Guía de Suelo Pélvico con Lorena Gutiérrez

Guía de Suelo Pélvico con Lorena Gutiérrez

Hoy os traemos una guía de suelo Pélvico de la mano de Lorena Gutiérrez de Fisiobym. Por fin volvemos con una nueva entrega de Un café en la Tribu. Hemos seguido trabajando y realizando entrevistas tan interesantes como la que os traemos hoy pero transcribir las entrevistas y darles forma lleva muchísimo trabajo y tiempo (del que sabéis ando siempre muy escasa).

Espero que comprendáis el retraso y disfrutéis de esta guía fruto del encuentro que mantuvimos Lorena y yo en la Fanpage de Mamá y la Tribu en octubre. Nosotras nos lo pasamos muy bien grabándola y es un placer difundirla para vosotras en un formato más accesible.

Lorena Gutiérrez y yo podríamos haber charlado de muchos otros temas que ella también domina pero yo le sugerí enfocarnos en el suelo pélvico, ya que es una cuestión todavía tabú de la que apenas se habla y que afecta a muchas mujeres en silencio hayan sido madres o no.

Para facilitar la navegación por el post podéis leer la entrevista por orden o ir a las preguntas que más os interesen.

¿Quién es Lorena Gutiérrez?

Lorena_Gutiérrez_Fisiobym

Lorena_Gutiérrez_Fisiobym

Lorena es la directora de Fisiobym una web dedicada a la fisioterapia para bebés y mamás. Tuve la suerte de conocer a Lorena en la séptima edición del curso de Asesoras de Lactancia de Edulacta y enseguida me gustó su proyecto. Por esa razón, le propuse la entrevista y afortunadamente ella aceptó mi invitación.

Lorena es fisioterapeuta, está especializada en el embarazo, el posparto, el suelo pélvico, el desarrollo de los bebés y el porteo ergonómico. También imparte talleres presenciales de forma online para todos los públicos y para profesionales. Además es coautora junto con María del Mar Sánchez del libro “Bebés en movimiento: acompañamiento del desarrollo psicomotor, sensorial y postural de tu bebé”.

Por supuesto, si queréis conocer más a Lorena y los servicios que ofrece tenéis que pasaros por su página, Fisiogym. Asimismo si estáis interesadas en su libro, existe la página bebés en movimiento donde podéis encontrar toda la información.

Por último, contaros que si sois usuarias de Facebook podéis uniros a su grupo privado, Salud postural y suelo pélvico. Se trata de un grupo abierto tanto a mujeres embarazadas y mamás como a profesionales de la salud. ¡Os esperamos dentro!

ENTREVISTA

1.- ¿Por qué es tan desconocido el suelo pélvico?

Cuando me propusiste hablar de suelo pélvico me encantó porque es un tema que desgraciadamente todavía hoy es tabú. Es necesario que se visibilice porque muchas mujeres desgraciadamente por vergüenza no se tratan. Estoy muy feliz por aportar mi granito de arena y ayudar a que más mujeres sepan que no tienen porque sufrir los problemas de los que hablaremos ahora y que hay solución para ellos.

2.- ¿Qué es el suelo pélvico?

El suelo pélvico es la musculatura que tapiza la parte inferior de la pelvis, podríamos decir que es toda la musculatura que recubre la parte inferior de nuestra pelvis.

Me gustaría que tus lectoras pensarán en sí tienen consciencia de esa musculatura o no. Si piensan que son músculos pequeños, músculos grandes o si son fuertes. ¿Qué extensión ocupan en nuestro cuerpo? Debemos saber la conciencia que tenemos cada una de nuestro cuerpo.

3.- ¿Es lo mismo suelo pélvico que periné?

Suelo pélvico y periné son diferentes nombres que se le dan a la misma musculatura. Por ejemplo, en países de Latinoamérica en vez de suelo pélvico se le llama piso pélvico. En cualquier caso, llamarlo suelo pélvico no es un nombre del todo adecuado.

Cuando hablamos de suelo pensamos en algo sólido, indeformable, sobre lo que nos apoyamos y que no tiene elasticidad. Y la musculatura del suelo pélvico no es así. La musculatura del periné debería ser elástica, debería ser adaptable y debería tener fuerza también.

En este sentido, sería más adecuado el término técnico con el que lo llamamos los profesionales de la salud que es diafragma pélvico. Para quien no lo sepa, un diafragma es una musculatura que tiene flexibilidad.

4.- ¿Cómo es anatómicamente?

Si miramos la imagen que se adjunta veremos la estructura ósea y cómo se distribuye. Podemos observar que hay unos huecos a cada lado de la pelvis donde iría el hueso de la cadera. Contemplamos también el pubis en la parte delantera,  el sacro en la parte posterior y encima las vertebras de la columna. Si tocamos en nuestra cadera veremos las crestas iliacas, lo que llamamos la cintura.

Suelo pélvico, imagen cedida por Fisiogym

Suelo pélvico, imagen cedida por Fisiogym

En la parte inferior de esta estructura podríamos dibujar un rombo que recorre todo la estructura desde el pubis, al isquion, pasando por el sacro y desde el isquion volviendo a la pelvis. No es solo lo que limita las ganas de hacer pis o la continencia sino que también incluye el esfínter anal en la parte de atrás.

Como podemos observar es una musculatura bastante amplia que funciona como un entramado. Incluye varias capas musculares, músculos que van de delante hacía atrás, por ejemplo.

En los talleres que realizo siempre paso el modelo anatómico para que vean dónde está cada órgano, cómo es la musculatura, para que lo manipulen y lo desmonten. Incluso yo que soy fisioterapeuta estudié el suelo pélvico en dos dimensiones, es decir, en papel. Cuando adquirí el modelo anatómico es cuando realmente me hice una idea de la musculatura.

Como veis, está todo perfectamente pensado para que a nivel de continencia los esfínteres funcionen correctamente. En teoría si no lo forzamos demasiado debería sostener lo suficiente, por desgracia, muchas veces lo castigamos en exceso.

5.- ¿Cuáles son las funciones del suelo pélvico?

El suelo pélvico tiene tres funciones principalmente:

1) La continencia: implica que el suelo pélvico sea capaz de controlar cuando no se tiene que escapar el pis, un gas o la caca. Asimismo, que se relaje cuando estamos en el baño.

2) Una función más estructural de sujeción. Por encima del suelo pélvico están los órganos pélvicos que son muy importantes. Está la vejiga que sale por un conducto que va hacia el esfínter de la uretra. Encima del suelo pélvico encontramos al útero, la vagina, la salida de la vagina y en la parte más posterior está la última parte del intestino que va a hacia el esfínter anal. La colocación de estos órganos pélvicos depende de sujeciones internas pero también de que el suelo pélvico haga su función correctamente de sujeción.

3) A nivel sexual juega un importante papel. En esta zona se encuentra situado el clítoris y existen numerosas terminaciones nerviosas. Se trata de una musculatura con mucha inervación. De una buena recuperación tras el parto depende que las relaciones sexuales no se vuelvan molestas o dolorosas. Es muy importante la recuperación de la musculatura tanto de su tono como de su elasticidad, además de las cicatrices que hayan podido quedar en la zona.

6.- ¿Por qué se resiente el suelo pélvico durante el embarazo?

Hay varios motivos por los que esto sucede. Un motivo importante es que  a medida que avanza el embarazo notamos una mayor carga en la zona del suelo pélvico.

Como a mí me gusta trabajar con imágenes te voy a proponer que imagines un globo hinchado. Una vez lo tenemos presente, vamos a fijarnos en la parte inferior del globo que se correspondería con la musculatura del diafragma pélvico. La parte central sería nuestro abdomen y en la parte de arriba del globo estaría el diafragma, es decir, el músculo con el que respiramos.

Durante el embarazo el globo cambia, ya que cada vez hay más presión aunque el abdomen se abombe hacia adelante. Según crece el bebé va presionando las vísceras y se producen alteraciones de presión en la zona.

Por supuesto, los cambios posturales también influyen mucho. Si no tenemos una correcta postura corporal y estamos como hundidas o inclinadas hacia adelante tendemos a apoyarnos en la tripa. Esto hace que el suelo pélvico se resienta más.

Otros factores de riesgo son no prevenir el estreñimiento y la falta de conciencia sobre lo importante que es cuidarlo para que no se dañe.

7.- ¿Podríamos prevenir durante la gestación que el suelo pélvico se vea dañado?

Durante la gestación existen tres cosas que podemos hacer.

  • Primer consejo: tomar conciencia del suelo pélvico. Esto significa saber situar dónde está la musculatura y ser conscientes de si somos capaces de contraerla y relajarla correctamente.

Si no aislamos los músculos de la forma adecuada podemos meter muchas trampas y apretar glúteos o piernas en vez de contraer y relajar la zona, lo que no nos sirve para tonificar o recuperar nuestro suelo pélvico. Es complejo porque se trata de una musculatura que no vemos y de la que no tenemos percepción. Si estuviéramos realizando, por ejemplo, rehabilitación para la mano, todo resultaría mucho más fácil porque soy plenamente consciente de cuando abro y cuando cierro la mano.

  • Segundo consejo: realizar ejercicios de Kegel. Son muy importantes para prevenir la incontinencia y para que esta musculatura tenga tono.
  • Tercer consejo: masaje perineal. Es vital realizarlo durante el embarazo para que en el momento del parto la musculatura esté elástica y se estire lo suficiente para la salida del bebé.

8.- ¿Están demostrados los beneficios del masaje perineal?

Existe bibliografía y estudios que demuestran que en los casos en los que se había recomendado y practicado el masaje perineal antes del parto se dio una mejor recuperación posparto y se observaron menores tasas de incontinencia y también menos lesiones.

9.- ¿Afecta el tipo de parto al suelo pélvico?

Sí. Lo que más protege al periné es el tipo de parto.

