómicos adelantaban el reloj simbólico del Apocalipsis. Este controvertido reloj muestra los minutos que nos quedan hasta el fin del mundo. Desde 1947, año en que se creó, se van descontando segundos según la amenaza de nuestra extinción esté más o menos cercana.

Por primera vez desde su creación el reloj ha bajado a los 100 segundos. En otras palabras, estamos a 100 segundos de nuestra destrucción. No obstante, se trata de un reloj simbólico, no es real. Lo malo es que el grupo de científicos que avalan este empeoramiento de la situación son investigadores de reconocido prestigio que hacen esta predicción basándose en los datos de los que disponemos sobre el cambio climático y otras cuestiones relevantes que amenazan a la humanidad.

Es imprescindible actuar, pero para ello debemos saber a qué nos enfrentamos en esta década, cuáles son los desafíos que tenemos por delante y por qué es tan importante actuar a nivel individual y colectivo.

El clima extremo

El mundo está cambiando, incendios descontrolados que arrasan hectáreas sin control, sequías muy largas que resecan el aire y provocan problemas respiratorios, inundaciones y tormentas perfectas que nos dejan indefensos y con el agua al cuello. Y solo es el principio de lo que los espera. No, no es ciencia ficción, ni la nueva serie apocalíptica de moda. Es el clima extremo que ha venido para quedarse con nosotros.

No es casualidad que la EU declarase la emergencia climática poco antes de finalizar el año 2019 y durante la COP 25 celebrada en Madrid el pasado diciembre. De qué es la emergencia climática y de su importancia te hablaba en el post, Emergencia climática, un caminante blanco en tu sofá. También en ese artículo incidía en que todas estas medidas son insuficientes si no vienen acompañado de un cambio de un modelo de medidas reales y aplicables inmediatamente.

En nuestro país los fenómenos extremos relacionados con el clima empiezan a ser cada vez más habituales. Los medios de comunicación nos informan con celeridad de estos acontecimientos constantemente. Sin contar con las redes sociales que difunden de forma masiva e inmediata cientos de vídeos grabados con teléfonos móviles e información desde el lugar de las catástrofes al minuto. Las imágenes por satélite tampoco engañan y son especialmente reveladoras de la situación en la que estamos.

La borrasca Gloria y el futuro incierto del Mediterráneo

Sin ir más lejos, la última borrasca, denominada Gloria, ha destruido gran parte del litoral mediterráneo, una zona ya muy castigada por la especulación urbanística y el calentamiento del mar.

Una borrasca atípica e insólita para la época del año es la culpable. El aire cálido del mediterráneo, más propio del otoño que del invierno, ha impactado con una lengua de aire frío. A este fenómeno se le suele denominar gota fría y se da habitualmente en el Levante a final del verano.

El resultado no puede ser más desolador en ciertas zonas del litoral como en el Delta del Ebro que ha visto desaparecer bajo las aguas 3 kilómetros de costa, 25 metros de playa y ha visto amenazada la Isla de Buda, un enclave de 1 kilómetro de un gran valor para la biodiversidad.

Se trata de zonas de un gran valor ecológico y medioambiental, pero de una enorme fragilidad. Tres factores amenazan la zona: la subida del nivel del mar, el aumento de las temperaturas y la falta de sedimentos. Para 2050 se cree que la zona pueda desaparecer por completo engullida por el mar.

El mar menor o el mal mayor

No es la única zona amenaza con desaparecer, el Mar Menor lleva agonizando desde hace años ante la pasividad de las autoridades. En octubre de 2019 saltaron las alarmas cuando empezaron a llegar a la orilla miles de peces muertos por falta de oxígeno en el agua. Fue la gota que colmó el vaso a una situación que llevan denunciando los ecologistas desde hace décadas.

El biólogo marino Enric Sala en la pasada cumbre del COP 25 fue muy contundente cuando afirmó que: el mar Menor es la película de terror del futuro del Mediterráneo”. Lo que viene a significar que es una imagen bastante acertada de lo que será el mar mediterráneo dentro de unos años si seguimos de brazos cruzados. 

