por Rosa Martínez Marán | Mar 1, 2018 | Maternidad y Crianza Sostenible
Yo parí con un Arnold Chiari de tipo I, ponte cómoda porque voy a contarte mi historia, algo de lo nunca he hablado. Ayer, 28 de febrero, fue el día de las enfermedades raras y yo por fin doy el paso y hablo de mi enfermedad y de lo mucho que me cambió la vida.
Si prefieres escuchar el post en vez de leer, aquí te dejo el Podcast del post 🙂
Llevo posponiendo escribir este post más de dos años. En el tiempo que llevo escribiendo este blog he tratado de publicarlo en varias ocasiones, pero al final un sentimiento de pudor me ha impedido hacerlo y se ha quedado guardado en el cajón de lo pendiente. He descubierto que los post más personales son los que más me cuestan, suponen desnudar mi alma y ofrecer un testimonio vivencial íntimo y privado.
Hoy lo digo alto y claro: sufro una enfermedad rara.
Las enfermedades raras son, por desgracia, patologías a las que se les presta nula atención. Aunque cada vez se hace más por hacerlas visibles, siguen siendo las grandes olvidadas en sanidad y en los programas de investigación, sencillamente porque no es rentable invertir en ellas. Por eso, es tan importante que exista un día al año en que se conviertan en noticia, al menos durante 24 horas.
No obstante, me siento en el deber de contar esta historia, de arrojar luz sobre este asunto y de ofrecer esperanza a otras mujeres que se hayan visto en mi misma situación y se hayan podido sentir perdidas o desamparadas.
Si tienes un Arnold Chiari y quieres ser madre este post puede ayudarte a no rendirte y a luchar por cumplir tu deseo. Nadie debería enturbiar ni obstaculizar tu voluntad por miedo a que algo pueda fallar o por desconocimiento de la patología. Desde luego, no estás sola en esa lucha.
Antes de empezar es necesario aclarar que es la malformación de Arnold Chiari.
¿Qué es un Arnold Chiari?
La malformación debe su nombre al neurólogo austriaco Hans Chiari que en 1891 escribe un artículo en el que da a conocer la patología. Años más tarde, en 1907 la investigación del doctor Julius Arnold en este campo hace que se anteponga su nombre al de Chiari. Desde entonces la enfermedad será conocida como malformación de Arnold Chiari, aunque podemos encontrarla tan solo con el nombre de malformación de Chiari.
Se trata de una enfermedad congénita que se manifiesta como una malformación cerebral. La base del cráneo se desarrolla de forma incompleta durante el desarrollo embrionario en la gestación. Esto provoca que las amígdalas cerebelosas que cierran el cráneo o la fosa posterior no tengan suficiente espacio y se produzca un descenso a través del foramen magnun, el orificio mayor del cráneo, del cerebelo.
El descenso hace que las amígdalas cerebelosas presionen el tronco encefálico y la médula espinal produciéndose una herniación cerebral que según el caso puede ser más acusada o más leve. Existen cuatro grados: I, II, III y IV, siendo el más leve el tipo I (que con frecuencia se diagnostica en la edad adulta) y el más grave el tipo IV.
¿Cuál es su causa y su pronóstico?
Es una enfermedad congénita en la que existe un componente genético difícil de determinar. Podemos encontrar bibliografía en la que se identifica el cromosoma X como el responsable pero no es una información concluyente.
El pronóstico de la enfermedad es aún más complicado de predecir ya que los síntomas son muy variados y el grado de afectación cambia de unos enfermos a otros, no obstante es una enfermedad crónica que no se cura. Puede cursar sin síntomas o provocar una incapacidad severa si no se diagnóstica de forma temprana.
¿Cuáles son sus síntomas?
Debemos tener en cuenta que el cerebelo se ocupa de controlar la coordinación y el movimiento muscular. Al verse afectado por la malformación podemos encontrar síntomas relacionados con el equilibrio y el movimiento.
La sintomatología es muy variada, aunque existen una serie de síntomas que se repiten de unos pacientes a otros: fuertes dolores de cabeza, problemas de equilibrio, debilidad muscular, parestesias y entumecimiento en las extremidades, mareos, vértigos, problemas de audición y visión, problemas de coordinación en las manos y falta de destreza motora fina, dificultades asociadas a la deglución e incluso depresión.
¿Cuándo me diagnosticaron la enfermedad?
Fue en el verano de 2005 cuando descubrí que sufría un Arnold Chiari de tipo I.
Una tarde acudí a urgencias porque había perdido la sensibilidad en el muslo derecho, lo notaba como acortonado desde hacía más de 12 horas. No pudieron darme ninguna solución y me aconsejaron visitar a un neurólogo.
Unos meses antes me habían diagnosticado vértigos, ya que me mareaba con frecuencia y notaba pérdida de equilibrio generalizado, pero nadie había determinado cual era su causa ni me habían remitido a un especialista.
¿Cuáles eran mis síntomas?
Me mareaba continuamente, sentía que me faltaba fuerza en las manos, notaba falta de sensibilidad en las extremidades y sufría unos horribles dolores de cabeza que me impedían pensar y que me incapacitaban para hacer una vida normal. Sin embargo, a todo el mundo le parecía usual pese a mi juventud.
Visita al neurólogo
Como no mejoraba consulté a un neurólogo al que fui acompañada de una amiga, no quería preocupar a mis padres. A la salida de la consulta bromeamos con las cosas tan raras que me había pedido hacer, como caminar con los ojos cerrados o tocarme con un dedo la nariz. Lo que ya no encontrábamos tan divertido sino más bien inquietante fue el siguiente comentario: “vamos a realizar una resonancia magnética para descartar la presencia de tumores”. Me asusté bastante, aunque estaba convencida de que no tenía un tumor cerebral ni nada parecido.
No sé si el neurólogo sospechaba que podía sufrir la malformación de Chiari o no, pero el caso es que me recomendó la única prueba a través de la cual se puede diagnosticar la enfermedad.
La resonancia magnética
Días antes de la cita para la resonancia magnética murió uno de mis tíos de cáncer y fue tal el shock que sufrí que olvidé sellar el volante en la mutua y me presenté a realizarme la prueba sin él.
No obstante, fueron muy amables y me atendieron de todos modos. Eso sí, debía pasarme por allí en los próximos días para llevarlo. Cumplí con lo prometido y dos días más tarde me presenté de nuevo en el centro para entregarlo. No me dejaron marchar, necesitaban repetirme la prueba.
Aunque la sala estaba llena de pacientes me dijeron que esperase allí y a los pocos minutos me colaron en un hueco. La excusa era que la resonancia había salido mal y me dijeron que no debía preocuparme. Razón de más para hacerlo.
No tuve tiempo de pensarlo, antes de darme cuenta estaba otra vez dentro del tubo. No soy tonta y sabía que algo pasaba, más bien intuía que algo no iba bien. Querían confirmar lo que fuera que hubiesen visto en la primera exploración.
El resultado
Los días hasta que pude recoger los resultados se me hicieron interminables aunque aún faltaba bastante tiempo para la cita con el neurólogo. No pude evitar abrir el sobre en el bus y leer el informe que contenía. Iba de camino a casa de mi hermana a quedarme con mis sobrinos porque ella al día siguiente trabajaba y aún no había empezado el colegio.
Allí escrito estaba el nombre de Arnold Chiari, aunque para mí en ese momento no tenía ningún significado. En adelante oiría hablar muchísimo de esta patología y me convertiría casi en una experta en su diagnóstico y en su desarrollo.
Por aquel entonces no llevábamos el oráculo de Google en nuestro teléfono así que tuve que esperar a llegar a casa de mi hermana para teclearlo en el buscador. Hice lo que no se debe hacer, buscar en Google y esperar que te dé una respuesta acertada y tranquilizadora.
En mi caso, lo que pude leer en unos minutos, era preocupante e inquietante. Ni siquiera en aquel momento fui consciente de todo lo que se me venía encima y de la prueba tan difícil que iba a tener que enfrentar en el futuro.
Miraba el informe con absoluta perplejidad, sin poder creerme que lo que ponía ahí fuera cierto. No obstante, soy por naturaleza optimista y me dije que había que esperar. El neurólogo pondría algo de cordura y de calma, no todo lo que aparece publicado en la red es siempre cierto.
La confirmación: tienes un Arnold Chiari Tipo I
La visita al neurólogo supuso enfrentar la cruda realidad: tenía una enfermedad rara de difícil pronóstico que podía llevarme a una invalidez permanente.
Agradecí al médico que me dijese la verdad sin adornos y con la mayor claridad posible. La enfermedad siempre había estado ahí latente aunque no se hubiese manifestado con toda su virulencia. El neurólogo estimaba que me encontraba en la frontera entre lo operable y lo que no. Me sugirió que debía ponerme en manos de un neurocirujano que era quién debía determinarlo. Él no podía hacer nada más.
Salí de la consulta devastada. En ese momento sientes que tu vida se paraliza y que ya nunca volverá a ser la misma. Te preguntas, ¿por qué a mí? ¿qué pasará en el futuro? Y sientes miedo, un miedo atroz que te sube por la espalda como un escalofrío.
Lo más duro fue contárselo a mis padres ya que hasta el momento les había mantenido al margen. Mi madre que es muy lista intuía que pasaba algo pero no se atrevía a preguntarme. Se asustó muchísimo, traté de tranquilizarla pero yo también estaba muy asustada. Como siempre, mi padre sabía cómo mantener la calma y la sensatez ante tan difícil situación.
A la búsqueda de neurocirujano
Iniciamos entonces un peregrinar por diferentes consultas buscando un neurocirujano que me tratase y entramos en contacto con la Asociación Nacional Amigos de Arnold Chiari (ANAC) que nos ofreció su ayuda desinteresadamente.
Tuvimos mucha suerte porque solo visitamos tres especialistas hasta dar con el adecuado. En los foros de la asociación podían leerse casos en los que el diagnóstico no se había producido a tiempo o en los que habían visitado un gran número de especialistas sin éxito.
El primer neurocirujano
El primer neurocirujano que visitamos era un experto en neurocirugía infantil y pasaba consulta en un apartamento situado en una zona céntrica de Madrid. Salimos peor que entramos. Su recomendación fue muy clara: que no me operase bajo ningún concepto.
Aunque era consciente de que mi salud era delicada, él consideraba que la intervención entrañaba muchos riesgos, como sufrir un infarto cerebral o que la médula espinal quedase dañada y no pudiese volver a caminar. Nos recomendó esperar a la invalidez para plantearnos la posibilidad de pasar por un quirófano.
Salimos hechos polvo y asustados. Desde luego, no quería llegar a una incapacidad. Así que seguimos buscando.
El segundo neurocirujano
El segundo doctor decidió de forma unilateral que lo mejor era operar inmediatamente. Su diagnóstico fue concluyente: mi salud seguiría deteriorándose en los próximos meses y si no me operaba iba directa a una invalidez permanente.
Eso sí, en cinco minutos de reloj que fue el tiempo que tardó en despacharnos con preoperatorio y fecha de operación incluida. Aunque en recepción me insistieron en dejar todas las citas cerradas no lo hice y quedé en llamar en los próximos días. Necesitaba pensar con calma y tomar una decisión.
Una vez fuera de la consulta me di cuenta de que no quería que me operase este señor porque sencillamente no me inspiraba ninguna confianza. Era evidente que mi estado de salud era delicado pero no de gravedad extrema, por lo que aún podíamos buscar otra opinión. No me fiaba de alguien que decidía meterme en un quirófano tras una exploración de apenas 5 minutos y que tenía tanta prisa por operarme.
Por otro lado, la intervención que me proponía tampoco me convencía, su plan era colocarme una placa de duramadre en la base del cráneo y listo. Tras buscar información sobre la operación me di cuenta de que era bastante invasiva y de que en un buen número de casos había dejado secuelas importantes. Antes de convertirme en un robotech con patas tendría que estar muy segura de que eso era lo que quería realmente, porque después no habría marcha atrás.
Me niego a operarme
Tras pensarlo con detenimiento me negué a operarme y decidí seguir buscando especialista. Mi entorno más cercano montó en cólera y se enfadó por una decisión que consideraron irresponsable y fruto del miedo. Pero yo lo tenía muy claro, era mi enfermedad, mi cerebro, y yo decidía.
Mis padres insistieron en que este neurocirujano pasaba consulta en una de las más prestigiosas clínicas de Madrid. Estupendo, pero no me iba a tocar un pelo. Pasar consulta en una clínica famosa no le convertía en mejor médico.
No hubo forma de hacerme cambiar de opinión por mucho que insistieron. Y aunque se enfadaron no tuvieron más remedio que respetar mi decisión. Ese señor no me operaría y no me operó.
El tercer y último especialista
El tercer especialista que visitamos fue el doctor Alberto Isla Guerrero en la clínica Fuensanta de Madrid. Buscando información por internet descubrimos que era toda una eminencia en Arnold Chiari, así que concertamos una cita.
Encontré el punto medio que necesitaba entre vas a morirte en la mesa de operaciones y te opero en 5 minutos. Una persona sensata y prudente dispuesta a explicarme todo lo que necesitaba sobre mi patología y a escuchar mis dudas.
En un principio consideró que no era oportuno operar, que debíamos esperar a ver cómo evolucionaba la enfermedad y decidir sobre la marcha. Por fin caí en buenas manos, estábamos en octubre de 2005.
Sin embargo, la enfermedad mostró su peor cara en navidades y sufrí un agravamiento de los síntomas. Tuve que estar algunos días en cama porque los mareos eran muy fuertes y sentía una presión insoportable en la cabeza.