Es muy importante que la mujer que esté en proceso de parto tenga libertad de movimientos y que pueda optar por posturas verticalizadas. La postura clásica en la que la mujer está tumbada boca arriba y con las piernas apoyadas conlleva más riesgos de lesión.

Por eso, si hemos hecho un trabajo previo en la zona con el masaje perineal y los ejercicios de Kegel nuestra recuperación será mejor, aun cuando el parto haya sido instrumentalizado. Ya sea que haya habido lesión o un desgarro el punto de partida siempre es mucho más favorable si ya sabemos contraer y relajar esa musculatura y si hemos hecho los deberes previamente.

10.- ¿En caso de cesárea se podría verse también afectado el suelo pélvico?

Puede ser que la cesárea este programada por razones de salud o que el parto comience de forma normal y derivé en una cesárea finalmente. En esos casos, tiene lógica pensar que si me han realizado una cesárea por la razón que sea el suelo pélvico no se ha visto afectado y eso no es del todo cierto.

La distensión del suelo pélvico durante el parto vaginal puede haber dejado esa musculatura más debilitada pero el embarazo también es un factor de riesgo para padecer luego incontinencia o sufrir alguna alteración del suelo pélvico. Así que no podemos relajarnos y no prestar atención a nuestro periné porque puede haberse dañado.

11.- ¿Cuáles serían los síntomas más habituales para reconocer la disfunción del suelo pélvico?

El más habitual es la incontinencia urinaria. Hay estadísticas que alertan de que una de cuatro mujeres sufre o sufrirá incontinencia a lo largo de su vida. Constituye una tasa muy alta.

La incontinencia puede ser de dos tipos: por un lado, puede ser que se nos escape el pis, por ejemplo, cuando tosemos o cuando estornudamos. En estos casos notamos que se nos escapa una gotita que no somos capaces de retener. Por el otro, puede ser que nos suceda cuando hacemos un esfuerzo importante y estemos aguantando el pis. Aquí la cantidad que no podemos retener es mayor, ya no es una gotita.

Otro problema que no quiero dejar de mencionar es el de las hemorroides. Toda la atención la concentramos en la incontinencia y nos olvidamos de que el esfínter anal también forma parte del suelo pélvico. El estreñimiento y las hemorroides son también un problema del periné y pueden retroalimentar y agravar nuestros problemas de incontinencia.

Podemos notar también dolor y pesadez en la zona vulvar, en nuestra zona del suelo pélvico, a veces por varices vulvares. Llevamos todo el rato hablando de músculos pero también es una zona muy vascularizada con muchos aportes sanguíneos. El propio embarazo también hace que haya peor circulación y las varices vulvares pueden aparecer tras el parto tanto si ha sido parto vaginal como cesárea.

12.- ¿Si una persona tiene mala circulación tendría mayores posibilidades de tener varices vulvares?

Sí. En principio mujeres que tienen tendencia a tener varices pueden desarrollar varices vulvares, ya que no deja de ser un problema circulatorio. Sin embargo, también mujeres sin varices en las piernas pueden acabar teniendo varices vulvares.

13.- ¿Un suelo pélvico débil puede afectar a las relaciones sexuales?

Sí. Es otro de los síntomas importantes. Puede aparecer dolor que provoque un rechazo a reanudar las relaciones sexuales. Este es un tema tabú del que no se suele hablar por vergüenza.

En ocasiones, se mezcla con otros problemas relacionados con el puerperio, la lactancia, o simplemente la falta de sueño. Con la llegada del bebé cambia la vida sexual pero aún más si se ha producido un parto traumático o existe una cicatriz dolorosa. El momento de presión en esa zona puede ser muy desagradable y provocar rechazo. Puede suceder por varios motivos como son la sequedad vaginal pero también porque nos hayan quedado secuelas del parto.

Por ejemplo, una episiotomía o un desgarro dejan una cicatriz que con frecuencia va hacia uno de los lados y suele abarcar la parte más interna. En el momento de la penetración la cicatriz puede provocar que notes que la musculatura se contrae o simplemente una sensación desagradable.

Poniendo un ejemplo visual, es como cuando remendamos un jersey. En la zona donde hemos realizado el remiendo notamos que hay menos elasticidad que en el resto de la prenda. Digamos que hay algo que no está haciendo bien su función. Además de ser una zona menos elástica también las terminaciones nerviosas se han podido ver afectadas.

14.- ¿Qué podemos hacer para recuperar en esos casos?

Yo recomiendo el masaje perineal sobre todo incidiendo en la cicatriz. Nos lo podemos realizar a nosotras mismas o podemos acudir a fisioterapeutas especializados en suelo pélvico que nos ayuden a tratarlo para recuperar la función lo antes posible.

15.- ¿Cuántas veces a la semana deberíamos realizarlo?

Si es antes del parto se recomienda hacer el masaje perineal 3 o 4 veces a la semana. Cuando somos madres el factor tiempo es importante ya que no disponemos de tanto tiempo para cuidarnos, aún así deberíamos realizarlo al menos dos veces por semana sobre todo incidiendo en la zona de la cicatriz.

Si es una cicatriz muy profunda o con retracciones sería necesario un tratamiento más especializado. Es posible que no sea suficiente con la técnica manual y que haya que recurrir a otras técnicas, como la electroterapia. En definitiva, se trata de que los tejidos recuperen su elasticidad.

16.- ¿Habría diferentes niveles de gravedad?

Sí, los hay. Puede ser un grado leve que se traduce en una incontinencia puntual que se da cuando tosemos o estornudamos y que puede tener un carácter pasajero. También puede ser una lesión más grave en la que se haya producido u prolapso que provoca una incontinencia importante.

17.- ¿Qué es un prolapso?

Se trata de un descenso de los órganos pélvicos. La vejiga, la vagina, el útero, el recto y el intestino están como apoyados unos en otros y cada uno depende de la postura del otro. Podríamos decir que son como equilibristas ya que están colgados y en equilibrio.  Dependen también del suelo pélvico y hay ligamentos que los unen a la pelvis.

Durante el embarazo cambia la postura de estos órganos, incluso su orientación. En el posparto puede suceder que se encuentren descolgados, es decir, descendidos. Los prolapsos pueden tener diferentes grados de gravedad. Es muy posible que hayas oído alguna vez a tu madre o a tu abuela hablar de matriz caída. En realidad están hablando de un prolapso en el que útero y vagina está descendidos. Si el prolapso afecta más a la parte delantera se notan más ganas de hacer pis y hay incontinencia.

El prolapso se puede superar pero para ello hay que realizar un trabajo especializado y prevenir que no empeore con la edad, ya que con la menopausia y los cambios hormonales puede agravarse.

18.- ¿El prolapso sería el grado máximo de gravedad?

El prolapso es de las peores lesiones del suelo pélvico. Dentro de él puede haber grado I, grado II y grado III según como de descendido esté.

Hay mujeres que incluso notan al limpiarse tras hacer pis que la zona de la vagina sale un poquito hacía afuera. Notamos como un bultito y son las vísceras de arriba que están bajando. Se trata de un grado más grave y severo ya que el suelo pélvico está descendido y realmente descolocado.

19.- ¿Si hemos tenido un parto en el que el suelo pélvico ha quedado dañado cómo puedo recuperarlo?

Para recuperarse es fundamental no resignarse. Me da mucha tristeza escuchar a mujeres que han dado a luz decir que es normal tener el suelo pélvico dañado. No, no hay que resignarse nunca. Que sea una patología frecuente no significa que sea normal.

Algunas mujeres que tienen incontinencia piensan que pasará, pero si no se trata, no solo no pasa sino que se agrava el problema. Yo animo a todas las mujeres a que se informen, a que consulten con su matrona o con su ginecólogo.  Cada vez los profesionales de la salud estamos más actualizados pero si damos con un médico que tristemente no lo está busca otra opinión.

20.- ¿Con qué opciones terapéuticas contamos?

Hay muchas opciones terapéuticas donde elegir. Se puede hacer una terapia manual trabajando las tensiones que están afectando a nivel del suelo pélvico, Otra posibilidad es optar por realizar ejercicios hipopresivos que ahora están muy de moda y que vienen muy bien para recuperar la zona. Si hablamos de técnicas especializadas yo recomiendo la electroterapia, existen diferentes técnicas que se pueden utilizar en consulta y que dan muy buenos resultados.

Lo que no debemos hacer es tomar como solución la compresa o la operación. Hay mujeres que deciden esperar a que la cosa vaya a más y directamente operarse cuando la situación sea insostenible.

Sin embargo, una operación aun en los casos más severos, debe ir acompañada de un trabajo muscular en el suelo pélvico previo, preoperatorio, y  de un trabajo posterior, posoperatorio.

21.- En el caso de que tuviéramos un segundo embarazo, ¿cuántas posibilidades existen de que volvamos a sufrir una disfunción del suelo pélvico?

En este momento no contamos con datos estadísticos que analicen esta cuestión en profundidad. Si sabemos que depende en gran parte del tipo de parto que tengamos. El segundo parto no tiene porque ser como el primero.

He tenido pacientes que tras un primer parto muy instrumentalizado y con lesiones severas han hecho un magnífico trabajo de recuperación y han tenido un segundo parto estupendo y su suelo pélvico no se ha visto dañado de nuevo.

Si la mujer tiene la motivación tras el primer parto de recuperar la zona, de no resignarse y de tomar conciencia de su suelo pélvico las posibilidades de volver a sufrir una lesión se reducen. Hay veces que damos por hecho que irá a peor e incluso decidimos no tener un segundo hijo por este motivo, y es muy posible, que si nos hemos preparado y nos hemos puesto las pilas la lesión no vuelva a producirse.

22.- ¿Qué podemos hacer en casa para prevenir y fortalecer el suelo pélvico?