Cuando negar solo agrava los problemas

Mientras el clima se vuelve loco y el segundo temporal extremo nos visita en apenas unos meses, los negacionistas del calentamiento global siguen negando desde su cómodo despacho que el calentamiento exista. Parece algo tan evidente y, sin embargo, en este mundo de información y desinformación en el que vivimos tratan de convencernos de que los tornados en Málaga son algo habitual y cotidiano, tanto como las tormentas eléctricas o las riadas.

La negación del calentamiento global no solo tiene consecuencias en nuestro país. Ha tenido consecuencias desastrosas en Australia donde el país ha ardido durante semanas sin que nadie pudiera detenerlo.No obstante, su máximo dirigente se fue de vacaciones a Hawaii durante la crisis. Supongo que su casa no estaría ardiendo ni sus hijos están en peligro de convertirse en refugiados climáticos. Ni que decir tiene que pertenece a ese sector político que niega sistemáticamente que la inestabilidad del clima esté relacionado con el cambio climático.

No es el único político a nivel global que tapa el sol con un dedo cuando hablamos de cambio climático y de contaminación, volviendo a nuestro país la presidenta de la Comunidad de Madrid afirmaba que nadie muere por la contaminación del aire. Pues que se lo cuenten a los más de 5.500 madrileños que murieron por la alta contaminación en 2015.  Si contar que la OMS calcula que aproximadamente 4,2 personas mueren por causas relacionadas con la contaminación al año, como el cáncer de pulmón, las infecciones respiratorias agudas, los ictus y otras enfermedades pulmonares.

Los incendios son un fenómeno global

Los incendios de Australia que parecen tan lejanos para nosotros, sin embargo, son una potente advertencia por dos motivos: el primero, y más evidente, también puede suceder aquí si las condiciones climáticas siguen empeorando; el segundo, tiene la capacidad de afectarnos, aunque esté a una distancia enorme.

La NASA alertó hace unas semanas de la existencia de enormes masas de humo procedentes de los incendios australianos llegando a la estratosfera. Esto significa que hay masas de humo descontroladas recorriendo miles y miles de kilómetros, hasta lugares impensables, como Nueva Zelanda o Argentina y afectando gravemente a la calidad del aire. Se ha constatado por satélite que la masa de humo está dando la vuelta al mundo. Esto que nos parece ciencia ficción, por desgracia, está sucediendo antes nuestros ojos.

Si antes pensábamos que lo que sucedía a miles de kilómetros no tenía ninguna relación con nosotros, ahora empezamos a entender que estamos interconectados. No es solo respirar un aire que viene directamente del infierno Australiano, es el deshielo del Ártico y las desagradables sorpresas que encierra en su interior como algunos virus que llevan congelados durante siglos o milenios.

Antes de cerrar este bloque una noticia para la esperanza, el pasado 21 de enero de 2020, el nuevo gobierno declaró la Emergencia climática en España. Nos sumamos a Irlanda, Canadá y Francia en la lucha contra el cambio climático. El gobierno se ha comprometido a adoptar treinta líneas de acción prioritarias y cinco de ellas en los primeros cien días. Por supuesto, es imprescindible observar muy de cerca como se desarrollan estas propuestas y en qué consisten. Por fin, el cuidado del medioambiente y el cambio climático se convierten en un tema prioritario en la agenda política, veremos cuánto de lo prometido se cumple y cuándo.

Un mundo plastificado

Es uno de los grandes desafíos que tendremos que afrontar la nueva década. El plástico hace un siglo era el progreso y la modernidad, una materia capaz de moldearse a su antojo y de dar forma a una gran cantidad de objetos cotidianos abaratando su precio.

Hoy el plástico constituye un problema de primer orden ya que está en todas partes y tiene el grandísimo inconveniente de que tarda siglos en degradarse. Hemos plastificado el planeta, por tierra y mar, sin ser conscientes de que este material no tiene la capacidad de descomponerse y que este plástico lo heredarán generaciones y generaciones.

De las mentiras del reciclaje a comer plástico

Por supuesto, todavía nos hacen creer que el plástico se recicla, cuando esto constituye una gran mentira. Solo un porcentaje muy pequeño del plástico que consumimos se reutiliza. Una gran parte de él, acaba en vertederos y finalmente en el mar formando parte de las islas de plásticos que flotan por nuestros océanos. Una de las más famosas es la isla de plástico del pacífico, pero no es la única.