Volvimos a la consulta y el doctor consideró oportuno repetir la resonancia magnética. El resultado fue demoledor, había aumentado el descenso de las amígdalas cerebelosas y se había agravado la presión en la médula.
Me explicó las opciones que teníamos, sin presionarme y sin tratar de convencerme de nada. Podíamos no operar, pero en ese caso, era muy probable que mi salud siguiera agravándose y que sufriera una invalidez en el futuro que sería irreversible.
Si algo me dejó claro es que al ser una enfermedad del sistema nervioso, el desarrollo de déficit neurológico no era reversible una vez que se producía, es decir, que si perdía la movilidad de una mano, no podría recuperarla aunque me operase después.
En caso de operar, las expectativas eran más favorables. Era más que probable que pudiese volver a hacer una vida normal aunque la operación no me aseguraba que se solucionaran los déficits neurológicos ya presentes, tan solo detenía el curso de la enfermedad.
La operación: una craniectomía
Decidí que había llegado el momento de operarme, no tenía otra elección.
El doctor Isla guerrero nos explicó en qué iba a consistir la intervención y cuáles eran sus pros y sus contras. Se me iba a practicar una craniectomía que consiste en una descompresión de la fosa posterior, es decir, seccionar el atlas (C1) y el axis (C2) para crear un espacio más amplio para el cerebelo y acabar con la presión en el tronco del encéfalo y la médula espinal.
Le agradecí su sinceridad y sus explicaciones porque me dieron la confianza que necesitaba para afrontar la operación y el postoperatorio. De momento tocaba realizar el preoperatorio para operar en febrero.
En aquel momento seguía insistiendo en sacarme el práctico del carnet de conducir, había dado muchas clases y me había presentado ya dos veces pero no había aprobado. Quería intentarlo una vez más porque sabía que no podría volver a conducir en muchos meses y temía perder la destreza que había adquirido recientemente.
Todo el mundo dijo que estaba loca por intentarlo, que debía estar centrada en mi operación y no perder el tiempo con esto, que debido a mi deterioro físico no aprobaría. Sin embargo, tres días antes de operarme me presenté al práctico del carnet y aprobé. Me dio un subidón de energía y de optimismo. Estaba en buenas manos y todo iba a salir bien.
El viernes 10 de febrero de 2006 a las 14h me operaron, estuve más de cinco horas en el quirófano y una noche monotorizada en la UCI del hospital. Me gusta recordar esta fecha y celebrarla porque siento que ese día volví a nacer.
La recuperación
El postoperatorio fue muy duro porque apenas podía moverme, tenía mucho dolor y ni siquiera podía vestirme sola o ducharme. De hecho, me recetaron Valium para poder dormir y paliar el dolor. Sin embargo, yo estaba muy animada, ni 1000 Chiaris iban a poder conmigo y con mi determinación de recuperar la salud y hacer una vida normal.
Cuando iba a las revisiones el doctor siempre me decía que era la paciente ideal: optimista, colaboradora, calmada y siempre sonriente. Cada día me daba aliento diciéndome que estaba un poco mejor que el día anterior y que al día siguiente estaría aún mejor.
Mi actitud positiva ayudó muchísimo a sanar. También mi familia me cuidó de forma extraordinaria y según fueron pasando los días empecé a notar cierta mejoría en los síntomas.
Mi recuperación fue buena y rápida y sentí que podía retomar mi vida donde la había dejado. Cuando pude volver a salir a pasear a la calle me di cuenta de que habíamos cambiado de estación pero yo me había quedado anclada en el invierno. Lucía el sol, olía a primavera y después de muchos meses de dudas y miedos me sentía bien.
Aunque ya no pude volver a realizar ningún deporte de impacto, sí alcancé una calidad de vida que los últimos meses no tenía. Eso sí, debía cuidarme y hacer una vida tranquila.
¿Podría tener hijos?
En aquel momento no pensaba en tener hijos, era algo muy lejano para mí. Ni siquiera estaba segura de si algún día querría tenerlos o no. Fue pasando el tiempo y empezaron las dudas sobre si podría o no ser madre. ¿Podría quedarme embarazada? ¿Tendría un hijo sano? ¿Podría parir? Eran dudas que me atormentaban de vez en cuando.
Cuando empecé mi relación con mi actual pareja, Papá Idiota, le planteé la situación, no quería engañar a nadie y tenía derecho a saber que era muy posible que no pudiéramos tener hijos. Él me apoyó en todo momento y me indicó lo más inteligente: visitar de nuevo a mi neurocirujano y preguntarle directamente.
Volvimos a consulta y el doctor Isla Guerrero me tranquilizó. Mi enfermedad estaba relacionada con la formación neural en el vientre materno y no era hereditaria. No había ningún motivo para pensar que habría de repetirse de nuevo.
No debía preocuparme por ello, que hubiese sufrido un Chiari de tipo I no implicaba que mis hijos fueran a sufrirlo también, de hecho no aumentaba las posibilidades de tener un hijo enfermo.Con respecto al parto, él consideraba que habiendo pasado más de 9 años desde la operación y viendo mi buen estado de salud, el riesgo de padecer una recaída por el trabajo del parto era prácticamente nulo.
Insistió en que podía parir, tan solo era necesario tener cuidado de que no me aumentase la presión en la cabeza, esa fue la única recomendación.

Parto con Arnold Chiari
Un embarazo inesperado
Sentimos un alivio inmenso y me pregunté por qué no habíamos consultado antes. Nos pusimos a intentar quedarnos embarazados pero nos encontramos con grandes dificultades como ya relaté en No podrás tener hijos de forma natural: tenía baja reserva ovárica, dos quistes en un ovario y un mioma.
Las posibilidades de embarazo de forma natural eran prácticamente nulas y nos remitieron a la unidad de fertilidad donde nos confirmaron que el embarazo era imposible. Tras realizarnos todas las pruebas quedamos en espera para una fecundación in vitro ya que ni siquiera contemplaban la posibilidad de una inseminación.
No obstante y contra todo pronóstico me quedé embarazada en septiembre de 2014. Nuestra alegría fue inmensa pero con la alegría también llegaron los miedos. ¿Y si mi bebé también sufría un Arnold Chiari? ¿Lo detectarían antes de nacer? ¿Se formaría bien su cerebro?
El desarrollo del bebé
Estaba aterrada y sobrepasada, me horrorizaba enfrentarme a esa situación. Precisamente porque necesitaba tranquilizarme me hice el Test prenatal no invasivo. Por aquel entonces, la prueba de sangre se enviaba a EEUU, lo que encarecía bastante el precio. Los resultados del test tardaban aproximadamente dos semanas pero a los diez días ya los tenía en mi correo electrónico. No pude evitar leer el informe.
Mi peque estaba sanísimo, al menos, en los parámetros analizados. Además nos confirmaban lo que yo ya sabía desde hacia tiempo, que era un niño. El resultado me tranquilizó durante un tiempo aunque estaba deseando que el embarazo estuviese más avanzado para tener más información sobre cómo se desarrollaba su cerebro porque ese tema me obsesionaba. En la ecografía de las 20 semanas nos tocó un doctor muy amable que se paró un momento a charlar con nosotros y al que pude expresarle mis miedos.
Nos mostró a través de las imágenes del ecógrafo que el cerebro de nuestro peque era absolutamente normal, que se había formado correctamente al igual que su columna. Nos sentimos aliviados y felices al saberlo.
Problemas para parir
Con respecto a mi Arnold Chiari comuniqué a los médicos la patología desde el comienzo del embarazo. Debido al desconocimiento sobre la misma y por protocolo médico nos atendían directamente en el hospital en la consulta de alto riesgo. Los ginecólogos que me llevaban el control del embarazo consideraron oportuno consultar con un neurocirujano para determinar si el parto podía ser natural o era necesario programar una cesárea.
Lo lógico hubiese sido contactar con el médico que me había operado pero esto es España y me citaron con otro doctor desconocido que no sabía nada de mi caso en particular. El neurocirujano fue muy amable pero también muy sincero: “Puedes parir pero no te van dejar porque no se van a arriesgar a que algo pueda salir mal”.
En otras palabras, iban a curarse en salud. Días más tarde una ginecóloga del mismo centro determinó de forma unilateral que pariría por cesárea. Cuando le dije que no pensaba hacerlo, me llamó irresponsable y con grandes dosis de paternalismo barato trató de meterme miedo.
Cambio de hospital
Por supuesto, me cambié de hospital, por nada del mundo quería encontrarme con esa señora el día del parto. Elegí un centro que a priori tenía menos nombre pero que defendía un parto respetado.
Traté de mantener el cambio de hospital en secreto para que mi madre no se angustiara pero acabó enterándose y me llamó indignada diciéndome que no pensaba ir a ese hospital por nada del mundo. Recuerdo haber contestado: “pues tendrás que ir porque tu nieto va a nacer ahí”.
Yo parí con un Arnold Chiari
Como ya relaté en Mi peque, un CIR, mi hijo dejó de crecer en mi vientre en el tercer trimestre de embarazo algo que detectaron en el nuevo hospital de forma temprana. Cuando realicé el cambio informé a los médicos de mi Arnold Chiari y de mi propósito de tener un parto vaginal. Entendieron mi deseo y no me pusieron ninguna pega. Tan solo determinaron que posiblemente necesitara ayuda en el expulsivo, algo que yo acepté.
En la semana 36 decidieron que era necesario inducir el parto porque mi peque estaba estancado en su peso y había peligro de que la placenta dejase de funcionar en cualquier momento. La ginecóloga que nos citó para la inducción accedió a mis deseos de no optar por cesárea directamente e intentar el parto vaginal.
Aunque tuve una inducción al parto durísima que relaté en los post Mi parto inducido: parte I y en Mi parto inducido: el desenlace se cumplió mi deseo de tener un parto vaginal. Si bien para otras mujeres esto puede no ser importante, para mí sí lo era.
Y no pasó nada. No empeoré de mi enfermedad y la descompresión que me realizaron siguió siendo efectiva.
Se puede parir con un Arnold Chiari
Se puede parir con un Arnold Chiari, el problema es el desconocimiento de la patología, la poca investigación realizada sobre la enfermedad y los pocos casos registrados de mujeres con la malformación que se han quedado embarazadas y han dado a luz.
Sin investigación, sin estudios y sin información veraz y contrastada es muy difícil que un profesional sanitario se comprometa y acceda a tus deseos de tener un parto respetado. Lo más normal es que te encuentres con un sanitario que aplica una sanidad defensiva en la que los riesgos pesan más que la voluntad del paciente. Lo que subyace es el miedo a sufrir una demanda judicial en el caso de que algo salga mal o haya alguna complicación inesperada.
Si estás embarazada y tienes un Arnold Chiari y tu ginecólogo decide, en contra de la opinión de tu neurólogo o de tu neurocirujano, que no puedes parir, no está defendiendo tus derechos, está cubriéndose sus espaldas y evitando una posible reclamación. Así que no te dejes pisotear y lucha porque se cumpla tu voluntad
Ahora bien, si estás embarazada y tu tranquilidad depende de que te practiquen una cesárea porque crees que es mejor para ti y tu bebé, perfecto. Tú eres la paciente y solo tú deberías decidir cómo debe ser tu parto.
¿Dónde puedo encontrar más información?
Existen una serie de asociaciones que ofrecen apoyo y asesoramiento a familias afectadas por la malformación de Chiari, algunas de ellas, son específicas para esta patología y otras ofrecen una información más general sobre ésta y otras enfermedades raras. Os dejo enlaces a las que tienen su sede en España.
Específicas de Arnold Chiari y las patologías asociadas encontramos a:
Otra página donde puedes obtener información útil es la siguiente:
Por último, dejaros un enlace de ANAC donde aparecen links a otras páginas de fuera de España en donde se aborda la enfermedad.
Mi pronóstico
No sé si tendremos más hijos y que sucederá en el caso de que se produzca un nuevo embarazo. Con toda probabilidad tendré que luchar de nuevo por defender mis derechos y por poder tener un parto respetado. Si es cierto que existe un precedente, mi anterior alumbramiento, lo que me da esperanza.
El pronóstico de mi enfermedad es incierto como todo lo que rodea a esta malformación. Me operaron hace 12 años y en ese tiempo mi estado de salud ha sido bueno pero tampoco está descartado que los síntomas vuelvan a aparecer en cualquier momento.
Es posible que en un futuro sea necesario volver a pasar por un quirófano. Lo tengo asumido, es algo con lo que convivo desde hace años. En ese caso, volveré a ponerme en manos del mismo equipo médico y volveré a confiar en que las cosas saldrán bien. Si algo me ha hecho el Arnold Chiari es mucho más fuerte y más consciente de que nuestro paso por este mundo es temporal.
Una lección de vida
Te doy las gracias por haber llegado hasta el final del post y por haberme acompañado en la narración de esta vivencia. No te puedo decir que mi Arnold Chiari me haya hecho mejor persona pero sí me ha hecho más tolerante, más humana y más optimista de lo que ya era.
Mi enfermedad ha sido una lección de vida, me ha ayudado a enfrentarme a mis miedos y a ser consciente del enorme poder que está encerrado en nuestro interior, solo tenemos que escucharlo. Aprendí que la vida es demasiado valiosa para desperdiciarla preocupándonos o sufriendo por cosas inútiles.
Aprendí a relativizar y a resolver los conflictos que surgen por el camino, siempre suponen un aprendizaje. Comprendí el verdadero valor de nuestra existencia y lo importante que es vivir de acuerdo a nuestros valores y a nuestra conciencia.