En casa yo os propongo hacer ejercicios que nos motiven y que no nos desmoralicen. Por ejemplo, nos ponemos en casa las bolas chinas porque nos han hablado que van muy bien. Sin embargo, si tenemos el suelo pélvico débil notamos que al caminar se van cayendo y tenemos que apretar las piernas porque no las sostenemos. Esto desmoraliza y desmotiva un montón.

Deberíamos empezar por ejercicios muy simples como contraer  y relajar la musculatura del suelo pélvico. Pensar, por ejemplo, en que tenemos ganas de ir al baño en ese momento y contraer sin tensar las piernas o las glúteos y después relajar.

Los hipopresivos son más difíciles de hacer en casa pero también podemos probar con ellos ya que son muy efectivos. Eso sí, no son recomendables durante el embarazo solo durante la recuperación postparto. Si estamos embarazadas lo mejor es el masaje perineal. Estas serían mis tres grandes recomendaciones para que nos cuidemos desde casa.

23.- ¿Cómo sabemos que hemos aislado bien los músculos?

Os voy a proponer un ejercicio para que observemos si tenemos conciencia de lo que estamos contrayendo y relajando. Siéntate en una silla y pon las manos por debajo de cada glúteo, es decir queda sentada sobre tus manos. Ahora probamos a contraer y relajar. Debemos poner toda nuestra atención en contraer la musculatura que queda dentro, es decir, los músculos del suelo pélvico.

Si notamos que estamos apretando  las piernas o las rodillas es que no lo estamos haciendo bien. Este ejercicio nos ayuda a ir delimitando la zona y a tomar conciencia de nuestro suelo pélvico.

24.- ¿Es recomendable hacer series más largas y otras más cortas?

Debemos tener en cuenta que la musculatura del suelo pélvico es un músculo como otro cualquiera que se cansa y necesita un período de recuperación.

Yo recomiendo realizar 5 contracciones cortas y descansar y realizar varias series. Aconsejo contracciones cortas sobre todo porque al principio no somos capaces de contraer 10 segundos de forma efectiva y podemos hacer trampas.

25.- Una última reflexión para finalizar

Este es un tema del que hay que hablar y que hay que visibilizar. Todavía nos encontramos con mujeres que sufren el tabú social y una limitación física que les afecta en su calidad de vida. Por no hablar de las implicaciones a nivel psicológico que también afectan mucho. Mi consejo es que no se resignen porque el suelo pélvico puede recuperarse. Por último darte las gracias por acercar esta información a tus lectoras.

Mil gracias a ti Lorena 🙂

Espero que hayáis disfrutado y aprendido con esta entrevista. Si te apetece contarnos que te ha parecido, compartir tu experiencia o hacer una consulta puedes dejarnos un comentario y encantadas te contestaremos.

Asimismo si lo prefieres puedes contactar con nosotras por correo para hacernos una consulta o ampliar información en mamaylatribu@gmail.com o en info@fisiobym.com.

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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?

Practica la crianza sostenible

Practica la crianza sostenible

Practica la Crianza Sostenible, un objetivo simple y a la vez complejo que puede cambiar tu vida y la de tu familia. ¿Cómo? En este post te explicamos cómo puedes empezar a vivir bajo un nuevo paradigma desde hoy mismo.

Si prefieres escuchar a leer aquí tienes el Podcast del post 🙂

Posiblemente no hayas oído hablar de este término, se trata de un concepto nuevo con el que subtitulé mi blog al comenzar mi andadura como bloguera en 2015. En el post Por qué escribir un blog de Crianza Sostenible daba una serie de razones para practicar la crianza sostenible.

Me enorgullece observar como cada vez más proyectos llevan en su ADN una propuesta de crianza sostenible. Significa que cada vez estamos más concienciadas y que avanzamos en el camino de ser más conscientes de nuestro entorno y de los desafíos a los que nos enfrentamos.

¿Qué es la Crianza Sostenible?

Para nosotros es nuestra filosofía de vida, una forma de entender el mundo y una razón de ser para existir y vivir en este mundo caótico y cambiante.

Somos hijos de nuestro tiempo, de la época donde nos tocó vivir, eso nos condiciona pero no nos determina. Siempre existe un recodo donde se esconde nuestra libertad personal para elegir.

Porque de eso trata la crianza sostenible. De las elecciones que hacemos y del impacto que tienen sobre nuestro entorno y las personas que habitan en él. Hablemos de práctica y de cómo podemos darle la vuelta al paradigma convencional y vivir de forma más consciente y más comprometida con nuestra esencia y con quienes somos.

¿Cómo nace la Crianza Sostenible?

De una profunda reflexión en pareja y de una vivencia personal tan intensa como es la maternidad. El nacimiento de un hijo puede hacer que hasta los cimientos más fuertes se remuevan, es un cambio tan potente y tan brutal que puede hacer que nos replanteemos quiénes somos y qué podemos aportar a este mundo.

Hasta que no nació mi hijo no fui consciente de que además de recibir, por el hecho de vivir en la cara buena del mundo, también debía contribuir a mejorar el mundo que un día heredarán mis hijos y mis nietos. 

Así nació este blog, es una toma de conciencia pero también es una acción directa. Un proyecto vital y personal compartido y sostenido en pareja. Somos nosotros y la forma de vida que hemos elegido, cómo queremos vivirla y la forma en que educamos a nuestro hijo.

Nosotros no creemos que tengamos la verdad, partiendo de la base de que la verdad es relativa y depende de quién la evalúa. No obstante, ¿quién la tiene? Tan solo ofrecemos una alternativa, la nuestra, que puede ser extrapolable a otras personas que quieran vivir de forma más comprometida con su entorno.

Buscando los principios

Hoy mismo puedes ahondar en ti mism@ y buscar aquellos principios y valores que te representan a ti y a tu familia. Si eres lector habitual de este blog, es porque te sientes identificad@ con nosotros y nuestra forma de vida y eso nos hace muy felices porque significa que nuestro mensaje va calando en la sociedad.

Aún así mis valores no tienen por qué ser exactamente los mismos que los tuyos porque cada uno de nosotros es un ser único con unas vivencias, expectativas y deseos. Si vives en un entorno urbano hablarte de cultivar un huerto en el jardín quizás sea poco viable, pero sí es una oportunidad, por ejemplo, para que te intereses por propuestas como la de los huertos urbanos.

Podemos compartir un mismo punto de vista, un mensaje y una perspectiva que haga que luchemos y recuperemos espacios juntos. Pero para eso es necesaria una profunda reflexión sobre el mundo en el que vivimos.

¿Cuándo tendremos tiempo para la reflexión?

Admitámoslo vivimos demasiado rápido para que la reflexión pueda convertirse en un poderoso estimulo que nos haga avanzar hacia nuestros objetivos. La falta de reflexión y la poca consciencia van de la mano y nos escamotean la posibilidad de tomar decisiones y de practicar una crianza sostenible.

Horarios interminables de trabajo, numerosas obligaciones que no acaban nunca, compromisos a los que no podemos decir que no, las necesidades y demandas de nuestros hijos y una apariencia de felicidad ficticia para sostener tan delicado equilibrio que nos genera un enorme malestar.

Cuando caes rendida en el sofá a las doce de la noche estás tan cansada que no es momento para replantearse nada, solo quieres evadirte un rato viendo la televisión o leyendo un libro. Es comprensible, a todos nos pasa, necesitamos descansar y desconectar.

El problema es que acabamos desconectándonos de quiénes somos y de qué queremos. Nos supera el día a día y su inmediatez.

Y esto es lo preocupante. Queremos cambiar hábitos y vivir con conciencia pero la conciencia hay que desarrollarla y para eso necesitamos una buena dosis de cuestionamiento y de reflexión. Aprovechemos este post para ello.

Preguntas sobre crianza sostenible

Vamos a empezar por algo sencillo, por hacernos una serie de preguntas que posiblemente te hayas hecho en algún momento de tu trayectoria personal, sobre todo si has sido madre.

¿Qué mundo quiero para mis hijos?

¿Qué ejemplo le doy a mis hijos?

¿En qué entorno quiero que crezcan?

¿En una ciudad sin espacios verdes o parques?

¿En un mundo enfermo y contaminado?

¿O quiero que vivan en un mundo, limpio, seguro y sano?

¿Y bien? ¿Cuáles son tus respuestas?

El 100% de las madres me dirán que quieren vivir en la última opción. En un mundo limpio, seguro y sano. ¿Es el mundo en qué vivimos hoy así? No, la verdad es que no. La contaminación, los tóxicos cotidianos, la alimentación llena de pesticidas, la destrucción de la biodiversidad. No, rotundamente no.

Y lo sabemos. Pero nos cuesta movernos y plantearnos cambios a medio y largo plazo.

David contra Goliat

Nos sentimos como David contra Goliat, luchando contra gigantes que nos superan en número y en poder, olvidando que David consiguió su objetivo pese a todo.

Malcolm Gladwell en La clave del éxito da la vuelta a esta historia bíblica ofreciendo un punto de vista nuevo. David ya no aparece como una víctima desvalida que gana al gigante por un golpe inesperado de suerte. David vence porque es más inteligente y astuto, es capaz de descubrir las debilidades ocultas de su adversario y atacarlas con firmeza.

Esta novedosa lectura de este mito puede ayudarnos a entender por qué no deberíamos rendirnos y dar la batalla por perdida. Porque no siempre el más grande o poderoso gana, y esa es una potente ventana a la esperanza que debemos utilizar a nuestro favor.

Vivimos inmersos en un sistema y una ideología que nos han impuesto desde fuera, de la que no nos hemos cuestionado nada hasta ahora. Quizás creíamos que alguien velaba por nosotros, pero eso es un cuento para niños en el que ya no creemos. Hemos aceptado que solo existía un único modelo viable o que no había más posibilidades. Y no es cierto, hay alternativas.