Ya podemos encontrar microplásticos en la barriga de nuestros peces, lo que implica qué por desgracia, los plásticos han pasado a la cadena trófica o cadena alimentaria. Expresado de otro modo, estamos comiendo el plástico que hemos consumido y tirado previamente. Una investigación realizada por la Universidad de Medicina de Viena y la Agencia Federal del Medio Ambiente de Austria detectaron microplásticos en heces humanas, aproximadamente unos nueve tipos diferentes de plásticos entre las 50 y las 500 micras.

La investigación ha puesto en evidencia que el plástico ha pasado a formar parte de la cadena trófica y que involuntariamente lo estamos consumiendo. También resulta inquietante descubrir que el fenómeno no se circunscribe a una zona del planeta, sino que las muestras que dieron positivo procedían de diversos países de Europa y Asia, lo que nos hace sospechar que estamos ante un problema a nivel global.

Todo en plástico y cero reciclaje

En la pasada década nos acostumbramos a comprarlo todo en plástico, paquetes de monodosis de galletas, los tés en bolsitas e incluso la fruta ha sido colocada en bandejas de plástico y se ha envuelto con más film, desde una naranja a un par de plátanos. Determinados colectivos llevan denunciando este tipo de praxis desde hace tiempo, haciendo ver al consumidor lo absurdo, extravagante y derrochador que supone envolver un aguacate en plástico o una mandarina.

Son prácticas que están tan interiorizadas y que resultan tan problemáticas que nos llevan a contradicciones como celebrar la COP 25 y luchar por medidas contra el cambio climático, al mismo tiempo, que los residuos generados por el evento son gestionados de forma nefasta.

Estas semanas ha circulado esta foto que puedes ver más abajo por las redes sociales.

Contenedores residuos Ifema cop25

En ellas se constata que los residuos y desechos que se generaron durante el evento no solo no han sido reciclados, sino que se han tirado los desperdicios de una forma absurda y negligente. Ni un mono borracho podría hacerlo peor. Esto que nos sugiere que la discusión sobre el problema del medioambiente es más teórico que práctico porque en la práctica se hace poco y mal.

La solución es no generar residuos

El debate ya no es si reciclamos bien o mal, la cuestión debería centrarse en no generar residuos.  Lo que no se genera no necesita ser reciclado.  Últimamente estamos más concienciados con este problema y más preocupados por disminuir su consumo, única solución viable para enfrentarnos a toneladas y toneladas de plástico que sabemos que nos sobrevivirán muchos siglos después.

Si queremos reducir el plástico, una buena estrategia es comprar a través de un grupo de consumo o al agricultor directamente sin intermediarios. Cada vez existen más proyectos de agricultura ecológica que proporcionan al comprador productos de temporada a precios razonables sin plástico de por medio. Si necesitas saber cómo funcionan los grupos de consumo en este post te cuento un poco más sobre la cuestión.

Afortunadamente en 2020 podemos ya acudir a algunas tiendas y comprar la verdura en bolsas reutilizables de redecillas que podemos traer de casa. Algunos supermercados mayoristas como Carrefour ya lo han introducido supongo que por la demanda de sus clientes. Una buena estrategia es comprar a granel. Cada vez más comerciantes introducen este tipo de opciones para ofrecer sus productos.

Como desafío, tenemos por delante la necesidad de exigir que los productos se vendan sin envases superfluos. El futuro es el pasado, vender a granel y al peso. Esto probablemente también abarate los productos, ya que compraremos la cantidad exacta y no más cantidad de la que necesitamos. Todos sabemos que mucha comida que se desperdicia tiene que ver con comprar cantidades en formatos más grandes o en formatos de 3X2 porque nos hacen una tentadora oferta. Compramos más, generamos más residuos y desperdiciamos más y nuestro bolsillo está más vacío. La solución pasa por la mesura y la contención, adquirir menos productos o menos cantidad, sin envases y de mejor calidad.