Si tienes cualquier duda relacionada con la malformación de Chiari o sobre el embarazo y el parto con Arnold Chiari puedes dejar un comentario y te contestaré encantada. Si lo prefieres también puedes mandarme un correo a mamaylatribu@gmail.com.
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por Rosa Martínez Marán | Feb 22, 2018 | Maternidad y Crianza Sostenible
Hoy os traemos una guía de suelo Pélvico de la mano de Lorena Gutiérrez de Fisiobym. Por fin volvemos con una nueva entrega de Un café en la Tribu. Hemos seguido trabajando y realizando entrevistas tan interesantes como la que os traemos hoy pero transcribir las entrevistas y darles forma lleva muchísimo trabajo y tiempo (del que sabéis ando siempre muy escasa).
Espero que comprendáis el retraso y disfrutéis de esta guía fruto del encuentro que mantuvimos Lorena y yo en la Fanpage de Mamá y la Tribu en octubre. Nosotras nos lo pasamos muy bien grabándola y es un placer difundirla para vosotras en un formato más accesible.
Lorena Gutiérrez y yo podríamos haber charlado de muchos otros temas que ella también domina pero yo le sugerí enfocarnos en el suelo pélvico, ya que es una cuestión todavía tabú de la que apenas se habla y que afecta a muchas mujeres en silencio hayan sido madres o no.
Para facilitar la navegación por el post podéis leer la entrevista por orden o ir a las preguntas que más os interesen.
¿Quién es Lorena Gutiérrez?

Lorena_Gutiérrez_Fisiobym
Lorena es la directora de Fisiobym una web dedicada a la fisioterapia para bebés y mamás. Tuve la suerte de conocer a Lorena en la séptima edición del curso de Asesoras de Lactancia de Edulacta y enseguida me gustó su proyecto. Por esa razón, le propuse la entrevista y afortunadamente ella aceptó mi invitación.
Lorena es fisioterapeuta, está especializada en el embarazo, el posparto, el suelo pélvico, el desarrollo de los bebés y el porteo ergonómico. También imparte talleres presenciales de forma online para todos los públicos y para profesionales. Además es coautora junto con María del Mar Sánchez del libro “Bebés en movimiento: acompañamiento del desarrollo psicomotor, sensorial y postural de tu bebé”.
Por supuesto, si queréis conocer más a Lorena y los servicios que ofrece tenéis que pasaros por su página, Fisiogym. Asimismo si estáis interesadas en su libro, existe la página bebés en movimiento donde podéis encontrar toda la información.
Por último, contaros que si sois usuarias de Facebook podéis uniros a su grupo privado, Salud postural y suelo pélvico. Se trata de un grupo abierto tanto a mujeres embarazadas y mamás como a profesionales de la salud. ¡Os esperamos dentro!
ENTREVISTA
1.- ¿Por qué es tan desconocido el suelo pélvico?
Cuando me propusiste hablar de suelo pélvico me encantó porque es un tema que desgraciadamente todavía hoy es tabú. Es necesario que se visibilice porque muchas mujeres desgraciadamente por vergüenza no se tratan. Estoy muy feliz por aportar mi granito de arena y ayudar a que más mujeres sepan que no tienen porque sufrir los problemas de los que hablaremos ahora y que hay solución para ellos.
2.- ¿Qué es el suelo pélvico?
El suelo pélvico es la musculatura que tapiza la parte inferior de la pelvis, podríamos decir que es toda la musculatura que recubre la parte inferior de nuestra pelvis.
Me gustaría que tus lectoras pensarán en sí tienen consciencia de esa musculatura o no. Si piensan que son músculos pequeños, músculos grandes o si son fuertes. ¿Qué extensión ocupan en nuestro cuerpo? Debemos saber la conciencia que tenemos cada una de nuestro cuerpo.
3.- ¿Es lo mismo suelo pélvico que periné?
Suelo pélvico y periné son diferentes nombres que se le dan a la misma musculatura. Por ejemplo, en países de Latinoamérica en vez de suelo pélvico se le llama piso pélvico. En cualquier caso, llamarlo suelo pélvico no es un nombre del todo adecuado.
Cuando hablamos de suelo pensamos en algo sólido, indeformable, sobre lo que nos apoyamos y que no tiene elasticidad. Y la musculatura del suelo pélvico no es así. La musculatura del periné debería ser elástica, debería ser adaptable y debería tener fuerza también.
En este sentido, sería más adecuado el término técnico con el que lo llamamos los profesionales de la salud que es diafragma pélvico. Para quien no lo sepa, un diafragma es una musculatura que tiene flexibilidad.
4.- ¿Cómo es anatómicamente?
Si miramos la imagen que se adjunta veremos la estructura ósea y cómo se distribuye. Podemos observar que hay unos huecos a cada lado de la pelvis donde iría el hueso de la cadera. Contemplamos también el pubis en la parte delantera, el sacro en la parte posterior y encima las vertebras de la columna. Si tocamos en nuestra cadera veremos las crestas iliacas, lo que llamamos la cintura.

Suelo pélvico, imagen cedida por Fisiogym
En la parte inferior de esta estructura podríamos dibujar un rombo que recorre todo la estructura desde el pubis, al isquion, pasando por el sacro y desde el isquion volviendo a la pelvis. No es solo lo que limita las ganas de hacer pis o la continencia sino que también incluye el esfínter anal en la parte de atrás.
Como podemos observar es una musculatura bastante amplia que funciona como un entramado. Incluye varias capas musculares, músculos que van de delante hacía atrás, por ejemplo.
En los talleres que realizo siempre paso el modelo anatómico para que vean dónde está cada órgano, cómo es la musculatura, para que lo manipulen y lo desmonten. Incluso yo que soy fisioterapeuta estudié el suelo pélvico en dos dimensiones, es decir, en papel. Cuando adquirí el modelo anatómico es cuando realmente me hice una idea de la musculatura.
Como veis, está todo perfectamente pensado para que a nivel de continencia los esfínteres funcionen correctamente. En teoría si no lo forzamos demasiado debería sostener lo suficiente, por desgracia, muchas veces lo castigamos en exceso.
5.- ¿Cuáles son las funciones del suelo pélvico?
El suelo pélvico tiene tres funciones principalmente:
1) La continencia: implica que el suelo pélvico sea capaz de controlar cuando no se tiene que escapar el pis, un gas o la caca. Asimismo, que se relaje cuando estamos en el baño.
2) Una función más estructural de sujeción. Por encima del suelo pélvico están los órganos pélvicos que son muy importantes. Está la vejiga que sale por un conducto que va hacia el esfínter de la uretra. Encima del suelo pélvico encontramos al útero, la vagina, la salida de la vagina y en la parte más posterior está la última parte del intestino que va a hacia el esfínter anal. La colocación de estos órganos pélvicos depende de sujeciones internas pero también de que el suelo pélvico haga su función correctamente de sujeción.
3) A nivel sexual juega un importante papel. En esta zona se encuentra situado el clítoris y existen numerosas terminaciones nerviosas. Se trata de una musculatura con mucha inervación. De una buena recuperación tras el parto depende que las relaciones sexuales no se vuelvan molestas o dolorosas. Es muy importante la recuperación de la musculatura tanto de su tono como de su elasticidad, además de las cicatrices que hayan podido quedar en la zona.
6.- ¿Por qué se resiente el suelo pélvico durante el embarazo?
Hay varios motivos por los que esto sucede. Un motivo importante es que a medida que avanza el embarazo notamos una mayor carga en la zona del suelo pélvico.
Como a mí me gusta trabajar con imágenes te voy a proponer que imagines un globo hinchado. Una vez lo tenemos presente, vamos a fijarnos en la parte inferior del globo que se correspondería con la musculatura del diafragma pélvico. La parte central sería nuestro abdomen y en la parte de arriba del globo estaría el diafragma, es decir, el músculo con el que respiramos.
Durante el embarazo el globo cambia, ya que cada vez hay más presión aunque el abdomen se abombe hacia adelante. Según crece el bebé va presionando las vísceras y se producen alteraciones de presión en la zona.
Por supuesto, los cambios posturales también influyen mucho. Si no tenemos una correcta postura corporal y estamos como hundidas o inclinadas hacia adelante tendemos a apoyarnos en la tripa. Esto hace que el suelo pélvico se resienta más.
Otros factores de riesgo son no prevenir el estreñimiento y la falta de conciencia sobre lo importante que es cuidarlo para que no se dañe.
7.- ¿Podríamos prevenir durante la gestación que el suelo pélvico se vea dañado?
Durante la gestación existen tres cosas que podemos hacer.
- Primer consejo: tomar conciencia del suelo pélvico. Esto significa saber situar dónde está la musculatura y ser conscientes de si somos capaces de contraerla y relajarla correctamente.
Si no aislamos los músculos de la forma adecuada podemos meter muchas trampas y apretar glúteos o piernas en vez de contraer y relajar la zona, lo que no nos sirve para tonificar o recuperar nuestro suelo pélvico. Es complejo porque se trata de una musculatura que no vemos y de la que no tenemos percepción. Si estuviéramos realizando, por ejemplo, rehabilitación para la mano, todo resultaría mucho más fácil porque soy plenamente consciente de cuando abro y cuando cierro la mano.
- Segundo consejo: realizar ejercicios de Kegel. Son muy importantes para prevenir la incontinencia y para que esta musculatura tenga tono.
- Tercer consejo: masaje perineal. Es vital realizarlo durante el embarazo para que en el momento del parto la musculatura esté elástica y se estire lo suficiente para la salida del bebé.
8.- ¿Están demostrados los beneficios del masaje perineal?
Existe bibliografía y estudios que demuestran que en los casos en los que se había recomendado y practicado el masaje perineal antes del parto se dio una mejor recuperación posparto y se observaron menores tasas de incontinencia y también menos lesiones.
9.- ¿Afecta el tipo de parto al suelo pélvico?
Sí. Lo que más protege al periné es el tipo de parto.
Es muy importante que la mujer que esté en proceso de parto tenga libertad de movimientos y que pueda optar por posturas verticalizadas. La postura clásica en la que la mujer está tumbada boca arriba y con las piernas apoyadas conlleva más riesgos de lesión.
Por eso, si hemos hecho un trabajo previo en la zona con el masaje perineal y los ejercicios de Kegel nuestra recuperación será mejor, aun cuando el parto haya sido instrumentalizado. Ya sea que haya habido lesión o un desgarro el punto de partida siempre es mucho más favorable si ya sabemos contraer y relajar esa musculatura y si hemos hecho los deberes previamente.
10.- ¿En caso de cesárea se podría verse también afectado el suelo pélvico?
Puede ser que la cesárea este programada por razones de salud o que el parto comience de forma normal y derivé en una cesárea finalmente. En esos casos, tiene lógica pensar que si me han realizado una cesárea por la razón que sea el suelo pélvico no se ha visto afectado y eso no es del todo cierto.
La distensión del suelo pélvico durante el parto vaginal puede haber dejado esa musculatura más debilitada pero el embarazo también es un factor de riesgo para padecer luego incontinencia o sufrir alguna alteración del suelo pélvico. Así que no podemos relajarnos y no prestar atención a nuestro periné porque puede haberse dañado.
11.- ¿Cuáles serían los síntomas más habituales para reconocer la disfunción del suelo pélvico?
El más habitual es la incontinencia urinaria. Hay estadísticas que alertan de que una de cuatro mujeres sufre o sufrirá incontinencia a lo largo de su vida. Constituye una tasa muy alta.
La incontinencia puede ser de dos tipos: por un lado, puede ser que se nos escape el pis, por ejemplo, cuando tosemos o cuando estornudamos. En estos casos notamos que se nos escapa una gotita que no somos capaces de retener. Por el otro, puede ser que nos suceda cuando hacemos un esfuerzo importante y estemos aguantando el pis. Aquí la cantidad que no podemos retener es mayor, ya no es una gotita.
Otro problema que no quiero dejar de mencionar es el de las hemorroides. Toda la atención la concentramos en la incontinencia y nos olvidamos de que el esfínter anal también forma parte del suelo pélvico. El estreñimiento y las hemorroides son también un problema del periné y pueden retroalimentar y agravar nuestros problemas de incontinencia.
Podemos notar también dolor y pesadez en la zona vulvar, en nuestra zona del suelo pélvico, a veces por varices vulvares. Llevamos todo el rato hablando de músculos pero también es una zona muy vascularizada con muchos aportes sanguíneos. El propio embarazo también hace que haya peor circulación y las varices vulvares pueden aparecer tras el parto tanto si ha sido parto vaginal como cesárea.
12.- ¿Si una persona tiene mala circulación tendría mayores posibilidades de tener varices vulvares?
Sí. En principio mujeres que tienen tendencia a tener varices pueden desarrollar varices vulvares, ya que no deja de ser un problema circulatorio. Sin embargo, también mujeres sin varices en las piernas pueden acabar teniendo varices vulvares.
13.- ¿Un suelo pélvico débil puede afectar a las relaciones sexuales?
Sí. Es otro de los síntomas importantes. Puede aparecer dolor que provoque un rechazo a reanudar las relaciones sexuales. Este es un tema tabú del que no se suele hablar por vergüenza.
En ocasiones, se mezcla con otros problemas relacionados con el puerperio, la lactancia, o simplemente la falta de sueño. Con la llegada del bebé cambia la vida sexual pero aún más si se ha producido un parto traumático o existe una cicatriz dolorosa. El momento de presión en esa zona puede ser muy desagradable y provocar rechazo. Puede suceder por varios motivos como son la sequedad vaginal pero también porque nos hayan quedado secuelas del parto.