Somos una pequeña gota en el océano pero muchas gotas juntas forman una ola gigantesca que puede ser el revulsivo que cambie el statu quo. Sí, lo que te propongo es una revolución, sensata y sostenible. Como decía Eduardo Galeano: «Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo».

Si todas aquellas personas que crearon e impulsaron cambios extraordinarios hubiesen pensado que Goliat era invencible se hubiesen retirado de la lucha y posiblemente seguiría existiendo la esclavitud o a el absolutismo. Pero creyeron en sí mismos y en el mensaje que tenían que transmitir a otros para impulsar los cambios que la sociedad demandaba.

Llámame idealista, pero estoy firmemente convencida de que pequeños gestos sumados suponen grandes avances hacia un mundo menos contaminado, más sano y más feliz. Eso sí, requiere de compromiso.

El compromiso también es justicia

Te estoy pidiendo un compromiso, claro y directo. En primer lugar, contigo misma y con tus valores. Un compromiso con el ejemplo que quieres transmitirles a tus hijos y que deseas dejar como legado al futuro.

Reconozcámoslo, el compromiso da miedo, un miedo atroz. Tenemos miedo a que nos llamen radicales, a distanciarnos de otras personas que no comparten nuestra forma de vida, a ser criticados y una larga lista de excusas. Porque son solo excusas para posponer y no actuar.

Somos seres sociales por naturaleza, necesitamos comunicar y compartir. Y no dejamos de hacerlo aunque en ocasiones lo que trasmitamos sea contradictorio. Cuando defendemos una cosa y hacemos lo contrario, lo queramos o no, estamos enviando un mensaje.

El mensaje más directo va a nuestros hijos, ya que somos el espejo en el que ellos se reflejan. Si ofrecemos un mensaje firme, motivado y coherente no solo estaremos educando a nuestros pequeños, también ofreceremos una alternativa a quién cree que no existe o que no es posible.

El compromiso es coherencia, respeto y justicia.

Es coherencia puesto que tratamos de minimizar nuestras contradicciones o al menos conocerlas para poder más pronto que tarde acabar con ellas; es respeto, puesto que defender una crianza sostenible supone respetar el entorno en el que vivimos pero también a las personas que habitan en él aunque a veces no estemos de acuerdo con su ideología o con sus decisiones; y es justicia, puesto que aboga por un cambio de paradigma que construya una sociedad más justa e igualitaria para todos donde el interés económico no sea lo más importante o el impulso que mueve la sociedad.

Defender una crianza sostenible es ponerse en acción y salir de nuestra zona de confort aunque nos de miedo, aunque nos sintamos bichos raros y aunque creamos que estos cambios son insignificantes para el planeta. No lo son, acuérdate del mensaje y del ejemplo. 

¿Por dónde empiezo la crianza sostenible?

Primero de todo tomando conciencia y revisando tus decisiones que por banales e intrascendentes que te parezcan tienen una enorme importancia. Pregúntate qué enseñanza das a tus hijos cuando llevas a cabo determinados comportamientos o tomas determinadas decisiones.

Posiblemente, ese sea el principio. Si trato de inculcarle a mis hijos que ser consumista no es un valor para nosotros, estaré contradiciendo mis palabras si nos pasamos los fines de semana metidos dentro de un centro comercial. Los niños se quedan con los hechos, no con las palabras.

Tú tienes la llave del cambio como millones de madres que pueden elegir o que deberían elegir con conciencia y compromiso. Tenemos un gran poder como consumidoras y debemos reivindicar nuestro papel en este complejo sistema.

Mi poder está en que puedo elegir de entre todas las opciones la más justa o al menos la menos mala. Por lo general, aquello que no daña el entorno, beneficia a tu familia. Tú y solo tú sabes cuales son las decisiones que debes tomar para alcanzar este objetivo.

Practica la crianza sostenible

Para terminar te voy a dejar un ejercicio que recoge las ideas expuestas en este post y que te puede servir de guía para llevar a cabo una crianza sostenible.

  1. Busca tus valores, aquellos que crees que te representan a ti y a tu familia y ponlos por escrito. Recuerda que son únicos y personales.
  2. Reflexiona sobre el mundo en el que vives, ¿te gusta? ¿Cómo te gustaría que fuese?
  3. Toma consciencia de quién eres y de qué es lo que quieres.
  4. ¿Estás comprometida? Sin compromiso, los deseos nunca llegarán a la ejecución.
  5. ¿Qué puedo hacer por mejorar mi entorno?

Te animo a realizar este ejercicio de reflexión, posiblemente descubras cosas que no imaginabas.

Si has llegado hasta aquí, es porque la semilla del cambio está germinando en ti. Me gustaría decirte que no estás sola en este camino, que hay muchas madres concienciadas que buscan mejorar la vida de su familia y contribuir de forma positiva en su entorno. En Mamá y la Tribu estaremos encantadas de conocerte y de acompañarte en este proceso de cambio.

Si es así deja un comentario en este post o si lo prefieres manda un correo a mamaylatribu@gmail.com y me cuentas en que punto estás y qué es lo que necesitas. Nada me haría más feliz que ser agente de esa transformación.

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Cómo planifico mi estudio siendo madre

Cómo planifico mi estudio siendo madre

Cómo planifico mi estudio siendo madre, es una pregunta que me han hecho en más de una ocasión. Se trata de mujeres que intentaban retomar sus estudios o seguir con ellos después de haber sido madres. Siempre contesto que no hay soluciones mágicas pero que con mucho esfuerzo y planificación se consigue.

Si prefieres escuchar a leer te dejo el podcast del Post 😉

Ya hablé de lo importante que es retomar nuestros estudios en 5 poderosas razones para volver a estudiar y os di 10 consejos para estudiar siendo mamá. Hoy hablaremos de cómo planificarnos para que la ilusión con la que hemos empezado esta etapa no se torne en decepción o en sensación de fracaso.

NO ENCUENTRO EL MOMENTO PARA ESTUDIAR

Has tomado esa decisión que tanto habías postergado y ya te has matriculado. Has hecho un enorme esfuerzo para comprar el material que necesitas y estás esperando el momento de ponerte en marcha y retomar tus estudios.

Empiezas con mucha ilusión pero por el camino sientes que te desinflas o que te fallan las fuerzas. A la falta de hábito de estudio se unen el cansancio y los contratiempos que complican tu día a día.

Hoy no pudiste estudiar, un imprevisto echó por tierra tus planes. Tampoco ayer, ni la pasada semana. Los libros que compraste con tanta ilusión empiezan a acumular polvo en la estantería y día tras día te sientes más culpable de no haber empezado o de estar dedicándole muy poco tiempo.

Te repites a ti misma que mañana empiezas pero ese día se resiste a llegar. Revisas la programación del curso y eres consciente de que vas atrasada con la materia. Tu progresión está estancada,  es posible que no hayas pasado del módulo 1 del primer tema.

CUANDO PIENSAS EN ABANDONAR

Entonces, empiezas a plantearte si tomaste la decisión adecuada o si tal vez te equivocaste y esto no es para ti. Comienzas a escuchar en tu cabeza a todos aquellos que te dijeron que no era una buena idea, que mejor no te matriculases, que ibas a tirar el dinero. Casi que estás a punto de darles la razón.

No obstante, tienes un deseo muy fuerte de conseguir mejores perspectivas laborales o de crecer a nivel personal. Sabes que el estudio a medio-largo plazo es una buena oportunidad pero sientes que no eres capaz o que te falta voluntad.

Piensas seriamente en abandonar, sin embargo, no quieres desistir, ni rendirte y no debes hacerlo bajo ningún concepto.

¿MATERNIDAD Y ESTUDIO SON INCOMPATIBLES?

Parece que ser madre y estudiar son términos incompatibles pero te puedo asegurar que no, mi experiencia personal es una prueba de ello.

Yo sigo estudiando y haciendo varias formaciones a la vez, no con la intensidad de una carrera pero sí a buen ritmo. Saqué mi plaza como funcionaria cuando mi peque tenía poco más de un año. La mayor parte de la oposición la estudié con él en la teta, acunándole en mis brazos o porteándole en una mochila. No es lo más cómodo del mundo pero si es necesario, se hace.

Así que vamos a cambiar el “yo no puedo” por el “vamos a hacerlo”.

¿COMO PLANIFICO MI ESTUDIO SIENDO MADRE?

Tienes un problema de planificación. Nada que no se pueda resolver con enfoque, orden y metodología.

Sin planificación, enfoque y disciplina no hubiera ganado una plaza. Así que vamos a revisar una serie de cuestiones con el objetivo de alcanzar el enfoque que tanto necesitas.

Si te hiciste un horario de estudio antes de empezar o un listado con los contenidos que ibas a estudiar cada semana, descártalo. Olvídate del horario que te hiciste o de lo que estimaste que estudiarías, solo puede frustrarte en este momento.

¿DE CUÁNTAS HORAS DISPONES?

Empieza por determinar de cuantas horas dispones a la semana. Por favor, horas reales, no huecos imposibles o vaguedades. Cuando digo horas reales me refiero a momentos en los que de verdad puedas estudiar sin pareja, sin niños o sin visitas.

Igual de importante es establecer en qué momentos no puedes estudiar porque trabajas, porque estás sola con los niños o porque haces cualquier otra actividad que te lo impida. Hay que delimitar muy bien de qué horas disponemos realmente.

Insisto mucho en que deben ser reales. Por ejemplo, si a las once de la noche estoy rendida porque no puedo más de cansancio y me quedo todos los días dormida en el sofá, no es buena idea planificar que estudiaré de once a una. Sencillamente cuando tenga que pasar a la ejecución no lo haré y lo iré postergando porque me supone un gran esfuerzo.

PONIENDO UN HORARIO

Una vez establecidas qué horas son las que vas a estudiar toca identificar en qué horario estudiaremos. Las horas que delimitamos en el apartado anterior son estimadas porque cuando hagamos el horario veremos si son reales o no, si hay que aumentarlas o reducirlas.