La alimentación que nos enferma

Ya en la década anterior la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanzó una importante advertencia con respecto al consumo de carne procesada: produce cáncer. También se ha demostrado que es muy contaminante y que su reducción es fundamental si queremos hacer frente al cambio climático. Si queremos un mundo con menos emisiones de CO2 y menos contaminado deberemos reducir su consumo o eliminarlo por completo de la dieta.

La producción de carne es una de las industrias más contaminantes, por lo que se hace necesario una disminución de su consumo y de su producción. En la próxima década consumiremos mucha menos carne y volveremos la vista a los vegetales como una buena fuente rica de nutrientes. No obstante, si estos vegetales no son de agricultura ecológica posiblemente enfermaremos de todas formas debido a los pesticidas y herbicidas que se encuentran en estos alimentos y que pasan también a nuestro organismo.

Cuando hablamos de proteína animal también nos referimos a los lácteos. Mantener este sistema industrial intensivo tampoco es sostenible por no hablar de las condiciones de vida de estos animales. Aunque sigan insistiendo en la importancia de consumir lácteos acabaremos buscando otras fuentes de vitaminas y de calcio como los frutos secos o las verduras.

¿Será la gente más vegetariana? Probablemente no nos quede más remedio. Menos producción de carne probablemente haga que su precio se dispare o que en ciertos lugares de occidente no pueda consumirse por su elevado precio. Ya sucede en algunos lugares que no son occidente y a nadie le ha importado lo más mínimo.

Por supuesto, si seguimos consumiendo alimentos procesados enfermaremos sin ninguna duda. Hoy aproximadamente un 70% de lo que se consume diariamente es comida procesada lo que contrasta con el 44% de la población que no puede acceder a los alimentos frescos por su elevado precio. Sale más barato comprar un paquete galletas envueltas en plástico que un kilo de manzanas ecológicas.

Por supuesto, esta alimentación en la que el azúcar, las grasas y los aditivos E son la norma se asocian a enfermedades de relacionadas con el desarrollo de occidente como la diabetes, el cáncer o los problemas cardiovasculares. Es imprescindible un cambio de modelo y que esté se impulse desde la escuela con iniciativas como el desayuno sostenible o los huertos escolares.

¿Para cuándo una asignatura de educación mediambiental?

Antes de cerrar este post me gustaría abrir una ventana a la esperanza, ya que últimamente mis post se han tornado más pesimistas. Desde los centros educativos cada vez existen más iniciativas para concienciar a los alumnos sobre la educación ambiental y sobre la necesidad de cuidar nuestro planeta. Desde infantil a secundaria van naciendo proyectos y se van consolidando otros que acercan la conciencia medioambiental y el compromiso con el entorno a nuestros hijos.

Parte de mi trabajo como docente se centra en esta área, ya que coordino el proyecto medioambiental del centro educativo donde desarrollo mi labor profesional. Mis colaboradores más cercanos y con los que trabajo mano a mano son mis alumnos. Juntos tratamos de plantear propuestas, iniciativas y soluciones a los problemas medioambientales de nuestro entorno más cercano. Nos reunimos y tratamos de arreglar el mundo o al menos sembramos la semilla del cambio y de la concienciación. Es mi más firme compromiso como educadora por encima de si saben más o menos lengua o literatura.

Desde luego sería muy necesario que desde la administración estatal se impulsase una asignatura de Educación ambiental que llenase el enorme vacío existente y diese cobertura y presupuesto a todos estas iniciativas. No vale solo con proyectos aislados o con iniciativas de unos cuantos profesores a costa de horas de descanso y de alargar el horario laboral.

No os podéis imaginar todo el trabajo que conlleva coordinar, elaborar e implementar un proyecto de este calibre. De hecho, es una de las razones por las que mi labor como bloguera se ha visto mermada, mi tiempo libre está más que limitado por éste y otros proyectos que me encantan y que me aportan muchísimo a nivel personal, pero que necesitan de tiempo, reflexión y muchas horas de dedicación.

Y hasta aquí el post de hoy, ¿estás de acuerdo con la creación de una asignatura medioambiental? ¿Añadirías algún otro desafío climático? Estoy deseando escuchar tu voz en comentarios.

Si te ha gustado el post comparte, nos ayudas a crecer y a seguir invirtiendo tiempo y energía en este trabajo.

Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.

Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para cambiar el mundo?

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