Por ejemplo, una episiotomía o un desgarro dejan una cicatriz que con frecuencia va hacia uno de los lados y suele abarcar la parte más interna. En el momento de la penetración la cicatriz puede provocar que notes que la musculatura se contrae o simplemente una sensación desagradable.
Poniendo un ejemplo visual, es como cuando remendamos un jersey. En la zona donde hemos realizado el remiendo notamos que hay menos elasticidad que en el resto de la prenda. Digamos que hay algo que no está haciendo bien su función. Además de ser una zona menos elástica también las terminaciones nerviosas se han podido ver afectadas.
14.- ¿Qué podemos hacer para recuperar en esos casos?
Yo recomiendo el masaje perineal sobre todo incidiendo en la cicatriz. Nos lo podemos realizar a nosotras mismas o podemos acudir a fisioterapeutas especializados en suelo pélvico que nos ayuden a tratarlo para recuperar la función lo antes posible.
15.- ¿Cuántas veces a la semana deberíamos realizarlo?
Si es antes del parto se recomienda hacer el masaje perineal 3 o 4 veces a la semana. Cuando somos madres el factor tiempo es importante ya que no disponemos de tanto tiempo para cuidarnos, aún así deberíamos realizarlo al menos dos veces por semana sobre todo incidiendo en la zona de la cicatriz.
Si es una cicatriz muy profunda o con retracciones sería necesario un tratamiento más especializado. Es posible que no sea suficiente con la técnica manual y que haya que recurrir a otras técnicas, como la electroterapia. En definitiva, se trata de que los tejidos recuperen su elasticidad.
16.- ¿Habría diferentes niveles de gravedad?
Sí, los hay. Puede ser un grado leve que se traduce en una incontinencia puntual que se da cuando tosemos o estornudamos y que puede tener un carácter pasajero. También puede ser una lesión más grave en la que se haya producido u prolapso que provoca una incontinencia importante.
17.- ¿Qué es un prolapso?
Se trata de un descenso de los órganos pélvicos. La vejiga, la vagina, el útero, el recto y el intestino están como apoyados unos en otros y cada uno depende de la postura del otro. Podríamos decir que son como equilibristas ya que están colgados y en equilibrio. Dependen también del suelo pélvico y hay ligamentos que los unen a la pelvis.
Durante el embarazo cambia la postura de estos órganos, incluso su orientación. En el posparto puede suceder que se encuentren descolgados, es decir, descendidos. Los prolapsos pueden tener diferentes grados de gravedad. Es muy posible que hayas oído alguna vez a tu madre o a tu abuela hablar de matriz caída. En realidad están hablando de un prolapso en el que útero y vagina está descendidos. Si el prolapso afecta más a la parte delantera se notan más ganas de hacer pis y hay incontinencia.
El prolapso se puede superar pero para ello hay que realizar un trabajo especializado y prevenir que no empeore con la edad, ya que con la menopausia y los cambios hormonales puede agravarse.
18.- ¿El prolapso sería el grado máximo de gravedad?
El prolapso es de las peores lesiones del suelo pélvico. Dentro de él puede haber grado I, grado II y grado III según como de descendido esté.
Hay mujeres que incluso notan al limpiarse tras hacer pis que la zona de la vagina sale un poquito hacía afuera. Notamos como un bultito y son las vísceras de arriba que están bajando. Se trata de un grado más grave y severo ya que el suelo pélvico está descendido y realmente descolocado.
19.- ¿Si hemos tenido un parto en el que el suelo pélvico ha quedado dañado cómo puedo recuperarlo?
Para recuperarse es fundamental no resignarse. Me da mucha tristeza escuchar a mujeres que han dado a luz decir que es normal tener el suelo pélvico dañado. No, no hay que resignarse nunca. Que sea una patología frecuente no significa que sea normal.
Algunas mujeres que tienen incontinencia piensan que pasará, pero si no se trata, no solo no pasa sino que se agrava el problema. Yo animo a todas las mujeres a que se informen, a que consulten con su matrona o con su ginecólogo. Cada vez los profesionales de la salud estamos más actualizados pero si damos con un médico que tristemente no lo está busca otra opinión.
20.- ¿Con qué opciones terapéuticas contamos?
Hay muchas opciones terapéuticas donde elegir. Se puede hacer una terapia manual trabajando las tensiones que están afectando a nivel del suelo pélvico, Otra posibilidad es optar por realizar ejercicios hipopresivos que ahora están muy de moda y que vienen muy bien para recuperar la zona. Si hablamos de técnicas especializadas yo recomiendo la electroterapia, existen diferentes técnicas que se pueden utilizar en consulta y que dan muy buenos resultados.
Lo que no debemos hacer es tomar como solución la compresa o la operación. Hay mujeres que deciden esperar a que la cosa vaya a más y directamente operarse cuando la situación sea insostenible.
Sin embargo, una operación aun en los casos más severos, debe ir acompañada de un trabajo muscular en el suelo pélvico previo, preoperatorio, y de un trabajo posterior, posoperatorio.
21.- En el caso de que tuviéramos un segundo embarazo, ¿cuántas posibilidades existen de que volvamos a sufrir una disfunción del suelo pélvico?
En este momento no contamos con datos estadísticos que analicen esta cuestión en profundidad. Si sabemos que depende en gran parte del tipo de parto que tengamos. El segundo parto no tiene porque ser como el primero.
He tenido pacientes que tras un primer parto muy instrumentalizado y con lesiones severas han hecho un magnífico trabajo de recuperación y han tenido un segundo parto estupendo y su suelo pélvico no se ha visto dañado de nuevo.
Si la mujer tiene la motivación tras el primer parto de recuperar la zona, de no resignarse y de tomar conciencia de su suelo pélvico las posibilidades de volver a sufrir una lesión se reducen. Hay veces que damos por hecho que irá a peor e incluso decidimos no tener un segundo hijo por este motivo, y es muy posible, que si nos hemos preparado y nos hemos puesto las pilas la lesión no vuelva a producirse.
22.- ¿Qué podemos hacer en casa para prevenir y fortalecer el suelo pélvico?
En casa yo os propongo hacer ejercicios que nos motiven y que no nos desmoralicen. Por ejemplo, nos ponemos en casa las bolas chinas porque nos han hablado que van muy bien. Sin embargo, si tenemos el suelo pélvico débil notamos que al caminar se van cayendo y tenemos que apretar las piernas porque no las sostenemos. Esto desmoraliza y desmotiva un montón.
Deberíamos empezar por ejercicios muy simples como contraer y relajar la musculatura del suelo pélvico. Pensar, por ejemplo, en que tenemos ganas de ir al baño en ese momento y contraer sin tensar las piernas o las glúteos y después relajar.
Los hipopresivos son más difíciles de hacer en casa pero también podemos probar con ellos ya que son muy efectivos. Eso sí, no son recomendables durante el embarazo solo durante la recuperación postparto. Si estamos embarazadas lo mejor es el masaje perineal. Estas serían mis tres grandes recomendaciones para que nos cuidemos desde casa.
23.- ¿Cómo sabemos que hemos aislado bien los músculos?
Os voy a proponer un ejercicio para que observemos si tenemos conciencia de lo que estamos contrayendo y relajando. Siéntate en una silla y pon las manos por debajo de cada glúteo, es decir queda sentada sobre tus manos. Ahora probamos a contraer y relajar. Debemos poner toda nuestra atención en contraer la musculatura que queda dentro, es decir, los músculos del suelo pélvico.
Si notamos que estamos apretando las piernas o las rodillas es que no lo estamos haciendo bien. Este ejercicio nos ayuda a ir delimitando la zona y a tomar conciencia de nuestro suelo pélvico.
24.- ¿Es recomendable hacer series más largas y otras más cortas?
Debemos tener en cuenta que la musculatura del suelo pélvico es un músculo como otro cualquiera que se cansa y necesita un período de recuperación.
Yo recomiendo realizar 5 contracciones cortas y descansar y realizar varias series. Aconsejo contracciones cortas sobre todo porque al principio no somos capaces de contraer 10 segundos de forma efectiva y podemos hacer trampas.
25.- Una última reflexión para finalizar
Este es un tema del que hay que hablar y que hay que visibilizar. Todavía nos encontramos con mujeres que sufren el tabú social y una limitación física que les afecta en su calidad de vida. Por no hablar de las implicaciones a nivel psicológico que también afectan mucho. Mi consejo es que no se resignen porque el suelo pélvico puede recuperarse. Por último darte las gracias por acercar esta información a tus lectoras.
Mil gracias a ti Lorena 🙂
Espero que hayáis disfrutado y aprendido con esta entrevista. Si te apetece contarnos que te ha parecido, compartir tu experiencia o hacer una consulta puedes dejarnos un comentario y encantadas te contestaremos.
Asimismo si lo prefieres puedes contactar con nosotras por correo para hacernos una consulta o ampliar información en mamaylatribu@gmail.com o en info@fisiobym.com.
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Queremos conocerte y que te unas a nosotras, ¿estás preparada para la crianza que cambia el mundo?
por Rosa Martínez Marán | Feb 15, 2018 | Maternidad y Crianza Sostenible
Practica la Crianza Sostenible, un objetivo simple y a la vez complejo que puede cambiar tu vida y la de tu familia. ¿Cómo? En este post te explicamos cómo puedes empezar a vivir bajo un nuevo paradigma desde hoy mismo.
Si prefieres escuchar a leer aquí tienes el Podcast del post 🙂
Posiblemente no hayas oído hablar de este término, se trata de un concepto nuevo con el que subtitulé mi blog al comenzar mi andadura como bloguera en 2015. En el post Por qué escribir un blog de Crianza Sostenible daba una serie de razones para practicar la crianza sostenible.
Me enorgullece observar como cada vez más proyectos llevan en su ADN una propuesta de crianza sostenible. Significa que cada vez estamos más concienciadas y que avanzamos en el camino de ser más conscientes de nuestro entorno y de los desafíos a los que nos enfrentamos.
¿Qué es la Crianza Sostenible?
Para nosotros es nuestra filosofía de vida, una forma de entender el mundo y una razón de ser para existir y vivir en este mundo caótico y cambiante.
Somos hijos de nuestro tiempo, de la época donde nos tocó vivir, eso nos condiciona pero no nos determina. Siempre existe un recodo donde se esconde nuestra libertad personal para elegir.
Porque de eso trata la crianza sostenible. De las elecciones que hacemos y del impacto que tienen sobre nuestro entorno y las personas que habitan en él. Hablemos de práctica y de cómo podemos darle la vuelta al paradigma convencional y vivir de forma más consciente y más comprometida con nuestra esencia y con quienes somos.
¿Cómo nace la Crianza Sostenible?
De una profunda reflexión en pareja y de una vivencia personal tan intensa como es la maternidad. El nacimiento de un hijo puede hacer que hasta los cimientos más fuertes se remuevan, es un cambio tan potente y tan brutal que puede hacer que nos replanteemos quiénes somos y qué podemos aportar a este mundo.
Hasta que no nació mi hijo no fui consciente de que además de recibir, por el hecho de vivir en la cara buena del mundo, también debía contribuir a mejorar el mundo que un día heredarán mis hijos y mis nietos.
Así nació este blog, es una toma de conciencia pero también es una acción directa. Un proyecto vital y personal compartido y sostenido en pareja. Somos nosotros y la forma de vida que hemos elegido, cómo queremos vivirla y la forma en que educamos a nuestro hijo.
Nosotros no creemos que tengamos la verdad, partiendo de la base de que la verdad es relativa y depende de quién la evalúa. No obstante, ¿quién la tiene? Tan solo ofrecemos una alternativa, la nuestra, que puede ser extrapolable a otras personas que quieran vivir de forma más comprometida con su entorno.
Buscando los principios
Hoy mismo puedes ahondar en ti mism@ y buscar aquellos principios y valores que te representan a ti y a tu familia. Si eres lector habitual de este blog, es porque te sientes identificad@ con nosotros y nuestra forma de vida y eso nos hace muy felices porque significa que nuestro mensaje va calando en la sociedad.
Aún así mis valores no tienen por qué ser exactamente los mismos que los tuyos porque cada uno de nosotros es un ser único con unas vivencias, expectativas y deseos. Si vives en un entorno urbano hablarte de cultivar un huerto en el jardín quizás sea poco viable, pero sí es una oportunidad, por ejemplo, para que te intereses por propuestas como la de los huertos urbanos.
Podemos compartir un mismo punto de vista, un mensaje y una perspectiva que haga que luchemos y recuperemos espacios juntos. Pero para eso es necesaria una profunda reflexión sobre el mundo en el que vivimos.
¿Cuándo tendremos tiempo para la reflexión?
Admitámoslo vivimos demasiado rápido para que la reflexión pueda convertirse en un poderoso estimulo que nos haga avanzar hacia nuestros objetivos. La falta de reflexión y la poca consciencia van de la mano y nos escamotean la posibilidad de tomar decisiones y de practicar una crianza sostenible.
Horarios interminables de trabajo, numerosas obligaciones que no acaban nunca, compromisos a los que no podemos decir que no, las necesidades y demandas de nuestros hijos y una apariencia de felicidad ficticia para sostener tan delicado equilibrio que nos genera un enorme malestar.
Cuando caes rendida en el sofá a las doce de la noche estás tan cansada que no es momento para replantearse nada, solo quieres evadirte un rato viendo la televisión o leyendo un libro. Es comprensible, a todos nos pasa, necesitamos descansar y desconectar.