¿Puedo sacar dos horas todos los días para estudiar? ¿Es una pretensión muy alta? Son preguntas que debemos hacernos. ¿Dos horas tres veces a la semana? ¿Puedo llegar a mi objetivo con este tiempo de estudio? probablemente no lo descubras hasta que comiences a estudiar.

El horario debe ser sensato, es decir, pretender que vas a estudiar en tu hora de comida teniendo solo una hora es poco realista. El trabajo desgasta y debemos emplear las pausas para airearnos o descansar. Si de todos modos quieres pautar un rato de estudio, puedes programar algo que no te suponga un gran desgaste intelectual como ver una charla online o leer un tema.

¿CÓMO EMPIEZO A ESTUDIAR?

Te aconsejo que empieces poco a poco y luego vayas incrementando el tiempo de estudio paulatinamente. Lo primero que vas a crear es un hábito de estudio y eso lleva tiempo. Al principio te sentarás delante del libro y tendrás la sensación de que no te cunden los minutos ni las horas. Eso es lo más normal.

Debes adquirir de nuevo un hábito que tenías olvidado y eso requiere un entrenamiento  y mucha constancia. Por esta razón, es muy importante ser constantes al principio. En pocas semanas verás que empiezas a ver resultados, que ya no cuesta tanto y que los minutos empiezan a ser productivos de verdad.

Asimismo, si ya te encuentras más cómoda, puedes ir añadiendo alguna hora más de estudio o algún otro día, sobre todo si tienes exámenes con los que tienes que cumplir. Tener clara la meta es fundamental para saber cuando tenemos que apretar y planificar más tiempo de estudio de manera extraordinaria.

CÓMO ORGANIZO LA MATERIA

Deberías organizar la materia por orden de dificultad estimando cuánto tiempo necesitas para cada materia o para cada módulo a la semana. Dependiendo de lo que estés estudiando tendrás varias materias, módulos o temas.

Asimismo, la presentación del material es una cuestión primordial. Por ejemplo, si es un libro al uso del que debes extraer unos apuntes y estudiar sin más o es una formación audiovisual basada en vídeos de determinados minutos de los que debes extraer la información más importante.

Según sea el soporte a través del cual te llega la información debes planificar. Por ejemplo, si son clases grabadas de una hora, ten en cuenta que en ver la clase y en  tomar apuntes no vas a tardar una hora sino mucho más. Y ese tiempo debes planificarlo. Porque no es un vídeo a la semana, hay que tener en cuenta el visionado, apuntes, revisión y eso lleva mucho trabajo que no se hace en una hora.

Otra cuestión relevante, es si tienes que presentar prácticas o trabajos y cuál es su fecha de entrega. Si es una formación online que hago a mi ritmo igual no es tan importante llevar las cosas al día. Ahora bien, si tengo que cumplir con un plazo, como no me organice bien es posible que no llegue a entregar a tiempo el trabajo o lo entregue de cualquier manera.

También debemos tener en cuenta si esas prácticas son imprescindibles para superar la materia o si son complementarias. Asimismo, debemos conocer la forma en que seremos evaluadas, ¿a través de un examen? ¿una memoria? ? ¿un trabajo final?.

Estas cuestiones condicionan nuestro tiempo de estudio y por tanto nuestra planificación y debemos tenerlas siempre muy presentes.

UNA CUESTIÓN DE EQUILIBRIO

Cuando planificamos debemos alcanzar un equilibrio entre nuestras responsabilidades inaludibles, nuestro descanso, el ocio y el estudio.

Un error muy común es restringir todo tipo de ocio para enfocarlo en el estudio, esto al final es contraproducente. Si vas una hora a la semana a Yoga y lo necesitas a nivel físico y mental no es buena idea castigarte sin ello con la esperanza de que estudiarás mucho más.

Asimismo, es importante que también dediquemos un tiempo a la familia. Nuestros hijos nos necesitan y además crecen tan rápido que no quieres perdértelo por nada del mundo. Es verdad, que en los momentos que escojas para estudiar los niños tendrán que desaparecer de la ecuación o estar muy entretenidos para poder concentrarte.

Equilibrar es dedicar el tiempo que corresponde a cada cosa en su momento indicado y, por supuesto, disfrutar de ello.

PLANIFICACIÓN POR EXCESO

Un error habitual es planificar por exceso, es decir, planificar como estudio cualquier hueco libre. Eso satura enseguida, nuestro cerebro necesita desconectar.

Por supuesto, si hace años que no estudias no puedes comenzar con sesiones de cuatro horas, por ejemplo, porque al quinto día cierras el libro y no lo abres jamás. Tampoco es muy sensato dedicar cada hueco a ello porque podemos llegar a obsesionarnos con el estudio y que se convierta en un suplicio y una lucha por alcanzar unos objetivos cada vez más exigentes.

¿QUÉ HAGO CON LOS IMPREVISTOS?

Eres madre, así que estás curtida de improvisación. Sí o sí tendrás que contar con ellos. Los contratiempos o los planes inesperados pueden echar al traste cualquier planificación que se precie, así que debemos tener claro si podemos relegar en otras personas o si nuestra presencia es imprescindible.

Por ejemplo, un cumpleaños al que te invitan con tu hijo pero coincide con la tarde que estudias. Es posible que el padre o la abuela puedan llevarle . Si te llevas bien con alguna mamá del cole y tenéis confianza es posible que puedas pedirle que le lleve. Luego tú puedes pasar a recogerlos, esto siempre y cuando, el niño tenga la edad adecuada para poder prescindir de tu presencia.

Puede ser que haya que llevar al niño al médico y prefieras llevarte tú, en ese caso, valora la posibilidad de recuperar esas horas o retomar el estudio cuando llegues aunque vayas a dedicar menos tiempo del que esperabas. Mejor eso que nada.

EL COMODÍN DEL ESTUDIO

Como tenemos claro que planificar teniendo hijos es difícil, podemos optar por delimitar un día comodín con el que puedas jugar a tu conveniencia.

Supone no perder un día de estudio y, al mismo tiempo,  poder cumplir con imprevistos o compromisos. Lo que hacemos es intercambiar un día de estudio por nuestro día comodín. Puede ser que hayas pautado no estudiar los fines de semana o la tarde de los domingos. Ese puede ser tu comodín que te salve la semana cuando las cosas se tuercen y no hay manera de sentarse a estudiar.

SE FLEXIBLE

No nos ponemos un horario y delimitamos unas horas de estudio para castigarnos cuando no podemos cumplir con ellos. Lo hacemos para organizar y planificar nuestro día a día y poder llegar a nuestra meta.

Sin embargo, puede ser que me equivocase al planificar, que vaya más lenta de lo que esperaba, que lo que se me antoja fácil no lo sea tanto como yo pensaba o a la inversa, que lleve un ritmo de estudio estupendo.

Planificamos pero analizamos resultados semanalmente y reajustamos. A mes vencido nos paramos a revisar nuestro progreso y volvemos a reajustar lo que sea necesario, porque voy muy apurado y no llego, porque voy bastante rápido y puedo añadir más temas. Lo que sea.

La planificación es algo vivo que debe ajustarse a nosotras y a nuestras circunstancias como un guante, no somos nosotras las que nos adaptamos a ella.

En definitiva, la planificación es vital para conseguir nuestros objetivos y llegar a ellos. Debemos ser constantes y perseverar pero siempre sin perder el norte y sin quedarnos sin aliento porque no llegamos. Aprender es un proceso que a cada una de nosotras nos lleva un tiempo determinado y único. Es una gran decisión pero no está exenta de sacrificios, así que no te sientas mal por ir más lenta de lo que pensabas y disfruta el camino.

Si te ha gustado el post, comparte 🙂 Me gustaría saber cómo te planificas desde que volviste a estudiar y sobre todo cómo puedo ayudarte a conseguir tus metas.

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Alimenta a tus hijos con productos ecológicos

Alimenta a tus hijos con productos ecológicos

Alimenta a tus hijos con productos ecológicos, en el post de hoy te explicamos por qué es una buena idea.

Si prefieres escuchar a leer aquí tienes el Podcast del post 😉

Llevamos más de tres años consumiendo ecológico y cada vez nos sentimos más felices de haber tomado esta decisión. Nuestra salud ha mejorado y nos sentimos mucho mejor a nivel vital y energético. Lo decidimos cuando estaba embarazada porque nos preocupaba enormemente la salud de nuestro futuro hijo.

No fue un cambio drástico sino que fuimos haciendo pequeños cambios de forma paulatina. Se trata de un proceso en el que cada día vas tomando más conciencia de los costes sociales y medioambientales que se ocultan detrás de nuestras decisiones de consumo.

Pero, ¿qué son las productos ecológicos?, ¿tienen tantas ventajas como se dice? ¿Son mejores que los convencionales?

¿Qué son los productos ecológicos?

Haciendo una definición simple podemos catalogarlo como un alimento proveniente de la agricultura o ganadería ecológica.

El Codex Alimentarius (código de alimentación), el más alto organismo internacional en materia de normas de alimentación regulado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la agricultura (FAO), ofrece la siguiente definición:  “la agricultura ecológica es un sistema holístico de gestión de la producción que evita el uso de fertilizantes químicos, pesticidas y organismos genéticamente modificados, reduce al mínimo la polución del aire, suelo y agua y logra un nivel óptimo de salud y productividad de las comunidades interdependientes de plantas, animales, y seres humanos«.

Si por algo destacan los productos ecológicos es porque en su producción no se usan sustancias químicas de SÍNTESIS: pesticidas, fertilizantes, agroquímicos o medicamentos. En este sistema de producción se respeta el ritmo de crecimiento de plantas y animales sin interferir en su desarrollo.

Por supuesto, están elaborados sin añadir sustancias artificiales como aditivos, colorantes, saborizantes o aromas de síntesis.