El problema es que acabamos desconectándonos de quiénes somos y de qué queremos. Nos supera el día a día y su inmediatez.
Y esto es lo preocupante. Queremos cambiar hábitos y vivir con conciencia pero la conciencia hay que desarrollarla y para eso necesitamos una buena dosis de cuestionamiento y de reflexión. Aprovechemos este post para ello.
Preguntas sobre crianza sostenible
Vamos a empezar por algo sencillo, por hacernos una serie de preguntas que posiblemente te hayas hecho en algún momento de tu trayectoria personal, sobre todo si has sido madre.
¿Qué mundo quiero para mis hijos?
¿Qué ejemplo le doy a mis hijos?
¿En qué entorno quiero que crezcan?
¿En una ciudad sin espacios verdes o parques?
¿En un mundo enfermo y contaminado?
¿O quiero que vivan en un mundo, limpio, seguro y sano?
¿Y bien? ¿Cuáles son tus respuestas?
El 100% de las madres me dirán que quieren vivir en la última opción. En un mundo limpio, seguro y sano. ¿Es el mundo en qué vivimos hoy así? No, la verdad es que no. La contaminación, los tóxicos cotidianos, la alimentación llena de pesticidas, la destrucción de la biodiversidad. No, rotundamente no.
Y lo sabemos. Pero nos cuesta movernos y plantearnos cambios a medio y largo plazo.
David contra Goliat
Nos sentimos como David contra Goliat, luchando contra gigantes que nos superan en número y en poder, olvidando que David consiguió su objetivo pese a todo.
Malcolm Gladwell en La clave del éxito da la vuelta a esta historia bíblica ofreciendo un punto de vista nuevo. David ya no aparece como una víctima desvalida que gana al gigante por un golpe inesperado de suerte. David vence porque es más inteligente y astuto, es capaz de descubrir las debilidades ocultas de su adversario y atacarlas con firmeza.
Esta novedosa lectura de este mito puede ayudarnos a entender por qué no deberíamos rendirnos y dar la batalla por perdida. Porque no siempre el más grande o poderoso gana, y esa es una potente ventana a la esperanza que debemos utilizar a nuestro favor.
Vivimos inmersos en un sistema y una ideología que nos han impuesto desde fuera, de la que no nos hemos cuestionado nada hasta ahora. Quizás creíamos que alguien velaba por nosotros, pero eso es un cuento para niños en el que ya no creemos. Hemos aceptado que solo existía un único modelo viable o que no había más posibilidades. Y no es cierto, hay alternativas.
Somos una pequeña gota en el océano pero muchas gotas juntas forman una ola gigantesca que puede ser el revulsivo que cambie el statu quo. Sí, lo que te propongo es una revolución, sensata y sostenible. Como decía Eduardo Galeano: «Mucha gente pequeña en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas pueden cambiar el mundo».
Si todas aquellas personas que crearon e impulsaron cambios extraordinarios hubiesen pensado que Goliat era invencible se hubiesen retirado de la lucha y posiblemente seguiría existiendo la esclavitud o a el absolutismo. Pero creyeron en sí mismos y en el mensaje que tenían que transmitir a otros para impulsar los cambios que la sociedad demandaba.
Llámame idealista, pero estoy firmemente convencida de que pequeños gestos sumados suponen grandes avances hacia un mundo menos contaminado, más sano y más feliz. Eso sí, requiere de compromiso.
El compromiso también es justicia
Te estoy pidiendo un compromiso, claro y directo. En primer lugar, contigo misma y con tus valores. Un compromiso con el ejemplo que quieres transmitirles a tus hijos y que deseas dejar como legado al futuro.
Reconozcámoslo, el compromiso da miedo, un miedo atroz. Tenemos miedo a que nos llamen radicales, a distanciarnos de otras personas que no comparten nuestra forma de vida, a ser criticados y una larga lista de excusas. Porque son solo excusas para posponer y no actuar.
Somos seres sociales por naturaleza, necesitamos comunicar y compartir. Y no dejamos de hacerlo aunque en ocasiones lo que trasmitamos sea contradictorio. Cuando defendemos una cosa y hacemos lo contrario, lo queramos o no, estamos enviando un mensaje.
El mensaje más directo va a nuestros hijos, ya que somos el espejo en el que ellos se reflejan. Si ofrecemos un mensaje firme, motivado y coherente no solo estaremos educando a nuestros pequeños, también ofreceremos una alternativa a quién cree que no existe o que no es posible.
El compromiso es coherencia, respeto y justicia.
Es coherencia puesto que tratamos de minimizar nuestras contradicciones o al menos conocerlas para poder más pronto que tarde acabar con ellas; es respeto, puesto que defender una crianza sostenible supone respetar el entorno en el que vivimos pero también a las personas que habitan en él aunque a veces no estemos de acuerdo con su ideología o con sus decisiones; y es justicia, puesto que aboga por un cambio de paradigma que construya una sociedad más justa e igualitaria para todos donde el interés económico no sea lo más importante o el impulso que mueve la sociedad.
Defender una crianza sostenible es ponerse en acción y salir de nuestra zona de confort aunque nos de miedo, aunque nos sintamos bichos raros y aunque creamos que estos cambios son insignificantes para el planeta. No lo son, acuérdate del mensaje y del ejemplo.
¿Por dónde empiezo la crianza sostenible?
Primero de todo tomando conciencia y revisando tus decisiones que por banales e intrascendentes que te parezcan tienen una enorme importancia. Pregúntate qué enseñanza das a tus hijos cuando llevas a cabo determinados comportamientos o tomas determinadas decisiones.
Posiblemente, ese sea el principio. Si trato de inculcarle a mis hijos que ser consumista no es un valor para nosotros, estaré contradiciendo mis palabras si nos pasamos los fines de semana metidos dentro de un centro comercial. Los niños se quedan con los hechos, no con las palabras.
Tú tienes la llave del cambio como millones de madres que pueden elegir o que deberían elegir con conciencia y compromiso. Tenemos un gran poder como consumidoras y debemos reivindicar nuestro papel en este complejo sistema.
Mi poder está en que puedo elegir de entre todas las opciones la más justa o al menos la menos mala. Por lo general, aquello que no daña el entorno, beneficia a tu familia. Tú y solo tú sabes cuales son las decisiones que debes tomar para alcanzar este objetivo.
Practica la crianza sostenible
Para terminar te voy a dejar un ejercicio que recoge las ideas expuestas en este post y que te puede servir de guía para llevar a cabo una crianza sostenible.
- Busca tus valores, aquellos que crees que te representan a ti y a tu familia y ponlos por escrito. Recuerda que son únicos y personales.
- Reflexiona sobre el mundo en el que vives, ¿te gusta? ¿Cómo te gustaría que fuese?
- Toma consciencia de quién eres y de qué es lo que quieres.
- ¿Estás comprometida? Sin compromiso, los deseos nunca llegarán a la ejecución.
- ¿Qué puedo hacer por mejorar mi entorno?
Te animo a realizar este ejercicio de reflexión, posiblemente descubras cosas que no imaginabas.
Si has llegado hasta aquí, es porque la semilla del cambio está germinando en ti. Me gustaría decirte que no estás sola en este camino, que hay muchas madres concienciadas que buscan mejorar la vida de su familia y contribuir de forma positiva en su entorno. En Mamá y la Tribu estaremos encantadas de conocerte y de acompañarte en este proceso de cambio.
Si es así deja un comentario en este post o si lo prefieres manda un correo a mamaylatribu@gmail.com y me cuentas en que punto estás y qué es lo que necesitas. Nada me haría más feliz que ser agente de esa transformación.
Si te ha gustado el post, comparte, nos ayudas a crecer y a divulgar la Crianza Sostenible 🙂
Recuerda que puedes suscribirte al blog y recibir completamente gratis mi ebook, 3 Recetas para Vivir Sostenible. Y por supuesto, estás invitad@ a mi Comunidad de Facebook, Mujeres y Madres Sostenibles.
Queremos conocerte y que te unas a nosotr@s. ¿Estás preparada para la crianza que cambia el mundo?
por Rosa Martínez Marán | Ene 25, 2018 | Maternidad y Crianza Sostenible
Hoy hablaremos de la maternidad juzgada y comenzaré con dos preguntas muy directas, ¿cuántas veces te sentiste juzgada el pasado año? ¿Y el último mes?
Cuando te conviertes en madre cualquier decisión que tomas es susceptible de ser juzgada. Lo peor de todo es que antes de que te des cuenta serás tú quien juzgue a las demás, quién lanzará el dedo acusador hacia otra madre y te sentirás fatal por ello.
Pedimos respeto alto y claro cuando alguien nos juzga pero nos olvidamos de esta premisa cuando juzgamos a otro. Se nos olvida que merece el mismo respeto que nosotras demandamos.
Si prefieres escuchar el post en vez de leer, aquí tienes el Podcast del post 🙂
MADRES POLARIZADAS
Somos madres criticando a madres, madres juzgando a otras madres. El ruido ensordecedor de fondo no nos permite ser conscientes de este hecho tan triste.
Juzgamos constantemente aunque no nos demos cuenta de que lo hacemos y nos sentimos atacadas cuando alguien hace lo propio con nosotras. Acabamos polarizando nuestro discurso en dicotomías innecesarias y nefastas: buenas madres, malas madres, supermadres, madres helicóptero, madres GPS y todos los tipos de madres que se puedan inventar con el fin de dividir a un solo colectivo.
Terminamos clasificando a las madres por el estilo de crianza que han elegido y nos posicionamos de forma inevitable en un lado u otro: las que dan teta y las que dan biberón, las que hacen colecho y las que no, las que hacen BLW y las que dan papillas, las que dan azúcar sin restricciones y las que no y un largo etcétera de divisiones absurdas.
Nada se salva del escrutinio constante al que nos sometemos unas a otras, como si fuese una competición y estuviésemos demostrando quien es la mejor madre. Hay tantas formas de crianza como familias. Aún así juzgamos y creemos firmemente que nuestro posicionamiento es el único válido y legítimo.
¿QUÉ ES JUZGAR?
La palabra juzgar viene del latín iudicare, que significa dictar un veredicto. Es una palabra derivada de ius, derecho y dicare (indicar).
EL diccionario de la Real Academia define este verbo con dos acepciones que nos pueden resultar adecuadas para este post: por un lado, formar opinión sobre algo o alguien; por el otro, dicho de un juez o un tribunal que determina si el comportamiento de alguien es contrario a la ley, y sentenciar lo procedente.
Y ahora yo te pregunto, ¿cuándo juzgamos a alguien estamos opinando sin más? No. ¿Sabes por qué? Porque estamos reprobando su comportamiento y estamos sentenciando en base a información parcial y sin tener una sola prueba.
No es una opinión, en muchas ocasiones, es casi un juicio o una lapidación pública.
TODAS NOS HEMOS SENTIDO JUZGADAS
Nos juzgan desde el minuto 1. El embarazo es una de las primeras guerras, sobre todo si tu comportamiento no se ajusta a lo que se espera de ti. Esa lánguida y frágil espera puede ser un infierno si tienes vómitos continuos, malestar general y cansancio extremo. Te sentirás juzgada por sentirte enferma.
Yo lo he vivido en carne propia, cuando tu médica de cabecera te suelta aquello de, “Estás embarazada, no estás enferma”. Estupendo. Pero oiga yo me siento muy jodida. La misma doctora que esgrime como argumento para no darme la baja que no tengo suficiente barriga. Por supuesto, que no la tenía, mi peque era un CIR.
Durante mi embarazo tuve que soportar los comentarios y juicios de valor constantes de una compañera de trabajo, que me llamaba débil y se permitía el lujo de decirme que me quejaba mucho. Ella había tenido dos embarazos estupendos y había trabajado hasta el día del parto: su experiencia y sus circunstancias, que no eran extrapolables a las mías.
Por supuesto, cero comprensión por las más de dos horas de coche que me hacía por carreteras secundarias todos los días lloviendo, nevando y de noche. Cuando hacia el final del embarazo cogí la baja dejó de hablarme. Se permitió juzgarme con la enorme libertad que da la ignorancia y la falta de empatía. Ella criaba a sus hijas con disciplina espartana pero yo jamás le hice un solo comentario sobre cómo educaba a sus hijas.
Me juzgaron nuevamente cuando una ginecóloga decidió unilateralmente que mi parto sería por cesárea y me llamó irresponsable por negarme a programarla en la semana 20. Por supuesto, me cambié de hospital. En el post Parirás por cesárea lo cuento con detalle.
Nuevamente me sentí juzgada cuando mi peque fue diagnosticado como un CIR. Me harté de decir que no era fumadora, sin embargo, no dejaron de preguntármelo, aunque constase esa información en el expediente, supongo que nunca creyeron que decía la verdad.
En una ocasión, alguien me dijo que si mi hijo había sido un CIR era por mi culpa. “Tú y solo tú tienes la culpa, no te alimentas bien”. Esa persona ignoraba que durante el embarazo si consumí carne y pescado y que no me hice vegetariana del todo hasta que el peque nació porque pospusimos la decisión hasta ese momento. Saco sus propias conclusiones y juzgó.
Fue un comentario muy doloroso y desafortunado. En realidad, no hay una causa única para que tu bebé sea un CIR, pero tú te sientes mal de todos modos. En el post, Mi peque un CIR tenéis más información.
Y todo esto antes de nacer.
Cuando el bebé nace ya es el nova más. Cómo no críes de la forma que se espera de ti, prepárate para un aluvión de críticas, comentarios desafortunados y juicios de valor. Opiniones que no has pedido, que no te aportan nada, pero que escucharás día sí y otro también por el hecho de ser madre.
LA MATERNIDAD JUZGADA
Sientes que hagas lo que hagas te juzgaran.
Sería impensable en el reino animal encontrarnos a otras mamíferas relatando sobre lo que hacen otras madres y criticándose entre sí. Una comunidad de gatas en las que unas se despellejaran a otras porque los bebés mamaron más tiempo del acostumbrado o porque sus crías tomaron leche de fórmula.
Es impensable porque la naturaleza no les dotó de cultura ni del don de la reflexividad. Estos elementos forman parte de nosotros y nos convierten en seres pensantes. La cultura es profundamente poderosa, determina como tenemos que criar y que es adecuado y que no lo es en una determinada sociedad.
Además, se transmite de generación en generación como una verdad absoluta. Hace 100 años solo se criaba de una manera, las madres de entonces no cuestionaban lo que era adecuado o lo que no. Simplemente seguían con las costumbres familiares y generacionales aprendidas.
Hoy la cultura evoluciona a una velocidad de vértigo. La maternidad y la crianza se han convertido en temas vitales para toda madre que quiera estar informada. Encontramos numerosa información, paradigmas y nuevas teorías que han convertido la maternidad en un tema controvertido.
Lo que a priori es positivo, que es tener opciones y alternativas a fin de encontrar aquella que nos sea más afín, se convierte en una guerra. Así asistimos al choque generacional entre madres e hijas.
Aquellas madres que criaron con biberón porque era lo que se estilaba y lo que los pediatras recomendaban se llevan las manos a la cabeza por los esfuerzos que hacen sus hijas por dar el pecho. Sencillamente no lo entienden. Y se sienten ofendidas y juzgadas por sus hijas, como si les gritarán a la cara, “lo hicisteis fatal”.
Se produce la inevitable ruptura.
DISCUSIONES EN RED
Pero no solo es generacional, también la ruptura se produce entre amigas. No es el primer caso de amistades que se acaban cuando se tienen hijos porque no se comparte un mismo estilo de crianza. Entonces buscamos apoyo en la red, en grupos online en donde comparten el mismo estilo de crianza que nosotras queremos o al que aspiramos.
Sin embargo, las discusiones son constantes en redes sociales por lo que hizo aquella, por la consulta de aquella otra, por lo que preguntó fulanita y por lo que contestó la de más allá. La cosa se calienta enseguida porque enjuiciamos en base solamente a lo que leemos.
Por ejemplo, alguien postea algo buscando aprobación y recibe un rapapolvo como recompensa. Juzgamos a otras personas y buscamos cómplices el aplauso del auditorio al que nos dirigimos. A veces es una pregunta inocente que suscita un aluvión de comentarios juzgando su punto de vista o su ignorancia.
Nos sentimos con la potestad que nos da el respaldo de la mayoría para acusar alto y fuerte a quien se sale de la norma. Y disfrutamos llamando la atención a otras madres, como si con ese gesto ganásemos unas cuantas medallas que mostrar orgullosas ante las visitas.
Se juzga alegremente sin saber y se genera un tremendo malestar.
A mí me han llamado la atención en algún grupo, razón de más para no participar o no entrar en polémicas. Me agotan, me parecen inútiles y me generan un tedio difícil de soportar. Pero si me gusta leerlas, porque aprendo. Aprendo sobre el ser humano y sobre el complicado trabajo de ser madre buscando la aprobación constante de la tribu.
Necesitamos escuchar que lo hacemos bien y necesitamos decir que aquella de más allá lo hace mal para reafirmarnos en nuestras decisiones y en nuestras convicciones. Lo entiendo, somos humanas. Sin embargo, no pensamos por un momento en los sentimientos de esa madre que se siente tan sola como nosotras y que lucha por hacerlo mejor cada día. No pensamos que pueda sentirse linchada públicamente.
CUANDO YO SOY MI PEOR JUEZ
En ocasiones, nos enfadamos ante un comentario de otra persona porque algo nos resuena por dentro y nos hace daño. Nos tocan la fibra y nos sentimos atacadas. Puede ser que en realidad la ofensa no exista más allá de nuestra cabeza.
Quién habla es nuestro peor juez: nuestro yo.
Es un enemigo potente que puede hacernos un gran daño y paralizarnos por completo. En ocasiones, somos más permisivos con otras personas y nos damos verdadero látigo si somos nosotras las que cometemos un error.
Debajo de esa culpabilidad y enjuiciamiento está nuestro perfeccionismo y nuestro miedo a equivocarnos, como si el error fuese algo imperdonable que no nos podemos permitir.
Todas alguna vez nos hemos sentido culpables de lo que hicimos o lo que no. Nos encontramos con madres que tienen más de un hijo que se juzgan duramente a sí mismas por no haber estado todo lo informadas que deberían cuando nació su primer hijo y no dieron lactancia materna. Madres que comenzaron criando de una manera y evolucionaron hacia otro paradigma y sufren porque su primer hijo fue criado de una forma de la que hoy abominan. Y un sinfín de enjuiciamiento inútil que nos hace sufrir y nos condena al fuego eterno.
Afortunadamente, tenemos el don de la reflexividad para utilizarlo a nuestro favor. Podemos sentarnos y reflexionar sobre el pasado sin emitir un juicio, sin sentirnos presionadas por el “debería”. Puede ser que nos equivocáramos o que tomásemos una decisión inadecuada pero ya es tiempo de curar heridas y de cerrar etapas.
A veces es tan simple como aplicar la comprensión que aplicamos a los demás y perdonarnos a nosotras mismas.
YO TAMBIÉN HE JUZGADO
¿Y tú nunca has juzgado a otro? Yo sí, claro que sí y me he sentido fatal por ello.
Me considero una persona respetuosa pero yo también he juzgado en el pasado el comportamiento de otras madres sin tener toda la información y en base a una imagen o un comentario. Por ejemplo, Antes de tener a mi Vikingo cuando veía a una madre dando biberón pensaba mal, ¿Por qué no da teta?
La vida que es muy sabia al final te pone en tu lugar y te ofrece la imagen donde te proyectas con toda su crudeza. Cuando mi hijo nació tuve que dar biberón un tiempo, hasta que conseguí que se enganchase al pecho. Me daba vergüenza dar biberón en público porque temía que me juzgasen. Un día comprendí que no eran mis prejuicios sino los de otro y que no merecía la pena prestarles atención.
Aprendí cuatro cosas de de esta experiencia:
1) que tú puedes verte en la misma situación en la que estaba aquella persona que juzgaste injustamente en el pasado;
2) que no tienes ningún derecho a juzgar a nadie;
3) que el mundo es libre de juzgarme, al igual que yo soy libre para decidir que no me importa;
4) y que no volveré a juzgar a nadie nunca más.
APRENDIENDO A NO JUZGAR
Antes de juzgar pregúntate: ¿Quién soy yo para juzgar a esta madre? ¿Con qué autoridad moral? ¿Con qué derecho opino sobre su vida o su estilo de crianza?
No tengo ningún derecho. No sé las circunstancias de esa persona, no sé cuál es su situación personal, cómo es su entorno, no sé cuáles fueron sus vivencias y desconozco de que tamaño es su mochila. Me falta su historia con todos los matices posibles, saber cómo piensa o cómo se siente.
En definitiva, me falta información para enjuiciar. Y aún con los datos en la mano, no debería hacerlo.
Yo he decidido vivir de una manera conforme a unos valores que son los míos. Aquella otra madre, aunque me resulte incomprensible, también actúa conforme a una lógica en la que entran en juego sus circunstancias personales y sus experiencias de vida.
Detrás de cada juicio de valor hay una madre con sentimientos, con dudas y con un corazón, una madre que se siente juzgada e incomprendida por su entorno. Una madre que se siente mal porque todo el mundo la juzga. Porque todo el mundo tiene algo que decir sobre cómo criamos o cómo dejamos de criar, incluso aquellos que no han tenido hijos.
¿QUÉ HAGO SI ME JUZGAN?
Sencillamente no tomártelo como algo personal. Las personas enjuiciamos muchas veces en base a nuestros prejuicios y nuestras carencias. Al final proyectamos en los otros nuestro enfado y nuestra frustración. Por debajo subyacen emociones y sentimientos que nunca han salido a la luz, que permanecen inconscientes y que nos hablan de nuestro sufrimiento, impotencia y necesidades no cubiertas.
El mejor consejo, es no entrar en la discusión ni en la polémica. Por supuesto, eso no significa callar y permitir que nos ofendan, pero si zanjar la cuestión de una forma educada.
No dejes que otros proyecten su sombra en ti. Si tu madre no pudo dar el pecho o decidió no darlo, no tiene derecho a machacarte porque hayas seguido con la lactancia más allá de los dos años. No tiene derecho y tú no se lo vas a permitir. Pero tampoco vas a juzgarla.
Otra cuestión es si me resuena, me exaspera o me saca de quicio el comentario. Sin duda, existe algún conflicto no resuelto que convendría escuchar. Es posible que descubras algo que no imaginabas.
En definitiva, implica hacer un trabajo personal para lograr que ciertos comentarios no nos afecten o no nos hagan daño. Y si nos lo hacen, saber por qué y poder trabajarnos esas áreas que nos hacen sentir inseguras o nos llevan al perfeccionismo.
La maternidad no nos hace perfectas, nos hace humanas.
EN BUSCA DE UNA COMUNICACIÓN EMPÁTICA
Es importante comunicarnos desde otra perspectiva, más centrada en nuestras necesidades y en las del otro. Adoptar una comunicación más empática exenta de violencia.
Marshall Rosenberg sabía perfectamente de lo que hablaba cuando propuso su teoría de la comunicación no violenta. Descubrió que nuestras acciones están motivadas por nuestra necesidad de satisfacer alguna meta u objetivo. Él defendió que podemos tratar de lograrlo sin provocar un daño a otras personas. Para ello, es fundamental no emitir juicios de valor y no catalogar la realidad en base a bueno-malo, correcto-incorrecto.
Bajo su paradigma el lenguaje es una poderosa arma que nos ayuda a comunicarnos desde la empatía, que nos permite comprender las motivaciones y deseos del otro. Que hace que la otra persona se sienta comprendida. Nos anima a escuchar de verdad, sin prejuicios o ideas preconcebidas.
Si entendiésemos a esa madre que decide destetar, por ejemplo, nos pusiésemos en su piel y entendiéramos las motivaciones que la han llevado a esa situación, es muy probable que no la juzgásemos y es muy posible que no se sintiese juzgada.
Al final es una cuestión de respeto. Queremos que nos respeten y el respeto comienza por uno mismo. Por respetar a la persona que tenemos enfrente, sus vivencias y sus circunstancias.
También supone escuchar activamente al otro. Por supuesto, todo lo que oímos no nos va a gustar. No se trata de darle la razón a la otra persona pero sí de dar nuestro punto de vista sin ofender a esa madre y sin hacerla sentir mal. Supone validar sus sentimientos y opinar si nos lo ha pedido, con respeto y sin utilizar palabras violentas o agresivas. Pero si no quiere saber lo que pensamos, deberíamos guardarlo para nosotras y limitarnos a acompañar.
MI PROCESO
En mi trayectoria profesional como docente me he reunido con padres de todo tipo, todos ellos preocupados por sus hijos. En el camino he aprendido a escuchar, a validar sus sentimientos y he ofrecido mi ayuda y mi colaboración. En ocasiones, la han aceptado y en otras no, pero eso no me ha hecho sentirme menos capacitada en mi trabajo. He entendido que cada familia es única y decide resolver sus conflictos de la forma más adecuada con o sin ayuda externa.
Cuando empecé a aprender sobre la educación y la crianza respetuosa me di cuenta de que llevaba años aplicando muchas de sus estrategias de forma intuitiva, tan solo guiándome por mi instinto y mi sentido común.
Al final este mundo es tan apasionante que decidí formarme en Crianza y Maternidad con el objetivo de ayudar a otras madres. Convertirme en Asesora de Lactancia supuso un sueño hecho realidad. Ahora tengo la suerte de acompañar a madres en su lactancia, y hasta hoy, está siendo absolutamente enriquecedor.
Cuando una madre busca mi ayuda sea porque tiene dificultades con la lactancia o porque quiere destetar, le ofrezco apoyo, comprensión y ayuda, sin juzgar, sin opinar y sin dañar. Desde la comunicación empática. Por supuesto, mi opinión personal la guardo para mí, la madre no me la ha pedido y no tiene cabida en la consulta.
Como mi aprendizaje prosigue, estoy formándome en Crianza Respetuosa y como Asesora de Porteo. Todas aquellas herramientas que voy recogiendo me sirven para seguir aprendiendo a no juzgar y no juzgarme. Y insisto en que sigo porque, a veces, se cuela un juicio de valor o me enfadó porque alguien me juzgó sin conocerme. No importa, es parte de mi evolución, lo más importante es que soy consciente de ello y puedo trabajarlo a nivel personal.
Se trata de un proceso que dura toda una vida que nos ayuda a acompañar a otras personas pero que también nos proyecta a seguir nuestro camino sin el sufrimiento o el estigma de sentirnos observadas o criticadas constantemente.
En definitiva, me ha hecho más libre, más consciente y más humana.
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por Rosa Martínez Marán | Oct 23, 2017 | Maternidad y Crianza Sostenible
La importancia del piel con piel para el establecimiento de la lactancia es un hecho. La comunidad científica ha determinado que la separación madre e hijo tras el parto conlleva más probabilidades de tener una lactancia más corta o de que ésta fracase directamente.