¿Tienen tantas ventajas como se dice? Rotundamente sí, por varias razones.

No llevan productos  tóxicos

Una de sus principales ventajas frente a los productos convencionales es que no llevan tóxicos en su composición. Por mucho de que traten de convencernos de que los pesticidas son inofensivos, no es cierto.  Una parte de esos agroquímicos empleados en la fumigación de los campos se queda impregnado en las frutas y verduras que consumimos y pasan a nuestro cuerpo.

Los más persistentes y peligrosos son los organoclorados y los organofosforados a los que pertenecen sustancias como el DDT, el endusulfán o el pentaclorofenol. Aunque insisten en que las dosis con las que se rocían los campos donde crecen las verduras son inocuas para el ser humano no existe una dosis de seguridad.

Hay estudios que demuestran que los pesticidas pueden provocar cánceres como la leucemia, insuficiencias cardiacas y problemas de aprendizaje entre otros trastornos graves.

Son más seguros para los niños

Los productos ecológicos no llevan en su composición ningún pesticida o agroquímico. Esto es muy importante para salvaguardar la salud de nuestros hijos y su futuro desarrollo. La American Public Health Association advierte que las sustancias químicas presentes en frutas y verduras suponen un gran riesgo para la salud de los niños.

Debemos tener en cuenta que el cuerpo de un niño está en desarrollo, que su sistema nervioso es muy vulnerable a determinadas sustancias que pueden dejar su impronta en él. Los niños son sensibles a las sustancias químicas, precisamente por ello, no deberíamos exponerles a ellas.

Se estima que los niños que viven cerca de explotaciones agrícolas convencionales están sobrexpuestos a la contaminación del aire, el agua, el polvo e incluso a la ropa de trabajo de sus padres si trabajan en la agricultura convencional.

No contienen transgénicos

En la agricultura ecológica no están autorizados los organismos genéticamente modificados. Si utilizamos el principio de precaución deberíamos evitar consumir este tipo de productos. No se ha demostrado que sean inofensivos ni para el ser humano ni para el medio ambiente. Razón de más para no ofrecerles a nuestros hijos productos que los contengan.

¿Cuáles son esos posibles efectos de los transgénicos? Aparición de nuevas alergias como ocurrió con el maíz transgénico de Starlink en 2000. Otro problema asociado a los transgénicos son las resistencias a los antibióticos. Se ha establecido una peligrosa relación de resistencia de algunas bacterias a determinados antibióticos como, por ejemplo, la Amoxicilina. No tendría mucha importancia si no fuera porque alguna de estas bacterias hacen enfermar al ser humano.

No contienen antibióticos

Para las familias que consumen carne o lácteos habitualmente el uso de antibióticos en la producción ganadera es un problema a tener en cuenta. Se cree que el 75% de los antibióticos usados en la Unión Europea son administrados a animales de granja a través del pienso y el agua. Estos antibióticos no han desaparecido cuando compramos el kilo de filetes en la carnicería y se desconocen sus posibles efectos sobre la salud humana.

En la ganadería ecológica están prohibidos el uso de antibióticos, los tranquilizantes y los tratamientos hormonales, hecho que beneficia la salud de los animales y de los consumidores.

Son más saludables

No insistiré más en la cuestión de lo que no tienen, sino en lo que sí ofrecen. Cuando tú cultivas un alimento en un suelo equilibrado, que ha sido abonado con fertilizantes naturales y que se corresponde con una variedad no estándar o modificada genéticamente, obtienes un alimento más nutritivo. Un alimento que contiene más vitaminas, como la vitamina C, más minerales esenciales como el calcio, el magnesio o el hierro, más antioxidantes, proteínas e hidratos de carbono.

María Dolores Raigón, Catedrática de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica y el Medio Natural de la Universidad Politécnica de Valencia y Presidenta de la Sociedad Española de Agricultura Ecológica, lleva años investigando sobre la calidad nutritiva de los alimentos ecológicos.

Sus resultados son concluyentes: los productos ecológicos tienen menos agua, mayor composición mineral y una concentración mayor de vitaminas y antioxidantes que los productos de la agricultura convencional.

Una investigación internacional elaborada por el Dr Leifert de la Universidad de Newcastle confirmó también que los productos ecológicos son más ricos en antioxidantes y fitoquímicos. ¿Cuál es la razón? Las plantas sintetizan antioxidantes como los polifenoles para defenderse de insectos y posibles amenazas. Una planta de agricultura convencional no necesita desarrollar ninguna de estas habilidades ya que el uso de plaguicidas hace el trabajo por ella.

Respetan el bienestar animal

La ganadería ecológica evita la manipulación de los animales de granja, es decir, no se les administran antibióticos, ni hormonas, ni se les insemina artificialmente. Se promueve el bienestar animal respetando el crecimiento natural de los animales. Su alimentación está basada en pastos naturales y forrajes ecológicos en los que no hay rastro de transgénicos o pesticidas.

Se busca que crezcan en un hábitat digno y en semi libertad huyendo del hacinamiento. Uno de los objetivos es acabar con el estrés de los animales para que crezcan sanos y con mejor salud.

Tienen una mayor calidad

La calidad de un alimento ecológico viene determinado por sus características de producción. Si cuidamos la semilla desde la siembra, si fertilizamos de forma natural y si esperamos al punto máximo de maduración, estamos dando preferencia a la calidad del producto frente a la cantidad.

Otra cuestión importante es que los productos ecológicos están sujetos a un gran control desde el inicio de la cadena hasta su distribución. Pasan controles constantemente y cuando se detecta en un producto ecológico residuos de productos químicos no se permite su comercialización con la etiqueta de ecológico.

Cuidan el medio ambiente

El respeto por el medio ambiente es una premisa fundamental en la agricultura ecológica siempre y cuando favorezca el consumo local y sostenible. Una explotación agrícola ecológica promueve el equilibrio y la regeneración de la tierra. Apuesta por los policultivos, tal y cómo se cultivaba hace más de 100 años, lo que redunda en un aumento de la biodiversidad.

Cuando optamos por un alimento ecológico ayudamos a disminuir la contaminación de la tierra, el agua y el aire ya que no se generan residuos contaminantes. Además preservamos semillas locales y distintas variedades que si no se protegen, por desgracia, desaparecerán irremediablemente.

Sí nos gustaría aclarar que no siempre estas condiciones se cumplen. Que un producto sea ecológico, aunque tenga el sello que lo califica como tal, no siempre significa que sea sostenible. En el post de Papá Idiota, Cómo no ser sostenible y los ideales, reflexionábamos sobre esta cuestión.

En ocasiones, ese alimento por muy ecológico que sea ha viajado miles de kilómetros o forma parte de una producción de monocultivos a gran escala en manos de multinacionales que se han sumado al carro de lo ecológico. Por lo tanto, debemos ser muy cuidadosos en la elección del producto y también tener en cuenta su huella de carbono o la contaminación que se ha generado en su producción. La mejor manera de controlar estos factores es recurriendo a agricultores o productores locales.

Una cuestión de compromiso

Esta es la razón más personal de todas. Para nosotros consumir productos ecológicos es más que una razón, es una cuestión de conciencia y de compromiso con el entorno y con nuestro estilo de vida.

Cada fertilizante o pesticida que no se vierte en la tierra es una ventana abierta a la esperanza y al futuro. Si envenenamos la tierra, el agua y el aire, más pronto que tarde enfermaremos.

Un mundo más ecológico es un mundo más limpio, más sano y más seguro para todos. Se trata de un beneficio que redunda en mi familia pero también en el mundo que heredarán mis hijos. También tiene consecuencias favorables en otras partes del mundo, la gran industria esquilma con total impunidad en otros lugares del planeta porque es más barato o porque no hay leyes que protejan a los trabajadores y el medio ambiente. Se trata, sencillamente, de un abuso del que no queremos formar parte.

¿Por qué los productos ecológicos son más caros?

¿Y por qué los productos convencionales son tan baratos? Esta es una pregunta que me he hecho muchas veces y a la que he buscado respuesta. Cuando compro un producto ecológico suelo pagar más que por un producto convencional. Una razón es la forma en que ha sido cultivado, no se trata de producción industrial sino de una producción controlada y limitada. Eso encarece el producto

Otra cuestión básica son los costes que no se suman. Cuando compro un kilo de tomates cultivados en china a un precio ridículo, no estoy pagando el coste medioambiental de producir ese tomate, ni los 1000 kilómetros que ha hecho hasta llegar a mi plato.

¿Quién lo paga? Lo pagamos todos a través de la contaminación y de fenómenos como el efecto invernadero. ¿Merece la pena? Rotundamente NO, pero como nos costó barato no nos importa que no sepa a tomate.

Ni tan baratos ni tan caros

Si consumes productos locales y de temporada no se encarece tanto lo lista de la compra. Por supuesto, cuanto más elaborado sea el producto ecológico más caro será, al igual que pasa con la producción convencional.

No tiene el mismo precio la carne picada en la carnicería que las hamburguesas preparadas, pues en ecológico pasa lo mismo. El tofu tiene un precio determinado, pero si compro un plato preparado que lleve tofu, el precio se encarece y mucho. ¿Merece la pena consumir productos precocinados? Supongo que te imaginas mi respuesta.

En realidad ni tan caros ni tan baratos. El invierno pasado el kilo de aguacates de agricultura convencional estaba en el supermercado de mi pueblo a 5,95 euros, se trataba de aguacates cultivados a miles de kilómetros, en concreto en Chile. En ese mismo momento nosotros estábamos pagando por un kilo de aguacates de producción ecológica cultivados en España unos 3 euros, exactamente la mitad de precio. Algo parecido nos ha sucedido con las naranjas, las hemos llegado a comprar al mismo precio que en el supermercado.

¿Dónde está el truco? En la distribución del producto, cuándo comprar y a quién. Pero si te parece lo dejamos para otro post que últimamente escribo post kilométricos.