EL PARTO Y LA PRIMERA IMPRONTA
Juana y Felipe están esperando la llegada de Alberto, acontecimiento que está a punto de suceder aunque todavía no se cumplen las 40 semanas. Resulta que Alberto está sentado y por más que han intentado la rotación externa, el bebé no se gira. En el hospital donde va a dar a luz han decidido que lo mejor es practicar una cesárea y hoy mismo Juana ha sido ingresada.
Elena y Fran están también deseando conocer a Eva. Su pequeña no se ha hecho esperar y Elena está de parto. Sin embargo, Elena vive relativamente cerca del hospital y decide esperar en casa unas horas antes de irse al centro sanitario. Cuando llegan está dilatada de 6 cms y en poco tiempo entra en la fase del expulsivo.
Tras nacer la primera impronta que debería dejar huella en cualquiera de estos bebés es el contacto físico con sus madres. Ni es necesario pesarlos inmediatamente ni hacerle un sinfín de pruebas que obstaculizan un momento sagrado. Lo ideal sería colocarlos en el regazo de su madre desde el primer minuto.
Se trata de un encuentro añorado por ambas partes, durante el tiempo que ha durado la gestación tanto Juana como Elena han imaginado cómo serían sus hijos y esperan ansiosas poderl verlos por primera vez. Sin embargo, al bebé de Juana se lo muestran un momento de pasada y se lo llevan inmediatamente. Elena tiene más suerte y tras el expulsivo, tiene que esperar cinco minutos a que le pesen y le hagan una pequeña revisión.
Aunque algunos organismos internacionales como la OMS insisten en recomendar no separar a madre e hijo al menos durante la primera hora de vida no siempre se cumple. Depende del hospital donde des a luz y de sus protocolos. Por desgracia, no se le da la importancia que merece a esta cuestión.
Ya en 1960 Jhon Bowlby establecía que la impronta es la capacidad biológica para establecer apego en la primera exposición a un objeto o una persona. El ser humano nace con la tendencia innata de apegarse a sus cuidadores porque necesita asegurar su supervivencia.
EL PERÍODO SENSITIVO
Si dejamos a un recién nacido en la barriga de su madre reptará hasta su pecho y con toda probabilidad se enganchará de forma espontánea y podrá hacer una toma de hasta 70 minutos. Además es muy probable que el agarre sea perfecto. El bebé nace con ese instinto y esa capacidad, hemos tenido millones de años como especie para interiorizar este conocimiento innato. Debemos recordar que somos mamíferos y que no es hasta hace relativamente poco que existen las leches artificiales.
Y en efecto, cuando Eva vuelve al regazo de su madre comienza a succionarse las manos que tienen el olor del líquido amniótico y le recuerdan que tiene que buscar alimento. Ella comienza a buscar y su madre intenta ayudarla allanando el camino descubriendo su pecho. Eva toca el pezón con la mejilla y poco a poco se va acercando al pezón hasta que consigue agarrarlo. Es entonces cuando comienza a succionar como si lo hubiese hecho toda la vida y así permanece durante un largo rato.
Las dos horas inmediatamente después del parto abren una ventana de oportunidad altamente valiosa denominada “período sensitivo”. El bebé se encuentra bastante despierto gracias a la noradrenalina que se ha segregado durante el parto. Aunque la noradrenalina es una hormona relacionada con el estrés, en este caso es un estrés beneficioso que le va a permitir a este bebé permanecer durante unas horas en un estado de alerta tranquila. Asimismo, por la sangre de madre e hijo también circulan altas dosis de oxitocina y endorfinas. Las denominadas hormonas relacionadas con el amor.
Por esa razón, Eva busca la mirada de su madre y esta no deja de mirarla y de admirarla con gran emoción. Las hormonas del amor han contribuido a ese proceso mutuo de enamoramiento que tan beneficioso ha sido para la supervivencia de nuestra especie. Pero además ayudan a establecer el vínculo de apego entre madre e hija.
Asimismo lo primero que entra en la boca del bebé también crea impronta por lo que en la medida de lo posible lo ideal sería que fuese el pezón de su madre y no una jeringuilla, una sonda, una tetina o un biberón lo primero que entrase en su boca.
LA VINCULACIÓN AFECTIVA MADRE E HIJO
No solo la primera toma es beneficiosa para el bebé también lo es para su madre que experimenta hormonalmente una gran subida de oxitocina, este subidón hormonal provoca la contracción del útero y previene posibles hemorragias.
Es durante esta ventana cuando se establece el primer vínculo madre e hijo tras cortar el cordón umbilical. Hasta ahora ambos han sido una sola unidad, sin embargo, el bebé tardará aún mucho tiempo en hacer esa diferenciación. La lactancia le permitirá continuar manteniendo ese vínculo con su progenitora, que le nutrirá a nivel físico y emocional. Así el bebé podrá prolongar en el tiempo esas sensaciones placenteras que experimentaba en el vientre de su madre. Además, el contacto con su progenitora le permite mantener sus constantes vitales y la termorregulación.
Elena no puede parar de acariciar a su hija y de tocarla la cabeza. Siente la necesidad de besarla, incluso de olerla. Eva por su parte, se vincula a su madre a través de todos sus sentidos que se hayan alerta en esos primeros 120 minutos de vida. Reconoce la voz de su madre, ahora la escucha ligeramente diferente, pero sin duda es ella. También es capaz de reconocer su olor, mientras sigue succionando y saboreando la leche materna que tiene un sabor muy parecido al alimento que tomaba dentro del útero. Podríamos decir con toda rotundidad de Eva está absolutamente relajada y que se siente en un ambiente cálido y seguro.
MIL MINUTOS QUE VALEN POR TODA UNA VIDA
¿Pero qué paso con Juana y su pequeño Alberto? El protocolo del hospital determina que en una intervención por cesárea la madre debe permanecer en reanimación durante, al menos, dos horas. Siguiendo este obsoleto protocolo, Alberto es separado de su madre inmediatamente después de nacer. Ella apenas lo ve un momento y se lo llevan al nido con la promesa de que podrán reencontrarse dos horas más tarde. En este hospital no permiten que ya que la madre no puede hacer piel con piel lo haga el padre.
Sin embargo, la cosa se complica y madre e hijo vuelven a reencontrarse cuatro horas después. En el nido detectan que Alberto tiene baja la glucosa en sangre y sin preguntar le alimentan con leche de fórmula para prevenir una posible hipoglucemia. Siguen aplicando el protocolo defensivo. Cuando se reencuentran, Juana intenta poner al pecho a su hijo pero éste no se engancha. El bebé está dormido y la lactancia debe esperar a que el bebé esté más despierto.
Nils Bergman defiende que los primeros mil minutos de vida determinan nuestra existencia futura.
El acto de nacer produce estrés en los bebés, salimos de un hábitat húmedo y cálido a un hábitat desconocido en el que la temperatura ha descendido notablemente. Ese bebé que debe aclimatarse a un ambiente seco y completamente nuevo puede estresarse de forma importante si se ve separado de su madre.
¿COMO FUNCIONA NUESTRO CEREBRO?
Nuestro cerebro es muy complejo y desde el primer momento empiezan a funcionar los circuitos neuronales de la inteligencia emocional. Así, la amígdala que contiene el cerebro emocional se conecta al lóbulo prefrontal donde se aloja el cerebro social. Si el bebé se ve alejado de su madre activará el circuito que conecta el cortisol mientras que si se ve protegido por los brazos de su madre se conectará con el de la oxitocina.
Es muy posible que Alberto se haya sentido estresado porque ha sido alejado de su progenitora y se haya activado el circuito del cortisol, lo que le haya llevado a percibir el mundo como un lugar inhóspito. Quizás por eso, en la cuna aprieta los puños.
Diferentes estudios han demostrado que los bebés separados al nacer de sus madres mantenían seis horas después de nacer el doble de hormonas del estrés que aquellos que tuvieron la oportunidad de realizar piel con piel con su madre. Por tanto, que se active el circuito del cortisol o el de la oxitocina tiene una enorme importancia. La ciencia determina que los bebés que no han sufrido estrés al nacer tienen mejor tolerancia al estrés.
Dos días más tarde, Elena y Eva abandonan la clínica. Han decidido optar por la lactancia materna y están muy contentos porque su pequeña se agarra bien al pecho y la madre no siente dolor. No sabemos que pasará en un futuro cercano pero hay muchas posibilidades de que la lactancia se prolongue en el tiempo.
Juana se marcha un día después, bastante más preocupada que Elena. Alberto no se engancha bien al pecho y ella siente dolor cuando él succiona. En el hospital han intentado ayudarla pero lo único que han conseguido es marearla con tanto consejo inútil. Como la succión es ineficaz les han recomendado lactancia mixta, de hecho, Alberto ha tomado ya algún biberón de refuerzo. Por supuesto, que Juana puede lograr una LME (Lactania Materna Exclusiva) si se lo propone, pero no debemos obviar que si el pecho no se estimula lo suficiente, cada vez produce menos cantidad. La tendencia es a abandonar la lactancia materna en un plazo relativamente corto.
¿QUÉ CUENTAN LAS MADRES?
Estás dos historias son absolutamente hipotéticas, no existen en realidad estas dos madres y sus bebés. No es más que una recreación literaria para este post. Eso sí, basada en casos reales. Son un mero ejemplo de los muchísimos que podríamos encontrar.
En mi experiencia personal hubo separación al nacer que ya relaté en Nuestro piel con piel frustrado, una separación de cuatro días que complicó muchísimo nuestra lactancia. Y al final lo conseguí, tal y como contaba en Así logramos el enganche al pecho a las tres semanas de nacer. Mi vivencia demuestra que aunque haya separación, la lactancia no es imposible, aunque sí muy sacrificada.
Esta otra madre tuvo más suerte que yo y a pesar de la separación consiguió su lactancia casi inmediatamente:
No pudimos hacer piel con piel porque mientras me cosían los puntos de la episiotomía se llevaron a mi bebé. Establecimos la lactancia 3 horas después del nacimiento. Inexplicablemente todo fue bien, buen agarre, tenía ganita, etc. A pesar de esa espinita clavada y de no contar con ‘la hora sagrada del nacimiento’. Sonia Del Faces.
En otros casos, a pesar del piel con piel y del agarre inicial surgen problemas como los que nos comentaba esta otra madre.
Los inicios fueron duros y eso que se agarró a la primera. Tuve una mastitis y aunque me animaron a dejar de darle el pecho, seguí con ello. Montse Carpintero
Y como en este último caso, el piel con piel es una forma perfecta de iniciar una lactancia feliz y de vincular a madre e hijo.
Los inicios fueron buenos, después de un piel con piel de más de seis horas, la peque poco a poco se iba enganchando cada vez mejor. Mamaba bastante y al segundo día me subió la leche. Estábamos tan tranquilos e informados que sabíamos que iba a ir todo bien. Gema García López
En definitiva, el piel con piel al nacer es fundamental para una lactancia feliz y prolongada. Por ello, deberíamos luchar por partos cada más vez más respetados, por la desaparición de los protocolos que separan a madres y a bebés y por fomentar y defender la lactancia desde el minuto uno. Podemos parir y podemos alimentar a nuestros hijos.
Como dice Neils Bergman: “El cuerpo de la madre es la mejor máquina jamás inventada: aporta nutrición, temperatura, glucosa, desarrollo cerebral, optimismo y salud con el mínimo coste.”
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por Rosa Martínez Marán | Oct 6, 2017 | Maternidad y Crianza Sostenible
Hoy voy a contaros como logramos que mi Vikingo se enganchase al pecho a las tres semanas de nacer. Se trata de una vivencia personal que con motivo de la semana europea de la lactancia me apetecía compartir con vosotras. Llevo casi dos años posponiendo este post por diversas razones, así que ya es hora de que os cuente cómo fueron mis inicios con la lactancia y cómo a pesar de todas las dificultades lo conseguimos.
Un principio difícil
Tenía claro desde el principio que deseaba darle el pecho a mi hijo, entre otras razones porque no hay mejor alimento para un bebé que la leche materna.
Sin embargo, la lactancia no tuvo el inicio que yo quería o que había soñado. El parto inducido y la separación inmediatamente después de nacer, que ya os conté en el post Nuestro piel con piel frustrado, comprometieron nuestra lactancia de forma muy grave.
Durante el embarazo me documenté, leí todo lo que pude sobre el tema y acudí a las clases de preparto. Creía estar preparada para la lactancia. No obstante cuando me encontré de frente con los problemas me quedé paralizada. En ninguno de los libros que había leído se presentaba un escenario como el que yo tenía ante mí.
La separación al nacer fue inmediata. Acababa de ponerle al pecho y su padre estaba sacándole una foto cuando observamos que no respiraba. Se había puesto azul.
El sufrimiento fetal no fue dentro del útero sino fuera. Se lo llevaron y yo me quedé en la sala de reanimación sola y sin saber que había pasado con mi bebé. Fueron unos momentos angustiosos. Conseguí recuperar el móvil gracias a una auxiliar que buscó entre mis cosas y al rato el papá me mandó una foto de mi pequeño. Estaba vivo e ingresado en la unidad de neonatos.
La tan deseada hora sagrada pasó estando separados y cuando subí a planta aún sin poder mover las piernas por el efecto de la epidural inmediatamente fui a ver a mi pequeño. Lo habían ingresado, en principio, para unas horas. Sin embargo, una vez recuperado del episodio de hipoxia perinatal habían detectado una hipoglucemia.