En definitiva, es posible que no podamos consumir ecológico toda la familia por temas económicos, pero sería importante que priorizásemos el que nuestros hijos los consuman. Supone comprar, por ejemplo, la fruta de su merienda o las verduritas con las que harás una crema para su cena en ecológico.

Y si de ninguna manera me lo puedo permitir económicamente, puedes volver a la tierra y cultivar tus propias verduras, el proceso es más largo pero también tiene numerosos beneficios, no solo desde el punto de vista nutritivo también desde la perspectiva educativa y social.

Como afirma Vandana Shiva, “Trabajar con nuestras manos no es una degradación, es nuestra verdadera humanidad”.

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La maternidad juzgada: aprendiendo a no juzgar

La maternidad juzgada: aprendiendo a no juzgar

Hoy hablaremos de la maternidad juzgada y comenzaré con dos preguntas muy directas, ¿cuántas veces te sentiste juzgada el pasado año? ¿Y el último mes?

Cuando te conviertes en madre cualquier decisión que tomas es susceptible de ser juzgada. Lo peor de todo es que antes de que te des cuenta serás tú quien juzgue a las demás, quién lanzará el dedo acusador hacia otra madre y te sentirás fatal por ello.

Pedimos respeto alto y claro cuando alguien nos juzga pero nos olvidamos de esta premisa cuando juzgamos a otro. Se nos olvida que merece el mismo respeto que nosotras demandamos.

Si prefieres escuchar el post en vez de leer, aquí tienes el Podcast del post 🙂

MADRES POLARIZADAS

Somos madres criticando a madres, madres juzgando a otras madres. El ruido ensordecedor de fondo no nos permite ser conscientes de este hecho tan triste.

Juzgamos constantemente aunque no nos demos cuenta de que lo hacemos y nos sentimos atacadas cuando alguien hace lo propio con nosotras. Acabamos polarizando nuestro discurso en dicotomías innecesarias y nefastas: buenas madres, malas madres, supermadres, madres helicóptero, madres GPS y todos los tipos de madres que se puedan inventar con el fin de dividir a un solo colectivo.

Terminamos clasificando a las madres por el estilo de crianza que han elegido y nos posicionamos de forma inevitable en un lado u otro: las que dan teta y las que dan biberón, las que hacen colecho y las que no, las que hacen BLW y las que dan papillas, las que dan azúcar sin restricciones y las que no y un largo etcétera de divisiones absurdas.

Nada se salva del escrutinio constante al que nos sometemos unas a otras, como si fuese una competición y estuviésemos demostrando quien es la mejor madre. Hay tantas formas de crianza como familias. Aún así juzgamos y creemos firmemente que nuestro posicionamiento es el único válido y legítimo.

¿QUÉ ES JUZGAR?

La palabra juzgar viene del latín iudicare, que significa dictar un veredicto. Es una palabra derivada de ius, derecho y dicare (indicar).

EL diccionario de la Real Academia define este verbo con dos acepciones que nos pueden resultar adecuadas para este post: por un lado, formar opinión sobre algo o alguien; por el otro,  dicho de un juez o un tribunal que determina si el comportamiento de alguien es contrario a la ley, y sentenciar lo procedente.

Y ahora yo te pregunto, ¿cuándo juzgamos a alguien estamos opinando sin más? No. ¿Sabes por qué? Porque estamos reprobando su comportamiento y estamos sentenciando en base a información parcial y  sin tener una sola prueba.

No es una opinión, en muchas ocasiones, es casi un juicio o una lapidación pública.

TODAS NOS HEMOS SENTIDO JUZGADAS

Nos juzgan desde el minuto 1. El embarazo es una de las primeras guerras, sobre todo si tu comportamiento no se ajusta a lo que se espera de ti. Esa lánguida y frágil espera puede ser un infierno si tienes vómitos continuos, malestar general y cansancio extremo. Te sentirás juzgada por sentirte enferma.

Yo lo he vivido en carne propia, cuando tu médica de cabecera  te suelta aquello de, “Estás embarazada, no estás enferma”. Estupendo. Pero oiga yo me siento muy jodida. La misma doctora que esgrime como argumento para no darme la baja que no tengo suficiente barriga. Por supuesto,  que no la tenía, mi peque era un CIR.

Durante mi embarazo tuve que soportar los comentarios y juicios de valor constantes de una compañera de trabajo, que me llamaba débil y se permitía el lujo de decirme que me quejaba mucho. Ella había tenido dos embarazos estupendos y había trabajado hasta el día del parto: su experiencia y sus circunstancias, que no eran extrapolables a las mías.

Por supuesto, cero comprensión por las más de dos horas de  coche que me hacía por carreteras secundarias todos los días lloviendo, nevando y de noche. Cuando hacia el final del embarazo cogí la baja dejó de hablarme. Se permitió juzgarme con la enorme libertad que da la ignorancia y la falta de empatía. Ella criaba a sus hijas con disciplina espartana pero yo jamás le hice un solo comentario sobre cómo educaba a sus hijas.

Me juzgaron nuevamente cuando una ginecóloga decidió unilateralmente que mi parto sería por cesárea y me llamó irresponsable por negarme a programarla en la semana 20. Por supuesto, me cambié de hospital. En el post Parirás por cesárea lo cuento con detalle.

Nuevamente me sentí juzgada cuando mi peque fue diagnosticado como un CIR. Me harté de decir que no era fumadora, sin embargo, no dejaron de preguntármelo, aunque constase esa información en el expediente, supongo que nunca creyeron que decía la verdad.

En una ocasión, alguien me dijo que si mi hijo había sido un CIR era por mi culpa. “Tú y solo tú tienes la culpa, no te alimentas bien”.  Esa persona ignoraba que durante el embarazo si consumí carne y pescado y que no me hice vegetariana del todo hasta que el peque nació porque pospusimos la decisión hasta ese momento. Saco sus propias conclusiones y juzgó.

Fue un comentario muy doloroso y desafortunado. En realidad, no hay una causa única para que tu bebé sea un CIR, pero tú te sientes mal de todos modos. En el post, Mi peque un CIR tenéis más información.

Y todo esto antes de nacer.

Cuando el bebé nace ya es el nova más. Cómo no críes de la forma que se espera de ti, prepárate para un aluvión de críticas, comentarios desafortunados y juicios de valor. Opiniones que no has pedido, que no te aportan nada, pero que escucharás día sí y otro también por el hecho de ser madre.

LA MATERNIDAD JUZGADA

Sientes que hagas lo que hagas te juzgaran.

Sería impensable en el reino animal encontrarnos a otras mamíferas relatando sobre lo que hacen otras madres y criticándose entre sí. Una comunidad de gatas en las que unas se despellejaran a otras porque los bebés mamaron más tiempo del acostumbrado o porque sus crías tomaron leche de fórmula.

Es impensable porque la naturaleza no les dotó de cultura ni del don de la reflexividad. Estos elementos forman parte de nosotros y nos convierten en seres pensantes. La cultura es profundamente poderosa, determina como tenemos que criar y que es adecuado y que no lo es en una determinada sociedad.

Además, se transmite de generación en generación como una verdad absoluta. Hace 100 años solo se criaba de una manera, las madres de entonces no cuestionaban lo que era adecuado o lo que no. Simplemente seguían con las costumbres familiares y generacionales aprendidas.

Hoy la cultura evoluciona a una velocidad de vértigo. La maternidad y la crianza se han convertido en temas vitales para toda madre que quiera estar informada. Encontramos numerosa información, paradigmas y nuevas teorías que han convertido la maternidad en un tema controvertido.

Lo que a priori es positivo, que es tener opciones y alternativas a fin de encontrar aquella que nos sea más afín, se convierte en una guerra. Así asistimos al choque generacional entre madres e hijas.

Aquellas madres que criaron con biberón porque era lo que se estilaba y lo que los pediatras recomendaban se llevan las manos a la cabeza por los esfuerzos que hacen sus hijas por dar el pecho. Sencillamente no lo entienden. Y se sienten ofendidas y juzgadas por sus hijas, como si les gritarán a la cara, “lo hicisteis fatal”.

Se produce la inevitable ruptura.

DISCUSIONES EN RED

Pero no solo es generacional, también la ruptura se produce entre amigas.  No es el primer caso de amistades que se acaban cuando se tienen hijos porque no se comparte un mismo estilo de crianza. Entonces buscamos apoyo en la red, en grupos online en donde comparten el mismo estilo de crianza que nosotras queremos o al que aspiramos.

Sin embargo, las discusiones son constantes en redes sociales por lo que hizo aquella, por la consulta de aquella otra, por lo que preguntó fulanita y por lo que contestó la de más allá. La cosa se calienta enseguida porque enjuiciamos en base solamente a lo que leemos.

Por ejemplo, alguien postea algo buscando aprobación y recibe un rapapolvo como recompensa. Juzgamos a otras personas y buscamos cómplices el aplauso del auditorio al que nos dirigimos. A veces es una pregunta inocente que suscita un aluvión de comentarios juzgando su punto de vista o su ignorancia.

Nos sentimos con la potestad que nos da el respaldo de la mayoría para acusar alto y fuerte a quien se sale de la norma. Y disfrutamos llamando la atención a otras madres, como si con ese gesto ganásemos unas cuantas medallas que mostrar orgullosas ante las visitas.

Se juzga alegremente sin saber y se genera un tremendo malestar.

A mí me han llamado la atención en algún grupo, razón de más para no participar o no entrar en polémicas. Me agotan, me parecen inútiles y me generan un tedio difícil de soportar. Pero si me gusta leerlas, porque aprendo. Aprendo sobre el ser humano y sobre el complicado trabajo de ser madre buscando la aprobación constante de la tribu.

Necesitamos escuchar que lo hacemos bien y necesitamos decir que aquella de más allá lo hace mal para reafirmarnos en nuestras decisiones y en nuestras convicciones. Lo entiendo, somos humanas. Sin embargo, no pensamos por un momento en los sentimientos de esa madre que se siente tan sola como nosotras y que lucha por hacerlo mejor cada día. No pensamos que pueda sentirse linchada públicamente.

CUANDO YO SOY MI PEOR JUEZ

En ocasiones, nos enfadamos ante un comentario de otra persona porque algo nos resuena por dentro y nos hace daño. Nos tocan la fibra y nos sentimos atacadas. Puede ser que en realidad la ofensa no exista más allá de nuestra cabeza.

Quién habla es nuestro peor juez: nuestro yo.

Es un enemigo potente que puede hacernos un gran daño y paralizarnos por completo. En ocasiones, somos más permisivos con otras personas y nos damos verdadero látigo si somos nosotras las que cometemos un error.

Debajo de esa culpabilidad y enjuiciamiento está nuestro perfeccionismo y nuestro miedo a equivocarnos, como si el error fuese algo imperdonable que no nos podemos permitir.

Todas alguna vez nos hemos sentido culpables de lo que hicimos o lo que no. Nos encontramos con madres que tienen más de un hijo que se juzgan duramente a sí mismas por no haber estado todo lo informadas que deberían cuando nació su primer hijo y no dieron lactancia materna. Madres que comenzaron criando de una manera y evolucionaron hacia otro paradigma y sufren porque su primer hijo fue criado de una forma de la que hoy abominan. Y un sinfín de enjuiciamiento inútil que nos hace sufrir y nos condena al fuego eterno.

Afortunadamente, tenemos el don de la reflexividad para utilizarlo a nuestro favor. Podemos sentarnos y reflexionar sobre el pasado sin emitir un juicio, sin sentirnos presionadas por el “debería”. Puede ser que nos equivocáramos o que tomásemos una decisión inadecuada pero ya es tiempo de curar heridas y de cerrar etapas.

A veces es tan simple como aplicar la comprensión que aplicamos a los demás y perdonarnos  a nosotras mismas.

YO TAMBIÉN HE JUZGADO

¿Y tú nunca has juzgado a otro? Yo sí, claro que sí y me he sentido fatal por ello.

Me considero una persona respetuosa pero yo también he juzgado en el pasado el comportamiento de otras madres sin tener toda la información y en base a una imagen o un comentario. Por ejemplo,  Antes de tener a mi Vikingo cuando veía a una madre dando biberón pensaba mal, ¿Por qué no da teta?

La vida que es muy sabia al final te pone en tu lugar y te ofrece la imagen donde te proyectas con toda su crudeza. Cuando mi hijo nació tuve que dar biberón un tiempo, hasta que conseguí que se enganchase al pecho. Me daba vergüenza dar biberón en público porque temía que me juzgasen. Un día comprendí que no eran mis prejuicios sino los de otro y que no merecía la pena prestarles atención.

Aprendí cuatro cosas de de esta experiencia:

1) que tú puedes verte en la misma situación en la que estaba aquella persona que juzgaste injustamente en el pasado;

2) que no tienes ningún derecho a juzgar a nadie;

3) que el mundo es libre de juzgarme, al igual que  yo soy libre para decidir que no me importa;

4) y que no volveré a juzgar a nadie nunca más.

APRENDIENDO A NO JUZGAR

Antes de juzgar pregúntate: ¿Quién soy yo para juzgar a esta madre? ¿Con qué autoridad moral? ¿Con qué derecho opino sobre su vida o su estilo de crianza?

No tengo ningún derecho. No sé las circunstancias de esa persona, no sé cuál es su situación personal, cómo es su entorno,  no sé cuáles fueron sus vivencias y desconozco de que tamaño es su mochila. Me falta su historia con todos los matices posibles, saber cómo piensa o cómo se siente.

En definitiva, me falta información para enjuiciar. Y aún con los datos en la mano, no debería hacerlo.

Yo he decidido vivir de una manera conforme a unos valores que son los míos. Aquella otra madre, aunque me resulte incomprensible, también actúa conforme a una lógica en la que entran en juego sus circunstancias personales y sus experiencias de vida.

Detrás de cada juicio de valor hay una madre con sentimientos, con dudas y con un corazón, una madre que se siente juzgada e incomprendida por su entorno. Una madre que se siente mal porque todo el mundo la juzga. Porque todo el mundo tiene algo que decir sobre cómo criamos o cómo dejamos de criar, incluso aquellos que no han tenido hijos.

¿QUÉ HAGO SI ME JUZGAN?

Sencillamente no tomártelo como algo personal. Las personas enjuiciamos muchas veces en base a nuestros prejuicios y nuestras carencias. Al final proyectamos en los otros nuestro enfado y nuestra frustración. Por debajo subyacen emociones y sentimientos que nunca han salido a la luz, que permanecen inconscientes y que nos hablan de nuestro sufrimiento, impotencia y necesidades no cubiertas.

El mejor consejo, es no entrar en la discusión ni en la polémica. Por supuesto, eso no significa callar y permitir que nos ofendan, pero si zanjar la cuestión de una forma educada.

No dejes que otros proyecten su sombra en ti. Si tu madre no pudo dar el pecho o decidió no darlo, no tiene derecho a machacarte porque hayas seguido con la lactancia más allá de los dos años. No tiene derecho y tú no se lo vas a permitir. Pero tampoco vas a juzgarla.

Otra cuestión es si me resuena, me exaspera o me saca de quicio el comentario. Sin duda, existe algún conflicto no resuelto que convendría escuchar. Es posible que descubras algo que no imaginabas.

En definitiva, implica hacer un trabajo personal para lograr que ciertos comentarios no nos afecten o no nos hagan daño. Y si nos lo hacen,  saber por qué y poder trabajarnos esas áreas que nos hacen sentir inseguras o nos llevan al perfeccionismo.

La maternidad no nos hace perfectas, nos hace humanas.

EN BUSCA DE UNA COMUNICACIÓN EMPÁTICA

Es importante comunicarnos desde otra perspectiva, más centrada en nuestras necesidades y en las del otro.  Adoptar una comunicación más empática exenta de violencia.

Marshall Rosenberg sabía perfectamente de lo que hablaba cuando propuso su teoría de la comunicación no violenta. Descubrió que nuestras acciones están motivadas por nuestra necesidad de satisfacer alguna meta u objetivo. Él defendió que podemos tratar de lograrlo sin provocar un daño a otras personas. Para ello, es fundamental no emitir juicios de valor y no catalogar la realidad en base a bueno-malo, correcto-incorrecto.

Bajo su paradigma el lenguaje es una poderosa arma que nos ayuda a comunicarnos desde la empatía, que nos permite comprender las motivaciones y deseos del otro.  Que hace que la otra persona se sienta comprendida. Nos anima a escuchar de verdad, sin prejuicios o ideas preconcebidas.

Si entendiésemos a esa madre que decide destetar, por ejemplo, nos pusiésemos en su piel y entendiéramos las motivaciones que la han llevado a esa situación, es muy probable que no la juzgásemos y es muy posible que no se sintiese juzgada.

Al final es una cuestión de respeto. Queremos que nos respeten y el respeto comienza por uno mismo. Por respetar a la persona que tenemos enfrente, sus vivencias y sus circunstancias.

También supone escuchar activamente al otro. Por supuesto, todo lo que oímos no nos va a gustar. No se trata de darle la razón a la otra persona pero sí de dar nuestro punto de vista sin ofender a esa madre y sin hacerla sentir mal. Supone validar sus sentimientos y opinar si nos lo ha pedido, con respeto y sin utilizar palabras violentas o agresivas. Pero si no quiere saber lo que pensamos, deberíamos guardarlo para nosotras y limitarnos a acompañar.

MI PROCESO

En mi trayectoria profesional como docente me he reunido con padres de todo tipo, todos ellos preocupados por sus hijos. En el camino he aprendido a escuchar, a validar sus sentimientos y he ofrecido mi ayuda y mi colaboración. En ocasiones, la han aceptado y en otras no, pero eso no me ha hecho sentirme menos capacitada en mi trabajo.  He entendido que cada familia es única y decide resolver sus conflictos de la forma más adecuada con o sin ayuda externa.

Cuando empecé a aprender sobre la educación y la crianza respetuosa me di cuenta de que llevaba años aplicando muchas de sus estrategias de forma intuitiva, tan solo guiándome por mi instinto y mi sentido común.

Al final este mundo es tan apasionante que decidí formarme en Crianza y Maternidad con el objetivo de ayudar a otras madres. Convertirme en Asesora de Lactancia supuso un sueño hecho realidad. Ahora tengo la suerte de acompañar a madres en su lactancia, y hasta hoy, está siendo absolutamente enriquecedor.

Cuando una madre busca mi ayuda sea porque tiene dificultades con la lactancia o porque quiere destetar, le ofrezco apoyo, comprensión y ayuda, sin juzgar, sin opinar y sin dañar. Desde la comunicación empática. Por supuesto, mi opinión personal la guardo para mí, la madre no me la ha pedido y no tiene cabida en la consulta.

Como mi aprendizaje prosigue, estoy formándome en Crianza Respetuosa y como Asesora de Porteo. Todas aquellas herramientas que voy recogiendo me sirven para seguir aprendiendo a no juzgar y no juzgarme. Y insisto en que sigo porque, a veces, se cuela un juicio de valor o me enfadó porque alguien me juzgó sin conocerme. No importa, es parte de mi evolución, lo más importante es que soy consciente de ello y puedo trabajarlo a nivel personal.

Se trata de un proceso que dura toda una vida que nos ayuda a acompañar a otras personas pero que también nos proyecta a seguir nuestro camino sin el sufrimiento o el estigma de sentirnos observadas o criticadas constantemente.

En definitiva, me ha hecho más libre, más consciente y más humana.

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