Inmediatamente y siguiendo el protocolo del hospital le habían alimentado con leche de fórmula, a nadie se le ocurrió ir a buscarme e intentar darle mi propia leche. Mi bebé no metabolizó bien la fórmula y la vomitó. Eso les puso de nuevo sobre aviso y determinaron dos cosas: por un lado, que se quedaría en observación unas 24 horas más y por el otro, prohibirme la lactancia materna durante ese primer día.
Como debían suplementar esas 24 horas con leche de fórmula sí o sí, solicitamos que le dieran la leche a través de jeringuilla para evitar el biberón. Una de las cosas que más temía era la interferencia entre el biberón y el pecho. Me daba miedo que él aprendiese a succionar con biberón y cuando le ofreciese el pecho ya no lo quisiera.
Absolutamente nadie me dijo que era muy importante que me estimulase el pecho con un sacaleches de forma inmediata después del parto. Yo me sentía agotada y aturdida y esa idea tampoco pasó por mi cabeza. Perdimos un tiempo precioso.
Esa tarde-noche de sábado en la unidad de neonatos pasó sin poder ofrecer el pecho a mi Vikingo y sin estimulación alguna.Al día siguiente la sala se llenó de madres y pude observar cómo se estimulaban el pecho con sacaleches que había en la propia unidad. Entonces, yo también solicité uno, aunque aún no se hubiese levantado la prohibición médica. Nadie fue capaz de decirme cuanto tiempo debía estimularme el pecho ni cuantas veces al día.
En nuestra presencia se alimentaba al bebé con jeringuilla, de hecho, pedimos que nos enseñaran a utilizarla para alimentarle nosotros. Cuando por fin pude ofrecerle el pecho mi Vikingo no se enganchó pese a intentarlo en cada toma. En los cuatro días que estuvo ingresado las enfermeras de la unidad se dedicaron a darme información contradictoria sobre como tenía que ponerle al pecho. Algunas me indicaban que le enchufase el pecho sin más, vamos lo que no hay que hacer. Más o menos las enfermeras me venían a decir que era una inepta y que todo era culpa mía porque no sabía ponerle bien al pecho o no seguía sus consejos.
Traté de aplicar todo el conocimiento que había leído, pero me fue inútil. No era tan fácil como en la teoría. Por supuesto, nadie tenía en cuenta que el bebé era prematuro, que pesaba apenas 2 kilos y que no tenía fuerza para succionar. Eso lo supimos más tarde.
Poco antes de irnos a casa descubrimos que cuando le daban las tomas nocturnas aprovechaban para dárselas con biberón. Lo supimos porque a una enfermera se le escapó un comentario en nuestra presencia: “¡Qué bien se toma los biberones!”. Nos pusimos furiosos porque lo habíamos dejado muy claro que de ninguna manera queríamos que se le alimentase con biberón. Hoy sé que teníamos que haber denunciado pero yo solo quería irme a casa y estar tranquila para conseguir mi ansiada lactancia.
No podrás amamantar a tu hijo
Dos días después de nacer el Vikingo seguía sin salirme absolutamente nada del pecho, ni gota, a pesar de estar estimulándome el pecho con sacaleches. Empezaba a estar preocupada. La mañana del lunes en la revisión rutinaria con la ginecóloga se lo comenté. Ni corta ni perezosa me agarró el pecho y empezó a estrujarlo hasta que salieron unas gotitas. Me hizo un daño horrible, pero ver esas gotitas de calostro me hicieron enormemente feliz.
A partir de entonces empezaron a salir gotas y los siguientes dos días pudimos completar la leche de fórmula con mi escaso calostro. Aún así seguimos intentando el enganche sin ningún éxito.
Yo estaba convencida de que el ambiente del hospital, mi nerviosismo y los malos consejos del personal sanitario eran el motivo por el que la lactancia no se lograba. Pensaba que al llegar a casa, una vez estuviera relajada, el problema se arreglaría.
Pero al llegar a casa, el peque siguió sin engancharse al pecho. Y para nuestra desesperación y desconsuelo tuvimos que optar por comprar leche de fórmula. Seguía sacándome leche y dándole pero era tan poquita que cubría solo una toma al día. Esperaba la subida de la leche, pero nunca llegó. Para colmo, el sacaleches que tenía no iba bien, el embudo era demasiado pequeño para mi pecho y me hacía daño.
La jeringuilla era complicada de conseguir e incómoda para nosotros, así que también tuvimos que ceder ante los biberones. Al menos elegimos una marca que parecía respetar el patrón de succión de los niños de pecho. ¿Era cierto? Imposible saberlo, pero fue lo que más nos convenció en ese momento.
Llegados a este punto, más de una habría pensado en abandonar:”Lo he intentado todo””No se agarra””El biberón no es tan malo después de todo”. Incluso tu entorno trata de rebajar la tensión intentando convencerte de que no hay ningún problema por dar biberón. Pero yo me resistía con todas mis fuerzas. No era lo que queríamos y no estaba dispuesta a rendirme aunque si empezaba a desesperarme.
Pon una asesora de lactancia en tu vida
Al día siguiente del alta fui a ver a la médica de cabecera y le comenté muy angustiada que el bebé no se enganchaba al pecho. Entonces ella me habló de la existencia de las asesoras de lactancia y me dio algunos contactos por si quería buscar asesoramiento personalizado.
Ese mismo día llamé a algunas de las asesoras recomendadas y me decanté por la que me atendía más rápido. Me daba cita para el día siguiente, 15 de mayo y festivo en Madrid. La asesora era Bettina Gerbeau, una reconocida IBCLC. Ella tuvo la deferencia de atenderme en ese día de fiesta. Algo de la que le estaré eternamente agradecida.
La consulta fue clarificadora en todos los sentidos, ya que dio con la clave del problema inmediatamente. Al revisar al bebé y observar mi pecho detectó lo que pasaba: por un lado, mi pezón era demasiado grande para la boca del bebé y su boca de prematuro demasiado pequeña, había un impedimento fisiológico en ese momento para lactar. Vino a decir, más o menos, que era imposible que se enganchase al pecho en esas circunstancias. Por el otro, nuestro bebé era prematuro y no tenía fuerza para succionar.
Era necesario esperar. Cuando alcanzase aproximadamente los tres kilos podría engancharse al pecho. Eso podía suceder en dos o cuatro semanas aproximadamente. ¿Y qué hacer hasta ese momento?
Yo le comenté que apenas me salía leche, que ni siquiera había tenido la famosa subida. Y ella estuvo de acuerdo en que había que reactivar mi producción porque era francamente escasa. Me explicó que íbamos a tratar de hacer una relactación. Que era lo habitual cuando un bebé no ha tomado nunca leche materna o que ha estado haciéndolo pero se ha interrumpido la lactancia durante un largo período por algún motivo.
Yo estaba convencida de ello, estaba dispuesta a hacer lo que hiciese falta con tal de conseguir lactar a mi pequeño.
En un momento que fui al baño, la asesora le dijo a Papá Idiota que lo tenía muy difícil pero que le sorprendía verme tan decidida de llevar a cabo el plan de relactación, ya que requería de un gran sacrificio. Y entonces, Papá Idiota le dijo que eso era porque no me conocía, que la palabra rendición no forma parte mi vocabulario.
La extracción poderosa y mucho apoyo
El método era bastante sencillo aunque no exento de sacrificio y ayuda logística. Debía estimularme el pecho entre 10 y 12 veces al día y en períodos de 5-10 minutos incluso durante la noche. Algo así como cada 2 horas y no dejando que pasasen más de tres horas entre una extracción y otra. Además, debía intentar hacer piel con piel todo el tiempo que pudiera siempre en ratos en los que el bebé estuviese relajado. Se trataba de que el tuviese el pecho al alcance y que pudiese recordar el efecto de succión.
Me dejó muy claro que el Vikingo no se engancharía hasta que no creciese un poco más, siendo más precisos, hasta que no alcanzase los tres kilos. Para entonces debía haber aumentado mi producción o el bebé rechazaría el pecho si no encontraba alimento suficiente.
Uno de los problemas que tenía era el sacaleches, que no me iba bien. Ella me vendió el Medela Swing. Me decanté por el doble porque si tenía que estar constantemente conectada al sacaleches al menos que pudiera estimular los dos pechos a la vez.
Al principio, fue un poco locura porque estaba conectada al sacaleches todo el día. Mientras que yo me sacaba leche Papá Idiota aprovechaba para darle el biberón al bebé. Las horas que Papá Idiota estaba trabajando seguía el plan como podía porque mi pequeño prematuro pasaba más tiempo despierto de lo esperado.
Sin el apoyo incondicional de mi pareja no hubiese podido lograrlo, ya que logísticamente él se ocupaba de todo lo demás. Además me apoyaba y estaba tan convencido como yo en que debíamos intentarlo hasta el final. Gracias infinitas Papá Idiota, hoy y siempre formamos un gran equipo.
Mi producción aumentó, pero tampoco de una forma escandalosa, como mucho pude cubrir alguna toma más. Por supuesto,que intentaba ponerle al pecho cada vez que podía pero no se enganchaba. Su boca seguía siendo muy pequeña. Era cuestión de esperar y seguir intentándolo.
Y un día se hizo el milagro: logramos el enganche al pecho
Entre medias acudí a la matrona unas cuantas veces. Mi adorada Pilar, que ahora disfruta de su jubilación, siempre me recibía con una sonrisa y me animaba. Me decía que no tenía ninguna duda de que lo conseguiría. Ella también veía el problema del tamaño de la boca del bebé pero ni le parecía patológico ni insalvable.
Ese apoyo incondicional para mí fue vital, porque necesitaba seguridad en mí misma y deseaba con todas mis fuerzas que el milagro se diese. Cada vez que acudía a la consulta tratábamos de engancharlo, primero con pezoneras por si era más fácil. Lo logramos en dos ocasiones, pero mamaba un poquito y enseguida se cansaba. Su reflejo de succión era muy débil.
En esto pasaron casi tres semanas. Tiempo suficiente para que más de una hubiese tirado la toalla sobre todo por el cansancio acumulado, la ausencia de resultados y la falta de sueño que me tenía agotada.
Pero yo soy de ideas fijas y nunca me rindo. Y esperaba y me desesperaba por que llegase el momento en que mi bebé pudiera agarrar el pecho y succionar. En una de las visitas a la matrona el Vikingo se enganchó sin pezonera. Volví muy contenta a casa y convencida de que lograría mi propósito. Me dije a mi misma: “Si lo he conseguido allí también puedo conseguirlo en casa”. Y en efecto, dos días después logramos el añorado enganche al pecho. Lo recuerdo como uno de los días más felices de mi vida.
Estábamos como siempre tumbados y desnudos, haciendo piel con piel para favorecer el autoenganche. Él descansaba entre mis pechos y de repente, no sé cómo, ladeó la cabeza, se encontró con el pezón, abrió la boca y se enganchó. Así de fácil. No podía creerlo. Estaba succionando y no se soltaba. Estaba loca de alegría.
El camino hacia la lactancia materna exclusiva (LME)
Lo malo es que me dolía el pecho, veía las estrellas cuando se enganchaba. Y volví a visitar a Bettina y revisamos el enganche. Logramos mejorarlo un poquito y buscar posturas más cómodas para lactar.
Poquito a poco nos fuimos acoplando, el Vikingo tuvo que aprender a succionar mejor, yo a colocarlo de forma correcta al pecho para que no me hiciese daño. Y despacito empezamos a retirar la leche de fórmula y a sustituirla por una toma de pecho. Yo deseaba una lactancia en exclusiva pero me conformaba con una lactancia mixta. De hecho, en las revisiones del hospital me habían insistido en que optásemos por complementar porque era prematuro.
Sin embargo, la asesora de lactancia y la pediatra nos apoyaban en el objetivo de alcanzar una lactancia materna en exclusiva. Y la verdad es que nuestro peque llevaba un ritmo de crecimiento perfecto, siempre teniendo en cuenta su prematuridad.
Lograr la lactancia exclusiva nos llevó algo más de un mes. Las últimas tomas que incluí fueron las de la noche. Temía que durmiese peor cuando lo hiciera. Sin embargo, era imprescindible si quería que la lactancia se estableciese correctamente y fuese duradera. Y fue maravilloso porque empezamos a dormir.
Yo le dejaba el pecho disponible y él se enganchaba. Apenas me despertaba me volvía a dormir. Ya no había que levantarse medio dormida y preparar un biberón ni a las tres ni a las seis de la mañana. Él se servía a su gusto y los tres descansábamos tan felices. Y hasta hoy, que seguimos lactando dos años y medio después.
Dos años y medio después puedo afirmar con rotundidad que luchar por mi lactancia fue una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.
Me siento muy afortunada porque pudimos superar todas las dificultades y disfrutar juntos de esta experiencia. La lactancia me ha ayudado a conectarme con mi hijo y a fortalecer el vínculo entre él y yo y eso es algo que nunca nadie podrá arrebatarnos a los dos.
En aquellos momentos en los que me desesperaba y sentía que se acababan las fuerzas me prometía a mi misma que si lograba dar el pecho a mi hijo, algún día yo también ayudaría a otra mujeres a hacerlo, que sería asesora de lactancia.
Me hice esa promesa y la cumplí.
Ya soy asesora de lactancia y poquito a poco voy a asesorando a aquellas madres que lo necesitan en mi entorno. Creo firmemente en nuestra capacidad para lograr cambios a base de conocimiento, apoyo y compromiso. Nada me hace más feliz en el mundo que sembrar lactancias felices y duraderas en el tiempo.
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